Capítulo 13.- "Un regalo del general"
La cabeza me dolía y justamente fue ese malestar el que me hizo despertar. En un principio mi visión estaba borrosa pero a los pocos segundos comencé a ver claramente y relacioné mi alrededor: estaba en la enfermería del subterráneo.
Quise enderezar mi cuerpo y de inmediato fui puesta otra vez sobre la cama, la enfermera Ino finalmente apareció ante mí.
—No te muevas, te golpeaste la cabeza.
Llevé una mano hasta mi frente y sentí el vendaje que la cubría, gracias a esa acción observé mi brazo que estaba lleno de raspones. Incluso algunos parches lo decoraban.
—Cielos...
—Ya te he desinfectado las heridas, pero todavía tengo que revisar tu cabeza y descartar algo grave. Ese niño grosero —musitó esa última frase, supe que se refería a Boruto.
—Enfermera Ino, ¿dónde están los demás? ¿siguieron con el entrenamiento?
—Así es, pero el general estaba muy molesto con Boruto y lo castigó dejándolo sin participar en el entrenamiento. En serio que ese chico ha cambiado mucho, no recuerdo que fuera así de maleducado.
La enfermera frotó un gel en sus manos y después puso las palmas sobre mis sienes. Al principio sentí el frío de la sustancia pero luego se volvió caliente.
—Estoy verificando que todo esté bien.
—¿Puede darse cuenta sin mirar? —Pregunté.
—He trabajado mucho para aprender este método, sentir el flujo de tu chakra me sirve bastante.
Pasados unos minutos despegó sus manos y se las limpió con una toalla húmeda.
—Tu chakra fluye con normalidad, y la oxigenación de tu cerebro también. No tienes fracturas después de todo, sólo fue el golpe que te hizo quedarte inconsciente pero la inflamación bajará pronto. Tendrás que permanecer acostada por al menos el resto del día.
—No puedo quedarme en cama, necesito entrenar —repliqué, vi que la enfermera cerró un libro gordo que tenía sobre la mesa.
—Tendrás que soportarlo si quieres recuperarte pronto.
—Enfermera Ino... ¿usted está estudiando?
Su rostro la delató. Sopló el mechón rubio que caía frente a su cara y se encogió de hombros para luego sentarse en la silla de metal.
—Quiero obtener el rango de médico, necesito ascender.
—¿Es importante eso dentro del cuerpo médico?
—Por supuesto. No menosprecio mi trabajo como enfermera, pero si consigo ser médico podré estar ayudando a los elementos del ejército, ellos viven día a día con más riesgo.
Pensé en su esposo, el sargento de rastreo. Me pregunté cuánto tiempo tenían sin verse, debía ser difícil para ella fungir como enfermera, madre y esposa al mismo tiempo. La admiraba mucho.
—¿Cómo se puede obtener tal título?
—Verás, se hace un examen a los candidatos, tanto escrito como práctico. Sé que si me esfuerzo al máximo podré pasar el examen, además los equipos están faltos de ayuda médica.
Vi en sus ojos algo de pesar, su rostro aunque casi siempre era alegre, en ese momento se veía como algo triste.
—¿Ha habido bajas de médicos?
Ella me miró y luego su vista se fue hasta el horizonte.
—Muchos se han retirado por miedo, después de que una brigada de diez médicos desapareciera, ellos renunciaron. Esto afecta demasiado al escuadrón, no tenemos muchos elementos tan eficaces como la doctora Shizune.
—¿Es ella la capitana de la división médica?
—Sí.
—¿Y quién es el sargento de esta división?
—Bueno, creo que por el momento no tenemos sargento ¿sabes? —La enfermera echó un vistazo hacia atrás y después volvió a verme— La anterior sargento fue secuestrada, ella formaba parte de la brigada que desapareció. Su nombre es Rin Nohara.
—¿Cuándo ocurrió?
—Hace no más de cinco meses.
—Fue Dragón de Koshi ¿verdad?
—Por desgracia es lo más seguro... Estamos viviendo tiempos difíciles.
Se quedó callada y apoyó sus manos sobre las rodillas mientras sus ojos celestes se perdían en algún punto del suelo. Poniéndole atención, ella era muy hermosa y parecía una de esas muñecas que mamá me compraba.
—Yo tenía una amiga, ambas nos esforzábamos constantemente por pertenecer al cuerpo médico —de repente empezó a contarme cosas de su vida, puse atención—... Éramos jóvenes, es probable que no lo sepas porque pocos lo recuerdan pero antes de que Dragón de Koshi creciera monstruosamente y representara el peligro de hoy en día, al escuadrón se permitía el ingreso de jóvenes sin importar su sexo. En ese entonces mi amiga y yo decidimos aventurarnos y optamos por aprender medicina, los grupos al igual que en la actualidad, requieren de un médico. A ella le gustaba el hijo del señor Fugaku y puso todo su empeño en pasar el examen para estar en su equipo.
