Disclaimer: No soy Stephenie Meyer y si lo fuera, no lo admitiría.
Capítulo Cuatro.
Ataque.
Las siguiente semanas, se pasan como agua entre los dedos. La primera me la paso en cama, viendo películas en mi laptop y respondiendo a los memes en que me etiqueta Jacob en Facebook. Después, entre mi recuperación, los artículos que escribo para el Forks' Gazette (¡logré que me contrataran!) y las constantes reuniones con Ángela, Jess o Kim cuando me doy cuenta, el Día de Acción de Gracias está a la vuelta de la esquina. Así lo indican los adornos que decoran el restaurante en el que estoy comiendo con Ángela. Es viernes, así que ambas quedamos de vernos en el periódico después de entregar nuestros respectivos trabajos pendientes.
—Jess va a manejar, porque tiene un sedán que puede resistir el viaje —comenta Ángela, evitando a toda costa ver hacia donde mi camioneta está estacionada.
—¿A qué hora se van? —pregunto.
—Pensamos salir a las 10 —responde —Para llegar justo cuando las tiendas abran. Queremos hacer nuestras compras, pasar a comer y terminar el día yendo al cine. ¿Qué te parece?
—Suena como un magnífico plan —digo.
—Si decides que quieres venir, sólo tienes que mandarme un texto —ofrece.
—Me muero de ganas, pero creo que debería trabajar en los artículos para las revistas —digo mientras hago bolita mi servilleta sucia. En serio quiero ir a Port Angeles mañana.
—¿No te da miedo trabajar en eso?
—Define "miedo" —respondo —Yo sólo redacto los artículos, no voy a la escena del crimen para ver el cuerpo.
Aun así, un escalofrío recorre mi espalda mientras hablo. En las últimas semanas, una noticia ha causado sensación en el pueblo y sus alrededores: tres senderistas han desaparecido en los alrededores del pueblo. Y hace dos días, uno de los cuerpos fue encontrado. Por si eso no fuera escabroso por sí mismo, el cuerpo fue encontrado con la sangre completamente drenada. Forks, un pueblo normalmente pasado, está llegando a los titulares de Seattle. Mi padre está teniendo que trabajar horas extra prácticamente todos los días.
Es una terrible situación para todos, excepto para los que trabajamos para medios de comunicación. De repente, la palabra Forks en mi currículum llama mucho más la atención. He hecho de todo, desde publicaciones para diarios serios cuya base está en Seattle, hasta publicaciones para revistas que hablan de teorías conspirativas y ritos satánicos. Incluso redacte un artículo para una revista esotérica muy bien documentada sobre la aparente relación del pueblo con los clanes vampíricos.
—¿Vampiros? —Ángela alza las cejas cuando se lo menciono.
—Parecía un relato salido de una tertulia de Lord Byron ₁ —digo riéndome, mientras pagamos la cuenta y salimos del establecimiento.
—Hasta luego, Mary Shelley ₂ —se despide Ángela antes de subir a su coche.
—Monstruo equivocado —me despido desde mi camioneta, antes de encender el motor.
En lugar de dirigirme hacia mi casa, me dirijo hacia la gasolinería más cercana, porque mi tanque me lo está pidiendo. Desafortunadamente, cuando llego está cerrada. Genial. Viendo el indicador, creo que me queda suficiente como para ir a la siguiente, pero más le vale estar abierta, o me voy a ver en la necesidad de llamar a Charlie y decirle "lamento interrumpir la investigación sobre un posible asesinato, ¿podrías venir a recogerme?"
Conduzco en silencio por la carretera (la radio, como siempre, se está negando a cooperar) por algunos minutos, cruzándome solamente con un auto o dos en mi camino. Tamborileo mis dedos sobre el volante, esperando que la lluvia espere un poco más en comenzar a caer, cuando una llanta de mi camioneta se poncha.
"No, no, no." Pienso mientras me orillo y después desciendo de la camioneta para ver la llanta. "Fuck." Mi suerte no podría ser peor. Saco mi teléfono y comienzo a caminar cerca del borde de la carretera, procurando siempre tenerla a la vista la camioneta, buscando mejor señal. Es entonces cuando lo noto: el aroma más atrayente con el que me haya cruzado en mi vida. Sin pensarlo, sin notarlo, sin siquiera indicarle a mis pies que se muevan, comienzo a seguirlo hasta el interior del bosque.
No sé cuánto tiempo camino, pero aunque no debe haber sido demasiado, cuando llego a un descampado en medio de todos los árboles, la luz que hay a mi alrededor es diferente. Creo que no falta mucho para que anochezca.
