Porque todo lo malo que podía ocurrir en esa tarde de otoño, terminó por ocurrir, con la naturaleza y la espontaneidad con la que se daban las cosas entre dos jóvenes que estaban destinados a involucrarse, o con la que las guerras en el mundo se desataban, o con la que el universo se expandía sin fin. Nadie podría asegurar si solo fueron espectadores de lo inexorable de aquel desenlace establecido, o si fueron los agentes precursores que llevaron las cosas a ese punto sin retorno.
El partido por el tercer puesto apenas tuvo atención del público. Fue más bien recibido como un intervalo para la final. Nazz, May y Eddy fueron a las duchas. Este último vio a Billy en la puerta del vestidor, vigilando como un soldado inglés, impasible e implacable en su labor. Lee y Marie, por su parte, se encontraban cruzadas de brazos en la zona de participantes, sin nada más que hacer.
—¿Tú dónde estabas? —interrogó Lee. A un lado de ella, Marie se sacudió por la sorpresa.
—¿Qué? Fui a bañarme.
—Me refiero a cuando jugué contra Rolf. No recuerdo haberte visto.
Marie rodó los ojos.
—Ay, lo que me faltaba. ¿Ahora jugarás a ser Mamá?
—Solo te hice una pregunta. No es por presumir, pero te recuerdo que desafortunadamente, como hermana mayor es mi deber controlar hasta cuando van al baño.
—Qué considerada —replicó Marie con sorna.
—Tampoco es por presumir, pero ya sé que fuiste a espiar a Freddy.
El pequeño sobresalto de Marie confirmó lo innegable.
—¿Qu...? ¿De dónde sacas eso? ¿Y por qué iría a espiar a ese idiota?
—Tú dime. Eres la interrogada. Pero no te preocupes, nadie sabrá nada.
—Imbécil.
Marie se giró a otro lado para demostrar su fastidio. Lee meneó la cabeza. Realmente lamentaba tener dos bebés por hermanas.
—¿Dónde estuviste durante mi juego?
—No te importa.
—¿Exactamente qué quieres saber de Freddy?
—No te importa.
—¿Tiene que ver con Doble D?
—No te importa.
—Tengo algo para extorsionar a Freddy.
—No t... ¿Qué?
—Sabes de qué hablo —le dijo ella, guiñando un ojo—. Pero si no te interesa...
Lee se estaba por ir, pero Marie la detuvo.
—Oye. Espera... De acuerdo, no quiero que le digas de esto a nadie.
Marie reconoció con algo de impotencia la odiable mueca de victoria que se formó en el rostro de Lee.
—No hay problema... ¿Y May?
—Solo a ella. A nadie más.
—Bien. Hablaremos después del torneo.
Su hermana mayor le palmeó la cabeza. Marie solo se limitó a mirarla con ira.
Kevin gan se quedó con la medalla de bronce, la cual le sería entregada al final del torneo, junto con la coronación.
El encargado del sonido ambientó el intervalo con música del gusto de las generaciones de hoy. Ese género latino que era amado por muchos y odiado por muchos. O eso fue lo que oyó Eddy desde afuera, sin escucharlo realmente. Había algo que lo había estado perturbando desde hace unos minutos, más exactamente desde que Freddy le sugirió usar el láser para cegar a Lee. Hasta ahora no había tocado a las chicas. Todo lo que hizo fue darles ayuda a sus amigos, potenciando su resistencia para equilibrar las cosas. Atacar de lleno a Lee sería cruzar la línea, y sin ninguna duda Doble D lo impediría a como diera lugar. Pero él no tenía que saberlo, ¿o sí?
Eddy encontró a Valeria conversando por teléfono con una amiga de Boston. Estaban hablando sobre lo patán que era el novio de su amiga, entre otras cosas de las que hablarían dos mujeres de su edad. Varios años en la tierra de las oportunidades se habían encargado de borrar parte de su acento español. Esperó a que terminara y se acercó a ella.
—Oh, Eddy. ¿Qué te cuentas?
—Val. ¿Puedo preguntarte una cosa? ¿Que nada tiene que ver con el torneo?
—¡Ay! ¡Hace años que no me decías Val! —exclamó ella, conteniendo el impulso de agarrarle una mejilla.
—Tal vez porque hace años que no te veo.
—Ah... Oh, claro. ¿Y qué querías preguntarme?
Eddy lo meditó por un instante. Era estúpido preguntarle justamente a ella, pero si había algo que necesitaba en este momento era una guía.
—¿Está bien... hacer trampa por una buena causa? Es decir... No lo digo por mí, yo no hice trampa, pero...
—¿Qué? ¿Trampa? Pero ¿por qué me preguntas eso? —Valeria se volteó al estadio con expresión torva—. ¿Quién fue? ¿Quién lo hizo?
—No, no es sobre el torneo. Es solo que... tengo esa duda. Ya sabes, un caso hipotético —continuó, comenzando a reír a causa de los nervios.
