Capítulo 19.- "Valle de las lágrimas"

Para llegar a nuevas zonas siempre nos trasladaban por tierra. Así lo dijo el señor Itachi: Si no queremos ser detectados, lo mejor es ser precavidos.

Era complicado adaptarse a nuevos escenarios y me parecía muy triste tener que abandonar un sitio cercano a un pueblo. La señora Mikoto así como la abuela de Boruto serían llevados a un lugar más privado y el señor Fugaku se encargaría de solicitar protección para ellos.

Estábamos camino a subirnos al vehículo y de un momento a otro escuché mi nombre, no mi nombre real, pero sí aquel que me impuse y al que comenzaba a acostumbrarme.

—¡Saki! ¡Espera!

Mis compañeros voltearon antes que yo y terminé imitando tal acción de mirar atrás, entonces divisé a una niña morena corriendo hacia mi dirección.

—Chouchou —musité. Ella se paró a escasos metros de distancia y antes de hablar esperó a recuperar el aliento.

—Saki, no pude decírtelo antes y cuando me enteré que te irías...

Dejó de hablar y se ruborizó, intuí que su vergüenza se debía a que mis compañeros estaban de bobos mirando la escena así que giré mi cabeza para verles y en efecto, Inojin ya estaba con su sonrisa a medias.

—Tenía miedo... Mi corazón se acelera mucho cuando te veo... Tan sólo quería decir que...

—No te preocupes, vamos a ser muy fuertes y acabaremos con esos criminales, así nunca más volverás a sentir miedo —dije queriendo aliviar el momento, creí que hablaba del ataque, ella asintió.

—¿Qué están esperando? Súbanse todos al vehículo —ordenó el general, él se aseguraría de que llegáramos con bien y posteriormente se marcharía donde el comandante le estableció.

—Sí, señor.

Comenzaron a subir, yo cargué mi mochila y moví mi mano en el aire para despedirme de Chouchou pese a que ella en su rostro tenía esa expresión de inconformidad. Me hubiera gustado preguntarle qué la tenía tan mortificada pero no teníamos tiempo qué perder así que me di la media vuelta para subir a la furgoneta y justo cuando lo hacía, ella habló.

—¡Me gustas, Saki!

Me congelé. Mi mano quedó pegada a la puerta del vehículo y mi pie derecho en el aire. Todos me miraron y yo apenas pude respirar. Cuando tuve el valor de mirar hacia atrás sólo pude ver que Chouchou se alejaba corriendo de regreso al pueblo.

Pasé saliva y me sentí extraña, no esperaba tal confesión y mis mejillas comenzaron a arder. El general estaba de pie junto a mí y aguardando a que todos estuvieran arriba de la furgoneta para cerrar sus puertas, él también presenció la declaración y sólo le escuché carraspear.

—Arriba galán—me dijo y sentí una palmada en la espalda. Casi me fui de boca al piso pero Mitsuki me sostuvo.

—Cuidado.

—Gracias.

Me senté y abroché mi cinturón. No quería ver a nadie porque estaba sumida en vergüenza y si hacía contacto visual con Inojin todo estaría perdido. Lo peor no fue eso sino que cuando el general estaba a punto de cerrar las puertas, lo vi sin querer y él tenía esa expresión en sus ojos como si se estuviera riendo. Lo habría visto mejor si la máscara no le cubriera la boca pero con su mirada bastaba para darme cuenta que en efecto se estaba burlando de mí.

Apenas se escuchó el ruido de las puertas cerrándose cuando Inojin comenzó con sus ocurrencias inoportunas.

—Qué envidia Saki, ya tienes una admiradora.

Ay no, por favor —pensé.

—Lo que yo daría por ver chicas, sabes, a veces me aburro de sólo tratar con hombres. ¿Verdad? ¿Ustedes no opinan lo mismo?

—En realidad eso no me importa —dijo Shikadai.

—¿La señora Yamanaka no cuenta como una? —Preguntó Mitsuki.

—Diablos, ¡no! Es mi mamá —se quejó Inojin—. Demonios, Mitsuki... No tenías qué decir eso.

Mitsuki se empezó a reír, y dado que era un gesto poco habitual en él, llamó mucho la atención en especial a mí.

—No es gracioso, deja de reírte —insistía Inojin.

—Es que debiste ver tu cara.

Cuando menos lo esperé, Shikadai ya estaba contagiado de la risa y yo simplemente reía por lo bajo sin despegar mis ojos de Mitsuki. Pero luego mi risa se acabó al comparar una situación con otra; Chouchou dijo que su corazón se aceleraba cuando me veía y después vino su confesión. Mi corazón también se aceleraba cuando estaba cerca de Mitsuki y me sentía vulnerable al color miel de sus iris como si me transportase a otra dimensión.

