¡Hola!

Si, tardé una vida en volver...

Mil disculpas!


Capítulo 11: Una amistad inesperada

Habían pasado más de tres semanas desde la partida de Himura, odiaba admitirlo pero lo extrañaba, incluso cuando la molestaba. Supuestamente estaría ausente 'unos días', mentiroso pensó; a los pocos días de la partida de Himura, Lizuka que se había ido junto con ellos regresó y le comunicó que no continuaría trabajando en la casa de té, o al menos no por el momento.

Aún recordaba el encuentro, con incomodidad.

Estaba en el salón retirando los platos después del almuerzo cuando el shoji se corrió detrás de ella, una voz desagradablemente familiar la llamó

-"Nena"- era el asqueroso de Lizuka, en lo posible evitaba pero siempre se veía obligada a verle la cara para reportarle lo que sea que viera o escuchara sobre la casa de té. No lo saludo, ni tampoco respondió.

-"No seas así, tengo que decirte algo importante"- dijo el idiota en tono más serio que lo habitual

-"¿Que quieres?"- bufó

-"No seguirás trabajando en la casa de té, al menos no por ahora"- sin duda, aquello la sorprendió

-"¿Porque?"- capaz que se había equivocado y había hecho algo mal sin notarlo

-"No te importa, pero igual te lo diré"- sonrió maliciosamente y se acercó a pocos centímetros de ella -"Ya no traes información de valor para el grupo"- Kaoru se sintió herida, capaz que esto era una treta del desgarbado.

-"¿Como se que es cierto?"- preguntó dolida

-"Por qué crees que la posada está vacía?"- A decir verdad, quedaban pocos miembros del Ishin, lo había notado, solo que no se lo había cuestionado. Tal vez la dejaron a su suerte, y no vería a nadie nunca más… pero algo no tenía sentido

-"Aún estás tú"- dijo con suspicacia

-"Por ahora..."- este rió y se fue, Kaoru no supo qué pensar. Solo que algo no estaba nada bien.


Desde entonces se limitaba a trabajar en la posada, ir al mercado y entrenar cuando tenía tiempo libre. Por lo que notó, la situación en Kyoto era cada vez más alarmante. El Shogun impuso un toque de queda, las tiendas cerraban poco después de caer la noche. Se veían más seguido tanto tropas del Shinsengumi y Mimawarigumi por toda la ciudad, se preguntaba cuánto tiempo continuaría esta situación, era evidente que el Choshu había perdido influencia y era fácil ver a los líderes de las otras facciones pavoneándose por distintos lugares de la ciudad.

Ocasionalmente habían asesinatos, pero no era lo mismo que antes, sabía que la ausencia del grupo en la posada tenía mucho que ver con ello, no sabía si eso era bueno o malo.

Esa tarde se encontraba realizando las compras en el mercado con Adari, un grupo del Mimawarigumi pasó por al lado de ellas, reconoció enseguida a varios de ellos. Eran clientes regulares de la casa de té, hizo el intento de ocultarse pero uno de ellos la llamó enseguida.

-"¡Señorita Kaoru!"- que me trague la tierra pensó.

-"Kiyosato, ¿se encuentra bien?"- sonrió con forzada simpatía.

El joven, saludó cortésmente a la chica al lado de la pelinegra e inquirió.

-"Excelente, ¿cuando la volveremos a ver en la casa de té?"- Kaoru no sabía qué decir.

-"Varios de mis compañeros extrañan su presencia"- Adari le guiñó el ojo a Kaoru y fingió interesarse en un puesto. Kaoru se hizo la tonta, pero le siguió la charla.

-"De momento no trabajaré más en ese lugar"- el chico hizo una mueca de curiosidad así que se vió obligada en explicarse, por lo que le dijo la primera excusa que pensó-"Ya sabe, con el toque de queda no me parece apropiado caminar sola, estoy un poco lejos"-

-"¿Por dónde?"- preguntó curioso el joven, Kaoru entró en pánico.

Mierda mierda mierda, odiaba mentir y encima era terrible en ello, debía irse y rápido.

-"Llevo prisa, espero verlo nuevamente"- saludó con respeto, tomó a Adari de la muñeca y salió corriendo, Kiyosato las observaba irse con extrañeza.

