Dragon Ball, Dragon Ball Z, Dragon Ball Super, Dragon Ball GT no me pertenecen. Uso sus personajes sin fines de lucro.

Capítulo cinco: perfeição

Vibración, sonidos, vibración, tono telefónico y risas traviesas. Más notificaciones de mensajes, más risas y los dedos de Bra moviéndose velozmente sobre la pantalla táctil. Los días posteriores desde que se reunió con Goten la heredera había permanecido con el teléfono en mano, a donde fuera, cosa que el resto de la familia Brief no pasó por alto. Bulma la contemplaba divertida, aludiendo ante cierto saiyajin cascarrabias que su hija andaba de novia. Vegeta se cruzaba de brazos y gruñía ante la mención. "Otro miserable insecto" mascullaba el saiyajin.

—¿Y te parece normal?

—¿De qué hablas, Vegeta? —preguntó la peliazul, cepillando su cabello frente al espejo de la cómoda en la amplia habitación que compartían. Ante la contra respuesta de la científica, el hombre bufó con irritación.

—Claro que te parece normal, eres una mujer vulgar después de todo. ¿Cuántos novios tuviste de joven? ¿Cientos? ¿Miles? —. Para ese punto, Bulma ya estaba a punto de estallar junto a una vena hinchada en su frente.

—¡No insinúes lo que creo maldito mono estúpido! Ya te lo he dicho antes, mi única pareja antes de tu llegada ha sido Yamcha. —refunfuñó, peinándose con obstinación evidenciada en sus puños y sus ojos cerrados mientras hablaba—Además no es como si Bra estuviera haciendo algo malo.

Vegeta guardó silencio; sólo el ruido de las cerdas del cepillo sobre las hebras azuladas de Bulma llenaba el espacio. El padre de la mencionada jovencita se tendió en la cama, pensativo, mirando hacia el techo con las manos tras la cabeza. Su mente volvió a recordar a lo emocionada que iba su hija de un lado para el otro cuando estaba dentro de la gigantesca casa; su hija pasaba también mucho tiempo afuera, más que antes. Era inevitablemente inquietante.

—No lo entiendo.

—¿Qué no entiendes? —Bulma lo miró expectante.

—Su atención en esa maldita cosa las veinticuatro horas del día—. Su mujer soltó otra risa melodiosa, haciéndolo sentir estúpido. Cuando Bulma actuaba de ese modo lo hacía sentir como que sabía de algo que él ignoraba.

—Puede ser que Cupido hizo de las suyas…

La reacción fue inmediata.

—¡¿Qué?!

Bulma se sobresaltó ante el grito ensordecedor de su pareja, soltando el cepillo en el acto y dejándolo caer con estrepito al suelo. Se mordió la lengua, sabiendo que su metida de pata no le costaría a ella si no a su hija.

—¡Vegeta, espera!

Ya era tarde. En un pestañeo el saiyajin ya no estaba allí.

[…]

El futón rosa bajo el menudo cuerpo se destendía, creaba bultos y se hallaba ya deshecho y desordenado a causa de los movimientos constantes de la joven que sobre el mismo yacía. Las paredes de la estrafalaria habitación de Bra traían consigo un largo historial de la duradera conversación del día; desde que se reunió con Goten, los híbridos se habían mantenido en contacto diario.

La vocecita a veces chillona de Bra iba de aquí para allá, con ella con el teléfono pegado a su oído derecho –y ya cuando la presión le molestaba lo cambiaba al izquierdo- hablando de cuanta cosa surcara su cabeza con el azabache; desde lo que habían comido ese día, como del trabajo de Goten o el instituto de Bra, qué si vi una película muy mala, que si el vecino está escuchando una canción pegajosa, que no seas tonto, que tú eres más tonta.

Si bien era cierto que el objetivo principal y en común era el cómo llevarían a cabo el pedimento que ansiaba el azabache para con su novia, el resto de cosas se dieron por azares del destino; eran buenos amigos, se llevaban bien. Y, Goten se dio de cuenta que sorprendentemente para su edad, Bra era una chica interesante. Una buena amiga, confidente incluso. Le hacía sentirse bien.

En aquel momento justo conversaban sobre pizzas, y el Son no dejaba de alardearle con diversión a la muchacha que era toda una proeza en la elaboración de las mencionadas. Y Bra se carcajeaba, refutaba sus palabras, buscaba el llevarle la contraria solamente porque le era entretenido y servía como excusa para prolongar sus conversaciones. En una ocasión en el transcurso de aquella semana había llegado a quedarse dormida con la voz del hombre en su auditivo.

Todo era regodeo y risas hasta que, sin previo aviso, un exaltado padre saiyajin irrumpió en el espacio.

—¡¿Papá?! ¡¿Qué conti…?!—. Los movimientos imprevistos de Vegeta privaron a Bra de sus palabras; su padre la sacudió sosteníéndola de los brazos con tal fuerza que ella sintió a sus sentidos aturdirse.

—¡¿Desde cuándo?!

—¿Qué…?

—¡No te hagas la desentendida, mocosa! —exclamó, aproximando el rostro iracundo al de ella, soltando las palabras como ferrocarril descarrilado—. Ya tu madre me dijo todo, hasta el nombre del maldito insecto con el que hablas.

Bra se quedó perpleja, tratando de darle algún grado de entendimiento a qué se refería su padre. Culpó al desconsiderado sacudón de su desconcierto. ¿Qué rayos le pasaba al troglodita de su papá? Si sabía de quien hablaba, no le veía ni pies ni cabeza para que él actuara de ese modo. No obstante, palideció; ¿acaso su padre estaba enterada de todo lo que ella y el azabache tenían planeado?

—¿Ya… ya lo sabes?

¿Hola? ¿Princesa?

Ella y Vegeta clavaron la mirada en el teléfono en un movimiento sincronizado inédito.

Quizás se debiera a una subida impulsiva de adrenalina el que Bra fuera más rápida, tomara el teléfono y lo alejara del manojo violento que era su padre en esos momentos; lo arrojó por la primera vía de escape que estuvo en su margen de visión y el aparatejo hizo un doloroso sonido al estrellarse contra el suelo allá afuera.

—¡Ah, mocosa de mierda! —dijo Vegeta, frunciendo el ceño a su hija con un enojo casi legendario. Las pocas arrugas apretujadas del saiyajin –probablemente causadas por ese genio delicado que se mandaba- le hacían saber a la peliazul que claramente había empeorado el estado de su padre. —¡Ese infeliz me las pagará!

—¡Él no hizo nada malo papá!

—¡Cállate!

Vegeta se alejó de la chica, casi como si le diera repulsión. Bra se vio aún más afectada por el gesto, pero lo cierto era que el príncipe no sentía aquello sino una punzada desagradable por la contestación férrea de su hija. Un sentimiento arraigado lo exacerbó con afán; había fallado en cuidarla, en protegerla. Había fallado y su hija terminó entregada a un débil enclenque humano.

Más Bra seguía aturdida, pero su preocupación la carcomía con ansias; fuera de darle sentido a la reacción de Vegeta, ella se desvivía en el hecho de haberle fallado a Goten. Ni siquiera había podido mantener en secreto algo que para el hijo de Gokú tenía en demasía relevancia. Su padre había sido muy claro, había sido de boca de su madre de quien lo había sabido, eso significaba que por tonta e imprudente no cuidó sus palabras en todos esos días y la noticia del compromiso había llegado a los oídos de la mujer. Era cuestión de tiempo que toda la familia de los guerreros Z se enterara y, por ende, los padres, hermano y sobrina de Goten.

—¿Te… lo dijo todo? —preguntó ella con la voz en un hilo, toda rota, resquebrajada.

—Hmp, no hace falta que de muchas explicaciones para entenderla—contestó el otro sin mirarla, reflexionando consigo mismo.

La escena rayaba en lo fúnebre.

