Capítulo 14.- "Familia"
—Así que hoy es el día.
Mitsuki limpiaba la mesa del comedor mientras yo recogía los trastes después del almuerzo. No tendríamos entrenamiento porque era el día de la familia y aunque en un principio el general Kakashi contempló darnos el día libre, Mitsuki y yo estaríamos vigilando la casa donde residían los señores Uchiha.
—Hagamos un buen trabajo, Mitsuki.
—Por supuesto —me sonrió.
—Ah, es una pena que yo no pueda acompañarlos —dijo Inojin, quien estaba ocupándose de barrer.
—Mira el lado positivo, estarás con tu mamá —traté de darle ánimos.
—Estoy con mamá todos los días, no digo que esté mal pero me gustaría que al menos papá también viniera.
—Entiendo que lo extrañes, pero imagino que debido a que pertenece al ejército es que no puede darse un tiempo libre ¿verdad?
Inojin asintió.
—Tengo muchos meses sin verlo, espero que las cosas se calmen aunque sea un poco.
Shikadai entró con una caja en sus brazos, la puso en una esquina y se sacudió las manos.
—Dijo el general que debemos estar listos a las cuatro en punto.
—¿Eh? ¿Tú también irás? —Preguntó Inojin.
—No puedo pasar el día con mis padres debido a la distancia, así que el general me ha pedido que vigile. También Boruto, ya que está castigado por empujar a Saki.
—Un minuto, eso quiere decir que todos ustedes trabajarán mientras yo me quedaré aquí.
—Bueno, vas a tener un descanso bien merecido —comentó Mitsuki, Inojin se cruzó de brazos.
—Eso significa que todos estaremos ocupados, pero si no escuché mal, la mamá de Boruto y su abuela también estarán allí... ¿No debería él estar con su familia?
Shikadai se encogió de hombros.
—Son órdenes del general. Y siendo honesto, para todo lo que Boruto te ha hecho veo que le tienes mucha compasión.
—No es eso... Pero prefiero que esté entretenido con su familia a tener que soportarlo mientras vigilamos el área.
Tras decir aquello, vi que Boruto cruzó de un muro a otro frente a la puerta, quizás pudo escuchar lo que dije. No me arrepentí, pero me sentí incómoda.
(...)
—Volveremos en la mañana, así que ustedes manténganse encerrados.
Desde la puerta, el general Kakashi daba indicaciones a la enfermera Yamanaka, Inojin también estaba junto a ella y de vez en cuando nos veía.
—General, sé que está de más que lo diga pero le encargo mucho a los chicos. Esperemos que no ocurra nada, pero en caso de que así sea, puede llevar este botiquín con usted, contiene elementos básicos para una emergencia.
El general tomó el botiquín.
—Nos retiramos ahora.
Al darse la media vuelta, alcé mi mano y me despedí. Inojin se veía triste.
Durante el camino a la casa de los Uchiha, el general nos explicaba por tercera vez nuestras tareas.
—La casa tiene un área bastante extensa, así que dos de ustedes tendrán que vigilar la parte frontal mientras el resto se encarga del patio trasero. Yo estaré en el tejado, desde allí me aseguraré de que todo esté en orden.
—¿Usted elegirá las parejas? —Preguntó Mitsuki.
—Pueden acomodarse como quieran, siempre que cumplan con su tarea.
—Quiero ser con Saki.
Me sentí extraña cuando Mitsuki dijo eso, apreté los labios y cuando me di cuenta, el general había volteado a verme; una ola de vergüenza se apoderó de mí.
—Supongo que se complementan bien, en ese caso ustedes dos cuidaran el frente del terreno. Shikadai y Boruto se van al patio.
Mitsuki me guiñó un ojo y me cubrí la boca cuando sonreí, me había salvado de estar en equipo con Boruto. Mi sonrisa se borró al momento que miré al rubio, no decía nada, iba muy serio con su vista al suelo y sus manos metidas en los bolsillos de su chamarra.