Valeria no se creyó eso, lo percibió como una confesión de algo. Sin embargo, decidió no confrontarlo. Sea lo que sea que tuviera Eddy en mente, ella no sabía nada de eso, y el problema podría ser aún más complejo de lo que parecía.
—¿Sabes, Eddy? Antes de hacer nada primero deberías pensar en qué tan necesaria es esa causa. En primer lugar, si es realidad es buena, ¿por qué necesitas hacer trampa para alcanzarla?
Fue más certero que un pelotazo al rostro, de los tantos que sufrió. Eddy se quedó sin palabras. Más allá de que desde el inicio él sabía que los medios no serían precisamente misericordiosos, hasta ahora no había notado todo lo que ya habían hecho. Solo bastaba mirar hacia atrás.
—Yo... Bueno, pues...
—Terry solía hacer mucho de eso. Y lo que comenzó como un simple juego de niños haciendo travesuras por una buena causa terminó por transformarlo en un delincuente juvenil. Pero tu aún eres joven. No tienes que seguir sus pasos. —Eddy no supo qué decir. Valeria solo le obsequió una sonrisa—. Oye, ya se está haciendo tarde. Volvamos al torneo, deprisa.
Fue detrás de ella. La vio regresar con su andar despreocupado y alegre. Parecía alguien que sabía lo que hacía y a donde iba, alguien que le inspiraba confianza. No tanta como para ser su mejor amiga, pero si como para conseguir emular a la hermana mayor que nunca tuvo. O mejor dicho, al hermano que nunca tuvo. Sin saber del todo que hacer, Eddy regresó al estadio, con las manos en los bolsillos y sin haberse decidido.
Cuando estaba por entrar, recibió un golpe en la nuca, y se desplomó en el piso.
Doble D se detuvo frente al interior y dio un gran suspiro. Ya se había acostumbrado al estruendoso sonido ambiente del público y a los casi distorsionados parlantes vociferando desde arriba. El reparto de música había pasado del latino, hasta el pop. En un momento pasaron una canción de Iron Maiden. Doble D recordó que Jason, el portero del equipo de fútbol y un apasionado metalero declarado, había mencionado ser amigo del DJ, y había revelado que se infiltraría a poner música de la buena.
La canción terminó. Volvió a aparecer Valeria, recibida en aplausos y silbidos, y acompañada de un sujeto que llevaba una carretilla sobre la que se hallaba un objeto enfundado con una manta.
—Ta-tan, ta-tan. Adivinen que tengo aquí.
El sujeto dejó la carreta frente a la pista, entre la zona de participantes y el extremo de la red. Valeria quitó la manta. El público se rindió en más gritos.
El trofeo era de un material que imitaba bien al oro. Era de un tenista blandiendo la raqueta sobre la base de lo que sería el trofeo. Todos aplaudieron, a excepción de los del consejo, que por alguna razón lo abuchearon con algo de fervor.
Doble D sintió escalofríos una vez más. No tenía idea de cómo es que terminó jugando la final de algún deporte, pero ahora todo lo que quería era no perder.
—¿Creen que sea oro de verdad? —preguntó May.
—Sí, y la luna es de queso —respondió Marie.
—¡Damas y caballeros, que comience la final! Pasen, por favor —indicó Valeria. Doble D y Lee pasaron al mismo tiempo, uno a cada lado del trofeo. Lee estiró el brazo y tocó el trofeo, despertando murmullos en algunas gradas.
—¡No! —gritó May.
—Tocar el trofeo es de mala suerte, ¿no? —preguntó Nazz.
—Confirmado, Doble D campeón. Vámonos de aquí —aseguró Kevin.
—La maldición recaerá sobre la chica Kanker en el juego —vaticinó Rolf, con un fallido tono sombrío.
—Son unos tarados, nada de eso es real —le musitó Marie a May.
Doble D y Lee se colocaron frente a la jueza. Esta sacó una moneda, pero a diferencia de las veces anteriores, fue ella quien hizo el sorteo.
—Vincent cara, Kanker cruz.
No fue de sorprender que saliera cruz. Doble D pensó en Eddy y en cómo se habría indignado por eso.
—Por todos los cielos. Creo que voy a morir aquí mismo de los nervios. Este lugar no es digno de verme perecer. ¿Dónde está el agua que pedí, Bobby? —insistió Freddy, tomándose la frente con su mano.
—Enseguida, jefe —respondió, levantándose a buscar al vendedor de refrescos.
Lee se preparó para sacar. Valeria tomó el silbato que colgaba de su cuello, a una altura indiscreta, y que hasta ahora no había usado. El ruido ambiente había menguado hasta verse reducido a sólo los gritos de un par de tarados del equipo de fútbol. Todos esperaron, con suspenso, el silbatazo. Todo se definía aquí.
Se pudo escuchar el viento otoñal soplar. La tensión fue visible.
Y entonces...
