Hola, iban a ser 8 capítulos pero por cosas de trama y tiempo he tenido que alargarlo, el noveno es un Epilogo y todo eso.
Gracias por seguir la historia ;)


CAPITULO SIETE

…Cuando no escuchó sus pasos en la habitación ni sintió su presencia Julián entreabrió los ojos clavados en la puerta, se dio la vuelta e intentó concentrarse en sus pensamientos; eran un desastre y sentía mucha inquietud al respecto…pero por un momento y solo por un momento todo se silenció por completo y una sensación extraña y nueva se cierne sobre él, sumergiendo en un estado de profunda abstracción, lo que logró recordar en ese instante no pudo ser manifestado en las expresiones de sus cejas, parco y silente, se dejó llevar, por aquella voz que escuchaba en su cabeza, se levantó de la cama, y salió de la habitación, pronto se encontró con el pasillo y revisó la cocina, también revisó la sala, y luego volvió a revisar el pasillo y la habitación de invitados.

Al confirmar de que solamente estaba él, volvió a la sala y miró el teléfono por unos segundos, luego creyó escuchar a alguien caminar por el pasillo de la habitación, subió la mirada del teléfono hacia el pasillo y caminó por este con cautela, para su sorpresa alguien si estaba allí, era Alex, pero Julián no podía reconocerla.

Tenía un vestido amarillo de flores que resaltaba mucho con la pintura verde de las paredes, Julián estuvo por unos segundos tratando de recordarla, pero no encontró nada esclarecedor, sin embargo, no sentía miedo. Algo en ella resultaba familiar, no recordaba haberla hecho pasar a la casa, o tan siquiera encontrarla en la puerta. Rápidamente ella se acercó a él, y algo vino detrás de ella, resultaba inexplicable, como una sensación de aprensión. Era un sentimiento de urgencia que hacía sentir a Julián muy ansioso, más intentó confiar en que no era peligrosa.

—¡Ahora que él no está aquí puedes abrir el depósito!

—¿Qué depósito? –preguntó Julián con el ceño fruncido. Los ojos de Alex eran oscuros y penetrantes con exigencia. Julián no podía soportar su mirada, le hacía sentir incapacitado porque no sabía de lo que estaba hablando y no sabía que era toda esta información.

—El depósito, él no quiere que lo abras, pero tienes que hacerlo, tienes que recordar lo que hizo.

—¿Qué hizo?

—Ven –Insistió ella- ven al depósito.

Ella se movió rápidamente precipitándose al interior del pasillo y cruzó a la derecha donde se encontraba el cuarto de lavado. Julián no se movió de ese lugar por un momento, intentando encontrar una aclaratoria a lo que ella decía, seguro era una vecina, la había dejado pasar, aunque él no se había levantado de la cama desde que David se despidió esa mañana, se sintió sumergido en el agua, con sus músculos pesados, pero incapaces de resistirse, cansado. De pronto sus pies se movieron y experimentó cierto sentimiento de separación sobre los movimientos de sus manos y piernas, como un espectador, lejano y ajeno. Ese cuerpo no parecía ser el suyo, pero era incapaz de tomar el control para cuando estuvo frente a la puerta, la puerta blanca; se tornó enorme y sentía que esta tenía los ojos sobre su nuca, como algo indigno y falso, pero al momento de abrirla se dio cuenta que estaba cerrada, sin embargo, esto no duró mucho tiempo cuando encontró una llave en su mano.

En ese instante sus dedos comenzaron a temblar ¿Por qué tenía la llave? Ocurrió como aquella vez ¿Por qué tenía la llave y de dónde la había sacado? Miró a su alrededor, pero esa mujer no estaba por ningún lado para poder encontrar algunas explicaciones, pronto abrió la puerta, ese sentimiento de no ser dueño de su cuerpo le brindaba una dosis casi mortal de miedo, sin embargo, su desconcierto fue aún mayor cuando allí no encontró nada.

Estuvo un momento tratando de incorporarse de la incertidumbre inicial de todo lo que había sido víctima, la presión y ansiedad disminuían en la medida que confirmaba con desconcierto que no se encontraba nada en aquel espacio, había algunas telarañas en el techo, pero allí todo estaba limpio, un espacio para la ventana cerrada, y afuera el patio con césped alto.

