Capítulo 15.- "Sasuke Uchiha"

La mañana llegó y con ella mi cansancio; mis párpados pesaban y mi estómago gruñía. Aunque el sol todavía no se asomaba en su plenitud, el cielo ya había clareado.

Un pensamiento fugaz pasó por mi cabeza, y es que aunque yo entendía que la vida en nuestro país no era para nada segura gracias a Dragón de Koshi, me parecía que el señor Fugaku exageró en solicitar vigilancia. La zona estaba custodiada por sus hombres y mantenían contacto continuo, su hijo el señor Itachi estaba en casa y por si fuera poco el comandante también había llegado. Al lado de todos ellos nosotros no éramos nada, salvo el general.

Unos simples niños como nosotros no podrían hacer mucho si se presentaba una situación de peligro. Pero quizás aquel hombre por su actitud autoritaria y por haber sido cofundador del escuadrón, sintió el derecho de imponernos tareas para demostrarnos quién mandaba.

—Tengo hambre.

Solté sin pensar que Mitsuki me escucharía. Estábamos sentados en el suelo desde unos minutos atrás sólo contemplando el firmamento y viendo el amanecer.

—Aguanta un poco más, pronto volveremos a la casa.

Bajé la mirada y desvié mi atención hacia su persona, él tenía las piernas extendidas y sus brazos amarrados entre sí.

—Mitsuki, ¿tenías amigos antes de entrar al escuadrón?

No volteó conmigo, siguió observando el cielo en su plenitud como si ver las luces atravesando las nubes lo hicieran recordar.

—No tuve ninguno —dijo sin titubear—. ¿Qué hay de ti?

—Uhm... Pues aunque he convivido con otros niños, no puedo decir que fueran mis amigos. Creo que tampoco he tenido amigos.

—Pero ahora tienes a Inojin ¿no es así?

Me acordé del rubio, él era tan raro y aunque en un principio me aturdía y todavía me costaba trabajo comprender por qué hacía comentarios tan fuera de lugar, me resultaba divertida su compañía.

—Creo que él es mi primer amigo —confesé.

Abracé mis rodillas y discretamente mis ojos enfocaron a Mitsuki quien seguía atento a cualquier otro lado excepto a mí. Quería preguntarle muchas cosas pero me daba pena que creyera que yo era un chico entrometido así que lo único que pude decir y que creí que no lo haría voltear, hizo el efecto contrario.

—Tú también eres mi amigo, Mitsuki.

Apareció el esperado momento en que el brillo ámbar de sus iris reflejara el cálido rayo de luz que poco a poco iluminaba la calle, y fue que me di cuenta que aunque estaba rodeada de otros chicos, era él quien hacía que mi corazón palpitara como loco. ¿Qué era ese sentimiento?

—Me alegra escuchar eso, Saki.

—Chicos, vengan ahora.

El general se presentó de la nada y me estremecí, rápidamente nos pusimos de pie y nos sacudimos la ropa para acompañarlo al patio trasero de la casa Uchiha. Allí mismo se encontraba Shikadai y Boruto, además fui capaz de ver que el señor Itachi y el comandante también hacían acto de presencia; el simple hecho de mirar al líder del escuadrón me provocaba escalofríos, como si su aura fuera oscura y no hubiera gota de amabilidad en él. Su padre era estricto pero éste señor Sasuke, parecía incomprensible.

Nos alineamos con firmeza tal como lo hacíamos en la zona de entrenamiento, el señor Itachi de vez en cuando veía a su hermano y éste nos recorría con su único ojo visible.

—Ellos son mis discípulos, falta Inojin Yamanaka pero él se ha quedado en la casa con su madre.

El comandante miró al señor Kakashi como si esperara que añadiera algo más, y así fue, el general terminó agregando detalles sobre mi compañero.

—Es el hijo del sargento de rastreo, Sai.

—¿Ha heredado el talento de su padre o es sólo un intento por querer ser notado?