Parecía castigo divino, después de ese día, siempre que iba al mercado daba con él, este se acercaba a conversar animadamente con ella. Al principio le incomodaba, pero con el tiempo la sensación de incomodidad mermó, al contrario, se sentía cómoda al hablar con él. El único problema era cuando él preguntaba cosas sobre su vida, a lo que ella jamás respondía nada concreto. Con el tiempo este dejó de insistir y las charlas iban por otros temas donde no se veía obligada a mentir.

Kaoru se encontraba lavando la ropa, por así decirlo era lo más cercano a la meditación que podía realizar. Adari odiaba hacer la colada, por lo que la dejaba tranquila lo cual le permitía pensar en toda la situación que estaba viviendo, y las cosas que pasaron en el último mes.

Adari siempre la molestaba inventando que ella y Kiyosato eran novios, siempre que la acompañaba al mercado o a pasear y daban con él, se inventaba una excusa para dejarlos solos y al llegar a la casa, la acosaba con preguntas sugerentes. La verdad era una simple amistad, él era una persona muy amable y siendo honesta, si era atractivo, pero no se sentía atraída por él de manera romántica, además que sabía que estaba comprometido.

Le sorprendió lo cercanos que se volvieron, él era extremadamente respetuoso y jamás se dieron a entender más sentimientos que los de una amistad sincera por lo que la cercanía le agradaba. Kaoru se sentía mal a veces, sentía que esa amistad estaba mal, él estaba luchando en el lado opuesto, siendo simplista era el enemigo, pero ella no se rebajaba a creer eso. Sabía que las personas eran producto del entorno y las personas que los rodeaban y se negaba a que ella no pudiera influir en el joven para pensar de forma diferente.

Su filosofía de vida era el Kamiya Kashin Ryu, la espada que protege la vida, y si bien con su espada no estaba pudiendo hacerlo, haría todo lo posible por hacerlo con sus palabras.

Si bien desde que Himura se fué eran menos los asesinatos, continuaban apareciendo cadáveres por la ciudad, algunos productos de grescas de ambos bandos (Shinsengumi y Mimawarigumi) o también podía ser de algún miembro del Choshu del cuál no tenía conocimiento. Estaba preocupada, temía que un día de regreso a su casa viera el cuerpo de su amigo inerte en la calle. Ante esto solo pensaba la forma de convencer a Kiyosato de volver a su hogar y alejarse de Kyoto, siempre cuidando de no ser obvia o levantar sospechas, sin embargo encontraba una férrea resistencia de parte de su amigo lo que la ponía de pésimo humor.

Recordaba un día en particular hacia una semana donde tuvo un cruce de palabras con el jóven, ese día habían acordado encontrarse a orillas del río para ver los ciruelos. Llevaba una semana terrible, y hablar con él le mejoraba el humor.

Ella había llegado antes que él y se sentó en un tronco y se dejó inundar por las caricias del sol de la tarde, minutos después llegó Kiyosato con su cálida sonrisa habitual. Charlaron de cosas triviales, pero su curiosidad le ganó…

-" ¿Por qué no estás en Edo?"- Soltó la pregunta de la nada, mientras el joven arrojaba piedras al agua intentando que estas rebotaran sobre la superficie. Siempre se preguntó en primer lugar porque vino a Kyoto, ella valoraba la vida del joven lo suficiente para que se fuera de ese infierno y fuera feliz.

-"¿A qué te refieres?"- respondió confuso.

-"¿Por qué estás en este lugar arriesgando tu vida aquí?"- La expresión de la joven era seria, muy diferente a la jovial muchacha con la cual estaba acostumbrado a tratar. Kiyosato dejó de tirar piedras y miró el cielo antes de responder.

-"Soy demasiado insignificante..."- el tono del joven era de amargura y resignación

Ella quedó estupefacta, ¿porque creería eso? -"No comprendo"- dijo dudosa

-"Te conté que antes de venir a Kyoto me comprometí con mi amiga de la infancia"-

-"Si..."-

-"Veras, solo soy el segundo hijo de un samurai sin reconocimiento, aquí en la capital puedo marcar la diferencia y volver con honor para que ella esté orgullosa de mí"- Kaoru lo meditó por unos segundos, pero no le encontró sentido. Estaba segura que Tomoe lo amaba, pero nunca supo si realmente lo alentaba a quedarse allí o él interpretaba que ella quisiera que él estuviera en la capital. Sabía que ella en la situación de Tomoe desearía que él estuviera a salvo, es decir lejos de ese infierno.

