Capítulo 16.- Descubierta

A pesar de que mis rodillas casi se hundían en la tierra podía sentir que mis piernas estaban temblando. El tiempo pasó en un abrir y cerrar de ojos pero la angustia persistió un poco más.

Inojin había intentado llegar hasta su madre, quizás por impulso, tal vez por ese instinto de proteger lo que amas, tal como decía mamá: «La cobardía se termina cuando luchas por la persona que amas»

Nunca me perdonaré no haber siquiera intentado ayudar a la enfermera, aunque sólo se trataran de escasos segundos. Sin embargo, fue el comandante quien repentinamente estaba ocupando el lugar de la enfermera Ino y no entendí cómo había sucedido.

De una sola patada noqueó a una de las bestias enormes y a otra la dejó paralizada, era tan asombroso que incluso sentí que no podía respirar, muy probablemente todos nos encontrábamos en esa situación de admiración y terror.

—¡Váyanse de aquí, rápido! —Nos gritó el general— ¡Llévense a la enfermera!

No supe si fue producto de mi estado e imaginación pero cuando el comandante volteó unos instantes y el viento voló el mechón de cabello que le cubría el ojo izquierdo, pude ver el inusual color púrpura que brillaba; casi puedo asegurar que escuché su voz pidiéndome que protegiera a su mamá.

—¡Es cierto! ¡La señora Mikoto, la familia de Boruto!

Me levanté rápidamente y corrí en dirección opuesta hacia el pueblo, al momento que pasé junto al general le escuché decirme algo.

—Resguarden a los demás, por ningún motivo los dejen solos. Pidan a Itachi que venga.

No contesté pero un movimiento de mi cabeza debió bastar para transmitirle mi respuesta. Otros gruñidos se escucharon y cuando volteé sentí el miedo cruzarme el cuerpo entero; había más y más bestias acercándose a pasos apresurados y al fondo, esos sujetos enmascarados. Mirarlos nuevamente era como revivir la escena del secuestro de mamá.

—¡Saki! ¡Vámonos!

Mitsuki alargó su brazo y atrapó mi muñeca, luego me estiró hacia él para que los alcanzara. Inojin se detuvo unos segundos y sacó su pergamino, sus manos temblaban cuando lo sostenía y el pincel dibujaba en el trozo de papel. Un ave de tinta emergió, y subió a la enfermera en él.

—Chicos, súbanse pronto.

El camino en efecto fue más corto pero no me sentía tranquila al haber huido de la escena, estaba preocupada por el general y el comandante. Ver luchar al líder del escuadrón me dejó rígida, incapaz de reaccionar mas sólo ser espectadora de lo habilidoso que era. Ellos estarían bien, confiaba en que así sería.

Bajamos del ave dentro del patio de la casa de los Uchiha y corrimos apresurados a la puerta, Boruto tocaba con desesperación hasta que ésta fue abierta por el señor Fugaku.

—¿Qué hacen aquí?

—¡Unas bestias de Dragón de Koshi están en el campo de la montaña! ¡El señor Itachi tiene que ir! —Expliqué.

La mirada de aquel anciano cambió por completo, por primera vez lo vi en un gesto muy parecido a estar asustado.

—Nos han encontrado ¡maldita sea!

Se dio la media vuelta y comenzó a gritar llamando a su esposa, todos aprovechamos para entrar y Boruto corrió al interior de la casa sin importarle nada.

—¿Qué es todo este escándalo, Fugaku?

—Mikoto, mujer... Tienes que irte ahora. Lo mismo para el resto de la servidumbre femenina y la familia Uzumaki, estamos bajo ataque.

El señor Itachi pasó corriendo por un lado de sus padres y en el genkan comenzó a ponerse los zapatos a toda prisa.

—Denme detalles, todos los que puedan —decía sin interrumpir su acción.

—Salieron del bosque, son seis bestias, el comandante paralizó dos pero se acercaban cuatro hombres enmascarados —dijo Mitsuki.

—Correcto, ¿algo más?

