La ceremonia de apertura resultó ser más animada que el acto aburrido de la semana pasada. Al finalizar el horario matutino, al mediodía, en los campos exteriores se colocaron mesas saturadas de comestibles y bocados, y se invitó a los espectadores (en su mayoría alumnos) para presenciar la apertura. Una banda local de rock pop había subido al escenario para ambientar la ceremonia. En medio del tumulto de gente, Eddy se acercó a Valeria.
—Oye, ¿y cómo es que terminaste aquí? Creí que te habías mudado a Boston.
—Oh, sí. Lo que pasa es que ya me he recibido de profesora de educación física. Pero antes de volver al equipo de fútbol soccer profesional he querido aprovechar para regresar a Peach Creek por un tiempo. No le digas a nadie esto pero...
Ella se acercó a Eddy y le susurró algo. Mientras tanto, Ed había agarrado unos panecillos de la mesa.
—No deberías atiborrarte con comida a una hora del partido, Ed. Serás el primero en jugar. ¿Ya has pensado en cómo ganarle a Rolf? —le preguntó Doble D.
—No pasará nada, Doble D. Solo necesito energías y con eso será suficiente.
—Oye, deberías estar calentando. ¿Qué haces comiendo? —irrumpió Eddy.
—No estoy comiendo, estoy recargando energías.
—¿Tienes al menos un plan? Bah, ¿para qué pregunto?
Luego de la hora, todos se reunieron en el campo de tenis de la escuela, recientemente instalado. Las gradas de madera se encontraban hasta la mitad, ocupadas principalmente por estudiantes curiosos que no tenían otra mejor cosa que hacer en este día. El verdadero espectáculo sería el del viernes, dónde se jugaría el resto del torneo y se definiría al primer campeón del evento.
El director Antonucci salió al campo de tenis, donde lo esperaba una asistente para entregarle el micrófono.
—Buenos días, damas y caballeros. No hay honor más grande para mi que... —Y comenzó de nuevo otro aburrido discurso acerca del evento.
Los Juegos de Estado eran una serie de torneos académicos en distintas disciplinas impulsada por la Secretaría de Educación Nacional en los noventa. Se celebraban durante todo el año escolar, y se llevaban a cabo sólo en algunos estados, en cada escuela principal por ciudad. No era necesario estudiar ahí para participar, solamente bastaba con tener la edad. Habían disciplinas individuales tales como el tenis, el skateboarding, artes marciales, natación, etc. E incluso algunos juegos fuera del rango físico, como una batalla de bandas de música, concurso de ficción, ajedrez, póker, entre otros. En un segundo plano, se encontraban las disciplinas en equipos, en donde todas las ciudades competían entre sí en torneos de fútbol americano y europeo, basquetbol, handball y beisbol.
Los eventos se celebraban cada cinco años. Ciudades como Seattle, Ellensburg, o Lemon Brook ya habían iniciado con los juegos hace algunos años. Eso era lo que hacía especial esta edición en Peach Creek; sería el debut de esta ciudad en los Juegos de Estado.
—...Sin mas que decir, los dejo con nuestra nueva coordinadora y vieja conocida, Valeria Martínez, a quien pronto verán seguido en nuestra escuela.
El sexagenario abandonó el estadio entre aplausos, y lo sucedió la encantadora mujer que había presidido el sorteo del torneo de tenis. Valeria tomó el micrófono y carraspeó un poco, dando la impresión de preparar un pacífico discurso. Pero entonces vociferó:
—¡¿Estáis listos para los juegos?! —Los que estaban más próximos a los parlantes se cubrieron los oídos. Gritos del público fueron la respuesta—. ¡No los escucho!
Más gritos, más fuertes, y algunos silbidos que se oían por debajo.
—Sí que lo hace bien —le comentó Doble D a Eddy. Los participantes miraban agazapados desde la boca del túnel que daba hacia la pequeña entrada.
—¡Muy bien! ¡Pues es hora de comenzar! Este torneo se llevará a cabo de la siguiente manera. —Valeria explicó cómo se iba a desarrollar, los partidos de hoy y del viernes. Luego pasó a explicar las reglas del juego. Eran casi las mismas que el de las competencias profesionales, pero por cuestiones de tiempo se jugaba a solo un set de seis juegos. Para ganar había que llegar a los seis juegos sacando como mínimo dos juegos de diferencia con el rival. De no sacar los dos juegos, se debía llegar a siete juegos para ganar. De persistir la no diferencia, se recurría a un alargue—. Así que ya mismo comenzamos con los ocho duelos. Damas y caballeros, con ustedes... ¡Rolf Yonick y Edward Drommond!
Todos aplaudieron.
—Si va a llamar a todos así yo prefiero abandonar ya —se quejó Marie, quien había asomado la cabeza. Doble D casi trastabilló del susto al oír la voz de la chica.
