La misma noche en que Ed y Eddy, con ayuda de Jonny, capturaron a Bobby Hunt en una operación que resultó relativamente sencilla, Lee Kanker reveló a sus hermanas el secreto que ocultaba el adinerado de Peach Creek y que ellas ya conocían.

—¿Lo vamos a matar? ¡No podemos hacer eso! —espetó May—. ¡Y además iremos a la cárcel! ¡No quiero ir a la cárcel!

—No, tarada. Hablo en sentido figurado —aclaró Lee, manteniendo la paciencia—. Acabaremos con su vida. Cuando revelemos lo que hay en este pendrive, si es que lo hacemos, el muy bastardo no querrá ni salir a la esquina.

—Entonces... ¿es verdad? ¿No borraste el video? —preguntó May. Lee asintió—. ¿Y él creyó que sí?

—No lo sé, pero hay que hacerle saber que aún existe.

—¿Podemos verlo? Yo nunca vi el video —propuso May. Las tres se dirigieron al portátil que compartían en la recamara. Lee conectó el pendrive y reprodujo el video. May miraba pegada a la pantalla, Lee un poco más atrás. Marie sin embargo, se limitó a observar todo sentada en su cama, sin decir una palabra.

—Boalá.

—Sí, definitivamente estará perdido cuando vean este video —opinó May.

—En realidad, este video es el collar que le colocaremos en el cuello, y si todo sale como lo esperamos, nunca tendremos que revelarlo.

—Bah. Qué decepción.

—Como quisiera revelar el video y arruinar su vida —admitió Marie, luego de haberse quedado callada por mucho rato.

—Puede ser. Si lo presionamos, se equivocará y ahí lo publicaremos. Su futuro terminará con este video. Pasará el resto de sus días viviendo un infierno.

—Sí, y tal vez hasta se suicide... Pobre... Recuerdo que una vez dijo que quería ser alcalde de Peach Creek —mencionó May.

—¿Pobre? ¡¿Pobre?! —exclamó Marie, acercándose amenazante a ella.

—No sé si un extranjero pueda tener un cargo público en este país. Pero ahora que lo pienso, ya tuvimos un presidente negro, y ahora tenemos uno naranja. ¿Qué nos hará un alcalde... británico como él? —comentó Lee, casi riendo. Marie se calmó.

—Pero eso nunca pasará. Este video será suficiente para que Freddy deje de existir —aseguró Marie—. Acabará con su vida.

—Sí, y de hecho seria lo más justo. Él se lo buscó, al haber hecho... lo que hizo —opinó Lee.

—Es verdad —dijo May—. Es un... es un...

—Es un monstruo —masculló Marie.

—Ya, tampoco exageres —dijo Lee.

—¿Pero y si mejor nos olvidamos de todo y publicamos el video? —sugirió May.

—¿Quieres que Freddy no tenga nada que perder y arruine la vida de Doble D, Ed y Eddy? —sostuvo Marie—. No me gusta, pero tenemos que usar la existencia del video para mantener a salvo a Dobl los otros dos estúpidos.

—Claro —murmuró May, ya sin ganas de discutir—. ¿Y qué hacemos ahora?

—Lo primero que hay que hacer es hablar con él. Dejen que yo me encargue de eso. Tú no sabrás qué decir, May. Y Marie es capaz de golpearlo de nuevo. Lo segundo... bueno. Marie dijo que tenía un plan.

—Hay una forma de adelantarnos a los Eds y descubrir qué tan involucrados están con él. Y de paso ayudará a mejorar las calificaciones de ustedes dos, burras —dijo Marie, esbozando al fin una leve sonrisa. Lee y May se extrañaron por el segundo detalle, y Marie procedió a explicar su plan.

Pasaron unos días hasta que decidieron poner en ejecución el plan. El primer paso requería los servicios de Willy Miller, el elocuente niño nerd de segundo año al que le fascinaba pegar gomas de mascar a las mujeres, y un genio de la informática.

May le había dejado una nota en su cuaderno, haciéndose pasar por una admiradora secreta y solicitando un encuentro en el salón 202, que en ese horario se encontraba vacío. Esperó tras un casillero a que ese chico entrara al salón. Se estaba tardando bastante. No tenía idea de lo tonta que se veía hasta que alguien muy conocido se lo advirtió.

—¿A quién esperas? —preguntó Kevin. Eso sorprendió bastante a May.

