Capítulo 6.- "El galán de los reclutas"
Aprovechando que los demás seguían en el campo de entrenamiento, fui a tomar una ducha y al mismo tiempo me sirvió para conocer el lugar. Tal como Mitsuki me lo había comentado, la zona de reclutas tenía su reglamento y los horarios estaban establecidos.
Lo que me temí era una realidad, al llegar a la sección de duchas me encontré con una habitación amplia, las regaderas estaban divididas con paredes delgadas y en el frente sólo una cortina de plástico cubría a la persona en cuestión.
—Esto es horrible —mascullé—. Tener que compartir el baño entre tantos hombres...
Caminé con mi toalla en la mano, no había nadie más allí pero no dejaba de atemorizarme el hecho de que muy posiblemente tendría que bañarme cuando todos lo hicieran y sería espantoso que descubrieran que era mujer.
Antes de entrar a las regaderas, había una habitación para desvestirse, premedité todo para cuando me viera en la necesidad de estar compartiendo baño. Entraría con mi ropa lista y me desvestiría en la regadera, luego, me cambiaría de ropa allí mismo.
El agua estaba fría y al hacer contacto con mi piel, mi cuerpo comenzó a temblar. Definitivamente vivir en ese sitio sería todo un reto, no sólo porque tenía que aprender a combatir y mejorar mis habilidades oculares, sino porque aparentar ser un chico no era cosa sencilla. Me dolía todo el cuerpo por tantos golpes y raspones e incluso mi nariz estaba sufriendo las consecuencias. La medicina recién estaba haciendo efecto calmando mi dolencia tras el puñetazo en la cara.
Tras finalizar la ducha y vestirme, fui a peinarme frente al gran espejo del baño. Con pena pasé mis dedos por entre los mechones cortos de mi cabello y recordé cuando era largo y bonito. La persona que estaba reflejándose en el cristal no era Sarada en lo absoluto, era alguien completamente diferente: llena de marcas, moretones, y ojos cansados.
—No sé cómo peinar este cabello.
A las diez de la mañana fui al comedor para tomar el almuerzo, me costó trabajo encontrarlo ya que el edificio tenía diferentes secciones y eso lo hacía casi como un laberinto.
El lugar estaba lleno, miré alrededor queriendo entender cómo funcionaba el sistema de repartición de alimentos.
—Debes tomar una charola y formarte para que te sirvan.
Di un respingo cuando oí esa voz detrás de mí, volteé y me di cuenta que se trataba de Mitsuki. Ese chico era muy extraño y casi parecía que podía leer mis pensamientos.
—¿No vas a almorzar? —Preguntó.
—Sí, gracias por ayudarme.
—Puedes sentarte conmigo —ofreció sin hacer un gesto diferente, siempre su rostro era tranquilo.
—Suena bien —reí nerviosa—, te lo agradezco.
—Deberías dejar de agradecerme por todo.
Dejé de sonreír cuando mencionó eso, esperaba que añadiera más a su argumento pero simplemente avanzó hasta una de las mesas y se sentó.
—¿Qué le pasa?
Fui con mi charola a tomar lugar en la fila, ésta avanzaba rápido y lo que me sorprendió fue mirar a una jovencita regordeta ayudando en la labor de servir la comida. Había pensado que sólo se permitían hombres en aquel sitio pero no era así, por supuesto, no abundaban las mujeres y estaba estrictamente establecido que ninguna mujer entraría al escuadrón, pero para puestos de medicina u otras actividades, no tenían restricción de sexos.
Llegó mi turno, puse mi charola sobre la barra de metal y la jovencita la tomó. Aproveché para ver lo hermoso que era su cabello, el tono cobrizo hacía un contraste perfecto con su piel morena y de repente me di cuenta que ella me veía confundida.
—¿Me estabas observando? —Preguntó haciendo una mueca extraña.
—¡Ah! Lo siento yo... Sólo miraba tu cabello, es lindo.
La chica cambió su expresión y yo arrugué la frente, había olvidado que estaba intentando parecer un chico y decir cosas así a la ligera podrían resultar un problema.
—Chouchou apresúrate, la fila tiene que avanzar.
Un señor le ordenó y la muchacha se puso recta y empezó a servir arroz en un tazón. Su mano temblaba y con torpeza echó una ración al cubierto, luego lo puso sobre la charola junto a un plato con un trozo de pollo y algo que parecía una crema.