Rolf y Ed pasaron al campo, siendo aplaudidos nuevamente por todos.
—¡Vamos, Ed! ¡Haz algo bien por una vez en tu vida y gana! —lo apoyó Sarah.
Los dos muchachos tomaron las raquetas colocadas sobre una mesa y se saludaron.
—¡Esperen! ¿Dónde está el juez? —preguntó Valeria.
Llegó entonces lo que Eddy y Freddy temían. Una chica bajita que también pertenecía al Consejo, llegó y se presentó con Valeria. Luego se subió a la encaramada sillita colocada al otro extremo de la red.
—Maldición. Allí está de lo que nos hablaba Freddy —se quejó Eddy.
—Sí, aunque no tiene mucho que hacer en este partido. No juegan mujeres —sostuvo Doble D.
El sorteo con la moneda le concedió a Ed la oportunidad de sacar primero.
—Por favor dime que se sabe las reglas. Por el amor de Dios dime que se sabe las malditas reglas —rogó Eddy.
—Tranquilo, se las he enseñado el domingo. Solo espero que me haya prestado atención.
—Muy bien, Ed muchacho. Prepárate para una reprimenda mundana sin piedad.
La jueza dio el pitido, el público estalló en murmullos, Ed elevó la pelota y golpeó. El disparo fue tan potente que Rolf no pudo hacer nada para evitar el anote. Todos murmuraron. Ed 15, Rolf 0.
—Diablos —dijo Rolf.
—¡Así se hace, Ed! —gritó Sarah.
El resto de los participantes ya se encontraba observando todo desde su sector, una fila de asientos colocada a los lados del túnel, reservada para ellos, aunque casi todos se encontraban de pie.
Ed se movió abiertamente por todo el ancho. Se desenvolvió a pleno en los siguientes puntos. Logró rápidamente anotar a 30, 45 y finalmente el juego.
—¡Ed se lleva el primer juego! ¡Ed 1, Rolf 0!
—¡Sí! ¡Gané! ¡Ahí tienen! ¡Ed es el mejor! ¡Ed es el mejor!
Sudando como un cerdo, Ed saltó por todo el campo y saludó a todos.
—¡No, idiota! ¡Te faltan cinco juegos! —le gritó Eddy.
—¿Eh?
La jueza dio el pitido, Rolf sacó y rápidamente obtuvo un punto. Todavía despistado, Ed trató de dar pelea, llegando a tirarle una pelota como un misil hacia la cabeza. Rolf por poco esquivó el proyectil y la pelota siguió hasta la muralla delante del público. Se hizo una grieta. Rolf 30, Ed 0.
—¿El torpe no conoce las reglas? —preguntó Kevin.
—¡Ed! ¡Tienes que apuntar al suelo, como estabas haciendo! —le indicó Doble D.
—Ahh... ya entendí. —Ed levantó el pulgar.
La arremetida de energía bestial bajo control de Ed regresó por más. Rápidamente obtuvo el segundo juego.
—¡Ed gana de nuevo! ¡Ed 2, Rolf 0!
—Bien hecho, mi Ed —murmuró May por lo bajo.
—¡Sí! ¡Ed al fin hará algo bueno en su vida! ¿Puedes creerlo, Doble D? —celebró Eddy.
—¡Así se hace, Ed! —grito Sarah.
—Cielos, Rolf sigue dormido —admitió Rolf, preparándose para sacar.
El tercer juego fue más reñido. Rolf comprendió que no debía ir a todas las pelotas como si fuesen las últimas. Ed por su parte no lo hizo. El juego fue también para Ed, pero Doble D y Eddy notaron que algo andaba mal. Ed estaba perdiendo velocidad y potencia.
—¡Ed gana el juego! ¡Van 3 a 0!
Ed se acercó a las gradas de participantes, con Doble D y Eddy.
—Eddy... ¿cuanto... falta...? —preguntó entre jadeos.
—Solo tres más. No me digas que te quedaste sin fuerzas.
Ed regresó rápido al juego. Rolf comenzó a ganar más puntos, logrando rápidamente el primer y segundo juego.
—¡Van 3 a 2!
—¡Así es como se juega a la raqueta, chico Ed!
—Ay no, Ed —murmuró May.
—El genio se quedó sin energías. Se acabó —sentenció Marie.
Rolf empató luego de un ríspido enfrentamiento que casi se lleva Ed. Tres a tres.
—Maldita sea, Ed —dijo Eddy.
El granjero fue ganando cada juego cada vez con más facilidad. Para cuando Ed a duras penas se podía parar, llegó al sexto.
—¡Rolf 6, Ed 3! ¡Es todo! ¡Rolf a cuartos de final!
Ed volvió cabizbajo con sus compañeros, incapaz de levantar la vista. Hoy les había fallado.
