Capítulo 8.- "Problemas"
El altercado en el comedor había ocasionado un ambiente pesado entre los demás reclutas, estaba claro que todos se sentían incómodos. Boruto resultaba estresante por su manera tan brusca de actuar y la llamada de atención del señor Itachi generó murmullos entre los presentes.
Ya estábamos otra vez en el campo preparándonos para una evaluación. Todos hacían estiramientos tal como en aquella prueba del campamento; el general Kakashi permanecía sentado junto al capitán Iruka y el señor Itachi, todos en un extremo del campo. Quizás los demás no lo notaron pero pude ver una libreta en la mano del general, él tomaría apuntes sobre nuestro desenvolvimiento.
Una mano cayó de golpe sobre mi hombro y di un salto espantada para luego toparme con la risa de Inojin.
—¡Me asustaste!
—Estabas muy entretenido mirando a los jueces, debes concentrarte en ti mismo.
—Es difícil concentrarse sabiendo que cualquier error me alejará un paso más de poder ascender.
Comencé a estirar mis brazos y piernas.
—Te noto muy apurado por salir de esta zona ¿qué tan lejos planeas llegar?
—Tengo que entrar en ese ejército.
—¡¿Ejército?! ¡Saki, eso es imposible!
Dejé de estirarme y miré a la cara a Inojin, sin querer vi también que Mitsuki nos observaba a unos metros de distancia.
—No digas que es imposible, es el rango más alto y son quienes enfrentan directamente a la organización Dragón de Koshi.
—Pero enfrentar a esos monstruos no es cualquier cosa, además hay muchas pruebas qué superar.
Inojin no estaba ayudando, me costaba trabajo tomar valor y él con su pesimismo me llevaba de vuelta al hoyo de mi cobardía. Apreté mi puño y respiré hondo.
—Tranquilo —dije con voz serena, o al menos lo más serena posible—. Por ahora enfoquémonos en esta prueba, que si bien no nos garantiza nada, no perdemos mucho si lo intentamos ¿verdad?
Inojin me miró de una forma extraña, sus cejas se pegaron a sus ojos y sus labios se apretaron en una mueca de incertidumbre.
—¡Todos fórmense y presten atención! Vamos a comenzar una sencilla evaluación para ver cuánto han mejorado en estos días.
Uno de los jefes de equipos estaba hablando, era ese muchacho Shikadai. Miré al resto de los capitanes y muy al fondo encontré a Boruto, su expresión lo decía todo: estaba molesto.
La primera prueba fue de defensa personal. Los capitanes de los equipos fueron quienes lucharon contra nosotros los reclutas en una exhibición de no más de tres minutos pues eran demasiados chicos y tomaría muchísimo tiempo.
Vi cada uno de los combates, eran asombrosos, pero sobre todo Mitsuki. Él lucía tan calmado, nada cambiaba esa expresión seria de su rostro pálido ni sus ojos color ámbar se veían turbados cuando se enfrentaba en una lucha. Cada uno de sus movimientos era conciso y sabía bien lo que estaba haciendo.
Me quedé impresionada observándole, al finalizar el encuentro aplaudí emocionada y luego me percaté de que era la única persona haciendo tal cosa, todos me miraron y lentamente dejé de chocar mis palmas. Me sentí ridícula.
—Conmigo no aplaudiste, creí que eras mi amigo —me susurró Inojin.
—Lo siento —puse mi mano recta frente a mi cara en señal de disculpa, Inojin se pasó los dedos por su cabellera y vi que era más larga que la mía.
—Te perdonaré por esta vez.
Mitsuki pasó por un lado de nosotros y se detuvo para alzar su pulgar.
—Lo hiciste bien —dije.
—Gracias por el aplauso, lo aprecio.
Se oyó un carraspeo, era Inojin.
—¡Saki, sigues tú!
Sentí un escalofrío al escuchar que era mi turno, justamente Mitsuki y yo intercambiábamos miradas cuando mi nombre fue pronunciado; él asintió moviendo su cabeza como indicándome que podía hacerlo.
Pasé al frente y mi pesadilla estaba allí: Boruto. Él había combatido con otros reclutas, pero conmigo siempre se ensañaba y me temí que en esa ocasión no sería diferente, sobretodo por el incidente en el comedor y la molestia con que sus azules ojos me miraban.