La frialdad de su voz y la forma en que lo dijo me hicieron tener un mal concepto de aquel hombre. Alguien como él que formaba prejuicios en base a ideas vagas sobre otras personas, ¿qué clase de valor buscaba especialmente en los reclutas? ¿Los chicos que aspiraban a ser fuertes no eran nada?

—Inojin es un chico talentoso —dijo el general—, tiene habilidades muy buenas y en efecto, emplea estilos parecidos al sargento, sólo es cuestión de pulir detalles.

El comandante caminó alrededor de nosotros y nos observaba de pies a cabeza, ninguno de nosotros se movía, yo pasé saliva en el momento que él me dio la espalda mas luego se paró junto a Shikadai.

—Nombre.

—Shikadai Nara, señor —mi compañero tampoco se movió, sólo pronunció las palabras necesarias, se le oía tan nervioso como yo me sentía.

—El hijo de Shikamaru Nara, vaya cosa. Tú ya eres un miembro del cuerpo de infantería así que quiero pensar que eres bueno.

Al dejar en paz a Shikadai, se dirigió a Boruto. Esta escena era muy parecida a la que tuvimos con el señor Fugaku, sin duda eran de tal palo tal astilla.

—Nombre.

—Boruto Uzumaki, hijo del teniente.

Él contestó sin miedo, su voz sonaba calmada como si no le importara ser cuestionado ni cruzar la línea que ocasionara un disgusto de aquel hombre tan importante. El comandante se mantuvo mirándolo sin decirle nada, aunque no pude mirar con descaro el acontecimiento para ver las expresiones de su rostro, si es que tenía alguna otra a parte de su semblante de seriedad.

—Hijo de Naruto —bisbiseó y caminó unos pasos hacia atrás como para verlo mejor—. Han llegado hasta mis oídos rumores sobre ti, espero que seas lo suficientemente bueno como muchos aseguran.

—Lo soy —contestó Boruto con firmeza—. Después de todo, soy un Uzumaki.

Me pareció que la frase de Boruto iba cargada de la molestia que lo llenaba al comparar dos clanes, el suyo y el Uchiha.

—Más tarde lo veremos.

¿Mas tarde? ¿A qué se refiere? ¿Nos pondrá una prueba? —Pensé aterrada.

Abandonó su posición y se puso frente a Mitsuki y yo, evité mirarlo a la cara y seguí viendo hacia el tronco del árbol que estaba detrás de él. Me ponía de nervios, me sofocaba su sola presencia. Hablaría de mis lentes, seguro que lo haría ya que nada pasaba desapercibido ante sus ojos y si el líder me rechazaba, no habría esperanzas para mí ni para mi madre.

—Nombre.

No supe si se refería a mí, mis labios tardaron en abrirse pero fue mi compañero quien respondió y sentí un alivio de que evitara que yo hiciera el ridículo.

—Mitsuki, soy huérfano —aclaró.

—Con que es así...

Para terminar de complicar el ambiente, el señor Fugaku se apareció por aquellos rumbos y puse todo mi esfuerzo en calmarme, respiré aunque no podía siquiera sentir que el oxígeno entrara a mis pulmones.

—General Kakashi, usted eligió a este chico y quiero creer que tiene una buena razón para haberlo aceptado como su discípulo.

—Mitsuki demostró ser bueno en el combate cuerpo a cuerpo en la prueba del campamento, además tiene ciertas habilidades genéticas que lo hacen único.

—Un chico fuerte y extraordinario pero huérfano, ¿no es eso un tanto extraño? —Lo vi cruzar sus brazos, ya iba entendiendo por dónde iba todo aquello. El comandante no confiaba en niños sin antecesores.

—Hablas como si fuera su culpa ser huérfano —por primera vez intervino el señor Itachi, pero eso pareció molestarle al comandante.

—Este asunto no te concierne así que cállate.

—Sasuke —el señor Fugaku sonó como si lo reprendiera y eso creó un ambiente sombrío. Y aunque creí que el comandante argumentaría algo en contra simplemente ignoró a sus familiares y continuó con Mitsuki.

—Esperaré a ver tus habilidades para convencerme de que vale la pena que estés aquí y no representas una amenaza.

