Capítulo 5.- "Zona de entrenamiento"
—¡Estaba preocupada por ti! ¿Pensé que te habían raptado!
La señora Tsunade no dejaba de sermonear y reprenderme por haberme perdido casi todo el día. Volví al pueblo al atardecer, solicité el permiso del general Kakashi y uno de los vigilantes me acompañó.
En realidad no tenía equipaje para llevar, sólo recogería ropa interior y avisaría a la señora Tsunade que estaría lejos. Ella no se había tomado muy bien la noticia, después de regañarme por mi ausencia se encargó de recordarme que ella seguía a mi cargo.
—No puedes hacer esto —me dijo con severidad aunque moderando su volumen debido al hombre que esperaba afuera de la casa—. Sarada, ellos te descubrirán tarde o temprano y serás echada.
—No me importa, aprovecharé todo el tiempo que esté allí. Necesito saber por lo menos algún indicio de la ubicación de estos hombres.
Ella hizo un mohín y se cruzó de brazos haciendo resaltar su busto.
—Eres igual de terca que Sakura, eso sin duda lo heredaste de ella.
—Señora Tsunade, cuide esto —le entregué la fotografía que atesoraba—. No puedo llevarla conmigo pero sé que usted la tendrá en un sitio seguro.
La mirada de la señora cambió drásticamente a una llena de pena; agarró el portarretrato y lo observó con nostalgia, así me lo hizo saber el gesto triste de su cara.
—Bien, ya tengo que irme —expresé, eso la hizo salir de sus pensamientos y prestarme atención.
—Parece ser que no podré detenerte, después de todo eres testaruda. Así que sólo me queda desearte mucha suerte en lo que sea que te propongas.
Acarició mi cabeza, me sentí pequeña, frágil y por momentos, incapaz de alcanzar el gran objetivo al que deseaba llegar.
—Cuídese de los criminales —dije.
—Tú debes hacer lo mismo.
Asentí y salí de la casa para emprender camino hacia un nuevo sitio donde estaría quizás un paso más cerca de encontrar a mi madre.
La zona de entrenamiento estaba muy lejos de Konoha; un vehículo me transportaba junto con otros miembros del escuadrón y enfermeros, el general Kakashi no iba con nosotros, tuve la curiosidad de saber dónde estaría él.
Me quedé dormida mientras me distraía viendo el paisaje que poco a poco oscurecía; en un cabeceo abrí los ojos y noté que el vehículo se había adentrado a una zona boscosa y esta parado frente a un portón, éste se abrió y le permitió el acceso.
Me tallé los ojos y abracé mi mochila, sin duda por fin llegamos a la zona de entrenamiento.
La escasa luz sólo me permitió distinguir una construcción de dos pisos de altura. La noche era estrellada y el viento soplaba ligero; bajé del vehículo y miré el firmamento, cuando vislumbré el titileo de las estrellas, sonreí.
«Papá»
(...)
Seguí al resto de los miembros que me acompañaron en el vehículo, así pude ingresar al edificio y miré a todos lados. Había un largo pasillo alumbrado con luminarias fluorescentes, varias puertas a los costados me indicaban otras habitaciones. No sabía a dónde ir, sujeté con fuerza mi mochila y me acerqué al primer sujeto que encontré.
—Disculpe, señor...
El hombre dejó de darme la espalda y volteó ante mi llamado, cuando lo hizo lo primero que noté fueron sus ojos azules.
—Ah... Buenas noches, lo siento yo... Soy nuevo aquí y no sé con quién debo dirigirme.
Por alguna razón me sentí apenada, el hombre en cambio no se veía malvado y gritón, tenía un rostro apacible, me transmitía calma.
Sus labios se curvaron en una sonrisa.
—Siempre es bueno recibir jóvenes dispuestos a proteger nuestra aldea y nación. ¿Cuál es tu nombre, muchacho?
—S-Saki.
