—¿Están pensando en lo mismo que yo, muchachos? —preguntó Eddy.
—¿En los informes grupales de química que aun ni hemos comenzado? —respondió seco Doble D.
—Madre mía, Doble D. ¿Cómo puedes vivir así? Tienes que relajarte por una vez en la vida. Está bien que estemos en problemas, pero hay que enfrentarlo siendo positivos.
—No creo que esté en condiciones de relajarme con todo lo que ha ocurrido y lo que va a ocurrir. ¿Ed, tú cómo llevas esto?
—Ya ni sé de qué están hablando —confesó con una sonrisa.
—Nos espera un futuro oscuro —vaticinó Doble D, mirando hacia el techo. Detrás de ellos, en los pasillos se fueron abriendo las puertas una por una, y los estudiantes salieron corriendo, felices hacia la gloriosa salida.
—Antes de que cambien de tema —interrumpió Eddy—. Tenemos muchas cosas que hacer. Punto número uno, los insufribles secuaces de Tim juegan su primer partido este viernes de local, y tienen que ayudarme con mi negocio de bebidas.
—Bueno, eso suena bien —opinó Doble D—, aunque yo pensé que no te gustaba el fútbol americano. En especial después de que nos aplastaran en ambos sentidos de la palabra en primer año.
—Fue hace mucho tiempo, ahora vale la pena ir —respondió el pequeño codicioso, pensando en las porristas que realizaran la presentación y la salida del equipo al campo.
—¿El del alcohol oculto en soda? —preguntó Ed.
—Algo así —dijo Eddy. Hace no mucho tiempo, Doble D le había dicho que la gente ya tenía suficiente edad para hacerse cargo de la clase de porquerías que decidía ingerir. Eddy se vio sorprendido por su postura—. Punto número dos, tenemos que formar una banda de rock.
—Creí que odiabas esas cosas. ¿Qué te hizo cambiar de opinión? ¿El premio? —inquirió Doble D.
—¿Vas a cuestionar todo lo que propongo? Creí que ya no había rencores.
—No es eso, es solo que creí que no te gustaba el rock.
—No odio el rock, solo odio a las bandas actuales. Y todos nuestros amigos van a participar, no quiero quedarme sin hacer nada —se quejó Eddy—. Si ganamos ese concurso seremos conocidos en el pueblo y nos llenaremos de dinero. Y lo más importante; el premio es de cien dólares.
—Una quinta parte de lo que perdiste en la fiesta de Halloween, que motivador.
Los tres salieron de la escuela. Doble D se despidió de ellos y se fue por su lado. Nazz llegó con él. Conversaron un rato sobre su día y se coquetearon mutuamente por dos cuadras. Luego siguieron en silencio.
—¿En qué piensas?
—¿Yo? —respondió ella—. En nada. ¿Por qué?
—Te veo callada. Como molesta. ¿Estas preocupada por Jack Ferguson? No permitiré que te ocu…
—Eso es en lo último; la verdad ese asunto me tiene cansada. Apuesto a que lo atraparán en dos días.
—Oh, claro… —Doble D vio cómo se esfumaba otra oportunidad para sumar puntos con ella.
—Solo estoy fastidiada, tanto como lo están las del equipo. ¿Tú sabías que Valeria iba a ser la entrenadora?
—¿Qué? —preguntó Doble D, sorprendido.
—Vamos, Eddy debió habértelo contado. Es su cuñadito. —Nazz hablaba como si también sintiera celos de eso. Doble D no la culpaba; Valeria tenía un extraño encanto hacia todos sus amigos. Incluso hasta Rolf podría sucumbir ante ella, pensó él.
—No lo sabía… Es decir, Eddy no ha comentado nada.
—Sí, sí, ya sabemos que es preciosa y todos los hombres se relamen con ella. Está bien, Doble D. No soy celosa.
—Pues, no voy a negar que ella es atractiva. Pero tú lo eres más. ¿Es eso lo que te tiene molesta hoy?
Valeria tenía más o menos su estatura, era pelirrosa, pero le gustaba llevar el cabello recogido en esas dos coletas. Un investigador policial o un escritor de novelas de ficción creería que ella era sospechosamente atractiva.
—Te halaga que me ponga celosa, ¿verdad?
—Yo no dije eso.
—Como sea. Tenías que haber visto la reacción de las Kanker. Lee lanzó una maldición al aire.
—Oh, Dios… —murmuró Doble D—. ¿Y Val que hizo?
—¿Val? Mira, la llamas por su apodo.
—Valeria. Es que Eddy siempre la llama así.