—Eso a ti no te importa.

—Tranquila, solo lo preguntaba bien. Lo siento —dijo él, aparentando toda cortesía posible. Algo para nada propio de él.

—¿No deberías estar besuqueándote con tu novia en algún pasillo?

—No todo en la vida son besos, May —respondió Kevin, arrojando una sonrisa burlona—. Es solo que... me dio curiosidad verte hoy.

—¿Por qué?

—Te veo más linda. ¿Te has maquillado para alguien?

May se ruborizó.

—Qué dices... —murmuró ella, comenzando a jugar con su cabello—. Tengo que hablar con un niño de segundo año, no es nada de lo que te imaginas.

—Más te vale. Mientras no le hagas lo mismo que le hacían ustedes a los Eds en primer y segundo año —rio Kevin, largándose. La chica solo se dedicó a suspirar, tratando de no pensar más en él y de concentrarse en su asunto.

Finalmente apareció un Willy salvaje, con sus gruesos anteojos y su playera negra con el martillo de Thor que tan grande le quedaba. May estaba lista para capturarlo. Esperó a que entrara al salón, y entró ella también, encerrándose con él.

—Hola, pequeño.

—¿Qué? Oh, no, ¡he caído en una trampa! —espetó Willy, señalándola—. ¡No me atraparán brujas!

—Oye, solo quiero pedirte un favor. Por favor —rogó May, poniendo su mejor cara de súplica. Willy debía admitir que en esta ocasión la más benevolente de las Kanker se veía bastante linda.

—Ah, ¿sí? ¿Qué favor? ¿Y por qué debería hacerles un favor?

—Porque si no accedes... —May pensó un poco—. Te atraparemos y te cortaremos el cabello.

—Piérdete.

Willy le arrojó unos pequeños caramelos esféricos de colores. May alcanzó a cubrirse el rostro. Cuando pudo ver, el chico estaba escapando por la ventana.

—¡Ey! ¡No te vayas!

May dio un paso y resbaló con los caramelos. La caída fue dura. Se puso de pie y salió de un salto, para perseguirlo. Corrieron por todo el campo de Béisbol. Willy era rápido, pero no contaba con mucho físico, a diferencia de May y su entrenamiento en el fútbol soccer. Sobre el comienzo del bosque la muchacha logró atraparlo, arrojándose a él.

—Ahh... ¡Suéltame! ¡Marie se merecía lo que le hice!

—Ya, silencio.

—Ella se lo buscó por llamarme jabón.

—¡Que te calles! —gritó May. El chico enmudeció—. Yo... lo siento. Solo quiero que nos ayudes en algo, es todo. Lo de cortarte el cabello no era en serio.

—Bien, pero suéltame.

—No. Primero vas a escucharme. —Willy se calmó y le dijo que hablara—. Queremos que vengas a casa y nos ayudes con un programa.

—¿Sobre qué? —preguntó este. May le dio algunos detalles—. ¿Y qué gano con ayudarles?

—Bueno... Yo no quería hacerlo por este modo, pero Lee me dijo que te mostrara esto. —May puso una foto en su celular y se la mostró. Era la figura de acción de Iron Man que le habían robado a Willy esta mañana—. Mis hermanas dicen que harán el experimento del cuchillo caliente con tu juguete si no accedes.

Una hora después, en otro pasillo del instituto, Marie encontró a Doble D en su casillero conversando con Nazz, con un vaso de café en la mano.

—¿Pero no le has preguntado? —preguntó esa rubia.

—No, pero hoy pienso hacerlo. Ya ha pasado bastante desde el torneo, y tengo que saber qué es lo que hizo —respondió Doble D.

—De acuerdo. Solo no te pelees con él.

Marie se decidió y se acercó a ambos, dispuesta a enseñarle a esa oxigenada como había que coquetear con Doble D.

—Hola, Doble D. Hola... Nazz...

El chico se sobresaltó, casi derramando el café.

—Oh, Dios. Vaya susto me has dado, Marie —dijo él.

—¿Qué tal? Marie... —murmuró Nazz, recibiendo de lleno la incomodidad.

—Ya, tranquilo. No voy a comerte —respondió Marie a Doble D—. Quería... pedirte un favor.

—Por supuesto. ¿Qué necesitas? —preguntó sonriendo.

«Te necesito a ti, ¿no lo ves?»

