Dicen que a veces puedes recordar las vidas anteriores a esta, pero tienen que existir ciertas condiciones que favorezcan este recuerdo, «Tienes que estar en la misma condición en la que moriste en aquella vida antes de esta». Sin duda era un precio muy alto, pues en el proceso podrías morir, y sinceramente él no había buscado aquella situación, a decir verdad, él ni siquiera recordaba aquella condición, pero ahí estaba.

Voy a morir.

Pensó mientras sentía como el aire abandonaba sus pulmones y se negaba a volver a ellos, también como todas sus extremidades se entumecían mientras intentaba mantenerse a flote, pero era bastante difícil cuando tenía un navío a su lado incendiándose.

Jamás debió de hacer caso a su abuelo, debió de quedarse en tierra firme con la heredera del Gran Príncipe, su luna, la dueña de cada uno de sus suspiros y futura esposa.

Debió.

Ya no había caso, moriría, lo último que se sabría de él es que zarpó hacia las tierras del Duque de Gremory y jamás regresó. Lo último que su prometida recordaría de él sería aquel beso con sabor a mar.

¿Qué fue aquello que harían para enojar a los dioses o al mismo mar? No, la pregunta realmente era ¿Qué había hecho su abuelo para enojar a los dioses? Pues mientras que la tormenta engullía al navío escucho a su abuelo rogarles por su perdón, pero tal vez ellos estaban tan furiosos con él que simplemente lo lanzaron contra el timón o lo que quedaba de él, siendo empalado por éste.

Intentó volver a la superficie, su mente le decía que ya no era aquella criatura de los mares, ya no era uno de sus guardianes, ni tenía la misma protección que en su otra vida, estaba destinado a perecer de la misma forma, entonces se rindió, dejó de luchar y cerró los ojos en busca de alivio.

Pero el mar, su mar, era caprichoso y no deseaba esperar otra veintena de años para verlo de nuevo, así que fue el mar quien lo regreso a la orilla tan solo con un par de rasguños en sus brazos.

Decidió esperar también en la cercanía, aunque aún cubierto por la seguridad de las aguas casi tan profundas como la altura del ser de la tierra en el que había renacido su Shiroiumi, solo se alejó de ahí cuando los hombres del Duque de Agares reconocieron el navío a lo lejos y al acercarse a la orilla vieron al heredero de uno de los Grandes Reyes.


02-05-2021