Hay un hombre esperándome en el medio del prado. Es alto, hermoso y tiene la piel color obsidiana.
—Hola —me saluda con una sonrisa inquietante.
—Hola —contesto y siento como los cabellos de mi nuca se erizan.
No sé por qué, pero la visión de aquel hombre me está aterra por completo.
—Me da gusto que vivieras —dice comenzando a acercarse. —Hueles de una manera exquisita.
Protégete. Dice una voz en mi cabeza que me recuerda a la del ángel que me salvó en el accidente.
—¿Cómo te llamas? —pregunto pensando que es la cuestión más inofensiva del mundo y tal vez me ayude a ganar tiempo.
—Laurent —contesta complaciente, con acento francés y mostrándose casi divertido por el atrevimiento de su presa —¿Y tú?
Miente. Vuelve a decir la voz. Esta vez, no puedo seguir el comando ordenado, porque no puedo pensar lo suficientemente rápido.
—Bella —digo.
—Bella, ¡bellisima! Cara mia —dice Laurent en italiano y se detiene frente a mí. —Hueles exquisito.
Una vez, en Oprah o en alguno de esos programas ridículos, escuche que tienes más posibilidades de sobrevivir si de alguna manera convences a tu posible asesino de que eres una persona real.
—Por favor —pido —Mi padre estará muy angustiado si no me dejas ir.
—No tienes por qué preocuparte por eso, Belle — contesta Laurent recuperando su acento y tomando un mechón de mi pelo para olfatearlo.
—Mi padre es el jefe de la p-policía —intento seguir hablando, intentando hacerle ver porque matarme sería un error —Te van a buscar por todos lados.
—¿Quiénes? —sigue disfrutando Laurent.
—Mi padre, la policía, mis amigos —digo y cierro mis ojos. No quiero pensar en toda la gente que va a sufrir cuando no puedan encontrarme —Tengo muchos amigos, ¿sabes? Ángela, Jessica, Kim, Seth, Jacob… —no sé porque sigo hablando. Tal vez porque noto que mientras lo hago, la criatura parece dispuesta a escucharme.
—¿Quién es tu mejor amiga? —pregunta Laurent, ahora tomando una de mis manos, como si quisiera darle un beso en el dorso.
—Alice. —contesto sin pensar, aunque no la he visto desde el día del accidente. —Ella es muy dulce, ¿sabes? Es inteligente, hermosa y se mueve con tanta delicadeza que parece una bailarina de ballet. Ella va a estar muy triste por mí. Sus hermanos, Emmet y Edward la van a tener que consolar a diario durante mucho tiempo.
La criatura entonces hace algo raro. Se queda quieta. Abro los ojos y veo como la duda invade sus ojos. La mención de que mi padre es el jefe de la policía no lo había intimidado lo más mínimo, pero por alguna razón, ante la mención de los hermanos Cullen parece dudar.
—Y su novio, Jasper —continúo hablando —Seguro que también va a tener un tiempo difícil intentando consolarla. Y… y… y… ¡sus padres! Sus pobres padres, ellos darían la vida por su hija y verla tan afligida de seguro les va a provocar un gran dolor.
—Conoces a los Cullen —dice la bestia, alejándose de mí por primera vez, viéndome a los ojos, casi meditando sobre si le estoy diciendo mentiras.
—Son mi amigos —confirmo.
—Sabía que el clan Cullen era excéntrico, pero no tenía ni idea de cuanto —murmura Laurent, casi para sí mismo —Supongo que sólo ellos pensarían la posibilidad de conseguirse una… mascota.
"¿Mascota?" El término resuena en mi mente, y hago una nota mental para analizarlo más tarde. Claro, si "más tarde" llega a existir.
—Ellos también participarían en mi búsqueda —digo y siento como mi voz suena diferente. Casi como si quisiera implicar una amenaza.
—Estoy seguro de que entenderán, ma chère —dice Laurent, apretando mi brazo izquierdo, antes de lanzarme con fuerza lejos de él —. Pero como una muestra de respeto hacia ellos voy a tener una muestra de consideración —la criatura hace un gesto simbólico con la mano, señalando hacia el bosque —. Corre.
Mis pies actúan antes de que mi cerebro acabe de asimilar la instrucción dada por el monstruo. Siento que ha dado apenas dos zancadas, cuando veo que hay algo corriendo hacia mí. No el monstruo detrás mío, sino unas creaturas enormes cuya forma no puedo distinguir.