Ese chico tenía un problema serio con su carácter, era engreído y se sentía un sabelotodo, luego recordé que su padre era el teniente Uzumaki, uno de los hombres más importantes del escuadrón de Konoha, quizás el hecho de ser hijo de alguien con tal cargo hacía que Boruto se sintiera con el derecho de hacer y deshacer a su antojo, o posiblemente era una carga para él tener que demostrar ser tan bueno como su padre.
Entonces vino a mi mente otro nombre: Sasuke Uchiha, el supremo comandante y líder de todo un ejército. Su padre había sido co-fundador de la organización, para él quizás era igual que con Boruto. Pensé que ellos dos podrían ser iguales y creé una imagen mental de ese hombre.
—¡Comiencen!
Apenas tuve tiempo de tomar aire y quitarme de mi lugar, Boruto había ido directo a mí con una veloz patada que terminó impactándose en la tierra haciendo que polvo saltara. Si había iniciado atacando me dejaba muy claro que iría sobre mí en cada oportunidad que tuviera sin darme tiempo de defenderme. Pero estaba equivocado si pensaba que sucumbiría ante el miedo.
Ya no le tenía miedo a los golpes de ese chico, un poco de sangre o incluso un montón, magulladuras, raspones ¿qué más? Incluso había contemplado que morir para salvar a mi madre era una opción.
Cuando Boruto volvió a atacarme esquivé su golpe de la forma en que Mitsuki me enseñó días atrás. Debido a que constantemente fui agredida por el rubio amargoso, él me indicó la manera correcta de enfrentarlo y evitar ser golpeada.
«El capitán Boruto suele atacarte de frente porque sabe que no tienes idea de cómo repeler sus ataques. Concéntrate en sus movimientos y te darás cuenta que es fácil predecir lo que hará después»
Estuve atenta a los pies de Boruto, corría otra vez hacia mí. Luego vi que su puño derecho vibraba, deduje que lo siguiente que haría sería intentar impactarlo en mi cuerpo o rostro. Di un simple rápido parpadeo y me pareció que todo se movía en cámara lenta, incluso Boruto que iba levantando su puño para golpearme, podía ver todo y entonces noté algo más; mi propio puño derecho estaba alzándose, estaba haciendo los mismos movimientos que él en sincronía.
Nuestros nudillos chocaron entre sí y después mi pierna al igual que la suya se impactaron. Ambos retrocedimos y pude ver que Boruto estaba agitado, se limpió una gota de sudor que resbaló por su mejilla y yo estaba por hacer lo mismo cuando sentí ese picor en mis ojos y comencé a tallármelos.
—¿Por qué me pasa esto justo ahora?
No había terminado de calmar el picor de mis ojos cuando escuché que Boruto volvería a atacarme, con dificultad abrí uno de mis ojos y lo confirmé, él iba a golpearme con su rodilla pero se quedó quieto, no por gusto, eso lo supe cuando percibí el esfuerzo que hacía por moverse mas seguía petrificado y vi esa sombra larga que llegaba hasta Shikadai.
—Ya se acabaron los tres minutos —dijo.
—Libérame entonces —pronunció Boruto.
Cuando Shikadai deshizo la sombra pensé que sería golpeada pero Boruto sólo rechistó y se dio la media vuelta llevando sus manos a los bolsillos de su chaleco.
Mis ojos estaban lagrimeando y me desesperé, como pude regresé con Inojin y Mitsuki.
—¿Qué tienes, Saki? Ibas muy bien, todos nos emocionamos —dijo mi rubio compañero.
—Era como un espejo —agregó Mitsuki—, fue impresionante.
Sonreí pero de igual modo no pude ver sus reacciones porque tenía mis manos cubriéndome la vista y limpiando las lágrimas que se generaron a raíz del ardor.
—¿Te sientes mal? ¿Te duelen tus ojos?
—Me pican mucho, ha sido tan repentino...
—Vamos a enfermería.
Con lo único que pude abrir los ojos vi el suelo y me pareció que se estaba moviendo.
—Vamos a tomar un descanso de cinco minutos, vayan a hidratarse, yo me encargo de este chico.
La voz del señor Kakashi me indicó que se había acercado, luego sentí su mano sobre mi espalda y con la presión que ejercía sobre mí, me hizo empezar a andar. No podía ver mucho pero su mano me fue guiando hasta que nos detuvimos.
—Deja de cubrirte los ojos, quiero verlos.
—Eso intento pero me arden mucho.
Sentí cómo sus manos sujetaron las mías y las apartaban.
—Dolerá sólo unos segundos, si no haces un esfuerzo por abrirlos no solucionaremos el problema.