Pensé en tantas razones por las que su cara demostraba tal pena y llegué a la conclusión de que posiblemente se sentía avergonzado, quizás resignado a que el general le contara a sus padres el mal comportamiento que había tenido conmigo.
—Saki.
Reaccioné y dejé de ver a Boruto, mi vista encontró a Mitsuki.
—¿Qué pasa?
Su rostro serio me regaló una muy ligera sonrisa.
—Nada. Sólo mira bien el camino de frente, si te distraes podrías caer.
(...)
La casa de la familia Uchiha y sus altos muros estaban ante nosotros. El general estuvo un rato mirando la fachada antes de atreverse a tocar la puerta.
—No hagan cosas indebidas, no quiero quejas.
—Sí, señor.
La puerta se abrió y pudimos ver del otro lado al señor Fugaku. La severidad de su mirada nunca cambiaba, era difícil saber cuándo estaba de buen humor.
—Han llegado temprano, me parece bien.
Todos hicimos una reverencia, casi se me caen los lentes así que los atrapé antes de que se estrellaran contra el suelo.
—Estaremos a sus órdenes, señor —habló el general.
—Quienes vigilan las afueras del pueblo no me han enviado reportes de peligro alguno mas nunca es bueno confiarse. De todos modos, antes de que empiecen con su trabajo mi esposa me ha pedido conocerlos a todos —su rostro tomó otro semblante, me resultó divertido de cierta forma ya que cuando se refería a la señora Mikoto, él se ponía inquieto—, así que síganme.
Cruzamos la puerta y al pasar los muros nos vimos rodeados de un bello jardín, aunque el otoño estaba en su esplendor, los árboles con hojas amarillas y anaranjadas daban ese toque perfecto volviéndolo todo completamente hermoso.
El señor Fugaku había entrado a llamar a su mujer, nos quedamos parados frente al piso de tatami sin poner un pie dentro de la residencia. Luego unos pares de pisadas apresuradas y cuando vi a la señora Mikoto, en el escenario se atravesó una chiquilla que salió disparada directo a los brazos de Boruto.
—¡Hermano!
—Hima, estás aquí.
Boruto sobó con delicadeza la cabellera azulada de la niña, quien perdía su rostro en el pecho de él. Verlo en esa faceta fue irreal, acostumbrada a un Boruto agresivo y grosero me resultaba increíble que tuviera un lado amable.
—¡Boruto!
Otras dos mujeres salieron de la casa, una muy parecida a la niña quien supuse era la mamá de Boruto y la otra mujer se veía mayor, con visibles marcas en el rostro y su cabello aunque mantenía una tonalidad rojiza, tenía algunas canas. Ambas lo abrazaron también con tanto amor que sentí envidia.
—Mamá, abuela, no puedo respirar.
Su mamá lo soltó y mantuvo las dos manos en sus hombros para mirarlo desde cierta distancia. Ella tenía los ojos llorosos.
—Estaba preocupada por ti, me alegra que estés bien.
Acarició su rostro y Boruto intentó sonreír.
—Lo has estado haciendo bien, ¡dattebane! —Su abuela alzó su puño y se veía orgullosa de él.
—Saki estás usando lentes.
Abandoné la escena de la familia Uzumaki para prestar atención a la voz femenina de la señora Mikoto, ella estaba justo delante de mí.
—Ah, sí... Tengo problemas de visión.
—Nosotros cuidaremos de ustedes —habló el general.
—Por favor.
La señora hizo una reverencia, sus modales eran pulcros así como la forma en que hablaba, con suavidad y utilizando un lenguaje correcto; estaba convencida que ella había sido realmente hermosa cuando era más joven y tuve la inquietud de saber cómo fue que terminó casada con el señor Fugaku, quien era casi todo lo contrario a ella.
