Capítulo 1.- "Aspirante al escuadrón"
La mañana era soleada, desperté porque la luz me calaba en los ojos. La noche anterior mi larga cabellera había terminado en el cesto de basura, todavía tenía las tijeras sobre el lavamanos. Me levanté del futón y fui a tomar una ducha.
Una fotografía donde mamá y yo lucíamos sonrientes, descansaba sobre la repisa de mi habitación. No era la casa donde ella y yo solíamos vivir, después del secuestro de mi madre tuve que escapar y buscar otro lugar donde quedarme. Apenas me dio tiempo de guardar algunas cosas en mi pequeña maleta.
«—Vete Sarada, no dejes que nadie sepa quién eres. Busca a Tsunade.»
Tsunade era una mujer que vivía en las orillas del pueblo de Konoha. Yo no sabía con exactitud qué edad tenía, pero todos decían que hacía brujería para mantenerse joven. La noche que mamá fue secuestrada, me escondió en un armario y me susurró con desesperación que buscara a esta mujer para que me diera alojamiento; a pesar de que estaba muy asustada le obedecí.
La señora Tsunade era una mujer guapa y de carácter fuerte, al principio me causó terror su mal carácter pero después de tratarla un poco más, comenzó a ser amable. Me prestó una habitación de las que alquilaba, la pieza no era muy ostentosa pero al menos tenía un techo donde protegerme.
Llevaba pocos días viviendo allí, asustada y culpándome todo el tiempo por no haber podido ayudar a mi madre, hasta ese día que decidí que era tiempo de dejar mi zona de confort y rescatar a mamá.
En Konoha existía un escuadrón especial que defendía la villa de los criminales enmascarados que llevaban años raptando mujeres y niños. Nadie sabía por qué lo hacían ni de dónde habían surgido, pero todo el pueblo y sus alrededores les tenían miedo.
Yo también tenía miedo, pero no podía renunciar tan fácilmente. Mi primer obstáculo era poder ingresar al Escuadrón de Konoha, no sabía muy bien cómo elegían a los integrantes pero había escuchado que estarían reclutando nuevos elementos para entrenarlos así que esa mañana me dispuse a visitar el campo donde se reunirían. Aparentar ser un chico no era nada sencillo, me puse ropa holgada y aunque mi cuerpo todavía no estaba muy desarrollado, escondí lo poco que me podría evidenciar.
Caminé entre los pueblerinos y busqué una forma de llegar sin tener que cruzar por terrenos solitarios, aún temía que esos hombres aparecieran.
El campo podía divisarse a pocos metros; árboles grandes y altos cubrían la mayor parte de la vista pero el montón de chicos que llegaban comenzaban a formar una fila frente a dos sujetos que se sentaban tras una mesa extendida.
Con temor a cometer un error me formé tras un chico y pronto llegaron más muchachos que se pusieron detrás de mí. Mi corazón empezaba a acelerarse. La hilera se movió y cuando menos me lo esperé, ya estaba frente a uno de los hombres que recibían a los aspirantes. Su rostro de aburrimiento y desánimo fue lo primero que detecté en él. Levantó la vista y con su mano derecha sostenía su mejilla; me miró de pies a cabeza y pestañeó sin muchas ganas.
—¿Nombre? —Preguntó.
—Saki —contesté sin añadir nada más.
Él anotó en una hoja y se quedó mirando algo en ella para luego volver a hablarme.
—¿Apellidos?
Tragué saliva, sus oscuros ojos volvieron a mí y me sentí presionada.
—Soy huérfano, señor.
Rayó un renglón.
—¿Edad?
—Doce años.
—¿Tienes alguna habilidad especial?
¿Habilidad especial? Si eso era algo importante para sumar puntos y entrar al escuadrón, yo estaba muy por debajo de aquella opción. Hubiera querido mentir e inventarme algo, pero lo cierto es que de nada me habría servido si al final descubrirían mi farsa.
Con pena respondí a su interrogante.
—No... señor.
—¡Vaya! Sí que admiro mucho tu valor, muchacho.
Sus palabras eran baldes de agua fría, lo hacía sonar como si fuera una experiencia trágica la que estaba a punto de vivir.
—Ve por todo el camino directo al campo donde están reunidos los aspirantes, allí serás evaluado junto con el resto.
Puso la hoja con mi nombre encima de una pila de papeles, me salí de la fila y fui en dirección a sus indicaciones.
Conforme avanzaba, podía presenciar a muchos jóvenes concentrados en el punto de reunión. Algunos hablaban entre sí y lucían muy confiados. Sólo podía pensar que todos eran mucho más fuertes que yo y mi negatividad salía a flote imaginando que sería en vano el haber asistido a ese lugar.
El parloteo continuó por al menos cinco minutos más, mientras yo seguía presa de mi pánico intentando calmarme y creer que tendría oportunidad. Veía a todos de reojo, nadie me miraba a mí. Por supuesto ¿quién notaría a una niña flacucha que casi estaba temblando como perrito abandonado? Ni siquiera se me podía llamar competencia.
—A ver ¡ya cállense!
La potente voz de un hombre cuyo rostro estaba cubierto hasta la mitad, hizo que todos guardaran silencio. Lo contemplé desde los pies hasta la cabeza, era un sujeto alto de cabello grisáceo y su mirada fuerte y profunda infundían terror; podría imaginar la clase de persona que era con sólo mirarlo y deducir que se trataba de un maestro muy estricto. El corazón me latía cada vez más rápido.
El señor de la máscara estaba parado con firmeza mientras la mitad de sus manos se escondían en los bolsillos de su pantalón. No dejaba de mirar a la multitud de aspirantes y eso me incluía, por supuesto.
El abrumador silencio que se generó tras sus órdenes era espantoso. ¿Quién era él? A parte de proyectar terror ¿por qué los demás chicos lo miraban casi como yo lo hacía? ¿Era muy malo?
Su grave voz volvió a escucharse y entonces los sentimientos de angustia que había conseguido controlar, volvían a aparecer.
—La evaluación comenzará ahora.
Dejando su posición inicial, el señor de máscara dio varios pasos hacia los lados sin quitarle la vista a los muchachos.
—Para quienes no lo sepan, el Escuadrón de Konoha protege a este pueblo; nuestro enemigo principal son los miembros de la organización Dragón de Koshi, que captura mujeres y niños para venderlos como esclavos o con otros fines siniestros.
Se detuvo justo frente a mí, podía asegurar que estaba mirándome a través de sus ojos negros y me preocupó imaginar que había descubierto que yo no era un chico.
—Así que como pueden deducir, ése es el motivo por el cual a este equipo sólo pueden unirse hombres fuertes que no teman a nada y que sean de utilidad para localizar al enemigo.
Hombres fuertes y valientes era el requisito indispensable, no arriesgarían mujeres al frente por ser vulnerables al secuestro de los criminales. Mi pregunta era... ¿Por qué sólo se llevaban mujeres y niños?
—Voy a ponerles una prueba y así determinaré quiénes están aptos para ingresar a la división de rastreo, quiénes pueden ir a la de combate y quiénes definitivamente no nos sirven.
Su entrecejo se frunció y su mirada se volvió más oscura. Ese señor era alguien difícil de manejar.
—Tienen cinco minutos para calentar, luego harán lo que les ordene. ¡Empiecen con el calentamiento!
Gracias por leer, conforme avancen los capítulos los iré haciendo más extensos. Si te gustó, no olvides dejar un comentario.