—Aquí tienes —me dijo, pero no me miró a los ojos.
—Gracias.
Tomé mi charola y fui donde Mitsuki se había sentado, al llegar vi al rubio de piel pálida que estaba en mi equipo, se había sentado también en la misma mesa que Mitsuki.
—Voy a sentarme aquí —anuncié.
—Adelante —Mitsuki respondió.
—Oye, tú eres ese chico de hace rato ¿cómo está tu nariz? —Preguntó el otro chico.
—Me duele un poco pero está mejor, ya no ha sangrado. Por cierto, mi nombre es Saki.
—Soy Inojin Yamanaka.
Ladeé mi cabeza cuando oí su apellido... De alguna forma me recordaba a alguien. Me quedé mirando su rostro hasta que lo relacioné.
—De casualidad... ¿eres familiar de la enfermera Ino Yamanaka?
—Soy su hijo —dijo muy tranquilamente.
—¡Su hijo! —Ella me había mencionado que tenía un hijo de mi edad, pero no imaginaba que él sería un recluta.
—Entonces conoces a mi madre.
—Bueno, ella curó mis heridas después de que unas bestias atacaran a mi pueblo.
Mitsuki no dejaba de vernos mientras tomaba de su vaso, fui testigo de ello porque sus ojos se movían de un lado a otro.
—Mi padre también forma parte de la organización, él está en el ejército de Konoha pero a veces ayuda en la división de rastreo, él es el sargento de esa unidad —mencionó con orgullo.
—Entonces tu papá es el sargento de la división de rastreo, y tu mamá es parte del cuerpo médico... Vaya, eso es realmente estupendo —dije con nostalgia, Inojin era un chico afortunado por tener a ambos padres y que ellos fueran así de asombrosos.
—La verdad no me puedo quejar, es por ello que decidí intentar probar suerte en el escuadrón.
—¿Y tus padres, Saki? —Preguntó Mitsuki.
Di un sorbo a mi bebida para hacer tiempo y pensar en mis palabras.
—Ellos murieron —se sentía horrible tener que negar a mi madre—... Digamos que crecí sólo, soy un chico sin familia.
—Lo lamento mucho.
—No, está bien —moví mis manos en el aire—. ¿Qué hay de ti, Mitsuki? ¿Tienes padres?
—También soy huérfano —me sorprendí al oír eso.
Inojin no se quedó con la duda e intervino en la conversación.
—Y a todo esto, si ustedes son huérfanos ¿por qué quieren entrar al escuadrón? ¿Están buscando una manera de morir?
Mitsuki sonrió y miró al rubio, ese chico era demasiado honesto e imprudente.
—Si me quisiera suicidar no me hubiese molestado en presentar la prueba de ingreso y simplemente me hubiera apuñalado con un cuchillo o colgado de la rama de algún árbol —respondió Mitsuki sin quitar su sonrisa, los miré aterrada a ambos.
—Tiene sentido. Entonces ¿qué te hizo tomar la decisión de querer pertenecer? —Insistió.
—Bueno —Mitsuki se sobó el mentón—, ya que tengo buenas habilidades de combate y estos criminales tienen sometida a la población, pensé que debería dar buen uso de mis talentos para ayudar al escuadrón.
—¿Y tú, Saki?
—Pues... También quiero ayudar, quiero ser útil.
Inojin frunció el ceño y no dejó de mirarme, me sentí descubierta por sus celestes ojos.
—Perdona que te lo diga así pero te me haces demasiado débil, quiero decir... Antes en el campo te dieron una paliza y no pudiste hacer mucho.
—Lo sé —acepté con pena—, pero eso es porque no estaba preparada. Evidentemente el capitán iba a ser más fuerte, ese chico tiene más experiencia.
—¿Debería ayudarte a entrenar? —Se ofreció Mitsuki— Dices que quieres ser útil, quizás debamos empezar a mejorar tus técnicas de combate.
—Eso sería genial, ¿de verdad me ayudarías?
—Por supuesto. Estamos aquí para apoyarnos, después de todo si nuestro equipo logra superar el examen seremos parte del cuerpo de infantería.
Mitsuki era tan amable que hasta me daban ganas de abrazarlo, quizás él podría ser mi primer gran amigo.
—Oigan, no me pueden dejar atrás. Si van a entrenar tendrán que incluirme.
—¿Qué hay del otro chico? Creo que se llama Iwabee.