—Los muchachos a mi cargo son Mitsuki, Saki, Shikadai, Boruto e Inojin. Este último se ha quedado con su madre la enfermera Yamanaka.
—Es mejor así, no podemos dejar a la mujer sola puede ser peligroso —dijo el señor Fugaku.
—Hermano ¿vas a comer con nosotros? Tengo ganas de jugar contigo.
Boruto aclaró su garganta, realmente se veía bastante sofocado y sus expresiones no pasaban inadvertidas para su familia.
—Hoy no puedo Himawari, pero la próxima vez ¿de acuerdo?
La niña elevó sus cejas en un gesto de decepción.
—Bueno, estaremos-
—Un minuto general —interrumpió la señora Mikoto—, ¿no me diga que no piensan probar un solo bocado de lo que la cocinera preparó?
—Lo siento, agradecemos su invitación pero vinimos claramente a vigilar los alrededores. Por favor siéntanse en libertad de disfrutar de su celebración. Vamos chicos.
—Pero-
—Mujer.
Oí al señor Fugaku interrumpirla. El general nos llevó a los puntos estratégicos y sentí pena por la señora. Quizás su esposo estaba con ella, pero sus hijos no y se suponía que era una festividad para estar con la familia.
(...)
Me recargué en el muro de concreto, los pies comenzaban a dolerme por estar parada. Agité mis brazos y moví las piernas en un intento por minimizar el malestar. Mitsuki, quien estaba a unos metros de distancia, me habló con su serena voz haciéndome olvidar un rato mi problema.
—Los lentes te quedan bien.
—Gracias.
—El general es bastante considerado ¿no? Al principio pensé que sería malvado y cruel pero creo que es muy consciente y amable, aunque por supuesto no deja de ser estricto.
Sonreí, él tenía razón, el señor Kakashi había resultado ser una persona muy ejemplar y admirable. Era como un papá.
—Sí, él es alguien genial.
—Oye niño, tss... niño.
Escuché una voz y miré hacia atrás, el portón estaba medio abierto y por allí se asomaba la hermanita de Boruto con una expresión tímida.
—¿Eh?
—Niño ¿puedes ayudarme? Mi muñeco se quedó atorado y no puedo sacarlo.
Pestañeé unas cuantas veces antes de voltear con mi compañero.
—Ve rápido, yo cuidaré bien la zona —me dijo.
—No me tardaré, lo prometo. Vamos pequeña.
Me adentré al jardín y Himawari corrió por delante para mostrarme el sitio donde su muñeco se había atascado.
—Aquí está, mira.
El muñeco de trapo estaba metido entre rosales llenos de espinas largas.
—¿Cómo terminó allí? —Cuestioné y miré la forma de sacarlo.
—Es muy travieso, le dije que no lo hiciera.
—Parece que el muñeco necesita una buena lección ¿verdad?
Himawari movió su cabeza en aprobación, eso me causó gracia.
—Pero debe estar asustado, no quiero que tenga miedo.
—Voy a sacarlo de allí, no te preocupes.
Encontré un hueco entre los tallos y metí mi brazo cuidadosamente para no clavarme las espinas; mis dedos lograron alcanzar el objetivo y con mis pocas uñas pude estirarlo hasta que mi palma lo atrapó y lo arrastré para traerlo de regreso, sin embargo al último momento cuando lo saqué, una espina me arañó el brazo y gotitas de sangre brotaron de inmediato.
—Aquí está tu muñeco.
Himawari lo tomó pero notó la sangre de mi piel y se asustó mucho.
—Niño, te lastimaste. ¡Tienes que ir con el doctor!
—Estoy bien, no pasa nada. Ahora volveré a-
Me tomó de la mano y me trató de llevar con ella.
—Vamos adentro, mi mamá te curará.
—No, no puedo, estoy cuidando ¿recuerdas? No me pasará nada, anda ve a jugar ¿sí?
—Pero estás herido.