"¿Morir aplastada por esas cosas o morir por lo que sea que esta bestia planee hacerme?" La opción es obvia. No me detengo y continúo corriendo hacia la masa amorfa que se aproxima. Cuando pasan junto a mí, esquivándome con asombrosa agilidad, mi cerebro hace un esfuerzo para definir lo que ve y una palabra aparece en mi mente: Lobos.
Continúo corriendo, alejándome del espectáculo macabro lo más rápido de lo que mis pobres pies pueden. Oigo aullidos, golpes secos y algo parecido a gritos, pero estos últimos bien podrían ser míos. Corre como puedo, tropezándome un par de veces con las raíces de los árboles, pero evitando caer al suelo. No sé hacia dónde voy y estoy segura de que debo tener arañazos en la cara y en las manos gracias a todas las pequeñas ramas que se han interpuesto en mi camino. Entonces, choco con algo que parece una pared de concreto y mis ojos se niegan a seguir funcionando, porque de repente todo lo que alcanzo a distinguir son luces de colores.
—¡Bella, Bella, Bella! —creo oír una voz llamándome, pero no puedo distinguirla correctamente.
Me doy cuenta de que tengo que dejar de gritar, si quiero oír algo más que mi propia voz.
—¿Estás herida? ¿Puedes escucharme? —cuando reconozco la voz, casi quiero reír. Es Alice.
—¿Qué tiene? —pregunta otra voz, angustiada.
—Creo que está en shock, pero no parece herida —contesta Alice. —¡Malditos perros! No puedo ver nada de lo que pasa desde que interfirieron.
—Cuídala —dice otra voz, furiosa.
Mi cerebro reconoce que le pertenece a Edward.
Estoy haciendo esfuerzos desesperados por separarme del abrazo de Alice, pero ella no me deja. Las necesidades de mi cuerpo son más fuertes que las cohibiciones de mi mente, así que sólo atino a mover un poco la cara y me pongo a vomitar a un lado. En serio quisiera que Alice se aleje, pero ella me sujeta el cabello mientras yo sigo llorando del miedo y vomitando por el shock o vomitando del miedo y llorando por el shock, no lo tengo muy claro. Cuando no hay nada más en mi estómago que pueda expulsar, ni tengo más lágrimas que llorar, me siento en una piedra cercana a seguir sollozando en seco. Todo este tiempo, Alice me ha estado frotando la espalda, murmurando "vas a estar bien, vas a estar bien" una y otra vez.
En algún punto la dejo de oír y me sumerjo en el mundo de la inconciencia.
—… que hacerlo, ¡estaba a punto de matarla!
—No íbamos a esperar que rompieran el tratado.
—Nosotros no rompimos el tratado. Él no era uno de los nuestros.
—Entonces no veo el problema.
—Es porque no hay ninguno ¿cierto? —oigo la voz de Alice.
No abro los ojos. Algo me dice que debería seguir escuchando, intentando reunir todas las piezas posibles de ese alocado rompecabezas en el que me he metido. Tengo mucha práctica engañando a mis padres haciéndose la dormida para oír conversaciones que no debería, pero algo en mi respiración debe haberme echado de cabeza, porque lo siguiente que oigo es a alguien diciendo "está despertando".
Sin motivo para seguir fingiendo, abro los ojos. Lo que me encuentro es la imagen más bizarra de todo este ridículo sueño. Alice está a mi lado, con su mano todavía en mi espalda. Edward y Emmet están flanqueándonos y Rosalie está un poco alejada, parada al lado de un rubio que no conozco. Frente a nosotros están Jacob, Quil, Embry y quién creo es Sam. Detrás de él están dos hombres que podrían ser sus hermanos, pero que tampoco identifico. Todos ellos están semi desnudos.
Observo mis pies. Generalmente, cuando tengo pesadillas nunca tengo zapatos puestos, pero en este momento estoy usando mis tenis favoritos.
—Tengo zapatos —murmuro. Si alguien entiende a que me refiero, no lo demuestra.
Me percato de que sigo acostada y de que estoy llena de tierra. Me levanto lentamente, apoyándome en Alice, intentando que la náusea no regrese. Creo que debo intentar despertar. Cierro los ojos nuevamente, pero al abrirlos continúo en medio del bosque, con todos estos desconocidos rodeándome. Empiezo a caminar. Nadie me detiene cuando me abro paso entre ellos.
—Bella —habla Rosalie con tono preocupado — ¿A dónde vas?