—Ese tipo es un bocón —dijo Inojin—, no me agrada.
Mis ojos vagaron por todos los presentes y localicé al moreno sentado en otra mesa comiendo solitario.
—Me da la impresión de que le cuesta hacer amigos —dije—. Quizás debamos llevarnos bien e intentar integrarlo a nuestro grupo.
—Saki, ni se te ocurra —amenazó Inojin con su tenedor—. Es muy brusco y se cree el matón de los reclutas, pero a leguas se nota que es un cobarde, no ha podido hacer nada contra Boruto.
—Ah, es verdad... Así se llama el capitán —miré mi plato con arroz.
—Volveremos a tratar con él en el entrenamiento de la tarde —habló Mitsuki—, será mejor no hacerlo enojar.
—No entiendo por qué se ensañó conmigo, no le hice nada.
Inojin bajó el volumen de su voz y eso me hizo prestarle atención, se acercó más a la mesa y llevó una mano cerca de su boca.
—Es un presumido, se cree el mejor recluta que el escuadrón ha tenido pero yo pienso que entró al cuerpo de infantería gracias a que su papá es el teniente. Además, dicen que su mamá es la hija de uno de los hombres más ricos del país, por eso es un prepotente.
Mitsuki le metió un codazo a Inojin cuando vio que Boruto caminó cerca de nuestra mesa, todos guardamos silencio y nos concentramos en comer, se sentía la presión en el ambiente cuando el capitán del equipo estaba cerca.
—¿Ya se fue? —Preguntó Inojin en un susurro.
—Sí —dijo Mitsuki.
Respiré con calma.
—En ese caso, de ahora en delante será mejor que nos apoyemos mutuamente ¿verdad, Saki?
Sonreí.
—Claro, estoy de acuerdo contigo, Inojin.
El almuerzo terminó y tras un corto descanso, pasamos a limpiar las instalaciones. Me tocó limpiar el comedor junto con Inojin y otros muchachos; estábamos limpiando las mesas cuando un vaso de plástico rodó hasta chocas con mis pies. Me agaché para recogerlo y al levantarme vi a la chica morena parada justo delante de mí y con sus manos en el aire, como si fuera a tomar el vaso. Comprendí que a ella se le había caído y se lo devolví sin decirle nada, ella apretó los labios y sus mejillas tomaron cierto rubor.
— Gracias —pronunció en un tono bajo.
—Descuida.
Continué limpiando la mesa con un trapo, pero ella no se movía de su sitio por lo que volvimos a tener contacto visual.
—¿Te puedo ayudar en algo? —Cuestioné.
—Ehm... Bueno...
—¡Chouchou, ven aquí ahora mismo!
Ella dio un salto asustada y miró hacia el hombre de la cocina, no me dijo nada y simplemente se fue corriendo donde el sujeto.
—Qué chica tan rara.
—Parece que le gustas —mencionó Inojin tras una risita bulona.
—¿Eh? Eso no es cierto.
—Pues a mi punto de vista, yo digo que sí. Tienes ese tipo de cara que le gusta a muchas niñas.
Alcé una ceja.
—¿Ese tipo de cara?
—Ya sabes, el de un chico tierno. La mayoría de los hombres de este lugar son descuidados y feos —me pasó un brazo por los hombros y miró hacia el horizonte— sólo tú y yo somos una gran excepción. Somos los galanes de los reclutas.
Me sentí incómoda con esa acción y aparté discretamente su brazo de mi cuerpo.
—No soy un galán, no digas tonterías.
Inojin continuó riéndose pero dejó de hacerlo cuando un fuerte ruido sonó en el comedor, miramos hacia un lado y vimos a Iwabee junto a una cubeta tirada en el piso con toda el agua regada.
Al percatarse de nuestras miradas, Iwabee volteó y juntó sus cejas con un notorio enojo.
—¿Qué me miran?
Inojin y yo apartamos la vista y seguimos limpiando las mesas. Era cierto, Iwabee tenía un pésimo carácter.
Después del descanso y de haber limpiado, llegó el momento de volver al campo para el siguiente entrenamiento. Por desgracia, tal como Mitsuki lo había dicho, Boruto volvería a estar presente y ya podía escuchar sus horribles ofensas.
Estábamos parados con firmeza sin mover un sólo dedo, el rubio capitán andaba de un lado a otro con sus manos detrás de la espalda y sin quitarnos el ojo de encima. Se paró frente a mí y me barrió con la mirada, luego hizo un gesto de desagrado.