—Sí, señor.

Cuando escuché esa respuesta el corazón se me aceleró, era mi turno de enfrentarme a su juicio personal. Mis ojos aunque se clavaban en el tronco en realidad no lo estaban viendo, pues mi mente se mantenía ocupada pensando en respuestas a posibles preguntas y eso me estaba atormentando.

—Nombre.

Preguntó con firmeza, como lo había hecho con mis compañeros.

—S-Saki.

Titubeé, aunque fue mínimo, lo hice y estuve consciente de ello imaginando que él también lo escuchó de ese modo.

Hubo silencio, a último momento me di cuenta que esperaba escuchar mis apellidos y entonces hablé cuando él lo hizo.

—Ape-

—Soy huérfa-no.

¿Lo estropeé? Hablar al mismo tiempo que el comandante era una falta de respeto, lo estaba arruinando por mis malditos nervios y no quería que él me odiara, era la persona más importante de todo el escuadrón y quien enfrentaba cara a cara a la organización que tanto temíamos.

—¿Otro huérfano? —Lo escuché y pasé saliva una vez más— Eso significa que eres tan maravilloso como tu compañero ¿no?

Ante su interrogante tuve el impulso de mirarlo a la cara y así lo hice pero luego me arrepentí cuando nuestras miradas se hallaron. Su ojo oscuro me observaba intensamente y de pronto sus manos me quitaron los anteojos, fue una acción tan repentina que me dejó casi ofuscada.

—¿Lentes? ¿Tienes problemas de visión o sólo es una moda?

—Saki tiene-

—General, estoy hablando con el chico.

El comandante en ningún momento apartó su mirada de mí y cuando bajé la cabeza él me la levantó con brusquedad.

—Te hice una pregunta.

—Tengo miopía, señor.

Yo no podía presumir de los grandes logros de mi padre ni de mis habilidades innatas porque en realidad yo no tenía nada en comparación con mis compañeros. Sólo el sharingan, pero a mi parecer seguía siendo algo inútil que sólo sirvió para dejarme con problemas de visión.

No me había dado cuenta de la magnitud de diferencias que había entre nosotros hasta ese momento, ¿cómo ese hombre tenía tal capacidad de hacerme sentir miserable? Aunque al principio el general me trató casi de la misma manera, él poco a poco comenzó a darme ánimos y me tomó en cuenta para muchas cosas a pesar de que yo era la más débil del grupo. Sin embargo, el comandante era muy distinto de cierta manera.

—Miopía —observó los lentes como si tuviera en sus manos algo asqueroso—, un recluta con problemas de visión, cada vez se une más y más basura inservible.

—Sasuke, no hables de esa manera.

Mis manos estaban temblando, aunque el señor Itachi trató de moderar la severidad de aquellas palabras, no pudo solucionar el dolor que aquello me causó.

Dejé de mirarlo, no podía contra alguien así. Una parte de mí creyó que tenía razón y me odié, de verdad lo hice.

—El general asegura que este chico tiene potencial —dijo el señor Fugaku—, y bueno, yo he decidido darle una oportunidad.

—Padre, es bueno que tomes tus propias decisiones pero recuerda que el nuevo líder soy yo y por tanto soy el que se encarga de elegir los elementos que entrarán. Estamos en una situación alarmante y no tenemos tiempo para intentar preparar miembros inútiles, hay gente muriendo y desapareciendo ¿creen que esto es un juego?

—Juro que no voy a decepcionarlo —dijo el general Kakashi y pensé que no tenía caso que él abogara por mí, después de todo me sentía incapaz de alcanzar sus expectativas.

—He visitado a los demás reclutas en los últimos días, tengo una lista de los que me parecen buenos para avanzar y he desechado al resto, no voy a permitir que esto se convierta en una escuela para estorbos, nuestro escuadrón debe superar a Dragón de Koshi cuanto antes o nos veremos en serios problemas.

Mis ojos se estaban humedeciendo, la última gota que faltaba para derramar el vaso. Si el comandante me veía llorando no sólo sería echada en ese instante sin oportunidad alguna sino que me iría más que humillada.

