Capítulo 21.- "Sonrisas fingidas"
—¿Mamá? ¿Saki?
Con total cautela la señora Ino me soltó, como si no le importara el hecho de que su hijo estaba con una cara de no creer lo que había visto. Yo me sentí fatal, Inojin lucía entre molesto y consternado.
—¿Por qué estás en la habitación de mi mamá? —Me preguntó, directo y con un rostro serio— Y lo más importante ¿por qué se estaban abrazando?
—Yo-
—¿Qué? ¿Tiene algo de malo que tu madre abrace a alguien más?
Tragué saliva, ¿por qué la señora había contestado eso? No podía dejar de pensar que su hijo lo malinterpretaría todo.
—¡Por Dios, mamá! ¡Saki es un chico de mi edad, podría ser tu hijo!
—Exactamente —respondió la médico con total firmeza—. Saki podría ser como mi hijo, y Shikadai, Mitsuki o Boruto también —se puso las manos en las caderas—. Yo los quiero a todos porque es mi deber cuidar su salud ¿lo entiendes?
—¿Qué rayos? Eso no tiene nada qué ver. Tú y Saki se estaban abrazando, eso no es normal o al menos dame una explicación si no quieres que piense mal de todo esto —volteó conmigo—. Viejo, ¿qué pasa con tu actitud?
—Escucha Inojin, lamento que te hayas llevado tal impresión. La verdad es que no hay otras intenciones, yo respeto mucho a la médico.
—Sí pero se estaban abrazando.
Una idea vino a mi mente.
—¿Recuerdas a la chica que me dijo que yo le gusto? —Él se cruzó de brazos y asintió moviendo su cabeza— Pues... Es la primera vez que me pasa algo así, yo estaba muy confundido ¿sabes? Sólo he querido comprender a las mujeres, son tan complicadas ¿no?
—Y por eso abrazaste a mi madre ¿no? Anda, si vas a decir que te gusta mi mamá-
—¡Inojin! ¿Qué tonterías dices? —Habló la señora Ino— Le pedí a Saki que me ayudara a acomodar unos libros y luego me contó sobre esa chica, estaba muy aturdido y me dijo que jamás ha podido estar tranquilo cerca de las niñas. Sólo quise darle apoyo moral.
—¿Y tenías que abrazarlo?
La situación se había tornado desesperante, Inojin no podía entender por qué había sucedido tal acto y en parte no lo culpaba, viéndolo desde su perspectiva no era algo muy común ver a tu madre abrazando a tu amigo.
Comenzaba a preocuparme el hecho de que él no dejaba de mirarme, justo cuando creí que todo estaba perdido, la señora Ino comenzó a llorar, eso hizo que Inojin cambiara un poco la expresión de su cara.
—¿Mamá? ¿Qué pasa?
—¡Oh cielos, eres igual de insensible que mi padre! —Volteó conmigo— Tengo qué decírselo Saki.
—¿Uh? ¿Decírselo? —Murmuré, no entendía nada.
—Gracias por intentar encubrirme pero no tiene caso seguir engañando a mi hijo.
—¿Qué mamá? ¿Qué es eso de lo que hablas?
La médico se limpió las lágrimas y aclaró su garganta.
—Saki me encontró llorando en silencio —jadeó—, yo extraño tanto a tu padre. Estoy tan preocupada por él, tengo tanto tiempo sin verlo y abrazarlo, tengo miedo que pueda pasarle algo malo. Sé que no podré soportarlo.
Y volvió a llorar cubriéndose el rostro. Aunque estaba fingiendo para apaciguar las dudas de su hijo, pude darme cuenta que había un poco de verdad en sus dolorosas palabras. Probablemente se había causado el llanto recordando las cosas que de verdad la lastimaban. Verla de ese modo me inquietó el corazón y mi rubio compañero dejó su sitio para ir a abrazar a su madre.
—Mamá, lo lamento... No sabía que estabas sufriendo tanto por papá. Pero ya no llores, él está bien, es muy fuerte y lo sabes. Por eso el comandante lo llamó al ejército, además... Yo estoy aquí para cuidar de ti.
(...)
En lo más alto de la colina, con el viento quieto y la concentración de mi chakra en el punto exacto, todo estaba en perfectas condiciones para que yo sólo llevara aquella carga de energía directo a mi boca y expulsar esa gran llama de fuego que tanto trabajo me estaba costando.
Un paso al frente con mi pie derecho y mis brazos doblados mientras apretaba mis puños. El aguantar las respiración pronto terminaría pero justo cuando estaba por soltar aquella llama de mi boca, Inojin apareció justo atrás de mí pronunciando mi nombre. Casi me fui de cara al suelo y el fuego que liberé no fue más allá de una simple flama triste que terminó por apagarse en cuanto se asomó.
