Capítulo 17.- "Cómplice"

—Sakura Haruno, señor.

Retrocedió unos pasos, entrelazó sus brazos y me observó el rostro como si quisiera ver algo más en mí. La enfermera Yamanaka había dejado de llorar pero las lágrimas aún no se secaban de sus mejillas, ella y el general no quitaban sus ojos de mi cara.

—¿Quién es tu papá? —El general hizo otra interrogante.

—No tengo papá, él murió antes de que yo naciera.

—¿Cuál era su nombre? —Insistió en saber más.

—Mi mamá solamente me dijo que él se llamaba Saki —contesté con pena.

—De modo que te has puesto el nombre de tu padre para aparentar ser un chico.

No dije nada, pero bajé la cabeza. Me sentía avergonzada, me dolía haber decepcionado al general sobretodo porque lo comenzaba a considerar una especie de figura paterna y no quería que él me odiara.

Le oí bufar y levanté un poquito la cara para ver su expresión, él echó la cabeza hacia atrás y cerró sus ojos como si estuviera harto de esa situación. No podía culparlo, él simplemente estaba haciendo su trabajo y yo lo había arruinado.

—¿Por qué quiere saber tanto sobre mí? —Me atreví a cuestionar y luego me arrepentí, el general había bajado su cabeza para mirarme una vez más con esa severa molestia en su entrecejo.

—Porque no pienso arriesgarme de nuevo, te di mi confianza y me traicionaste. Necesito saber con quién estoy tratando. ¿Sabes que los enemigos pueden estar dentro de nuestro escuadrón? Si el comandante se entera de que permití que una niña disfrazada de varón se uniera, va a enojarse mucho.

—¿El comandante no lo sabe? —Me sorprendí.

—Nadie más que yo —aclaró—, no soy estúpido como para ponerme la soga al cuello.

—En ese caso, aún puede darme una oportunidad.

—¿Es que eres idiota o qué? —Acercó su rostro al mío, nos separaba una distancia mínima de algunos treinta centímetros, apoyó las manos en los bordes de la cama y sus dedos apretaron la sábana— Te he dicho que te irás de aquí, aunque el comandante no sepa de ti, yo sigo ejerciendo como autoridad y estoy a cargo del equipo, y si digo que te vas es porque así será.

Quise argumentar en su contra pero desistí, al final él estaba al mando y no me perdonaría. A esas alturas sería imposible continuar y perdí mis esperanzas de encontrar a mamá.

Bajé mi mano que seguía en el aire cuando mis dedos se aferraron a la tela del chaleco del general, y vi las marcas de cicatrices que se habían quedado en mi piel y que me recordarían siempre que luché por lo que más amaba.

El general se incorporó y tomó el portapapeles que sostenía la enfermera, lo vi indirectamente pues estaba aún observando la palma de mi mano; la cerré en un puño y me clavé las uñas muy ligeramente sólo para ver que la sangre de mi vena subía por el tubo del catéter.

La enfermera sollozaba y se mantenía quieta con sus manos temblorosas, me odié bastante por tenerla en esa situación pero entendía que parte de la culpa era del mismo escuadrón. Continué observando el líquido rojo y al fondo el general balbuceaba leyendo los reportes.

—Usted es alguien muy fuerte —dije sin mirarlo, escuché que dio la vuelta a la hoja—, pero no es fuerte porque sea hombre, sino porque ha adquirido su fuerza al tener un motivo poderoso que lo impulsó a alcanzar ese nivel.

Dejé de mirar el tubo transparente y levanté el rostro, el seguía ignorándome concentrado en los escritos, mas eso no me impidió seguir mi discurso.

—Yo no soy tan fuerte, pero antes era una completa cobarde. Todavía tengo miedo pero ahora no me escondo.

—Te escondiste en el disfraz de un hombre —habló.