—No señor, es todo lo que pudimos ver. El general Hatake nos ordenó evacuar el lugar y proteger a la enfermera.

Terminó de ponerse los zapatos y se puso de pie, a la sala ya había llegado todo el personal que allí trabajaba así como la abuela, mamá y hermana de Boruto.

—Escuchen bien, hay un refugio subterráneo —dijo el señor Itachi—, aunque sabemos de sobra que Dragón de Koshi se lleva mujeres y niños, no permitiré tampoco que lastimen a los hombres que aquí trabajan así que chicos, asegúrense de llevarlos a todos hasta allí —nos miró.

—¿Dónde está ese refugio? —Preguntó Shikadai.

—A dos kilómetros de aquí, la entrada está debajo de un contenedor de basura en el callejón que está detrás del mercado de frutas.

—¿Qué hay de las demás personas del pueblo? —Cuestioné.

—Por desgracia, no tenemos espacio para todos —su rostro me reveló la pena que sentía—, es un descuido de nuestra parte, lo lamento. Por ahora sólo deberán poner a salvo a las personas de esta casa, pero me encargaré de que ninguno de esos monstruos ponga un pie dentro de la villa así que apresúrense. Papá, ve con ellos.

—De ninguna manera, yo también iré.

—Ya eres un hombre mayor, no puedes seguir el ritmo.

—¡No me subestimes Itachi! ¡Dije que también iré!

La señora Mikoto estaba temblando, casi pude palpar su sufrimiento. Perder a su familia sería un dolor insoportable.

—Quédate con mamá, la protegerás mejor si te encuentras cerca. Déjanos esto a Sasuke y a mí, incluso el general está allí así que no debes preocuparte.

El señor Itachi salió de la casa y con él, el resto de nosotros. El anciano Fugaku se había aferrado a ir con él pero en un momento repentino el señor Itachi desapareció tras un revoloteo de cuervos.

—¡Maldita sea!

—Querido, por favor —dos dedos de la señora Mikoto sujetaban el borde de la manga de aquel hombre mayor—, ven conmigo.

—Tenemos que alertar a todos en el pueblo —dijo—, por lo menos que se escondan en sus casas. Yo no me permitiré ser un cobarde, estaré bien, Mikoto.

Lentamente la mano de la mujer liberó el agarre de la ropa, ella asintió pero no se le veía muy convencida. La abuela de Boruto sujetó los hombros de la señora Mikoto.

—Vamos Mikoto, tenemos que darnos prisa.

—Mamá ¿qué está pasando? —Oí a Himawari.

—Sólo vamos a escondernos ¿de acuerdo?

—Necesito que alguno de ustedes me ayude a notificar a todos que se escondan.

—Yo lo haré —Mitsuki se ofreció y el señor Fugaku lo aceptó— Saki, ve con ellos y protégelos.

Mitsuki salió corriendo detrás del anciano y me quedé mirando su figura desaparecer en la lejanía. Al voltear mi cabeza me encontré con la mirada temerosa de Chouchou, sus manos vibraban, estaba asustada.

—Vamos —le dije y le di un empujoncito en la espalda.

La situación no pudo mantenerse tranquila por mucho tiempo, el pánico recorrió las calles cuando fueron notificados del ataque y por si no bastara con el drama que se vivía, de repente un fuerte gruñido se oyó a lo lejos indicando que una de las bestias estaba por entrar. Pero el sonido venía de otra dirección, la opuesta al campo donde los demás luchaban.

¿Era una carnada? —Pensé.

—¡Por aquí!

Shikadai y Boruto empujaron el contenedor y con un shuriken rompieron el candado para levantar la puerta de metal; estaba oscuro en el interior por lo que Shikadai metió un pie para verificar.

—Es una escalera, bajaré yo primero así que síganme.

Tal como lo dijo, Shikadai fue quien pasó por delante y daba indicaciones para que lo imitaran. El personal estaba aterrado, los gruñidos se intensificaron y mis piernas comenzaron a temblar.

—Vienen más de ellos —oí a Inojin, su cuerpo también estaba tiritando.