Julián salió de allí, cerrando la puerta. No estaba la mujer por ningún lado, pero creyó escuchar que alguien corría del pasillo hacia la sala, se movió, ahora dueño de sus extremidades, se sentía asfixiado dentro del pasillo, pasó rápidamente a la sala y se volvió para asegurarse de no ser sorprendido…la idea de llamar a David vino a su mente, pero ¿Qué le iba a decir? Esto que ocurría le resultaba muy raro, no sabía cómo decírselo, salió al jardín con la mirada fija en el interior de la casa, no escuchaba nada, ni veía a alguien. Afuera, al aire libre se mantuvo por un momento inspeccionando su alrededor.

Le tomó asco y miedo a ese lugar que llamaba hogar, como un enorme monstruo con muchos secretos.

—¿Julián? –Dio un respingo en cuanto escuchó que lo llamaban. Se giró hacia la reja negra que tenía de entrada al jardín; allí estaba David; con sus ojos verdes abiertos como platos- ¿Qué te pasó?

Hubo un silencio entre ellos dos, donde solo se admiraron. Julián estaba pálido.

—¿Regresaste?

El terror volvió a sus ojos, si sabía que abrió esa puerta ¿Qué iba a pasar? …No había nada, pero no sabía por qué saber eso le causaba un sentimiento de culpa y temor; lo había traicionado.

David aún lo miraba consternado. Suspiró profundamente al verlo allí en la puerta y tembló, inexplicable era aquel sentimiento que lo embargaba, palideció, pero no pasó mucho tiempo para que David abriera la cerca y se adentró, perplejo lo miró con los ojos muy abiertos, había algo diferente en sus ojos; Julián se sintió descubierto, como un vil malhechor, pero el hombre lo abrazó repentinamente para sorpresa del aterrado discapacitado que se quedó tieso.

Ambos compartieron un silencio, la ansiedad de Julián se transformó en desconcierto.

—Estás temblando… -Le apuntó David, viendo sus dedos, una vez se alejó de su toque pesadamente, Julián también lo hizo y apretó los dedos un poco, evitó notar que él también temblaba. - ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?

—Yo… nada, no, no es nada. -Tartamudeó, luego un poco más seguro se obligó a calmarse. Recordó a la mujer y no sabía cómo iba a explicar su presencia en la casa. – tu… ¿Estás bien? Volviste rápido.

David lo miró en silencio, como examinando, sus ojos eran vidriosos, muy claros como los de un gato, pero había un sentimiento que Julián no podía descifrar, comenzaba a incomodar la forma en que lo miraba, pronto David derramó lágrimas muy finas, quizá por la emoción ignota, cerró los ojos y sus manos temblaron dentro de las de Julián que rápidamente se preocupó.

—¿Qué pasó? ¿Te ocurre algo malo? –Preguntó consternado. Miró su rostro, pero encontró sus ojos cerrados y su rostro arrugado.

—¿Qué haces aquí …?-Logró articular David, limpiándose el rostro. – Julián...

David parecía recomponerse.

—Solo…-guardó silencio, le soltó las manos y estuvo mudo por unos momentos, Julián comenzaba a preocuparse. Lo vio mirar hacia la reja negra, y hacia el exterior. – ¿Has estado aquí todo este tiempo?

—¿En el jardín? No… acabo de salir –Le dijo Julián con tono cauteloso.

—¿Qué hacías?

David no lo miraba.

—Yo… ah. Solo vine a fuera. No me gusta estar en casa. Cuando te vas es silenciosa y aburrida –Argumentó mintiendo, esperaba que Alex estuviera oculta en alguna de las habitaciones o simplemente no se asomara a buscarlo.

David no dijo nada, en silencio volvió para verlo, estaba pálido con la mandíbula apretada y los ojos rojos.

—¿Cuándo no estoy? –Cuestionó logrando que su voz no temblara. Julián asintió con el ceño fruncido. Nuevamente, él estuvo en silencio, luego miró hacia la casa como si se hubiera dado cuenta justo ahora que esta existía frente a ellos - ¿Estas solo?

