Disclaimer: Rurouni Kenshin y sus personajes no me pertenecen únicamente la historia que les presento.
Disfruten!


"Cuando uno extraña un lugar, lo que realmente extraña es la época que corresponde a ese lugar; no se extrañan los sitios sino, los tiempos."

Jorge Luis Borges


Capítulo 6: El bosque

Ciudad de Tokyo, año 11 de la era Meiji.

Era el cambio de estación, terminaba el verano y comenzaba el otoño; ya se empezaba a sentir el cambio de temperatura. Como ya era habitual Kaoru se dirigía en dirección al templo para prender un sahumerio y volver temprano en la tarde. Llevaba puesto un sencillo kimono color lavanda y, un obi azul con delicados detalles en blanco, la suave brisa otoñal movía suavemente su cabello y traía consigo el agradable olor del crisantemo el cual comenzaba a florecer en otoño.

La madre de Kaoru falleció cuando esta era pequeña, por lo que creció influenciada fuertemente por la figura paterna. Esto la hizo de un carácter fuerte, con grandes valores y apreciación por la vida. Después de la partida de su padre a la guerra y su posterior fallecimiento, Kaoru se advirtió sola en el mundo, esto hizo que a ojos de personas cercanas a ella, se tornara de carácter más serio y sin la energía que la caracterizaba. Su padre era un militar de bajo rango, el cual poseía una escuela de kendo con lo que él esperaba, fueran los nuevos ideales de la era presente.

Ahora, sobre sus hombros recae el peso de mantener vivo su legado y honrar las costumbres por las que su padre luchó en la guerra. Esta situación y la soledad que la aquejaba pusieron a prueba la fortaleza de su espíritu.

Siguió impartiendo clases como maestra adjunta, pero al ser mujer, varios de sus estudiantes perdieron la motivación y abandonaron la escuela haciendo que el mantenimiento de esta y sobrevivir se hicieran cada vez más difíciles. A pesar de todo ella intentaba seguir manteniendo la cálida sonrisa que la caracterizaba, sin embargo en su interior la sensación de soledad iba creciendo lentamente en su pecho.

La joven descubrió sosiego en el trabajo duro y meditación. Todas las semanas se adentraba en el bosque Shinjuku, caminaba por sus senderos hasta llegar al santuario, donde pasaba largas horas meditando. A veces se preguntaba de dónde había surgido esta necesidad, pero no reparaba mucho en eso debido a la tranquilidad y la oportunidad de conocerse a sí misma que le brindaba. Y si bien, pudo apaciguar sus emociones y sentirse mejor, ella consideraba la idea de que algo o alguien hacían falta en su vida.

Atravesó su sendero favorito, el cual a medio camino era cortado por un riachuelo. Para atravesarlo debía cruzar por un puente desviándose unos pocos metros del sendero. El día se sentía diferente, había una quietud poco habitual, indescriptible.

Cada vez que atravesaba el bosque miraba el agua y descubría las carpas nadando entre las plantas. Luego de observarlas un rato fijamente, y descubrir su reflejo en el agua, notó algo diferente en el mismo, sus ojos no eran de su color natural, eran ambarinos. Alejó rápidamente la mirada de su reflejo, se frotó los ojos y volvió a mirarlos, no encontrando nada anormal en el mismo. Quedó pensando un momento en ello, pero decidió que fue una mala pasada de su cabeza, después de todo se sentía algo cansada.

Algunos metros más adelante se encontró con una joven, iba en dirección opuesta a la de ella. Kaoru se sorprendió por lo llamativo de sus atuendos, eran de colores vibrantes y llamativos. Cuando pudo apreciar los delicados bordados se dio cuenta que debía necesariamente ser de alta cuna aunque sus trajes eran algo rebuscados, podría decirse que hasta fuera de época.

- "Disculpa" - se sorprendió ante el tono melodioso de voz y asintió cortésmente.

- "¿Puede ser que te haya visto antes?"- Kaoru se sorprendió, estaba segura de no haberla visto anteriormente.

- "No, no lo creo" respondió con timidez.

- "Lo siento, seguramente te confundí con otra persona" La joven sonrió amablemente, sus ojos eran color avellana y de facciones delicadas.

- "Posiblemente" sonrió, sin embargo Kaoru no recordaba haber visto mucha gente recorriendo este sendero en particular.

-"En fin, sabes lo que dicen de estos bosques…"- la ojiazul se intrigó ante el comentario.

-"No realmente, ¿que se dice?"- respondió con interés.