—Lo siento, Eddy. A la próxima lo haré mejor.
—¿Próxima? ¡¿Cuál próxima?! ¡Ya está, estás afuera! —gritó Eddy, visiblemente furioso.
—Calma, Eddy. No seas tan duro con Ed. Hizo lo mejor que pudo.
Sarah se acercó a él.
—¡Eres un torpe! ¿No sabías que un set tiene seis juegos? —reprendió. Se giró a los dos Eds—. ¿Quién de ustedes, tarados, le explicó las reglas?
Eddy señaló a Doble D. Mientras la menor descargaba su ira contra él, Ed se acercó a May.
—No gané... no gané... —murmuró Ed, a punto de sollozar.
—Ya, ya... lo hiciste bien igual... —lo consoló ella, sin notar que Sarah los estaba observando disimuladamente.
Valeria se acercó de nuevo al micrófono.
—¡Rolf Yonick a cuartos de final! ¡Siguiente encuentro, Liam Rosenberg contra Nazz Van Bartonshmeer!
—¡Es mi turno! Dame éxitos, Doble D —dijo Nazz—. Esperen... ¿y Liam?
Liam se encontraba comprando un hot dog en las afueras del estadio. Se había aburrido con el primer juego y había decidido ir a almorzar algo.
—Creo que te llaman, muchacho —le informó la señora del carrito, que había escuchado los altavoces.
—¡Oh, maldición! ¡Ya me toca a mi! Toma, quédate con el cambio.
Se fue corriendo al estadio mientras se tragaba su almuerzo.
—Atento, amigo mío. La jueza comenzará a hacer su juego ahora —le murmuró Eddy a Doble D.
—Es cierto, lo he olvidado. Pero... yo creo que habría que ver primero qué es lo que va a hacer. A lo mejor...
—Ay, por favor. ¿Dejarás que los objetivos del malvado Consejo se carguen la ilusión del pobre e inofensivo Liam?
—¡Comiencen!
Nazz elevó la pelota y dio el saque. Era muy buena, pero más que por el juego, los chicos quedaron anonadados por su cuerpo, y los alaridos que soltaba al golpear. Kevin observaba con algo de orgullo como sus demás amigos, que fingían interesarse por el juego, la devoraban con la mirada. Él ya había tenido la osadía con ella.
Nazz consiguió rápidamente llegar a 40 cuando Liam comenzó a descontar.
—¡Buuu! ¡Eres horrible, Rosenbar! —gritó alguien de las gradas.
—¡Es Rosenberg, tonto! —corrigió Clark.
—¡Ni siquiera sé cómo se llama! ¡¿Quién lo conoce?! —respondieron.
Aquello lo hizo motivarse a moverse más rápido. Logró darlo vuelta y quedarse con el primer set.
—¡Liam 1, Nazz 0!
—¡Sí! ¡En tu cara, Doble D! —festejó Eddy.
Sin embargo, William terminaría por sucumbir ante el juego técnico de la chica. El marcador termin favor de Nazz. Los pocos populares que se habían acercado curiosos a ver el torneo abuchearon con más vehemencia a Liam.
—¡Apestas!
Le tiraron una botella de Coca Cola en la cabeza. Él la abrió y comenzó a tomarla.
—Tienen razón... creo que sí apesto —sonrió él, cuando Nazz lo saludó luego del encuentro.
—¡Gané! —exclamó Nazz, acercándose a Dobl Eddy.
—Eso sí fue brillante, mujer. Lo dejaste domado —pulverizó Eddy.
—¡Oye! Te escuché —acusó Liam.
—Estuviste genial —le dijo Doble D a Nazz, luego de que esta lo abrazara.
—¡Tercer encuentro! ¡Wendy Miller vs Marie Kanker! —vociferó Valeria. Mientras tanto Eddy murmuraba con Doble D.
—Bueno, yo no vi ninguna pelota cobrada injustamente, Eddy.
—Porque Nazz no necesitó ayuda para ganar. Tal vez no haya habido irregularidades del arbitraje aún, pero espera a que sea un partido peleado.
—Pues por ahora no ha ocurrido nada. Oh, espera.
Antes de que Marie saliera al campo con Wendy, Doble D corrió hacia ella.
—Oye... S-suerte, Marie.
—Gracias —respondió cortante, sin voltearse a mirarlo.
Marie llevaba una banda en la frente que recogía su cabello y permitía ver sus dos ojos ámbar. Y al igual que las demás chicas, tenía unos pantaloncillos blancos, dejando al descubierto sus piernas regias. Dos cosas que Marie no mostraba con frecuencia, pero que cuando lo hacía, lograba enardecer de alguna manera a Doble D.
El club de nerds de cuarto año explotó en murmullos con su representante.
—Que sea un buen juego, Marie. —Wendy le estrechó la mano.