-"Pero ella te ama..."- apenas pudo articular la oración y él la miró abatido

-"Eso creo"- a decir verdad Tomoe jamás se lo había dicho abiertamente, siempre concibió que aceptara su propuesta de matrimonio como confirmación de sus sentimientos hacia él, pero a ciencia cierta no estaba seguro.

-"Si ella te ama no valoraría esas cosas más que lo que valora tu vida"- La voz de Kaoru estaba llena de lamento, se sentía muy identificada con Tomoe. La situación le recordaba a la de ella con su amado padre, los hombres son unos estúpidos pensó, eligen sin siquiera pensar en los que dejan atrás.

-"No lo sabes"- Replicó molesto, después de todo, ni él mismo lo sabía ¿cómo podría llegar a saberlo alguien más que la misma Tomoe?

-"No, tu no lo sabes"- reclamó la ojiazul, él la miró atónito pero ella continuó -"¿Te has molestado siquiera en preguntarle?, por lo que me has dicho de ella..."-

-"No es necesario"- la cortó en seco, estaba molesto y no quería hablar más del tema, ya era demasiado tarde para volver, si lo hacía jamás se lo perdonaría.

-"Sí lo es"- retrucó ofendida

-"¿Por qué me dices esto? no tienes derecho a juzgarme"- ahora él estaba molesto, lo cual la molestó a ella

-"Porque me preocupo por tí"- lo suficiente para que sigas con vida pensó amargamente, era más fácil saber que moría gente que no conocía

-"Kaoru..."- su expresión se suavizó, lo conmovió profundamente

-"Viviré para regresar con ella y también viviré para llevarte a Edo de regreso con tu familia"- el rostro de Kaoru se desfiguró de la sorpresa.

-"Como sabes que..."- Ella jamás le dijo de dónde provenía, solo que su padre había muerto partiendo a defender el Shogun (lo cual era era un mentira, pero era la única manera de no levantar sospechas al jóven)

-"Tu acento, lo que no entiendo es porque estás aquí"- ahora quién preguntaba era él, si él tenía sus motivos seguramente ella los tendría, y él quería saberlos.

-"Yo..."- no sabía qué responder, ni ella misma estaba segura, se mentía a sí misma si era solo por la revolución. Estaba enferma de ver tanta muerte a su alrededor, lo único que vió en ese momento fue el rostro de Himura, esos ojos eran su motivo, pero jamás lo admitiría.

-"Kaoru, quiero lo mejor para tí"- se acercó pero ella bajó la mirada y retrocedió el paso que él avanzó

-"Me iré, pero no aún"- Prometió la pelinegra, no quiso mirarlo a los ojos

-"Yo tampoco me iré aún, porque sé que él camino que elegí, es el correcto"-

Kaoru solo podía pensar cuán equivocado estaba, sabía que Mimawarigumi del cual él formaba parte había sido destrozado por el Shinsengumi y el Choshu. Entonces las chances de que Kiyosato estuviera bien no eran buenas, eso lo tenía muy presente.

Miró con odio la ropa que estaba lavando, tiró el trapo y pateó un balde, ¡ya era suficiente! si el cabezota de su amigo no entraba en razón por las buenas, tendría que jugar sucio. Allí se dio cuenta de lo que debía de hacer.


Seguro muchos creen que es un poco de los pelos esta nueva amistad, yo no lo creo... Es más, creo que puede ser un poquitín mas, Kaoru quedó muy sola y en una época que no comprendía del todo.

Si bien tiene compañía de las chicas de la casa, ellas son del perfil de acuerdo a la época, mas sumisas que ella y con otras preocupaciones, por lo que me parece lógico que se sienta más cómoda con los hombres por el carácter propio de ella y de cierta manera lleva a su padre al mismo lugar que Kiyosato, que si no lo detiene terminará muerto.

Es consciente que no puede hacer eso con todo el mundo, pero cambiar una persona sería un motivo para quedarse y eludir el gran problema de ella, que es que ¡está en otra época! rodeada de gente que influyó en la historia que ella conoce

Luego me dicen que piensan.. y no se preocupen esto es un fic KenxKao y luego vamos a ver que pasa con el otro protagonista.

Muchos besos