Capítulo 20.- Un nuevo jutsu
Jamás imaginé que le tomaría tanto afecto a alguien en tan poco tiempo. La mañana que el señor Kakashi se marchó sentí que quizás el sentimiento era el mismo que cuando ves a un padre irse a trabajar lejos.
Mi corazón sintió ese dolorcito y aunque no pensé en decírselo, en mi cabeza no dejaba de sonar la frase: seguro voy a extrañarlo.
Nos dio unas últimas indicaciones para que realizáramos bien nuestro entrenamiento; por las caras de mis compañeros probablemente el sentimiento era mutuo.
—Muchachos, él es el sargento Konohamaru Sarutobi y de ahora en adelante será el líder de este equipo. Acaten bien sus órdenes y aprendan mucho, nuestra organización necesita de jóvenes responsables y comprometidos, nunca olviden eso.
El hombre castaño que estaba a un lado del general, dio un paso al frente y todos hicimos una reverencia. No tenía cara de gruñón, de hecho me parecía muy simpático.
—Sargento, le encargo mucho a estos chicos, he dejado unas notas de cada uno de sus desempeños a lo largo de mi trabajo estando a cargo, si no le resulta ofensivo de mi parte, puede usted hacer uso de tales apuntes para desarrollar un entrenamiento adecuado a sus capacidades.
—No tiene por qué sentirse apenado, es un honor para mí poder tomar su lugar general Hatake.
Mientras ellos dos intercambiaban palabras, sentí que alguien se había puesto a mi costado, cuando miré me di cuenta que se trataba de Inojin; dio un largo suspiro y se cruzó de brazos al tiempo que también veía a los dos hombres hablar.
—Hemos llegado hasta este punto y aún siento que no lo merezco —se sinceró.
—Sí, sé a qué te refieres. Cuando vi combatir al comandante, al general, y los demás hombres de alto rango, supe que no soy lo suficientemente fuerte como deseo y que tengo un largo camino por recorrer.
—Eso es frustrante, me gustaría avanzar más de prisa... Recuerda que yo tengo que aprender de medicina.
Volteé con él, Inojin estaba en lo cierto, él tenía todavía más trabajo. Sus ojos celestes como los de la señora Ino por fin conectaron con los míos, él estaba con ese gesto de confusión.
—¿Qué? ¿Tengo algo en la cara?
—Nada, sólo veo que te pareces mucho a tu mamá.
—Pues sí, no hay manera de negar parentesco con esa mujer —sonrió, pero su gesticulación no era como la de la médico, pensé entonces que esa sonrisa la heredó de su papá.
—Muchachos, despidan al general.
De repente el sargento Konohamaru nos dio una orden y todos nos alineamos para hacer una reverencia al general Kakashi, él sólo movió su cabeza en aceptación.
—Los veré en un mes para evaluar sus avances así que háganlo lo mejor que puedan.
—¡Sí señor!
—Sargento, están en sus manos.
—Claro que sí, general.
El señor Kakashi se dio la media vuelta y caminó hacia la puerta; se sentó en el genkan para ponerse las botas antes de salir, luego cuando terminó se puso un chaleco negro y abrió la puerta para irse.
Caminé detrás de él y me detuve en la entrada, todos mis demás compañeros se habían esparcido y allí sólo quedaba yo quien veía la espalda del general. Afuera hacía un frío espantoso mas eso no impidió que yo saliera para verlo partir.
Se subió a la furgoneta y cuando cerró la puerta su mirada se encontró con la mía; sólo levanté mi mano en el aire y la agité despacio para desearle un buen viaje, él pareció dudar pero al final me devolvió el gesto moviendo su mano un poco.
El motor del vehículo encendió y yo no entré a la casa hasta que la figura desapareció de mi alcance visual.
—Cuídese mucho, general —susurré.
Escondí mis manos dentro del suéter y volví a la casa apurando mis pasos.
La primera semana no fue exactamente de entrenamiento, el sargento nos dio toda una explicación de las actitudes que debía tener un miembro de la división de infantería y se mantuvo leyendo los apuntes del general Kakashi. Podría decirse que esa semana nos sirvió para conocer los aspectos básicos de nuestro nuevo nivel.
Para Boruto y Shikadai quienes ya sabían todo eso, no les quedó más remedio que volver a escucharlo. Supe por Inojin que el sargento habló con Boruto acerca de su comportamiento, pues el general tomó nota de sus malas actitudes. Me pregunté si realmente él estaba siendo más consciente de sus arrebatos explosivos hacia mí, aunque después del ataque en el pueblo, él ya no me hablaba de un modo tan grosero... De hecho, casi no hablábamos.