—¿Que buen juego? Te aplastaré —repuso Marie. Wendy echó a reír, arrancándole a Marie una corta pero necesaria risa. Se habían conocido al entrar casi al mismo tiempo al equipo de fútbol soccer femenino, y congeniaron solo al punto de llevarse bien.
Wendy fue la primera en sacar. Marie creyó que no iba a ser tan complicado: era una nerd y ni siquiera se había quitado los lentes. Por eso le sorprendió de lleno que terminara llevándose el primer juego.
—¡Wendy 1, Marie 0!
—¡Ja! ¡Te gana una nerd! —se burló Lee riendo.
—¡Cierra la boca! —espetó Marie desde el campo—. De acuerdo, ahora si va enserio.
Marie empató rápidamente y lo dio vuelta, poniéndose 3 a 1. Se encontraba disputando un juego con 40 a 15 a favor cuando algo comenzó a fallar.
—¿Cuánto falta? Estoy agotada —se preguntó Marie entre jadeos. Wendy la alcanzó rápidamente. De ahí disputaron el punto que terminó llevándose la nerd. 3 a 2.
—¿Qué sucede? ¿También hizo la gran Ed? —se preguntó Eddy.
Marie buscó energías de donde pudo. Rápidamente se recuperó, motivada en parte por las burlas de sus hermanas, y el hecho de que Wendy tampoco contaba con mucho físico.
Ahora se encontraba ganando 5 a 4, pero daba toda la sensación de que Wendy iba a alcanzarla y superarla. Era inminente. Por primera vez en mucho tiempo comenzó a lamentar su afición a la nicotina.
—No... No quiero perder ahora...
—Sus pulmones están llegando al límite. Dios, Marie... —dijo Doble D.
—Un poco... más —suspiró una agotada Wendy.
Doble D pensó un poco. Y decidió hacer algo.
—¡Marie! —lo llamó.
Reconocería esa voz aunque estuviese opacada por mil murmullos. Lo escuchó llamándola, diciendo su nombre con euforia. Bastante conmovida, se dio la vuelta y respondió, sin intención de dar el brazo a torcer.
—¡¿Qué quieres?!
—¡Sé que estás cansada pero no te rindas! ¡Falta poco!
Si bien era cierto que el apoyo de sus dos hermanas, las únicas amigas que tenía, le daban lo necesario para seguir adelante, las palabras de Doble D fueron lo que necesitaba ahora mismo.
—Doble D...
—Sé que puedes... —leyó en sus labios.
La barrera que había colocado entre ella y Doble D pareció comenzar a derrumbarse. El obstinado orgullo sucumbió nuevamente ante la pasión. Tras escuchar su voz, tan cálida como un abrazo, de pronto sintió que todo se volvía más fácil.
Volvió a girarse a su rival, decidida a terminar con esto. Iba perdiendo ese juego 0 a 40 cuando se recuperó. Anotó un punto, y otro, y otro, y llegó a ventaja. Luego de dos puntos, finalmente llegó a 6.
—¡Marie 6, Wendy 4! ¡Marie Kanker a cuartos de final!
—¡Lo hice! ¡Sí! ¡Ahí tienen, nerdos cuatro ojos! —festejó ella, señalando a los nerds de las gradas. Con sus últimas fuerzas, se volvió a Doble D, quien aplaudía con una gran sonrisa. Agradeció haber perdido todo el aire en el encuentro; en caso contrario habría corrido a abrazarlo para sepultar aquella absurda distancia que ella misma había establecido en los últimos días.
Caminando mareada, llegó con sus hermanas, quienes también aplaudían. Wendy por su parte se había vuelto a sentar con Nazz.
—Creí que ibas a quedar afuera con la nerd, idiota —le dijo Lee, alcanzándole una botella de agua.
—Es... tu... turno... —Marie fue a su asiento y se desplomó. Cruzó miradas con Doble D, y este se acercó a ella.
—Eso fue... increíble, Marie. Me impresionaste de nuevo —dijo él.
Marie pensó en reclamarle por el secreto que se traían ellos tres con Freddy, y el por qué no le dijo nada a ella. Pero eso llevaría a una discusión sin sentido, y a pesar de saber que Doble D trataría de entenderla, creía que de igual manera terminaría alejándolo de nuevo. Decidió cambiar el tema.
—Mira... tu primo jugará contra mi hermana...
—Eh... sí, va a estar interesante. Aunque creo francamente que Lee ganará —admitió él. Se giró a verla y la vio desplomada en su asiento. El juego la había dejado casi muerta—. Oye, ¿estás bien?
—¿Tú qué crees? Menos mal... que hoy no se juegan los cuartos —respondió en un débil suspiro.
—Descansa, Marie —le dijo dulcemente.
