Había una gran diferencia entre ser un espectador, y estar ahí en el momento. Los ocho, a pesar de ya haber experimentado la salida al campo con sus respectivos equipos de soccer, lo sintieron como algo totalmente nuevo y abrumador. Cada uno pudo escuchar y distinguir su propio nombre resonando en las gradas. Eso fue lo más escalofriante de la tarde.
—De verdad, creo que me oriné. Disculpen. —Eddy desapareció entre sus rivales, quienes apenas lo notaron.
—¿Ma... mamá? —murmuró Doble D. En primera fila pudo distinguir el amasijo de cabellos dorados que reflejaba la luz solar y lo cegaba a esa distancia. Era su regia y jovial madre, la señora Carla, a un lado de su tía y su primo. En la misma grada también estaba la madre de Ed junto con Sarah y Jimmy. la de Nazz, la de Kevin, y la abuela de Rolf. En el escalón siguiente estaban otros estudiantes. Incluso había gente que no tenía relación con la escuela, curiosos que buscaban disfrutar de una buena tarde de competencia sana y juvenil.
—¡Eddward! ¡Éxitos, tesoro! —saludó ella agitando la mano. Doble D tragó saliva. Se giró a sus compañeros, encontrándose con que Marie los había visto a él y a su madre. Rápidamente la chica giró la vista hacia otro lado. Por suerte, ninguno de los otros los había visto por estar buscando a sus propios parientes y amigos.
Los ocho se posicionaron en el mismo sector de antes. Valeria salió con un micrófono. El tiempo no estaba más fresco que el miércoles, pero ella se había vestido un poco mejor; sudadera y pantalón.
—¡Damas y caballeros! ¡Ladies and gentleman! ¡Sean bienvenidos a la segunda y última fecha del torneo de tenis mixto! —Aplausos—. El miércoles dieciséis participantes se enfrentaron en una encarnizada y flipante serie de ocho encuentros de donde surgieron nuestros ganadores. El día de hoy, jugaremos los ocho encuentros restantes; los cuatro partidos de cuartos de final, los dos partidos de las semifinales, el partido por el tercer puesto, y... ¡la gran final! —Más aplausos—. Y una cosa más, amigos. Desde la secretaría de educación municipal me informan que el trofeo está en camino. —Aún más aplausos—. Ahora, con nosotros... ¡Rolf Yonick y Nazz Van Bartonshmeer! Pasad al campo.
—Pronuncia bien tu apellido, eso la hace más perfecta —le dijo Kevin a Nazz. Esta le dio un amistoso golpe en el hombro.
—Suerte Nazz —le dijo Doble D.
—Gracias, Doble D —respondió, guiñándole el ojo. Doble D tuvo un ligero rubor que por suerte se esfumó con la primera brisa de la tarde, antes de que alguien pudiera notarlo. Además de que para apenarse ya tenía a su madre en las gradas.
Rolf y Nazz tomaron un sorbo de sus botellas y pasaron a la pista. Antes de pasar por la mesa a recoger sus raquetas, un ayudante de la jueza cambió una por otra que tenía a mano, reservada para Rolf.
En el sorteo a Nazz le tocó estar del lado de la pista donde muchos de los populares se encontraban. Se escucharon algunos silbidos de hombres hacia ella, quien solo las ignoró. A Rolf le fue peor; en su sector se hallaban varios de los miembros del consejo, con quienes mantenía una gran enemistad desde primer año.
—Muy bien, chica Nazz. ¿Preparada para volver a tu lugar? —declaró Rolf.
—Lo que digas, jardinera —respondió Nazz, poniéndose en posición.
Sonó el silbato, dando lugar a los cuartos de final. El encuentro comenzó sin gran diferencia el uno del otro. Rolf se llevó el primer punto, luego Nazz empató. Llegaron a estar 2 a 2, aunque claramente comenzaba a percibirse una ventaja del lado de la chica. Contaba con una gran técnica a la hora de golpear la pelota, para sorpresa incluso de sí misma. Y en ocasiones, Rolf miraba su raqueta con inconformidad, lo que llamó la atención de Eddy.