—Descuida —sonrió ella—. Valeria no la escuchó, o hizo como que no la escuchó. Parecía una maestra de jardín novata, rollo hermana mayor. Nos dijo que nos esforzaríamos un mogollón o no sé qué palabra dijo. Me agoté de solo verla, y no fui la única.
—Denle una oportunidad. Su intención es buena, y Eddy dijo que es una buena persona.
—Lo sé. Pero es tan irritante y siempre te trata como si fuera su hermana menor o su sobrina.
Llegaron a la puerta de la casa de Nazz.
—Debo ir a cuidar a Willy hasta las siete, después estaré libre —comentó Nazz—. ¿Quieres que nos veamos?
—Creo que no podré, tengo que dar clases de Cálculo a dos chicas y un chico en el centro comercial hasta las nueve de la noche. Y el profesor Spengler me pidió que les enseñara límites y sucesiones de nuevo.
—Oh… bueno.
—Ya tendremos más tiempo para nosotros, Nazz. Te lo prometo.
Doble D se acercó con discreción y la besó en la frente.
—Me gusta cuando me besas —comentó ella riendo.
—S-sí… a mí también.
—¿A ti también qué?
—Que me gusta besarte.
—Ah… Bueno. ¿Y sabes qué me gusta aún más?
—¿Que?
Porque muchas veces la chica también podía dar el primer paso. Nazz lo besó en los labios, y se separó de él rápidamente
—Esto.
—Oh, vaya. Ahora entiendo —murmuró él. Ella se dio la vuelta y se dispuso a entrar—. Eh… Nazz.
Ella se giró rápidamente.
—¿Sí?
—Yo… —Nazz tenía la esperanza de que finalmente se atreviera a decirlo—. Pues… Que tengas un buen día.
Doble D se apresuró en irse. Nazz suspiro decepcionada. Pero qué podía hacer, más que esperar. Él tuvo valor para decirle lo que sentía, aquella noche en la fiesta y sin ninguna copa de por medio. Era cuestión de tiempo para que diera el siguiente paso.
Al día siguiente, en la hora libre, los chicos se reunieron en el comedor.
—Y nos llamaremos Eddy y los lamebotas —comentó Eddy.
—Ese título solo incluye a Ed y a Doble D —respondió Kevin cansado, antes de levantarse y marcharse.
Sarah y Jimmy rieron ante la sugerencia. Incluso Nazz llegó a sonreír.
—Yo opino que quien decida el titulo debe ser alguien que tenga un trofeo de los juegos en sus vitrinas, es decir Jonny 2x4 —aseguró Jonny.
—No vas a ponerte a hacer freestyle opacándonos a todos, pelón —espetó Sarah. Jonny hizo un refunfuño y se fue derrotado de la escena.
—¿Y qué hay de ti, Rolf? —preguntó Nazz—. Vienes de un país repleto de bandas de metal. Debes tener alguna idea.
—Rolf no tiene idea de lo que estás hablando, amiga Nazz —respondió Rolf, con una sonrisa—. Pero si se trata de música, los tíos de Rolf conocen…
—No, gracias, Rolf, ya te llamaremos —dijo Eddy.
—Tampoco debe ser algo complicado. Yo pienso que debe ser algo que no tenga que ver con el oscuro Jack. Todo el puto mundo habla de ese tipo —comentó Sarah. Nadie dijo nada por unos instantes. El ánimo de Eddy descendió hasta los suelos—. Por el amor de Dios, no me digan que ustedes también le tienen miedo.
—Rolf no le teme. De hecho, espera ansioso el día en el que ese cobarde pise este establecimiento para Rolf poder darle la lección de su vida por haber golpeado a una dama.
—Kevin dijo que era muy peligroso… —agregó Nazz.
Sin que nadie la viera venir, Nicole Armstrong se aproximó hacia la persona menos pensada para hablar.
—Umm, oye, Nazz… Disculpa. ¿Puedo hablar contigo un momento?
—¿Conmigo? Claro… Claro que sí —balbuceó Nazz, tan sorprendida como cuando Doble D se le confesó aquella noche. Se puso de pie y acompañó a Nicole hasta la entrada del comedor, detrás de algunos estudiantes.
—La tensión se podía cortar con un cuchillo —relató Jimmy.
—¿Creen que haya catfight? Diablos, y yo sin batería —comentó Eddy, examinando su teléfono—. ¿Quién quiere filmar?
—¿De qué querrá hablar con ella? —se preguntó Jimmy.
—¿De qué más? De Mister Cabeza de Zanahoria.
Eddy, Sarah y Jimmy se acercaron con sigilo a las chicas para escuchar. Desde la mesa de las Kanker, Lee y Marie también se acercaron con disimulo.
