Disclaimer: No soy Stephenie Meyer y si lo fuera, no lo admitiría.
Capítulo 3
Halloween
La música retumba en mis oídos. Las luces ciegan mis ojos. El olor de la comida y el alcohol invaden mi olfato.
La fiesta es un éxito.
En serio, Alice debería dedicarse a organizar fiestas profesionalmente. El salón principal de su casa está convertido en una sala VIP de un club exclusivo de New York. O de Los Ángeles. O al menos, como me imagino que son esos lugares, porque nunca he estado en algo parecido. Si, en mi época universitaria llegué a salir con mis compañeras a algún bar, pero ninguna tenía el presupuesto (o la apariencia) para entrar a un sitio así.
— A guy like you should wear a warning. It's dangerous, I'm falling! —canta saltando a mi lado Jessica (la mejor amiga de Ángela), a quién acabo de conocer.
Otro punto clave para el éxito de esta fiesta fue que subestimé (y al parecer los hermanos Cullen también) el poder del boca a boca. Todos le dijimos a alguien, ese alguien le dijo a alguien más y ahora al parecer toda la población menor de 30 años que habita Forks está aquí. Alice está extasiada, por supuesto.
—There's no escape, I can't wait —sigue cantando Jessica.
—I need a hit, baby, give me it —le hago segunda.
—You're dangerous, I'm loving it —termina Ángela.
Las tres nos reímos escandalosamente, mientras hacemos un pobre intento de imitar los movimientos de Britney Spears. Ben, el novio de Ángela, le sonríe desde su posición cerca de la mesa de bebidas.
—¿Quién es el que está a lado de Ben? —pregunta Jessica.
—¿No lo reconoces? —se ríe Ángela— ¡Es Mike! Acaba de regresar desde California.
—Cambio muchísimo —contesta Jessica, comenzando a lanzar miradas coquetas hacia él.
Yo sigo mitad brincando, mitad bailando, gritando la canción, sin preocuparme demasiado por encontrar a "Mr. Perfect" esta noche. Si en Phoenix, una ciudad inmensamente más grande que este pueblo no encontré a nadie, las posibilidades de que lo haga aquí son casi nulas.
—¿Se la están pasando bien? —pregunta Alice, quién no noté en qué momento comenzó a saltar a mi lado.
"Estupendamente" "Grandioso" "Gracias por invitarnos" contestamos las tres al mismo tiempo.
—Cool —dice ella, mientras nos toma las manos y parece estudiarlas —¿Quieren que les diga su futuro?
Las tres nos volvemos a reír. Nadie mencionó que esta fuera a ser una fiesta de disfraces, pero faltando un día para Halloween, no fueron pocos los que aparecieron con pelucas, la cara pintada o caracterizados como los protagonistas de sus películas favoritas.
—¿Eso es lo que eres? —digo, observando su atuendo —¿Una adivina?
—Precognitiva —responde ella en automático, como si estuviera acostumbrada a corregir a las personas que la llaman "adivina" y toma la mano de Ángela. Cierra los ojos por un segundo, haciendo como que se concentra y después de abrirlos dice —Va a pasar un jueves soleado. Vas a estar vistiendo tu blusa favorita, la de color azul. Cuando te pregunte que sabor quieres, yo te sugeriría el chocolate.
Cuando Alice suelta la mano de Ángela, Jessica y yo nos reímos, pero Ángela permanece seria.
—¿Alguien más? —pregunta Alice ofreciéndonos su mano. Jessica la toma —Totalmente te va a pedir tu número esta noche —afirma con una sonrisa.
Jessica se regocija de emoción. Alice me ofrece su mano y estoy tentada de tomarla, pero alguien nos interrumpe.
—Hermanita —oigo la voz de Emmet —Te sacaste un diez.
De alguna manera les había advertido a Ángela y Jessica sobre la apariencia del hermano de Alice, pero ninguna advertencia nos fue dada contra la preciosa creatura que estaba junto a él. Emmet es atractivo, sí, pero la chica a la que tiene tomada por la cintura es sencillamente abrasadora. Es la descripción exacta de la palabra hermosa. No sólo es su imponente altura, o su perfecta figura, o su espectacular cabello; es el porte que tiene, la manera en que se conduce, como si simplemente estar en su presencia fuera un honor que nos regala a nosotras, simple mortales. Y su cara, su preciosa cara, digna de protagonizar una película de la era dorada de Hollywood.