Una pelota de Rolf tocó en la línea, y la jueza lo cobró como afuera.
—¿Es que nadie vio que tocó la línea? —se quejó Eddy.
—Sí, creo que también lo vi —replicó Lee—. Pero es solo una pelota, no deberías llorar tanto por eso.
—Yo no lloro, solo remarco injusticias.
Nazz logró llevarse otro juego, y rápidamente uno más, poniéndose 4 a 2. Doble D observaba sin dudar de sus pensamientos. Incluso sabiendo que debía asegurarse de que este torneo lo ganara un hombre, en este momento eso no le importaba. Cada sonrisa de su mejor amiga lo enviaba bruscamente a un punto de partida en el que no existía ningún tipo de interés, y en el que podía, a su libertad, dejarse llevar por los buenos deseos y algún otro sentimiento inocente para ella.
Rolf se acercó al arbitraje para quejarse de su raqueta. Nazz aprovechó para beber un poco de agua.
—Por todos los cielos, Nazz. Eso fue asombroso —admitió Doble D.
Ella rio, con su inconfundible risita aguda y femenina que a cualquier chico lograba dar escalofríos.
—Soy grandiosa, ¿no? —dijo. Doble D asintió con una mueca de torpeza—. Pero esto aún no ha terminado. No me extrañaría que ocurriera algo y Rolf me diera vuelta el partido.
—Yo no veo que tenga muchas esperanzas —opinó Doble D. Rolf mantenía una expresión que rozaba la resignación, mientras oía algunos consejos de Eddy, como si fuesen luchador y entrenador en una esquina de ring.
Rolf volvió a su puesto, mientras los chicos del consejo le recitaban medidos insultos.
—Trágate esa, cerdo carnívoro —le gritó una chica delgada con lentes y un corte de cabello espantoso. Otro chico al lado de ella, aún más delgado, también le gritó cosas.
Mientras disputaban el siguiente juego, Eddy estudió meticulosamente el estado de ambos. Al parecer todo marchaba como debía. Y debido a que nadie sospechaba, no se veía temeroso de que los jueces notaran algo. Aunque sí era de sorprender el simple hecho de que Rolf pudiera ganarle a Nazz en tenis. Rolf no había tenido tiempo de estudiar los movimientos de los tenistas profesionales en internet (ni siquiera sabía abrir el Explorer), pero incluso alguien tan poco culto como él sabía que este sería un torneo más de físico, en donde él tenía una grandísima ventaja.
Sorpresivamente, Rolf se llevó el juego siguiente, y el posterior, pese a que la jueza había intentado hacer otra de las suyas. Ahora iban 4 a 4.
—Esto se está complicando —suspiró Nazz. Se apoyó sobre sus rodillas, contemplando como Rolf daba saltitos para calentar para el próximo juego.
—Regla número uno, jamás subestimar al hijo de un pastor. Regla número dos, no hay más reglas.
—Ya empezó a hablar de nuevo —se quejó Kevin.
Mientras todos mantenían sus ojos pegados en el juego, Marie logró encontrar a Doble D mirando hacia ese punto a lo alto. Salvo que conociese a alguien en la grada más alta, juraría que se encontraba mirando al bastardo de Freddy. Sea lo que sea que tuvieran, la estaba matando de curiosidad. Ya no era solo porque se tratara de Doble D y de Freddy. De alguna y otra forma estaba decidida a averiguar su secreto.
Un incansable Rolf finalizó otro punto, poniéndose 5 a 4.
—Sí que se preparó para esto. No me imaginaba que Rolf le ganara —comentó Kevin, bastante sorprendido, y solo un poco abrumado.