—Porque era la única alternativa, si no existiera esa estúpida regla de que las mujeres no pueden entrar... Estoy segura que hay mujeres muy fuertes y capaces, así como también hay hombres muy débiles que nada pueden hacer porque son cobardes. Sí, quizás somos más vulnerables pero ¿cómo nos defenderemos si tenemos que vivir aisladas ocultándonos siempre? Si ustedes en lugar de ver nuestro potencial sólo se preocupan por hacernos sentir más miserables.

—Nada de lo que digas-

—No me importa lo que usted piense de mí, pero la enfermera Ino es una mujer fuerte y muy inteligente. Ella estudia mucho para ser médico, ha aprendido técnicas nuevas para sanar heridas y como ella seguro que hay muchas más mujeres. Usted simplemente le dice que será relevada de su cargo como si fuera cualquier cosa ¿en dónde piensa encontrar otra persona así de buena?

—Yo no subestimo la capacidad de quienes están a cargo de la salud, mucho menos de la enfermera Yamanaka. Si la estoy quitando del puesto es por ocultarme algo tan importante, la confianza es base para las relaciones. Aunque desgraciadamente hemos tenido muchas bajas en la plantilla y por supuesto involucramos mujeres pero sólo en división médica e incluso así corren riesgo. Nuestra sargento fue secuestrada ¡imagina que vayan al frente con los que combaten!

—¡Pues tal vez si a la sargento no la hubieran limitado a ser simple médico sin conocimientos de combate, ella podría haberse defendido o escapar!

El general había dejado a un lado el portapapeles desde que empezamos a discutir, mis ojos ya no lloraban pero ardían y supe lo que significaba. La enfermera Ino jadeó y se llevó una mano a la boca. El señor Kakashi y yo manteníamos mi sharingan en secreto pero en ese momento de enojo no pude evitar activarlo. Él cerró los ojos y se masajeó el puente de la nariz.

—T-tus oj-jos...

—Enfermera Yamanaka —el general se metió las manos a los bolsillos de la ropa y se recargó en el escritorio—... Esto es un secreto.

—¿Usted lo sabía?

El rostro de impaciencia que la enfermera tenía me comenzaba a perturbar. ¿Tan malo era tener el sharingan? Parpadeé y lo desactivé, no quería asustarla.

—No sería la primera persona en guardar secretos ¿verdad?

Ella bajó la mirada con vergüenza.

—A todo esto enfermera, ¿qué era lo que me quería decir antes de que fuésemos al entrenamiento?

—Yo... Quise advertir de un chakra diferente que entró en la zona.

—¿Chakra diferente? ¿Usted cómo pudo saberlo?

Ella se mordió los labios y jugueteó con sus dedos.

—Algunos miembros de mi clan nacimos con la capacidad de percibir los niveles y tipos de chakras. Reconocí bien éstos últimos porque ya los había presenciado, quería advertírselo pero usted no me escuchó.

—¿Detecta los chakras? ¿Es usted del tipo sensor como Minato Namikaze?

El general estaba sorprendido, no podía ocultarlo aunque quisiera, yo sólo escuchaba muy atenta. La enfermera movió su cabeza una sola vez para darle la respuesta que tanto esperaba.

—¿Por qué nunca me lo dijo?

—Porque pensé que usted diría que eso no tiene relevancia y que sólo debo enfocarme en atender heridos.

—¡Enfermera Yamanaka! —La sujetó fuerte de los hombros, ella se espantó, lo vi en su cara— ¡Esto es algo muy importante! Un miembro del equipo que es del tipo sensor nos conviene mucho ¡es por sentido común!

—Sí pero usted se negó a escucharme.

—¿Inojin heredó tal capacidad?

—Bueno... No del todo, él se ha enfocado más en aprender las técnicas de su padre que no ha desarrollado y entendido bien la herencia de mi familia.

Por fin el general la liberó de su agarre y se cruzó de brazos mientras caminaba de un lado a otro, la enfermera y yo nos miramos. Él quizás se hubiera mantenido dando vueltas si no hubiese sido porque tocaron la puerta.