Suena el silbato. Lee saca. El público estalla. Doble D devuelve. Lee se adelanta 15 a 0, luego 30 a 0. Doble D descuenta 30 a 15 y luego empata 30 a 30. Lee vuelve a sumar 45, matchpoint. Doble D empata y vuelven 40 a 40. Doble D avanza al matchpoint pero Lee anota. La secuencia se repite y se repite, alargando el juego que se niega a concluir.
—De verdad, no sé de dónde saca toda esa energía Doble D —admite Kevin.
Doble D llega al matchpoint y vuelve a anotar. El público estalla.
—¡Eddward 1, Lee 0! —anuncia el locutor.
—¡Sí! ¡Bien hecho, Doble D! —grita Nazz.
—¡Bien, chico Doble D! —grita Rolf.
La mitad del estadio lo celebra. Se percibe un favoritismo masculino de los populares hacia Doble D.
—¡Sí! ¡Sí! ¡Ese es mi primo, perras! ¡Wooo! —exclama Clark detrás de ellos.
—¿Qué? ¿De dónde salieron ustedes? —pregunta Kevin.
—Aquí se ve mejor. Y nadie está vigilando así que, nos infiltramos —explica Liam, blandiendo el paquete de papas fritas que había comprado en las gradas—. ¿Alguien quiere papas?
Kevin y Nazz meten la mano en el paquete al mismo tiempo. El contacto es electrizante. Se miran, y luego apartan sus manos y sus miradas, incómodos.
—Rolf quiere. —Rolf aprovecha para meter su gran mano, tomar cinco, metérselo a la boca y comenzar a masticar con desparpajo.
—¿Alguno vio lo del sorteo? Hicieron perder a Doble D —declara Clark, tomando también papas. Había preferido decir que perjudicaron a su primo que decir que favorecieron a Lee, para no herir susceptibilidades.
—¿De qué hablas, rellenito? —pregunta Kevin.
—Esa moneda tenía cruz en los dos lados. Lo he visto muchas veces en los clubes de juegos.
—Pero... ¿por qué querrían hacer perder a Doble D? —pregunta Nazz, intrigada.
—¡No te desanimes, Lee! ¡Tú puedes ganarle! —grita May—. Oye Marie, di algo.
Marie no responde. Solo se queda mirando en silencio el partido.
—¡Eso es, Doble D! ¡Muéstrales quien manda! —exclama Ed desde arriba. Freddy solo mira callado, de brazos cruzados y esperando el contragolpe.
—Harán algo. Solo es cuestión de tiempo para que metan sus largas garras una vez más, Ed.
Lee vuelve a sacar, Doble D responde. Algo le molesta a la vista. Lee se pone en ventaja rápidamente.
—Ahí están, Ed. Rápido, ve y acaba con los linterna verde —ordena Freddy.
—Sí, capitán —responde, haciendo la señal de soldado.
Pensando en su deber como amigo, Ed parte, mientras Freddy se lleva una mano a la frente y usa la otra para llamar a Eddy, quien no atiende.
—Maldición, atiende el maldito teléfono. —No hay respuesta. Mientras tanto, Lee consigue el matchpoint—. Maldita sea. Voy a morir.
Doble D anota y vuelven a estar 40 a 40.
—Me va a dar un infarto... —admite Nazz—. Oigan... ¿Dónde está Eddy?
Rolf y Kevin se giran entre sí.
—Es cierto —dice Kevin, advirtiendo la ausencia de Eddy—. Ahora mismo debería estar aquí gritando como loco y exigiendo que se la chupemos a Doble D.
—Eso le encantaría a Kevin —musita May a Marie, arrancándole por fin una mueca de risa.
Por la entrada al sector se aparece Nicole.
—¡Kevin! —exclama ella, corriendo a plantarle un gran beso en los labios, en frente de Rolf y Nazz.
—A eso lo llamo intensidad, viejo —comenta Liam.
—Ehh, yo voy al baño —dice Clark.
—Vamos los dos. He visto chicos populares en las afueras del estadio. Y además también quiero ir —propone Liam, yendo con él.
—¿Qué haces aquí? —pregunta Kevin a Nicole.
—Quise venir a verte un rato. Me aburre estar siempre con ellas —le dice ella. Kevin responde con otro beso, que es abruptamente cortado cuando la multitud vuelve a estallar. Lee ha empatado. Las del equipo de fútbol femenino, quienes apoyaban a su portera, celebran este punto.
—¡Lee 1, Doble D 1!
—Ah, que bien —se regodea Kevin—. Hasta aquí llegó la suerte, Cabeza de Calcetín.
—¡Sigue así, Lee! —la anima May. Marie todavía permanece en silencio.
Todo comienza a formarse como un horizonte en la oscuridad. Una línea que desaparece con cada parpadeo y luego regresa, intermitente. Eddy tiene la sensación de haber experimentado un largo y osado sueño, aunque no haya ni registros de recuerdos. Luego, el ruido. Luego, un empujón. Al moverse escucha el estruendo del follaje que lo rodeaba. Una persona lo desata y otra le quita la mordaza.