Mientras Doble D se iba, Marie cerró los ojos y sonrió como una estúpida, desde su propia perspectiva. Él le hacía daño, en cierto sentido. Los abrió, lista para ver como él volvía con Nazz, pero en lugar de eso lo vio volver con Ed, quien aún se encontraba sollozando.
—¡Siguiente encuentro! ¡Lee Kanker contra Clark Vincent!
Apenas entrar al campo, se escucharon abucheos débiles del mismo grupo minúsculo de populares contra Clark.
—Sí... yo también los quiero —masculló él.
—Ya vengo, voy al baño —le dijo Eddy a sus amigos.
Salió por el túnel hacia la salida. Allí comenzaba un sendero que conducía hacia las dos pequeñas edificaciones, los vestuarios que ocupaban los chicos y el de las chicas, ubicados justo en medio de todos los demás estadios rudimentarios con los que contaba la escuela. Cuando llegó, el barullo y los gritos de euforia se escucharon desde afuera, perforando la curiosidad de Eddy. Se apresuró en hacer lo suyo. Entró al de ellos y siguió de largo hasta los retretes. A medida que terminaba, los murmullos se fueron apagando. Terminó y salió corriendo hacia el estadio.
Doble D se cubría el rostro. Kevin y Rolf reían a carcajadas. La expresión de los demás era de perplejidad.
—¿Qué? ¿Qué pasó? No me digan que ya terminó.
—Sí... Ganó Lee. —Doble D señaló hacia ella, quien chocaba los cinco con sus hermanas.
—¿Cuánto quedaron?
—6 a 0.
Liam ayudaba a caminar a Clark, quien apenas podía mantenerse de pie. Parecía que le iba a dar un infarto.
—¿Cuánto... duré? —preguntó él.
—¡Mierda Clark! —explotó Eddy, acercándose y tomándolo de la mandíbula—. ¡Ni un juego fuiste capaz de ganar! ¿En dónde entrenaste? ¿En una pizzería?
—Eso fue muy fácil. Tan fácil que fue... aburrido —admitió Lee, mientras tomaba asiento junto a sus hermanas. Marie ya había logrado reponerse un poco, pero advirtió el agotamiento de Lee. Doble D también lo notó, desde donde estaba. Lee no fumaba tanto como Marie, pero tampoco era alguien que contara con mucha resistencia; su papel en el fútbol consistía en quedarse cerca de la portería y no correr mucho. Ni ella ni Marie tenían la resistencia que si tenían May y Sarah, por ejemplo.
—¡Encuentro número 5, Jonny Scotto contra Kevin Graells!
—Vamos, pelón, que quiero terminar rápido —dijo el capitán.
—Ya veremos, Caperucita —respondió sobándose la cabeza. Hoy no se había puesto la gorra.
—Tú puedes, amor —le susurró Nicole a Kevin, dándole un pequeño beso. Eddy se acercó a Jonny y le rodeó con un brazo.
—Mira cabeza de kiwi, más te vale que le ganes.
—Tú tranquilo, Eddy, me he estado preparando todo el fin de semana. Kevin morderá el polvo en cuestión de minutos.
Kevin ganó 7 a 5.
—Ti trinquili iddi mi hi istidi pripirindi tidi il fin di simini.
—Lo siento, Eddy, creí que iba a ser sencillo —se excusó Jonny, sobándose la nuca.
—¡Sexto encuentro! ¡Eddy McGee contra Nicole Armstrong!
—¡Al fin! Ya se me estaba endureciendo el trasero de tanto estar sentado. Les voy a mostrar cómo se hace.
—No sé, Kevin, no creo que pueda —dijo ella.
—Tranquila, Eddy habla mucho. Confío en ti, primor —respondió Kevin.
Fue un encuentro entretenido entre dos jugadores de nivel medio. Iba cuando, durante un juego en el que Nicole aventajaba 40 a 30, una pelota de Eddy tocó la línea.
—¡Afuera! ¡Punto y juego para Nicole!
—¡¿Qué?! ¡Pero si tocó la línea! ¡Eso es adentro!
El locutor lo miró extrañado.
—Pero... la jueza dice que fue fuera.
—¿Qué ocurre? No vi bien —dijo Nicole.
—Esa pelota tocó la línea, cayó adentro —argumentó Eddy.
—No es cierto, fue afuera. Tú lo viste desde otro ángulo porque estabas más lejos, pero yo que estoy al lado lo vi afuera, así que es afuera —respondió la jueza, con un tono que a Eddy se le hizo insoportable.
—¡Eso no es justo! ¡Exijo una repetición!
—Yo tengo la última palabra, así que juega o renuncia.
Eddy tuvo que tragarse toda la bronca. Nicole parecía comprenderlo, pese a no haber dicho nada.
«A la mierda, no necesito sus ayudas para ganar.»
Sin embargo, los siguientes juegos casi demostrarían lo contrario. Llegaron a empatar 5 a 5, por lo que para ganar tendrán que sacar dos juegos de diferencia, tal como ocurrió con Kevin.