La siguiente semana nuestro nuevo plan de entrenamiento dio comienzo, basándose en nuestras naturalezas de chakra, el sargento ideó un plan de trabajo personalizado. Me gustaba el hecho de que él entendía que todos éramos diferentes.
Lo único que hacíamos en común, eran los ejercicios de calentamiento y combate cuerpo a cuerpo. Con el general aprendimos a utilizar el armamento básico, pero como lo mencionó alguna vez en sus tantas enseñanzas: para un miembro del escuadrón es más importante aprender técnicas a distancia que causen mayor impacto. Las armas son herramientas de defensa para distraer al enemigo, sólo en casos muy aislados sirven para asesinar a miembros más peligrosos de Dragón de Koshi.
Una tarde en la que el clima mejoró, salimos para practicar en nuestras técnicas, cada quien se concentraba en su propio trabajo. Aunque lo deseaba, yo no activé mi sharingan. El señor Kakashi me había dejado muy claro que nuestro secreto continuaría, sólo él y la médico Ino lo sabían; ella algunas veces me estuvo revisando la vista para cerciorarse que ésta no empeorara.
Así que mientras mis compañeros se esforzaban en sus propias habilidades, yo limpiaba mi kunai.
—Boruto, sigue practicando tu rasengan. Recuerda lo que te dije, concentra bien tu chakra y después hazlo girar.
La orden que le dio el sargento logró atrapar mi atención, miré a Boruto con esa esfera de energía brillante en la palma de su mano, era como una pelota. Por la posición que tomó su cuerpo y la tensión que se notaba en sus cejas, comprendí que le costaba trabajo mantener esa técnica. Lo que estaban buscando era aumentar su tamaño, Boruto ya sabía hacer el rasengan pero éste seguía siendo muy pequeño y tal jutsu tan poderoso requería un nivel superior.
—Ese tamaño ¡lo estás consiguiendo! Continúa así y después lánzalo hacia el bosque ¿de acuerdo?
El sargento abandonó a Boruto y caminó hacia mí, miré el kunai en mi mano y sentí que sólo estaba perdiendo el tiempo.
—Saki, ¿terminaste de limpiar tus herramientas?
—Oh, yo... Sí, sí señor.
Sonrió levemente y luego se cruzó de brazos.
—El general en sus apuntes menciona que tu naturaleza de chakra es el fuego, y eso me pareció bastante interesante. Hace tiempo que no conocía a un jovencito cuyo elemento fuera éste. Supongo que no es tan exclusivo de nuestro clan ni del clan Uchiha —se rascó una mejilla.
—¿Usted conoce alguna técnica del elemento fuego? A mí también me gustaría aprender algo nuevo.
—Por supuesto, pero son de un grado muy avanzado así que comenzaremos de a poco ¿sí?
Moví mi cabeza asintiendo, él era muy agradable y no provocaba miedo.
—Hay una técnica, es del clan Sarutobi, mi abuelo me enseñó a usarla. Se llama Jutsu flama de dragón. Primero te haré una demostración, así que acompáñame hasta aquella colina.
Nos apartamos del resto unos cuantos metros, según el sargento podría ser peligroso si alguien estaba cerca ya que las flamas saldrían disparadas en tres direcciones así que lo mejor era subir la colina que daba hacia un campo abierto.
—Lo primero que se tiene que hacer es moldear el chakra para tratar de convertirlo en fuego, ¿sabes? Respirar hondo y concentrarse en sentir cómo fluye por el cuerpo, luego enfocar la atención en el chakra del vientre y después impulsarlo hacia la boca para liberarlo.
—Eso suena complicado.
—Te mostraré.
El sargento caminó unos pasos hacia el frente y tras tomar una bocanada de aire, vi su pecho bajar, imaginé que estaba concentrándose en su chakra del vientre, posteriormente volvió a inflar el pecho y abrió su boca expulsando tres grandes llamas rojizas. El calor que desprendieron fue momentáneo ya que desaparecieron en el aire a cierta distancia.
—¡Eso fue asombroso!
—¿Verdad? —Él se sobó debajo de la nariz— Esta técnica es muy útil para rodear a los enemigos, no hay manera de que escapen.
—¿Existen más técnicas de fuego?
—Por supuesto, pero nuestro clan sólo maneja dos, la Flama de Dragón y la técnica de la Gran llama. De hecho te he mostrado el jutsu que procede a la Gran llama, esto quiere decir que tiene un grado de mayor dificultad. Por ser tú alguien que recién comienza su entrenamiento de naturaleza de fuego, será mejor que aprendas la sencilla, si logras dominarla entonces te enseñaré a realizar la Flama de Dragón.