—Ni yo —admitió Doble D, con un poco de amargura.
Nazz consiguió ponerse en ventaja en un juego, 40 a 30, pero sus piernas comenzaban a fallar. Comparándolas con las de Rolf, estaban al límite. El muchacho, por su parte, se había acercado con la jueza una vez más para quejarse por su raqueta. Esta le respondió que la veía en buenas condiciones y ordenó que regresara a jugar.
—¡Nazz, despiértate! ¡Rolf no sabe ni qué es un círculo, no te puede ganar! —le gritó Kevin de repente. Nazz se volteó a él. Doble D también.
—¿Eh? ¿Kev...? —murmuró ella. Su rostro se puso un poco rojo, y ella sabía que no era ni por el calor, ni por algún tipo de ira.
—Oigan... ¿Nadie va a apoyar a Rolf? —protestó Rolf.
—Oh... ¡Tú puedes, Rolf! ¡Sigue así! ¡Woo! —dijo Eddy sin ganas. Doble D se había quedado contemplando a Nazz durante el próximo juego. Al parecer, las palabras de Kevin de alguna manera le habían dado un poco más de energía a Nazz, aunque al final eso no alcanzaría.
La resistencia de Rolf fue tan arrasadora que terminó ganando 6 a 4.
—¡Final! ¡Rolf es el ganador y nuestro primer semifinalista!
—Sigo sin creérmelo —murmuró Kevin—. Carajo, yo aposté por ella con uno de los chicos de fútbol americano.
—El honor de Rolf se mantiene tan intacto como sus energías. ¡Para ustedes, degenerados! —le gritó a los chicos del consejo que estaban en las gradas y que se habían pasado todo el juego basureándolo. Rolf pasó por entre sus amigos. Detrás iba Nazz—. Gracias, Eddy muchacho, por aconsejarme participar en esta ceremonia.
—Te lo dije, amigo. No te ibas a arrepentir, solo mira. —Eddy lo rodeó con el brazo y le señaló hacia la tribuna en donde un grupito de bellas chicas populares lo saludaba. Si eso llegó a provocar algo en el impasible Rolf, solo él lo sabe. Nazz se acercó a ellos
—Hey, Rolf, eso fue increíble —murmuró la chica.
—Gracias a ti, chica Nazz. ¿Y ahora? ¿Quién será mi próximo infortunado oponente? —espetó un renacido Rolf. Kevin se tapó el rostro.
—Demos lugar al siguiente encuentro. ¡Lee Kanker contra Marie Kanker! —anunció Valeria.
Se levantaron al mismo tiempo. Marie ni siquiera tuvo que mirar a las gradas para saber que Mamá no se encontraba ahí. Lee siempre decía que Mamá trabajaba mucho para pagar la renta y las cuentas de casa, pero Marie tenía sospechas —fundamentadas en gran parte por su rencor rebelde hacia ella— de que se pasaba los viernes en esos bares del centro tratando de cazar a algún infeliz con dinero.
—¿Y bien, May? Llegó la hora de la verdad. ¿A quién de las dos vas a apoyar? —inquirió Lee.
—Sí, May. ¿A quién? —insistió Marie.
—A ninguna. Piérdanse. —May se cruzó de brazos y se giró a otro lado.
—¿Sigues enojada por lo del miércoles? Ya supéralo, ya casi eres adulta —se quejó Lee.
Marie pasó al lado de Doble D. Este le deseo éxitos en su juego. Ella respondió con un mesurado y corto gracias, y una mueca que intentaba no ser una sonrisa.
Los murmullos de aliento no estuvieron ausentes para las dos chicas. Silbidos de los populares hacia las hermanas se escucharon entre el público. Marie ahora lo recordaba. Habían hecho sus apuestas para ver quién de las dos pasaba a semifinales. El tipo de actividad que a personajes como Eddy le encantaba concretar. Pero eso llevaba a cierta cuestión. Si a Eddy le gustaba hacer negocios hasta por el aire que uno respiraba, ¿por qué no se encontraba él ahora en las gradas, rascando algún centavo de los niños platudos de Nueva Malibú, en lugar de participar en un deporte que ni ella ni Lee sabían que le gustaba?