Con rapidez me limpié los ojos y apreté los labios, no iba a llorar... o al menos lo intentaría.

—Voy a darles oportunidad de que descansen y coman, mañana iré a ponerles una prueba y los que no me convenzan se irán, no hay segundas oportunidades —dijo y me devolvió los lentes estampándolos con fuerza sobre mi pecho, los tomé con mis manos temblorosas—. Váyanse, sus servicios han culminado en esta casa.

—Vámonos muchachos.

Cuando el general dijo aquello, mis compañeros hicieron una reverencia al comandante pero yo no pude hacerlo, mis ojos instintivamente lo miraron para darse cuenta que también me veía. Me coloqué los anteojos como muestra de mi dignidad y sólo pude pensar que ansiaba encontrar a mamá para largarme de ese escuadrón para siempre.

(...)

Bajo la regadera y el agua caliente descargué todo mi dolor, y me cubrí la boca para llorar sin que me oyeran. Mi último obstáculo era tan alto como una montaña, y ése era Sasuke Uchiha. Aquel hombre que parecía inalcanzable como una estrella, estaba en el lugar más alto y era imposible llegar a él. Si al final no lograba pasar esa prueba, sólo me quedaba confiar en él y en que acabaría con Dragón de Koshi.

Pero no era mi principal deseo porque yo deseaba llegar tan lejos hasta encontrar a mamá, nadie más la salvaría porque había cientos de personas desaparecidas.

Ese día nadie me dijo nada por lo sucedido en aquel encuentro; quizás todos nos sentíamos preocupados y estresados por la prueba de mañana. Me había puesto tan sensible que hasta me dolió el estómago y fui con la enfermera para que me diera medicina. Pensé que la cena me había caído mal.

Antes de dormir, estuve afuera para ver las estrellas. En aquella zona el cielo se vislumbraba en su máximo esplendor permitiéndome contemplar lo hermoso que era. La tranquilidad y el suave sonido de las hojas de los árboles meciéndose con el viento me ayudaron a calmar un poco mi malestar.

Un recuerdo de mi madre apareció entonces, cuando ella me abrazaba cada vez que yo cumplía años. Su calor y amor me hacían muy feliz, no lo supe hasta que me quedé sola.

Eres mi mayor tesoro, Sarada.

«—...Cada vez se une más y más basura inservible»

Las palabras de ese hombre dolían mucho y por más que lo intentaba, no podía sacarlas de mi cabeza.

—Soy una basura inservible —susurré—... No es la primera persona que me lo da a entender.

—No, no lo eres.

Di un saltito del susto que me produjo la voz del general, no me di cuenta en qué momento llegó y se puso junto a mí.

—Señor...

—No digas que eres una basura, no te lastimes por las palabras del comandante. Él es así porque está presionándose en reclutar a los mejores hombres para exterminar a estos criminales. Aunque se ha excedido en sus opiniones, él no te conoce Saki.

—Pero usted también lo pensó alguna vez, que yo soy débil.

—Sí, lo pensé, pero no es así. Sólo te falta confianza, has nacido con un gran don y no debes desaprovecharlo.

—¿Se refiere al sharingan?

—Sí.

Suspiró y se metió las manos a los bolsillos del chaleco.

—No tengo idea de qué prueba pueda ponerles, pero viendo la situación y aunque todavía estoy en contra de esto... Quiero que sepas que como último recurso puedes utilizar el sharingan, sólo si te ves en aprietos ¿entendido?

Afirmé.

—Ve a dormir, necesitas descansar.

—Sí, señor. Buenas noches.

(...)

La mañana siguiente sólo Boruto desayunó, los demás apenas y bebimos agua. El miedo me estaba comiendo de a poco e Inojin estaba igual que yo. Ojalá yo hubiera tenido la confianza de Boruto, pues él se veía muy relajado.

Debe estar gozando mi sufrimiento y humillación. Seguro no puede esperar a que me corran.

La hora de ir al campo se había llegado, esa mañana estaba más fría que la anterior y la piel se me erizaba con las ráfagas del viento.

