VII. VIDA DOBLE
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Antes de que Kardia volviese de viaje tenía tres días, tres días en los que estaba dispuesto a llegar hasta el final de lo que sea que ocultara su compañero, había pasado de la más absoluta pesadumbre y tristeza a la rabia… a las invariables preguntas…
Le quedaba muy claro que Kardia no tenía semejante cantidad de dinero por el hecho de acostarse con sujetos desconocidos, todos ellos casi le doblaban la edad, no… había algo más, algo que sin saberlo, le aterraba ya, algo más turbio ocultaba Kardia Lefebvre… tuvo el buen tino de seguir contestando sus llamadas al móvil, conservando el poco aplomo que le quedaba, le saludó como siempre, le dijo que lo amaba… como siempre… pero… el siempre ahora tenía un matiz ambiguo, una sombra de mentira que ya no podía quitarse de la cabeza… no entendía… Kardia, su Kardia, era un tipo afable, sonriente, siempre de buen humor… y no se parecía en nada a lo que acababa de descubrir en esa página, cosas como: "fóllame duro", "empálame hasta la garganta", "quiero que seas mi papi", parecían escritas por alguien más que no era quién él conocía.
—Necesito de tu ayuda… —dijo en un susurro, cerciorándose de que nadie le escuchara, lo cual era ridículo, no había nadie en la casa, sólo él.
—¿Qué clase de ayuda y qué das a cambio? —Respondió la voz femenina al otro lado de la línea.
—Es un disco duro… quiero que lo revises, necesito que saques todo lo que esté encriptado, oculto… esto es algo personal, no tiene que ver con el trabajo —aseguró guardando silencio un momento—, es algo muy personal…
—Ummm… ¿es grave? Me estás asustando…
—No sé qué tan grave, sólo… necesito que me ayudes, te pagaré lo que me pidas… y necesito que esto quede entre tú y yo…
—Vale, vale, sólo porque estás muy bueno y me caes bien, de entre todos los polis que conozco, tú eres el único que es amable —dijo ella con simpatía—, ¿cuándo me lo puedes traer?
—Hoy mismo… por favor no digas nada de esto.
—Descuida.
No tenía ánimos para ir a la oficina, no tenía ganas de nada… lo único que quería era saber que no estaba viviendo una mentira, eso era todo, quería, ante todo, saber por qué… esas dos estúpidas palabras. Se reportó como enfermo, llevó el disco duro a la especialista en informática que a veces consultaban de forma independiente; regresó a casa, deambuló por ella alrededor de una hora, antes de empezar a buscar por todos los rincones que se le ocurrieron… no sabía que buscaba, sólo estaba ahí tratando de encontrar respuestas.
Nada fuera de lo común, nada que llamara su atención.
Salvo el álbum de fotografías familiares de Kardia, fotos de su infancia y de la escuela, unas pocas de sus padres, todas ellas tomadas en diferentes lugares de Grecia, según sabía, Kardia había nacido en Francia, era hijo de madre francesa y padre griego, eso era lo que le había dicho años atrás… ¿eso también era una mentira?
Ahora que lo pensaba, nunca había visto una partida de nacimiento de Kardia, había visto sus identificaciones de la oficina, el pasaporte… pero nunca la partida de nacimiento…
Quitó una foto del álbum, una que era distinta a las demás: una Polaroid en dónde Kardia estaba sentado en una sillita color rosa, abrazando un oso de felpa, parecía no llevar nada debajo, era rara aquella foto, aunque el niño sonreía, había algo en su mirada que no acababa de gustarle… además de que era la única Polaroid en ese álbum… detrás de la foto se leía: "Helios N." y una fecha casi borrada del todo.
—¿Helios? —Repitió.
Quitó otra de las fotos, una de la escuela, de esas grupales, al verla por detrás se encontró con lo mismo: "Helios N."…
—He visto esto antes… en otro lugar… —hizo un esfuerzo sobrehumano para recordar en dónde lo había visto… en un ¿Objeto? ¿Prenda?
Dejó el álbum de lado, se puso de pie y caminó de un lado a otro, hablando consigo mismo, recorriendo la habitación una y otra vez, como un loco, sin saber por qué fue al closet, jaló de la repisa más alta una caja con cosas viejas, juguetes viejos de ambos… empezó a buscar sin saber el qué… hasta que dio con un viejo oso de felpa en cuya pata estaba bordado algo: "H. Nikopolidis"…
—Helios Nikopolidis… ¿quién es? ¿Eres tú… Kardia? —Farfulló temeroso de saber que cada vez encontraba más y más cosas que le llevaban a preguntarse si estaba fantaseando o es que vivió todos esos años con alguien a quien realmente no conocía…
Guardó de nuevo el oso en la caja, luego la subió, se quedó parado delante de la ropa y zapatos, no pudo evitar sentirse acongojado… casi desahuciado, el móvil comenzó a vibrar.
Un suspiro… sólo eso… una respiración fue lo único que alcanzó a escuchar antes de que cortaran la llamada.
¡Ahora no sólo lo atormentaban en el teléfono de la casa, sino también en el móvil!
Un segundo timbrazo, esta vez verificó el identificador antes de contestar.
—¿Hola?
—Suenas estresado ¿eh? ¿Te interrumpí? —Jugueteó la chica a la que le había dado el disco duro de la laptop de Kardia.
—No, no es nada, recién desperté de una siesta —mintió descaradamente.
—Bueno, pues lamento darte tan malas noticias… oye, me has dado un disco duro plagado de… pues bueno, cosas… no sé de quién sea o de dónde lo has sacado, pero…
—¿Qué había?
—Todo lo que hay es ilegal ¿sabes? De la clase de cosas muy ilegales, de no ser porque te conozco y se dónde trabajas… que de otra manera pensaría que eres uno de esos que… bueno, el disco estaba lleno de pornografía…
—¿Sólo porno? —Soltó Dègel casi como si fuese la posibilidad de respirar con tranquilidad.
—Porno del feo…
—¿Porno del…?
—Pornografía infantil, está lleno de eso… y de porno del duro…
—¿Del duro? —Repitió Dègel, tratando de no caer al piso.
—Violento… muy violento… aquí hay material suficiente como para enviar a la cárcel al dueño, compartió y le compartieron material, no creo poder detectar la procedencia del material… pero podría acercarme…
—Déjalo… con eso basta… yo… necesito de vuelta el disco, sólo deja todo como estaba —la voz que salía de su garganta no era la suya, le sonaba hueca, perdida… extraña.
—Como digas —respondió ella, después, él colgó.
Se sirvió un vaso con whisky, sólo, sin hielos, sin nada, sólo el líquido, lo vació de un solo trago, tenía dos cosas en la cabeza, dos juegos de palabras más bien: Helios Nikopolidis y pornografía infantil… sólo eso… llegó al punto en el que ya no sabía si deseaba seguir investigando, o si prefería olvidarse de todo… y fingir que no había sucedido…