—Sólo es poquita sangre —miré mi brazo y noté que se estaba llenando— ¡oh cielos es bastante!
—Saki.
Miré hacia arriba, el señor Kakashi me observaba desde el techo.
—Ah... General... ¡Volveré ahora mismo a mis labores!
—Antes ve a limpiarte eso, le entregué el botiquín a la señora Mikoto. Rápido.
—¡Sí, señor!
Himawari me tomó de la mano otra vez y me llevó hasta el interior de la vivienda, me sentí avergonzada de entrar pero procuré no molestar demasiado y pasé casi corriendo para evitar que me vieran. La niña seguía tomando mi mano y en el otro brazo cargaba a su muñeco.
Miré de reojo la casa, tenía un color crema en sus paredes y adornos muy tradicionales. El piso de madera brillaba pulcro y un suave aroma a canela llenaba mis fosas nasales.
—Señora Mikoto, el niño se cortó con una espina.
Reaccioné y miré hacia el frente, Himawari me había llevado hasta la cocina y allí estaba lleno de gente. Entre los presentes encontré a Chouchou quien utilizaba un delantal marrón y al verme se quedó casi como yo.
—Saki ¿qué pasó?
La señora Mikoto se acercó rápidamente y desvié la mirada dejando de lado a la morena para ver a la anciana.
—Ah, yo... Me corté con la espina de un rosal.
—Salvó a mi muñeco —dijo Himawari.
—El general dijo que el maletín estaba con usted.
—Claro, siéntate aquí —sacó una silla y se limpió las manos—, ahora vuelvo.
En la cocina se estaban preparando alimentos todavía, y cuando alcé mi vista noté que Chouchou seguía viéndome así que para romper la tensión traté de sonreír con naturalidad, ella movió su cabeza, parecía avergonzada.
—Chouchou corta más tomates, la señora los necesita —le dijo una mujer morena muy parecida a ella.
—Sí mamá.
Poco a poco me percaté de un calor en mi mano y cuando miré hacia allí, percibí que Himawari seguía sujetando mi mano.
—Ah, oye... Ya te puedes ir a jugar.
—Tengo que protegerte, quizás tengas miedo.
Reí, no pude evitarlo.
—No tengo miedo.
—Pero van a limpiarte con alcohol y duele mucho, si lloras quiero estar aquí para cuidarte.
—Tranquila, no voy a llorar ¿de acuerdo? Soy una- soy un chico fuerte —corregí de inmediato.
La señora Mikoto volvió a la cocina, se asomó por la puerta y me llamó moviendo su mano en el aire. Me levanté y la seguí, Himawari fue detrás de nosotras.
—Primero hay que lavar tu brazo.
Estábamos en el lavamanos, allí me limpié con agua, luego la señora abrió el botiquín para tomar un algodón con alcohol y comenzó a limpiarme el brazo. Ardía, por supuesto que sí, pero la niña me estaba viendo y yo le había asegurado que era un chico fuerte, tenía que demostrarle que no mentía.
—Lamento estar aquí causándole problemas.
—No te preocupes.
Ella con cuidado se encargó de limpiar toda la sangre y tierra y posteriormente me colocó una venda adhesiva. En un vistazo rápido me di cuenta que la niña estaba muy atenta viendo todo el proceso.
—Es cierto, sí eres un chico fuerte —dijo emocionada.
—Ya quedó listo.
—Muchas gracias, señora.
Observé mi brazo, el color de la tira adhesiva ni siquiera se notaba pero la delicadeza con que fui tratada me hizo recordar a mamá y eso me generó un vacío en el interior.
—¿Quiere comer algo? —Preguntó sorpresivamente.
—¿Eh? No no, yo debo volver a mi deber. Mi compañero me está esperando, pero muchas gracias por la invitación —me incliné varias veces.
—Entiendo. Bueno, en ese caso volveré a la cocina.