La enfermera estaba muy angustiada por alguna razón y lucía como si quisiera decir algo, se frotaba las manos y por fin se animó a hablar.

—General Hatake, me gustaría decirle algo.

El señor Kakashi se abrochaba las botas y no prestaba demasiada atención, me preocupaba el hecho de que la enfermera lo siguiera tanto y él no le hiciera caso.

—Inojin va a estar bien, deje de preocuparse.

—Lo sé, señor, pero hay algo-

—No tenemos tiempo, me lo dirá cuando regresemos. Vámonos, muchachos.

—Sí, señor.

No supe si fue mi imaginación pero cuando salimos de la casa y avanzamos unos metros, me pareció escuchar la voz de la enfermera Yamanaka. Miré hacia atrás y la vi afuera moviendo sus manos, mas el viento no me permitió oír nada, Inojin seguro creyó que le estaba deseando suerte y alzó su pulgar, pero yo me quedé intrigada.

Cuando llegamos a nuestro destino, el comandante ya estaba allí y sólo él.

—Él es el líder —oí a Inojin que habló para sí mismo, como si le asombrara conocerlo.

—Comandante, los muchachos están listos.

—Perfecto, espero que no me decepcionen.

Se quitó los guantes y los arrojó a un lado.

—Van a luchar contra mí.

Levanté la mirada, eso no era lo que esperaba oír.

—Sabe que es imposible ser derrotado por alguno de estos niños, sus niveles son totalmente diferentes.

—Lo sé, general —contestó con cierta burla—. Pero allá afuera no hay criminales poniendo pruebas para saber cuántos kunais pueden clavar en un tablero, esto es el mundo real. Hay bestias salvajes, hombres despiadados y nadie se tentará el corazón. Si no pueden enfrentarme, no están listos para estar aquí.

—Pero-

—¡Comiencen y vengan a mí!

Recién terminó su frase y Boruto corrió hacia él, todos nos sorprendimos al verlo ir directamente a atacar al comandante. Sacó un kunai de su bolsillo y lo lanzó hacia el hombre mas lo esquivó con facilidad y lo agarró del brazo para arrojarlo lejos.

Boruto se levantó tan rápido que no creí lo que estaba viendo. Se quitó la chamarra y juntó sus manos en una posición que si no mal recordaba, en días pasados el general le mostró. Vi en su palma una ráfaga de viento y con colores brillantes me recordó a la luz que emitía aquel hombre del explosivo. Unos segundos después supe que era su chakra, Boruto estaba haciendo la técnica que tenía poco de haber conocido y me sorprendí tanto... ¡La aprendió muy rápido!

Al verlo atacar al comandante supe por qué todos hablaban maravillas de él y por qué su ego estaba tan alto, él era asombroso.

Las piernas me empezaron a temblar, no sé si de frío o de nervios pero no podía evitarlo. Shikadai no quiso quedarse atrás y se unió al combate, no pudo utilizar su técnica para atrapar sombras pues el día estaba nublado. Pero aunque ambos eran tan buenos, el comandante ni siquiera hacía gran esfuerzo por evadir sus ataques.

—¿Eso es todo lo que tienen? ¿Vinieron hasta aquí para avergonzar a sus padres?

Boruto estaba molesto, su mirada lo decía todo y volvió a crear una esfera de energía.

—Saki, Inojin —Mitsuki nos habló— debemos planear lo que haremos antes de atacarlo, si tenemos una estrategia será mejor que atacar por atacar.

—¿Qué debemos hacer? —Preguntó Inojin.

—Hay que buscar un punto ciego.

—Muy equivocados —la voz del comandante nos sorprendió y apenas pudimos reaccionar, él estaba detrás de nosotros—, yo no tengo ningún punto ciego.

Mitsuki lo atacó estirando su brazo pero repentinamente el comandante desapareció y en su lugar estaba Inojin quien recibió el impacto del golpe. Yo no podía moverme, no tenía idea de qué hacer y mi indecisión me costó caro. El comandante Sasuke me tiró al suelo boca abajo tras haberme hecho tropezar y jalando mi brazo hacia atrás colocó su pie en mi cabeza.