Julián solo asintió mecánicamente, más consternado que sincero. Ambos entraron por petición de David que parecía enfermo. Julián lo hizo sentar en la sala, junto al teléfono, este así lo hizo mientras buscaba a su alrededor con los ojos muy atentos, Julián fue a la cocina, no encontrando a Alex por ningún lugar, y regresando para sentarse a su lado. Lo vio beber el agua con extrema rapidez y luego parecía recuperar el color en sus mejillas donde Julián había podido ver la presencia de algunas pecas que subían por el puente de su nariz. No sabía si las había notado antes, pero se les antojaron bastante lindas.

Pronto volvieron a mirarse, David con el ceño fruncido, pero ninguno de los dos dijo algo, Julián esperaba algún tipo de explicación que lo ayudará a entender lo que estaba ocurriendo, David no abrió la boca para ello, en vez de eso, volvió a mirar hacia las paredes, y pronto reparó en la enorme pizarra acrílica donde estaban anotadas en todos los artículos de la casa. Julián también lo miró leyendo, pero luego volvió a mirar a David más decidido.

—¿Qué es lo que te pasa? –Le preguntó sin miramientos. David tardó en deslizar la mirada hacia él, pero cuando lo hizo, parecía molesto.

—Eso debería preguntárselo a ti. ¿Qué te pasa? ¿Qué es eso? –Apuntó hacia la pizarra.

Julián lo miró sin comprender la pregunta, los ojos verdes del hombre eran más que exigentes, ansiosos.

—Es para ayudarme a recordar. Tú lo hiciste.

Los ojos de David se entonaron mientras lo miraba, como intentando determinar si eso era real o una fantasía.

—¿Estás solo aquí? –Le preguntó de regreso poco después – Julián. Dime la verdad.

—¿De qué hablas?

—Te pregunto si estás solo aquí.

La preocupación volvió a maquillar su expresión. Julián asintió frenéticamente, no podía decirle, no podía abandonar la mentira que le había hecho creer. Esperaba que Alex se hubiera marchado de alguna forma.

De repente el cercenó la distancia entre ambos, lo tomó de ambos lados de su cuerpo y susurrando dijo

—Julián, te conozco bien. Estás ocultando algo. Dímelo. No puedo ayudarte si no me lo dices.

Este lo miró por un momento, subiendo los ojos estos se volvieron brillantes a punto de llorar, se mordió los labios por que estos no dejaron de temblar, sí. No estaba bien, no sabía si David lo había notado, quizá sí. Había algo dentro de él que no sabía si estaba funcionando correctamente, era su mente, el golpe en su nuca, pero existía algo más, algo más oscuro a lo que Julián no se quería enfrentar.

—Yo…-Dijo, apretando los párpados- abrí el depósito. -Dijo con voz estrangulada- Alex me dijo que lo hiciera, está aquí en la casa.

—¿Quién es Alex? –Cuestionó

—Es una vecina. -Le respondió – pero, no había nada en el depósito cuando lo abrí. ¿Hiciste algo con eso? ¿Por qué no quería que lo abriera?

David solo lo observó con más desconcierto. En silencio, se alejó un tanto y enfocó la mirada hacia el pasillo.

—Ven. Salgamos.

—¿Qué?

Le tomó de la muñeca. Julián se resistió a moverse.

—¡No! ¡Dime! ¡Dime qué está pasando! ¿Por qué no hay nada allí? Estas actuando muy extraño. –David lo observó con ojos vidriosos y esa expresión de completa desesperación no le gustó.

Él negó con la cabeza.

—No. Tú tienes que decírmelo, decirme qué está pasando. –David vociferó, provocando que Julián diera un respingo – Tienes que explicarme qué está pasando. –Luego gruñó preso de sentimientos combinados entre la ira y la angustia.

Se metió la mano en el bolsillo y extrajo su teléfono. Julián estaba pálido, tan aturdido que se dio cuenta que ese no era el teléfono del cual solía recordar. Dio unos pasos hacia atrás, pero rápidamente fue capturado por los ojos avispados del hombre, advirtiendo su movimiento.

Repentinamente el teléfono que reposaba en la mesa sonó con dos repiques, Julián viró los ojos hacia este, pero David le pidió que no lo hiciera.