—¿Qué pasa? —Preguntó el señor Kakashi y tardaron en responder.

—Soy yo, Fugaku.

El general abrió la puerta de inmediato, el anciano se adentró a la habitación y me percaté de que traía algunos vendajes y tiras adhesivas en sus brazos y cara. De pronto y sin que nos lo esperáramos, hizo una reverencia ante el general, eso lo desorientó bastante.

—S-señor Fugaku ¿qué hace?

—Te debo una disculpa —su rostro continuó apuntando hacia el suelo y sus cabellos caían ocultando sus facciones—. Tus muchachos son fuertes, los he subestimado.

Se enderezó y con una expresión determinante se quedó erguido mirando a los ojos al general.

—Incluso aunque todavía no sean tan poderosos, he visto con mis propios ojos lo tenaces que son —sus ojos negros me vieron y me sentí hundir en el colchón donde estaba sentada—. Ese chico arriesgó su vida para salvar a la hija del teniente y peleó con valor enfrentándose a lo que fuera sin importarle de quién se tratara. Ése es el tipo de espíritu que deseo ver en nuestros miembros, general.

El señor Fugaku... ¿me reconoció? ¿está diciendo que me considera apta? —Pensé y esperé encontrar las pupilas de mi censor hasta que sucedió.

—Señor Fugaku... verá...

No, ¡no se lo diga por favor!

—Saki es...

¡No! ¡Por favor, señor Kakashi no se lo diga!

Me contempló antes de completar su frase y yo le rogaba internamente que no lo hiciera, si me evidenciaba mi esfuerzo habría sido en vano.

—¿Qué ocurre, general? Saki es ¿qué?

«—Sarada es un ratón miedoso, Sarada es una cobarde. ¡Siempre está escondiéndose tras su mamá!

¡No es verdad! ¡No soy una cobarde! ¡No lo soy!»

—Saki es... Saki es un muchacho muy valiente.

Si me hubiera creído para siempre las crueles palabras de los niños que me molestaban, me habría quedado escondida en un cuarto de la señora Tsunade. Pero en ese momento estaba sentada frente a tres personas importantes: una enfermera con grandes conocimientos de medicina y habilidades extraordinarias; el general líder de brigadas y divisiones dentro de la organización y el cofundador del escuadrón de Konoha. Y todos ellos creían en mí.

Aceptaban mi virtud y después de tantos días sintiéndome una completa basura, una diminuta luz brilló dentro de mí. Mamá estaría orgulla... quizás también mi padre lo estaría.

—Tendremos que irnos todos de este lugar, si ya sufrimos un ataque no hay duda que vendrán más. Será mejor que planeemos una estrategia —dijo el anciano.

—Sí, señor. Lo veré en la reunión de esta noche.

El señor Fugaku no dijo nada más y salió de la habitación. Aunque el general me había halagado todavía entendía que él estaba molesto conmigo. La enfermera me acomodó el brazo para que la sangre ya no subiera por el tubo.

—Ya no muevas esta mano, sino te vas a lastimar.

—Discúlpeme, por todo lo que ocasioné.

—No te preocupes, supongo que ya sabía que esto sucedería así que también tengo responsabilidades qué asumir.

—Enfermera Yamanaka, cuando termine su informe vaya a buscarme, necesito hablar con usted de algo importante —el general sonaba estricto.

—Sí, señor.

—Y tú —me miró con intensidad, ya me imaginaba lo que me diría o al menos eso creí—, córtate el cabello, te está creciendo muy rápido y si lo dejas así en poco tiempo vas a parecer una chica.

Abrió la puerta y salió sin darme oportunidad de siquiera pronunciar una palabra, mis labios se quedaron a medias.

—Eso... ¿qué cree usted que significa? —Pregunté a la enfermera.

—Pues, bueno —se rascó la barbilla— yo lo interpretaría como que te dejará continuar aquí.