Eso mismo pensó Bulma cuando entró desencajada a la habitación.

—Por… por fin. —dijo recuperando el aire, suspirando y acomodándose la bata de seda y los mechones fuera de lugar. —Imagino que ya le explicaste al idiota de tu padre, ¿no? —Bulma se quedó anonadada: ninguno le respondió nada, por el contrario, encontró un escenario tenso y desesperanzado. Eso fue lo más extraño de todo. —¿Uh? ¿Qué pasa con ustedes dos?

Ni siquiera voltearon a verla.

Bulma bufó ahora con las manos en la cintura; necesitaba despejar esa tensión, borrar tanta incomodidad por algo tan estúpido como un comentario malinterpretado por su ignorante pareja.

—Vegeta ¿de verdad vas a ponerte así por lo de Cupido? ¡Alégrate por Bra!

—¿Qué? —La miró ofendido él—¿Quieres que me alegre por qué corrompieron a mi hija?

El contexto hizo regresar a la Tierra a Bra.

—¿De qué estás hablando papá? —El compromiso de Goten no era, para nada, algo que implicara que terminara "corrompida".

—Tu padre. —espetó entonces Bulma comprendiendo que ya era necesaria la explicación de su boca—No entendió a que me refería cuando hablábamos de ti. Le dije que de seguro Cupido ya te había flechado cuando le expliqué porque estabas todo el día con el teléfono.

Bra nunca sintió tanto alivio como en ese momento. El alma le volvió al cuerpo, sus pulmones se llenaron nuevamente de aire y hasta se pudo reír. No solamente su padre había malinterpretado el momento.

—¡Por Dios, papá! Mamá no quiso decir eso—explicó—fue solo una metáfora.

Miró a su madre y entonces ambas se echaron a reír con ganas.

—¡Ya basta! —exclamó Vegeta, con el rostro rojo. Si Bulma riendo así lo hacía sentir estúpido, el que lo hiciera en conjunto con Bra empeoraba su sentir—¡No es mi culpa que los terrícolas se expresen con estupideces! Maldita raza, estúpidos, estúpidos terrícolas…

No lo demostró, pero él también sentía alivio por saberlo.

Ningún ser inferior a él ni a la raza saiyajin merecía a su hija. Nadie.

—¿Qué es tan gracioso? —Trunks todavía vestido de traje entró en el sitio, con los restos del pobre teléfono de Bra entre las manos—Bra encontré esto afuera.

Las risas cesaron.

Bien, no todo era un alivio.

[…]

Todo estaba silencioso, todo estaba tranquilo. No había nadie en la casa de los Son ese día, excepto por el miembro más joven de la familia. Pan juraba, ya dejaría marcas en el piso de tanto caminar de un lado al otro, mordiéndose las uñas y auto regañándose por ello. En una de sus manos, la tarjetilla temblaba, en la otra lo hacía un nuevo teléfono; no tenía dudas, esa rara y viva emoción que saltaba en su pecho se asemejaba tanto a aquella que la invadía en sus entrenamientos.

Con ese pensamiento, lo decidió: marcó.

La espera porque contestaran del otro lado de la línea fue inquietante y tortuosa, como gota y gota cayendo sobre una cabeza. Su sentir fue más rápido y las palabras casi salieron atropelladas de su boca cuando oyó a Sheila a la espera.

—¿Diga?

—H-Hola, maestra ¿Shile? ¡Sheila! —exclamó entre leyendo las letras, recriminándose por dentro tanta torpeza por algo tan tonto—Si, eh, soy Pan la amiga de Bra Brief.

—¡Ah, sí, la chica Son! Que grato recibir tu llamada. ¿Entonces quieres ser parte de mis alumnas?

—Si, eh, bueno, no. Es decir ¡si! Pero… no tengo la menor idea de nada de esto y Bra no sabe nada todavía y…

—Entiendo, entiendo. ¿Qué tal si viernes el lunes por la noche a mi casa y lo conversamos mejor? Necesito ponerte a prueba y arreglar otros detalles. Te mandaré la dirección ¿estás de acuerdo con ello?

—Estoy de acuerdo.

—Bien.

Estaba hecho.

Pan, entonces, andando sobre sus inseguros y tamboleantes pasos y casi oyendo los latidos de su corazón bombeante y emotivo se echó en el sofá y tomó un cojín entre sus manos, en el cual procedió a desahogarse; el grito emergió y murió entre el pomposo objeto.

Estaba nerviosa, era una tonta y torpe pero ¡se sentía tan, pero tan feliz!

Respiró, alejó el cojín y se sentó de piernas cruzadas, tomando su teléfono y revisando los contactos. Cuando bajaba por la "B" que casualmente en el orden iba antes que "T" y la "U" encontró el número de Bra y su pulgar se detuvo a medio centímetro de pulsar. Y ahí, las dudas afloraron; Bra era su mejor amiga y sabía que era la persona que más feliz se iba a poner por la noticia. Además Bra podía ser un apoyo, siendo casi una veterana en lo que hacía y con tanta experiencia, ella era la persona más indicada para instruirla después de la maestra. Sin embargo, su amiga lo gritaría por los cuatro vientos y no la dejaría en paz. Pan torció una mueca de solo pensarlo. ¿Y si la sorprendía? Mejor, siguió bajando…

Bra podía esperar.

Fue así que su teléfono dio un sobresalto y le marcó a Uub, uno de los últimos contactos que había llamado. Últimamente ella y su otro mejor amigo –vale, era un tema debatible; cierto peli lila se había debutado como un buen oponente por el puesto- no hablaban muy seguido. El amor era extraño, pensó ella. Marron era el mundo, el cielo y el aire entero que respiraba el muchacho.

Pan reparó en la última llamada.

El teléfono duró timbrando eternidades para ella y el repique comenzaba a estresarla –porque por supuesto no era la fuente de la paciencia; era un defecto que tenía que reconocer si o si- cuando comenzaba a crearse escenarios en su cabeza de que podría entretener a Uub tanto para no contestarle, la voz enérgica del chico desacopló un "¿Diga?"

—¿Se puede saber por qué demonios no contestas el jodido teléfono? No, alto—se adelantó entre indignada, molesta y turbada—no quiero saberlo. Ya lo sé, seguramente tiene que ver con Marron y todas esas cursilerías.

—Hey, Pan—rezongó risueño y avergonzado a través del auricular él—Es bueno que llames. Yo también tengo mucho que contarte—Si, su mejor amiga podía soltarle una retahíla de palabras de las cuales Uub tomaría un par para explayar como tema de conversación, funcionaba así y seguro eso era lo que los unía tan dichosamente.

Pan, sabía Uub, era un torbellino del que podía esperarse cualquier cosa que no cruzara por su cabeza. Pan, en la vida de Uub, era un toque emocionante y exasperante a partes iguales. Bendita fuera la paciencia y la comprensión del pupilo de Gokú, pero hasta alguien como él tenía un límite que pocos se atrevían a picotear.

—Uub—Pan se mordió el labio, hasta casi chillar, pues sabía que de su boca iban a salir incoherencias sin ningún tipo de orden que confundirían a su amigo. Adentro, una especie de pajarillo arrebatado pujaba por salir en forma de tornado. No iba a seguir escudriñando mentalmente de cómo el chico se tomaría lo que iba a decir, pero hasta los nervios se te potenciaban en demasía si tenías sangre saiyajin corriendo por tus venas—Ya sé, te lo diré y tú me lo dices ¿va?

—De acuerdo.

Los tomaron aire profundo y dejaron las palabras salir como quien despliega un poderoso ataque de KI.

—¡Número dieciocho me dio un ultimátum!

—¡Seré bailarina de ballet!

—¡¿Ultimátum?!

—¡¿Bailarina?!

Pan se preocupó y por supuesto, Uub se deshizo en risas.