—Ella es mi novia, Rosalie —nos presenta Emmet rompiendo en un segundo el hechizo bajo el que ella nos tiene.
—Mucho gusto —dice ella con usa sonrisa coqueta y una voz que parece un seductor susurro, pero que de alguna manera soy perfectamente capaz de oír.
—Mucho gusto —respondemos las tres al mismo tiempo, con (a comparación) nuestras poco agraciadas voces.
—¿Jasper? —vuelve a susurrar ella, dirigiéndose a Alice.
—Ya sabes que este tipo de reuniones no son lo suyo —contesta, encogiéndose de hombros —Aunque Edward debe por ahí. Ya sabes, revisando las luces o limpiando el baño o asegurándose que nadie se mate accidentalmente cayendo desde la terraza del segundo piso.
—Siempre tan responsable —finaliza la hermosa creatura y camina rumbo a las escaleras de la casa, seguida por su novio.
—Sigan disfrutando —se despide Alice, mientras se aleja para seguir haciendo de anfitriona.
Yo suelto el aire que no sabía que estaba conteniendo.
—Soy yo o ¿esa mujer nos acaba de decir feas en veinte idiomas distintos? —pregunta Jessica.
—Gracias a Dios no soy la única que lo pensó —confirma Ángela. Yo sólo alcanzó a asentir.
—Lo que no entiendo es como alguien como ella —dice Jessica moviendo las manos para imitar la figura de Rosalie —puede recurrir a un recurso tan básico como lentes de contacto.
—¿La miopía alteraría su perfección? —digo sin entender por qué la ofende (o como notó) los lentes de Rosalie.
—No miopía —responde —Esos no eran lentes de prescripción, eran lentes de color. Su pupilas no se dilataban.
De todo lo que pudo haber visto en Rosalie, Jessica fue y observó sus pupilas. Sus palabras hacen que sienta un renovado interés en ella.
—Era un verde demasiado brillante como para ser real —dice Ángela, como queriendo convencerse a sí misma.
—Tal vez el café es un color demasiado corriente para ella —dice Jess, obviando el hecho de que las tres tenemos los ojos de ese color.
—Voy a buscar a Ben —declara Ángela y se encamina hacia su novio. Jess la sigue inmediatamente, supongo que para intentar hablar con el tal Mike.
Como no tengo ganas de ser el mal quinteto, me dirijo hacia otra parte de la casa, pensando que tal vez sea un buen momento para salir a tomar un respiro de aire fresco. Camino hacia la salida, pero me encuentro a alguien que hace cambiar mis planes.
—¡Kim! —llamo su atención sacudiendo mi mano.
—¡Bella! —responde ella y se dirige hacia mí.
Por supuesto, Seth viene a su lado. Noto que ambos tienen en las manos los característicos vasos rojos con cerveza, pero finjo no verlo. Después de todo, ambos tienen 18 años, están en último año de High School y están en una fiesta. Crimines más grandes se han cometido.
Abrazo a Kim, pero no intento lo mismo con Seth porque (aparte de tener mucha menos confianza) lo noto tenso.
—¿Estás bien? —le pregunto.
—¿No les incomoda ese olor? —responde él.
—¿Qué olor? —vuelvo a preguntar.
Entre la comida, el alcohol y los humanos, hay muchísimos olores en el aire, algunos no muy agradables.
—Es algo como… dulce —dice él.
Kim y yo nos volteamos a ver. De entre toda la mezcla que hay, creo que lo que menos molesta es el olor dulzón de la mansión. También lo noté la vez pasada que estuve aquí, pero asumí que debe ser un aromatizante carísimo creado por los mejores perfumistas de París.
—Se ha estado quejando desde que llegamos —explica Kim —Y está insistiendo tanto en irse que casi no va a valer la pena el problema en que nos vamos a meter si nuestros padres se enteran de que venimos a la fiesta de los Cullen.
—¿Sus padres no saben que están aquí? —digo.
Tal vez sea porque soy hija de un policía, pero algo que siempre respeté con Renée fue decirle donde y con quién estaba. Ambas oímos demasiados casos de "yo creí que estaba en casa de su amiga, no fugándose con un desconocido".
—Saben que estamos en una fiesta —dice Kim — En Forks.