Las cuestiones detectivescas se esfumaron con el pitido. El partido comenzó. Si la suerte estaba de su lado, Lee se habría olvidado sus reflejos en casa, ella le ganaría y pasaría a semis contra el ignorante de Rolf.
Pero la suerte nunca estaba de su lado. Lee se llevó el primer juego.
—Mierda —se quejó ella. Costaba bastante hacer que Lee se equivocara, y juraría que si no tuvieran ni una sola conexión de sangre, hasta podría ganarle.
Tras una serie de disputas en el que tuvo que sobreexigirse mucho, logró igualar 2 a 2. Su corazón latía con violencia. Otra vez se estaba agotando.
—Tranquila Marie, o te va a dar un infarto —se rio su hermana mayor, dándole a la pelota.
—¡No me fastidies! —Marie golpeó la pelota como un proyectil. Fue un tiro tan potente que Lee no pudo evitar que anotara. De todas formas, aún iba ganando 40 a 15.
Mientras tanto, en los confines de las gradas, Freddy observaba todo junto a Ed y a Bobby.
—Otra vez está perdiendo los estribos. Clásico de ella —comentó, mientras se sobaba la parte de la barbilla en donde Marie le había golpeado hace una semana.
Un chico de tercer año pasó por el pasillo detrás de ellos, anunciando los hot dogs en rebaja y promociones con soda.
—¡Eeeh! ¡Hot dogs! —exclamó Ed animado. Se levantó y fue tras el carrito.
—¿Jefe? —murmuró Bobby, con su gruesa voz.
—Sí, ten. —Freddy le dio un billete—. Ve. Ve y no fastidies.
—Gracias, jefe. ¿Traigo para usted también?
—¿Bromeas, Bobby? Prefiero la eutanasia antes que esa cosa grasienta en mi organismo. Por Dios.
Lee ganó 6 a 3. Marie regresó con la cabeza gacha hacia los lugares. Hacerse ilusiones con ganarle a Lee en algo era ser muy inocente, y a sus dieciocho años ya había aprendido que no todas las cosas se podían en la vida. Ella era mejor en muchos aspectos, por lo que simplemente suspiró y lo aceptó.
—¡Lee Kanker es la ganadora! ¡Jugará las semifinales contra Rolf Yonick! Y ahora... ¡Eddy contra Kevin!
—Le toca al ex enano —bramó Marie a Doble D, mientras se desplomaba en su asiento.
—Sí, lo sé... ¿Y tú cómo estás?
—¿Yo? Bien, supongo... Yo ya estaba condenada desde el sorteo... Mejor dicho, ya estaba condenada desde que Lee me vio nacer —respondió con una risa sarcástica.
Doble D la observó. Estaba casi desfalleciendo en su asiento, y usaba su mano como abanico mientras respiraba con la lengua afuera.
—Ehh... Te traeré agua. Quédate aquí —le dijo alarmado, yendo a buscar su botella.
Lee pasó por al lado de Eddy.
—No te vayas a cagar —le musitó ella al oído.
—Cierra la boca —siseó él. Pasó junto con Kevin hacia el campo. El segundo ubicó a su novia Nicole en las primeras gradas. Ella se encontraba junto a las demás porristas, chicas cuya alta influencia y belleza lograba intimidar a los chicos del vecindario.
—¡Suerte, Kev! —saludó ella agitando la mano. Algunas de sus amigas también le dieron ánimos al capitán de soccer.