—De acuerdo, lo admito. De verdad eres buena. Casi ni te hizo falta la ayuda de esa jueza.
—¿Cuál ayuda? Ah, ¿ves que sí soy buena? —respondió Nicole, guiñándole un ojo.
Eddy se recuperó rápidamente y obtuvo el sexto juego. Avanzó hasta estar en ventaja contra 30 de Nicole.
—Oh, oh.
Una pelota de ella cayó afuera, y Eddy ganó.
—¡7 a 5! ¡Ganó Eddy! ¡Jugará en cuartos contra Kevin!
—¡Sí! ¡Toma eso, Kevin! —Eddy comenzó a bailar ridículamente. La chica se acercó a él.
—¿Ves? No era para tanto —le dijo Nicole.
—Bueno, casi acabas con mi dignidad. Me lavaré la boca antes de hablar de las mujeres.
—Más te vale, tontito —sonrió ella. Se fue corriendo hacia Kevin, quien la arropó de un abrazo.
Pensando en que esa chica resultó ser mas simpática de lo que pensaba, Eddy se fue con Doble D y Ed.
—Felicidades, Eddy.
—No, no. Concéntrate, Cabeza de Calcetín. Llegó tu turno.
—¡Duelo siete! ¡Eddward Vincent contra Susan McKagan! —anunció la melodiosa voz de Valeria.
—Éxitos, Doble D —le dijo Nazz, empujándolo hacia el campo.
Doble D tragó saliva. Al lado suyo iba esa chica pelirroja, de un rojo más intenso que el de Sarah o el de Lee. Había sido su sucesora en la presidencia del club del periodismo, cuando Doble D perdió el interés en manejar un aparato que sobrevivía conspirando contra sí mismo y que no llegaba a ser ni la sombra de lo que fue hace décadas. Cuando hicieron el traspaso, Doble D la recordó como una chica fría y hosca, que solo usaba las palabras necesarias. Al menos con quienes no eran sus amigos.
—Ehhh... Que... gane el mejor.
—Sí, sí... —murmuró ella, siendo casi acallada por los silbidos de fondo del grupo de populares que también habían ido a verla.
—¡Comiencen!
El primer punto fue para Susie.
—¡Vamos, Doble D! ¡Despiértate! —le gritó Eddy.
Doble D logró reaccionar. Luego de un iguales, empató el juego.
—¡Doble D 1, Susie 1!
—Oigan, ella es linda —comentó Liam. Nazz le pegó en la cabeza.
Disputaron otra reñida partida empatando tres a tres. De nuevo volvió a ocurrir lo que había pasado con Eddy. Una pelota de Doble D dio en la línea, y la jueza lo declaró afuera.
—¡Deja de perjudicarnos, enana corrupta! —le gritó Eddy a la jueza.
—Te diré lo mismo que a tu amigo. Si no te gusta puedes retirarte —le respondió a Doble D, luego de que este protestara.
Ahora comprendía bien a lo que se refería Freddy. Agachó la cabeza y siguió jugando. Una impasible Susie llegó al cuarto juego.
—¡Doble D 3, Susie 4!
Lee y May comentaban el encuentro en voz alta, mientras Marie permanecía callada. Sin poder quitarse la imagen de él hablando con ella hace minutos, algo en su ser no quería terminar de admitir esa reconciliación. Sin embargo, decidió no hacerle caso.
—Vamos, Doble D, vamos —murmuró por lo bajo.
Doble D combatió los dos primeros puntos. Cuando vio que Susie seguía corriendo, luego de aventajarse 30 a 0, decidió concederle el juego.
—¡Doble D 3, Susie 5!
—¿Se está dejando ganar? —preguntó Kevin.
—No... no me lo creo... Es un tonto si se deja ganar —dijo Eddy.
—No, tarados —irrumpió Marie, llevándose la mirada de ellos—. Ese juego ya estaba perdido, Doble D no quiso desperdiciar energías en él. Ahora volverá a jugar bien... más le vale.
Así fue. Doble D escaló hasta llevarse el cuarto juego, y luego el quinto.
—Oye, buen partido —comentó Doble D, volviendo a animarse. Susie le dedicó otra fría mirada.
Con el 5 a 5, nuevamente para ganar Doble D tendría que verse obligado a llegar a 7 sin que Susie sume otro juego.
Luego de sufrir un poco más, Doble D logró, haciendo un uso económico y racional de sus últimas energías, el sexto juego.
—¡Bien! ¡Una más, Doble D! —lo alentó Eddy.
Cuando anotó el punto 15, la pelota había tocado de nuevo la línea. Obviamente contó como afuera.
—¡Mierda, lo están haciendo de nuevo!
Volvió a ocurrir una vez más, y Susie se llevó su sexto juego.