—Muy bien, lo de la mañana sólo fue un calentamiento, esta vez vamos en serio. Además, el capitán Iruka nos ha solicitado a los capitanes de equipos que les informemos de lo que acontecerá en una semana. Como saben, las evaluaciones serán a final de mes pero estamos en un momento crucial debido a las bajas en los elementos del escuadrón y urgen nuevos reclutas.
¿Bajas? Eso no sonaba muy bien, si había falta de miembros significaba que había pérdidas humanas o lesiones graves en los elementos tras luchar contra los criminales de Dragón de Koshi. ¿Qué tan fuertes podían resultar ser?
—Sabemos que es muy pronto para que alguno de ustedes ascienda e ingrese al cuerpo de infantería, pero incluso si entre los nuevos miembros hay alguien sobresaliente es casi seguro que sea llevado a otra zona donde recibirá el entrenamiento para entrar directamente al ejército de Konoha.
Mitsuki alzó su mano y Boruto le permitió hablar.
—¿Eso significa que alguien vendrá a inspeccionar nuestro avance?
—Así es, por órdenes del comandante general es que se hará una revisión de todos ustedes. Pero dudo que sea posible encontrar algo bueno entre tanta bazofia —me miró con una sonrisa malvada, yo sólo apreté los puños—. Como les decía, en una semana vendrá el general de brigada para comprobar los avances y tomar una decisión.
—¿El señor Kakashi vendrá?
Solté emocionada y hable en voz alta sin darme cuenta, luego me arrepentí cuando vi la cara de desprecio de Boruto hacia mí.
—¿Cómo lo has llamado?
—Lo siento, quise decir... El general Kakashi.
—El general Hatake —corrigió—. Sí, él vendrá y estará atento a sus entrenamientos —volvió a sonreír con esa mueca de burla—, pero él no es tan blando como para perdonar errores.
—Él nos puso la prueba para entrar a esta zona —dijo Mitsuki, Boruto volteó a verlo—. Eligió a los posibles miembros para cada una de las divisiones.
Boruto dirigió sus ojos azules nuevamente hacia mí.
—Eso quiere decir que el general Hatake aceptó que tú entraras, me pregunto si te permitió ingresar por pura misericordia.
—Demostré ser eficiente —hablé.
—¡Ja! Pues demuéstralo, vamos a comenzar con el entrenamiento.
—Espera, yo —interrumpí, Boruto resopló—...
—¿Qué quieres?
—Bueno, yo me preguntaba... ¿Son los miembros del ejército de Konoha quienes pelean contra la organización Dragón de Koshi?
—Así es.
—¿Y qué diferencia hay con el ejército del país del Fuego?
—Los miembros del ejército de Konoha se aseguran de proteger a la aldea mientras que el ejército del país es el que hace las misiones de nivel más peligroso.
—¿Eso qué quiere decir?
—Quiere decir que ellos son capaces de encontrar territorio enemigo y atacar sus escondites. Nadie sabe en dónde están esos criminales por eso se necesitan los mejores rastreadores y combatientes, tú no tienes idea de la fuerza de esos malditos... Pero no te preocupes, no vas a llegar tan lejos así que ni te mortifiques por ver cara a cara a esos hombres.
Odiaba que Boruto siempre me subestimara, quizás era muy difícil llegar a pisar esos niveles pero ya había decidido salvar a mi madre y no me rendiría.
El entrenamiento dio comienzo, estuvimos haciendo ejercicios de resistencia y aunque era muy pesado para alguien como yo, puse todo mi esfuerzo.
Después pasamos al uso de armas, nos mostrarían cómo utilizar cada una de ellas. Pude ver gran cantidad de herramientas y todas parecían muy peligrosas, aunque era lógico ya que su fin era causar daño.
—Esto es un shuriken —Boruto mostró un objeto de puntas, muy parecido a una estrella—, pueden tener gran variedad de usos pero dentro de nuestro escuadrón son utilizados para distraer o tomar ventaja en una situación frente al enemigo. Tener buena puntería es fundamental para utilizarlos con eficiencia.
Caminó hacia un tablero de círculos y se paró a metros de distancia, luego los arrojó y logró que de los cuatro, dos se clavaran en el centro.
—Como pueden observar, una buena puntería en la batalla puede hacer que el enemigo sea herido por esos shuriken —se giró con un aire de grandeza y nos miró—. Es su turno, tú, el rubio ven acá.