—Fallos en las reglas, ¿eh? —respondo alzando las cejas.
—Nuestros mejores amigos desde que cumplimos 15 años —confirma ella sonriendo, pero Seth no le sigue la broma. Definitivamente se le ve incómodo. De repente, se empieza a tornar verde.
—Oh, no —dice y el pánico de que comience a vomitar o algo me invade —Jacob.
"¿Jacob?" pienso, no entendiendo lo que dice. Entonces lo veo: Jacob Black se está acercando a la mansión Cullen por la entrada principal.
—¡No puede saber que estamos aquí, o le va a decir a mi papá! —dice Seth con tal angustia que hasta yo (a quién no han castigado en por lo menos 10 años) me preocupo. Automáticamente entro en modo "adolescente huyendo de un regaño paterno".
—¿Se acuerdan de mi camioneta? —les digo, rápidamente formando un plan. Ambos asienten —Salgan por atrás y espérenme cerca de ella. Está estacionada en frente, en algunos metros en esa dirección —la señalo —Yo voy a entretener a Jacob un momento y luego los voy a llevar a su casa.
Ambos se pierden entre la gente rumbo a la salida trasera más rápido de lo que yo puedo pensar en una buena excusa para entretener a Jacob el par de minutos que les va a tomar llegar a mi camioneta. Debo de reconocer que tienen habilidad, porque cuando me quedo parada junto a la puerta de entrada esperando a Jacob, no queda ni rastro de ellos.
—Hola, extraño —digo apenas él cruza la puerta.
—Bella —contesta, como sorprendido de verme ahí.
Considerando que fui yo quién lo invito (le dije específicamente a Quil y a Embry que era una invitación abierta) eso me ofende un poco, pero decido no demostrarlo.
—¿Vienes tú solo? —digo, fingiendo que acabo de verlo y buscando a sus espaldas —¿Dónde están tus amigos?
—Vengo yo solo —confirma y parece que quiere entrar a la casa, así que en un impulso le corto el paso.
Él obviamente se me queda viendo, intentando adivinar que está mal conmigo. "Me hice amiga de dos adolescentes cinco años menores que yo y estoy intento ayudarles a evitar el castigo de sus padres" definitivamente no es una buena explicación.
—¿Quieres bailar? —es lo que sale de mi boca en su lugar.
Brillante. Genial. No sería tan mala excusa si no fuera porque tengo dos pies izquierdos, cero coordinación y mi definición de "bailar" es brincar en medio de la pista, generalmente rodeada de otras mujeres. Me sorprende que Jacob no haya comenzado a dar ligeros pasos alejándose de mí.
—¿Quieres bailar —dice él lentamente, con cuidado, como si me costara trabajo entender sus palabras — con Uprising?
"¿En qué momento cambió lo música?" El bailable pop de Britney es cosa del pasado y ahora era Muse lo que suena a todo volumen.
—Uhmm… —musito intentando ganar tiempo. —¿Es una buena canción?
—¿Te gusta Muse? —dice él, intentando no reírse. Antes de que pueda confirmar o negarlo exclama más alto (y definitivamente con tono burlón) —¡Uhhh, te gusta Muse! ₁
—¡No me ofendas! —respondo indignada —No es que tuviera nada de malo si me gustara, pero ¿sabes? no deberías ir por la vida juzgando a las personas por sus gustos musicales.
—No, no puedes juzgar a las personas por su color de piel —dice él, todavía riéndose — Pero por sus gustos musicales totalmente puedes hacerlo.
Sigo negando con la cabeza, todavía fingiéndome indignada.
—Vamos, si tus amigos no te dicen que tus gustos musicales apestan, ¿quién te lo va a decir?
—Perdona, ¿acaso somos amigos? —digo con fingido tono hostil.
—No desde que destrozaste mis pasteles —responde y una memoria relámpago (para la que definitivamente no estaba preparada) me invade.
No, no somos amigos. Pero podríamos haberlo sido.
Lo habíamos sido, en otra vida, cuando él tenía 4 años y yo 6 y pasábamos las tardes jugando detrás de su casa haciendo pasteles de lodo. Hasta que un día Jacob intentó comerse uno de ellos y yo, en un ataque de pánico pensando en lo que dirían nuestros padres si notaban que lo permití, lancé el pastel al suelo y lo pisé.