El brillo de su mirada cambió, y como si sus ojos estuvieran presenciando en vivo aquella escena de su pasado, la enfermera sonrió nostálgica.
—¿Se refiere al señor Itachi?
—No, hablo del comandante Sasuke —aclaró—. Claro, debes pensar que ella estaba loca por fijarse en él.
—No lo sé ¿tiene algo de malo el comandante?
—A decir verdad... Lo único malo que tiene es que es el hijo del líder de un clan casi extinto. El señor Fugaku siempre fue duro con él, quizás por eso es que terminó convirtiéndose en el comandante supremo.
Me vino a lamente la imagen del anciano que fundó la organización, lo poco que lo traté me dio esa impresión de autoritarismo y exigencia.
—Y usted ¿cómo conoció a su esposo?
La enfermera sonrió y se puso colorada, juntó sus manos sobre el regazo y casi se balanceó sobre la silla.
—Fue también dentro del escuadrón, cuando yo tenía quince años. Él formaba parte de otro equipo y de vez en cuando visitaban nuestro edificio para exámenes médicos —puso un dedo en sus labios y cerró los ojos—. Fue amor a primera vista.
Me contagió de su ánimo y sin quererlo ya estaba sonriendo yo también. Alcé mi mano hasta quedar justo sobre mi rostro y vi las inmensas marcas de magulladuras, tenía una cicatriz en la palma producto de los colmillos de aquella bestia horripilante con la que me enfrenté.
—Por cierto, Saki... Dime la verdad ¿Inojin no te ha molestado?
Bajé mi mano, la señora Yamanaka estaba muy cerca de mí, sus penetrantes ojos casi con desesperación me exigían una respuesta honesta.
—Inojin es... Bueno, en realidad creo que él simplemente crece como un chico normal.
—No te contengas sólo porque soy su madre, tú dime con total franqueza si mi hijo te ha molestado o algo parecido. Estoy a tiempo de corregirlo, no quiero que se convierta en alguien como Boruto.
—Para nada, Inojin dice que somos mejores amigos... De hecho, creo que me siento mal por él.
—¿Eh? ¿No quieres ser su amiga?
—No es eso, Inojin es un buen muchacho y estoy feliz de que quiera mi amistad... Pero, eso lo dice porque piensa que también soy un chico, si se entera de la verdad entonces me podría considerar una traidora. Sé que si un día todos se enteran, ya nada será igual. Sólo quiero apresurarme, quiero que mamá esté de regreso y prometo que me iré sin causar más problemas.
—Saki...
—Pero no veo cuándo sucederá eso, ya ha pasado mucho tiempo y no logro avanzar. Siento que ahora mamá es tan inalcanzable como mi padre; sigo siendo torpe, sigo terminando golpeada, herida, no puedo ser más fuerte aunque así lo desee.
La mano cálida de la enfermera se posicionó sobre mi brazo y vi en sus gestos algo muy parecido a mamá. Esa reacción de compasión y cariño de una madre hacia su hijo, y me sentí triste otra vez.
—¿Usted cree que mi mamá esté viva?
Ella dejó de verme y el frío me recorrió desde los pies.
—No lo sé, me temo que no todos sabemos qué pasa con las personas que se llevan. Hay quienes dicen que trafican con ellos y los venden en el mercado negro como esclavos, para prostitución o venta de órganos, pero en realidad no estoy segura de cuál sea su destino.
Me enderecé pese a que tenía la orden de no hacerlo y sentí el resbalar de mis lágrimas, la enfermera me tomó de los brazos para evitar que hiciera algún movimiento brusco pero yo estaba muy asustada por lo que acababa de escuchar. Cualquiera de las opciones era horrible, ¿cómo pude haber permitido que se llevaran a mamá?
—Saki no llores.
—Tengo que ir, tengo que ir a entrenar.
Entre jadeos y llanto intenté bajar de la cama pero la enfermera lo evitó a toda costa.
—Por favor escúchame, ahora no puedes ir, mañana estarás mejor. No vas a solucionar nada en un día perdido.
—Ya perdí muchos días —gemí—, mi mamá está en peligro, cada día que pasa es un porcentaje mayor de no recuperarla, no puedo estar aquí sin hacer nada.
Volví a forcejear con ella hasta que no me pude mover, mi cuerpo estaba tenso y sólo mi cabeza tenía movilidad.
—Lo siento, tuve que hacerlo.
—¿Qué me hizo?