—Himawari, sigues tú... ¿Himawari?

Boruto volteó a todas partes y yo caí en la cuenta de que en efecto, la niña no estaba con nosotros.

—¡Himawari!

La mamá de Boruto salió de entre la muchedumbre y su mirada me recordó el mismo miedo que se reflejó en mamá aquella noche cuando me escondió.

—¡HIMAWARI!

—¡¿Dónde está?! —Boruto se desesperó— ¡La estaba sujetando de mi mano!

—El muñeco —pronuncié para mí misma—... Olvidó el muñeco y regresó por él.

Boruto me miró así también yo, sus cejas se habían elevado y se arrugaban en pavor. No me dijo nada y salió corriendo de allí.

—¡Boruto! —Su mamá gritó en una voz entrecortada.

—¡Iré con él! ¡Inojin cierra la puerta! —Dije.

—No Saki, es peligroso. Tenemos órdenes de proteger a estas personas.

—La niña está en peligro, ustedes estarán bien. Señora —miré a la mujer de ojos perla—, nos aseguraremos de traer a Himawari.

Las lágrimas resbalaron de sus ojos, me di la media vuelta y emprendí camino a toda velocidad. Mi corazón latía con fuerza y mis piernas avanzaban tan rápido como podían.

Entre calles casi desoladas, con gente corriendo a esconderse perdí todo rastro de Boruto, parecía una escena de novela apocalíptica. Luego sentí un retortijón en el vientre y me paré escasos segundos para tomar aire, los suficientes para presenciar a la horripilante criatura que buscaba en los alrededores olfateando y gruñendo, dejando al descubierto sus largos colmillos.

Aunque mis piernas se negaban a reaccionar, como pude me las arreglé para esconderme detrás de unos botes de basura.

Cálmate Sarada, cálmate...

El monstruo rugió tan fuerte que mis oídos dolieron y me ensordecí a pesar de cubrirlos con mis manos.

Tengo que salir de aquí.

Busqué la manera de pasar desapercibida pero viendo la situación parecía imposible escapar sin ser detectada. La bestia medía quizás más de dos metros y sus enormes garras pisaban con fuerza mientras sus uñas raspaban el suelo. Estaba tan alerta olfateando que seguro me encontraría pronto.

Se giró cuando oyó un ruido, mis ojos brillaron al ver que Mitsuki lanzó un ataque directo al animal y lo aturdió con una especie de rayo. Aproveché que se había distraído y salí de mi escondite para seguir mi camino a la casa de los Uchiha.

—¡Saki! ¿Qué haces aquí?

—¡Lo siento Mitsuki, ahora no puedo contártelo! ¡Tengo que ayudar a Boruto!

Hubiera deseado poder darle más explicaciones mas tenía el tiempo encima. Aceleré el paso y llegué a la casa, el portón estaba medio abierto lo que me decía que Boruto quizás ya estaba allí, él no podría haber saltado los muros eran muy altos.

Entré a la casa y busqué por todas partes pero no se escuchaba nada.

—¡Himawari! ¡Himawari!

Pensé que tal vez ella se separó en alguna parte del camino y no volvió precisamente a la casa; me habría quedado con esa idea si no se hubiese escuchado un grito del exterior. Bajé la escalera a toda velocidad y salí al patio trasero donde vi a ese horrible cuadrúpedo queriendo tomar con su hocico a la niña.

Himawari se escondía entre el muro y la casa, era un espacio angosto donde guardaban artículos de limpieza. El animal rugió fuerte y Himawari comenzó a llorar completamente aterrada.

Metí la mano en mi bolsillo, sólo me quedaba un kunai pues el anterior lo usé para pelear contra el comandante cuando nos puso a prueba. Mi puntería no era mala así que tendría que darle en algún punto vital pero no sabía dónde.

«Su cabeza»

Activé mi sharingan y mi cuerpo experimentó ese cambio en el flujo de mi chakra que tras un escalofrío se volvió una sensación caliente recorriéndome de pies a cabeza.