Él hizo un berrinche monumental y ese fue el fin de nuestra amistad. Podríamos habernos reconciliado, si mis padres no se hubieran divorciado y yo no me hubiera mudado con Renée hasta el otro lado del país. Podríamos haberlo intentado, años después, cuando venía a pasar los veranos en casa de Charlie, pero fue la época en la que la madre de Jacob murió y él no estaba interesado en nada que no fuera odiar el mundo.
Pero en otra vida, él y yo hubiéramos sido como Kim y Seth.
—¡Porque te los querías comer! —contesto todavía fingiéndome indignada.
—¿Y? —responde Jacob, con una sonrisa tan grande que le ilumina toda la cara.
—¡Eran de lodo! —digo señalando lo obvio, dejando la actitud y sonriendo como él.
¿Por qué hablar con esta persona, de la que básicamente no sé nada, resulta tan fácil como respirar? La última vez que fuimos amigos fue hace más de quince años, pero retomar nuestra amistad se siente como volver a subirse a una bicicleta.
—Ya cambió la música —dice.
En efecto, Britney está sonando de nuevo sonando.
—Debo ir a mi camioneta por algo —digo —Pero en seguida vuelvo.
Salgo casi corriendo de la casa mientras saco mi teléfono para intentar enviarle un mensaje a Kim, pensando que podemos hacer con esta nueva situación. Se me dificulta ver lo que tecleo, porque por supuesto, ya comenzó a llover. Acelero un poco más el paso, concentrándome en no tropezar mientras redacto correctamente cuando el chirrido de unas llantas contra el pavimento me recuerda porque nunca debes cruzar la calle mirando tu teléfono.
Lo que ocurre después es tan sencillo que le da tiempo a mi cerebro para asimilarlo antes de que ocurra. Estoy parada en medio de la carretera, y en cualquier otro clima, eso significaría que el conductor del automóvil hubiera podido frenar, darme un pitazo de advertencia y yo hubiera podido saltar o correr para alejarme de su camino. Por supuesto, con el pavimento mojado y resbaloso, eso es un poco más difícil de hacer.
Cierro los ojos, esperando el golpe de frente, pero el conductor debe de haber volanteado, porque comienzo a sentir el dolor venir desde mi costado derecho. Siento presión en varias partes de mi cuerpo y mi cabeza golpea contra algo duro. Oigo gritos a la lejanía, pero como a pesar de todo no me siento tan mal, decido abrir los ojos. De alguna manera debo de haber rodado en el suelo, porque al parecer, estoy atrapada entre un árbol y el automóvil, pero eso no es lo que me deja sin aliento.
Hay un ángel sobre mí.
Pero en vez de sus alas, está usando su cuerpo para servirme de escudo.
—¡BELLA! —oigo la voz de Ángela.
Quiero contestarle, pero la vista del ángel me lo impide.
—¿Quién va en el auto?
—¡Creo que es Tyler!
—Ay, ¡por Dios! ¡Ambos están muertos!
—¡Estoy llamando a emergencias! —creo oír a Jessica.
—¡Alguien sáquelos de ahí!
—¡No! —oigo la voz autoritaria de Jacob, muy cerca de dónde estoy —Que nadie los toque. Hay que esperar a los paramédicos o podríamos causar más daño.
El ángel me ve directamente a los ojos por un segundo, antes de desaparecer. El lugar que deja su cuerpo me da espacio para moverme, si quisiera, pero pienso en lo que dijo Jacob. Me quedo congelada. La cabeza me está matando y creo que definitivamente debo tener algo roto en el costado derecho pero la auto revisión que hago mentalmente no me advierte de más peligros inminentes.
—¿Bella? —oigo la voz de Jacob.
Creo que está intentando acercarse y veo su mano aparecer junto a la mía, por un espacio que hay entre lo que queda de la parte delantera del coche y el árbol. La tomo sin dudarlo.
—Bella, aprieta una vez si puedes escucharme —lo hago —Ok, no te muevas. La ayuda viene en camino.
Ventajas de vivir en un pueblo minúsculo: las sirenas de las ambulancias ya están anunciando su próximo arribo.
Los siguientes minutos, los vivo como en un sueño. Paramédicos me rodean, mientras alguien se encarga de quitar el automóvil de encima mío. El conductor, por cierto, está en mucho peor estado que yo; el vehículo no sólo se estrelló, como había pensado, sino que se volcó.