Mi boca se curvó en una sonrisa pero también se abría por la felicidad.

—¡Tengo que cortarme el cabello pronto!

—Saki ¡no muevas la mano!

(...)

Esa noche la reunión de los altos mandos se llevó a cabo en el subterráneo de la casa, el resto permanecimos en la superficie.

Luego del ataque, llegaron refuerzos y éstos cuidaban de la señora Mikoto y la familia Uzumaki. Yo había perdido la conciencia por ese motivo no supe en qué momento terminé en la casa otra vez.

Miré a mis compañeros con magulladuras, sus caras no eran las más felices, estaban muy callados y Mitsuki había estado sentado frente a la chimenea por un buen rato.

Quise acercarme a él para hablar mas antes de hacerlo escuché la voz de Boruto justo a mi lado derecho. Al mirarlo lo primero que noté fue el vendaje que se extendía por todo su brazo y por su gesto supe que se dio cuenta que vi su herida.

—Quiero hablar contigo —me dijo muy serio.

Eché un vistazo rápido a los demás pero todos estaban en sus propios asuntos, nadie nos prestaba atención.

—¿De qué quieres hablar?

—Vamos afuera.

—Tenemos prohibido salir.

—Sólo será un minuto.

Dudé pero al no ver otra opción, accedí. Salimos por la puerta de la cocina, afuera estaba frío pero no hacía viento y el cielo se encontraba despejado. La luna brillaba más que de costumbre, o por lo menos así lo creí.

—Y bien ¿qué quieres decirme?

Boruto hizo una mueca, no denostaba ese odio que me tenía, al contrario, casi podía jurar que se le notaba incómodo y a punto de vomitar.

—¿Te sientes mal? —Pregunté, él apretó los labios y aunque su mirada no me causó terror, arrugó la frente y tensó sus cejas aproximándolas más a sus párpados.

—...-gcias —murmuró.

—¿Qué? Disculpa es que no te entendí.

Bufó.

—¡Dije que gracias! —Profirió causándome confusión— ¡Maldita sea! ¿Por qué pones esa cara de idiota?

—Disculpa yo... ¿Por qué me das las gracias?

—Ya sabes por qué así que deja de hacerte el tonto. Sólo quería decirte eso, ya lo hice y ya me voy.

Acepté con resignación que se fuera, sin embargo se detuvo antes de tocar la perilla de la puerta y mientras me daba la espalda habló otra vez.

—Nunca había sentido tanta impotencia, siempre creí que estaba listo para enfrentar a cualquiera pero me he dado cuenta de la peor forma que soy muy débil aún.

Sus palabras sonaban cargadas de dolor y casi pude sentir empatía por él. No quise interrumpirlo, él jamás se había abierto así, era como si estuviera recordando toda la tragedia.

—Sentirse un saco de basura —chistó y vi cómo llevó una mano a su rostro, aunque me daba la espalda deduje que había limpiado sus ojos—... Si no me hubieras ayudado, Himawari no estaría aquí... Por eso, gracias.

Tras decir aquello entró a la casa y dejó la puerta medio abierta, yo me quedé meditando sus palabras. Entendía por completo ese sentimiento de inferioridad, para alguien como Boruto debió ser aún más doloroso crecer creyendo que era excepcional hasta el día que tuvo que ponerlo en práctica y descubrir que perdía algo valioso por no ser tan asombroso como pensaba.

Miré la luna una vez más, me pregunté si mamá también la estaría mirando y deseé que así fuera. Luego, a su lado destellaba la estrella más brillante del cielo nocturno y aunque el frío estaba presente, verla me hizo sentir ligero calor al recordar las cientos de veces que mamá se refirió a él como la estrella más grande, brillante e inalcanzable de todas.

Papá, ¿me estás mirando?

—¿Qué haces aquí afuera?