Lancé el arma apuntando bien a la cabeza del animal y cuando le dio cayó al suelo gruñendo de dolor y moviéndose bruscamente. Fui de inmediato a sacar a la niña quien se aferró a mi cuerpo.

—Tranquila, voy a llevarte con tu mamá, no llores.

—Niño, tengo miedo.

Cargué a Himawari para salir de la casa, corrí con ella en mis brazos y de nuevo ese dolor me detuvo, respiré hondo y quise volver a avanzar; sin embargo no pude, cuando levanté mi cabeza miré a mi alrededor, había tres bestias enormes acorralándonos.

Nunca había sentido tanto miedo como en ese momento, mi corazón casi se me salía del pecho y mi sharingan se desactivó. Himawari lloraba asustada y yo sólo podía abrazarla como si eso impidiera que le hicieran daño.

Tengo que hacer algo... Debe haber una forma...

Con todas mis fuerzas traté de retener el poco valor que me quedaba pero la resignación ganaba batalla poco a poco. No había manera de salir de esa situación.

Al instante que vi a las tres bestias ir contra nosotras, sólo abracé fuerte a Himawari y cerré los ojos, fue en ese momento que escuché el sonido de llamas ardiendo y sentí en todo mi cuerpo el calor que desprendían, como si estuviera cerca de una chimenea.

Abrí los ojos, las bestias se retorcían mientras sus cuerpos eran consumidos por el fuego. No entendía que pasaba hasta que vi al señor Fugaku, respiraba pausado y se le veía muy agotado.

—¡Himawari!

Boruto llegó apresurado, su brazo izquierdo estaba escurriendo de sangre y la manga de su chamarra había sido arrancada.

—¡Hermano!

Cuando bajaba a la niña, sus pies ni siquiera alcanzaron a tocar el suelo, fue arrebatada de mis brazos por una sombra tan veloz que apenas pude darme cuenta.

Giré mi cabeza, todo transcurrió en cámara lenta: un hombre encapuchado se la llevaba. Los gritos de Boruto llenaron mi cabeza y de repente no pude escucharlos, no pude escuchar nada. El eco de sus voces desapareció y para entonces, en el tiempo que tuve conciencia de lo que acontecía, mis piernas ya iban veloces detrás de aquel sujeto queriendo alcanzar a la niña.

Estiré mi brazo, como si eso pudiera servir para llegar hasta ella y mis pies avanzaban queriendo volar.

Vi la mano de Himawari tratando de alcanzarme, sus ojitos llorosos suplicaban ayuda. El hombre que la llevaba se dio cuenta que lo estaba siguiendo, para frenarme lanzó algo pero no vi nada hasta que sentí el impacto en mi vientre como un balón golpeándome con fuerza.

Caí al suelo y quise recuperar el aliento, Boruto me rebasó intentando salvar a su hermana pero él tampoco podía alcanzarla. En ese momento el dolor era soportable, quizás era la adrenalina así que me levanté y seguí corriendo.

Boruto hizo su técnica especial, la que utilizó en el comandante y logró acertar en una pierna del sujeto haciéndolo tropezar. Ese tiempo fue demasiado valioso para ambos, pudimos llegar hasta donde estaba mas el tipo no duró mucho tiempo en el suelo y cuando quiso escapar sujeté a Himawari.

—¡Suéltala, maldita sea!

Boruto agarró al hombre aferrándose a él, queriendo separarlo de su hermana. Yo estiraba a la niña pero resultaba muy difícil liberarla de los brazos del encapuchado. Una máscara oscura le cubría el rostro así que no pude ver sus rasgos.

Himawari lloraba y Boruto no lo soportó, mordió el brazo del sujeto y de ese modo el hombre la liberó, su furia fue evidente y golpeó al rubio lanzándolo lejos, logrando estrellarlo contra el muro de una casa. Para entonces la niña ya estaba liberada de su agarre y yo tenía que ser más rápida antes de que él intentara llevársela de nuevo.

Mis ojos vieron lo que él intentaba hacer, el sharingan se activó y empujé a Himawari.

—¡Vete con el señor Fugaku!

