Capítulo 2.- "La prueba" Parte I
Miré hacia los lados, los chicos estaban haciendo estiramientos antes de la prueba. Todos ellos concentrándose al máximo, algunos implementaban movimientos curiosos y parecían saber lo que hacían.
Me dije a mí misma que yo también tenía que hacerlo. No sabía de qué trataría la prueba para determinar quiénes entrarían o quizás pudiera haber una siguiente fase, pero el miedo simplemente no quería abandonar mi cuerpo.
Copié algunos movimientos que vi de los muchachos, estiré mis piernas y mis brazos.
—Si no puedo hacer algo tan simple como esto —pensé—... Jamás podré encontrar a mamá.
Cuando me quedé en posición de plancha, varias imágenes de mi madre llegaron a mi cabeza.
Momentos cuando de más pequeña corría llorando y ella me abrazaba; siempre lograba calmarme y llenarme de paz. Llegué a pensar que sólo en sus brazos estaba protegida.
—Mamá ¿a dónde te llevaron? ¿Estás bien? Tengo que encontrarte pronto.
Repentinamente un fuerte dolor en mi muñeca me hizo perder la concentración. En efecto, mi mala postura y forma de calentar habían lastimado esa parte de mi cuerpo.
El dolor había sido tan súbito e intenso que perdí el equilibrio y caí al suelo sobre mi pecho.
—¡Maldición!
Todavía no me reponía bien del impacto cuando miré unos zapatos frente a mí. No necesitaba ser vidente para saber a quién le pertenecían, eran del señor de la máscara.
Levanté un poco mi rostro y nuestras miradas se conectaron, lo poco que podía ver en su rostro eran ese par de ojos oscuros y fue así que noté la larga cicatriz extendiéndose por la parte izquierda de su cara.
—Hmm... Qué mal. Parece que ya te cansaste —dijo con un tono burlón—. Tal vez no debas estar aquí sino en casa con tu mamá.
Su última frase fue de completo mal gusto. Sentí que mi sangre hervía, aunque él no sabía la verdad respecto a mi madre, el simple hecho de oírlo hacer mofa de mi desgracia real, me hizo enojar.
Me levanté del suelo sin sacudirme el polvo y sin apartar mi vista de él. Finalmente estuve de pie frente al señor de cabello grisáceo sin comprender por qué de pronto había tenido ese arranque de ira. Él continuaba observándome sin decir nada, era como si su mente pudiera ver a través de mis pensamientos.
—Bien, quiero ver qué tan buenos son. Ya que están muy entusiasmados por formar parte de nuestro escuadrón, es momento de conocer sus habilidades.
Apenas volteó el rostro hacia un lado y exclamó con fuerte voz.
—¡Tú! El de blanco ¡ven aquí! Vas a combatir contra este chico.
Miré hacia la dirección donde él lo hacía y vi a un muchacho de vestimenta blanca y cabello del mismo color. Su aspecto era completamente distinto a lo que estaba acostumbrada a ver. Su piel era pálida y sus ojos como color miel.
El señor volvió a hablar.
—El primero en caer al suelo, pierde. Y el que pierda, no podrá formar parte de ninguna división.
Cuando oí eso, dejé a un lado mi atención al muchacho y volví con el señor enmascarado. Abrí mucho mis ojos ¿había escuchado bien? Él quería que nos enfrentáramos y lucháramos, pero ¿por qué justamente yo?
Yo no sabía combatir, el chico de blanco se veía mucho más fuerte que yo y definitivamente no podría contra él.
El señor dijo que quien cayera primero no tendría ninguna oportunidad de permanecer, ¿lo hizo a propósito? Aún no me conocía ¿y ya me odiaba?
Nadie se atrevía a cuestionar nada, mis piernas estaban a punto de empezar a temblar. El hombre se quitó de en medio permitiéndome una vista clara de mi oponente y entonces volvió a sonar su voz profunda y firme.
—Yo hago las reglas y ustedes obedecen.