—He estado buscando pistas por mi cuenta por aproximadamente unos once meses-soltó David – pero…no había tenido nada hasta que vi el broche de clave de Fa que te regalé hace mucho tiempo. No sabía que tenías una casa tan lejos y apartada de la capital, pero tampoco pensaba que fueras capaz de deshacerte de todo lo que tenías. Tus cuadros, tus accesorios ¡el arpa! No podía creer que volvería a ver el broche de Fa, pero estaba allí, es tuyo, lo recuerdo porque yo hice el diseño.

El teléfono calló, David le dedicó una mirada insistente al aparato y luego a Julián con los ojos llenos de consternación aterrada.

—Así que le pedí a Ricardo que me ayudara a investigar, y trazamos un posible perímetro dentro de las pistas que pudimos recoger. Tus cuadros están colgados en un puesto de la carreta, tienen tu arpa en el mercado, la blanca, vieja y destruida. La que Austria te regaló. Dime ¿Por qué estás aquí?

—No sé de lo que estás hablando. ¿Qué dices? Has estado aquí durante todo este tiempo. -Una de sus manos se deslizó hacia la nuca- luego del accidente.

—¿Qué accidente?

—El accidente. No lo sé. No me lo has querido explicar. El accidente de auto. Hace dos años. Estoy incapacitado a raíz de eso.

—¡No existe tal cosa como un accidente! ¡Julián has estado desaparecido por casi dos años! ¡Nadie sabe dónde estás! ¡Algo muy malo está ocurriendo contigo! ¿Por qué estás aquí? Dime que fue lo que pasó.

Julián retrocedió, el teléfono volvió a sonar, pero el hombre frente a se interpuso entre él y el teléfono.

—No vives solo aquí ¿verdad?

—¡Pero si vivo contigo! ¿Qué intentas hacerme? Tú mismo me dijiste que tuvimos un accidente, me golpeé la cabeza por el impacto, vivo sin memoria. Anoto todos los malditos días lo que pasa porque no puedo recordar nada.

—Si eso es cierto ¿Por qué me recuerdas? ¿Por qué sabes quién soy?

—¡Se supone que vivo contigo! ¡Tenemos una relación de más de 6 años! ¿David qué estás haciendo, maldita sea! –Bramó ahora más que colérico, asustado. El hombre estaba consternado, más aún el teléfono no dejaba de sonar.

—Julián… escúchame-Llevó ambas manos a sus hombros, sus ojos lo observaron con suma urgencia, más a pesar de eso el toque era suave- Puede que eso sea cierto para ti, un accidente, porque estas muy mal. Pero lo que me estás diciendo no tiene el menor sentido.

—¿Qué …?

—Con quien sea que estés en este momento no soy yo.

—¿Qué?

—Yo soy David. Te conozco desde hace mucho tiempo, sí, tuvimos una relación, pero eso fue hace demasiado, demasiado tiempo. Es demasiado complejo, pero recuerda.

—¿Qué tengo que recordar? No entiendo.

—Estuvimos juntos un tiempo. ¿si? Pero esto no funcionó. Te quiero. Es por eso que he estado buscándote. Todos.

—¿Quiénes son todos?

—¡Pues todos! ¡Todos! –David no sabía cómo responder aquella pregunta, para él resultaba algo que era obvio de comprender, más para Julián era completamente diferente. - ¡Algo te ocurrió!

Julián entornó la mirada con la mano en la nuca. David lo observó en silencio, siendo testigo de su evidente confusión, por un momento sintió compasión de él, toda la emoción se transformó en amor y también en angustia.

—Julián, ven conmigo y me podrás explicar todo.

Este no lo miró, en lugar de ello viró la mirada hacia el pasillo que conducía al cuarto de lavado, estuvo por un momento allí. Luego a lgo más llamó su atención, escuchó el sonido de alguien llegar a su casa.

David lo llama de regreso, pidiendo que acceda a irse con él, pero Julian no está seguro. Lo observó, vio dentro de sus ojos la urgencia, pero no estaba seguro.