Mis ojos lagrimearon demasiado y me costó mucho trabajo poder hacerle caso. Después de unos instantes sentí que era un poco más soportable.
—Creo que el sharingan te afecta la visión, esto es extraño —musitó mientras me revisaba.
—El sharingan... No sé nada de esa técnica, ¿cómo puede uno mejorar algo que desconoce?
—¿Lo has estado usando seguido?
—No lo sé, nunca sé cuándo sucede o cómo puedo activarlo.
—Bueno, estoy seguro que lo has utilizado hace un rato cuando luchabas contra ese chico —sacó un pañuelo de su chaleco y me lo entregó—. Límpiate las lágrimas, veré la manera de ayudarte con eso.
Tomé el pañuelo y lo froté en mi cara.
—General Kakashi, lo estaba buscando.
Dejé de limpiarme cuando vi al señor Itachi entrar por la puerta del pasillo, se me quedó mirando con curiosidad.
—¿Pasó algo? ¿Estás llorando?
—No, le entró tierra en los ojos cuando estaba en el combate —intervino el general adelantándose a una respuesta de mi parte.
—Es cierto, antes me ha dicho que debe ser un secreto que poseo el sharingan —pensé.
—Debes ser más cuidadoso con ellos, son delicados —dijo el señor Itachi—. Pero estuviste bien en ese encuentro, eres rápido.
Sus palabras de ánimo se sintieron tan bien, su sonrisa amable casi podía palparse. ¿Un hombre tan gentil como él podía ser un miembro del ejército? Pues bien, al parecer así era.
—Gracias, señor —contesté apenada.
—Muchacho, ve a lavarte la cara y regresas al campo de entrenamiento —dijo el general—. Todavía no terminan las pruebas.
Me gustaría decir que el día pasó volando pero por desgracia no fue así. El resto de las pruebas fue cansancio puro: puntería, uso de armas, resistencia, concentración de chakra. Todo era tan pesado que mi cuerpo apenas podía soportarlo. No supe si mi esfuerzo rindió frutos ni qué tanto anotó el general.
La tarde cayó y cuando el cielo había oscurecido todos fuimos a las regaderas. Ya me preparaba mentalmente para soportar comentarios y ver cuerpos semidesnudos.
Mientras me limpiaba la tierra con el chorro de la regadera, escuché a Mitsuki, él entró en la ducha de mi lado izquierdo y aunque había una pared de algunos dos metros dividiéndonos, me estaba hablando muy cerca de la cortina que cubría la entrada a cada cubículo.
—Saki, ¿puedes pasarme un poco de champú? El de esta ducha ya no tiene.
Miré el bote que estaba ante mí y pensé en una manera efectiva de dárselo sin que me vieran desnuda. Me estaba poniendo nerviosa.
Tomé el bote y lo acerqué a la orilla de la pared.
—Ya que puedes extender tus brazos, pu-puedes brincar la pared y simplemente yo lo pondré en tu mano —ofrecí.
—De acuerdo.
—Pero no se te ocurra asomarte.
Vi la mano de Mitsuki deslizarse desde la parte superior de la pared y mis mejillas ardieron. Sólo era su mano pero sentí como si se tratara de sus ojos. Coloqué el bote entre sus dedos y su brazo desapareció de mi vista al volver a su estado normal; poco a poco recuperé el aliento.
—Gracias, Saki —le oí decir.
Me sequé con rapidez y me puse la ropa que había metido a la ducha. Desde que me fui a la zona de entrenamiento, cada vez que me bañaba doblaba el pantalón y entre éste escondía mi ropa interior y lo ponía en la repisa donde estaban el jabón y el champú; mi camiseta la colgaba bajo la toalla en el único ganchito que tenía la pared.
Salí de la regadera hacia el vestidor, me puse los zapatos y escapé de allí hacia el lavamanos para verme en el espejo y peinarme.
Mi cabello era más corto que el de Inojin, pero si él se lo dejaba largo seguiría pareciendo un chico, en cambio yo debía mantenerlo tan corto como se pudiera.
Limpié el vapor del espejo y me di cuenta que seguía viendo ligeramente empañado. Volteé hacia atrás y al intentar leer el letrero del lavamanos caí en la cuenta de que mi visión había disminuido, veía borroso a distancia.
—No puede ser... ¿Tengo problemas de miopía?
No recordaba haber padecido algo similar, siempre tuve una excelente visión y tras usar el sharingan estaba presentando dificultades para ver de lejos. Si las cosas avanzaban con mi habilidad ocular ¿me quedaría ciega? El general Kakashi no me había dicho nada de ello, quería que fuera un secreto y yo necesitaba respuestas.
