El torneo de patinaje extremo se celebró en los dos días siguientes. El nombre que le pusieron era en principio una exageración, pensó Jonny, mientras se colocaba el casco en la pelada cabeza y se preparaba para salir. El hecho de que ninguno de sus amigos, salvo Billy, se hayan interesado en participar en este torneo hizo que bajara su emoción. Jugar con amigos era mas divertido, y ya se había hecho una idea de lo desopilante y ridícula que habría sido la actuación de Eddy, o de Rolf, de haber participado. Aunque tenerlos en las gradas, dándole ánimos y recordándole que no estaba solo, tampoco estaba tan mal.

Jonny salió junto con los otros quince contrincantes al campo de patinaje que habían instalado casi a las apuradas la última semana. Mientras la radiante Valeria hacia la presentación frente a su público, Jonny buscó con la mirada a su casi inexistente número de amigos. Desde los trece años no recordaba haber hecho ningún nuevo amigo, a excepción de Billy Dignam, cuando lo rescató de unas obesas del Consejo a fines de primer año. Recordaba haber explotado de risa cuando Billy le contó que ellas lo habían llamado enano destinado a morir virgen, y que ante tal improperio este les había tirado la bandeja de comida en la cara. La justicia tenia que llegar de un modo u otro, en eso coincidieron los dos. Nazz le había advertido que Billy daba toda la impresión de haber salido de un manicomio, y Jonny tomó en cuenta eso, en especial porque Nazz era una de las pocas personas que él estimaba, por no decir que en cierto momento de su vida sintió que era la única amiga que tenía. Ahí estaba otra característica compartida con el pelirrojo de rizos, que tampoco tenía amigos. Con Rolf y Kevin también compartía momentos, pero se mantenía reservado con relación a otras cosas. Sarah y Jimmy eran una historia aparte. Durante una de las últimas actividades como Llanero Urbano, Jimmy le había confesado, ante las dudas de Jonny acerca de la reactividad de Sarah, que ella sí lo estimaba, pero a su manera. Y todo el grupo sabia que a su manera significaba gritos destructores de tímpanos y golpes sin aviso. No obstante, Jonny lo entendió. La única persona que parecía soportarlo era Billy.

Y hoy todos ellos habían venido a verlo. Dadas las circunstancias, no podía pedir más.

La primera ronda resultó ser muy sencilla. Había consistido en un duelo de exhibición. Se hacían desfilar a los dieciséis participantes uno por uno en una pista simétrica, simple y corta, con rampas verticales en cada extremo, y sin obstáculos, y solo tenían que hacer lo que mejor podían en el aire. Finalizada la jornada, los mejores ocho pasaban a la segunda de las cuatro rondas.

Jonny no le hizo miedo frente a tal desafío. Para él era como un juego de niños.

—Nos vemos en la final, viejo —le dijo Billy.

Eddy por su parte, había preparado con ansiedad su emprendimiento en las gradas, capacitando a sus empleados y puliendo estrategias de evasión ante el exhaustivo control de la escuela, pero una llamada de Freddy para otro trabajo terminó por cambiar sus planes. Ed y Doble D tuvieron que ir al centro a vigilar a un deudor del millonario que llevaba meses sin devolverle el dinero. Los tres habían resuelto no decirle a Freddy que no habían borrado ningún video; que ese archivo, sea lo que sea, seguía en manos de las Kanker, quedando en ellos la misión de encontrarlo por sus medios, aunque las posibilidades no eran nada alentadoras.

La segunda ronda presentó sus dificultades. La pista era más alargada, y había sido dañada apropósito para el deleite del público y el infortunio de los participantes. Las ruedas de la patineta de Billy se salieron en medio de una maniobra, pero el muchacho logró caer con estilo y salvarse. Todos aplaudieron su manera de hacer frente a tal dificultad.

Mientras ocurría esto, Ed y Doble D fueron a cazar al deudor, tendiéndole la misma trampa que habían usado contra Bobby. Pese a que los antecedentes del sujeto realmente ameritaban un buen tiempo tras las rejas, Doble D estuvo a punto de echarse para atrás. No se sentía nada cómodo haciendo lo que estaba haciendo.