Me colocan en una camilla y después me trasladan hacia una de las ambulancias. Jacob alega algo con los paramédicos (creo que oigo la palabra "familia" ser mencionada) y se sube a la ambulancia con nosotros. Antes de que cierren la puerta, alcanzo a tener un último vistazo de la mansión Cullen. Alice está en la entrada, con Emmet a su lado.
El ángel está con ellos.
Al llegar al hospital, toda la atención se centra en Tyler (Jacob me confirmó su identidad) y a mí, después de hacerme un examen diagnóstico, me mandan al "TC", que después entiendo es el aparato para hacer tomografías. Jacob promete llamar a mi padre.
Mientras me están haciendo el estudio, me alegro de no ser claustrofóbica. La luz que pasa frente a mis ojos me recuerda a las luces del automóvil y para no entrar en pánico, comienzo a repasar lo que pasó.
Personalmente, no me considero una persona religiosa, pero no encuentro otra explicación lógica: un ángel me salvó. Recuerdo vagamente las historias que oí en algunos programas de televisión cuando era niña y en las anécdotas que oí contar a algunos amigos de Renée, pero por más que me esfuerzo no recuerdo ninguna en que el ángel haya sido literalmente un escudo. Todas son más del tipo "vi una luz" o "una fuerza guio mi mano" o "era un amable desconocido cuyas palabras me marcaron". Nada del tipo "al ángel me rompió un hueso mientras impedía que me atropellaran".
Ok, eso último fue una exageración; según la radiografía que me tomaron solamente tengo fisuradas dos costillas. El doctor me dice que voy a estar adolorida d semanas. Genial.
—Y vas a tener que permanecer aquí está noche —dice revisando un papel que venía junto a la tomografía —Me gustaría tenerte en observación las próximas doce horas.
—¿Me dará de alta por la mañana? —pregunto.
No es como que me mañana vaya a estar en ánimos de salir a pedir dulces, pero ¿a quién le gusta pasar el día en el hospital?
—Si todo marcha bien —dice sonriendo el doctor Carlisle y entiendo porque las enfermeras tuvieron problemas trabajando a su lado.
—Muchas gracias, doctor —dice mi padre.
—No es ningún problema, jefe Swan —contesta el doctor y sale de la habitación —Caballeros.
Jacob y Billy, que están tan alejados de mi cama como la física lo permite (supongo que para darme privacidad) no contestan, y sólo mueven la cabeza un poco, dando por entendido que oyeron las palabras del doctor. Charlie los ve de mala manera, pero no les dice nada.
Yo tampoco digo nada sobre el hecho de que estén en mi habitación. Si estuviéramos en otro hospital, tendrían que estar en la sala de espera, pero supongo que este lugar tiene reglas diferentes. Eso, o recibo trato especial por ser hija del jefe de la policía, cualquiera de las dos opciones es posible.
—¿Seguro que no quieres que nos quedemos a acompañarte? —le pregunta Billy a Charlie, quién está dirigiendo disimuladamente la silla de ruedas de su amigo hacia la salida —Ni a mí chico ni a mi nos molestaría.
—Si, bueno —contesta Charlie, quién nunca ha sabido dejar que alguien cuide de él —Mi chica necesita descansar.
—Vámonos ya, papá —dice Jacob tomando la iniciativa —Charlie y Bella saben que, si nos necesitan, estamos a una llamada de distancia.
Jacob hace el gesto de llamar a alguien con su mano derecha y luego señala a mi izquierda. Volteo y noto que, de alguna manera milagrosa, mi teléfono logró llegar a la mesa que hay junto a mi cama. Lo tomo y, como imaginé, tengo un nuevo contacto: Jake.
—La cena, jefe Swan —dice una de las enfermeras, entrando con dos bandejas de comida.
—Gracias, Sue —contesta Charlie y comienza a comer mientras se despide con una mano de los Black.
Definitivamente, el jefe de la policía (y su hija) tienen un trato especial en este hospital. Al terminar de cenar, mi padre cae dormido profunda y rápidamente, a diferencia de mí, que paso lo que se sienten horas tratando de acomodar una posición en la que no me duela nada, o por lo menos, no tanto.