Por su reacción supuse que esperaba escuchar más que eso, pero luego quizás dedujo que mi falta de apellido era por no tener padres ya que dejó de sonreír.
—Soy Naruto Uzumaki —contestó y me extendió su mano la cual miré por instantes antes de estrecharla.
—Te llevaré con el general de esta división, sígueme.
Caminó por el pasillo y le fui detrás, se detuvo frente a una puerta, dio dos golpecitos y luego giró la manija.
—Capitán Iruka, un nuevo recluta ha llegado.
El señor Naruto me miró y me dio el acceso a la oficina del capitán, me colgué bien la mochila y entré. Un hombre moreno de cabello castaño y con una cicatriz sobre su nariz, estaba sentado frente a un escritorio repleto de carpetas.
—Buenas noches, capitán —hice una reverencia, estaba muy nerviosa.
—¿Cuál es tu nombre?
—Me llamo Saki, señor.
Él revisó un papel y se sobó el mentón.
—Sí, eres ese chico que el general Hatake registró. De acuerdo, mañana empezarás el entrenamiento con los nuevos reclutas así que te asignaré tu habitación y pasarás a recoger tus cosas en el almacén.
Fruncí el ceño, ¿de qué estaba hablando? El sitio estaba muy bien estructurado en todos los ámbitos, había pensado desde mi ignorancia que el Escuadrón de Konoha sólo era una organización de hombres valientes que luchaban por la erradicar a los criminales, pero tenían todo un sistema de jerarquía.
—Bueno, me retiro capitán Iruka —habló el señor Naruto, inconscientemente volteé con él y noté que su chaleco negro tenía una distintiva marca roja en forma de espiral.
—Teniente Uzumaki —dijo el señor Iruka y se puso de pie—, gracias por su servicio y ayuda, la brigada le recibirá con gusto la próxima vez que venga.
—Descuide, estaremos bien. Le diré al general que los reclutas comenzarán con el programa pronto, en cuanto tenga miembros significativamente hábiles le pido que me envíe un informe detallado.
—Así será.
Antes de retirarse, el hombre de ojos azules me vio por última vez y alzó su pulgar.
—Esfuérzate, muchacho.
Salió cerrando la puerta, dejé de ver la entrada y volví hacia el capitán.
—Disculpe señor capitán, ese hombre... Usted lo ha llamado teniente Uzumaki, disculpará mi ignorancia pero ¿qué rangos existen dentro del escuadrón?
El capitán volvió a sentarse y tomó una hoja de papel en blanco y un bolígrafo negro en el que comenzó a escribir.
—El nivel más bajo dentro del escuadrón es el cuerpo de infantería, éstos son los reclutas que logran aprobar la evaluación y se integran a la agrupación. También existen divisiones como lo son el cuerpo médico y de rastreo, pero ellos son entrenados en otra zona —explicaba y marcaba círculos en el texto—. Los sargentos son los jefes de las tropas que te mencioné con anterioridad, después están los capitanes de los jefes de las divisiones, en mi caso, soy el líder de la división de infantería. Después está el general de las brigadas, mi superior es el general Hatake, él es quien lidera a todas las divisiones del escuadrón.
Me emocioné al escuchar eso, el señor Kakashi tenía un nivel importante dentro del escuadrón. Se había convertido en mi modelo a seguir.
—El teniente general está por encima del general de brigadas, él es quien selecciona a los miembros que se unirán al ejército.
—¿Ejército? Pero... ¿Entonces qué pasa con el cuerpo de infantería? Creí que ellos eran el ejército.
—Ellos sólo se encargan de proteger la aldea de Konoha de maleantes como ladrones u otros delitos de grado menor.
—Eso quiere decir que no se enfrentan a la Organización Dragón de Koshi? —Él negó con su cabeza y me sentí decepcionada.
—Dragón de Koshi está a un nivel muy distinto del cuerpo de infantería, quienes sobresalen por sus habilidades y son aceptados por el teniente Uzumaki, pueden ingresar al ejército.