Inmediatamente después de eso, Freddy les ordenó tomar un Chevrolet que tenía aparcado en en garaje , y llevarlo al taller para que lo pintaran y le instalaran un nuevo sistema reprogramable. Las manos de Doble D temblaron sobre el volante todo el camino. En menos de cuatro horas ya había hecho un montón de cosas que no le daban buena vibra. Ed no parecía preocupado.

Ese había sido un día larguísimo para Doble D. Todo eso se lo contó a Nazz a la noche por Whatsapp. Se había ido a preparar un café ultra cargado, con la idea de planificar sus clases de Física, pero terminó por distraerse con ella y sus anécdotas con los niños que le había tocado cuidar hoy, entre otras cosas.

Al día siguiente, en la cafetería, Eddy y sus amigos se encontraban reunidos en el almuerzo discutiendo acerca de las nuevas noticias. Jonny no estaba presente, tenía que llegar temprano para las últimas rondas, que se celebrarían fuera del instituto. La noticia recorrió la escuela de punta a punta apenas salió del horno: de los dieciséis integrantes del periódico, once habían sido expulsados del colegio. Para Eddy no era de extrañar que Susie no estaba entre ellos. La había visto al lado del platudo en aquel partido de tenis.

Rolf devoraba unas chuletas de cerdo jugosas, y sonreía mostrando los dientes cada vez que un miembro activista del Consejo pasaba con su bandeja llena de verduras. Incluso el bienintencionado Rolf tenía sus cruces con ellos.

—Rolf aún tiene esa incomodidad de saber sus movimientos, Ed-amigos. Y más aun considerando que Rolf los ha rescatado dos veces.

—Rolf tiene razón. ¿En qué andan metidos? —interrogó Kevin. Su novia estaba sentada al lado de él—. Primero unos matones en un bar los persiguen para matarlos. Luego los roñosos del Consejo ciegan a Doble D para hacerle perder el torneo de tenis. Ni que fuera Federer. Y ahora lo atacan, ¿cuántos? Mas de diez miembros del club del periodismo.

—Para mi que Eddy estuvo estafando de nuevo —comentó Jimmy.

—Ah, sí... Eso... Sí, eso debió ser —dijo Eddy.

—Lo del bar fue porque alguien, no diré quien, fue a jugar cartas con tipos que odiaban perder, porque otra persona, tampoco diré quién, le invitó varios vasos de vodka para motivarlo —argumentó Nazz, mirando a Clark y a Eddy—. El Consejo quería a toda costa que el torneo de tenis lo ganara una mujer, para poder restregárselo en la cara a las demás agrupaciones estudiantiles del estado. Y los del club de periodismo malinterpretaron las cosas. Creyeron que los amigos de Doble D fueron los de las linternas.

—Creo que yo también la amo —le susurró Eddy a Doble D, luego de escuchar la defensa de Nazz—. Si no haces algo ahora te la robaré.

—Esperen, ¿de qué linternas están hablando? —preguntó Sarah. Nazz le explicó que Ed y Eddy habían detectado un ataque de linternas por parte de los miembros del Consejo en algún momento durante el torneo de tenis.

—Oh, sí. Como olvidar a Linternín... —recordó Eddy.

—Rolf tiene otra duda. ¿No era que el Consejo y los renacuajos de periodismo se odiaban? —preguntó Rolf.

—¿Odiarse? Pero si el club ayudó a esa tal Gretel O'Connell a ganar la presidencia —explicó Kevin—. Le tiraron mierda de la buena al otro candidato durante una semana entera.

—También ayudaron al Consejo en otra ocasión, hace dos años —dijo Doble D—. ¿Recuerdan el caso de Jack Ferguson? Era la pareja de una de las integrantes del Consejo.

—Sí, ya hemos oído esa historia mil veces, Cabeza de Calcetín —respondió Eddy.

—Ellos no la han oído —replicó Nazz, señalando a los forajidos—. Este chico Jack era un golpeador. Una vez, una chica del club de periodismo, creo que Cindy, logró encontrarlo con las manos en la masa en la sala del Consejo. La chica tenia moretones por todos lados. Jack no solo fue expulsado, sino que ahora mismo cumple una pena en prisión.

—¿Jack Ferguson? ¿Es hermano de Jason Ferguson? —preguntó Liam.

—Sip. Jack es el menor.