—Es un jutsu, lo aprendí hace mucho. Se utiliza para inmovilizar enemigos y así éstos no huyan y puedan ser interrogados. Lo lamento mucho, Saki, pero tendrás que acatar mis órdenes porque soy la encargada de la salud del equipo y el general confía en cada uno de sus miembros. Él te eligió para pertenecer aquí porque seguramente tiene la convicción de que tienes potencial, él no es cualquier hombre y ya te lo he dicho —habló con seriedad.
—Perdóneme por mi imprudencia.
—Está bien, sólo debes pensar fríamente y no dejarte llevar por tus impulsos.
El resto de ese día fue de lo más frustrante y aburrido, permanecer acostada pensando en todo lo que estaba mal fue lo que me mantuvo entretenida.
Poco a poco fui mejorando de mi golpe en la cabeza y volví a los entrenamientos, por supuesto que evitar a Boruto fue lo principal y agradecía que él tampoco hiciera lo posible por hablarme.
El general nos ayudó a equilibrar nuestro chakra para utilizarlo en nuevas técnicas, nos enseñó a concentrarlo en la planta de los pies para correr con mayor velocidad y evitar caernos, esto hubiera sido lo que me dejó más agotada pero al final del día, cuando todos los demás se iban, se enfocaba en ayudarme con el sharingan y era allí donde sentía que mis fuerzas se esfumaban.
Una tarde, cuando a Shikadai y a Mitsuki les tocó preparar la cena, el general me explicó sobre mi técnica ocular.
—Hasta el momento sólo tienes un aspa en tu sharingan —me mostró un dibujo—, hay distintos niveles que podrían alcanzarse dependiendo de tu experiencia y manejo. El máximo de aspas que pueden aparecer en cada ojo es de tres. A medida que el sharingan se desarrolle, tus habilidades serán sumamente poderosas.
—Entonces ¿cómo puedo lograr que aparezcan más aspas?
—Tienes que utilizar tu sharingan, entre más uso le des, más te acostumbrarás a él.
—Pero mis ojos duelen cada vez que lo utilizo, y todavía me cuesta mantener mis reservas de chakra.
—Hablando de eso...
Se metió la mano en el interior chaleco y sacó un estuche de plástico.
—Creo que te servirán.
Lo extendió para mí y todavía dudé en tomarlo, él insistió en un movimiento.
—¿Qué es?
—Unas gafas especiales.
Abrí el estuche y en efecto se trataba de unos anteojos de armazón roja. Los sustraje de la caja y me los puse, me emocioné cuando vi con claridad el horizonte y la gran montaña que adornaba el paisaje.
—Cielos, no recordaba lo bien que se ven las cosas.
—Entonces supongo que te sirven.
—Gracias general. ¡Ah! —Reaccioné— Pero... ¿esto no me estorbará para usar el sharingan?
—La verdad es que creo que tu sharingan es demasiado potente para ser de un primer nivel, por eso experimentas dolor en tus ojos. El cristal de estos lentes puede auxiliarte para que no pierdas visión, aunque suene irónico ya que el sharingan es la habilidad de ver a través de todo. Sin embargo, me has dicho que cuando tu sharingan se activa y te arden los ojos, eres incapaz de continuar usándolo. Si utilizas las gafas, no sentirás ese molesto ardor.
—¿De qué está fabricado el cristal?
—De niños preguntones.
Entendí su comentario.
—Bien, ahora vamos a probarlo. Activa tu sharingan como te enseñé, cierra tus ojos y déjalo fluir.
Hice caso, respiré hondo y cerré mis ojos concentrándome en que al abrirlos ya estaría activada mi habilidad. Al momento que mis párpados se elevaron, mis ojos miraron el mundo de otro modo, si miraba con atención el suelo podía presenciar a las hormigas que escondidas bajo el pasto, cruzaban cargando hojas; o a las aves que se metían entre las ramas de los árboles.
—¿Cómo te sientes?
—Usted estaba en lo cierto, ya no me arden los ojos.
—Eso es bueno.
Detecté movimiento del otro lado de la casa y de inmediato moví mi cabeza hacia esa dirección.
—Alguien viene —dije.
—Creo que ya sé quién es —contestó el general y cambió su postura—. Rápido, desactiva el sharingan.
—¿Cómo lo hago?
Pestañeé varias veces y comencé a ponerme de nervios.
—¡Sólo desactívalo!
—¡No sé cómo hacerlo!
—Relaja tus músculos, cierra los ojos y libera tu chakra.
—De acuerdo, de acuerdo... Relajo los músculos —moví mis hombros—, cierro mis ojos y libero mi chakra —exhalé—, libero mi chakra...
Abrí mis ojos y el rostro del general me indicó que no se había desactivado.
—Ah, por fin te encontré general.
—Esa voz... Es el señor Fugaku.
El general me giró de modo que el anciano no pudiera verme a la cara y yo cerré los ojos fuertemente mientras pensaba en cómo desactivarlo o escapar.
—Se-señor Fugaku qué sorpresa verlo de nuevo —el general intentó sonar tranquilo.