Y risas…

Y más risas…

—¡Ya cállate! —le gritó Pan, apretando los dientes y uno de sus puños—¡Si no dejas de reírte te colgaré, Uub!

—Ya está bien… Ya está bien—dijo el chico regulando la burlesca reacción—¿Es en serio?

—¿Te parece una estúpida broma? —contrarrestó con molestia ella, pero se enlistó hacia el grano—¿Qué quieres decir con que Dieciocho te dio un ultimátum? —Si, Uub se arriesgaba mucho por Marron, pero si había llegado a peligrar en serio su vida estaba dispuesta a protegerlo a como diera lugar de su terrorífica suegra.

—Bueno… Ya sabes, Pan—A él no le fue fácil abordar aquello, se sentía avergonzado—No tengo ni donde caerme muerto y sé que tiene toda la razón. No tengo herencias ni propiedades, no tengo nada. Ella misma dijo que soy un pobre diablo y tiene razón—esa era su realidad.

Pero Pan no lo veía así.

—¡Esa interesada! —exclamó ofendidísima—¡¿Y qué con eso, Uub?! Eres uno de los guerreros más fuertes, tienes un corazón enorme y jamás te das por vencido, tener dinero no lo es todo, es una estupidez porque tú eres capaz de…

—Sí, Pan, sé que dirás de todo para animarme y apoyarme con esto. Y sé también que estás dispuesta a llevártelas a los puñetazos con ella, pero entiende que esto es problema mío—zanjó en pocas palabras, de modo irrefutable. Esa también era su realidad—Yo sabía que esto iba a ser jodido desde que me enamoré de Marron, pero Pan, te juro que llegaría hasta las últimas consecuencias por ella.

Pan era una nulidad en la perplejidad.

"Así actúa un hombre enamorado; hasta las últimas consecuencias"

—Y mira, antes de que me ofrezcas millones de zenis tuyos o de quien sea, te dejo muy en claro en que me esforzaré por ser el hombre que Dieciocho quiere para Marron pero por cuenta propia.

—Uub… es muy difícil—murmuró Pan en la línea telefónica—¿Qué harás? ¿Participar en todos los torneos de artes marciales del universo? —añadió con sarcasmo.

—Pan, trabajaré duro por lograrlo. De hecho hoy llevé mi currículum para la Corporación Cápsula y a las dos horas me llamaron—dijo en una risa—como si conociera a cierto presidente ¿eh? Pero el punto es que voy a trabajar para lograr mi meta. Y sé que lo conseguiré, le daré a Dieciocho todos los millones que quieras y saldré adelante con su hija.

Los ánimos en alto de Uub podían ser realmente contagiosos.

Pan unió sus labios en una media sonrisa que se desdibujó cuando Uub prosiguió diciendo:

—Y a ver… ¿bailarina? Eso sí que yo no me lo creo.

—Pues créelo—habló con decisión—Ya me apunté a las clases de la academia a la que asiste Bra.

—Pan, es que… Por favor, hasta te duermes en sus presentaciones ¿en qué momento te importó el Ballet? Siempre te pareció ridículo.

—Uub, esto de verdad es importante para mí. Quiero al menos probarlo y—se sonsañó con exceso, sacudiéndose en su sitio y luchando por explicarse lo mejor posible. Como odiaba dar explicaciones—No sé si sea buena o un asco, pero lo voy a intentar. No me emociona usar mayas y esas cosas ridículas que usan esas niñas y Bra, pero siento que necesito hacer esto… y ya no quiero acobardarme. Así que, si tú puedes conseguir tus millones por cuenta propia yo seré una bailarina de ballet.

Ambos amigos se habían desahogado en su maraña y tuvieron un pensamiento en sincronía que los hizo sonreír por igual; estaban locos, estaban engachados a lo que pintaba por imposible. Y eso estaba bien.

—Sí, tienes toda la razón—Concedió Uub—Tienes todo mi apoyo Pan.

—Y tú tienes el mío—Pan no podía estar más emocionada y alegre, pero un pensamiento acudió a su cabecita—Eh… Uub.

—¿Si?

—No digas nada, por ahora es un secreto. No quiero que si sale mal todos lo sepan…

—Tonterías, será excelente Pan—él estaba seguro y depositaba su fé en su buena amiga.

Confiaban en las personas correctas.

[…]

Tras dos días sin mediar palabras con la joven Pan, Trunks tuvo el tiempo libre de dedicarse a pasear por un bonito malecón hacia la playa que rodeaba a la gigantesca Capital del Oeste, donde el ocaso era una apreciación artística y respirar la salinidad en el aire un deleite. Cuando lo pensó, se vio a sí mismo como un triste caminante; las personas que caminaban por ahí iban con sus amigos, con sus familiares o con sus parejas. Quizás diera el brazo a torcer y le concediera la dicha a su madre de llevar a su secretaria de turno, o le llamaría a Goten, o para no darle tantas vueltas al asunto invitaría a la misma Bulma.

Pero cuando pensó en la persona que quisiera que lo acompañara a caminar, sentarse en una roca, pensar sin sobrepensar y hablar sobre cualquier cosa y apreciar ese ocaso como la obra artística que era, la figura de Pan ocupaba todo espacio.

Se llevó las manos a los bolsillos, se puso de pie y se acomodó las cintas de las sandalias abiertas que usaba con sus shorts y comenzó a caminar por ese espacio en soledad. Les mostró los dientes y le guiñó un ojo a las mujeres guapas que centraban su atención en él, se dirigió al puesto del algodón de azúcar y siguió su trayecto en soledad.

Al otro lado de la calle y frente al malecón, había una casa turística llena de recuerdos viejos que Trunks visitaba cada tanto cuando estaba melancólico y solitario en el malecón. Algunos lo saludaron al reconocerlo, saludo que él devolvió cordialmente. Al contrario de los visitantes, ya no centraba la atención en las pituras rupestres ni en los objetos viejos, él iba a una zona especial del lugar; ahí, había un piano en perfecto estado.

Ahí Trunks sacó un pañuelo impecable, con el que barrió un poco el polvo y se sentó sobre el taburete. Sus dedos, ágiles y de uñas impolutas hicieron contacto sobre el tablero y pronto sobre las teclas; las personas que aseguraban el recinto ya esperaban el toque teatral, y la radiante sinfonía comenzó.

Se sabía de memoria lo que estaba tocando; la melodía llenó el lugar y, en minutos, el tiempo se deshizo para él como una variable sin ningún tipo de relevancia sublime. Lo sublime, para aquel enigmático pianista de bello perfil era deslizar los dedos sobre las teclas y ya no tocar si no sentir la sinfonía en el alma, el alma que se comunicaba en cada tecla, que berreaba a través de dedos indulgentes yendo de un lado para otro con afán.

Él, hecho uno con el piano, había cerrado los ojos y guiado con naturalidad en la tonada eterna y bella que atraía a las personas y más personas rodeándolo y algunos hasta grabando al talentoso peli lila que los deleitaba. Trunks tocó hasta lo indecible, hasta que la última canción memorizada por él resonó en la vieja casa, era una letra más sentida que las anteriores y que le traía una imagen a la cabeza, de modo que al tocarla fruncía el ceño en demasía. Ya era de noche y los luceros titilaban en el alto cielo cuando abandonó el piano, regresando a la realidad.

—Pareces bastante inspirado hoy. —Trunks se giró y se encontró con la dueña del atractivo turístico, una señora regordeta de rasgos gentiles.

—Tenía tiempo sin venir—dijo él con timidez, levantándose del taburete y aceptando un vaso de jugo rojo que ella le extendía.

—Nunca sabemos cuando aparecerás, pero siempre que quieras eres bienvenido, pequeño Beethoven.

—Gracias, Mavy.