—Un hombre que sólo se dedica a observar a mitad de un enfrentamiento, no puede ser miembro de mi escuadrón.

Jaló con más fuerza mi brazo y me dolió hasta el alma, sentí que no iba a soportarlo.

—¡Ahh! —Bramé de dolor.

—¡Saki!

Escuché a Mitsuki, él fue directo al comandante para atacarlo, o así lo creí hasta que me di cuenta que sólo lo hizo para distraerlo y así poder sacarme de allí. En el momento que el señor Sasuke quitó su pie de mi cabeza, fui arrastrada lejos de allí.

—¿Estás bien?

Respiré agitada y me sobé el hombro.

—No lo sé, todavía me duele.

Vi que los demás chicos seguían buscando la manera de poder tocarlo, ni siquiera sabía cuál sería el objetivo de aquella batalla, ¿cómo determinaría quiénes estaban aptos?

—Déjame revisarte.

—No —quité su mano—, no tenemos tiempo.

—Chicos, no se queden allí —dijo el general, él estaba a metros de distancia sólo observando, no podía hacer más.

—Vamos, tal vez si atacamos en conjunto podamos hacer algo. Todavía tengo algunos ataques.

Mitsuki hablaba como un líder, me sentí tan celosa de él... Me sentía celosa de todos mis compañeros. Boruto no se rendía, aunque se cayera se levantaba y con coraje sus ojos brillaban cada vez que se acercaba al comandante. ¿Por qué yo no podía ser igual?

No... ¿Por qué estaba dudando? El general había dicho que yo no era una basura, si alguien como él confiaba en mí era porque de verdad yo no era una inútil. No importaba si era mujer y ellos hombres, no había diferencias. Yo no era débil, yo no podía serlo.

Me levanté del suelo me sacudí el polvo, activé mi sharingan y los movimientos del comandante pasaban ante mis ojos de una manera que pude grabar en mi memoria. Apreté mi puño y saqué un kunai de mi bolsillo; cuando mi mano siguió el ritmo de sus desplazamientos, encontré una oportunidad para atacarlo.

Corrí en dirección a él quien estaba dándome la espalda mientras se encargaba de Shikadai, y lancé mi arma hacia su brazo. No quería herirlo, de verdad no quería lastimarlo pero si eso le demostraba que yo no era una basura entonces se podían hacer ciertos sacrificios.

Cuando pensé que le daría, él se volteó y se quitó de allí pero al encontrarme cerca me pegó en el vientre y me quedé sin aliento. Mi sharingan debió desactivarse por el impacto y caí de rodillas al suelo.

Vi una gota de sangre caer en la tierra y mientras recuperaba el aire levanté la mirada encontrándome con su hombro herido, al final el kunai le rozó la piel. Sus ojo negro me observaba, y mis compañeros quisieron aprovechar esa oportunidad para atacarlo pero algo pasó.

—¡GENERAL!

La voz de la enfermera Ino sonó cada vez más cerca, no pude levantarme pero giré la cabeza y la vi corriendo hacia nosotros, todavía estaba lejos pero lucía desesperada.

—¡GENERAL, ESTÁN AQUÍ! ¡ESTÁN AQUÍ!

—¿Qué? —Musité.

—¿Qué pasa? —Inojin estaba asustado.

—No puede ser...

Cuando el general pronunció esas palabras, mis ojos vieron con horror cómo dos enormes bestias como las que atacaron el pueblo, salieron del bosque y se dirigieron hacia la enfermera Ino.

—¡MAMÁ!


Gracias por leer, si te gustó este capítulo por favor no dudes en dejar un comentario, me gustaría conocer tu opinión.

No recuerdo si lo aclaré en algún capítulo anterior pero habrá ligeras modificaciones en las técnicas, habilidades y cosas así respecto a la obra original. En esta historia tanto Naruto como Sasuke tienen ambos brazos.

No es un fanfic de romance, aunque se darán ocasiones en que lo mencione.