—Gracias —murmuró Nicole, retirándose. Nazz regresó a la mesa tan pronto para darse cuenta de que habían tratado de escuchar.
—¿Qué pasó? —preguntó Eddy.
—Pues… —Todos miraron a Nazz, quien rápidamente se dio cuenta de que estaba haciendo mal en abrir la boca—. No debería decir esto.
—Muy tarde, dilo —exigió Sarah.
—Diablos… de todas maneras se van a enterar. En el grupo de populares hay rumores de que Kevin se escapó de ella en la fiesta de Halloween para estar con otra chica.
Las Kanker rápidamente se giraron a ver a la oxigenada.
—¡¿Qué?! —exclamó Sarah. Jimmy le tapó la enorme boca con una mano.
—¿Que el muchacho Kevin hizo qué? —cuestionó Rolf, más discreto. Como venia de una familia conservadora y con fuertes valores morales, ese tipo de actitud no era bien vista entre su gente.
—Que le puso los cuernos a Nicole, tonto —masculló Sarah, bajando la voz para que nadie lo escuche—. Yo sabía que ese tonto era traicionero. Seguro aprovechó el caos que generó ese gas misterioso para hacer de las suyas con su amiguita.
—Y luego me llaman desleal a mi —protestó Eddy.
— Ella me preguntó si yo o nosotros sabíamos algo y le dije que no. Muchachos, son solo rumores. Tal vez es mentira. A lo mejor lo inventó alguna envidiosa para hacer quedar mal a Kevin y a Nicole —sostuvo Nazz.
Lee recordó de inmediato aquella escena en la que Nicole se acercó al baño, donde estaban ella y ese nuevo Liam, y preguntó por su novio. Había dicho que se había ausentado para ir al baño —tan ingenioso como patético— y que ya había pasado una hora.
May también se acercó a escuchar mejor.
—Yo no creo que lo haya hecho. Yo huelo la traición a metros —sostuvo Jonny.
Sarah echó a reír.
—¿Qué es lo gracioso, Sarah? —preguntó Nazz, con un tono melódico que a las Kanker les hubiera encantado imitar como burla.
—Está bien odiar a la nueva pareja de tu ex, Nazz, no tienes que fingir que te caen bien.
—No me caen bien, solo digo la verdad. Y no creo que Kevin sea ese tipo de chico. A mí no me lo ha hecho, no que yo sepa.
—También huelo envidia —intervino Jonny—. Y patatas sabor queso.
—Mira Nazz, tal vez sí lo hizo y nunca te enteraste —espetó Eddy. El semblante de Nazz se llenó de angustia. Doble D le dio un codazo—. Oh… lo siento, no quise decirlo con esa intención. Lo que quiero decir es… Es muy común en gilipollas como Kevin engañar a chicas que no se lo merecen, a chicas que merecían a alguien mucho mejor que él. Es decir, mujeres como tú.
—O como ella —completó Sarah, haciendo referencia a Nicole.
—Pero tú ya das por hecho que él si la engañó —dijo Nazz.
—Así el chisme es más divertido.
—Diablos, que terribles son ustedes —opinó Eddy—. Pero si lo hizo de verdad, la verdadera pregunta es… ¿quién es la otra?
—¿Y eso importa? —preguntó Nazz.
—Sí, si no eres tú. —Nazz hizo un ademan de golpearlo. Eddy se cubrió con los brazos—. Que es broma, tú estabas besuqueándote con Doble D.
Eddy consiguió el logro de mejor amigo del día: ruborizar a Dobl Nazz.
—Seguro fue alguna del club de porristas, les encanta meterse con los novios de sus amigas —sostuvo Sarah—. Me gustaría saber qué clase de zorra fue la que folló con él sabiendo que tenía pareja.
Marie alcanzó a ver el temblor en los labios de May.
—Yo creo que tiene que estar realmente buena como para que quiera cambiar a Nicole por ella.
—¿Qué estás insinuando, Eddy? —preguntó Jimmy—. Yo creí que la novia de Kevin te caía mal.
—Me caía mal, solo que… No es tan mala y hueca como parece. Y además a mí no me ha hecho nada. Aún.
—Ahora que lo pienso, la Chica X podría ser alguien que tenga algo en contra de Kevin o de Nicole, o incluso de Nazz —dijo Sarah.
Eddy se giró a la mesa de las Kanker, que ya habían regresado a sentarse.
—Imposible, ellas lo odian —comentó Nazz, a estas alturas totalmente arrepentida de haber abierto la boca.
—Cierto, además estaban conmigo —confirmó Eddy. Luego se quedó viendo a Sarah.
—¡¿Y a mi qué me ves?!
—Eh, no. Nada.