Inojin pasó al frente y Boruto le entregó un shuriken.
—¿Sólo uno?
—Eres novato en esto ¿crees siquiera ser capaz de clavar los cuatro? —Boruto rió— Anda, ve despacio.
Inojin arrojó el shuriken y aunque se clavó en el tablero, quedó fuera del círculo, el capitán suspiró y puso ambas manos en sus caderas.
—Era de esperarse, tu movimiento de muñeca no es el adecuado. Siguiente.
—¿Qué? ¿No vas a darme otra oportunidad?
—Primero quiero ver qué tan buenos son en esto.
Levanté mi mano.
—¿Puedo intentarlo?
Boruto miró la mesa con los shuriken y después movió su cabeza.
—Adelante.
Caminé hacia él y me entregó cuatro.
—¿Eh? ¿Los cuatro?
—Ya que te crees muy bueno y merecedor de estar aquí, demuéstranos eso que tanto presumes.
—Pero-
—Ah ¿qué? —Puso su mano cerca de su oreja simulando no escucharme— ¿Estás rindiéndote?
No le respondí, miré los shuriken en mi mano y recordé el movimiento de muñeca de Boruto luego dirigí mi vista hacia el tablero.
El círculo rojo estaba en medio de los demás, si arrojaba el arma moviendo mi mano hacia abajo, no conseguiría acertar dentro del círculo. El movimiento de Boruto tampoco era el adecuado, su muñeca lució demasiado tiesa cuando hizo su lanzamiento, quizás por esa razón sólo atinó a clavar dos shuriken.
Me concentré tanto en el punto rojo y respiré profundo ignorando todos los sonidos a mi alrededor, sólo mis ojos mirando con atención el objetivo. De repente, me pareció que el tablero no estaba tan lejano y mi cuerpo se movió repentinamente levantando mi brazo con los cuatro shuriken a la altura de mi pecho; un ligero movimiento de muñeca y los shuriken salieron disparados para insertarse en el tablero de madera.
Mis ojos no podían creer lo que veían, todos pegaron en el círculo rojo con una distancia mínima, escuché exclamaciones de asombro e incluso yo estaba en el mismo estado. De repente mis ojos comenzaron a picar y parpadeé para luego tallármelos.
—¡Eso fue asombroso! —Escuché a Inojin pero al querer mirarlo mi visión se nubló, si no hubiera sido por Mitsuki, me habría caído.
—Parece que te mareaste —me incorporé con ambos pies y él me soltó.
—Estoy bien, quizás me concentré demasiado.
Boruto se había cruzado de brazos y mascaba constantemente.
—Pues parece que no eres tan inútil como pensaba —dijo finalmente, luego escupió—. Aunque pudo haber sido un golpe de suerte.
—Creo que Saki tiene potencial —dijo Mitsuki.
—Creo que no te pedí tu opinión.
Mitsuki no cambió su rostro a pesar de que Boruto era un grosero con él. El entrenamiento continuó permitiéndome descubrir que yo tenía buena puntería, eso de cierto modo me hizo sentir contenta, por fin había algo en lo que era buena.
Tras las prácticas, llegó la hora de la ducha. Estaba esperando que todos terminaran para posteriormente entrar pero Inojin me encontró en la habitación y me arrastró hacia las regaderas.
—Vamos, no tenemos permitido entrar sucios a las habitaciones.
—Sólo estaba buscando mi ropa, pero aún no me siento preparado para bañarme —mis pies se negaban a continuar.
—Somos un equipo, Saki. ¿No me digas que te da pena bañarte con tus compañeros?
Rió y siguió llevándome, por más resistencia que puse no pude detenerlo y terminé con él en el vestidor junto a Mitsuki y otros muchachos. Se estaban desvistiendo y sentí que mi cara ardía, me di la media vuelta y mis piernas comenzaron a temblar.
—Fue un día pesado —oí a Inojin decir.
—Mañana el entrenamiento será más duro.
Mis manos seguían sujetando el borde de mi camisa y tragué saliva ante el nerviosismo. ¿Cómo iba a escapar de aquello sin que se viera extraño?
—Tu ropa interior es curiosa —dijo Mitsuki.
—Mi madre se niega a permitirme elegir —respondió Inojin—, sigue comprándome estos calzoncillos de figuras. ¿Qué tal la tuya?