—¿Entonces el escuadrón de Konoha es muy distinto al ejército?
—El escuadrón de Konoha es el nombre popular que la gente le ha dado a nuestra organización, los verdaderos hombres que luchan cara a cara con estos criminales pertenecen al ejército del país del Fuego.
Me sentí con más dudas, no quería desesperar al capitán pero estaba tan confundida que aproveché su honestidad.
—¿El teniente Uzumaki es el líder del ejército del país del Fuego?
Él rayó la hoja y puso un nivel superior.
—No, él es el jefe del ejército de Konoha. Hay un líder supremo en esta organización, y es el comandante general del ejército del país del Fuego.
Me quedé callada analizando la jerarquía, encontrar a mamá resultaría más complicado de lo que en un principio imaginé. Ni siquiera estaba en el nivel más bajo del escuadrón, para eso tenía que pasar la evaluación o sobresalir y poder brincar hasta el ejército de Konoha. Pensé en lo que me dijo el señor Kakashi, el sharingan, si era cierto que yo poseía esa extraña habilidad ocular lo mejor sería perfeccionarla pero la pregunta era ¿cómo?
—¿Le molesta si me quedo con la hoja? —Señalé el papel que rayó, el capitán me lo entregó.
—Te ves muy interesado en la organización, hasta ahora son pocos los muchachos que cuestionan tanto como tú.
—Quiero poder ser parte de este escuadrón —afirmé—, por eso voy a esforzarme mucho.
El capitán Iruka no se veía tan severo como el general Kakashi, era muy parecido al señor Naruto y eso de algún modo me tranquilizaba.
—Lleva esta hoja al almacén —me entregó un formato sellado—. Y bienvenido a la zona de entrenamiento militar.
Luego de recibir indicaciones fui hasta el dichoso almacén; me entregaron dos cambios de ropa, unos zapatos y artículos de limpieza personal. El capitán me había asignado una habitación en el área B, no había mucho ruido así que imaginé que estaban durmiendo.
El cuarto era compartido por diez personas, y se acomodaban en cinco camas literas. Cuando llegué a mi pieza abrí la puerta con cuidado sin hacer mucho ruido, la luz estaba apagada y no veía lo suficiente por lo que me arriesgué a confiar en mis sentidos.
Di pasos cortos y lentos, evitando tropezarme o golpear algo. No sabía qué cama podría estar libre, moví mis manos para sentir los muebles, pronto localicé un colchón y tras tocar más, encontré algo cálido y un sobresalto me asustó. Caí sobre mi trasero y la luz fue encendida, escuché quejas de otros jóvenes y frente a mis ojos sobre la cama, estaba el muchacho de cabello blanco que peleó contra mí en aquella prueba.
Se me quedó mirando como extrañado y salió de su estado de trance cuando los reclamos por tener la luz encendida, se hicieron cada vez más intensos.
—Lo siento —dije y me levanté del suelo, él seguía viéndome con sus ojos ámbar.
—¡Apaga la luz! —Oí una exclamación.
—Sube —dijo el muchacho y me señaló la parte superior de la cama donde él estaba—, está libre.
—Sí, gracias.
Trepé por la escalera y me acomodé, la luz fue apagada nuevamente y esa noche no pude acomodar mis cosas. Me quedé boca arriba pensando seriamente en mi destino y suplicando que mi madre se encontrara bien. Ya había dado un gran paso entrando a esa zona... pero todavía me faltaba mucho por conseguir.
Cerré mis ojos recordando momentos felices junto a mamá e imaginé la escena donde nos reencontrábamos; entonces, me quedé profundamente dormida.
Todavía estaba cansada y el cuerpo me dolía cuando nos despertaron muy temprano, una voz fastidiosa me hizo abrir los ojos con molestia y cuando la luz fue encendida me caló.
—¡Arriba todo el mundo! ¡Vamos, vamos!