—Señora Mikoto... Uhm... Bueno, la niña que estaba allí...
—¿Te refieres a Chouchou?
—Sí, ella. La conocí cuando estaba en otra zona, ¿ahora trabaja aquí?
—Puesto que su familia trabajaba en la zona de entrenamiento y todos fueron evacuados, se les asignó servir en nuestra casa. ¿Ustedes son amigos?
Me quedé pensativa, no éramos amigas pero ella me agradaba.
—Digamos que simpatizamos —contesté—. Bien, entonces me retiro.
Hice una última reverencia y busqué la salida, escuché pasitos detrás de mí e intuí que se trataba de Himawari. Justo antes de cruzar la puerta me quedé de pie cuando vi una mesita llena de fotos, allí encontré al señor Itachi cuando era un niño y en los brazos de la señora Mikoto estaba un bebé muy lindo, imaginé que se trataba del comandante.
Pero aunque había más fotos, el comandante sólo figuraba en tres y en todas era en su etapa de infante.
—Mira, aquí sales tú.
Volteé con Himawari, ella también se quedó viendo las imágenes y con su dedito me señaló una que parecía muy antigua, donde salía una niña con el cabello recogido mientras estaba sentada en una jardinera rodeada de flores.
—No, no soy yo —le dije, la niña me miró y después volvió la vista al retrato.
—Sí eres tú, pero te pusiste vestido.
—Es mi esposa cuando era niña.
Sentí un escalofrío recorrerme toda la espalda, esa voz era del señor Fugaku. Pasé saliva y volví el rostro hasta encontrarlo de pie junto a mí.
—Lo siento, no estaba husmeando de hecho ya me iba.
Me miró de pies a cabeza y sus ojos negros se detuvieron en mi brazo, por impulso cubrí la parte donde tenía la venda adhesiva y salí de la casa lo más pronto que pude hasta cruzar el portón y encontrarme con Mitsuki.
—Saki ¿qué pasa?
—Nada, lamento haber tardado tanto es que verás —quité mi mano donde ocultaba la herida—... Surgió un inconveniente.
—Ya veo, no hay problema de todos modos todo está muy tranquilo por aquí, imagino que así continuará el resto del día.
Y bueno, tenía razón. Estuvimos vigilando el área durante un buen rato, de vez en cuando nos turnábamos para tomar agua o ir al baño. Era demasiado aburrido hasta cierto punto. El señor Itachi se apareció por allí y me sentí feliz por la señora Mikoto, pues ella se alegraría de verlo en ese día tan importante.
—¿Vigilan? —Nos preguntó, yo moví mi cabeza afirmando.
—Realmente no hay peligro alguno, deberían estar descansando.
—Tenemos la orden de cuidar la casa —dijo Mitsuki.
—Debió ser mi padre quien solicitó esto —sonrió y se sobó la barbilla—. En fin, gracias por su trabajo chicos.
Había algo en la mano izquierda del señor Itachi, la mantuvo oculta tras su espalda pero cuando vio que mis ojos no se despegaban de ello, terminó mostrando un ramito de tulipanes rosas envueltos en papel del mismo color.
—Es para mi madre —se llevó un dedo a los labios y nos pidió guardar silencio, como si fuésemos a arruinar su sorpresa.
—Estoy seguro que le gustarán mucho —dije.
—Deséenme suerte.
Abrió el portón para entrar y antes de cerrarlo nos guiñó el ojo. Aunque estaba contenta de que él llegara había recordado lo que el señor Fugaku le dijo al general: «Sé bien que Sasuke no vendrá, pero Itachi sin duda lo hará, siempre lo hace por su madre»
Tal vez el señor Itachi era igual de amable que la señora Mikoto, y el comandante era de carácter fuerte como su papá.
—Me preguntó cómo sería papá.
—¿Uh? ¿Dijiste algo?