Él pensaba en detenerse, pero aún se sentía necesitado de aquel afecto, era demasiado orgulloso para admitirlo, pero se sentía bien ser querido como lo deseaba, su pasión era intensa, y quizá esto podría aliviar su dolor, aunque eran ellos dos como perros lamiéndose sus heridas abiertas, no sabían cómo esto iba a terminar. ¿Cuál sería la culminación de todo? Intento hacerlo muchas veces antes pero el sentimiento era de alguna forma dulce y seductor.

A veces se hallaba lamentándose de lo patético de su situación, pero no sería la última vez que podría encontrarse en una posición igual o peor que lamentable.

Lo había citado en ese mismo lugar donde habían compartido no solo lagrimas sino también ansiosos besos y necesidad ¿Cómo terminaron las cosas así? El solo pensarlo hacía que le doliera la cabeza, sus manos sudaban y aun se sentía inseguro de poder llevar esto a su culminación, vivir sin esa sensación ¿sería lo correcto? Quería convencerse que sí, que sí podía, conocía su orgullo, era una persona que al tomar un cuchillo y clavarlo debía de seguir hasta la empuñadura, hundirlo por completo incluso si eso representaba tener que lastimarse a sí mismo. De alguna forma no eran tan distintos. Quizá por ello se hallaron cómodos el uno al otro.

Él era orgulloso y terco. Quizá su mayor defecto, lo más resaltante a primera vista era el aceptar que estaba equivocado, el aceptar que recorría un camino equivocado. Cuando la delgada línea de lo correcto e incorrecto se desdibuja por un instante, tarde se daba cuenta de su pecado y hacerlo luego del placer inicial solo se hallaba con la culpa y el engaño, pero la soledad y la necesidad de salir de ella golpeaban con una mayor urgencia una vez que había decidió atravesar aquel periodo de abstinencia impuesto con la falsa idea de abandonarlo, pero no podía hacerlo. No hasta que lo citó en ese lugar, no podía evitarlo por más tiempo.

Escuchó la puerta abrirse y cerrarse, así como la pequeña luminosidad del sol que entraba por esta y pronto desaparecía. Se giró para recibirle, más él había venido directamente hacia sus cercanías como una costumbre de sus encuentros y aterrizar en sus labios, se lo negó, girando la cabeza a un lado en silencio, el rechazo silencioso pero evidente dio inicio a la confirmación del por que le había citado, no sería como las otra veces y algo le decía que no podía convencerlo, pero él ya estaba determinado a tomaron camino y no daría marcha atrás, porque no había más senderos que este. Luego de saludos iniciales lo convenció de sentarse en la cama, pero él no lo acompañó sino que estuvo frente a ventana y desde allí le habló.

Afuera había un árbol que bloqueaba ahora los rayos del sol, no sabia por que pensaba era un limonero.

Mientras hablaba sentía un poco más de calma, más aún porque el no se movía o manifestaba de forma arrebatada como había imaginado, pero no sabía que él también tenía un discurso, cuando finalizó de hablar lo apreció triste y de rostro apesadumbrado y solo dijo como un hombre miserable

"Pero yo te amo. ¿Qué se supone que haga sin ti?"

"Nunca quise provocar estos sentimientos en ti. Lo sabes. Fui muy claro contigo"

"Aunque no haya sido tu intención, existen ¿Qué se supone que haga con ellos? Dímelo. ¿Qué hago?

No supo qué responderle y no comprendió por qué a él también le dolía. Lloró frente a él, pero sabía que no era un llanto de tristeza, sino de impotencia y quizá furia. Fue claro una segunda vez, si cedía ante esa manifestación de miseria quizá no podría retornar al camino correcto y por tanto quedar atrapado con él allí sería inevitable y aun mas doloroso salir. Se mantuvo firme y le repitió lo que le dijo No podían volver a verse jamás.

"Espera" Le sostuvo de la manga de su camisa al pasar hacia la puerta. Se estremeció, pero volvió a verlo con el rostro impasible "¿Te irías solo así?

No le respondió. Que interpretara su silencio. Logró hacerlo y por ello su desesperación.

"No…¡No! ¡No me dejes! "se apoderó de su muñeca con tanta fuerza que sintió que la iba a romper, se alarmó "me moriría sin ti."