Los que crecieron junto a ellos en el vecindario sabían de la gran rivalidad que mantenían Kevin y Eddy. En los pasillos eran conocidos como el primer popular y el tercero de aquel barrio, respectivamente. Uno de ellos era capitán de un equipo, mientras que el otro había saltado a la fama por los desafortunados eventos que lo llevaron a enfrentarse a su hermano mayor.
—¡Gánale, Lord Eddy! —escuchó el susodicho detrás de él. Allí estaban los chiquillos de primer y segundo año. Sarah y Jimmy se encontraban en primera fila, y al escuchar los murmullos de los niños, rompieron en risas.
—¿Lord Eddy? ¡Que patético! —se burló Sarah.
—¡Cuando derrotes al hermano de Eddy nos veremos! —espetó Eddy, girándose a ellos.
—Pasó hace cuatro años, ya deberían superarlo —comentó Jimmy. Llevaba una gorra con visera, que se veía muy grande para él, y un guante con forma de mano gigante que usaba normalmente para apoyar al equipo de béisbol.
—Oye, Lord Eddy. ¿Vas a jugar o no? —cuestionó Kevin, cruzado de brazos.
Doble D regresó con Marie y le dio de su botella. El fresco fluido corriendo por su garganta la encendió como un cigarrillo en la oscuridad. Se acabó todo el contenido antes de notar que la botella era de él.
—Espera. ¿Era tuya?
—Sí, pero no importa. Yo estoy bien.
—No, claro que no, idiota. Maldición, tú aún tienes que jugar, tengo que darte mi botella.
Eddy dio un resoplido tan fuerte, lo suficiente para poder librarse de la tensión y el temblor que llevaba acumulando debido a su encuentro contra Kevin. Este sí sería a mano limpia. Sin ayudas de por medio. Él no las necesitaba para ganarle.
Valeria le guiñó el ojo. Con el silbato, indicó el comienzo del tercer encuentro.
—¡Vamos, Eddy! —gritó Ed desde arriba.
El físico de Kevin colisionó de lleno contra la agilidad de Eddy. En altura eran muy parecidos; Eddy era ligeramente más bajo que Kevin, pero contaba con mayor rapidez en sus movimientos.
—Parece que será un encuentro muy reñido. ¿Tú qué piensas, Marie? —preguntó Doble D. Se dio la vuelta y vio que ella ya no estaba—. ¿Eh? ¿Marie?
Doble D supuso que se había ido al vestuario de mujeres por su botella de agua para dársela. Le conmovía lo buena que podía ser en ocasiones, pese a que ella insistía en que estaba lejos de ser una buena persona. Sin pensar más en ello se concentró en el partido.
El encuentro ib favor de Kevin cuando la raqueta de Eddy comenzó a romperse.
—¡¿Qué mierda?! —El tiro salió mal y cayó afuera. Punto para Kevin—. ¡No es justo! ¡Esta raqueta de porquería se rompió!
Un asistente se acercó a Eddy y le dio una raqueta nueva. Curiosamente también presentaba un par de hilos deshilachados. «Esos descerebrados me quieren afuera a toda costa. Maldita sea», pensó él.
Eddy logró manifestar su furia en su rendimiento, logrando colocarse 3 a 2.
—Carajo, ¿cuánto falta?
Luego Kevin comenzó a ganar terreno, mientras que Eddy lo fue perdiendo. Rápidamente llegaron al 3 a 3.
—¡Oye, Eddy! ¡Tienes que mantener la concentración! —le gritó Doble D.
Concentración. Un indispensable recurso, que en este mismo momento parecía desaparecer en el horizonte, abandonándolo a su suerte. Eddy se veía incapaz de pensar con claridad debido a todas las cuestiones que se encontraban danzando y revoloteando en su cabeza. Ganar el partido, cumplir con Freddy, frustrar al consejo, ganarle a Kevin o no dejar que Kevin le ganara... Encontrar a esa chica y a sus amigos.
—¿Qué sucede, ex enano? —dijo Kevin, mientras lograba su quinto juego.