—Mañana es el examen de Álgebra, y Lee y May no entienden nada de números complejos. Así que...

—¿Quieres que les dé una clase de apoyo? Pero claro que sí.

—Sí, eso es exactamente lo que quiero. ¿Cuánto te debo? Te daré lo que quieras... —sugirió Marie, guiñando un ojo.

—No, n-nada, Marie. Será un p-placer ayudarte... es decir, ayudarles.

—Gracias. ¿Qué tal esta tarde en casa?

Luego de quedar con él, Marie se retiró triunfante, dejando a los dos chicos solos y llamó a Lee.

—Ya hice mi parte, y May ya llevó al cuatro ojos a casa, ¿qué tal vas tú?

—Recién hablaré con él. ¿Quieres que le deje un mensaje de tu parte?

—Te diría una patada en sus partes, pero dudo que sirva de algo —respondió Marie.

Lee rio. Se quedó en la sala a solas, esperando unos minutos más hasta que apareció ese tarado de Freddy, siempre tratando de aparentar elegancia y poder.

—Oh, querida Lee. ¿Qué es lo que se te ofrece en este bello... ¿salón de computación?

La muchacha levantó una ceja.

—Ver tu cara me da nauseas así que lo haremos rápido. Siéntate.

—Sí... yo también me alegro de verte —dijo con sorna—. Tampoco tengo mucho tiempo, tengo cosas que hacer... ya sabes, asuntos más importantes.

Lee conectó el pendrive en la computadora. Abrió un archivo que decía ES TU FIN HIJO DE 4. Fueron minutos de tensión absoluta. Cuando terminó el video, un descontrolado Freddy tomó el pendrive, lo arrojó al suelo y lo pisó repetidas veces.

—¿Ya terminaste?

Lo volvió a arrojar contra la pared hasta que al fin se rompió.

—Bien hecho, pero aún te falta la copia.

—¿Po... por qué? ¿Por qué me hacen esto? —lloriqueó él.

—Oh, tú sabes bien por qué. —Lee lo tomó de la mandíbula, clavándole las uñas—. Mira, asqueroso gusano. Si intentas hacer algo contra Ed, Doble D o Eddy, todo el mundo sabrá lo que hiciste. Todo el mundo sabrá quién eres. ¿Te quedó claro? —Freddy asintió. Lee había conseguido lo que quería, ver el terror en sus ojos. Lo estaba disfrutando—. Muy bien. Ah, y por cierto. Quiero otro pendrive para mañana, igual a este. Ahora fuera de mi vista.

Freddy huyó del salón como si hubiese visto un espectro. Corrió hasta el exterior de la escuela, ignorando los saludos de todos en el camino. Una vez afuera, llamó a Eddy.

—¡Vayan a la mansión, ahora mismo!

Una hora más tarde, Ed y Eddy lo encontraron en el jardín, caminando desesperado de un lado a otro.

—¡Esto es muy urgente! Tienen que ir a la casa de las Kanker a destruir un archivo.

—¿Que qué? —preguntó Eddy.

—Tienen un archivo en su computadora que nos compromete a todos, a mí y a ustedes. No hay tiempo para explicar.

—Pero ¿qué archivo?

—Es un archivo de video. Esta en formato mp4 —informó Freddy, dándole el posible nombre.

—Vaya nombre tan agradable —rio Eddy.

—Es muy importante que borren ese archivo hasta de la papelera de reciclaje, y por lo que más quieran no lo abran.

—¿Por qué? ¿Qué contiene?

—Solo no lo abran —suplicó él. Se lo notaba demasiado tenso—. Oigan, ¿y Doble D?

—No nos dio tiempo de buscarlo, nos llamaste urgentemente.

—Está bien. Sí, es mejor que no sepa de esto.

Mientras tanto, en la casa de las Kanker, Lee ya había llegado. Curiosamente hoy le tocaba el día libre en el trabajo. Encontró a May y a Willy en la puerta del remolque. Al parecer ya habían terminado el trabajo, por lo que el chico exigía su figura de acción de regreso.

—Primero tenemos que asegurarnos de que el programa funcione. Cuando lo hagamos, te devolveremos a Iron Man —informó May, con el muñeco en la mano.

—¿Qué? Eso no era parte del trato, par de brujas.

—Solo hasta comprobar que no nos estafaste —aclaró Lee, entrando a casa.

