IV. TODO CABE EN EL CELULAR

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A raíz de las llamadas de aquel día, nada le sacó de la cabeza al francés, a Dègel Aesgir de Ketill, que algo le habían dicho a Kardia… la persona que estaba llamando ese día, y que le dio un susto de muerte… incluso le pareció que alguien había lanzado las llaves bajo la mesa… estaba casi seguro de que esa persona estaba buscando a Kardia, pero no sabía por qué o para qué… y eso era lo más aterrador… trataba de pensar a menudo que era una broma de alguien, pero… le había escuchado decir "No"…

No tocó más el tema, no le dijo nada… sin embargo la impronta de la duda estaba obsesivamente clavada en sus pensamientos, clavada como una aguja.

Lo primero que pensó fue que tal vez estaba viendo a alguien más… que quizás se trataba de un desliz, que evidentemente mantenía oculto.

Unos días después se hizo el aparecido en la sección en donde estaba de planta el moreno, no le avisó, sólo apareció ahí, como si nada, no sabía que era lo que esperaba encontrar o sí es que encontraría algo… pero lo hizo… entre su paranoia y sus celos… estaba hecho un desastre.

En la primera culpable en la que pensó fue en la linda agente que trabajaba con él, una rubia simpática aunque más bien simplona. Curiosamente cuando él llegó, ninguno de los dos estaba ahí, habían salido una hora antes… todo esto información confirmada por una de las pasantes, de esas a las que era muy fácil sacarles la información y los detalles.

—Suelen estar siempre juntos ¿No? —preguntó sin parecer insidioso.

—¡Ah! No tanto, de vez en cuando, pero justo me parece que iban a visitar a un testigo, aunque la verdad no estoy muy segura.

—Vaya, bueno entonces creo que lo puedo esperar aquí.

—Claro, ya sabes cuál es su escritorio —respondió la chica señalándole el escritorio que estaba como siempre, hecho un desastre, lleno de papeles, archivos y un sinfín de cosas.

Jaló la silla y se sentó, observó la foto que estaba en un marco de plata, la de ellos dos juntos, en un viaje tiempo atrás a Marsella, unas vacaciones en las que pasaron algunos días en el lugar.

Lo siguiente que llamó su atención fue el teléfono de Kardia, estaba ahí, sobre el escritorio, lo había dejado abandonado, sin ningún cuidado, el foquillo rojo estaba encendido, titilando, tal vez algún mensaje o una llamada perdida… quiso abstenerse de revisarlo, pero al final… no pudo hacerlo, era mucha su curiosidad y la verdad es que con todo lo que estaba pasando…

Tomó el equipo, deslizo un dedo por la pantalla táctil, le pidió la contraseña, conociéndolo, sabía cuál era: Apples, tecleó rápidamente… y en efecto, la contraseña era esa. Otra foto le recibió: la que tenía como tapiz del móvil, una de ellos dos con Chardon, con su perro, sintió un nudo en el estómago.

Pero no fue eso lo que acabó helándole la sangre…

Tenía un mensaje no abierto, de un "Rouge", no se imaginaba a quién habría titulado como "rojo", tal vez alguna chica…

Abrió el mensaje y se encontró con que no había ningún texto, sólo una foto… ¡Una foto suya! ¡De él entrando al edificio en donde estaba Kardia! La habían tomado escasos minutos atrás y la persona que la tomó tuvo la desfachatez de enviarla al móvil…

—Pero qué demonios…

Dègel se puso de pie, desconcertado, temblando, observó el ir y venir de policías, pero nadie le pareció sospechoso, se sintió más espiado que nunca, se sentía observado… y era más que obvio que alguien lo estaba observando.

Se sentó de nuevo, desganado, colgante como un trapo en la silla. Tomó el teléfono de nuevo y empezó a revisar de nueva cuenta: entre las llamadas recibidas estaba registrado el número de su oficina, el de la casa, el del celular… en las llamadas hechas, estaban los mismos números… pero entre aquellas que estaban marcadas como perdidas… figuraba "Rouge"… la entrada del número era: "número privado"…

—¿Quién demonios eres? —Farfulló en un hilo de voz— ¿Por qué me estás observando?

Al curiosear en la agenda telefónica se encontró con la misma clase de nombres crípticos que había visto en la agenda escondida debajo de la cama…

—¿Por qué…? ¿Quién carajo son todos estos…?

Estaba a punto de abrir los mensajes de texto cuando escuchó la voz de Kardia a lo lejos, su risa era inconfundible… y lo único que atinó en hacer fue borrar el último mensaje, el que contenía su foto, bloqueó el teléfono con mano trémula y lo dejó exactamente en donde lo había encontrado, con una precisión milimétrica, justo a tiempo cuando su amante apareció en la puerta y caminó sonriente hasta él.

—Pero que sorpresa… lo que el viento ha traído hasta aquí… —comentó alegre revolviendo su cabello lacio.

—Yo… bueno, quería ver si tenías tiempo y si querías comer algo… estaba un poco, estresado y pensé en que sería buena idea… pero si estás ocupado…

—No, no, no estoy ocupado justo ahora… dame unos minutos para entregar un reporte —le dijo enseñándole las hojas que llevaba en la mano— ¿Estás bien? Te ves pálido.

—Estoy bien, sólo es que el trabajo a veces es… inquietante —respondió fingiendo una sonrisa, haciendo aplomo de los nervios que estaban por traicionarle.

El joven moreno se inclinó hacia él, le dio un beso en la mejilla, tomó el celular que estaba en el escritorio y se lo guardó en el bolsillo, se alejó para entregar los papeles que llevaba en la mano, antes de perderse en el pasillo se volvió hacia Dègel y le sonrió, tan campante como siempre.

Como siempre

Ahora tenía la duda de cómo era "como siempre"… le quedaba la espantosa sensación de que Kardia le estaba ocultando algo… que había algo más allá del abanico de rarezas que estaban sucediendo en su vida… y aquello no le gustaba…