No pude ver quién había hecho tal escándalo porque cuando me enderecé el sujeto ya se había ido a llamar a otros chicos.
Me estaba tallando los ojos y bostecé, había un reloj colgando en la pared: eran las cinco de la mañana, muy posiblemente sólo dormí cuatro horas.
Todos los muchachos comenzaron a estirarse y a recoger sus cosas, miré que comenzaron a vestirse con los uniformes que les entregaron en el almacén. Yo también tenía el mío pero no podía cambiarme en frente de todos ellos.
Cuando vi que todos salieron de la habitación me apresuré a vestirme y a ponerme los zapatos, luego corrí para alcanzarlos.
Se dirigieron a un baño y se lavaron la cara y los dientes, había por lo menos veinte grifos y esperé que se desocupara uno para cepillarme la dentadura.
Saqué mi cepillo del empaque de plástico y lo eché en el bote de basura, añadí la pasta y me cepillé tranquilamente mientras me veía en el espejo. Todavía tenía el cepillo en mi boca cuando noté que el chico de la noche anterior estaba junto a mí observándome.
Me quité el cepillo y escupí avergonzada para luego enjuagarme, pero él continuaba mirándome de una forma extraña.
Abandoné el baño y fui a dejar mis cosas en la habitación, luego me dirigí junto con el resto al campo de entrenamiento.
Todos estaban formados, había varios hombres uniformados con un chaleco distinto y sus manos detrás de la espalda. Nos miraban fijamente y entonces uno se atrevió a hablar.
—Continuaremos trabajando como lo venimos haciendo desde ayer. Equipos de cuatro integrantes bajo el mando de los capitanes de equipo, practicarán combate y defensa personal.
Eché un vistazo rápido, todos estaban silenciosos y serios, el muchacho que hablaba se veía demasiado joven y el que estaba a su lado también. Quizás eran de mi edad, no lo sabía, pero no parecían tener más de quince años.
Comenzaron a nombrar integrantes de equipo, esperé pacientemente a ser llamada pero nadie pronunciaba mi nombre. Descubrí que la voz fastidiosa que me despertó esa madrugada era del chico rubio con rayas en la cara, él sería el capitán de un equipo y estaba llamando a sus miembros.
—Inojin Yamanaka, Iwabee Yuino, Mitsuki y Saki —dejó abajo la hoja en sus manos—, ustedes están bajo mi mando.
—¡Sí, señor! —Contestaron todos menos yo, no sabía que tenía que contestar y el muchacho rubio me miró feo.
Dio unos pasos al frente y apartó de jalón al pobre muchacho que estaba delante de mí.
—Dije que estarán bajo mi mando ¿acaso no oíste?
Tragué saliva sin dejar de mirarle, me recordaba mucho al teniente Naruto.
—Sí, señor —dije.
—¡No escuché!
—Sí, señor —repetí con un volumen más alto.
—¡Más fuerte!
—¡Sí, señor! —Exclamé, luego oí algunas risitas y el muchacho rubio sonrió con malicia.
—Tienes la vocecita de una niña, me pregunto cómo pudiste entrar a este lugar.
Apreté mis labios y mientras buscaba la forma de tranquilizar mis temblores, mi mirada se encontró con la del muchacho de cabello blanco ¿por qué me miraba?
—¡Cada quien reúnase con su equipo! —Gritó uno de los capitanes y las filas se rompieron.
Me dirigí hacia el lugar donde el rubio antipático caminó, por desgracia mi líder de equipo era él y no me quedaba más remedio que obedecer.
En tanto me acercaba y se reunía el resto de mis compañeros, vi que el chico de ojos ámbar pertenecía a mi agrupamiento. Bajé la mirada cuando me puse a su lado, pero él me habló repentinamente.
—Soy Mitsuki —dijo y lo vi directamente, había levantado su mano par saludarme.
—Saki —contesté y toqué su mano, estaba fría.