—¿Hay algo más difícil que la técnica de la flama?
—Bueno, no sé realmente si es más difícil o sólo es un poco diferente de la nuestra, pero existe el jutsu Bola de Fuego, ésta es una técnica exclusiva del clan Uchiha. ¿Ya conoces al comandante y al señor Itachi? —Moví mi cabeza—, pues ellos y el señor Fugaku son los únicos que pueden realizar este jutsu. Anteriormente más miembros de su clan podían utilizarlo pero después de la masacre... En fin —sacudió la cabeza, él cambió el rumbo que llevaban sus palabras—. El jutsu bola de fuego no puedo enseñártelo porque no conozco los pasos a seguir, y aún dada la descarada circunstancia de que tuviera conocimiento de ellos, no tengo el derecho de enseñar tal técnica.
Parpadeé, me había confundido con su sermón.
—Disculpe ¿de qué habla? ¿Por qué no tendría el derecho?
—Porque se trataba de una tradición familiar, verás... El clan Uchiha reconocía de manera oficial a uno de sus varones cuando éste dominaba la técnica. ¿Entiendes lo que quiero decir?
Me acordé del señor Fugaku, lo imaginé siendo juez para sus hijos con un rostro duro y una pose estricta, y ellos tratando de alcanzar el dominio sobre el jutsu para obtener un reconocimiento familiar. Definitivamente todo sonaba como si se hubiera tratado de un clan espantoso lleno de reglas y castigos; ya no me sorprendía que el comandante tuviera esa cara de pocos amigos. Pero entonces pensé en el señor Itachi, él era lo contrario al tal Sasuke, él sí sonreía con amabilidad y saludaba a todos.
—¿Saki?
—Eh... Sí, entiendo señor sargento.
—Bueno entonces vamos a trabajar en la técnica de la gran llama. ¡Oh! ¡Mi abuelo estaría muy contento si viera que por fin voy a enseñarle a alguien una técnica de nuestro clan!
Sonreí al verlo tan emocionado, de repente parecía un chiquillo soñador.
Debo decir que no me fue tan mal como pensé, pero de mi boca salió una llama tan pequeña que sentí que hice el ridículo. Quizás y apenas alcancé diez centímetros de longitud pero el fuego aunque ligero, bastó para que me ardieran los labios.
—No te deprimas, vas bien Saki. Yo empecé igual que tú, y sí, las primeras veces me quemé la cara pero todo se logra con práctica así que mañana continuarás con esto ¿de acuerdo? Si quieres haz algunos ejercicios de respiración, de verdad son muy efectivos.
Me palmeó el hombro caminó hacia Shikadai, dejé de verlo porque volví el rostro hacia la magnífica vista que me ofrecía la cima de la colina. Nubes rodeaban el pico de la montaña que a lo lejos adornaba el paisaje y el cielo se extendía infinito con un color entre cobrizo y celeste.
Pero no era tanto la naturaleza lo que me interesaba sino las calles solitarias y las casas abandonadas que se ubicaban más adelante del lugar donde nos quedábamos. Recordé lo que dijo la médico cuando habló con el general: ese pueblo fue el sitio donde se efectuó una masacre. No quería pensarlo tanto ya traía la idea de que lo más certero era que quienes vivieron alguna vez en esas tierras, fueron los del clan Uchiha.
Vi con pena a mi alrededor tomando detalle de los cruces y la hierba que crecía casi cubriendo en su totalidad los muros de las viviendas e imaginé a un comandante pequeño y al señor Itachi jugando allí. Gracias a las fotografías de la señora Mikoto, tenía una idea de cómo lucían cuando eran niños.
Me pregunté entonces... ¿En dónde le mostraron a su padre que dominaban el jutsu bola de fuego?
—¿Sería aquí? —Miré hacia el suelo y me visualicé frente a la mirada regañona del señor Fugaku, cuando levanté la cara era como si pudiera verlo de pie con sus brazos enredados y su ceño fruncido.
—Demuéstrame que eres un Uchiha.
—Eso pudo haber dicho —musité y respiré hondo. Continué mirando alrededor y cada vez sentí más ganas de bajar al barrio fantasma y echar un vistazo, pero la noche no tardaría en llegar y no teníamos permitido alejarnos mucho.
—¡Saki!
Cuando oí la voz de Mitsuki me puse tiesa, despacio giré la cabeza y él alzaba su mano en el aire.
—¡Vamos adentro, nos toca preparar la cena! —Exclamó desde su sitio.
—¿Nos toca? ¿Juntos? —Dije para mí misma, imaginar compartir ese tiempo con él ya me había puesto nerviosa.