—¿Estas bien, Eddy? —pregunta Clark.
—Oye, viejo. ¿Quién te hizo esto? —pregunta ese canadiense loco cuyo nombre no podía recordar debido al golpe.
—¿Qu... qué?
—Seguro fueron esos bravucones. Lo sabía, ya están encima de nosotros. Oh, Dios, ¿qué hemos hecho? —dice Clark.
—No, parece más un ataque de locas... lo que es más aterrador —opina Liam, inspeccionando su rostro—. Pero al menos no lo dejaron en un contenedor de basura, como hicieron las Kanker conmigo.
—¿Qué? —Eddy termina de reaccionar. Lo habían atado en unos arbustos, al pie del estadio—. ¡No, viejo! ¡Me la hicieron! ¡Esos desgraciados me la hicieron! ¿Y el partido? ¿Quién ganó? ¿Qué pasó?
—Tranquilo, amigo. Relájate. Recién ha comenzado —le dice Liam.
—Van 1 a 1, pero...
—¡Carajo! —grita Eddy, terminando de quitarse las sogas que lo tenían atado—. Escuchen, alguien quiere que Doble D no gane. Lo van a fastidiar con lasers y trampas.
—¿De qué hablas, Eddy? —pregunta Clark, levantando una ceja.
—¿Es que no entienden? —insiste Eddy—. Me volvieron a atacar. Alguien me atacó para que yo no pueda ayudar a Doble D.
—¿Van a atacar a Doble D? —vuelve a preguntar su primo, comenzando a entenderlo.
—¡Sí! Bueno, no de esa forma. Lo van a cegar con lasers para que pierda el juego. Solamente... —Eddy se mete la mano en el bolsillo izquierdo, donde se supone que debía estar el elixir. Y ya no estaba—. ¡¿Qué?! ¡Maldición! ¡Me robaron! Me robaron de nuevo. ¿Por qué siempre me roban a mí, maldita sea?
En ese momento suena el teléfono de Eddy. Atiende.
—¡Al fin! ¡Dios salve a la reina! —suspira Freddy.
—Fui atacado... No sé, no pude ver. Oh, mierda. De acuerdo. Ya voy para allá. —Cuelga—. Vamos —les ordena a los chicos.
—¿Tienes idea de qué estaba hablando? —pregunta Clark.
—No sé, pero se va a poner interesante —responde Liam, quien decide seguir a Eddy, pero no sin antes pasar por el baño.
Lee se pone 2 a 1. Luego, con ayuda de otra pelota en la línea, se pone 3 a 1. Doble D la alcanza 3 a 2.
—Nada mal, Doble D —le dice Lee—. Aunque ambos sabemos que esto no es normal y que en condiciones normales ya te habría ganado. Es más, en condiciones normales dudo que hayas podido llegar a la final. ¿Cuál fue tu truco?
—Solo di lo mejor de mí y traté de jugar de manera inteligente.
La dura verdad es que Doble D sabe que esto no es normal, y es peor ahora que Lee lo sospecha. Es sencillo concluir que Eddy tiene algo que ver en esto. Él y Freddy. Un arbitraje inclinado, raquetas deshilachándose y más de tres sujetos obstruyendo su visión con linternas, contra una sustancia potenciadora a su favor. No le agrada, pero a estas alturas lo único que puede hacer es seguir jugando.
—Si tú lo dices... —dice Lee, pensando sorpresivamente en los veinte dólares que le debe a Eddy. Veinte dólares es lo único que piensa perder hoy—. Aunque me parece que fue Eddy quien lo hizo, ¿no crees?
—No entiendo —responde él.
—Pfff... Mientes igual de mal que Marie. Toma.
Lee vuelve a jugar. Doble D responde, pero esta vez empieza a sentir una leve sacudida en todo su cuerpo. Al ponerse 40 a 15, comienza a caminar y lo percibe. Hace mucho tiempo que no había realizado tanto ejercicio, e indudablemente cuando termine, le tocaría pagar el precio.
Doble D está por llegar a su tercer juego, pero de nuevo algunos graciosos lo atacan con lasers en la vista. Una pelota le golpea en la cabeza.
—¡Oye! ¡Deja de hacer tonterías y juega bien! —le exige Lee, quien aún no termina de notar lo que pasa.
Algunos de las gradas de populares comienzan a reír. En ese momento Eddy llega con los demás.
—¿Dónde estabas, Eddy? —interroga Nazz.
—No hay tiempo para explicar. Kevin, Rolf. Alguien está jodiendo a Doble D con lasers.
—¿Qué? ¿Lasers? —pregunta Rolf, como si nunca hubiera escuchado esa palabra.
—¿De dónde sacas eso? —pregunta Kevin.
—Hace un momento Doble D recibió un pelotazo en la cabeza. Debe ser por eso —informa Nazz.
—Eso es porque los del Consejo le están jodiendo la vista, igual que le ocurrió a Rolf —responde Eddy.