Él había pisado aquel sitio meses atrás, recorriendo como un explorador todos los atractivos del malecón, nada lo había cautivado como el viejo piano de la casa antigua, el cual de palabras de la misma Mavy nadie había tocado; obviamente, no era más que otro de los objetos a observar por la gente que visitaba la casa, pero el hombre más rico del mundo se había posado en el polvoriento piano para tocar como una deidad. El hecho, que en un primer instante dejó aturdidos a todos, era una anomalía que les gustaba apreciar.

Los desconocidos que cuidaban de la vieja casa, conocían al músico dentro de Trunks, uno que a los ojos del resto no existía.

El piano se había convertido en un confidente para él, uno que no hablaba a los puñetazos ni en términos científicos, uno que le hablaba sin hablar, uno que lloraba junto a él sin llorar, o que reía sin reír.

Esa era su mejor meditación.

Trunks se despidió de los lugareños y emprendió vuelo de regreso a la Corporación Cápsula, pensando en la decisión de su amiga Pan. Él nunca habría siquiera pensado en sugerirle bailar, ¿qué iba a creer que ella, una ruda combatiente saiyajin iba sentir gusto alguno por ser bailarina? Se sentía cruel y tonto, pero si quisiera dedicarse a ser un famoso pianista él se lo diría a ella y buscaría su apoyo, por loca fuera la idea.

[…]

Era el día, por fin era el día.

Goten se quitó afanosamente la ropa y entre trompicones se dio una ducha fría, confirmó que todo estuviera listo y se puso una camisa estampada con unos pantalones negros, se acomodó el cabello con un poco de gel y aplicó perfume en su cuello y ropa. La emoción lo tenía todo sonriente y medio idiotizado, chiflaba yendo de un lado al otro y hacía las cosas con el doble de torpeza.

Todo estaba listo, era la noche más planeada de todas: la noche en que pediría la mano de Pares.

Faltaba todavía algo de tiempo, pero se había alistado con toda la antelación previendo todo. Sin nada que hacer por el momento, se decantó por tomar una siestecita. Así que cerró los ojos entregándose al descanso.

Todo el panorama se volvió diferente, ya no estaba en el sofá de su distinguido apartamento. El cielo lucía hermoso, azul y radiante y volaba por los cielos cargando un cuerpo femenino en los brazos; podía sentir su calor y el tener contacto y llevar a esa chica lo hacía sentir pleno y feliz.

Y ahí tuvo un fugaz pero firme pensamiento: "debo pedirle que sea mi esposa"

Detuvo su vuelo, en algún lugar desconocido, todo pintaba ser blanco y blanco y solo estaba él arrodillándose frente a la chica y desplegando la cajita con el anillo.

—¿Quieres ser mi esposa? —Sonreía de oreja a oreja, esperando ver la cara de su amada, pero cuando lo hizo su rostro se desencajó ipso facto.

—¡Claro que si, Goten!

La que había aceptado no era su linda Pares, entonces todo era raro y estrambótico para él; era la hermana de su mejor amigo a quien le estaba proponiendo matrimonio, hincado en una pierna. Quiso detenerse en ese mismo instante, pero el cuerpo no le respondía; colocó el anillo en el dedo anular de la muchachita y la estrechó entre sus brazos.

"¡¿Qué haces, imbécil?! ¡¿Qué no ves que no se trata de Pares?!"

Goten se gritó mil cosas, pero por más que lo intentaba, proseguía riendo y abrazándose con la peliazul, hasta que volvía a ver el dulce rostro de ésta, conectando sus ojos, acercándose lentamente a los labios rosados…

"NOOOOO OOOOOOOOO"

—¡No! —gritó por fin despierto, causando un movimiento brusco que lo mandó al suelo con un exagerado "ayayayay" como queja. Se puso de pie, mirando a todos lados, suspirando tranquilo; estaba solo en su apartamento—Qué suerte, fue un sueño… ¿por qué rayos soñé con eso?

No, con toda franqueza no quería saberlo

No dejaría que ningún sueño raro turbara su momento, se dijo a sí mismo, en frente del espejo e hizo una mueca y sacudió la cabeza.

El timbre del apartamento fue tocado y el sonido lo estremeció, sabía quién era pero con lo que había pasado las ganas de verle la cara a ella se le habían esfumado reemplazándolo el temor. Pero el timbre volvió a sonar y tenía que abrirle.

—Perdón si me tardé de más pero ya sabes que cuando el tráfico es pesado es imposible—dijo Bra entrando en el apartamento, ignorando que Goten había centrado la mirada azabache en el techo –notando líneas de resquebradura que antes no, iba a hablarlo luego con el dueño-, él maldijo su nariz que no se había salvado, sintiendo todo el aroma del nada barato perfume. La chica se giró hacia el azabache y ladeó la cabeza—¿Goten?

—¿S-Si?

—¿Pasa algo?

—¡N-Nada Bra! Es que me duele la nuca y tengo que estar así—mintió pobremente, pero lo suficiente convincente para no tener que verla. Se sentía tan asqueroso consigo mismo.

—¿Entonces no verás lo que te traje? —la heredera fue hacia él y Goten escuchó como sacaba algo de su bolsa. Y seguidamente, Goten quiso que la tierra se lo tragara al sentir las manos de ella agarrando una de las suyas, pero luego la curiosidad lo hizo despejar los dramas.

Bajó la mirada, encontrando una pequeña cajita plateada y metálica con el logo de la Corporación grabado encima. Miró entonces a Bra, quien mostraba felicidad en su carita angelical.

"No puedo creer que tuve ese sueño contigo…"

—Todo está ahí, los dulces, la música, las botellas y el aerocoche en orden dentro de las cápsulas. Estaré esperando como acordamos.

Goten seguía perplejo con la cajita en la mano, pero se espabiló y guardó el objeto en el bolsillo de la camisa.

—Muchas gracias por todo esto—le dijo con sinceridad, recordando todo el esfuerzo que la chica había hecho por él y Pares. Se sonrieron mutuamente y ella se mostró complacida.

—Bien, nos vemos después—acordó guiñándole un ojo con complicidad que lo enrojeció levemente—Todo saldrá bien.

—Sí, eso espero.

Bra se fue y Goten se quedó con una extraña sensación de soledad que lo dejaba anonadado consigo mismo, le restó importancia y trató de dejar lejos muy lejos la fijación indeseada que un sueño le había dejado sobre su amiga.

Abrió la cajita de cápsulas, sacando la que estaba etiquetada como el aerocoche en el que iría por su futura prometida. Accionó la cápsula en la calle y un bonito descapotable negro pulido con transmisores aerodinámicos de última generación se mostró con él. Soltó un silbido y se montó.

—A esto lo llamo lujo, eh, princesa—se dijo antes de salir impulsado por las calles con destino a la mansión de Pares.

En cosa de minutos y siguiendo el GPS integrado arribó a donde vivía su novia, Pares, ataviada en un corto vestido de lentejuelas y unas botas altas con una mascada dorada en el cuello lo esperaba con una sonrisa adorable. Como la noche tenía que empezar bien, el hijo de Gokú se bajó a abrirle la puerta del lado del copiloto.

—Goten pero que caballero—aduló con su apacible voz, que para él era tan dulce y seductora. Recibió, a modo de saludó por parte de la mujer, un cálido beso en una de sus mejillas, algo muy propio de ella para con él.

"No más distracciones" se dijo a sí mismo.

"Hoy es tu noche y la de linda Pares"

Colocó la música que escuchaban juntos; Pares parecía complacida con el aerocoche, remarcando en más de una ocasión durante el trayecto lo bonito que era y lo bien que le sentaba a Goten conducirlo.

Como todo estaba metódicamente planeado, las direcciones estaban integradas en el GPS que Goten siguió desde el principio. El lugar lo llevó lejos y él mismo comenzaba a confundirse cuando llegaron a una ladera en que terminaba el camino. Pares buscaba respuestas en su cara pero seguía tranquila e intrigada; sin saberlo, su mismo novio no sabía que hacer.

