VIII. VÍCTIMA Y VICTIMARIO

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—¿Me mentirías Kardia? ¿Serías capaz de mentirme…? —Fue la pregunta que le lanzó Dègel al moreno mientras hablaban por teléfono.

—No, claro que no… bueno, sólo si se tratase de un mentira piadosa… o de salvar tu vida, entonces sí te mentiría —respondió animado el otro— ¿Por qué la pregunta?

—Nada más, ya sabes que me gusta preguntar cosas.

—Bueno, en un par de días estaré allá, y me podrás preguntar lo que quieras… en la cama de preferencia —bromeó.

Dègel rio, de lo irónico que resultaba todo eso, de la ironía de esa plática que parecía una charla entre extraños. En tan pocos días se habían convertido en extraños. No podía dejar de pensar en todo lo que había descubierto en los últimos días, y lo que menos le pasaba por la atribulada mente era el sexo, justo eso no, se sentía incluso asqueado al respecto.

Muchas cosas no encajaban, como por ejemplo el hecho de que Kardia tuviese una doble vida, que se acostara con personas tan mayores por dinero, dinero que no necesitaba… la otra era la cantidad infame de pornografía ilegal que tenía en su poder… no encajaba… normalmente los pedófilos no solían tener una vida sexual tan… activa con adultos como Kardia la tenía, además… estaba la cuestión de que al parecer Kardia no era Kardia sino Helios…

No había dormido casi nada, simplemente había dado vueltas en la cama y había fumado como degenerado.

Tuvo una idea esa mañana, conocía los trámites para solicitar partidas de nacimiento de un país a otro, él tenía que hacer muchas veces ese trámite cuando tenía algún cuerpo que había sido marcado como probable identificado en otro país… desde el teléfono de su domicilio, para no parecer sospechoso, se puso en contacto con la embajada griega en Francia y solicitó la partida de nacimiento de Helios Nikopolidis, siguió el procedimiento de rutina y alegó tener un probable con ese nombre.

Una hora después tenía en el correo la partida de nacimiento de Helios Nikopolidis, que había nacido el mismo año y mismo día en el que Kardia Lefebvre. Una llamada aquí, una llamada allá, antes del mediodía Dègel había conseguido el informe escolar de Helios hasta al menos el sexto grado que cursó en Atenas, después de los doce se había mudado y no había más registros de él… ni de sus padres… en una foto del anuario de la escuela primaria de Atenas pudo constatar que Helios y Kardia eran la misma persona…

—¿Qué pasó…? ¿Qué fue lo que te sucedió? —Dijo en voz alta mientras abría el último archivo que le habían enviado: el historial médico de Helios en Atenas.

Había sido un niño normal, saludable, y que no presentó, hasta ese entonces, ninguna anomalía, sin embargo, justo antes de que se esfumara de Atenas y desapareciera ese nombre… algo llamó su atención… Helios había sido tratado por clamidia, lesiones ano-rectales que derivaron en una intervención por parte de un cirujano pediátrico, enuresis, maltrato físico…

—Valoración psiquiátrica: depresión, ansiedad, trastorno de sueño, reacciones psicosomáticas, sexualización de conducta, tratamiento por estrés post traumático… —leyó con voz temblorosa, se mordió los labios, incluso se quedó simplemente contemplando la pantalla.

No sabía que pensar… todo parecía una clase de pesadilla, una dolorosa pesadilla… no quiso seguir leyendo más, se sentía como un verdadero espía y de la peor calaña, llegó hasta una nota que ligaba el reporte clínico hacia un caso de trata de personas, abuso de menores y pornografía infantil, una red que al parecer, en aquellos años había sido desmantelada aunque no en su totalidad, puesto que nunca atraparon al principal sospechoso…

Sintió que el corazón se le hizo pedazos… su Kardia, ese del que se había enamorado… ese al que siempre había visto como una persona feliz, alegre, y de personalidad bullente… tenía un pasado del que apenas sabía nada… y que al parecer, todo aquello que había detrás, estaba actualmente relacionado… con una serie de cosas inexplicables… y aterradoras…

Acceso a la base de datos a la que nunca solía acceder, a la de los crímenes sexuales contra menores, empezó a buscar… lo único que tenía era el anterior nombre de Kardia. Más detalles escabrosos, aquello sólo fue la punta del iceberg en esos años… Helios fue uno de docenas de niños abusados… uno que rescataron por casualidad… en todo aquel enmarañado caso vio algunas fotos de los niños, entre ellas una de Kardia… y todos esos niños y niñas… tenían las uñas pintadas de color carmesí… era como una clase de macabro sello para esa red…

Rojo carmesí como aquella niña que llegó a la morgue… rojo carmesí… como en las fotos de scort de Kardia…

Se llevó la mano a la frente, estuvo unos minutos así, recargado en el escritorio, pensativo, mareado… asqueado, confundido…

—¿Qué pasa contigo…? —Inquirió en voz audible.

Tenía la espantosa sensación de que Kardia estaba repitiendo todas aquellas experiencias pasadas… y de una forma aún más turbia, eran como regresiones extrañas… ¿o era algo más sórdido aun?

Una de las copias de fotos que estaba en el expediente policiaco… era la foto Polaroid que estaba en el álbum familiar, la que él había desprendido del álbum… se trataba de la misma… ¿Cómo era posible que Kardia tuviese esa foto? ¿Por qué la conservaba?... le dieron ganas de tirarse del cabello, de echarse a correr… de gritar… ¿Acaso todo aquello se relacionaba con los hechos extraños que estaban ocurriendo? ¿Con las llamadas…? ¿Con… las cuentas estratosféricas…?

Dègel caminó hacia la cama, se desplomó boca abajo sobre el colchón… un escalofrío le recorrió de la cabeza a los pies… se estaba volviendo loco, cada vez un poco más.