Durante los próximos minutos, Eddy vio, lleno de desesperación, como el partido se le terminaba de escapar de las manos. Hubo períodos en los que parecía ponerse en ventaja, pero a la pelota siguiente Kevin se recuperaba. Todo eso le generó una frustración aún más grande que le jugó en contra; cada pelota que tocaba se iba afuera.
Fueron los minutos más angustiantes. El partido termin favor de Kevin.
—¡El ganador es Kevin Graells! ¡Nuestro tercer semifinalista! —anunció Valeria.
Sin dejar de temblar, Eddy regresó con los demás, incapaz de levantar la cabeza. Un nudo había obstruido su garganta. Kevin prefirió no echar más leña al fuego, por una cuestión de honor, por lo que lo dejó en paz. Doble D fue el primero en acercarse a él.
—Eddy, lo hiciste bi...
—Cállate —respondió este. Se apresuró en regresar al vestuario, evitando devolverle la mirada a alguien. Salió por el túnel, al mismo tiempo que regresaba Marie, quien ahora se encontraba vestida normalmente. Llevaba en su mano la botella que había traído para Doble D.
—¿Qué le pasa a Eddy? —les preguntó a sus hermanas.
—Perdió contra Kevin. Oigan, ya es mi turno, chicas —respondió May.
Todavía preocupado por su amigo, Doble D tomó un gran sorbo de la botella y caminó con May hacia el campo. Las sensaciones que se iban manifestando en la boca de su estómago comenzaban a incomodar. Definitivamente no era como ayer; hoy hasta su madre lo estaba mirando. A su lado también estaban su tía y su primo, ahora acompañados del elocuente Liam. Y ahora que Ed y Eddy habían quedado afuera, se sentía bastante inseguro, pese a que aún quedaban de pie Rolf y Kevin, los dos tipos más rudos del barrio.
May miró hacia arriba e intercambió saludos con Ed. Motivada por un impulso pasional, le dedicó un corazón con las manos, pero rápidamente la deshizo y miró hacia otro lado.
Valeria dio el pitido, al mismo tiempo que Eddy regresaba con los demás. Aún tenía los ojos hinchados, pero ya se veía sereno.
—No es para tanto, ¿sabes? Solo es un estúpido juego —le murmuró Lee de repente, al darse cuenta de que había estado llorando.
—No tienes idea de nada, Lee —replicó Eddy, con voz ronca.
—No, supongo que no. Voy a esperar a que llores de vuelta cuando May derrote a Doble D y tengas que darme los veinte dólares que apostamos.
—Por favor. Hoy no estoy de humor...
Cuando Doble D consiguió el primer juego, Eddy se puso a gritar como condenado, desahogándose.
—¡Siii! ¡Así se hace, hermano! ¡En tu cara, Lee Kanker! ¡Ve preparando esos veinte dólares! —vociferó hacia la chica.
—Púdrete —respondió Lee. Marie le dio una mirada de odio al chico.
May logró el empate rápidamente.
—¿Qué tal ahora, Eddy? —se burló Lee.
Pero Eddy no se mostraba fastidiado. Por el contrario, se veía seguro y confiado en que su amigo ganaría. Demasiado seguro.
Para alguien tan perceptible en materia de organismo como Doble D, los cambios que experimentó con respecto al partido de ayer no pasaron desapercibidos. Ni siquiera para Marie, quien no despegaba los ojos de él. Con el pasar de los juegos que fue ganando, May se veía más cansada, pero dentro de un rango normal y razonable. Él en cambio se sentía igual de fresco que al principio. Marie pudo notarlo porque a ella también le ocurría lo mismo. Hace un rato había estado al borde de un infarto a causa del agotamiento, pero en cuanto tomó de su agua comenzó a sentir como su cuerpo se hidrataba, y como cada uno de sus músculos se reactivaba. Y cuando se encontraba bañándose con la fría agua en el vestuario, ya se sentía como nueva.