"Bra, ¿qué demonios hago ahora?"

Repasó el plan que creó de la mano de la princesa, pero entre tantas cosas, había olvidado el orden de todo en un santiamén y comenzaba a ponerse nervioso. Definitivamente no quería arruinarlo.

—¿Goten? —la voz de Pares no lo tranquilizó—¿Qué hacemos aquí?

"Es una buena pregunta"

En un intento desesperado, abrió la cajita plateada en búsqueda de respuestas, esperanzado de encontrar las pautas ahí. Cuando leyó las cápsulas, pudo respirar tranquilo: una de ellas indicaba que efectivamente, como si la hija de Vegeta lo conociera como a la palma de su mano, ésta había adjuntado una cápsula con instrucciones.

Goten no demoró en desplegarla y tener en sus manos un bloc de notas rosa con una bonita caligrafía.

"Despliega la primera cápsula y léele esto a Pares cuando bajen del aerocoche"

La primera nota traía un prefacio elaborado.

Goten desplegó la primera cápsula y sonrió cuando apareció ante ellos una puerta. El brillo de la majestuosa luna los iluminó y lo hizo sentirse ansioso.

—Linda Pares—pronunció entonces él, aclarándose la garganta una vez dejaron el vehículo—Hoy te daré la mejor de todas las veladas, un viaje inigualable a mi lado que estoy segura jamás olvidarás. Permíteme llevarte conmigo y conocer todo lo que soy capaz de hacer por ti. Pares, dame la mano y comencemos juntos este viaje—leyó tan prolijamente como pudo, frunciendo el ceño entre una que otra palabra –enterneciendo a su acompañante- extendió la mano a ella quien la tomó con emoción.

Al cruzar la puerta aparecieron en un modesto restaurante, con jazz de fondo y camareros yendo de un lado al otro. La encargada de las reservaciones, una señora alta y de cabello blanco se acercó sonriente.

—Usted debe ser el señor Son—dijo la mujer y él asintió—Justo a tiempo para su reservación. Acompáñenme.

La mujer los llevó a través de unas escaleras hechas de troncos; el lugar estaba construido de pura madera lisa, así que subieron hasta un piso a la luz de la luna, iluminado con lucecitas en sus bordes y una única mesa en el centro.

—Adelante—la mujer se retiró dejándoles privacidad.

Goten se apresuró en correr el puesto para invitar a una maravillada Pares a sentarse, luego el tomó el sitio en frente de ella. Se miraron, alegres, felices de estar ahí. Ella movió una de sus manos hasta una de las rústicas del híbrido, acariciándolo con gentileza.

—Goten esto es maravilloso.

Los camareros llegaron ordenadamente de improviso: bandeja en mano con un fino vino y par de copas.

"Si que pensaste en todo, princesa…"

[…]

La maestra le había indicado a Pan llevar algo ligero, "alguna malla con la que te puedas estirar bien" apuntó. La chica en su guardarropa rebuscó lo más simple que encontró, lo más parecido a lo que las bailarinas solían usar, pero todo no eran más que telas de entrenamiento, puros gi de diferentes colores para luchar.

Al final, Pan resopló y decidió tomar uno de aquellos trajes de entre sus menos favoritos y cortarlo para darle apariencia de malla, aunque al final terminara haciendo un rastrojo, se lo puso junto a una camiseta blanca.

"Bien, estoy lista. Hoy es el día"

Abandonaba su hogar cuando la voz de su madre se entrometió en su camino.

—¿Pan? ¿Qué haces vestida así? —Videl la confrontó con preocupación latente y Pan se mordió la lengua pensando en una explicación coherente antes de escuchar cualquier retahíla de su madre.

—Puedo explicarlo.

—Pan llevas semanas sin entrenar, no me digas que vas a hacerlo justo ahora. Bien sabes lo que el doctor dijo de tu condición.

—No voy a entrenar—afirmó rodando los ojos en señal de hastiarse—solo quise vestirme así.

—Pan…

—¡Por amor a Dendé, mamá! ¿Puedes confiar en mí alguna vez? —chilló. Videl se quedó en su lugar patidifusa.

—¿Perdona?

—Siempre estás desconfiando de mí—siguió la adolescente—Si tanto te supone un problema puedes decirle a los demás que monitoreen mi ki. Déjame hacer mi vida en paz una vez—y se fue volando por los aires.

El viento azotando su rostro al menos le hizo pasar su estado de alteración prontamente, llevándose todo, porque el viento se lo llevaba todo entre sus aires volátiles; podía olvidarse mínimamente de eso. Pan había sido dura con su madre, pero no tenía tiempo para retractarse y darle una disculpa. Ya lo haría después.

"Debo demostrar lo que soy capaz a la maestra…"

Y se impulsó por el cielo tal cual bala.

[…]

Si Goten estaba ansioso por el esperado día que tan minuciosamente había sido planeado, Bra lo superaba con creces. Después de todo era la artífice del compromiso del año y no se permitía ningún error en el proceso. Ni siquiera con ningún proyecto escolar o alguna colaboración de la corporación había recibido tanto esfuerzo de su parte. Perfección era un término que se quedaba corto con lo que quería lograr.

No obstante, dentro de ella misma todo era incomprensible.

Quería saber que ocurría, pero al mismo tiempo no. Necesitaba saber que Goten había comprendido sus instrucciones, pero se negaba a sí misma jugárselas de espía durante la cita. El monitoreo a ese nivel le parecía insano.

"Cuando le pida su mano. Solo veré cuando haga eso" se prometió.

—¿Te pasa algo? —Bulma a sus espaldas la descolocó.

—¡Mamá! No me asustes así…—suerte para ella el no haber pensado en voz alta.

—No era mi intención, Bra—sonrió la científica—Quería que vinieras a mi laboratorio a ayudarme a probar algunas cosas—La menor hizo una mueca de disgusto.

—¿No puede ayudarte con eso Trunks?

—Tu hermano ya tiene suficiente trabajo. De hecho, ahora que lo mencionas, no estaría mal que también le des una mano.

La híbrida dio un sacudón y un gesto turbado de incomodidad. En un parpadear ya estaba en camino al laboratorio de su madre.

—Bien, esas pruebas no se harán solas.

Bulma la siguió satisfecha a su bendito santuario, ese donde el tiempo y espacio se reducían a un simple intervalo sin mayor significancia; podía considerarlo su propia habitación del tiempo, porque ahí solo existían ella, su gran intelecto y el desarrollo creativo. Le gustaba que sus hijos la acompañaran, su visión de las cosas le eran reveladores, como la intervención de Trunks para mejorar brechas en que ella nunca habría pensado o el ojo crítico de Bra para saber que era innovador y que no.

Bra se decantó por observar y probar un transmisor de energía en uno de los tableros de las creaciones de su madre. Bulma, fiel observadora de lo que acontecía en su entorno, difícilmente quitó la mirada de la jovencita. Su hija estaba silenciosa, con semblante pensativo, tocando el transmisor por pura desgana.

No adrede porque el río de pensamientos en la princesita tenía peso, Bra se hacía preguntas y se lanzaba respuestas fantasmas a que estaría haciendo en ese preciso instante cierto guerrero, luego cuando recordaba que otra vez estaba pensando en lo del compromiso, pensaba en Pan y en que no le había mensajeado ni visto recientemente. Quizás había un desorden en sus prioridades.

—¿En qué estás pensando?

—¿Ah?

—Llevas un rato con el transmisor en la mano y no dices ni una palabra—dijo la mujer—estoy segura que ni siquiera estás pensando en eso.

—Creo que el transmisor funciona bien—mintió, pues no había accionado ni un botón de éste. Su madre le miró incrédula.

—Vamos, deja eso y dime que ocurre.