Aunque la alejé de un tirón, no aparté mi vista de la máscara del individuo y mi cuerpo comenzó a moverse igual que él. Lo enfrenté cuerpo a cuerpo, pero un fuerte rugido me aturdió; una bestia había llegado sin que siquiera lo notara y tal distracción dolorosa me hizo perder la concentración, el resultado fue que el sharingan se desactivó y recibí el impacto de una oleada de aire frío que me empujó contra el tronco de un árbol.

Mi cuerpo entero se estiró y resbalé hasta el suelo, incapaz de poder ponerme de pie. Sin tiempo a que el enmascarado volviera a atacarme, un rayo púrpura lo atravesó y cayó al piso, muerto.

Detrás de él estaba el general, pronto llegó Mitsuki y la bestia que llegó en plena lucha se consumía en un fuego negro muy extraño.

—¡Saki!

Mitsuki llegó hacia mí pero el dolor de mi espalda era tan fuerte que estuve a punto de perder la conciencia. Boruto también seguía en el piso, nuestras miradas se encontraron.

—¡Está sangrando! ¡Tenemos que llevarlo con un médico! —Mitsuki le dijo al general, éste rápidamente vino a mí.

—¿Dónde? ¿De dónde sangra?

—Hay sangre en sus piernas.

—¡Saki! ¿Me escuchas? ¡Mírame! —Me dio palmadas en la cara— ¡Hey! ¡No te duermas! ¡Saki!

Sus voces se apagaban y mis ojos desenfocaron, entre llamados lejanos mis pupilas sólo vieron al comandante caminando hacia nosotros. Luego todo se volvió oscuro.

(...)

Un murmullo y sollozos me despertaron, cuando mis ojos se abrieron lo primero que vi fue una luz blanca y mi cuerpo sintió el frío de la habitación. La espalda me dolía, pero la molestia era menor.

Giré la cabeza hacia mi derecha, allí estaba la enfermera Ino y estaba llorando. Sus manos temblaban mientras anotaba algo en un cuaderno.

—En-enfermera.

Dejó de escribir y me miró, sus labios vibraban.

—Saki... Despertaste.

—¿Dónde estoy? ¿Por qué está llorando?

A pesar de que se limpió los ojos las lágrimas volvían a mojar sus mejillas. Se puso de pie y apagó la lámpara que me iluminaba la cara.

—Estamos en el subterráneo de la casa.

—¿En el escondite?

—No, en la casa donde vivimos.

Su rostro no me gustaba, me estaba poniendo de nervios.

—¿Cómo están los demás?

—Bien, ellos están a salvo. De alguna manera han podido controlar la situación.

—¿Tendremos que irnos de nuevo?

Su mano temblorosa quitó un mechón de mi cabello y trató de sonreír.

—Saki-

Un tirón a la puerta la hizo estremecer y alejó su mano de mí, miró atrás y vimos al general. Él cerró la puerta y la enfermera se apartó, se veía muy asustada.

—¿Cómo está? —Preguntó, su voz sonaba molesta, tenía ese tono con el cual lo conocí en el campamento.

—Bien, la medicina hará efecto pronto.

No dijo nada a esa respuesta y se acercó a mí, su mirada gélida era lo único que podía detectar.

—General ¿está todo bien? —Pregunté, todavía estaba débil.

—Me engañaste. Maldita sea ¡me mentiste!

Exclamó con visible enojo, vi a la enfermera derramar más lágrimas y abrazar su portapapeles; en ese momento no entendí lo que estaba pasando pero no tardé en descubrirlo, ni siquiera tuve que preguntar.

—¡Te atreviste a desafiarme y a burlarte de alguien como yo! ¡Las reglas son claras, no se admiten mujeres en el escuadrón!

Abrí mucho mis ojos, en poco tiempo me encontraba tiritando igual que la enfermera. No podía pensar en nada más, el general estaba furioso.

—¡¿Qué demonios quieres?! Si sabes bien que no pueden entrar mujeres ¿por qué te atreviste a disfrazarte de hombre y venir a pedir una oportunidad?