—A mi casa —contesto como si fuera obvio.
Que haya sido precisamente ella quien habla, la mujer perfecta que nunca me ha dirigido más de una mirada, es lo que me confirma que todo esto debe ser un sueño.
—Tu casa está hacia allá —dice Quil, señalando la dirección opuesta a la primera que había tomado.
—Gracias —contesto y me pongo a caminar en la dirección señalada.
—¿Qué le pasa? —vuelve a preguntar alguien.
—Debe de estar en shock —dice Sam.
—Estoy bien —lo contradigo —Es solo que ya quiero despertar.
—¿Despertar? —dice Embry, viendo a todos esperando una explicación.
—Ya casi vas a despertar —dice Jacob colocándose a mi lado —Pero para eso, debes volver a dormir. —me ofrece sus brazos, como si fuera una niña pequeña y pudiera dormirme en ellos.
—Debo ir a mi casa si quiero despertar —contesto.
—Cuando abras lo ojos, los estarás —promete Jacob.
Asiento y dejo que me cargue. Me levanta con tanta facilidad que pareciera estoy hecha de plumas. El calor que emana su cuerpo me adormila y pronto todo vuelve a ser negro a mi alrededor. "Jacob" creo susurrar.
Cuando despierto, como me lo prometió, estoy acostada en mi cama. El reloj que está en mi pared indica que todavía no es ni medianoche. Lo último que recuerdo, antes de que la pesadilla comenzara, es haberme internado en el bosque. En serio no recuerdo como regresé a mi hogar.
Los pantalones me aprietan y me dispongo a quitármelos. Aún con mi mente adormilada, sé lo increíblemente raro que me haya quedado dormida con ellos puestos. El punzante dolor en mi costado derecho es lo que me termina de despertar. "Debo de haber dormido mal" es lo primero que pienso. Hace días que no me dolían las costillas y hoy no hice nada para molestarlas.
Una vez que termino de quitarme los pantalones de mezclilla, noto lo sucios que están. "Al menos sé que si fui al bosque" confirmo. Los tiro al suelo y antes de regresar a mi cama, veo que mis tenis están perfectamente colocados debajo de ella. Eso no es normal. Usualmente, cuando me los quito, los dejo arrumbados en cualquier parte. Dudosa, me asomo a la ventana. Mi camioneta está ahí, en su lugar habitual.
Me estiro y confirmo que el dolor de mis costillas no cesa. Me siento sucia e intranquila, así que decido que lo que necesito es tomar un baño caliente. Espero que el sonido de la regadera no despierte a Charlie. Me desnudo, tomo una toalla y me dirijo al baño, dónde permanezco hasta que no queda agua caliente. Al salir, me coloco la toalla sobre el pecho y limpio el vaho del espejo. Al hacerlo, veo como mi antebrazo izquierdo tiene cinco pequeños moretones. Uso mi mano derecha para confirmar. Las marcas concuerdan perfectamente con los dedos de una mano humana.
—Totalmente voy a ir a Port Angeles mañana —digo en voz alta.
Firme con mi decisión, al otro día a las diez de la mañana voy en el asiento trasero del sedán de Jessica. Tanto ella como Ángela parecen genuinamente contentas de que haya decido acompañarlas. El viaje de una hora hasta Port Angeles se pasa rápidamente, entre risas, anécdotas de la infancia, y planes sobre en qué orden ir a las tiendas para aprovechar todo el tiempo que tenemos antes de ir al cine.
—¿Qué película vamos a ver? —digo.
—¡Harry Potter! —contestan emocionadas.
Por supuesto, ¿para qué pregunté? La séptima película de la saga del mago acaba de salir y no se la piensa perder ni el gato que Charlie no me ha dejado adoptar. Sólo espero acordarme de lo suficiente de las entregas anteriores como para no molestar a estas dos fanáticas.
—¿Nerviosa por conocer a la familia de Ben? —pregunta Jess saliendo de un vestidor.
—Ya los conozco —dice Ángela, mirándose en el espejo de cuerpo completo.
—No como su prometida —Jess la pica en las costillas al mismo tiempo que sacude los dedos de su mano. Ángela le regresa el gesto al mismo tiempo que nos muestra su mano izquierda, dónde un pequeño diamante brilla. —Fue tan tierno que te lo haya pedido en la misma heladería donde tuvieron su primera cita.
—Creo que han sido los dos únicos días soleados que hemos tenido en años —dice Ángela, todavía viendo su anillo con cara de enamorada. —Aunque no sé si fue la mejor idea meterlo dentro del helado. Creo que todavía tiene restos de chocolate.