—Mamá no ocurre nada ¿por qué papá y tú siempre están pensando que ocurre algo? —resopló.

—Nosotros también tuvimos tu edad—Bulma meditó sus palabras, pues no se había expresado con exactitud—Bien, no contaremos a tu padre. Su etapa fue ciertamente… distinta. A menos que estés pensando en crear un genocidio o adueñarte de un planeta—Bulma quiso hacer de su comentario algo gracioso para la ocasión, pero de inmediato reaccionó a su inocente mención—Oh por Kami, dime que no quieres hacer eso.

—Mamá, estás volviéndote una paranoica.

Ambas rieron en sobriedad.

—No pasa nada. Al menos no ahora, mamá—Bra le aseguró con una media sonrisa, llenando a la mujer de tranquilidad.

—Bien no insistiré más, por lo que veo ni tú sabes que te pasa—zanjó Bulma causando conflicto en la otra, quien no entendía ahora nada. Ante la confusión, volvió a lanzar otro comentario para bajar las aguas—¿Qué tal un coctel de coco?

[…]

La ovalada casa de Sheila Lee contaba con una habitación que la misma había habilitado como su pequeño salón de ensayos, con una barra dispuesta en el medio. A Pan el estilo decorativo de la maestra le sentó encantador; había tallos de bambús pequeños y medianos en varias esquinas y puertas deslizantes, además de un tranquilo y perezoso gato que se pegaba a sus piernas llamado "Suzui".

Sheila le ofreció a Pan una taza de té antes de comenzar. Supo con nada más observarla que su insidiosa nueva alumna seguro era algo distraída y torpe, pero con solo hondar en el ébano de la mirada hallaba el brillo perspicaz que había visto de antaño. Se moría de ganas por ver a la señorita Son en el actuar, por encima de la peculiaridad de la ropa que se traía puesta.

—Bien, comencemos con el calentamiento Pan.

Sheila la instó a posicionarse en la barra, ella colocándose del otro lado e impresionando a Pan al hacerlo e iniciar los movimientos de levantamiento constante, puesto que siempre la había visto dirigir en lugar de participar. La energía de la azabache era tal que la mujer la percibía con tan sencillos movimientos.

Comenzaron a mover los brazos dirigidos como arcos hacia arriba y hacia abajo, manteniendo la rigidez.

—Eso es veo que si te has grabado el procedimiento a la perfección—valoró la maestra, apenando un poco a la hija de Gohan.

—Eso creo.

Sabía todo en teoría y no perdía detalle alguno en las prácticas del resto de chicas.

—Muy bien estómago firme, brazos redondos—Sheila fue clara y directa; estaba ahí para poner a prueba a Pan—trés bien… Haz un dehors—Pan juntó los talones manteniendo las puntas de sus pies hacia afuera—Separa las piernas y mantenlas estiradas—la determinación titilaba en la joven, quien en el acto hizo caso a la indicaciones, causando mayor regocijo en la maestra—plié—Pan acomodó su posición—demi-plié—Pan flexionó sus piernas un poco sin perder rigidez—grand-plié—Sus muslos tomaron mayor separación exigiendo más de ella, más siempre la postura fue correcta—Impresionante.

La azabache se sintió enervada dentro de ella, casi pudo mostrar una sonrisa autosuficiente. Estaba siendo puesta a prueba y se sentía orgullosa de sus habilidades, además de la expresión y el brillo de magnificencia en la maestra; era casi como uno de sus entrenamientos. Ahora que lo experimentaba de primera mano, era capaz de entender a su mejor amiga y semejante afición a los estiramientos coordinados.

Continuó pasos sencillos al ritmo que imponía Sheila con la música de un viejo reproductor en una mesa ratona. Pan se permitió girar, como oía cada tonada de acordes: ella se sentía un acorde más, la ligereza música de pies y brazos haciendo formas y giros y vueltas. Ojos cerrados, cuerpo erguido, expresión silente hecha canción y canción hecha expresión.

—Adelante, atrás, dehors, grand-plié—Sheila dijo con la voz perdida y mirada acuosa. Delante de esa chica estaba recreando un momento pasado con lucidez—Relevé.

Y ahí fue: Son Pan demostró su nivel. La azabache se alzó en sus pies, flexionó y estiró tanto como pudo. La maestra, boquiabierta, la contmepló como se poco a poco sus pies descalzos se levantaban en sus puntas sin dificultad, al máximos de estos y Pan, ojos cerrados y ya no bailarina si no acorde musical, suscitó sus giros. Sheila Lee casi se desmayó y se abstuvo a la primera pared que evitó una fatal caída.

—¿Maestra? —La híbrida detuvo el pragmático baile al oír el cuerpo chocar. La confusión hizo mella en ella al ver, ante sí, a Sheila descolocada.

—Tú… No… tú no tienes zapatillas—balbuceó la mujer. —Pan, ¿sabes lo difícil que es lo que acabas de hacer?

La muchacha que acababa de moverse como si nada pendiendo de la fuerza de sus dedos se rascaba la nuca avergonzada. No había cansancio ni dolor, ni veía sus dedos rojos o alguna lastimadura en sus pies. Eso era imposible.

—No pareces humana—murmuró la maestra, levantándose con ayuda de su peculiar alumna—Se nota que heredaste los genes de tu abuelo.

—¿A-Ah? ¿Qué dice? —Pan sudó frío, temiendo que su maestra supiera la realidad por una milésima de segundo.

—Ese vigor tuyo tiene que venir de nuestro salvador Míster Satán, no me cabe la menor duda—La azabache respiró tranquila, casi olvidaba como eran las cosas para las personas normales—La fuerza de guerreros de su calibre me deja sin palabras.

—Maestra no es nada yo solo…

—Serás grande Pan—aseguró Sheila, tomando ambas manos de la chica entre las suyas: lágrimas surcaban su rostro dejando a la menor anonadada—Veo la grandeza con la que brillarás en mi estudio, lo veo como lo vi hace siete años.

Pan no supo que añadir, pero no evitó una mínima sonrisa de labios hacia la conmocionada dama. Después de todo, ella también había sentido la grandeza en sus pies descalzos, en los acordes y la tonada del reproductor que seguía en lo suyo.

[…]

Una exquisita cena, la belleza de la luna y de su casi prometida embelesaron a Goten que por poco olvida el siguiente paso en el plan de pedimento, de no ser porque Bra había integrado alarmas en el estuche de cápsulas; hasta el tiempo estaba medido y continuado para todo.

El alegre azabache se puso de pie y accionó la cápsula etiquetada como "baile"; se giró a Pares quien campante tomó prontamente su mano. La puerta los llevó a una pista de una de las discos que más frecuentaban juntos: su chica sonreía como una dulcinea y Goten mismo lo hacía. Emocionada, Pares le hizo saber porque su emoción la rebasaba.

—Oh, Goten—clamó—Esta es la primera disco a la que salimos.

Una balada sonaba y las personas se movían de un lado para el otro, algunos bebiendo y otros charlando. Goten estaba ahí en su zona de confort y su alma fiestera enervaba la necesidad del baile, que además sus pies casi le picaban por moverse. Rió atorrante y no demoró en darle una vuelta a su acompañante al movido ritmo en la pista de baile, con soltura, comenzó a ser un galante torbellino que atrajo la atención. Pares le seguía el paso y juntos bailaron por horas. Pidió para ella un trago dúctil una vez se acercaron a la barra para un descanso y su garganta saiyajin quiso una cerveza fría.

—¿Estás pasándola bien? —Quiso saber contemplando a su bonita Pares, estaba contenta como hace tiempo no la veía.

—Claro que sí estoy más que feliz Goten—expresó ella, buscando su mano.

Él estaba dichoso.