—Saki, viejo... Quiero hablar contigo.
Me limpié la boca, las orillas de mis labios empezaban a arder y me apresuré a sacar la medicina de mi bolsillo para echarme.
—Lo siento ¿te lastimaste por mi culpa?
—No, ya me he irritado por todo el entrenamiento. ¿Qué ocurre? ¿De qué quieres hablar?
Se sobó la parte trasera de la cabeza y miró hacia un lado, se veía bastante incómodo y apenado.
—Yo... Yo de verdad me disculpo contigo por lo de ayer. No tenía ni la más remota idea de que mi mamá estaba pasando por algo tan difícil. Verás, como ella sonríe todo el tiempo he llegado a creer que estaba muy bien pero con lo de anoche... Supongo que después de todo no soy alguien que detecte sus verdaderas emociones.
Inojin comenzó a pensar más en la señora Ino que en sí mismo. La cara que exponía ante mí era la de un hombre triste y decepcionado; el darse cuenta que su madre sufría en silencio y que aquella sonrisa sólo era una máscara para su tranquilidad, pudo haberlo lastimado. Quizás la médico Yamanaka no creyó que su reacción afectaría tanto a su hijo.
—¿Hace cuánto que no ves a tu papá?
Él finalmente volteó conmigo pero nuestro contacto duró tan poco, pues sus pupilas vieron al cielo como recordando un cálculo aproximado.
—No lo sé, quizás más de medio año. Bueno creo que no te he contado mucho sobre mí ¿verdad? Cielos, y yo que presumo de que somos mejores amigos.
Me senté en el suelo sobre la hierba y él me miró confundido.
—Si quieres puedes contarme ahora, yo te escucharé.
Se escondió las manos en la chamarra oscura y se sentó a mi lado, frente a nosotros estaba aquel bello panorama montañoso.
—Nunca he tenido un hogar como tal. Mamá y papá se casaron en el momento más crítico, justo cuando Dragón de Koshi había tomado esa fuerza repentina, fue un año después de la masacre al clan Uchiha. Según me contó papá alguna vez, él pensó que muy probablemente moriría y no quería que eso sucediera sin antes haberse comprometido con la mujer que amaba.
Inojin chistó pero no había una risa burlona en su cara sino que era una sonrisa triste.
—Cuando me lo contó, le dije que eso era algo muy bobo y cursi y él sólo sonrió y me sobó la cabeza. Ahora creo que él también estaba triste pero al igual que mamá, ese gesto tan natural es la forma que esconden el dolor que tienen.
La fuerte melancolía de sus palabras me hizo pensar en mi propia madre y tal como los padres de mi amigo, ella sonreía a diario. ¿Mamá también guardaba mucho dolor en su corazón?
—Cuando nací, mamá abandonó temporalmente su puesto como practicante de enfermería y vivimos en casa de mis abuelos maternos. Después, al yo cumplir los tres años de edad, ella volvió para terminar sus prácticas pero en unos meses las cosas se pusieron más feas y papá fue ascendido a sargento; mamá aprobó el examen de enfermería y tomó el nuevo cargo como parte de la división médica, fue entonces que me llevó con ella y he crecido en diferentes sitios dependiendo de los lugares a los que era enviada.
—¿Y cuándo veías a tu papá?
—A veces nuestras áreas eran cercanas y él pedía permiso para visitarnos, pero sus visitas eran tan fugaces en comparación con el tiempo que yo pasaba anhelando verlo y jugar con él. Quizás no demoraba más de dos meses en vernos pero con el tiempo la situación empeora y con ella el peligro constante alarga nuestros encuentros —suspiró y me miró— ¿Saki? ¿Estás llorando?
Respiré fuertemente y me quité los lentes para limpiar mis ojos.
—No, se me metió algo y me irritó.
—¿Te ha conmovido mi historia?
Era cierto, a decir verdad me sentía tan triste por la forma en que él había crecido y ese deseo que ver a su padre yo podía entenderlo. Dolía tanto que difícilmente podía ocultar mi sentir. Apoyó su mano en mi cabeza y habló.
—Eres el primer amigo que tengo y eso me hace feliz, porque siempre quise uno, ya sabes... Tener una vida normal como cualquier persona de mi edad: jugar con amigos, salir, comer juntos. Aunque lo que vivimos no es tan típico, todavía podemos decir que estamos formando lazos ¿verdad?
Si un día Inojin se enteraba que su mejor amigo era una chica, esa bonita amistad terminaría. La culpabilidad crecía dentro de mí como plaga. Al principio cuando decidí entrar al escuadrón sólo pensé en rescatar a mamá y no esperé hacer lazos con nadie más, entonces decirles adiós a todos iba a ser más duro, porque poco a poco comenzaba a apreciarlos, a unos más que a otros y en mi pequeño nuevo círculo familiar, también estaba el general Kakashi.