—¿Qué acaso no pueden hacer eso ahora? ¿Tan tontas van a ser? —espetó Willy. Lee le arrebató el muñeco a May e hizo un ademán de partirle el cuello—. ¡Está bien! ¡Está bien! Pero no lastimen a Iron Man. Si lo hacen lo lamentarán.

—¿Oíste eso, Sr. Stark? El chico no se quiere ir. Pues se irá de todas maneras —se burló Lee, cerrándole la puerta en la cara. May se asomó por la ventana.

—Lo siento. Prometo que te lo regresaré mañana. —Antes de que el niño pudiese objetar, May cerró la ventana. Desde allí vio llegar a Marie. Willy lo advirtió y se fue corriendo. Marie lo persiguió por un gran trecho, solo para asustarlo un poco. Luego regresó.

—Doble D vendrá en una hora. Y no vendrá solo —informó ella.

Pasada la hora, tocaron la puerta. Era Doble D, y estaba solo.

—Oh, pero si es nuestro chico favorito —saludó May.

—Hazlo pasar, May —ordenó Lee desde la cocina.

—Gracias, gracias —dijo Doble D—. ¿Y dónde está Marie?

Marie bajó de la habitación casi corriendo. Estaba descalza.

—Vaya, Doble D. Sí viniste. Sabía que no me defraudarías —dijo ella.

—Me comprometí a ayudarlas y es lo que voy a hacer —respondió él, pensando en que nunca defraudaría a Marie. Originalmente tenía pensado hablar con Ed y con Eddy antes de salir de la escuela, pero no los encontró por ningún lado, así que decidió posponerlo y cumplir con su compromiso. Vio a Lee susurrarle algo a Marie, a lo que esta asintió—. Bien, damas. Tomen asiento.

Ed y Eddy, que recién habían llegado, observaron todo desde la ventana.

—¿Qué carajos hace Doble D con ellas? Maldita sea.

—Dijo que iría a ayudar a alguien... Genial, no tendré que entretenerlas —festejó Ed.

—Sí, te salvaste. Solo espero que Cabeza de Calcetín las tenga entretenidas lo suficiente. Que se haga una orgía con las tres si es necesario. Vamos.

Los dos chicos subieron al tendedero de ropa, por el que escalaron hasta la ventana de la habitación de las chicas, que curiosamente estaba abierta. Allí descendieron.

—Mira esto, Ed. Tres camas.

—Se ve más ordenado de lo que esperaba —dijo Ed.

—Al lado de tu cueva todo lugar es ordenado e higiénico.

Se dirigieron a la computadora portátil. A Eddy no le sorprendió que aún usaran Windows 7. Tenían el Google Chrome, Spotify, y otras pocas aplicaciones. Entró a los documentos, dispuesto a usar el buscador, pero de pronto le llamó la atención investigar otras cosas que las hermanas guardaban. Entró a Windows(C:), y entre algunas carpetas, estaban las de cada una. Lee, Marie, May... Y muchos secretos ocultos detrás de dos clicks, suponiendo que allí guardaran todo lo que tuvieran que ocultar.

—Eddy, date prisa. Pueden entrar en cualquier momento —alertó Ed, comenzando a temblar.

—Oye Ed. ¿No te da curiosidad ver que ocultan la Kanker? ¿No quieres saber qué tiene May en su carpeta?

—Pues sí, pero no creo que debamos meternos... No está bien...

—Pero nunca tendremos la oportunidad... Oh, maldición. Cabeza de Calcetín ya está martillando mi conciencia —dijo Eddy, pensando en cómo debían ser May y Marie. Les dio una última mirada a las carpetas amarillas, y suspiró—. Bah, ni que fueran 90-60-90.

Dejando de lado las carpetas de las hermanas, su atención regresó al archivo. Colocó el nombre en el buscador. Tardó poco más de un minuto, pero finalmente arrojó un solo resultado. Solo le habían hecho una copia. El nombre era curioso, más que nada por el insulto del final. Freddy le había dicho que en ninguna circunstancia lo abriera, pero el hombre era curioso por naturaleza.

—No abras el archivo, Eddy. No podemos.

Y necesitaba saber. Quería saber.

—A la mierda.

Acercó el cursor al archivo.

—¡No, Eddy!

Dio doble click y el archivo se abrió.

Doble D se había extendido bastante en su definición del número i, logrando mantenerlas entretenidas y sumidas en su clase por largo rato.