Mientras hacía fila con mi charola para tomar la cena, estaba pensando en mi nuevo problema de vista y mis ánimos decayeron. Cuando fue mi turno miré a Chouchou, la muchachita morena que siempre ayudaba a su papá y que me sonreía dulcemente, pero en esa ocasión su radiante sonrisa se desvaneció cuando vio mi expresión.
—¿Te sientes bien? —Preguntó en voz baja.
—Odio mi vida —solté con cansancio.
—No digas eso —miró a todos lados y luego sacó algo de su delantal y lo puso en mi charola—. Será nuestro secreto ¿sí?
Miré el objeto, era una bolita de chocolate. Los dulces estaban prohibidos para los reclutas, pero ella me había obsequiado uno. La miré y puso su dedo índice sobre sus labios indicándome que guardara silencio.
—Es para endulzarte la vida.
A pesar de que estaba agotada, sentí cálido mi corazón y Chouchou me parecía tierna y el tipo de chica que podría ser una gran amiga. Necesitaba una amiga de verdad, pues al final de todo yo sólo era una adolescente tratando de actuar como chico rudo.
Fui a sentarme y escondí el chocolate en mi pantalón cuando vi que el señor Itachi se sentó frente a mí. Casi sentí que me hundí en la silla cuando lo vi llegar, no me imaginé que hombres tan importantes tomaran la cena junto a simples reclutas como nosotros.
—¿Te molesta que me siente aquí? —Preguntó, sólo moví mi cabeza indicando que no— Perfecto.
Había colocado su charola sobre la mesa y tomó el par de palillos para dividirlos y empezar a comer el arroz. Me sentía extraña, no era como que el señor Itachi me gustara pero había algo en él que me hacía sentir inquieta.
—Oh, esto está delicioso —lo oí mencionar.
Tragué saliva y tomé mis palillos de madera, con cuidado los dividí evitando que quedaran desiguales. Luego puse la servilleta sobre mi regazo y agarré el tazón con arroz. Cuando me enteré, el señor Itachi estaba muy atento viéndome comer. Casi me atraganté.
—Lo siento, no estaba viéndote... Bueno, sí lo hacía pero no han pasado ni cinco segundos —dijo.
—Está bien, no importa.
¡Mis mejillas ardían!
—Lo que pasa es que veo que tienes distinta forma de comer, quiero decir, eres muy cuidadoso.
—¿Eh?
Eché un vistazo a mi alrededor, y en efecto, con lo que fui capaz de ver todos comían con desesperación y algunos incluso masticaban con la boca abierta. Inojin y Mitsuki no eran muy diferentes pero al menos no parecían bestias hambrientas.
—Demonios Sarada, debes pasar desapercibida ¡come como ellos!
Antes de empezar a ser salvaje, el señor Itachi habló y mis palillos se quedaron sobre una albóndiga.
—Es bueno que tengas tales modales, los miembros del escuadrón no sólo debemos ser fuertes y valientes, sino también un digno ejemplo para la sociedad.
Él se veía muy orgulloso de ser parte de la organización, y era verdad, si su padre era quien comenzó a formar el grupo junto al abuelo de Boruto, imaginaba que el señor Itachi fue criado de modo que sintiera pertenencia a algo tan preciado para su familia.
—Te llamas Saki ¿verdad?
—Sí.
—Saki, me recuerdas mucho a alguien —confesó, eso me hizo mirarlo directamente. Esperaba que me dijera a quién le recordaba pero en su lugar cambió de tema—. Bueno, te dejaré cenar tranquilo.
—Señor Itachi...
Él volvió a mirarme.
—¿Sí?
—¿Usted sabe a dónde llevan a las mujeres que secuestran los miembros de Dragón de Koshi?
Permaneció sin decir nada por unos momentos, luego su vista se movió de dirección hacia su plato.
—No.
—¿No hay nadie que lo sepa?
—Trabajamos arduamente en encontrar el escondite, no nos rendiremos hasta localizarlos y no dejar a ninguno con vida —expresó mientras comía.
—¿Por qué secuestran sólo mujeres y niños? ¿Por qué a los hombres jóvenes y adultos no los tocan?
—La hora de la cena va a terminar, es mejor que aproveches el tiempo, muchacho.
Me gustaba ver al general Kakashi, pero en ese momento odié que apareciera justamente cuando trataba de obtener información.
Estaba de pie hasta que sacó una silla y se colocó junto a mí.