—Esas del Consejo ya nos joden la vista con su fealdad —brama Kevin, haciendo que Rolf y Nicole se echen a reír.
—Esto es en serio. ¿Y Jonny? ¿Dónde está Jonny? —pregunta Eddy, girándose a los lados.
—No lo sé. Hoy no lo he visto. Creo que ni siquiera vino —responde Nazz.
—Qué extraño... Bien, yo voy a buscar a los de las linternas. El que quiera un poco de acción que me siga. —Eddy se va.
—¿Y perderme lo que queda de la final? Olvídalo, maestro —dice Kevin, rodeando con un brazo a Nicole.
Lee anota. 4 a 2.
—¡Sí! ¡Bien hecho, Lee! —celebra May—. Aplastando a los Eds, como en los viejos tiempos, hermanita —le dice a Marie.
—Están perjudicando a Doble D.
—¿Qué?
—¿No viste el pelotazo de recién? Alguien lo está molestando con linternas.
Eddy atraviesa los pasillos de manera frenética. Sin poder evitarlo, choca con un grandulón. Dándose por muerto, levanta la vista, para encontrarse con la expresión estupefacta de Ed.
—¿Eddy? ¿Dónde estabas? —pregunta él. Eddy respira.
—No hay tiempo para explicaciones. ¿Ya encontraste a los de las linternas?
—Eh... no... Ni idea —responde, rascándose la nuca.
—Me lo imaginaba. Muévete.
Liam llega en ese momento.
—Aquí hay uno —informa. Eddy pregunta dónde. Liam señala a su izquierda—. Ese de ahí que no se mueve por estar concentrado. ¿Ves las sandalias?
—Ah, sí. Y está escoltado por otros dos gorilas. A este también tendré que arrojarle bebidas.
—¿Arrojarle bebidas? Tengo una mejor idea. —Liam se acerca a Eddy y le resume su plan al oído.
—¿Estás loco? Morirás.
—Para nada. Un sacrificio por mi nuevo hogar es lo que corresponde —sostiene Liam, golpeándose el pecho.
—Suenas igual que Billy.
—Escucha, Eddy... Tuve algo de responsabilidad esa noche en el bar, así que creo que es lo mínimo que debería hacer.
Eddy mira de nuevo hacia las sandalias del objetivo. De pronto siente una rabia inmensa. Doble D no le había hecho nada a ninguno de esos imbéciles, pero ahí están. Fastidiando su única oportunidad de tener fama y reconocimiento.
—De acuerdo, hagámoslo.
Liam sale a las gradas. Doce segundos después vuelve a entrar a toda prisa. Le arroja la linterna, y Eddy lo atrapa por la mínima, alcanzando a ocultarlo. Liam se va corriendo por el pasillo, perseguido por los dos matones y el flacucho.
—¡Libertaaaaad! —se lo escucha gritar antes de desaparecer en una esquina.
—Excelente, funcionó —celebra Eddy. Mete la mano en el bolsillo para sacar otra linterna, que sorpresivamente no le habían robado—. Ed, toma. Súbete hasta arriba y busca a los demás objetivos para cegarlos, y ten cuidado con que te vea alguien.
—Entendido, Eddy. ¿Y tú qué harás?
—Yo los buscaré por los pasillos —responde. Es mejor decirle eso a revelarle que iba a darle a Lee. Ed es capaz de contárselo a su vieja nueva amiga May, quien de seguro no se quedaría de brazos cruzados.
Eddy vuelve a salir. Lee estaba dominando. Con solo verla sabe que era lo que había pasado. Quien quiera que lo haya atacado, le había robado la sustancia para dársela a Lee y así darle la misma ventaja. Era un duelo de poderes iguales, con la diferencia de que al que bombardeaban era a Doble D. Pero eso iba a cambiar ahora.
—De esto se trataba, Val. Ya no tenemos alternativa.
Eddy atraviesa los pasillos de nuevo, para apostarse en el sector en donde se encontraban sus seguidores, o lo más cercano a sus seguidores. Los chicos de primer y segundo año ocupan gran parte de las gradas inferiores y frontales a la jueza. Sarah y Jimmy están en primera fila, junto con los mayores, y acompañados por ese niño loco de Willy. Eddy va y se escabulle dos escalones sobre ellos. Le da la mano a varios chicos de primero que se acercan a saludarlo.
—Bueno kids. Escuchen. Alguien está molestando a Doble D con linternas, pero afortunadamente yo conseguí otra, y ahora voy a molestar al gracioso. Si alguien con cara de malo se acerca, ya saben qué hacer.
—Entendido, Lord Eddy —dice uno de los niños que estaban al frente. De fondo se alcanza a oír la risa socarrona de Sarah.
Han sido muchas mentiras en tan poco tiempo. Eddy prepara, apunta, y dispara, logrando darle a los rizos que protegían los ojos de Lee, ojos que tuvo el honor de ver muchas veces.
Lee se despista y Doble D logra anotar. 2 a 4 abajo, 40 a 30 a favor.