—Saki los hombres no deben llo-
No terminó su frase porque incluso él estaba llorando y agachó la cabeza queriendo ocultarlo, como si fuera algo malo mostrar sus emociones. Pero Inojin se había guardado todas sus preocupaciones y penas por tanto tiempo, que se quebró. Al final todos éramos parecidos y para sobrellevar las pérdidas causadas por los criminales, teníamos que ser fuertes y aprender a vivir fingiendo que todo estaba bien. Pero llorar de vez en cuando no era un delito.
(...)
Pasaron días y algunas noches sin descansar cuando intenté mejorar mi sharingan y entrené a escondidas de los demás.
El sargento Konohamaru por fin nos habló claramente de la disminución de apoyo a la organización y por ende, de cómo teníamos que racionar los alimentos. De hecho, el almacén donde guardábamos las reservas de alimentos estaba casi vacío y en pocos días nos quedaríamos sin nada para comer.
Una tarde, el sargento y yo revisábamos lo que quedaba y yo anotaba las cosas que faltaban.
—Parece que es todo, ahora tenemos que eliminar algunas cosas de esa lista —dijo y le entregué la libreta.
—¿Qué tanto está permitido solicitar?
—No podemos excedernos de más de treinta artículos. Por el momento ya no contamos con proveedores para los uniformes, así que es mejor utilizar los cambios más maltratados para los entrenamientos. Si algunos de ustedes tiene despegada la suela de los zapatos, haz una lista y pediré pegamento.
—Sí señor.
Salí del almacén y fui donde mis compañeros para tomar nota pero ninguno de ellos presentaba ese problema. Reunidos en la sala cada quien me exponía lo que le faltaba.
—De mis cuatro camisas, tengo dos que estás rotas de la parte de los codos —digo Mitsuki—. Cuando entreno mis alargamientos suelo hacer mucha fricción con la tela.
—De acuerdo, por eso no te preocupes, le pegaré un parche. ¿Algo más?
—¿Sabes coser?
—No mucho, sólo sé poner botones, pegar parches y levantar la bastilla.
—Saki eso es mucho —dijo Shikadai.
—Bueno, entonces de su ropa me encargo yo. No podemos solicitar nuevas prendas porque no hay más así que habrá que apañárselas con lo que nos queda.
—Tienes razón, prefiero que haya comida, la ropa no importa tanto —Habló Boruto dándome la razón, aunque con un poco de orgullo todavía en su rostro.
—Entonces de artículos de limpieza personal sólo pediremos pasta de dientes y champú.
—¿Apuntaste el papel higiénico? —Preguntó Inojin.
—Sí, pero ya no puedo anotar más porque falta la comida.
El sargento volvió a la sala y recogió mi lista, la leyó mentalmente y aprobó lo escrito.
—Perfecto, pasaré esto a limpio en la solicitud y la entregaré —miró el reloj de la pared—. Oh, ya debería estar por llegar.
—¿Por llegar? —Repitió Mitsuki— ¿Quién?
—La persona que a parte de recoger la solicitud de los insumos, también viene a supervisar su entrenamiento.
—¡Ah! —Jadeé y volteé con mis compañeros, ellos también abrieron mucho sus ojos— ¡El general Kakashi!
—¿Vendrá hoy? —Preguntó Inojin.
—¿Ya pasó un mes? —Shikadai lucía como alguien que trata de aguantar su emoción.
—Sí, me habló por radio cuando entró en el rango de nuestra área. Dijo que sus cálculos indicaban que a las seis y- ¡oigan! ¡Oigan niños! ¡¿Qué hacen?!
Fui a ponerme los zapatos sin saber que Inojin también lo haría. Nos amontonamos en la entrada de la casa y entre saltos por hacer que el zapato se metiera de lleno, nos las arreglamos para salir y correr por la vereda hacia el único lugar donde el vehículo pudiera transitar.
—¡Saki! ¡Inojin! —Gritó desde la puerta el sargento— ¡Vuelvan aquí!
—¡No nos alejaremos mucho! ¡Sólo queremos recibir al general! —Contesté.
Tras correr algunos metros nos detuvimos y miramos a todos lados queriendo hallarle.
—¿Lo ves por alguna parte? —Preguntó mi compañero.
—No, pero oye... No pensé que también te ilusionara ver de nuevo al señor Kakashi —le dije, él me metió un golpecito en la espalda.
—No digas tonterías, es normal que quiera verlo... Uno se harta de ver las mismas caras —se hizo el orgulloso— Bueno, la verdad es que me siento inquieto desde hace unas horas y no sé, mi mamá decía que las personas tienen presentimientos cuando algo malo ocurre a un ser querido, en realidad me siento nervioso y tengo miedo que el general nos traiga una mala noticia.