Mi sonrisa se queda pasmada en mi cara al oír sus palabras, porque recuerdo la predicción que hizo Alice durante la fiesta.
—Espero que Mike no le copie la idea de meter anillos a la comida —dice Jess, examinado el anillo más de cerca.
—Llevan menos de un mes juntos y ¿ya estás pensando en anillos? —la molesta Ángela.
—¿Qué puedo decir? —contesta Jess encogiéndose de hombros —Cuando lo sabes, lo sabes. Al finalizar la fiesta, Mike me pidió mi número. No hemos dejado de hablar desde entonces —voltea a verme — Parece que Alice es realmente buena, ¿no? ¿sabes si también nos podrá decir los números de la lotería?
—Habría que preguntarle a ella —contesto y cambio de tema.
Todo el punto (para mí) de este viaje es olvidarme de la horrible pesadilla que tuve ayer, no revolver aún más mi cerebro con teorías esotéricas sobre una de mis amigas. Amiga que, por cierto, no me ha mandado un mensaje desde el accidente. Sacó mi teléfono y estoy a punto de marcarle, pero me arrepiento.
—Ese vestido te queda realmente bien —le digo a Ángela.
Todavía nos da tiempo de ir a tres tiendas más antes de decidir que es hora de ir a comer. Ellas conocen un pequeño restaurante que vende comida italiana y me aseguran que es deliciosa, así que nos decidimos por él. Al llegar, vemos que hay fila de espera. Nos anotamos y estamos esperando afuera cuando veo que hay una librería en la acera opuesta, unos locales más abajo del restaurante.
—Regreso en diez minutos —les digo.
—Si no nos quieren sentar porque nos falta alguien te voy a apuñalar con el tenedor —dice Jess bromeando.
—¡Diez minutos! —repito mientras me alejo.
Al entrar a la librería, veo que no es lo que esperaba. Al parecer, se especializan es temas esotéricos y hay desde libros hasta cuarzos para rituales. Pienso en regresar con mis amigas, pero un libro llama mi atención. "Creaturas mitológicas y dónde encontrarlas." Casi con culpa, lo levanto de su lugar. El índice está lleno de palabras como "dragones, hadas, hombres lobo, ninfas, sirenas, vampiros."
—Estoy loca —susurro para mí mientras comienzo a pasar las páginas y veo que es como un glosario. Un carraspeo interrumpe mi lectura. Es el dueño del local que está viendo lo que hago —Definitivamente estoy loca.
Saco mi tarjeta de débito y pago por el libro. Él hombre me da una bolsa de papel y yo salgo del local como si estuviera cargando una bomba.
Como todavía quiero ir a una librería, y me quedan un par de minutos de los que le prometí a Jess, bajo un poco más por la calle.
—¡Ey! —dice un hombre que estaciona su moto junto a mí —¿Cómo te llamas, guapa?
Lo ignoro e intento apresurar el paso. Sé que debería regresar por dónde vine, pero no quiero estar frente al hombre. Quizá otro día, no me hubiera dado tanto miedo, o hubiera intentado llamar la atención de los transeúntes para que me dejara en paz, pero el miedo de mi pesadilla sigue conmigo. Decido buscar un local abierto cerca de mí, pero para mi mala suerte, el más próximo debe de estar a media calle.
—Contéstame —insiste el hombre —No seas una maleducada.
Quiero girar y gritarle que se calle, pero decido seguir caminando. Estoy a punto de alcanzar mi objetivo, cuando otro hombre me cierra el paso.
—Quizá debemos enseñarle modales.
"Tírate al suelo, grita ¡fuego! y llama toda la atención posible" oigo la voz de Renée. Comienzo a llenar mis pulmones de aire cuando un volvo aparece junto a nosotros, casi quemando llantas.
—Sube —indica una voz de trueno.
Aunque no la hubiera reconocido, la autoridad que emana hubiera hecho que siguiera el comando de inmediato. Apenas estoy sentada en el asiento del copiloto cuando Edward se estira sobre mí para cerrar la puerta bruscamente y arranca, provocando nuevamente un chirrido con las llantas. Comienza a manejar a una velocidad tan rápida que no estoy segura de estar completamente a salvo.
—Ponte el cinturón de seguridad —me indica.
Con dedos temblorosos lo hago.
—¿Estás bien? —pregunta directamente.
—No —contesto —Tengo miedo.
—No debes tener miedo —dice. Luego, agrega más bajo —No de ellos, al menos.