—¿Viste eso? —pregunta Marie.
—¿Que? —responde May.
—Ahora le están dando a Lee.
—¿Eh? —May se apoya sobre la cabeza de Marie para ver mejor—. ¡Ey! ¡Es verdad! ¡Alguien la está molestando!
—¿Lo viste?
—¡Aguanta ahí, Lee! —May tira de Marie, llevándola casi a rastras—. Vamos, Marie. Vamos a acabar con quien esté fastidiando a Lee.
Doble D anota. 4 a 3, todavía debajo de Lee. Los niños festejan; muchos de ellos tienen favoritismo por el segundo Edward.
—¡Acaba a esa Kanker, Doble D! —le grita Sarah.
—Esto es aburrido —murmura Willy mientras se acomoda sus grandes lentes. Jimmy da otro gran bocado a su paquete de nachos con queso derretido—. No sé por qué accedí a venir.
—Aburrido es vivir pegado a la computadora. Cállate y vive un poco, cara de pecera —le reprende Sarah. Willy se encoge en su asiento y se cruza de brazos.
Ed se desespera al ser incapaz de encontrar a alguien con linterna. De pronto una mano se posa en su hombro. Es Jonny.
—Aquí estás, Ed. ¿Dónde está Eddy?
—Eh... dijo que iba a robar más linternas para el contraataque —responde Ed. Jonny saca una linterna.
—Se lo robé a otro de los del Consejo. Hay dos más en las primeras filas y tres por los pasillos, pero Billy ya se está ocupando de ellos —le informa Jonny, indicándole dónde se hallaba cada cual.
—Gracias —dice Ed. Apunta a los objetivos y dispara, al grito de—: ¡Mueran, tramposos!
Doble D no puede dejar de temblar. La raqueta se sacude como una rama por cada pelota que golpea, poniéndolo aún más nervioso. En cualquier momento comenzaría a fallar, y eso era inminente.
Anota 15 a 40, luego 30 a 40, luego 40 a 40, pero entonces su brazo se niega a seguir respondiendo, y otra luz verde atraviesa sus ojos. Matchpoint para Lee, que también parece fastidiada. Doble D anota y siguen 40 a 40. Pero Lee logra anotar dos veces más.
Lee 5, Doble D 3.
—Se acabó. El Doble Tonto se quedó sin nada —dice Kevin.
—¿Qué está pasando? —se pregunta Doble D. No está agitado, ni se siente cansado. Lo que le ocurre es otra cosa. Su cuerpo está dejando de responder. Siente que está a punto de ocurrir un suceso inexplicable.
—Mierda, mierda, mierda. Lee va a ganar, mierda —masculla Eddy. Él también está temblando, pero de adrenalina—. No, señor. No se saldrán con la suya.
Jonny desciende hasta las gradas más bajas, frente al sector de los primeros años, donde estaba Eddy. Desde allí, prosigue fastidiando a otro chico con láser. Así hasta que una mano (la de Billy) le arrebata el arma a éste. En esos segundos puede darse el lujo de buscar a otro más.
—Excelente, Billy —dice—. Todo marcha sobre rue...
Una mano lo toma de la playera y lo arrastra dentro de las gradas. En dos segundos, se encuentra en la misma oscuridad. En las penumbras, dos rostros enfurecidos lo escrutan. Son las Kanker.
—¡Tú! ¡Tú estás jodiendo a Lee!
Antes de poder reconocer esa voz, la chica se lanza a él.
—Creo que el chico Doble D se está poniendo nervioso —opina Rolf.
—No puede ser... Hasta ahora ha jugado bien —responde Nazz.
—Muy bien, diría yo —opina Kevin—. ¿No les parece raro?
—¿Raro por qué? —pregunta Rolf.
—¿Alguna vez en la vida Doble D fue bueno en algún deporte? —pregunta Kevin, sin ocultar su desdén.
—¿Sigues molesto porque te eliminó del torneo? —acusa Nazz. Nicole la mira con molestia.
—No estoy molesto, ese torneo me importaba tres carajos. Me deje ganar porque me aburrí —argumenta Kevin. Nazz se limita a arquear los ojos.
Lee va arriba 15 a 0. Está solo a cuatro pelotas de coronarse. Entonces...
Una pelota golpea a Doble D en la cabeza, como la otra vez. Pero ahora el muchacho se desploma y permanece ahí, inmóvil.
—¡Oh, no! ¡Doble D! —exclama Nazz.
—¿Eh? ¿Qué? —se pregunta Kevin.
—Me van a enfermarrr —masculla Freddy.
—¿Qué carajos? Oh, mierda. Doble D, no —dice Eddy. Sorpresivamente una bebida le cae en el oído izquierdo.
—Se te cayó esto, perdedor. —Eddy se voltea y ve a uno de los matones a los que le había burlado en las semifinales.
—¡Oh, no!
