III. LLAMADAS MUDAS
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Dègel sacó con parsimonia las hojas secas alojadas en la cavidad bucal de la víctima: una niña de apenas diez años, arrojada como basura a un canal de aguas negras, evidentemente abusada, pero el agua había borrado todo rastro. Esa era la parte que más odiaba de su trabajo, la de tener que enfrentarse todos los días a la parte más oscura y nauseabunda de la humanidad, al hecho de enfrentarse a que nada se podía hacer por los que más vulnerables estaban.
Los restos de ropa estaban apilados en otra de las planchas, escurriendo agua aun, ropa poco adecuada para una niña.
—Uñas pintadas en color rojo carmesí, índice y pulgar derecho presentan uñas rotas, falange anular de mano izquierda rota, fractura de tallo verde…
La ropa le había causado particular terror.
—Parecer al borde del desmayo… —la voz y la puerta azotándose le sacó de concentración, dio un pequeño brinco y estuvo por soltar la grabadora digital al piso.
—Merde!, ¿qué haces aquí? —Inquirió con una mirada más relajada.
—Nada, he venido a dejar unos papeles y decidí ver que había por aquí… —respondió Kardia, acercándose a él, observando hacia todos lados, para luego darle un breve beso en los labios. — No pareces muy alegre…
—No, ¿cómo puedo estarlo…? —Le señaló el cuerpo de la niña.
—Rompe el corazón tener que decirle a una madre que su hija ya no volverá… —susurró. — ¿Abuso…?
—Más que probable… mira la ropa… una niña sexualizada…
Kardia tragó saliva en seco, observó el cuerpo, pero sobre todo las manos pequeñas con las uñas pintadas, negó con la cabeza, se volvió hacia su amante y le sonrió amable, como siempre que algo no andaba bien.
—Te veo en la noche… esta tarde tengo algunas visitas que hacer, ¿estarás bien?
—Siempre me preguntas eso… —sonrió más animado cuando le escuchó, asintió y tomó de nueva cuenta la grabadora. — Te veré en la noche entonces, oye…
—¿Qué pasa?
—Sólo… cuídate…
—Lo haré…
Dègel llegó antes que Kardia, estaba cayendo el sol, iluminaba la tarde con una luz mortecina que se negaba a morir, llevo a cabo su ritual de verificar que todo estuviese en orden, en el orden en el que habían dejado todo al marcharse por la mañana, revisó las ventanas, las puertas y todas las habitaciones, todo parecía normal, nada extraño. Olisqueó incluso el ambiente: café, el café que estaba aún en la cafetera.
Suspiró más relajado.
El teléfono le sacó del estopor de tranquilidad en el que estaba sumido… dejó las llaves sobre la mesa, en una orilla, caminó apresurado hacia la sala de estar y levantó la bocina inalámbrica.
—Kardia, ¿verificas que haya llegado a casa? —bromeó.
No hubo respuesta, solo silencio, un silencio que se rompió cuando un suspiro pesado, se dejó escuchar por la bocina, prolongado, abstracto… sólo eso.
—¿Kardia…? ¿Quién es?
La respiración al otro lado de la línea fue su única respuesta, no decían nada, no pasaba nada, sólo eso, una respiración que se le antojaba pegada al teléfono, como si estuviese casi jadeando. Se sintió invadido por un escalofrío, así que colgó el teléfono simplemente. Observó por un par de minutos el aparato ahí estático, y después dio la vuelta.
—Seguro era número equivocado…
Cuando llegó a la mesa en dónde había dejado las llaves… ¡No estaban ahí! Sintió un ataque de pánico, se volvió hacia todos lados, desesperado, buscando con la mirada, pero no había nadie, estaba solo.
Trató de apelar a su sentido de la lógica, y bajó la vista, tal vez estaban en el piso… pero no se veían por ahí, se agachó, y fue hasta que estaba en cuclillas que las vio, tiradas debajo de la mesa…
—Vamos… seguramente se cayeron —trató de auto convencerse, mientras con mano temblorosa tomaba las llaves.
El timbre del teléfono otra vez… levantó con tal violencia la cabeza que se pegó contra la mesa, se llevó la mano a la cabeza maldiciendo miserablemente, era de esos torpes que si los sorprendían, se pegaba en cualquier lugar.
Lo dejó sonar un par de veces más antes de contestar.
—¿Si?
Otra vez el mismo silencio, exactamente el mismo… y después la respiración contra la bocina. Antes de alterarse más de lo que ya estaba acabó colgando el teléfono… la cuestión es que el teléfono siguió sonando ese par de horas en las que estuvo solo. Estaba histérico cuando su compañero llegó.
Apenas abrió la puerta, lo abrazó, lo empujó hacia el sillón, besándolo, acariciando con desespero el cuerpo de su amante, buscando su piel blanquísima, mordiendo sus labios, mientras el otro trataba de explicarle lo que había pasado en medio de ese revoltijo de ropa y de cuerpos.
—Te digo que no contestaban… era tan raro… había alguien escuchando… respiraba… Kardia… —jadeó mientras lo abrazaba con las piernas y se sometía al deseo voluptuoso, sensual, invasivo mientras su cuerpo le recibía gustoso y arqueaba la espalda contra el sillón.
No era la primera vez que acababan follando como Dios manda… en cualquier lugar de la casa menos en la cama. Después de un par de orgasmos ruidosos en la sala, se metieron a bañar juntos, como solían hacer cuando se sentían de ánimos de juguetear un rato en la bañera, como dos niños.
—En serio… parecía como si alguien se hubiese dado cuenta de que yo estaba aquí, solo… dejaron de marcar cuando tú llegaste, eso fue raro —mencionó en medio de un bostezo, mientras cerraba los ojos y se quedaba medio dormido.
Kardia lo observó dormir, permaneció despierto un poco más, en lo que el sopor lo empezaba a vencer también… hasta qué el timbre del teléfono le hizo acabar por no dormirse, Dègel parecía dormir a pierna suelta y no escuchar el timbre, el aparato estaba del lado de Kardia, en la modalidad más silenciosa…
Tomó la bocina, no dijo nada, sólo levantó la bocina, escuchó… un par de minutos tal vez…
—No…
Fue todo lo que dijo y colgó.
El forense tenía los ojos abiertos de par en par, había despertado, había escuchado el teléfono… y también escuchó cuando el otro dijo "No"… aquello le había llenado de más dudas, de inquietud… de miedo… cuando el otro se acomodó en la cama, él cerro los ojos fingiendo que dormía y que no había escuchado nada… pero le era imposible sacarse de la cabeza que… ¿Tal vez alguien estaba buscando a Kardia…? ¿O era que él ya estaba demasiado paranoico?