Di un respingo, sentí una corriente eléctrica por toda mi espina dorsal cuando escuché la voz del comandante, giré la cabeza y lo vi recargado en el muro de la casa. Su vestimenta oscura y esa seriedad frívola en su rostro me producían escalofríos.

—Perdón, sólo estaba tomando un poco de aire —dije lo primero que se me ocurrió—, pero ya iba a entrar a la casa, así que con su per-

—No te he dicho que te vayas ¿o sí? Debes aprender a respetar a las autoridades y a no decidir por ti mismo cuándo irte.

Oh genial, va a sermonearme —pensé—. Lo siento, señor comandante.

—Después de todo parece que te gusta el frío, así que no habrá problema en que permanezcas afuera un poco más ¿verdad?

Ya entendía por dónde iba el asunto, el tono y sus palabras me lo dijeron. Me estaba castigando por desobeder y salir sin autorización. Y en efecto, hacía frío y en poco tiempo dejaría de aguantarlo, no obstante tomé mi orgullo y no me moví de allí pero al menos esperaba que dijera algo más y sólo se quedó callado mirando al cielo.

Era como esos personajes solitarios que en las historias románticas, conquistan a las damas. No necesitaba decir algo para causar tal impresión, poseía una presencia fuerte y dominante casi parecida a la de su padre pero dejando de lado esa majestuosidad, algo en él me producía pena, como una especie de tristeza; y es que el comandante no se veía como alguien que disfrutara de la vida sino como quien vive por obligación.

Me perdí un buen rato mirando su perfil y él ni cuenta se daba así que aproveché para notar esos detalles que antes pasé desapercibidos. Como por ejemplo su estatura, era alto, quizás de la misma altura que el general Kakashi. Su ojo que siempre estaba cubierto por mechones de cabello se avistaba mostrando un tono violeta, cuando me enteré ya había pasado un rato pero por lo peculiar que era me hechizó tanto que terminé haciendo una pregunta quizás indebida.

—¿Por qué su ojo es diferente?

Volteó, esperaba ver molestia en él mas sin querer terminó por mostrar a plenitud lo que tanto escondía cuando su cabello se movió al girar la cabeza.

—Y me lo pregunta alguien que tiene miopía.

—Bueno, la miopía es más común.

Oh, en ese momento debí aprender a cerrar mi bocota pero sólo me hundí más y más.

—Quiero decir, no, lo siento, lo siento no era mi intención. Su ojo es perfectamente normal, el que yo jamás haya visto uno así no significa que no existan más —reí con neviosismo— ¿verdad?

—En el mundo no hay otro ojo igual al mío —concretó.

Ups —tragué saliva.

—Ya puedes retirarte —dejó de verme, siguió contemplando la luna.

—Sí, señor. Buenas noches.

Antes de bañarme para dormir, me corté el cabello. El espejo frente a mí mostró de nuevo que Sarada lentamente se extinguía. Extrañaba trenzar mi melena o usar el tipo de diademas de piedras brillantes.

Quería una amiga de mi edad con quién hablar de cosas de mujeres, pero aunque volviera a ser Sarada, eso no sucedería.

Mi cuerpo estaba cambiando asimismo mi forma de pensar, tenía muchas dudas y me sentía tan sola y lejos de casa.

(...)

—Ya que estamos todos aquí reunidos voy a informarles el acuerdo al que llegamos en la reunión de anoche.

Al otro día, el general hablaba en la sala de la casa, mis compañeros y yo lo escuchábamos de pie en posición firme. Detrás del señor Kakashi se encontraba el comandante, en un lado de éste su padre y en el otro su hermano. La enfermera Ino estaba en un extremo de la habitación.

—Vamos a movernos otra vez, por seguridad. Este sitio está expuesto a nuevos ataques así que es conveniente retirarnos a una zona más alejada y protegida.

Nos recorrió con la mirada, echó sus manos tras la espalda y así se quedó.

—Voy a supervisar su entrenamiento cada cierto tiempo, debido a la situación y por orden del comandante, estaré ayudando en el ejército del país del Fuego y me será imposible estar con ustedes mucho tiempo.