Escuché que Mitsuki se bajó los pantalones y cerré los ojos a pesar de estarle dando la espalda.
—Oh, es realmente de un chico ¿eh?
—Creo que es normal.
—No, no, tiene ese estilo de madurez. ¿Y tú Saki? ¿Qué clase de ropa interior usas?
Sentí un escalofrío recorrerme toda la espina dorsal.
—Sólo ropa de chico, hehe...
La mano de Inojin me tomó el hombro obligándome a voltear, cuando los vi a todos en ropa interior me aterré y me pegué a los casilleros.
—¿Por qué estás tan asustado? ¿Nos estás ocultando algo?
—No.
—¿Por qué no te desvistes?
—S-soy muy delgado y... Realmente no estoy acostumbrado a... a bañarme con otras personas.
—Oigan ¿saben qué escuché? —Inojin cambió el tema drásticamente— Que el capitán Boruto lo tiene del tamaño de una nuez.
Los demás chicos comenzaron a reírse, tardé unos segundos en comprender a qué se refería.
—¿Creen que alguien de nosotros lo pueda tener más grande que él? —Preguntó.
—Creo que deberíamos bañarnos antes de que se sirva la cena —interrumpió Mitsuki—, hay más chicos que van a tomar un baño y no podemos retrasarlos.
—Bah Mitsuki, eres demasiado serio.
Inojin tomó su toalla y se dirigió a las regaderas al igual que el resto, Mitsuki se me quedó mirando y evité a toda costa ver su cuerpo.
—Está bien si no te sientes a gusto, nadie puede obligarte a hacer algo que no quieras.
Tomó su toalla y se fue a bañar. Agradecí tenerlo como compañero, me había salvado en más de una ocasión.
(...)
Durante la cena, Inojin contaba sus experiencias paranormales y al verlo tan expresivo deduje que era el tipo de chico que ama hablar y ser escuchado aunque era demasiado imprudente con sus comentarios.
Miré mi bebida y al ver el reflejo de la lámpara me hizo recordar a la luna, mamá me pegó esa costumbre de mirar al cielo nocturno y siempre había pensado que ella se sentía cercana a papá cuando lo observaba.
La compañía de Inojin y Mitsuki me había servido para olvidar un poco mis tragedias y el dolor de no estar con mamá, pero siempre estaba en mi mente el objetivo de encontrarla.
—Tu cena se va a enfriar y tu novia te está viendo.
Levanté la mirada y vi a Inojin.
—¿Qué?
Movió sus ojos indicándome un sitio, giré mi cabeza y vi a Chouchou, ella seguro trató de sonreír con normalidad pero su gesto pareció más un intento por verse amable.
—No ha dejado de verte desde que llegaste —susurró.
—Basta, por favor.
—¿Qué pasa? —Cuestionó Mitsuki.
—Saki es un rompecorazones, le gusta a la hija del cocinero.
—No le gusto —insistí.
—No puedes negarlo, ¿por qué otro motivo no dejará de verte?
Resoplé.
—Bueno, quizás sí le gustas —dijo Mitsuki.
—¿Tú también con eso?
—No hay muchos chicos atractivos, ya te lo dije —mencionó Inojin—. Pero según mi mamá, se dice que el comandante supremo es un galán, aunque también se rumora que tiene un carácter horrible.
—Quizás sólo es estricto porque es el jefe de todo el escuadrón —dije—, imagina la responsabilidad que recae en sus hombros, no puede ser blando en lo absoluto.
—En eso tienes razón, pero me da cierto temor tener que verlo cara a cara.
—¿Alguna vez visita esta zona? —Preguntó Mitsuki.
—Pues, mi papá dice que si alguna vez lo vemos por estos rumbos significa que las cosas de verdad están mal. Él sólo se presentaría en la zona de entrenamiento si hubiera una necesidad urgente de llevarse reclutas sobresalientes.
Di un sorbo a mi bebida y me quedé mirando cómo Chouchou ayudaba a su papá, ella por fin había dejado de ponerme atención.
—Me pregunto... Ya que hay varios hijos de hombres del escuadrón... ¿El comandante no tendrá un hijo en esta organización? —Pregunté.
—¿Hijos? —Inojin se sobó el mentón— Lo dudo mucho, por como lo describen se nota que está amargado.
Sonreí ante el comentario.
—Quizás sólo le falta amor —aseguré.
¡Gracias por leer!