La risas del fondo poco a poco se atenuaron cuando permanecí callada descubriendo que para mi desgracia me estaba gustando mi compañero.

Miré hacia el frente haciendo contacto visual con Boruto; creí que él apartaría la vista pero no fue así, me estaba observando y en sus facciones no había nada más que su seriedad. En ese duelo perdí sin siquiera luchar, así que me volteé para tomar mi mochila y abrazarla.

(...)

Bajamos del vehículo después de varias horas de camino. Lo primero que hice fue estirarme y mientras lo hacía fui capaz de ver el paisaje de ese lugar; ya era casi de noche de manera que lo que se podía vislumbrar era el hecho de que estábamos en medio de dos elevaciones y muy a lo lejos se percibía una gran montaña.

Me di cuenta que había varias casas a una distancia considerable pero ninguna de ellas tenía iluminación. Me había quedado detrás de la furgoneta por estar fisgoneando a los alrededores cuando oí una conversación entre la señora Ino y el general, hablaban en voz baja del otro lado del vehículo y decidí no moverme de allí por temor a ser detectada.

—¿Pero no es peligroso?

—Los chicos son muy jóvenes para saber qué lugar es éste así que no se preocupe. A unos kilómetros de aquí hay un campamento militar, ellos los estarán cuidando.

—¿Qué hay de los insumos? No tenemos un pueblo cercano, de hecho... éste es un pueblo fantasma. Me da escalofríos el sólo imaginar la masacre que sucedió aquí.

—Voy a ser muy sincero con usted, el comandante nos ha informado que estamos perdiendo apoyo en recursos económicos, eso quiere decir que tenemos que comenzar a limitar la distribución de armamento, uniformes y comida. Pero el cargamento de alimentos llegará mañana quizás al medio día, se hizo la solicitud desde ayer. Tendrán que racionarse para que dure por lo menos un mes.

—Esto no pinta nada bien —la médico sonó preocupada—. Deseo que llegue el día en que podamos vivir tranquilos y ver a nuestros niños crecer sin el temor de lo que sucederá mañana.

—Todos queremos eso, cualquier chakra distinto que perciba no dude en informárselo al sargento Konohamaru.

Me retiré de allí cuando Inojin se acercó a su mamá, fue el momento perfecto para que no me oyeran y así pude escapar para reunirme con el resto de los chicos. Me mortificó lo que escuché, la organización tenía más problemas de los que hubiera imaginado y nada de eso nos contaban, lo peor... Estábamos en un lugar donde anteriormente mucha gente murió y el sólo pensarlo me aterrorizaba.

(...)

El general abrió la puerta de la casa donde viviríamos, era de un estilo tradicional muy parecida a la vivienda de los Uchiha, aquella a la que cuidamos el día de la familia. Pero había un olor húmedo en el ambiente, y con justa razón si aquel lugar estaba abandonado desde hace tiempo.

El general presionó el interruptor pero nada pasó.

—Ah, olvidé reconectar la energía. Esperen un momento iré a buscar la caja de luz, Saki acompáñame, el resto ayude a la médico Yamanaka a bajar sus herramientas de la furgoneta.

Fui detrás del general, el piso era de madera por lo que debíamos ir sin zapatos pero aunque estaba usando calcetines podía sentir que estaba lleno de polvo.

La casa tenía puertas corredizas y cuando el general abrió una de éstas me encontré con el más increíble onsen que jamás hubiera visto en mi vida. La parte trasera de la casa tenía un onsen natural y el calor que emergía del agua lo sentí en todo el cuerpo.

—Cielos, qué bonito es —expresé deslumbrada.

—Había olvidado esto —masculló el general—, sígueme la caja debe estar del otro lado.

Aunque quería continuar viendo las aguas termales tuve que obedecer y caminamos por toda la orilla de la casa hasta encontrar la dichosa caja de fusibles.

—Sostén mi linterna —me dijo, la agarré mientras él sacaba un par de fusibles de su chaleco.

—¿Usted sabe arreglar esto?

—No es nada complicado pero todo se hace con cuidado, por cierto niña quiero hablar contigo. ¿Estabas espiándonos, verdad?

—¿Eh?

—Nada de "eh", me di cuenta que oías lo que hablaba con la señora Yamanaka pero no quise regañarte por eso lo dejé pasar.

Me apené y bajé la cabeza.

—Aluza la caja con la linterna.

Atendí su orden y el comenzó a quitar los fusibles inservibles.

—Lo siento, no fue mi intención.

—¿Qué tanto escuchaste?

—Sólo poco, eso de que la organización está perdiendo recursos y que en este pueblo hubo una masacre.