—¿Vienes?
—¡Sí, ya voy!
Bajé corriendo hasta encontrarlo en el camino y después volvimos a paso lento.
(...)
Entre tareas de limpieza, cocina, revisión médica y entrenamientos, pasó otra semana y con mi esfuerzo pude conseguir una flama de quizás treinta centímetros de longitud. El sargento estaba muy contento por mi avance aunque yo seguía creyendo que no era la gran cosa para todo el daño que me estaba causando; tenía mis labios partidos y ligeras quemaduras alrededor de la boca. La médico Ino me estuvo haciendo curaciones constantemente.
A veces hallé la manera de practicar con mi sharingan sin que me descubrieran, pero lo único que podía hacer era perfeccionar mis tiros al blanco utilizando mi técnica ocular y el kunai. No más de eso. El sharingan servía para copiar movimientos, también técnicas, e incluso para atrapar a alguien en una ilusión; por el momento eso era todo lo que yo sabía. El general me enseñó muy poco y sé que él estaba dispuesto a ayudarme bastante pero tuvo que apartarse de nosotros para ir al ejército. Solía pensar en él y deseaba que volviera sano y salvo.
Debido a que la casa era muy amplia y contaba con varias habitaciones, por fin encontré esa privacidad que tanta falta me hacía. Justamente aprovechándome de ésta, una noche me quedé un rato mirando el cielo desde mi ventana. Gracias a la poca luz de ese pueblo solitario, el cielo se contemplaba en su plenitud y todas las estrellas brillaban más de lo que antes hubiera visto.
Dejé un momento de ver el cielo para quitarme los anteojos y acariciar su armazón de color rojo. Era el primer regalo que recibía de alguien después de mi mamá pues a decir verdad, sólo ella me había regalado cosas, pero esos lentes eran algo especial.
Cuando yo era más pequeña mamá me dijo que papá me cuidaba desde el cielo, si eso era cierto, entonces deseé que también papá cuidara de mamá y del señor Kakashi.
(...)
Al día siguiente me desperté con la alarma, eran las siete de la mañana. Estiré el brazo para alcanzar el reloj y apagarlo. Me enderecé y bostecé, todavía no estaba completamente despierta y repasaba mentalmente lo que debía hacer: ir al baño, lavarme los dientes, bañarme...
Cabeceé y di un respingo, luego me pegué en las mejillas y sacudí la cabeza.
—¡No, ya levántate!
Me bajé de la cama y pasé corriendo por toda la alfombra de la orilla del cuarto, antes de llegar a la puerta me detuve porque escuché un sonido extraño que provenía del suelo. Retrocedí los pasos que dí pero no oí nada, pisé más fuerte y volví a escucharlo. Sonaba hueco en esa parte del piso así que me agaché y pegué la oreja, luego le di golpecitos con mis nudillos.
—¿Por qué esta parte suena diferente del resto del piso?
Pasé mis manos por toda la textura de la alfombra pero no se sentía ningún relieve, por lo tanto tuve la gran idea de levantar la alfombra para descubrir esa parte.
El piso de la habitación donde yo dormía, era de madera, pero gracias a la alfombra no tenía contacto directo con él. Cuando removí el tapete no encontré nada extraño y entonces pisé de nueva cuenta pero esta vez mirando la superficie.
La madera lucía desgastada en su totalidad, pero el sitio donde mi pie pisaba y el cual sonaba hueco tenía una tabla separada del resto. Dudé de si debía intentar retirarla por miedo a encontrar bichos, lo pensé bastante pero cuando mis yemas de los dedos apenas habían levantado un poquito la tablilla, la soltaron.
—Quizás se deba a que le falta mantenimiento y por eso está suelta esta tabla.
Iba a dejar todo en su lugar pero la curiosidad me estaba picando en las manos y mis dedos se rehusaban a descartar cualquier posibilidad así que con todo y mi miedo por ver insectos allí abajo, levanté despacio la madera y lo que hallé no fue para nada algo que cruzara en mi mente.
El hueco no era demasiado grande, más bien parecía un lugar para esconder objetos pequeños y lo que estaba allí dentro era una especie de cofrecito. Olvidándome de cualquier riesgo, lo saqué para verlo, tenía un grabado muy simple y al pasar mis pulgares lo pude abrir, en el interior de éste estaba un artículo raro, parecían dos agujas pegadas de color dorado con la figura de una hermosa flor de cerezo en uno de los extremos.
—Ohh...
Me quedé observando el objeto y acariciando su forma, era muy bonito.
—¿Será esto un tesoro?