—Oigan, ¿podemos cambiar de tema? Yo no le encuentro la gracia a seguir indagando y haciendo historias sobre suposiciones improbables.
—Lo mismo digo, Nazz —irrumpió Doble D, quien hasta ahora se había mantenido apartado de la conversación—. Nazz es la que mejor conoce a Kevin, ella sabe de lo que podría ser capaz.
—Tú nunca vas a dar una declaración valerosa. ¿No, Señor Tibio? —desafió Eddy.
—No tengo nada que comentar.
Nazz era para Eddy la excepción más grande a una regla que había nacido en su cabeza hace mucho tiempo y que le había tomado algunos años concebir. Esa regla decía que solo las chicas huecas e ingenuas podían caer en los encantos de Kevin y posteriormente en su cama. Puede ser que el color de cabello de Nazz haya ido en contra de su lucidez y de su voluntad, pero mencionarlo en voz alta desembocaría en recibir un puñetazo de ella y otra semana sin hablar con Doble D. Además, Lee opinaba lo mismo de Kevin, se lo había mencionado a Eddy hace dos años, y no era la única. Sarah y Jimmy también coincidían. Los había escuchado comentar lo mismo hace no mucho.
Su madre dijo una vez que el valor de un hombre como tal se reflejaba en el tipo de mujeres que conseguía atraer. Un hombre con principios y amor propio atrae mujeres intelectuales, fuertes y leales. Un idiota atrae tóxicas, o depresivas, o simplemente estúpidas. Sonaba un poco cruel ahora que lo pensaba, aunque había algo en eso que le llamaba la curiosidad. ¿Existirá alguna mujer que se sienta atraída por ambos hombres?
De cualquier forma, pensó Eddy, ahora Nazz esta con alguien mejor. Kevin puede irse olvidando de recuperarla.
—¿Saben, muchachos? Lo bueno de este tipo de días es que me distraen por completo de mis problemas —comentó Eddy, encendiéndose un cigarrillo. Las clases habían terminado y los tres estaban de camino al barrio—. Ya hasta olvidé que estábamos hundidos en la mierda y con los días en libertad contados.
—Sí, bueno. Gracias por recordarlo, Eddy.
—Todo estará bien —comentó Ed.
—Pero realmente me preguntó quien será la otra de Kevin.
Luego de que Eddy terminara de pronunciar esas palabras, de la esquina doblaron una pareja de policías.
—Venga, muchachos. Corran a esconderse detrás de mí como siempre hacen mientras yo doy la cara y resuelvo esto —protestó Doble D.
—Yo no me iré a ningún lado —repuso Eddy.
—Pues Ed tampoco —terció Ed.
Los oficiales se acercaron a ellos. Uno de ellos había estado presente en la noche en la que capturaron a Bobby en el bar, llevaba dos vasos de café. El otro era nuevo, tenía sobrepeso y llevaba una caja de rosquillas en sus manos. A Doble D se le hizo agua la boca al ver los vasos. A Ed por las rosquillas.
—Muchachos, ¿qué tal el día? —preguntó el oficial no gordo—. ¿Podemos hacerles unas preguntas?
—Ya las has hecho, amigo —respondió Eddy, de brazos cruzados—. ¿Alguna otra cosa?
—Niño. Vamos a omitir esa insolencia. Somos del departamento de policías de Peach Creek —repuso el gordo—. Si vieron las noticias sabrán que dos ex estudiantes de su escuela escaparon de prisión. ¿Ustedes son amigos de alguno de ellos?
—No, señor… —respondió Doble D.
—Conocen a alguien que sea haya sido amigo de ellos?
—No, señor.
—Han asistido a la fiesta que organizo el amigo de Robert Hunt en su casa?
Fue un breve interrogatorio en el que solo Doble D se atrevió a responder.
—Sí saben o descubren algo, hagan su deber como ciudadanos e infórmenlo —dijo el gordo.
—Lo haremos, señor.
Cuando se fueron, Eddy suspiró.
—Li himis siñir. Si siñir. Deberías escuchar tus audios en Whatsapp.
—¿Y ahora qué te sucede? Estoy tratando de que no nos hundamos aún más en problemas —protestó Doble D.
—¿Puedes hacerlo sin sonar como un simp de la autoridad?
—¿Un qué?
—Eddy dice sonar mas rebelde, como él —comentó Ed, estirando los brazos.
—Oh, ya comprendo. Bien, entonces a partir de ahora me enfocaré en meternos en problemas.
—No seas tan dramático. Dios, ya no se puede ni bromear —se quejó Eddy—. Solo mantengan cautela sin perder la dignidad, y nadie lo sabrá jamás.