—Bueno, no deberías preocuparte por esas cosas. El deber que tienen ustedes es el de mejorar, del resto nos encargamos nosotros y en cuanto a lo de la masacre, fue hace mucho tiempo.

—Pero ¿no hay fantasmas?

El general se rió.

—No digas tonterías, no hay tales cosas.

Recién terminaba de decir eso cuando un estruendo casi me paralizó el corazón, mi cuerpo vibró espantado y por impulso abracé al general.

—Saki no hagas esto —intentó apartarme.

—Perdón, es que...

¡Inojin fíjate dónde pones las cosas! ¡Ayúdame a recoger este desastre!

Cuando me di cuenta que el ruido había sido ocasionado porque Inojin tiró algo, me sentí muy estúpida. Las manos del general me alejaron de su cuerpo con delicadeza.

—Perdón, no fue mi intención —hice una reverencia.

—Está bien, ya cálmate. Ten cuidado de no hacer este tipo de cosas, eres sólo una jovencita y... ehm —se rascó la nariz por encima de la tela oscura—... Pues tienes que fijarte bien con quiénes te relacionas.

El general jamás me había hablado de ese modo desde que lo conocía, solía ser más rudo y en ese momento me estaba dando consejos. Supuse que su perspectiva cambió porque descubrió mi secreto y concluí que no sabía lidiar con una mujer.

—Puede hablarme con naturalidad, de todos modos seguiré fingiendo ser un chico.

—Saki, una cosa más...

Primero cerró la tapa de la caja y levantó la palanca, rápidamente la luz encendió en el resto de la casa, una ovación de Inojin se oyó al fondo.

—Lo escucho.

—Bueno, la verdad es complicado de decir —era un tanto divertido ver al general ponerse tan incómodo—. Pero si quieres seguir aparentando ser hombre, tendrás que asegurarte de que lo haces bien, ¿sabes? Hablo de que los demás podrían notar que mientes si... Vaya... Tú me entiendes.

Pestañeé, no le entendía. Él cerró los ojos y respiró hondo luego se puso a mi misma altura y habló en un volumen más bajo.

—Tendrás que meter algo en tu bóxer, no sé, algún calcetín, algo que te haga bulto.

Lejos de aturdirme me empecé a reír y el señor Kakashi se puso tan rojo que intensificó mi risa.

—¿Qué es gracioso?

—Es que usted me está aconsejando que me haga un pene falso.

—¡Saki! No lo digas de esa forma, no suena para nada bien —se enderezó—. Ah cielos, soy un hombre de cuarenta y tres años diciéndole a una niña de doce que se meta un calcetín en el calzoncillo, esto no sería bien visto.

—No se preocupe señor general, voy a ser tan parecida a un chico que nadie notará que es falso.

Él elevó una ceja y su mirada se volvió amable.

—Supongo que si un viejo de experiencia como yo cayó en tu truco, lo demás será pan comido. Saki, no estaré aquí para ayudarte pero vendré tan pronto como pueda, procura aprender mucho y avanzar. Puedes entrenar tu sharingan cuando encuentres un momento a solas.

Antes de contestarle oí varios pasos y la escandalosa voz de Inojin e incluso se oyó a Shikadai.

—¡Mira esto! ¡Tenemos un onsen privado!

—Tenemos que usarlo sí o sí.

El general aclaró su garganta y me quitó la linterna de la mano.

—Por nada del mundo te metas a ese onsen —expresó—, sé que te pedirán que los acompañes pero invéntales algo para evadirlo. No escuches tanto lo que Inojin dice, ese chico es muy imprudente... ¿Qué tanto me miras?

—Señor, sin el ánimo de ofenderlo, pero usted sería un excelente padre.

—No digas tonterías, nadie querría tener a un padre como yo. Ahora andando que tengo que dar indicaciones.

Me empujó por los hombros hasta meterme a la casa y después se pasó de largo para llegar a la sala. Me detuve a medio camino para observar la habitación que si no me equivocaba, era el vestidor. Estaba un poco sucio pero sin duda el papel de las paredes era nuevo, como si todo hubiese sido reemplazado en aquel lugar y después abandonado.

(...)

Tal como lo dijo el general, Inojin me invitó a entrar al onsen junto con ellos. Sí, todos mis compañeros estaban allí metidos en el agua caliente y yo tuve que inventar que mi piel era sensible a esa temperatura y los minerales que contenía me provocaban alergia.

Me costó trabajo convencerlo para que desistiera y al final mientras ellos se divertían, yo sólo escuchaba del otro lado de la puerta entretanto me cortaba las uñas de la mano.

—Ahh ¡qué rica está el agua! —Expresaba Inojin, eso me sacó una sonrisa— No recuerdo haberme sentido tan cómodo antes.