—El punto es que esos dos grupos están relacionados. O estaban, porque el club de periobobos ya no existe —se burló Eddy.

—Y se lo buscaron, por tratar de matar a Doble D —opinó Sarah, sin modificar su semblante de amargura.

—Pero el que el club haya hecho algo malo no significa que el Consejo sea malo —aclaró Jimmy.

—Y este enano de aquí es miembro del Consejo —informó Eddy, señalando a Jimmy—. No se sorprendan si los defiende.

—Lo que se suele pensar es que los del club de periodismo tienen los mismos ideales que el Consejo, pero con buenos modales —siguió Nazz.

—Claro. Modales tan buenos que nos desasnaron a librazos —se quejó Eddy—. Aunque en el club de periodismo las chicas no son tan horripilantes como en el Consejo, eso hay que reconocerlo.

—Estoy de acuerdo. ¿Han visto a Susie? Es preciosa —confesó Liam, dibujando una tonta sonrisa.

—Sí, no está tan mal... —murmuró Kevin. Nicole lo codeó—. Es decir... Esa demente nos tiró encima a todos sus secuaces. Debieron haberla expulsado también.

—¿Cómo te puede gustar esa loca? —preguntó Sarah a Liam—. Por su culpa casi matan a Doble D. Además ya tiene novio.

—¿Qué? ¿En serio? —preguntó Liam, desanimándose.

—No, yo tengo una gran pregunta hacia ustedes dos —dijo Kevin, señalando a Liam y a Clark—. ¿Qué hacían en la biblioteca antes de que todos llegáramos?

—Fueron a espiarnos a mi y a mis compañeras —interfirió Nicole, tomando de sorpresa a todos—. Tu primo y su amigo tuvieron una buena vista a la práctica de porristas, Doble D.

—¿Se escaparon del examen para... para ver la practica? —preguntó Doble D, girándose a ellos.

—Bueno... Ya nos descubrieron. Lo que pasa es que yo no había estudiado para el examen, y él tampoco —explicó Clark—. Así que en lugar de ir a perder el tiempo bajamos al único punto en donde se tenia una buena vista de... ustedes ya saben.

—¿Se podía ver la practica de las animadoras desde la sala de la biblioteca? ¿Por qué no me lo dijeron antes? Díganme que valió la pena —protestó Eddy. Nazz le piso el pie con fuerza y este pegó un gritito.

—Oh, ha valido cada maldito segundo —respondió Liam, dándole un mordisco a su sándwich.

—Hasta que los vi y llamé la atención de todas —relató Nicole, echándose a reír con Kevin—. Ustedes dos se cayeron de espaldas, eso sí que valió la pena ver.

—Sí, antes de que todas se voltearan a nosotros, nos ocultamos. Y fue ahí cuando escuchamos todo el lío que se había armado en la biblioteca. Pero tienen que agradecer que estuvimos ahí. Sé que se alegraron cuando nos vieron entrar heroicamente a la biblioteca —se defendió Liam.

—Lo que hace la abstinencia —opinó Kevin.

Ninguno de ellos vio llegar a su mesa a la figura mas reconocida de la escuela.

—Buenos días, damas y caballeros, niños y niñas... —saludó Freddy, desenfundando su sonrisa de buenas relaciones.

—¿Qué tal, amigo? Ven, siéntate con nosotros —dijo Eddy, haciendo un lugar entre Ed y él

—Ay, te lo agradezco, socio, pero temo que mi traje se ensucie con esos asientos. Solo pasaba a saludar a mis invitados, o sea todos ustedes, a mi linda fiesta de Halloween —dijo con un entusiasmo tan empalagoso que parecía sarcástico.

—¿Fiesta de Halloween? —dijeron Sarah y Jimmy al mismo tiempo. Este último preguntó—: ¿Nosotros también estamos invitados, señor Lockhart?

—Claro que ustedes también, adorables criaturas. Hay un área de juegos para niños de su edad equipado con la mayor seguridad y vigilancia. Y por favor, no me llamen señor. Tengo solo veinte años —rectificó Freddy. Kevin y Rolf rompieron en risas.

—Será a la madrugada, y a esa hora sus padres no los dejarán ni salir al jardín —les dijo Nazz—. Tengan paciencia, ya llegaran a la edad.