Cuando por fin consigo dormirme, tengo un sueño extraño…
Estoy en el bosque, y cada uno de los sonidos que me rodean parecen multiplicados por cien. Estoy corriendo, alejándome de algo, pero no sé de qué. A mí lado, hay unas sombras gigantes que me siguen. No me dan miedo. La cosa de la que estoy huyendo es peor. Creo que alguien me llama por mi nombre y quiero acudir a su llamado, pero voces comienzan a surgir por todo el bosque. No sé para dónde correr.
Son las voces lo que me despiertan.
—Aún no despierta —dice Charlie.
—En realidad, con quién queríamos hablar es con usted —oigo la voz de un hombre responder —Mi familia se siente responsable por lo que pasó.
—Tanto el reporte policial como los testigos afirman que fue un accidente —conozco a Charlie y sé que, aunque es ilógico, él también culpa a los Cullen de alguna forma.
—Un muy desafortunado accidente —remarca la voz —Y aunque nosotros no podemos controlar el clima, tal vez pudimos haber tomado medidas para mejorar la condición de la carretera que existe frente a nuestra propiedad.
—Eso tampoco les corresponde a ustedes —musita Charlie, pero el hombre no le hace caso.
—Todo el trabajo que ha hecho mi padre ha sido pro-bono, por supuesto, y aunque estamos conscientes de que las heridas que sufrió Isabella no fueron tan graves en magnitud como las sufridas por Tyler, a mi familia le gustaría ofrecer la liquidación total de la cuenta hospitalaria a ambas familias —termina el hombre.
Sus palabras hacen que suelte un suspiro que no sabía que estaba conteniendo. Una noche en el hospital, más todos los estudios que me hicieron, más el viaje en ambulancia… ni siquiera me atrevo a intentar calcular cuantos ceros va a tener nuestra cuenta. Simplemente la tomografía que me hicieron debió costar un par de miles de dólares, así que no me quiero ni imaginar el resto.
—Lo agradezco mucho —oigo a Charlie comenzar —pero…
—Papá —lo interrumpo antes de que haga una tontería, como lo sería rechazar la oferta del desconocido.
—¡Bells! —contesta, viniendo a mi lado de inmediato.
Al abrir los ojos, siento como si estuviera soñando de nuevo: el desconocido dueño de la voz es el ángel que me salvó ayer.
—Bella —dice Alice con su voz cristalina, entrando a mi habitación —¿Cómo te sientes?
No contesto y ella nota que no puedo quitar la vista de la divina creatura que está parada en la entrada mi habitación, como una exquisita escultura expuesta en una galería de arte.
—¿Dónde están mis modales? —dice —Él es mi hermano, Edward —lo presenta y alza una mano, como invitándolo a que se acerque.
—Buenos días, Isabella, espero que te encuentres mejor —dice Edward, entrando a la habitación.
—¿Bells? —se preocupa Charlie cuando nota que sigo sin responder.
"Respira" creo oír murmurar a Edward y mi cerebro decide recordar como mandar aire a mis pulmones.
—Mucho gusto —consigo musitar.
Edward es un hombre bello. Es como si fuera el cuerpo humano en que Apolo (el dios griego de la belleza, la poesía y la música) decidió reencarnar.
Mi pobre cerebro se está esforzando por crear alguna otra frase coherente, cuando el doctor Carlisle entra a mi habitación para darme el alta. Al parecer, dormí más de que lo había calculado porque ya casi es mediodía.
Mientras el doctor habla con Charlie acerca de los cuidados que debe tener conmigo las próximas semanas, Alice y Edward se acercan a su padre, como esperando el momento para hablar con él. Tanta perfección junta me es tan atrayente como aterradora.
Cuando los tres salen de la habitación, le pido ayuda a Charlie para vestirme (por primera vez en mis veintitrés años de vida) e insisto en que nos vayamos lo más rápido posible del hospital. Todavía tengo que esperar un momento en lo que mi padre pasa a la caja del hospital para pedir la cuenta, pero le dicen que ya está pagada. Noto como se le ponen las ojeras rojas al oír las palabras de la cajera.
Ninguno dice nada hasta que estamos dentro de nuestra casa.
—No sabes cuanto me alegro de que estés aquí, Bells —me dice cuando me ayuda a acostarme en mi cama.
—Yo también, papá —digo mientras le sonrío intentando animarlo —Yo también.
—Y uhmm —dice mientras retuerce las manos —Deberías llamarle a tu madre.
—¡Papá!