—He ido sólo una vez a un onsen, pero eso fue cuando tenía cinco años —dijo Shikadai—, fui con mi papá, de verdad extraño esos días.

—¿Y tú Mitsuki? ¿Antes has estado en uno?

—Esta es la primera vez —confesó.

—Qué mal que a Saki le dé alergia, sería bueno que todos pudiéramos estar aquí.

—Pareces disfrutar de la compañía, eres un tipo extraño —por primera ocasión Boruto intervino.

—Por supuesto ¿no oíste lo que dijo el general? Vamos a ser un equipo por un buen tiempo y tendremos que llevarnos bien. En especial tú, tienes que dejar de ser tan grosero con Saki.

Apreté los ojos, Inojin lo iba a sacar de quicio si continuaba diciendo esas cosas pero para mi sorpresa, Boruto no reaccionó tan mal.

—Cierra la boca, hablas mucho.

—Ése es mi don.

—Y maldición —completó Mitsuki, yo reí bajito.

Ansié poder pasar ese tiempo con ellos, pero sólo podía estar sentada en el suelo, escondida detrás de una puerta muy frágil oyéndolos divertirse. Estaba a punto de levantarme, ya me iba a retirar sin embargo por primera vez en toda la noche, Inojin dijo algo interesante y me quedé a escuchar.

—Y bueno ya que estamos en confianza... Todos vimos que una niña se le declaró a Saki y entonces pensé: ¿qué tipo de chica me gustaría que me confesara su amor? Lo he estado meditando todo el día y creo que me gustan las muchachas de ojos grandes y sonrisa bonita, de preferencia que su melena sea un poco rizada ¿y para ustedes?

Alguien bostezó, supuse que se trató de Shikadai.

—Vamos chicos ¿no me digan que no les gustan las mujeres? ¿Es que acaso mis compañeros son gays?

—Bueno no lo había pensando, supongo que para mí están bien las chicas rubias —contestó Shikadai.

—Mientras no vayas por mi madre todo bien.

—Viejo, eres asqueroso —Shikadai se rió.

—¿Qué hay de ti, Boruto?

—Nada, no lo sé, nunca he pensando en esas cosas.

—Aburrido... ¿y tú, Mitsuki?

Tardó en contestar, mi corazón empezó a latir más rápido. Por un lado quería que se negara a responder y por el otro... sentía curiosidad.

—No lo sé, creo que me llaman la atención las chicas sonrientes y amables.

Contuve la respiración.

—¿Y físicamente?

—Hmm... Un poco más bajitas que yo y que tengan la melena larga.

Para cuando me di cuenta mi mano ya estaba tocando mi cabeza y mis dedos atrapaban los mechones cortos de mi cabellera. No recordaba haber experimentado ese sentimiento tan lamentable, era diferente a la tristeza por mamá. Los chicos siguieron haciendo comentarios sobre eso pero yo había dejado de escuchar.

Me levanté del suelo y caminé hacia el gran espejo lleno de polvo, con mi mano lo limpié y al verme lo que resaltó en mi cara fueron esos ojos brillantes y llorosos.

—¿Por qué estoy llorando?

Quise sonreír pero en lugar de eso me sentí muy triste y cuando mis mejillas se humedecieron me limpié la cara olvidando que tenía polvo en una de mis palmas. La imagen que reflejaba el espejo era la de una patética chica de lentes y con la cara sucia. Odiaba tener que admitir que me gustaba Mitsuki y saber que a él le gustaban las chicas que eran tan distintas de mí, era doloroso.

—Sólo tienes doce años, Sarada —me limpié la tierra con mi manga de la chamarra—, y estás aquí porque vas a salvar a mamá. Este sentimiento morirá, sí, sé que morirá y entonces te irás lejos y volverás a tu antigua vida.

Mi rostro no se componía en lo absoluto, aunque ya no lloraba, mis labios ardían y mis ojos seguían llenos de pesar. Me sentía muy confundida, y en ese momento pensé en las posibilidades; cuando rescatara a mamá tendría que irme y jamás volvería a ver a mis compañeros, entonces Mitsuki sería para siempre un recuerdo.

—De todos modos él piensa que soy un chico —volteé a ver la puerta—, y así lo creerá siempre.

Nunca creí entender tanto los sentimientos de alguien pero comprendí lo que Chouchou debía estar padeciendo y me resigné a creer que era mi castigo por mentir y ocultar mi identidad.


Sarada está pasando por una etapa de descubrimiento. Está experimentando el enamoramiento y al mismo tiempo tiene ese conflicto emocional por no ser libremente lo que ella es, una mujer. Le duele tener que ver su melena corta cuando ella amaba su cabello largo, saber que al chico que le empieza a gustar le atraen las chicas con la cabellera extensa es otra razón para sentir baja su autoestima.

¡Gracias por leer!