El sujeto comienza a acercarse a él. Mientras tanto, Marie y May escuchan los murmullos y se detienen en su labor. Marie sale a ver, y se encuentra con Doble D tirado en el suelo.
—¡Doble D!
—Señores, un minuto —dice Valeria, también preocupada. Se acerca a Doble D, pero antes de llegar a él, éste comienza a levantarse, con una facilidad extraña.
Todos lo observan ponerse de pie, con una naturalidad que no llega a ser normal. Ahora se encuentra de pie, pero aún no abre los ojos.
—¿Podemos seguir? —pregunta Lee.
La jueza le da el visto bueno. Lee se prepara para sacar, apuntando a una dirección lejana. Entonces, Doble D se mueve rápido y la devuelve. Lee se asombra tanto que no hace nada para evitar el anote. Punto para él.
—¿Qué mierda? —exclama Lee.
—¿Vieron eso? —pregunta Kevin dándose vuelta.
—El chico Doble D... pero ni ha abierto los ojos.
Doble D saca. El proyectil es tan fuerte que Lee no puede hacer nada. 30 a 15. Doble D vuelve a sacar. Lee intenta detenerlo de nuevo, pero no puede. La secuencia se repite, y Doble D gana el juego. Lee 5, Doble D 4.
—Bien, sigue así —murmura Freddy, impresionado. Está tan concentrado en el juego que casi se cae de su asiento cuando alguien pone una mano en su hombro.
—Perdón por el retraso —dice Susie, tomando asiento en donde estaba Ed—. ¿Ya humillaron a Vincent?
—No sabes lo que te perdiste, mi vida. Te vas a morir —responde él.
—Es imposible —murmura Lee. Doble D estaba remontando el partido. Sin necesidad de ver nada, la estaba venciendo—. No, esto ya se salió de control.
Doble D gana otro juego, empatando 5 a 5.
Mientras tanto, el matón que amenazaba a Eddy en las gradas sale disparado hacia él. Este se cubre con los brazos, pero al ver que no pasaba nada, baja la guardia para ver. Los chicos de primero le estaban arrojando comida. Este solo se cubría con el brazo.
—¡Sí! ¡Diversión! —exclama Willy, saliendo hacia donde estaban atacando al intruso.
Eddy ríe de satisfacción al ver como sus seguidores masacran al matón. Willy Miller, a quien se lo distingue por el cabello castaño rizado, aparece detrás de él y le patea el trasero, haciéndolo caer. Unas chicas de primero derraman sus bebidas sobre su gran espalda mientras se ríen de él. El matón se levanta y se gira hacia Willy.
—¡Te mato, enano de mierda! —Willy grita y sale corriendo. El bravucón va tras él—. ¡Ven aquí, asquerosa rata judía! ¡Cuatro ojos!
Eddy suspira de alivio. Ahora que el problema se solucionó, puede concentrarse en lo que le ocurre a Doble D.
—No sé qué está pasando pero que siga así.
May termina de ajustar bien la mordaza que le habían colocado a Jonny, y sale hacia las gradas, con Marie.
—¿Qué sucede?
—Doble D... —murmura Marie—. Van 5 a 5. Doble D... está jugando con los ojos cerrados.
—Ya. Tampoco para que lo sobrevalores. Lee no es menos que él.
—¡No, tonta! Literalmente está jugando con los ojos cerrados. Mira.
Marie toma su hueca cabeza y la apunta hacia Doble D. May se sorprende al ver como estaba jugando. Su agilidad se había duplicado. Estaba apabullando a Lee.
—¿Qué le pasa? —pregunta ella.
—¿Yo que voy a saber?
Lee no puede dejar de pensar en que esto también es obra de Eddy. Aunque aún no le encontraba explicación al ataque de lasers a ambos. En ese momento se le aparece una sencilla pero grandiosa idea. Se trata de esas caricaturas que solía ver con sus hermanas hace años, en donde había una fórmula recurrente que se repetía al pie de la letra. Consistía en que un personaje recibía un golpe en la cabeza y entraba en un estado nuevo, ocasionando problemas a los demás personajes. En el desenlace, el personaje volvía a recibir el golpe y regresaba a la normalidad.
Claro que esto no era una caricatura, y que ni ella ni Doble D eran personajes de ficción. Pero no había otra alternativa.
—Muy bien, Doble D. Tú lo pediste. Ese cerebrito va a pagar las consecuencias.
Apunta, dispara y le golpea. Doble D da varias vueltas y cae al suelo. Se levanta con pesadez. Lee se lleva el punto.
—¡Ehh! ¡Roja! ¡Eso es falta! —vocifera Eddy, acompañando el reclamo con un vehemente movimiento de brazos. Sarah y Jimmy se ríen.
Doble D, o la inercia de Doble D, intenta volver al ritmo, pero debido a que su cuerpo aún sigue aturdido, Lee logra sumar más puntos. Finalmente logra el juego. Lee 6, Doble D 5.
—Un juego más... Solo uno más... —murmura Lee.