—Lo sé, no quiero interrumpir tus labores pero necesito de tus muchachos... ¿Pasa algo con ese chico?
Yo seguía dándole la espalda, sólo tragué saliva y apreté los ojos.
—Eh, ah... Lo estaba instruyendo —dijo el señor Kakashi, luego sentí su mano en mi hombro y estaba segura que él no quería decir aquello pero se vio obligado—. Saki, muchacho dale tus respetos al señor Uchiha.
Me giré despacio, cabizbaja, evitando a toda costa mostrar mi mirada. Hice una reverencia y me cubrí con mechones de cabello.
—Buenas tardes, señor —saludé.
—¿Qué tienes en la cara?
—Na-nada.
—¿Estás usado lentes?
El tono de su interrogante sonó más a reproche que a mera cuestión.
—Él bueno... Ha presentado ciertos problemas de visión.
El general trató de ayudarme pero aquel anciano se acercó y me levantó la cara, al instante cerré los ojos.
—Un recluta usando lentes, si tienes problemas de salud no puedes pertenecer al equipo. Queremos chicos sanos, no gente que nos dé problemas. Abre tus ojos.
Sus palabras eran hirientes, decía las cosas sin tacto alguno. Le había prometido al general que no contaría mi secreto, pero si al abrir mis ojos el sharingan no se había ido, entonces aquel hombre lo sabría todo.
—Señor, yo considero que la miopía no es tan mala y no imposibilita a la persona —oí al general.
—La imposibilita de detectar enemigos, y lo sabes bien —respondió el señor Fugaku—. Déjame ver tus ojos, muchacho.
Sin más opción tuve que obedecer, poco a poco abrí mis ojos y miré a la cara de aquel anciano. El modo en que sus cejas se elevaron fue de sorpresa, su mano se alejó de mi mentón y noté cómo la prominencia de su cuello se movió. El señor Kakashi relajó los hombros, entonces al observar el panorama me di cuenta que el sharingan se había desactivado.
—¿Qué tan severo es tu problema de visión? —Preguntó, mas no me miró de nuevo.
—Mi vista se pone borrosa como a los veinte metros de distancia.
—Debes ser muy bueno para que el general te apoye tanto —volteó con el señor Kakashi.
—Todos los chicos de mi equipo son muy buenos, señor.
—Vaya, vaya... Parece que estás muy confiado. Pero bueno, justamente porque los alabas tanto es que los necesito, al menos a dos de ellos.
—¿Ocurre algo?
—La festividad del país del Fuego será en dos días. Sabes que es un día donde las familias se reúnen y mi esposa se ha empeñado en hacer una celebración. Sé bien que Sasuke no vendrá, pero Itachi sin duda lo hará, siempre lo hace por su madre. En fin, la señora Kushina así como la esposa del teniente y su hija se reunirán en nuestra casa. No tenemos muchos hombres en esta área, sólo los que rodean la zona de las afueras, sé que no hay peligro aparente pero necesitaré refuerzos que vigilen la casa ese día.
El general se masajeó el cuello y me miró, sentí que yo estaba de más.
—A decir verdad, pensaba darles a los chicos ese día libre, estoy seguro que ansían pasar el día en familia.
Era cierto, la festividad Kazoku se celebraba cada año; mamá y yo solíamos comer galletas y tomar té negro. Había olvidado eso por completo, el recuerdo de aquellos días se hizo presente y me arrugó el corazón.
—Bueno, siempre hay sacrificios ¿no? —Dijo el señor Fugaku.
—Yo lo haré —dije.
—¿Eh? ¿Hacer qué? —Me preguntó el general.
—Yo puedo vigilar, quizás Mitsuki pueda ayudarme. Ya sabe, nosotros somos huérfanos entonces no tenemos familia con quiénes pasar la festividad. Déjenos hacer un buen trabajo, por favor —me incliné.
Hubo un silencio que se prolongó varios segundos hasta que el anciano habló.
—Me parece que es una buena idea. Después de todo, para eso están entrenando ¿no? Para proteger a los aldeanos.
—Bueno señor —el general se rascó la mejilla sobre la tela de su máscara—. En ese caso yo también me encargaré de la vigilancia.
—Pero general ¿qué hay de su familia? —Pregunté inocentemente, por la expresión de ambos hombres supe que había metido la pata.
—No te preocupes por eso Saki, ahora ve con Mitsuki e infórmale de esta misión.
—Sí señor, con su permiso.
Salí corriendo de allí hacia el interior de la vivienda. Pensé que quizás el general tampoco tenía familia y me sentí mal por haber hablado, pero una parte de mí se sentía inquieta y no sabía el motivo. Quise creer que sólo era la pena de saber que ese día no estaría junto a mamá.
Gracias por leer.