Sacudí la cabeza y miré con horror a Mitsuki, abrí mi bocota olvidando que no estaba sola.
—No, nada. Iré al baño, ¿puedes hacerte cargo una vez más?
—Claro, yo aquí te espero, Saki.
La tarde había caído y aunque el cielo todavía no estaba completamente estrellado, la luna ya había aparecido. La contemplé mientras caminaba hacia el baño que estaba en la parte externa de la casa, quizás era el de los invitados o la servidumbre, pero nos dieron permiso de utilizarlo.
Cuando me dirigía hacia allí no pude evitar mirar hacia la ventana que daba al interior de la casa, la luz de la sala estaba encendida y todos estaban allí reunidos. Vi cómo la señora Mikoto abrazaba a su hijo y él le sonreía, las flores estaban sobre la mesa.
Tras volver de mi pequeño descanso, escuché a lo lejos la voz de Himawari y volteé hacia atrás, si bien Boruto también estaba vigilando, la niña y su mamá estaban junto a él. Vi cómo la mujer lo rodeó con sus brazos y le depositó un beso en la frente; inconscientemente me vi reflejada en esa escena y elevé mi mano hasta mi propia frente dejándome llevar a los recuerdos que ahora eran dolorosos.
«Te quiero mucho, Sarada»
—También te quiero, mamá —musité.
Allí me quedé, viendo cómo Boruto abrazaba a su familia y por otro lado, a la familia Uchiha.
Irónicamente la soledad pesaba más cuando me veía rodeada de gente. Mi pecho palpitaba con latidos dolorosos y mis ojos se cargaron de pequeñas gotas llenas de tristeza.
Me quité los lentes para limpiarme los ojos y los coloqué otra vez en su sitio; me di la media vuelta para salir de la casa y regresar a mi lugar.
Abrí el portón y salí, no me dio tiempo de cerrarlo porque alguien más iba a entrar y entonces me quedé petrificada ante la poderosa mirada de un hombre maduro con un semblante duro que daba escalofríos.
Vestía un chaleco negro con hombreras guindas y en su pecho, un pequeño símbolo del clan Uchiha. Su cabello largo y oscuro le cubría parte de la cara pero cuando el viento ondeó sus fibras pude ver que uno de sus ojos era diferente mas no pude percatarme de los detalles, sólo sé que brillaba casi como si emitiera luz.
Me miró con seriedad, como si quisiera entender por qué un chiquillo extraño estaba saliendo de la casa de su familia y yo no podía mover mi cuerpo ni quitar mis ojos de los de él.
Se detuvo entonces, su mano apenas había tocado el portón pero allí estaba inmóvil sólo viéndome como si estuviera molesto.
—Comandante.
El general apareció interponiéndose en mi vista, de un salto había caído justo entre ambos.
—¿Quiénes son estos niños? —Preguntó dejándome escuchar su voz grave y cargada de autoridad.
—Son mis discípulos, su padre ha pedido que cuiden de la casa. Chicos —nos miró a Mitsuki y a mí, entendimos lo que pedía e hicimos una reverencia, una vez más me sostuve los lentes.
—Mi padre —bufó y abrió el portón—. Supongo que Itachi está aquí.
—Llegó hace rato.
No contestó más y cerró el portón provocándome un respingo, mi corazón se había acelerado.
—Él... es el comandante —expresé.
—Así es —dijo el general—. Si él está aquí significa que algo no anda bien.
Miré al señor Kakashi, Mitsuki también lo hizo.
—Pensé que venía a ver a su mamá.
—Bueno, tampoco descartemos esa remota posibilidad.
El general se fue de nueva cuenta y yo me quedé mirando el portón recordando esos ojos tan inusuales que poseía el comandante; esa mirada tan temible y su presencia poderosa.
Me sentí pequeñita ante él y el corazón me dio un vuelco, ¿por qué me daba tanto miedo? O mejor dicho ¿qué ocasionaba él en mí?