—Sí, pero yo quería ir con ustedes —protestó Jimmy.

—¿Y en esta edición sí nos dejarán usar alguna de las cincuenta habitaciones? —preguntó Kevin. Nicole lo codeó de nuevo.

—El nunca cambia —opinó Nazz.

—Siempre tan osado, Graells. No creo, la última vez los que se metieron, sin permiso por supuesto, las dejaron hechas un chiquero, así que preferiría que mantengan las cosas bajo control. ¿Pero saben que sí habrá además de bebidas? Videojuegos.

—¡Siiii! —festejó Ed, chocando la mano con Eddy.

En otra mesa estaban las Kanker.

—Miren a ese idiota. Tratando de engatusarlos con su dinero, como si no tuviera intenciones ocultas.

—Tranquila, Marie. Recuerda tu plan, por ahora todo está saliendo bien —murmuró May.

—Sí. Extinguimos al periódico escolar. ¿No estaba eso contemplado en tu grandioso y brillante plan? —preguntó Lee.

—Sí, pero Doble D me vio en la biblioteca, así que ahora ya saben que sabemos que saben. Será imposible sacarles información. Y además ese bastardo de Freddy me da rabia. Sonríe como si estuviera ganando —dijo Marie, jugando con su tarta de calabaza con el tenedor.

—Nunca me dio otro pendrive. Realmente cree que destruyeron el video —comentó Lee. Marie no la escuchó. Seguía despedazando con la mirada a su inverosímil ex novio.

—Disfruta mientras puedas, hijo de perra.

Inmediatamente después del horario escolar, muchos de los estudiantes que no tenían nada mejor que hacer en el día se congregaron en cierto punto de la ciudad, a la espera de la segunda mitad del torneo de tenis.

Las dos rondas finales se celebrarían en las pistas de patinaje que había inaugurado el ayuntamiento en un parque del centro hace un año, junto a su anfiteatro. Las gradas estaban saturadas, pero por mera cuestión de estadística o marketing , el número de espectadores apenas llegó a ser el cuarto de la final del torneo de tenis. Jonny, Billy, y otras dos chicas competirían por la medalla de oro.

Eddy Skipper McGee se preparaba para continuar su actividad económica. Estaba puliendo los últimos detalles con sus dos empleados, unos chicos de segundo. Uno de ellos era aquel desafortunado anteojudo relleno al que los bravucones de cuarto le habían robado el dinero en el primer día.

Ed y Doble D habían ido a hacer el trabajo de hoy para Freddy. El Chevrolet ahora estaba pintado como una patrulla, con sirenas incluidas. Fácilmente pasaba por una. Tenían que llevarlo hasta una zona periférica de la ciudad, hacia el noroeste, en una extraña cabaña oculta bajo un otoñal follaje abundante, donde lo recibiría otro de los amigos de Freddy, alguien a quien a Doble D le terminaría dando más mala espina.

Eddy pudo ver a las tres juezas con caras de pocos amigos preparándose para otro acto de justicia social. Billy, que hasta ahora lo había hecho de maravilla, resbaló cómicamente al tratar de aterrizar luego de una pirueta. Todos rieron, menos Jonny y Eddy, que ya se veían venir el ataque. El jurado vio su oportunidad perfecta para actuar: tres puntuaciones que no superaban el seis en promedio, posicionándolo como el peor de los cuatro y dejándolo fuera de la final.

Los siguientes minutos fueron mejores para Eddy. Estaba teniendo éxito en su comercialización de alcohol enmascarado en latas de soda, logrando burlar a los de seguridad, y Billy había logrado la medalla de bronce.

La última prueba era monstruosa: Una rampa altísima caía sobre el campo de acrobacias de hormigón. Jonny y Dina, otra chica de cuarto año, esperaban el pitido desde el extremo en las alturas, en donde la estructura de madera comenzaba a bambolearse. A Jonny le extrañaba esa niña. Se veía muy temerosa, y se notaba a simple vista su temor a las alturas. Todo indicaba que él ya era el ganador.

Eddy había trabajado duro durante la semifinal, pero en la final decidió relajarse disfrutar del juego. El hecho de tener a dos sujetos que hacían el trabajo por él y prácticamente ganar dinero por no hacer nada lo hacia sentir completo, realizado. Tan Eddy. Era una sensación mucho mejor que el que experimentaba cuando tenía sexo.