—Qué hermoso, ya hicieron amistad —pronunció el rubio y se rompió nuestro tacto—. Tú no estabas ayer —me señaló—, eres ese chico que enviaron a última hora.
—El general Kakashi me envió —expliqué.
—¿Te di permiso de hablar? —Se acercó y retrocedí— Escúchame bien, yo soy el que da las órdenes.
Se giró y sentí un alivio cuando ya no tuve que ver su cara.
—Vamos a empezar con el entrenamiento, para ello he decidido que les enseñaré a defenderse cuando sean atacados —volvió a girarse y me agarró fuerte de la muñeca arrastrándome tras él—. Quiero que vean los movimientos para que aprendan.
Me soltó bruscamente y comencé a frotarme la parte donde me lastimó.
—Vas a atacarme —me dijo—, quiero que vengas e intentes golpearme.
Mis labios se abrieron pero no pude decir nada, vi de reojo a mis compañeros y luego al rubio gruñón.
—Anda ¡te he dado una orden!
Mis manos temblaron y fui directo a él titubeante de mis acciones, quise golpear su cara y entonces él sujetó fuerte mi brazo tirándolo hacia abajo obligándome a caer de rodillas, solté un quejido y me arrepentí por ello, no quería sonar débil.
—Está claro que los criminales no nos atacarán de este modo tan ridículo —enfatizó—, pero por si se diera la ocasión de que alguno es un tarado, entonces hagan el mismo movimiento que yo he hecho ¿entendieron?
—¡Sí, señor!
—Párate y atácame de nuevo, pero hazlo en serio —me exigió.
Me levanté y sobé mi brazo, luego pensé cómo podría ir hacia él. Recordé la patada que recibí en la prueba y quise intentarlo. En un momento acelerado lo ataqué y él esquivó el golpe con facilidad, luego metió su pierna y me hizo caer al piso cuando perdí el equilibrio.
—Como ven, una patada se bloquea fácilmente de esta manera. Por supuesto que el ataque de un verdadero rival será mil veces peor que este espantoso intento por golpearme —se burló, me enderecé y me sacudí el polvo—. Anda bebé llorón ¿qué esperas para atacarme de verdad?
Cerré mi mano enojada y quise golpear su cara pero él atrapó mi puño, luego mi otro brazo y me retorció hasta la espalda para tirarme al piso con fuerza. Sentí el impacto sobre la tierra y gemí de dolor.
—Esto es ridículo, ni siquiera me das pelea.
El chico me estiró la camiseta del cuello para levantarme, sentí la falta de aire y me paré en cuanto me arrastró, entonces tosí y él se burló. ¿Por qué estaba siendo tan agresivo conmigo? Mis demás compañeros ni siquiera me veían a los ojos, sólo Mitsuki y su rostro no era precisamente de satisfacción, se veía apenado.
—Eres demasiado débil —me dijo el capitán del equipo—, no sé por qué el general Kakashi te aceptó. Eres repugnante y tonto, no puedes ni golpearme, pegas como una niñita.
Mientras me insultaba bajo sus criterios, comencé a enfurecerme, sólo podía ver su boca abrirse para soltar ofensas.
—¡Si no vas a hacer las cosas bien entonces lárgate con tu mami!
Un manotazo en su mejilla fue todo lo que necesité para callarle la boca, su expresión era de aturdimiento y yo podía sentir mi pecho arder de rabia. Luego reaccioné y me miré la mano, le había dado una cachetada y cuando volví a verlo noté cómo su mirada se llenó de coraje.
En un parpadeo me regresó el golpe directo a la cara y caí al piso quejándome del dolor.
—¡Te crees muy listo! ¡Yo soy el capitán!
—Basta, por favor.
Mitsuki se interpuso evitando que me volviera a golpear, el chico moreno se acercó a mí y me ayudó a levantarme, sentí que algo caliente escurrió por mi boca y cuando lo toqué y lo puse frente a mis ojos me di cuenta que era sangre.