La pista volvió a tenerlos sobre ella y la humareda de gentío se preguntaba si aquel despampanante bailarín no se cansaba. Alguna pareja quiso pedir un intercambio con ellos, pero Goten no aceptó la propuesta. En otras circunstancias él habría aceptado, pero esa noche era la más especial con su novia: recordó uno de los comentarios de Bra y el entorno pasó a segundo plano.

"Tu atención en toda la velada debe ser de ella y solo de ella Goten, porque sólo así será especial"

Goten agradeció el recordatorio en su mente.

"Tienes razón, princesa"

—Goten—era la quincuagésima canción en la noche y Pares daba pasos vagos—estoy cansada.

El espacio demostraba que pocos quedaban: parejas íntimas acercándose provechosamente a su contrario y los empleados comenzaban la limpieza de la disco. Al ver la hora, el reloj demarcaba las cuatro con diecisiete minutos de la madrugada; su novia buscaba apoyo en él, develando el cansancio. Goten la besó y le dio una pequeña sacudida para espabilarla.

—Salgamos.

Afuera soplaba un viento helado y habría querido tener un abrigo que ofrecer a la de cabellera chocolate, quien temblaba. Por curiosidad, le dio una ojeada al estuche metálico y pudo reír con ironía, la efectividad de la heredera que tan afanosamente lo había ayudado no se subestimaba: una de las cápsulas estaba etiquetada con el nombre del objeto que concurría a su mente, como un azar del destino perfectamente orquestado.

Lo desplegó y puso la prenda que desprendía un olor a su perfume sobre los hombros de la mujer. Ella agradeció el gesto y le dio una caricia intrínseca a su cuello. Goten la abrazó por detrás, atrayéndola a él.

—Y bien, linda Pares… ¿Qué deseas hacer?

—Lo que tú desees, para mí estará bien—respondió ella dulcemente—Esta noche me has dado un buen de sorpresas, ¿ya no habrán más puertas con destinos exóticos?

Goten sabía que el plan iba bien en marcha y tras una carcajada moderada beso la mejilla de su novia.

—Pensé en algo que te gusta—desactivó la alarma pronta a sonar en el estuche y sin pensárselo más, se atrevió a tomar a la mujer en brazos y elevarse del suelo.

—¡Goten! —Bramó ella emocionada y sorprendida; una pequeña elevación del ki de él y su ropa y cabellos eran haladas por el viento mañanero.

—Hace rato no te llevaba a volar por los cielos, ¿no es así?

Pares se abrazó más a él, algo nerviosa por la experiencia que siempre venía de la mano de su híbrido. Contempló la belleza de la noche, de lo apacible de la ciudad y lo cercano de las nubes.

El medio saiyajin la sostuvo bien y la animó a tocar, desde esa brecha de vuelo y corta distancia sobre el mar que ahora sobrevolaban, a las aguas de éste. La sensación la hizo sentir inmensa y viva, capaz de cualquier cosa gracias al vuelo.

Volar los hizo sentirse libres y hacerlo, pensó Goten, fue una idea espectacular.

"Debería hacerlo más a menudo"

Entonces otra vez pensó en cabellos azulados. Llevar en sus brazos en un vuelo a Pares había sido también planeado por Bra: Goten recobró la conversación en su cabeza, donde la chica hasta destilaba corazoncito y una felicidad rosa escribiendo como posesa en su libreta. Silenciosamente, estaba más que agradecido por los disparates de su amiga y toda la planeación de días y semanas.

Aún así, no terminaba.

Vio un resaltante rascacielos, era el más alto de toda la Capital del Oeste: ahí dio fin al vuelo, que había desentonado tanto su aspecto como el de la castaña. Se ordenaron tímidamente la ropa y el cielo comenzaba a tornarse de colores claros, mostrando una vista artística de la cúpula celestial. Pares se acercó al borde del rascacielos para contemplar aquello.

—Es tan hermoso…

Y Goten sabía que sí.

Por un breve momento, un sinfín de escenarios vinieron a la mente del azabache, todas sus memorias junto a la mujer con la que había decidido compartir su vida, todos esos años de relación donde había disfrutado tanto con Pares, una dulzura, una maravilla en su vida sin tajante rumbo. Quizás Pares era su rumbo, el destino por el que su vida fiestera había aguardado.

La siguiente alarma de la cajita metálica avisó que era el momento y Goten tanteó sus bolsillos con afán en busca de aquello que contenía al objeto de unión. Algo torpe y casi dejándolo caer al vacío de la ciudad, lo tomó y respiró hondo.

"Es ahora"

—¿Qué es esto? —Pares estaba perpleja, pues un globo rojo había ascendido hasta su posición… ¿habría sido un pequeño al que se la escaparía de las manos?

Miró hacia abajo, pero en lugar de las calles tuvo una vista rojiza y rosácea de más globos, cientos de globos llenos de helio que ascendían ante ella como nubes. Los globos que la sorprendieron llegaron hasta cierto nivel de altura, estaban pintados con letras blancas que ella no lograba darles formas alguna, hasta que estás se alinearon y entonces las pudo leer.

—¿Quieres… casarte… conmigo? —Leyó y al finalizar la última palabra sus ojos avellana se abrieron tal cual par de monedas.

Y se giró y lo que encontró mutó su sentimentalismo y sensaciones descontinuadas en lágrimas inmediatas. Goten estaba ahí hincado en su rodilla izquierda ofreciéndole el anillo.

—¡Si! —chilló, feliz, arrojándose a los brazos del híbrido sin importarle nada.

Goten la recibió quitándose un peso enorme de encima, levantando a Pares y girando como desquiciado sobre la azotea que pisaban, al punto que olvido su punto y no hubo algo sólido bajo sus pies. Suerte que frenó a tiempo, pero el susto si que angustió a su, ahora, prometida, la que en un instante le dejó marcas y marcas de labial por toda la cara.

Al volver a la azotea el azabache avistó un destello azulado desaparecer tras la puerta que daba ingreso al edificio que pisaban.

"Bra…"

[…]

Pan dormía plácidamente, tenía sueños combinados con técnicas de pelea como de costumbre, pero combinados con unas bonitas zapatillas con las que se alzaba en puntas; y giraba sobre lo que parecía un planeta pequeño en donde un bonito simio le aplaudía siguiéndola de aquí para allá.

Fuera de los sueños, su almohada ya aguardaba una pequeña laguna adjunta a donde reposaba su boca naciendo desde un hilo de ésta. No era la imagen más dulce de todas, pero era graciosa, pensó cierto heredero al entrar en los aposentos de la jovial guerrera.

Trunks adoptó una posición en puntillas y apartó en remolino de cabellos negros de los ojos y frente de Pan: pasó la yema de sus dedos por los bordes de la blanquecina piel, hasta llegar a la chata nariz. Fue ahí donde la delicadeza murió y apretó.

La nieta de Gokú no tardó nada en despertar espantada. Suerte que el peli lila cubrió con su palma la boca de ella para evitar gritos.

—¡Idiota! —masculló ella ya en sobriedad—¿Qué manera de despertar a alguien es esa?

—Lo siento—dijo—Nah, realmente no. Y límpiate Pan, tienes baba en…—Trunks se señaló su propio rostro y Pan mutó en vergüenza al sentir su chorreante barbilla. Enrojeció hasta las orejas y le arrojó con gran fuerza su almohada al hombre, enviándolo al suelo.

—¿A qué vienes? —preguntó cruzada de brazos y dándole la espalda a su amigo. No quería verle.

—Hace rato que no venía.

—Y no tenías porqué hacerlo.

—Pan yo…

—No hables no quiero oírte decir "lo siento, Pan, lo siento tanto" —ella engrosó la voz con intenciones de burlarse, pero solo logró enternecer y hacer reír al hombre—Siempre te estás burlando de mí… Eres insufrible.

—Hey, no me burlo de ti—habló él sentándose a su lado en la cama—Es que eres tan tonta—La azabache lo confrontó con ira, a lo que él buscó adelantarse antes de que ella cometiera homicidio en su contra—En el buen sentido.