—General, déjeme explicarlo.

—Tú y esta mujer han sido cómplices —señaló a la enfermera—. Esto es inadmisible, no tolero las mentiras.

—Por favor, déjeme hablar —quise enderezarme pero no pude.

—No tienes nada qué explicarme, no te quiero aquí. Te irás mañana mismo y usted, enfermera Yamanaka —la miró—, será relevada de su cargo.

—¡No! ¡No por favor! —Supliqué— General, ella no, ella es inocente.

—Nadie que encubra un engaño es inocente, necesitamos gente de confianza no esto.

—Escúcheme —tomé todo el aire que pude y me enderecé, arrugué la frente cuando el dolor apareció.

—Saki no te levantes —pidió la enfermera.

—Señor, por favor escúcheme.

Los ojos oscuros del general me veían con enojo pero tenía algo más ¿qué era? ¿decepción?

—La sangre en tu pantalón... Estás en tu periodo. Sólo te has lastimado la espalda por el impacto, estarás totalmente recuperada en poco tiempo, para mañana ya podrás estar de pie, le pediré a uno de mis hombres que te lleve de regreso a Konoha.

Iba a retirarse pero sujeté su chaleco y la aguja del catéter me lastimó, la sangre empezó a subir por el tubo.

—Escúcheme, por favor.

—Suéltame.

Mis ojos se llenaron de lágrimas.

—Me atreví a tomar la prueba de ingreso, estaba asustada y no quería hacerlo pero no tengo otra opción. Lo sabía, siempre lo he sabido, el escuadrón no permite que las mujeres ingresen y jamás he entendido la razón pero no iba a suplicar por una oportunidad si me presentaba como chica —comencé a llorar, el general seguía dándome la espalda y mi mano se aferraba a la tela de su ropa—. Mi mamá fue secuestrada, yo no pude hacer nada, sólo quiero rescatarla quiero llegar hasta ella y traerla a casa conmigo, sólo eso, no tengo otras intenciones.

—Las mujeres no-

—¡Ya sé! ¡Le he dicho que ya lo sé! —Sollocé— Pero amo a mi mamá, esta es la única forma en que puedo acercarme a mi objetivo. ¡Usted no lo entiende! ¡Ni yo los entiendo a ustedes! —Mis mejillas se mojaron completamente— ¿Una mujer no puede unirse? ¿Una mujer no puede luchar? ¡No somos débiles! ¿No lo ha visto? ¡Yo no soy débil, usted me lo dijo!

Apartó mi mano y volteó.

—Dragón de Koshi secuestra mujeres porque las violan, porque buscan placer propio y conseguir descendencia en base a aquellas que tengan buen linaje. No se roban a cualquier mujer, es una mafia, no se trata simplemente de disfrazarte y pelear contra ellos. Por desgracia las mujeres son más vulnerables en este ámbito, ellas son sometidas a toda clase de atrocidades, desde prostituirlas hasta esclavizarlas para financiar su organización. ¡¿Entiendes esto?! ¡No es un maldito juego!

Sus palabras me hicieron llorar incluso más.

—No puedo abandonar a mamá, señor, por favor no me expulse del equipo. Sólo un poco más, le juro que mejoraré mucho y cuando la rescate, le prometo que me iré.

—Saki, esto no se trata de tu madre.

—¡Para mí sí! ¡Mi madre es mi prioridad!

—¿Cuál es tu nombre real?

Tragué saliva y mis ojos llorosos lo contemplaron. Mi madre me pidió cientos de veces que no hablara con extraños sobre mí, la noche del secuestro me hizo prometerle que no dejaría que me encontraran pero no fue sino hasta ese momento que me pregunté por qué, ¿qué razón tendría para querer ocultarme?

—Te hice una pregu-

—Sarada... Sarada Haruno.

Sus ojos por fin dejaron ese enojo y tomaron forma de sorpresa.

—¿Haruno?

—Sí...

—¿Quién es tu madre?

Una imagen de ella apareció en mi memoria.

—Sakura Haruno, señor.


Gracias por leer.