—Baja la velocidad —pido. Él no sólo lo hace, si no que se estaciona por completo.
Estamos afuera de Port Angeles. Tengo la idea de que debería abrir mi puerta y salir corriendo de este auto, pero algo su cara me lo impide. Su expresión no es amenazante, es todo lo contrario: de profundo dolor.
—¿Estás bien? —es mi turno de preguntar.
—No —responde —Distráeme, por favor.
"¿Distráeme?" ¿qué clase de petición es esa? No tengo nada en mi cerebro. Por suerte, mi teléfono comienza a sonar en ese momento. Cuando aprieto la tecla de "contestar" la voz de Jess comienza a oírse por el altavoz.
—Dude, ¿dónde estás? —se oye su voz preocupada —Dijiste diez minutos, ¡y ya pasaron veinte! Estamos a punto de llamar a la policía.
—Estoy bien —digo en el micrófono —Tuve un… —miro hacia Edward — contratiempo. Voy para allá.
Él enciende de nuevo el coche al oír mis palabras. Comienza a manejar entrando de nuevo a Port Angeles.
—Necesito indicaciones —dice casi molesto, como si algo no estuviera bien.
—Uhm… —no estoy segura para dónde debe de ir.
Tiene que dar un par de vueltas antes de que yo reconozca el restaurante donde me están esperando Ángela y Jessica. Cuando se vuelve a estacionar, me quiero girar para darle las gracias, pero son otras las palabras que salen de mi boca.
—¿Qué eres? —digo, viéndolo directo a sus ojos negros.
—Buenas noches, Isabella —responde mientras quita el seguro de mi puerta.
—¿Eres un ángel? —insisto.
Su sonrisa se torna burlona.
—Buenas noches, Isabella —repite y esta vez suena un poco amenazante.
—Buenas noches, ángel guardián —digo y salgo del auto.
Él vuelve a acelerar y para cuando estoy en la puerta del restaurante, el volvo ya desapareció a la lejanía.
Cuando llego a la mesa, ya está la comida servida.
—Ordenamos por ti —dice Ángela.
—Gracias —contesto y comienzo a comer.
Estoy distraída por el resto de la tarde. Gracias a que ellas están muy emocionadas por la película, no lo notan ni en la comida, ni en el cine. Si acaso comienzan a centrar su atención en mí, la desvío mencionando algo sobre el mago (que ya no es un niño, aparentemente) y ellas vuelven a fangirlear.
—Estás loca —le dice Jess a Ángela en el trayecto de regreso a casa —¿Cómo puedes decir que Harry y Hermione son si quiera una opción? ¡La relación de Ron y Hermione es perfecta! Son pura pasión, claro ejemplo de que del odio al amor sólo hay un paso, de que los opuestos se atraen, de que…
—Sólo digo —la interrumpe Ángela — Que Harry y Hermione son mejores amigos. Emocionalmente, ellos se complementan mejor. Se entienden y tienen confianza él uno con la otra. Y cuando estás en una relación adulta, eso es lo que buscas en una pareja.
—Bella, apóyame aquí —dice Jess y se voltea para verme desde el asiento del copiloto —Entre una relación llena de pasión y una llena de confianza, ¿tú qué prefieres?
—¿Honestamente? —digo —No tengo idea. Pero Hermione debió haberse ido a… viajar por el mundo o algo, en vez de quedarse con cualquiera de ellos.
—Que antirromántica eres —me acusa Jess.
Entre la pesadilla, un ángel guardián, las posibilidades que abre la existencia de un ser como él en nuestro universo y el trabajo que tengo que hacer, lo que menos tengo es tiempo para pensar en triángulos amorosos.
Si, antirromántica es un adjetivo que me describe bien.
Consejo no requerido: si les dices a tus amigas "regreso en 10 min." y no lo haces y ellas en lugar de buscarte o llamarte o algo se ponen a comer, cambia de amigas. En serio. Mereces algo mejor.
¿Me estás oyendo, Stephenie Meyer?
P.D. Team "Hermione merecía hacer algo más con su futuro."
₁ Lord Byron. Poeta del movimiento del romanticismo británico, antecedente de la figura del poeta maldito. Todo un personaje que vale la pena investigar. Si nos esforzamos, podría decirse que estoy escribiendo este fanfic gracias a él, porque el Dr. Polidori escribió su relato "El Vampiro" en una de sus tertulias.
₂ Mary Shelley. Autora de Frankenstein. Relato también salido de las tertulias de Byron.