—Que halagos tan originales los tuyos—añadió ella entrecerrando los ojos ébano—Por decir cosas como esas es que no tienes novia.

—Oye no es por eso Pan—Trunks se reclinó en la cama mirándola ofendido—No tengo novia porque… no quiero tenerla.

—Ah, entiendo—La azabache se abrazó a sí misma y continuó con seriedad: —te gusta tu imagen de soltero codiciado, ¿verdad? Te da más fama a ti y la corporación.

—¿Qué? No hablo de eso—no había caso, pensó él—olvídalo con mi madre y la farándula tengo suficiente de debates sobre mi soltería.

Pan meditó lo dicho, pues en su raciocinio no sabría con exactitud a que se refería Trunks. A su mente acudió Ben y la verdad es que no se veía a ella misma con un tipo como él a su lado, o en general a una persona. Sacudió la cabeza, ante la idea: las ataduras eran innecesarias y entendía que Trunks siguiera soltero a sus treinta, pero también sintió que era algo desconocido para ella en un todo. Era una niña, todavía.

Quiso entonces enfocarse en el hombre tumbado en su cama, pero no como en su amigo de toda la vida o un conocido, si no en eso que era en la simpleza del dilema: un hombre. A veces olvidaba que Trunks era todo un hombre, que tenía un cabello lacio y sedoso, una penetrante mirada azul o unos músculos entallados debajo del aburrido traje caro de oficina.

La adolescente sacudió la cabeza. Estaba pensando demasiado…

—¿Vemos una película? —dijo por sacarse las ideas de la mente.

—¿Qué tienes en mente?

—Tengo ganas de ver un clásico, como volver al futuro o algo de Silvester Stallone—le dio la espalda vestida en su ancho pijama y revisó los viejos cds bajo la cómoda de su habitación.

—Qué curioso que traje una cápsula con bebidas y palomitas. —Trunks la desplegó y Pan le sonrió.

—Solo no te vayas a dormir.

[…]

En el medio de la nada misma en una zona árida y desértica flotaba alto en el cielo un cuerpo: el cuerpo se mantenía inerte bajo que traía el nuevo amanecer de ese día. Al acercarse más, podía apreciarse a una hermosa chica de cabellos azules sonreír con una cámara profesional en las manos. Ahí, ella contemplaba las fotografías que había tomado minutos atrás a una feliz pareja que se acababa de comprometer.

—Fue perfecto. —se dijo—verdaderamente perfecto.

En la cámara ella apreció la felicidad de los recién comprometidos, especialmente la del varón mitad saiyajin de la fotografía. Había abogado por esa felicidad las últimas semanas y ahí estaba. Monitoreó el momento, lo planeó y lo ejecutó.

"Y es que cuando un Brief hace las cosas, las hace bien"

Las charlas, lo momentos, las reuniones, los mensajes, las llamadas: todo para eso, pensó Bra. Para darle el día más feliz a una mujer y pedir su mano en matrimonio.

Vio hacia abajo y decidió descender hasta el suelo rocoso y desolado, sentarse en una pidra y nuevamente repasar todas las tomas del icónico momento. Ya luego mandaría a revelar las fotografías y se las entregaría a Goten, de seguro quisiera tenerlas para ponerlas en un cuadro dentro del hogar que futuramente compartiría con su prometida.

Hizo la cámara a un lado y miró al frente, a la nada, a esa isla extraña que quedaba a unos cuantos kilómetros de la Capital del Oeste. Hacía un poco de frío y había olvidado llevar algo con lo que abrigarse por haber volado hasta el rascacielos para el pedimento, ahí donde su estómago fue un reverbero descontrolado de un monstruo imaginario, de un malestar extenuante: como quiso, inmortalizó a Goten alzando a su mujer.

—Se acabó—se dijo, otra vez—Lo hiciste bien, Bra. Lo hiciste bien.

Volvió a ver las imágenes.

—Debería ser planeadora de eventos.

Centrada en el repaso de las fotos, se abstrajo; quizás pudo haber usado otros ángulos o haber empleado drones computarizados para sobrevolar entre los globos y haber sacado mejores fotos. Pero no, volviendo a estudiar aquello, se dijo otra vez que estaba bien. Siguió en los suyos, hasta que su nuevo móvil de repuesto sonó una cancioncilla pop.

"No tengo palabras para agradecerte, princesa. Estuvo perfecto"

Experimentó un sentimiento de dicha por el halago en el mensaje de Goten, después de todo y de tanta emotividad vivida por él hace instantes, se había tomado el tiempo para agradecerle.

Una ojeada al pasado le estampaba cuan raro era el destino, pues en su niñez recreaba en sus pensamientos diarios escenas así como las que planeó esa noche, esas que la llenaban de ensueño donde era la protagonista, no solo la guionista y todo era tan mágico. Se preguntó cómo se habría sentido Pares al vivirlo y se repitió interiormente que algún día le llegaría su hora, solo que esperaba tener un marido tan preocupado como Goten.

Goten… Él había sido su amor platónico y no supo cuando lo hubo superado, cuando dejó de soñar en que él la defendía de enemigos indeseados y la protegía como su princesa, le hacía juramentos y mil y un cosas irreales. Ahora, ella lo ayudaba a desposar a otra.

"Pero está bien, estuvo bien… estuvo más que bien"

Porque gracias a esas fantasías que cualquier chica quisiera tener, pudo ofrecer esa alegría a él y a Pares. De algún modo, gracias a ella estaba siendo feliz… Y un concepto excelso vino a su mente y la confundió y la hizo marearse en la roca sobre la que se hallaba sentada.

—Basta, Bra—se regañó—Hay un límite para tus jodidas fantasías…

Se levantó y se dispuso a irse, solo guardó la cámara en su estuche personal de cápsulas, cuando sintió las mejillas entumecidas. Frunció el ceño, sin entender o mejor dicho entenderse y se llevó ambas manos a la cara.

—… ¿Pero qué? —ella tocó bajo sus ojos—¿Por qué…? —farfulló perdiendo el aire.

No había explicación alguna.

— ¿Por qué estoy llorando?


¡Hola, hola! pueden guardar sus tomates, o bueno, pueden lanzármelos igual. No los culpo (?)

No creí que me tomaría más de un año publicar otro capítulo de este preciado fic. Ya hasta habrán pensado que lo abandoné xd pero no, para mayor recompensa son diez mil palabras de capítulo para que tengan en que pasar la cuarentena.

Y si, la cuarentena... agradézcanle xD creo que era un absoluto pecado no actualizar T&M en tantos meses de ella. Quería publicar esto el mes pasado, pero no estaba convencida con lo que tenía en ese entonces :)

Ahora si, el fic: Por fin sucedienro los escenarios que darían empuje a los eventos a venir. Si, si, todavía falta mucho por leer y todo sigue siendo fluff y paz, flores y muchos colores. Fue muy bonito escribir la propuesta de Goten, todo fue perfectamente planeado por Bra pero con los gustos de él. ADORO a los hermanos Son y quisiera traer un poquito más de Gohan eventualmente.

Todo es como es, porque vamos, estoy fija en las perspectivas de dos treintañeros y dos adolescentes; tratar de darle forma a tantos años y mentalidades de diferencia es difícil XD pero un reto más que aceptado para mí.

Como saben, la gente cambia y yo misma y mi modo de ver las cosas ha cambiado desde que empecé a escribir esto. Acababa de salir de secundaria cuando empecé esta locura con nombre de flores y guerreros mitad humanos; ahora no es igual. Pero creo que la esencia del fic sigue siendo la misma :) Espero prontamente traerles otra actualización que no se tome tanto tiempo. Y por favor, díganme que opinan, soy feliz leyéndoles.

Se despide

MioSiriban