—¡Doble D 6, Susie 6! ¡Se jugará el desempate!
El desempate consistía en un juego en el que se debía llegar a siete puntos sacando diferencia de dos al rival.
—No puede ser... ya no puedo —suspiró Doble D, luego de una exhaustiva pelea por los puntos. El sol ya se estaba poniendo, y desde su posición comenzaba a fastidiarle la vista.
Fue entonces cuando Susie finalmente abrió la boca.
—¿Ya te estás acabando, ex presidente?
—¿Eh?
—Date por vencido de una vez, ¿quieres? Así nos ahorramos molestias.
Doble D usó una mano como visera para poder ver algo. En el semblante de la chica alcanzó a notar al fin una ligera mueca de malicia. Sonó el silbato y Susie sacó. Luego de dos idas y vueltas ella anotó el primer punto, tocando la línea.
—¡Susie 1, Doble D 0!
—¡¿Ahora sí valen?! ¡Sucia tramposa! —acusó Eddy a la jueza.
Susie anotó otro punto. 2 a 0. Doble D regresó a tomar agua.
—Doble D, ¿qué ocurre? —Nazz le había acercado la botella.
—No tengo suficientes energías... Creo que es todo, Nazz.
—No seas tonto, todavía no has perdido.
—¡Sí, Doble D! ¡Si esa te derrota te odiaré aún más! —irrumpió Sarah.
—¡Tú puedes, chico Doble D!
—¡Sin piedad, primo!
Doble D volvió al juego. Tuvo un pequeño levante y logró empatarlo.
—¡Bien! —gritaron Ed y Eddy.
—Nada mal para ser un comelibros perdedor —escupió Susie.
—Tú tampoco lo hiciste mal. Fue bueno dentro de todo.
Sin dejarse conmover, Susie anotó dos puntos más. Luego de una reñida pelea, logró el 5 a 2.
—De acuerdo, ahora sí se terminó —se lamentó Doble D. Un grito lo despertó. Algo allí atrás le llamó la atención.
—¡Estúpido! ¡Eres un estúpido, Doble D! ¡¿Cómo que no puedes más?! ¡¿Te dejarás ganar así y ya?! ¡No puedo creerlo!
—¿Eh? —Doble D se volvió y vio a quien le había dicho todo eso. Era Marie.
—¡Deja de mirarme con esa cara de tonto! ¡No me decepciones y gana de una vez!
—Marie... —Doble D suspiró y cerró los ojos. Todo se veía tan difícil. Y él, desinteresado en muchas cosas, se podía permitir prescindir de algunas de ellas. Pero había otras que no podría dejar que ocurrieran. La idea de defraudar a Marie, en algún lugar dentro de él se le hacía insoportable e inaceptable. En especial ahora que parecía haberse distanciado en los últimos días.
Doble D se recuperó de nuevo, y rápidamente empató 5 a 5. Todos en las gradas se comían las uñas. Llevándose al límite de lo que su físico le permitía, Doble D anotó un punto más. Y luego de otra difícil pelota, logró el 7 y ganó el juego.
—¡7 a 5! ¡Ganó Doble D!
El público estalló en aplausos ante el que fue el partido más entretenido y dramático hasta el momento. Los chicos lo festejaron como algo propio. Doble D se acercó jadeante con Susie.
—Estuviste a punto... Gracias... fue excepcional —le tendió la mano.
—Sí, lo que digas —respondió Susie, sin siquiera voltearse a verlo. Se marchó por el túnel.
Qué chica extraña, pensó Doble D, mientras volvía con los demás. Haciendo un gran esfuerzo por mantenerse en pie, se abrazó primero con Nazz, luego con Ed y Eddy. Chocó los 5 con Rolf, Jonny, y Kevin, Clark y Liam. Desde la lejanía, Marie le guiñó el ojo.
—Eso fue fascinante. Doble D se puso como una máquina cuando le gritaste, Marie —dijo Lee.
—Cállate —respondió ella—. Tu turno, May.
—¡Octavo y último encuentro! ¡Sarah Drommond vs May Kanker!
—¡Adelante May! —le dijo Lee.
—¡Tú puedes, May! —siguió Marie.
—Vamos, Sarah —le dijo Nazz.
—Eh... buena suerte, hermanita —dijo Ed.
Pasaron adelante. Jimmy se encontraba con unos amigos, disfrutando del torneo. Sarah lo encontró en las gradas y lo saludó con una sonrisa.
El encuentro fue muy entretenido. El sol ya había terminado de ocultarse, por lo que ninguna de las dos quedaba en desventaja. Sarah era más ágil, pero May tenía más puntería y potencia, lo que le permitió ponerse adelante. En un momento Ed vio como Sarah lo miraba esperando algo. Vio también a May, quien con una expresión algo triste, asintió con la cabeza.