—No puede ser. ¡No puede ser! —May comenzó a perder la paciencia al ver como Doble D dominaba todas las jugadas.
—¡Oye, May! ¡Deja de lloriquear y ponte a jugar! —le ordenó Marie.
Todo terminó cuando Doble D ganó su sexto juego. Terminaron 6 a 5.
—¡Doble D gana! ¡Doble D es el ganador y jugará las semifinales contra Kevin!
Sin pensar en nada más, Doble D vio hacia donde estaba su familia. Su mamá le hizo el corazón con los dedos. Clark le dio pulgares arriba. Allí en la última grada, Ed también lo saludaba. Freddy por su parte solo mantuvo su mueca maquiavélica.
May se sentó en el suelo y se puso a llorar. Doble D se acercó a ella y le dio su mano.
—Debo admitir que fue muy difícil, tu potencia casi me derrota. Fue un gran juego, May. Gracias.
—Doble D... —Se secó una lágrima y dibujó una sonrisa.
—¡Eso fue estupendo! ¡Estuviste genial, Doble D! —lo recibió Nazz cuando este ya se encontraba de regreso.
—Sí... Fue difícil, pero pude hacerlo —comentó rascándose la nuca. En realidad, no había quedado tan agotado como si le ocurrió con Susan, pero no quería hacer sentir mal a May—. Aunque a decir verdad, no sé si pueda con Kevin.
—Creo que nada me daría más gusto que verte ganarle a Kevin.
—Eso me da más motivación para hacerlo. —Él sonrió. Las miradas de ambos se encontraron por tendidos segundos. Eddy interrumpió.
—Así se hace, maestro. La dejaste llorando. Estoy orgulloso de ti, amigo, ya eres todo un hombre —le dijo, poniéndole una mano en el hombro.
—Oye, no digas eso, Eddy —se quejó Nazz.
—Ya, ya, como sea. Nena, dentro de un momento verás a este hombre humillar y hacer llorar a Kevin por haberte hecho llorar. Tenlo por seguro.
—Ya, Eddy —se quejó ahora Doble D. Nazz rio.
—En eso sí estoy de acuerdo—opinó ella. Doble D se ruborizó, pensando en que ahora ganarle a Kevin no era un desafío, sino una orden, dictada quizá por su irracional e inmaduro ser. Además ahora se sentía como si pudiera enfrentarse a cualquiera, por extraño que sonara.
—Bueno, ahora que soy la única que queda en pie, lo menos que pueden hacer es apoyarme. Aunque si no lo hacen me da igual —les dijo Lee a sus hermanas.
Lo último que escuchó Marie fueron las palabras de sus hermanas. El agua de Doble D le había parecido extraña, y estaba segura de que él también lo habría notado. Se preguntó si le había puesto algo. Algo que le ayudara a ganar su partido. Luego resolvió, reprendiéndose a sí misma, que él jamás haría algo así para ganar. Eso la regresaba al punto de partida, en donde seguía sin saber nada de nada. Pero ahora tenía una idea de en donde podría encontrar respuestas.
—Meh. Como sea —repuso Marie, alejándose por las gradas.
—¿A dónde vas, Marie? —preguntó May.
—A caminar por ahí. Vuelvo en un rato.
Tratando de pensar en otra cosa que no sea en Doble D coqueteando con Nazz, Marie salió por el túnel. Tenía algo mucho más importante que hacer. Desde afuera los parlantes reflejaron la voz de Valeria:
—¡Señoras y señores, tenemos a nuestros semifinalistas!
Solo quedaban cuatro de ellos. Y Eddy, al oír de nuevo esos nombres, sintió escalofrío en todo su cuerpo. Las había eliminado a casi todas. Solo quedaba una chica, y si la eliminaba a ella también, la misión estaría cumplida.
Rolf vs Lee. Kevin vs Doble D.