Miré cofre y tras una larga batalla interna llegué a la decisión de no volver a esconderlo. Puse la tabla en su lugar y el cofre lo guardé debajo de mi cama. Después de todas mis tareas pendientes y el entrenamiento de diario, aproveché que mis compañeros disfrutaban del onsen junto al sargento para ir con la señora Ino. Ella estaba acomodando unos libros en el mueble de su habitación y tenía la puerta medio abierta.
—Hola ¿puedo hablar con usted?
Volteó.
—Claro pasa. ¿Qué ocurre? ¿Te sientes mal?
—No, es por otra cosa.
Entré y cerré la puerta.
—Había pensado que estarías en el onsen, luego recordé que tú no puedes ir allí —se rió—. Lamento mucho que tengas que vivir esto, Saki.
—No se preocupe, me conformo con escuchar a los chicos disfrutar de las aguas termales aunque en este caso preferí venir con usted, ya sabe... El sargento optó por unirse a ellos y no quiero seguir escuchando a Inojin hablar de que el señor Konohamaru lo tiene grande.
La médico empezó a reírse y se cubrió el rostro.
—Lo siento tanto Saki, Inojin heredó esa lengua larga de su padre, te juro que es por él.
—Supongo que es así.
—Y bueno ¿de qué quieres hablar?
Metí mi mano dentro de la chamarra y saqué el artículo dorado, lo puse sobre su escritorio.
—Esta mañana encontré esto, estaba escondido en un cofre pequeño debajo de una tabla suelta del piso de la habitación donde duermo y me parece que podría ser un tesoro.
La señora lo agarró y lo vio a detalle.
—Esto es un kanzashi —dijo.
—¿Kanzashi? ¿Qué es eso?
—Es un ornamento para el cabello, un adorno vaya. Pero me parece raro que estuviera oculto, como dices.
—¿Y es valioso?
—Pues depende del valor que se le quiera dar, por lo que veo creo que está bañado en oro. Pero sentimentalmente debe tener otra estimación, si sabes a lo que me refiero —negué—. Hay muchos tipos de ornamentos, éste en específico es como ésos que usan las novias de aristocracia.
Miré de nuevo la horquilla y lo imaginé en el cabello de una chica.
—Entonces sí es valioso, me pregunto de quién sería.
—Pudiera ser que perteneciera a alguien que estaba por casarse o que ya se había casado, pero ¿por qué lo esconderían?
—¿Éste no era el sitio donde vivían los Uchiha?
La mujer rubia me miró con esos ojos que casi me decían: ¿cómo sabes eso?
—Oh, perdón. Se supone que yo no debería saber esto.
—Bueno, después de todo eres curiosa así que no me sorprende que estés enterada. Tú al contrario de los otros muchachos, siempre miras más allá del panorama. Y es correcta tu suposición, este barrio era el sitio donde vivía el clan Uchiha.
—Qué tristeza lo que ocurrió.
La señora agarró el kanzashi y se puso a mi lado, luego tomó mi cabello.
—¿Qué hace?
—Vaya, tu cabello es demasiado corto y no se detiene la horquilla. Bueno, lo sostendré.
Volteó a un espejo redondo que yacía en uno de los muebles dentro de la pieza y me llevó hasta allí. Me quité los lentes porque no los necesitaba, la distancia era corta entre mi rostro y el espejo y mientras la médico sujetaba el ornamento en mi cabeza pude ver lo bello que lucía.
—Vaya ¡es tan lindo! —Dije sonriendo, la persona del espejo no se parecía a mí, se veía casi como la antigua Sarada.
—Es que tú eres muy bonita.
Despegó el kanzashi de mi cabeza y me lo puso en las manos.
—Deberías conservarlo, es triste que tenga que estar escondido algo tan bonito como esto —me dijo.
—Pero no es mío, yo sólo lo encontré... Creo que después se lo entregaré a la señora Mikoto.
—¿Eh? ¿La madre del comandante? ¿Por qué a ella?
—Porque ella es la última mujer sobreviviente y los tesoros Uchiha le pertenecen a ellos ¿no?
—Eres muy amable Saki.
Me puso una mano en el hombro y después me abrazó.
—¿Por qué? —Pregunté en medio de su acción.
—Porque eres como mi hija, tan pequeña y valiente... También es mi deber cuidar de ti.
La señora Ino me recordaba el cariño de una madre y dejándome llevar por el momento, también la abracé. Por supuesto que no tendría nada de malo tal escena, mas en esa situación yo estaba vestida de hombre e Inojin había abierto la puerta de la habitación donde estábamos.
—¿Mamá? ¿Saki?
¿Cómo le explicas a tu amigo que estabas abrazando a su mamá? Haha, gracias por leer.