—¡Vamos, Sarah! —alentó Ed.
Siguieron jugando. May iba adelante 4 a 2. Todo marchaba bien para ella hasta que Sarah prorrumpió con una acusación que la tomó por sorpresa, y que de hecho, tomó por sorpresa a todos.
—¡¿Crees que no sé qué es lo que te traes con el tonto de Ed?!
—¿De qué hablas?
—¡Ay, por favor! ¡Ed siempre dice que se va a ver películas de cuatro a ocho todos los sábados con un amigo! ¡Ya comprobé que ese amigo no es ni Doble D ni Eddy! ¿Acaso Ed tiene más amigos?
Las acusaciones dieron resultado, aunque eso no le importaba a Sarah, quien se había puesto 4 a 4.
—¿Oyeron lo que yo? —preguntó Eddy.
—Sí —murmuró Lee, girándose a Ed.
—Eh... ¿qué? —preguntó este.
—¿Has estado juntándote con May? —irrumpió Marie, llegando junto con Doble D.
—¿Nos mentiste? —preguntó Eddy.
—No sé de qué hablas —repuso May, mientras regresaba una pelota.
—Deja de mentir. Años haciéndote la desinteresada, era obvio que todavía querías poner tus garras sobre mi hermano —acusó Sarah, llevándose el punto y poniéndose 40 a 15.
Tratando de ignorar las acusaciones, May escaló hasta estar iguales.
—Pues cree lo que quieras, yo no tengo nada con Ed —se defendió May.
—¡Claro que sí! —explotó Sarah, poniéndose en ventaja.
—¡No! —respondió, regresándola a 40 40.
—Ed —insistió Eddy.
—No es verdad. May y yo ni nos hablamos.
—Claro, por una razón May seguía llamándolo «mi gran Ed» —le susurró Lee a su hermana.
May logró llevarse el juego, poniéndose 5 a 4.
—¡No me importa este juego tonto! ¡Solo deja de mentir, bruja! —insistió Sarah.
—Eddy, es la verdad, no nos... hablamos... —repitió Ed, bajando la vista.
—Rolf está confundido, ¿será verdad? —dijo Rolf.
—No lo sé, Rolf, parece falso —le respondió Kevin, sin que le importase. Nicole observó a su novio para ver si encontraba algo en su mirada.
Todos se le habían tirado encima a Ed como hienas en busca de carne fresca. Y solo por un chisme tonto. Doble D vio en los ojos de su amigo lo afligido que estaba. Lo que sea que tuviese con May, se suponía que no debía salir a la luz. Pero ver a todos hurgando en su vida como si tuviesen derecho terminó por exasperar a Doble D.
—Di la verdad, Ed —dijo Eddy.
—¡Suficiente! —gritó Doble D, callando a todos—. Ed ya dijo que no. Déjenlo en paz.
—Pero... pero...
—Pero nada. Deja de insistir, Eddy. Ellos ya respondieron. Y sea o no verdad, ellos no le deben explicaciones a nadie.
—Oh, Doble D... —murmuró May, volviendo a ponerse en ventaja. Algo le decía que él ya sabía de lo de ellos, que debido a su gran intelecto lo había deducido. Probablemente a Ed se le habían escapado algunos detalles, pero no lo culpaba. La idea de que nadie lo supiese había sido de ella.
Sarah terminó desentendiéndose del juego, dejando a May terminar 6 a 4.
—¡May gana! ¡Jugará en cuartos contra Doble D! —anunció Valeria, quien había alcanzado a oír algo de la discusión.
Ambas regresaron con los demás, sin mirarse.
—No me digan que creen que no hay nada entre ellos —inició Sarah.
—Ed ya dijo que no, y May también. Creo que hay que dejarlos en paz, ¿no creen? —opinó Nazz.
—No... —dijo May, dolorosamente. Todos se sorprendieron—. Es verdad. Nosotros... somos amigos.
—¿Qué? —exclamaron Lee y Marie.
—¿Desde cuándo? —preguntó Doble D.
—Desde el año pasado, o el anterior. Ya ni me acuerdo. Pero solo nos juntamos a mirar películas y series —respondió May, sin levantar la mirada. Se recogió un mechón de pelo y se lo puso tras una oreja.
—Claro, películas y series —insinuó Marie.
—No es lo que piensas —aseguró May.
—¿Eso es cierto, Ed? —preguntó Doble D. Ed asintió.
El cielo ya estaba casi oscuro. Sin dar tiempo para más explicaciones, Valeria carraspeó ante el micrófono.
—¡Muy bien, damas y caballeros! ¡Los cuartos de final acaban de definirse! ¡Estos serán los primeros enfrentamientos del próximo viernes!
A continuación, la muchacha informó los cruces de cuartos de final:
Rolf vs Nazz. Marie vs Lee. Kevin vs Eddy. Doble D vs May.