—¿Pero entonces qué número es i? —preguntó May.

—No es ningún número real, tonta —dijo Lee, quien había captado algo de la explicación—. No existe en el mundo real. ¿Es correcto, Doble D?

—Exactamente, Lee. Simplemente tiene una definición. Es algo cuya potencia al cuadrado es igual a menos uno. ¿Conocen algún número que cumpla esa definición? No. No hay. En base a este número imaginario, se desarrollaron estudios complejos y teoremas que ayudaron a la humanidad a desarrollar su tecnología. Los circuitos que manejan la corriente alterna, por ejemplo, utilizan números complejos para representar las oscilaciones con elementos que se llaman fasores. Pero antes de que me explaye, un número complejo está compuesto por una parte real, digamos 2, y una parte imaginaria, digamos 3i. El número complejo en cuestión será 2+3i. Otro ejemplo es -5+i. Y otro es 4i, este es un número imaginario puro. —Doble D dio un trago a la taza de café con leche que le habían servido—. Ahora ya estamos en condiciones de reformular la jerarquía de los conjuntos. Números naturales, números enteros, números racionales, números reales, y números complejos. ¿Lo anotaron?

Marie solo los miraba desde el sofá de la sala, notando desde el comienzo que a Doble D le apasionaba más la ciencia en cuestión que la tarea de enseñar. No supo en qué momento comenzó a sonreír como una boba. Le daba un poco de melancolía ver todo eso. Desearía que fuera así todos los días, y bajo otras circunstancias.

De repente May comienza a reír.

—Ahora entiendo ese chiste —comentó ella.

—¿Cuál chiste? —preguntó Lee.

—El del niño. Dice así: ¿Qué es un niño complejo? Es un niño con una madre real y un padre imaginario —relató ella, rompiendo en carcajadas junto a Lee. Doble D tardó un segundo en entenderlo y rio también.

—Tan real —dijo Lee.

—Es un tema complejo —retrucó Doble D. Los tres rieron más. Marie comenzó a reír también.

Mientras tanto, escaleras arriba...

—¿Qué es esto? —preguntó Eddy.

—Una computadora —respondió Ed.

—No, soperutano. Me refiero a lo que hay en la pantalla.

Se había abierto un cuadro con tres barras horizontales blancas, y debajo un botón que decía ACEPTAR. Eddy dio click pero nada pasó.

—¿Qué son esas barras, Eddy?

—Yo que sé. —Eddy probó dando click a la barra de arriba. Al extremo izquierdo una pequeña barra negra comenzó a parpadear. Eddy escribió algo y apareció en la barra blanca—. Claro. Es para escribir una contraseña. No, tres contraseñas —explicó, probando lo mismo en las otras barras.

—¿Y cuáles son las contraseñas? —preguntó Ed. Eddy lo tomó de la cabeza y lo giró hacia él.

—¿Tengo cara de saberlo? Nos madrugaron, maldición. Fueron ellas. Le pusieron tres putas contraseñas al video, pero no sé cómo lo hicieron.

—Pero no hay problema. Solo hay que borrar el archivo, ¿no Eddy?

—Sí, pero yo quería saber qué contenía.

Eddy apoyó la cabeza contra el escritorio. Su vista se encontró con una hoja que yacía en el piso y a la que no le había prestado atención. Ed también lo vio.

—¿Qué es eso, Eddy?

—Una hoja —respondió Eddy, imitando la voz grave de Ed para burlarse de él. Tomó la hoja y la examinó.

Decía:

CONTRASEÑAS:

x'(t)=x(t)+y(t)+z(t)+e^4t

y'(t)=2y(t)+3z(t)-e^4t

z'(t)=5z(t)+2e^4t

x(0)=0; y(0)=0; z(0)=0

resuelvan esto, idiotas!

—¿Qué carajos es esto?

De pronto escucharon pasos en las escaleras y la voz de Marie acercándose.

—Mierda, mierda, mierda. —Eddy sacó de su bolsillo su propio pendrive y lo conectó. Movió el archivo al pendrive y lo retiró, sin seguridad. Luego borró el archivo de la computadora. Le dio la hoja a Ed—. Toma esto y vámonos, ya.

Los dos se fugaron por la ventana. Marie entró.

—Mmm... Excelente —fue lo único que dijo. Cerró la puerta y volvió con sus estimadas hermanas, y su estimado Doble D.