Después de muchas horas al teléfono (y la promesa de actualizaciones de salud diarias) consigo tranquilizar lo suficiente a Renée como para evitar que compre un boleto de avión de última hora y se presente aquí. Tuve suerte de que una tormenta tropical cancelara ayer todos los vuelos de Florida, que es dónde ella y Phil se encuentran. Inmediatamente me regaño a mí misma por pensar eso ("bajo ninguna circunstancia una tormenta tropical es buena suerte, Isabella") pero no tengo tiempo para pensar en lo preocupante que es que haya una a finales de Octubre, porque mi padre se planta en mi puerta.
—No me siento cómodo dejándote sola —dice.
—Es Halloween —le recuerdo —. Aunque intentaras tomarte la noche libre, tu teléfono va a estar sonando todo el tiempo pidiendo que te presentes en la comisaria.
—Aun así, me sentiría mucho más tranquilo si alguien estuviera aquí para asegurarse de que no presentes ninguno de los síntomas que el doctor Cullen me advirtió.
La verdad, es que yo también me sentiría más tranquila si estoy acompañada. Tomo mi teléfono y busco en mis contactos, aunque debo admitir, tengo pocas opciones. Alice está descartada (estoy segura de que Charlie no quiere ver a ningún miembro de la familia Cullen por un tiempo) y Kim debe estar castigada (la desventaja de vivir en un pueblo pequeño es que ya todos deben saber del accidente de la fiesta y de todos los que estuvieron presentes para verlo).
Juego con las teclas hasta que casi perezosamente llego a la opción de Jake. Tamborilero antes de oprimir la tecla "llamar" pero cuando lo hago, estoy seleccionando el contacto justo debajo. Jessica.
Ayer en la noche Ángela me dijo que Ben iba a salir con Mike y otro amigo (creo que las palabras Monster Trucks estuvieron involucradas) y que ella iba a pasar la noche en casa de Jess haciendo un maratón de películas. Tal vez pedirle a alguien a quién sólo conoces desde hace un par de semanas que venga a asegurarse de que no caigas muerta de repente es exceso de confianza, pero decido arriesgarme. Cuando ambas me confirman que no tienen ningún problema en traer los dvds a mi casa, tanto mi padre como yo suspiramos tranquilos.
—¿Tengo alguna restricción alimenticia? —pregunto antes de que Charlie se vaya.
—Sólo no comas demasiadas palomitas —contesta.
—Me limitaré a los shots de tequila —digo bromeando.
Cuando suena el timbre, Charlie va a abrir la puerta e intercambia unas palabras con Ángela, dándole tanto la lista de cuidados como las gracias infinitas.
—¡No hay de que! —grita Jess desde la cocina, donde ya huele a mantequilla.
Charlie se va y Ángela me ayuda a sentarme en el sillón de la sala.
—Tu pantalla es mucho mejor que la mía —dice Jess, colocando palomitas y refrescos en frente nuestro.
—Charlie es un gran aficionado de los deportes —contesto encogiéndome de hombros —Gracias por venir a hacerme compañía, en serio.
—Si no tenías planes para hoy, sólo tenías que decirlo —dice Jessica bromeando—No tenías que pararte en frente de un auto en movimiento para conseguir una invitación a nuestra reunión.
—Lo tomaré en cuenta para futuros planes —contesto sonriendo.
—¿Listas? —dice Ángela con el control en la mano.
—Siento que tengo 13 años de nuevo y estoy en una pijamada —contesta Jess.
Me rio y concuerdo con ella. En realidad, pasar una noche con tus amigas viendo películas es una de las mejores experiencias que puedes tener a cualquier edad, así que trato de disfrutar de este inesperado regalo del accidente. Aunque no puedo terminar de relajarme porque todo el tiempo tengo la sensación (y probablemente sea producto de las películas de terror que elegimos) que hay alguien fuera de la ventana, observándome.
₁ : No sé porque, pero en el 2010 en mi preparatoria la frase "uy, y que te gusta Muse" era un GRAN insulto. No pude resistir las ganas de ponerla aquí, pensando lo irónico que es que Meyer se haya deshecho en halagos para ellos en todos sus libros, pero nunca se haya molestado en agradecerle a la comunidad Quileute NI-UNA-SOLA-VEZ. No tengo nada personal en contra de Muse, cabe aclarar.