Fue donde Nazz, Rolf, Kevin, Sarah y Jimmy.

—¿Cuánto a que tratarán de hacer perder al pelón? —opinó Eddy.

—Tenle algo de fe, chico Eddy.

—Yo le tengo fe, pero ese jurado se muere de ganas por hacer ganar a la chica. El que no lo ve es un ciego.

—Jonny se ha esforzado mucho para este torneo. Deberíamos estar apoyándolo —dijo Nazz.

Dina Ortiz fue la primera. Se arrojó por la inmensa rampa con su patineta rosa, gritando de miedo. Lo había hecho extrañamente bien desde el inicio del torneo hasta aquí. Luego de hacer algunas piruetas, finalizó su acto aterrizando frente al público. Todos aplaudieron. Ocho, siete, ocho.

—Meh. Jonny puede hacerlo mejor —dijo Sarah.

Jonny tomó aire. Miro hacia arriba, para saludar a su amigo eterno. Sin palabras, este le dio sus mejores deseos, como siempre lo había hecho. La vista allí era grandiosa e impresionante. Bíblica. Desde allí podía ver el sendero llamado Lincoln Av. que partía Peach Creek hasta la mitad y finalizaba en los suburbios, las calles que lo vieron crecer.

El trofeo del campeón y la medalla de oro lo estaba esperando allí abajo.

—Ahí les voy, ciudadanos.

Hizo el gesto de saludo militar, que ya se había vuelto una costumbre desde que se juntaba con Billy, y se lanzó.

La empinada rampa se volvió una pista, y la superficie del anfiteatro se elevó como una pradera cuesta arriba, con las cabezas de todos como la maleza. Vio pasar su vida ante sus ojos, cuando antes de llegar al final, una tabla se abrió.

Con una maniobra peligrosa, Jonny sorteó el agujero y se vio obligado a entrar a la pista por otra parte, distinto a lo que pensaba, por lo que tuvo que improvisar.

—Oigan, ¿qué quiso hacer Jonny? —preguntó Sarah.

—¿Qué no lo vieron? —dijo Eddy.

—¿Qué cosa? —preguntó Nazz.

—Una tabla se salió de la rampa. O eso me pareció ver. Por eso Jonny tuvo que esquivarla. ¡Esas malditas! Ya vengo.

Eddy se escabulló por detrás de la rampa gigante, sin que nadie lo viera. Jonny no pudo desenvolverse bien como lo había hecho en las semifinales, aunque varios en las gradas opinaron que lo había hecho lo suficientemente bien como Dina.

El minuto finalizó. Era hora de la sentencia final.

—Muy bien, damas y caballeros. Ladies and gentleman. Amigos y amigas —dijo Valeria. El micrófono dio un chirrido. Val le dio dos golpes—. Ha llegado el momento decisivo. La decisión de los jueces.

Seis, seis, cinco.

Entonces Eddy apareció sobre el final de la rampa de madera, a la vista de todos.

—¡Esperen! Esta tabla se salió de lugar antes del juego de Jonny —dijo señalando a la tabla salida, que a simple vista no parecía fuera de lugar.

—¿Eddy? ¿Qué haces aquí? —preguntó Valeria.

—¡Ese chico se metió en la pista sin autorización! ¡Deténganlo! —acusó la jueza que estaba sentada en el medio.

Eddy pateó la tabla y la hizo volar. Todos murmuraron.

—Ahí lo tienen. Jonny entró con esa maniobra para esquivar esta tabla.

—¿Qué? Pero... Pero...

—¿Que se ha salido una tabla? A ver... Según las reglas de los juegos... —Valeria revisó su móvil—... aquí dice que... Oh, ¡debe repetirse la actuación!

Jonny volvió a subir. Al bajar por la rampa, pudo desenvolverse incluso mejor de lo esperado, finalizando con un salto mortal triple. Fue aplaudido por todos. Los ojos de absolutamente todo el público se colocaron sobre las tres juezas, quienes vieron obligadas a dar buenos puntajes.

Ocho, ocho, ocho.

—Wau —murmuró Valeria—. Es decir... ¡Jonny Scotto es el campeón del torneo de patinaje extremo!