-"Es algo tonto en realidad, leyendas..."- hizo una pausa y al notar el interés de la ojiazul prosiguió

" Se dice que aquí el pasado y futuro se encontraron, y fue tan grande su atracción que volvieron difusa la línea del presente. De modo que puedes encontrar algo tanto del pasado como del futuro".

-"Es interesante, aunque no muy realista ¿verdad?"-

-"Puede ser, pero me parece mágica la idea. Mi madre me dijo es que si llegas a perderte en uno de ellos, debes volver al lugar donde te perdiste"- Kaoru lo pensó por momento pero no le encontró demasiado sentido

-"No lo comprendo… no puedo volver a un lugar donde me perdí"-

-"Lo sé, pero esas cosas son lo que hacen interesantes estas historias"- dijo entre risas, la risa de la joven era armoniosa y delicada.

-"Si, tienes razón"- río la ojiazul.

-"Hay más historias similares, si quieres podríamos encontrarnos otro día y las compartiría contigo"- Kaoru se entusiasmó ante la idea -"Si, realmente me gustaría"-

-"Vendré en unos pocos días, ahora debo irme. Un gusto en conocerte, mi nombre es Mitsuru"-

- "El gusto es mío Mitsuru, soy Kaoru"- la joven de ojos avellana, hizo una breve reverencia a la cual Kaoru correspondió y siguió su camino hasta perderse de vista.


Después de este encuentro Kaoru empezó a aumentar la frecuencia con la que iba al bosque. Esperaba volver a encontrar a Mitsuru para saber más historias, pero lamentablemente no fue así.

Había un tronco a orillas del río, cerca del puente donde vio los ojos dorados por primera vez, en el cual ella quedaba contemplando horas algunas veces, ahí se perdía mirando esos ojos ámbar. Con el pasar de los días creía percibir distintas emociones en ellos, las más habituales eran tristeza, soledad e ira. Quería volver a encontrarse con Mitsuru, quizás ella supiera alguna historia relacionada con ojos dorados, de lo contrario estaba oficialmente enloqueciendo. Sin embargo, a pesar del aire amenazador de esa mirada, Kaoru lejos de sentir miedo o querer alejarse, sentía cierta atracción por ellos y se alegraba de reconocerlos cada vez que veía el riachuelo. Se divertía intentando imaginar la persona a la cual pertenecían.

No sabía a qué precisamente, pero el ánimo de Kaoru fue mejorando. Estaba volviendo a su anterior ritmo y con el tiempo la pena por el recuerdo de su padre fue aminorando.

Una tarde después del entrenamiento, se le ocurrió la idea de volver al santuario y prender un sahumerio para poder agradecer de cierta manera el ánimo que estaba sintiendo. Se bañó y vistió con un bello kimono lila junto con su moño favorito, índigo. Tomó su monedero con unas pocas monedas, y partió al bosque. Su camino preferido le permitiría volver antes del anochecer, por lo que no debería tener problemas.

Recorrió rápidamente el sendero y se detuvo unos minutos en el riachuelo, donde pudo vislumbrar los ojos dorados, ese día se veían angustiados. Decidió orar a Kami por ellos. Luego de mirarlos unos minutos siguió su camino.

Su cabello se mecía suavemente en el aire de otoño, ya se vislumbraba el cambio de color en los árboles y pronto sería el atardecer. Llegó al santuario, prendió el sahumerio y cerró sus ojos. En lo último en lo que pudo pensar fueron en sus ojos dorados.


Se despertó agitada ante el recuerdo, un sudor frío recorría su cuerpo, miró a su alrededor y reconoció su habitación de la posada, respiró profundamente y analizó cuidadosamente su sueño. Cada vez que intentaba recordar cómo había llegado a Kyoto su memoria se nublaba y no podía recordar nada hasta esa noche.

"...debes volver al lugar donde te perdiste" recordó las palabras de Mitsuru, sólo podía ser el bosque el bosque de Shinjuku en Tokyo, es decir Edo. Comprendió que tal vez y solo tal vez, si volvía a ese bosque encontraría la manera de volver a donde pertenecía, aunque no sabía exactamente cómo.

Bajo a tomar agua, se le hacía insoportable estar encerrada, por lo que decidió salir al patio por unos momentos y sentir la brisa del aire.

Allí inconscientemente dirigió su mirada a una ventana en particular, la pregunta que la aquejaba era ¿deseaba volver a su época?


Hola!

Se que he estado ausente por mucho tiempo pero bueno, prometo terminar la historia y lamento decirles que queda mucho de ella.

Espero que la disfruten y sigan leyendo.

Un beso enorme a todos