—General, ¿no vas a cenar? —Cuestionó el señor Itachi, con eso sentí que daba por terminada nuestra conversación.
—Ya he cenado hace rato. Me toca hacer vigilia y creo que llevaré tanta cafeína como pueda.
Cuando mencionaron lo de la cafeína, me acordé del chocolate que me dio Chouchou. No podía comerlo frente a ellos, por eso cuando se terminó la hora de la cena, lo metí en mi boca y corrí a lavarme las manos y los dientes. Pero no había sido una buena idea...
—Duérmete Sarada, duérmete, duérmete, duérmete...
Otra vez me di vuelta sobre el colchón, cerré mis ojos con fuerza.
—No puede ser, estaba tan cansada y ahora no tengo nada de sueño.
Me enderecé, la oscuridad no me permitía ver nada pero al menos estar sentada y tratar de relajarme deberían bastar para que toda esa energía se esfumara.
Estaba a mitad de mi meditación cuando de pronto sentí un escalofrío, abrí mis ojos a pesar de la penumbra; por la pequeña ventana que estaba casi rozando el techo y por la cual se colaba una franja de luz, vi una sombra cruzar.
A esa hora sólo debía estar despierto el señor Kakashi y otros hombres a cargo de la vigilia.
Volví a ver otra sombra pasar, lentamente bajé de mi cama evitando hacer ruido pues todos en la habitación dormían.
Crucé la puerta y la luz del pasillo estaba encendida, pero todavía no terminaba el recorrido cuando todo se puso a oscuras. Eso no pintaba para nada bien.
No podía ver nada en lo absoluto y la oscuridad me hacía sentir la falta de aire. Moví mis manos hasta que localicé la pared y avancé sin dejar de tocar el concreto. Era una situación desesperante y cuando creí que me ahogaría vi algo extraño pasar corriendo por delante de mí. Eran como fibras de luz pero no alumbraban nada, la energía estaba allí concentrada fluyendo como sangre por las venas, jamás había visto algo parecido. Quise acercarme pero tuve temor.
—¿Qué es eso?
Continué mirando hacia donde se movía aquella figura, tardé en darme cuenta que era una persona y lo que parecían fibras de energía, podría ser su interior. Era como mirar a través de su cuerpo ¿por qué yo podía ver eso?
Se detuvo, no hice ruido y contuve mi respiración. Luego la luz volvió, y me quedé helada cuando vi que la persona en el pasillo estaba como congelada, no se movía ni parpadeaba. Su mirada estaba perdida como si se hubiera petrificado.
Jamás lo había visto, no usaba el uniforme de la zona. Llegué a la conclusión de que no era parte del escuadrón.
En su mano traía un aparato, no sabía qué clase de artefacto era pero tuve un mal presentimiento.
Me acerqué despacio y volví a mirar a los ojos del sujeto, y cuando lo hice no pude controlar mi mente y sentí que mi cuerpo era absorbido por el suyo. Mis ojos viajaron tan rápido a su interior y comencé a ver cosas raras, situaciones que jamás había vivido.
No... No tenía que ver conmigo. Las escenas que presenciaba parecían los recuerdos del hombre petrificado.
Gente desconocida, conversaciones misteriosas, yo parecía un fantasma mientras esos hombres hablaban. Vi el artefacto y la persona que se lo entregó, hablaron de un plan; ese hombre tenía el deber de colocarlo dentro del edificio, su plazo era de cuatro minutos para pegarlo al muro y salir corriendo antes de que detonara.
Me asusté y al jadear todas las escenas se alejaron de mí haciéndome volver a la realidad. Caí al suelo espantada y confundida, el hombre seguía allí.
—Es una bomba.
Musité mirando el aparato. Lo saqué de su mano y era cierto, tenía un montón de cables y si lo que vi no fue una ilusión, esa cosa iba a estallar destruyendo el edificio y matándonos a todos.
Mi corazón se aceleró y me sudaron las manos. ¿Cuánto tiempo había pasado?
Corrí buscando la puerta de salida y cuando la encontré sentí que el artefacto se puso caliente, estaba aterrorizada que lo único que se me ocurrió fue lanzarlo lo más lejos que pudiera y entonces una fuerte luz destelló ante mis ojos y la onda expansiva me lanzó contra la pared.
¡Hola! Disculpen que haya tardado tanto en actualizar. Espero que hayan tenido una linda Navidad y aprovecho para desearles un buen comienzo de año.
No olviden comentar qué les pareció. Nos leemos en el siguiente.