—Tenemos que llevarlo a enfermería —dijo el moreno.
—¡Bah! Esta cucaracha no tiene resistencia, mejor envíenlo a su casa.
Sentí unas manos en mis hombros, luego vi a Mitsuki.
—Vamos, te llevaré con la enfermera.
—No he dicho que pueden retirarse —habló el capitán.
—Está sangrando, el código dice que por ningún motivo el recluta debe entrenar si está herido —dijo Mitsuki y el capitán chistó molesto.
—Tienes diez minutos para volver aquí —se refirió a Mitsuki.
—Sí, señor.
(...)
Todavía estaba inclinada hacia delante con mi mano sujetando la parte blanda de mi nariz. La enfermera me estaba limpiando la tierra de la cara y brazos, Mitsuki seguía de pie junto a mí.
—Gracias —apenas y pude decirle.
—Lamento que te sucediera esto, y... también siento mucho haberte golpeado en aquella prueba.
—Está bien, no tenías otra opción.
—Puedes soltar tu nariz —dijo la enfermera y me revisó detalladamente—. No tienes fractura, un antinflamatorio te vendrá bien.
—Gracias —le dije.
Ella fue por la medicina y Mitsuki aprovechó para ponerse en su lugar y verme de frente.
—Volveré al campo.
—Sí, creo que iré más tarde cuando me hayan dado la autorización.
—A las diez tenemos el almuerzo en el comedor, está en la zona D —me explicó—. Luego descansamos media hora y después limpiamos las áreas asignadas. A las dos de la tarde volvemos al campo para un último entrenamiento, al finalizar vamos a las duchas, la cena se sirve a las siete y dormimos a las nueve.
Mitsuki se había aprendido todo el horario, parecía un chico demasiado listo.
—Oye Mitsuki —dije apenada de pronunciar su nombre—... ¿Por qué ese niño es líder? Es muy joven ¿no lo crees?
—Entró hace seis meses, ascendió rápidamente al cuerpo de infantería y le otorgaron el permiso tanto a él como a su compañero, de liderar los grupos de reclutas.
—De modo que pasó la prueba y ahora está en el nivel más bajo de la jerarquía —mascullé.
—Se llama Boruto Uzumaki —levanté la mirada—, es el hijo del teniente.
—Ya veo.
El teniente Naruto parecía ser todo lo contrario a ese mocoso insolente, pero si su padre ocupaba un nivel tan alto en el escuadrón, no era de sorprenderse que el hijo tuviera tales privilegios... O muy posiblemente sí era bastante fuerte.
—¿Y quién es el otro niño?
—Shikadai Nara. Su papá pertenece al ejército de Konoha.
La enfermera regresó y me aplicó la medicina, estuve callada un rato pensando en los rangos y ya que Mitsuki continuaba allí quise saber más antes que se fuera.
—¿Tú sabes qué diferencia hay entre el ejército de Konoha y el ejército del país del Fuego?
Mitsuki se mantuvo silencioso unos momentos pero fue la enfermera quien habló en su lugar.
—El ejército del país del Fuego es quien enfrenta a los miembros más peligrosos de Dragón de Koshi, son seres que están a otro nivel de fuerza, es imposible de explicar.
La mujer continuó con su labor de curarme y tanto Mitsuki como yo, intercambiamos miradas.
—Eso quiere decir que muy pocos pueden entrar al escuadrón del país del Fuego —dije con tristeza.
—El comandante general del ejército del país del Fuego es quien determina quiénes son aptos para ingresar a su escuadrón.
—Deben ser hombres asombrosos —comentó Mitsuki, la enfermera sonrió por cortesía.
—Conociendo al comandante, eso es más que obvio.
—¿Y cómo se llama el comandante general? —Cuestioné.
—Nuestro líder —la enfermera resopló—... Se llama Sasuke Uchiha.
Gracias por leer. Si te gustó no olvides dejar un comentario, me gustaría saber tu opinión.