Eso que dijo nos turbó, a parte de mí, oí a los demás chicos hacer ruido. Si el general no me ayudaba con el sharingan ¿cómo iba a mejorar?

—Pero no se preocupen, el mando del equipo lo tomará el sargento Konohamaru Sarutobi.

Shikadai y Boruto se voltearon a ver.

—Sé lo que están pensando, y sí, ustedes ya lo conocen puesto que Konohamaru es el sargento de la división de infantería.

Shikadai levantó su mano.

—Entonces ¿eso significa que entrenaremos de nuevo con los otros jóvenes del cuerpo de infantería?

—No podemos concentrar grupos tan grandes justamente porque queremos evitar ser detectados. Aunque el sargento esté a cargo de ustedes, hay otros miembros que se harán cargo de distintos equipos, para ustedes se ha dictaminado que sea Konohamaru quien se quede a cargo. Ah y otra cosa que se me olvidaba...

El general volteó con el señor Itachi, éste dio unos pasos hacia delante para tomar la palabra.

—Debido a su desempeño y a la capacidad que mostraron, llegamos al acuerdo de que todos deben estar al mismo nivel por lo tanto, Inojin Yamanaka, Mitsuki y Saki, ustedes ahora son parte del cuerpo de infantería al igual que Boruto y Shikadai.

Mentiría si dijera que no sonreí, porque lo hice y sentí en mi pecho el gran latir de mi corazón. El señor Itachi también me sonrió y el general sólo movió su cabeza.

Estoy un paso más cerca, mamá.

—Felicidades muchachos, de ahora en delante síganse esforzando y aprendiendo más. Nos gustaría terminar con Dragón de Koshi antes de que ustedes se vean afectados y preferiríamos que jamás llegara el día en que los tengamos que requerir pero el futuro es incierto y lo mejor es ser precavidos.

El general volvió a dirigir el discurso, mi corazón todavía no se tranquilizaba cuando éste habló dando otra noticia.

—Inojin estará en el cuerpo de infantería pero más adelante tendrá que cambiar al cuerpo médico, por el momento necesita mejorar sus habilidades de lucha y posteriormente comenzará el entrenamiento en el campo de medicina, ya casi no tenemos buenos miembros de la salud y su perfil se adapta perfectamente a esta división.

Inojin estaba conmocionado, parecía no saber cómo actuar y levantó su mano para solicitar permiso para hablar. El permiso le fue concedido.

—Cuando eso suceda, ¿estaré lejos de mis compañeros?

—Normalmente serías enviado a los centros de brigadas médicas pero no creo que sea necesario enviarte a otro módulo.

—¿Eso quiere decir que estaré al mismo nivel que mi mamá?

El general suspiró y se cruzó de brazos.

—La enfermera Yamanaka ya no es parte del cuerpo médico.

Lo que antes sentí en mi corazón por la felicidad, se había vuelto un estrujón horrible. Por la emoción olvidé que el general la había relevado de su cargo por ser mi cómplice y lejos de sentirme orgullosa de mí, me avergonzaba mucho.

—Ella ahora será la sargento de división médica, y se encargará de instruirte cuando llegue el momento.

Volteé con la enfermera, ella estaba más sorprendida que yo y con justa razón. Por un momento creí que ella ya lo sabía pero por su reacción me di cuenta que no tenía ni idea.

—Así que a partir de ahora refiéranse a ella como médico.

—Señor, general... Yo aún no presento el examen para ser médico —su voz era temblorosa.

—Pero pronto lo hará, y confío en que usted lo aprobará sin problema.

Nuestras miradas se encontraron y la sonrisa en los labios rosados de la ahora médico Ino, me devolvió un poco de tranquilidad.


Gracias por leer. Respondiendo a una pregunta anterior: Sí, las técnicas pueden variar y no ser exactamente como en la historia original de Masashi Kishimoto.