—Rolf se da por satisfecho. Este encuentro resultó ser más emocionante que plantar verduras en casa —comenta Rolf.
—Uff... Ya volví, chicos. ¿Cuánto me perdí? —anuncia Clark. Había parado en la entrada para comprar un hot dog que se estaba engullendo ahora mismo. Nazz señala a Doble D e intenta explicar algo, pero no le salen las palabras.
Doble D se lleva una mano al rostro. Eso es lo que todos observan, pero nadie parece saber lo que ocurre allí dentro. Nadie está cerca de siquiera imaginar lo que se libraba en la cabeza del aparentemente Doble D inconsciente.
«¿Qué está pasando? No logro reaccionar ni abrir los ojos.»
No es una pregunta retórica, pero de ninguna manera espera una respuesta. Mucho menos viniendo del fondo de su propia consciencia. Tras unos intensos segundos de silencio y oscuridad, logra escuchar:
«No vuelvas. Quédate ahí y déjame esto a mí.»
Incluso sin encontrarse en una representación física concreta, Doble D siente como se le ponen los pelos de punta. Se siente incapaz de gritar.
«No... No, por favor, no.»
Pero ya no hay más respuestas. Así era él. Le gustaba resolver las cosas por sí mismo, y no había forma de hacer algo contra su pragmatismo. Su mortal pragmatismo.
Lo que ve todo el mundo es a Doble D sobarse el rostro con las manos.
—¿Ya terminaste de llorar? Quiero seguir jugando —le dice Lee.
Todavía sin abrir los ojos, Doble D levanta la cabeza, y estimula una sonrisa, confundiendo aún más a Lee.
Doble D saca y dispara. La pelota le pasa a Lee por el oído, dando un fuerte zumbido. Lee saca y le vuelve a apuntar a él. Doble D esquiva. Saca y trata de darle. Lee hace lo mismo.
—¿Qué están... haciendo? —pregunta Valeria.
—¡Mira! ¡Doble D está tratando de pegarle a Lee! —protesta May. Marie está tan asombrada que ni siquiera puede hablar.
Doble D toma la pelota, pero esta vez vuelve al juego, llevándose el punto. Doble D 6, Lee 6.
—¡Seis a seis! ¡Y todo se define en el desempate! —anuncia Valeria.
—Por favor, Doble D. Deja de jugar y gana, por favor —suplica Eddy.
—Vamos, Doble D —dice Ed.
Doble D anota. 1 a 0.
—Dame el trofeo, maldita sea —suplica Freddy. Susie observa en silencio.
Doble D anota. 2 a 0.
—¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! —celebra Freddy.
Doble D anota. 3 a 0.
—Ay no. Va a ganar —se lamenta May.
Pero Lee logra romper una pelota. Doble D intenta seguir el juego. Lee devuelve, y gana. 3 a 1.
—¡Bien!
Lee saca. Doble D devuelve. Lee golpea, dejándolo muy cerca de la red. Doble D la desvía y anota. 4 a 1.
—Por favor, por favor, por favor —reza Nazz.
Lee vuelve a anotar. 4 a 2.
—¡Por favor! —grita Eddy.
Doble D dispara. Lee logra romper. Y anota. 4 a 3.
Doble D baja su raqueta. Lee lo observa. La sonrisa es exagerada. Es ahí cuando Lee advierte lo pálido que se había puesto.
Pero antes del desenlace, ella alcanza a ver algo que no olvidaría por el resto del otoño. Doble D mueve sus labios, pronunciando algunas palabras. Lee no sabe de lectura de labios, pero por lo que entendía, parecía haber dicho «hola».
Y sus párpados comienzan a levantarse, lentamente.
Lee eleva la pelota. Antes de disparar, por última vez, bajo esos párpados se alcanzan a atisbar los ojos de vacío. Los ojos sin color.
La pelota golpea a Doble D, derribándolo.
El silencio que se hace en el estadio es monumental. Doble D se incorpora mientras se toma la cabeza.
—Me duele... ¿Qué ocurrió...? —balbucea él.
Doble D 5, Lee 3.
—¡Saca! —ordena ella.
Todavía aturdido, Doble D regresa al juego, pero toda su energía se había ido. Lee decide terminar con esto de una vez. Anota.
Doble D 5, Lee 4.
Doble D 5, Lee 5.
—¿Qué es lo que pasa? —protesta Freddy.
Doble D 5, Lee 6.
—¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! —celebra May.
Doble D 5, Lee 7.
Y el estadio se vino abajo. Sin ser consciente de nada, Lee se dejó caer al suelo, al mismo tiempo que serpentinas salían disparadas hacia el campo y We Are The Champions sonaba en los parlantes.
—¡Final! ¡Ganó! ¡Lee Kanker es la ganadora del torneo! ¡Lee Kanker campeona del torneo de tenis! —anunció Valeria.
Eddy se quedó estupefacto ante lo que acababa de ocurrir. Arrojó la linterna al suelo.
—¡Me CAGO en Dios!