—Oh... Ya entiendo.
Era cierto, Inojin había estado muy raro en ese día al igual que la señora Yamanaka. No quería imaginar que el general al bajar del vehículo informara de alguna tragedia en el ejército. Incluso yo podía sentir ese miedo si me enteraba que a él le había pasado algo malo.
Nuestro silencio acabó cuando el ruido de un motor se escuchó y ambos miramos hacia esa dirección. Mis músculos faciales comenzaron a moverse sin que yo pudiera poner resistencia y cuando la furgoneta aparcó a metros de nosotros, mi corazón comenzó a latir apresurado esperando el momento en que el general bajara y así fue; la puerta se abrió y al ver su cabello plateado y esa peculiar máscara, mis piernas empezaron a moverse.
—¡General Kakashi!
Bajé corriendo la vereda y el general apenas pudo entregarme una mirada de asombro cuando me estampé contra su cuerpo y lo abracé.
—¿Sa-Saki? ¿Qué crees que haces?
Su voz sonaba nerviosa y finalmente lo solté para mirarlo a los ojos.
—Bienvenido.
—¿Qué clase de recibimiento es ése? —Preguntó y yo sonreí.
—Pero no soy la única persona que vino a recibirlo, verá, Inojin tamb-
Cuando miré hacia atrás me di cuenta que mi amigo había dejado de caminar desde unos metros atrás y tenía una expresión rara en su rostro, estaba como en shock.
—¿Inojin?
Por correr a abrazar al general no escuché cuando la puerta del copiloto se abrió y recientemente me estaba enterando que del otro lado del vehículo había bajado un hombre de piel pálida al que vi aquella vez que las bestias atacaron el pueblo donde vivía la señora Tsunade. Ese mismo hombre estaba mirando en dirección a mi amigo.
—P... Papá —al pronunciar esa palabra entendí todo, luego Inojin dejó su estado inerte para correr donde el señor estaba parado y lo abrazó tan fuerte que sus nudillos se volvieron más blancos al aferrarse a su chaleco—. Viniste, de verdad estás aquí.
—No iba a olvidarlo, hoy es tu cumpleaños.
Abrí más mis ojos. Era el cumpleaños de Inojin y yo no lo sabía, nadie me dijo nada ¿por qué? ¿O acaso nadie más sabía de eso?
La puerta de la casa se oyó y a quien vi fue a la señora Yamanaka, ella se asomaba a todas partes hasta que nos detectó y cuando sus celestes ojos vieron a su hijo y esposo, su rostro se descompuso y se volvió rojizo.
—Sai...
Apenas pudo pronunciar y apresuró el paso hasta encontrar y rodear con sus brazos el cuello de él. Entre lágrimas y jadeos sentí una cálida mano en mi cabeza y entonces recordé que el general estaba justo a mi lado.
—Será mejor que nosotros entremos a la casa, ellos tres necesitan un poco de privacidad.
Sólo pude soltar un leve"hmm" aceptando su propuesta y subimos la vereda. Me detuve antes de entrar para mirar la escena desde el nuevo ángulo y sentí cómo mi pecho ardía. Imaginé que esa inquietud en Inojin no era otra cosa sino la habilidad que heredó de su mamá y que seguramente desconocía que tenía. La señora Yamanaka podía sentir todos los distintos chakras a ciertos kilómetros a la redonda y reconocerlos, y mi rubio amigo muy probablemente empezaba a despertar ese talento.
—Saki, anda ¿qué tanto miras?
—Inojin estaba triste porque extrañaba a su papá, me lo dijo y luego pensé que lo entendía porque yo experimento esa situación con mi madre pero también me he detenido a pensar que quizás no es del todo por mi mamá que puedo casi coincidir con lo que él siente.
—¿De qué hablas? ¿Qué más te hace entenderlo?
Dejé de mirar a la familia Yamanaka para voltear con el general.
—Que cuando usted se fue, sentí su ausencia de una manera muy trágica y hace rato cuando el sargento nos dijo que usted venía en camino yo estaba emocionada por verle de nuevo, porque lo extrañaba mucho ¿sabe?
El general bajó la mirada y aunque creí que me regañaría por faltarle al respeto a su posición y escalar a esa confianza, su mano volvió a ponerse en mi cabeza sin dejar caer todo su peso. Sus ojos oscuros tenían esa templanza que me resultaba familiar.
—No deberías extrañar a este viejo general, soy el hombre más aburrido del mundo.
Iba a refutarle pero antes habló impidiéndome decir algo más.
—Vamos, te dije que debemos darles privacidad. Ahora, ¡entra a la casa ya!
Me empujó por la espalda hasta hacerme ingresar. Me hubiera gustado preguntarle si, aunque fuera sólo un poquito, él también me extrañó.
Gracias por leer y comentar.