Murmullos y festejos en el público.

—¡Sí! ¡A tragarla! —gritó Eddy, tirando la mercadería por los aires. Hasta Val lo escuchó.

—Cállate, Eddy —dijo Sarah.

Eddy corrió hasta las juezas y se subió a la mesa.

—¡¿Qué les pareció, trío de tramposas?! ¡Querían arruinar a Jonny pero él las arruinó a ustedes! ¡Siéntanla! ¡Ni con ayudín nos pueden ganar!

—Creo que... ahora sí los ofendió —opinó Jimmy.

—¡Eddy! ¡¿Qué estás haciendo?! —reprendió Valeria.

—¿Yo? Las estoy poniendo en su lugar. Querían hacer perder a Jonny, Val.

—¡Bájate de la mesa, pero ya! —Ante la falta de autoridades, era Val la que tenía que ponerse dura con él.

—Pero... pero...

Un empleado de seguridad se acercó a Eddy, ante los gritos de las juezas.

—Señor, por favor retírese de aquí.

—Oblígame. —Vino otro de seguridad, y entre los dos lo tomaron de los brazos y lo condujeron hasta la salida—. ¡Suéltenme! ¡Esto es abuso de autoridad! ¡Ustedes no saben quién soy yo! ¡Suéltenme!

En las gradas todos permanecieron perplejos.

—Tengo una idea. Hagamos como que no lo conocemos —propuso Kevin.

—Estoy de acuerdo —dijo Sarah.

Rolf y Nazz salieron a buscarlo en la calle. Lo habían arrojado en un contenedor de basura, razón por la que traía una cascara de naranja en la cabeza y olía a mierda. Rolf lo ayudó a salir. Kevin apareció después, justo a tiempo para reírse de él.

—¿Te encuentras bien, Eddy? —preguntó Nazz.

—En parte. ¿Jonny ya salió?

El segundo campeón de los Juegos iba como un rey vengador acompañado de Sarah y Jimmy, uno a cada lado. Traía bajo su brazo el trofeo, que era idéntico al de tenis, solo que con un patinador en lugar de un tenista.

—Muy bien, fieles amigos. ¿A dónde iremos a festejar? —preguntó Jonny.

—Yo propongo a un bar. Dejamos a Sarah y a Jimmy en sus casas y vamos a festejar como Dios manda —opinó Eddy.

—Cierra el pido —ordenó Sarah. Eddy no alcanzó a escucharla. Había revisado su teléfono. Tenía un nuevo mensaje del jefe—. ¿Quién es? ¿Tu novia? —preguntó Sarah.

—Su novia, esa estuvo buena —dijo Kevin entre risas.

—Creo que yo me largo, tengo cosas más importantes que hacer —se despidió Eddy. Al pasar por al lado de Jonny le palmeó la pelada—. Buen trabajo, Cabeza de Kiwi.

Eddy tomó una calle paralela a Lincoln y llamó a Freddy, como él se lo ordenó.

—Han pasado varias cosas. Doble D y Ed han logrado hacer bien sus trabajos. Ahora, ¿recuerdas el laboratorio de donde sacamos el elixir?

—Sí. ¿Qué tiene?

—Se supone que ese negocio era un secreto aquí en Peach Creek, pero he detectado a algunos chicos de la escuela visitándolo. Mis contactos investigaron a fondo, pero no lograron descubrir quienes eran. Sin embargo, consiguieron otra cosa. El vendedor les dijo que uno de sus nuevos clientes era un niño de primero que aparentemente le había comentado haber estado en las afueras del estadio de tenis, ese día de la final.

—¿De verdad? ¿Y quién es? ¿Qué vio? —preguntó Eddy.

—Calma, calma. Aún no he dado con el chico, pero mis contactos ya están rastreando al pequeñín. Mientras tanto, necesito que estén atentos. El Consejo sigue como un sabueso detrás de nosotros, aunque sin club de periodismo respondiendo a sus caprichos conseguimos un poco mas de tiempo. A esta hora ya habrían sacado reportes enteros exponiéndolos a ustedes tres con pruebas falsas.

—Genial. ¿Y qué hay que hacer?

—Solo esperen mi llamado. Creo que tengo un plan para limpiar mi... nuestra imagen. Denme un día y les contaré los detalles.