Capítulo 22.- "La confesión del general"
Después del encuentro tan sentimental de la familia Yamanaka, de repente ya estábamos todos felicitando a Inojin por su cumpleaños y él se disculpaba constantemente por no habernos dicho antes que era un día tan especial para él. Su excusa había sido que como nació después de las seis de la tarde, no era aún su cumpleaños.
Su papá, el Sargento de la división de rastreo le había llevado un obsequio e Inojin no podía estar más feliz; con emoción miré cuando mi compañero lo sacó de la bolsita de papel y lo contempló sin decir nada, como si esperara entender la razón por la que recibió tal objeto.
—Es un libro en blanco —Inojin volteó con su padre y éste le sonrió—. ¿Tiene algo de especial?
—Es bueno que practiques tu habilidad en el dibujo, también te he traído repuestos de tinta y pinceles nuevos —le explicó, Inojin acarició la tapa dura del libro.
—Gracias papá.
Seguí mirándolos desde una distancia considerable, me hacía feliz ver tal escena y me prometí que no sólo rescataría a mi madre sino que haría todo lo posible por contribuir a traer de nuevo la paz, aquella que por desgracia aún no tenía la dicha de conocer en su plenitud.
—Se miran tan felices que incluso me da cierta envidia.
Mitsuki se había puesto junto a mí y apoyó sus codos sobre la barra desayunadora, yo no pude hacer otra cosa sino carraspear y tratar de mantener un espacio entre nosotros.
—Supongo que debe ser genial tener una familia ¿no lo crees? —Me preguntó.
—Sí, creo que lo es.
Giró el rostro y me observó desde su altura.
—¿Te pasa algo?
—N-no, ¿por qué lo preguntas?
—Desde hace unos días evitas encontrarte conmigo e incluso no me hablas tanto como antes, entonces me pregunté si estabas molesto conmigo ¿dije o hice algo malo?
Sentí que mi cara comenzaba a arder.
—No no ¡para nada! —Moví mis manos en el aire— He estado muy concentrado en mi entrenamiento que últimamente me he vuelto algo distraído, eso es todo.
Sus labios se volvieron una línea y sus ojos se achicaron, luego suspiró y miró de nueva cuenta hacia Inojin.
—Quiero aprender algo más que pueda ser de utilidad. Tengo una especie de corazonada de que tú y yo somos afines.
Tragué saliva, su repentina frase me tomó desprevenida mas no tardó en aclararla.
—¿Afines?
—Me refiero a que creo que tú y yo también poseemos la naturaleza rayo y tal vez podamos trabajar juntos para desarrollar nuevas técnicas. ¿Qué opinas?
Miré los iris ámbar de Mitsuki, no estaba segura de si era posible que además del fuego yo también tuviera ese tipo de naturaleza, pero si él lo decía significaba que me puso la atención debida para llegar a tal conclusión.
Moví mi cabeza afirmando y él hizo lo mismo.
—Estoy de acuerdo, necesitamos mejorar tanto como podamos —contesté.
—¡Papá! ¡Tienes que ver esto! ¡Hay un onsen!
La escandalosa voz de Inojin nos interrumpió y cuando noté que arrastraba a su padre para enseñarle el sitio sagrado de la casa, recordé que la señora Ino mencionó que su lengua larga la heredó del sargento. Agradecía no tener que bañarme con ellos.
(...)
La mañana siguiente me desperté porque entre sueños escuchaba una voz familiar y al abrir los ojos tardé un rato en asimilar aquel sonido. Me senté sobre el colchón y me masajeé las sienes; luego bajé de la cama y moví un poquito la cortina para asomarme por la ventana, fue entonces que vi al general Kakashi hablando por radio. Su semblante era de preocupación y se sobaba la frente en repetidas ocasiones.
No podía escuchar del todo la conversación que estaba teniendo y aunque creí que no era de mi incumbencia estar oyendo conversaciones ajenas, fue su cara de angustia lo que me hizo tomar una chamarra y decidir salir discretamente para saber qué pasaba; sin embargo mi acción se vio interrumpida porque en el pasillo me topé con Boruto.
—¿A dónde vas? —Me preguntó como si nos tuviésemos tanta confianza.
—A ningún lado.
Me miró de pies a cabeza.
—Pensabas salir para escuchar al general ¿cierto?
Me rasqué la mejilla y evadí sus ojos azules.
—Con que era cierto.
—No, no lo era. Sólo tengo frío —mentí y quise pasar de largo pero volvió a hablar.
—Ayer escuché lo que Mitsuki te dijo, eso de que ustedes quizás tengan la naturaleza rayo.
Suspiré y lo miré de nuevo.
—¿Qué hay con eso?
En su rostro había como un duelo de emociones, entre orgullo y vergüenza sus labios se movían sin parar pero se rehusaban a abrirse para decir algo.
—¿Qué? —Insistí.
—Nada.
Bufé y me giré para irme.
—Es que creo que yo también soy como ustedes —me paré sin mirar atrás y seguí escuchándolo—. No es como que tú o Mitsuki me agraden, sólo quiero ser más fuerte para proteger a mi familia entonces supongo que ustedes también desean ser más poderosos. Necesitamos trabajar en equipo para crear una técnica que los tres podamos usar a gran escala.
Lo que Boruto decía tenía sentido, él tampoco me agradaba del todo pero en ese momento no estábamos en posición de pelear, teníamos que unirnos para avanzar más y más.
—Deberíamos hablar con el sargento Konohamaru y explicarle nuestra situación —le dije—, que él determine lo que tenga que pasar.
—Estoy de acuerdo.
Iba a mover mi pie para retirarme y Boruto una vez más me impidió continuar pero esta vez dijo algo interesante que me obligó a mirarlo a la cara.
—Mi padre era quien hablaba por radio con el general Hatake.
—¿Uh? ¿El teniente Uzumaki?
—No escuché todo pero entendí lo suficiente —de pronto la mirada de Boruto se había vuelto vacía—. Fueron atacados y perdieron por lo menos veinte miembros, tuvieron que escapar. Estaba tratando de asegurarse de que nosotros estamos bien.
—El teniente es el líder del ejército de Konoha ¿verdad? —Boruto asintió— ¿Por qué simplemente no se unen al ejército del país del Fuego? Sería mejor sin en lugar de ser unidades separadas, juntas se encargan de combatir a Dragón de Koshi.
—El comandante no lo permite, debido a que el ejército de este país es el que enfrenta las situaciones de alto riesgo. Pero creo que con este ataque se confirma que no importa la unidad, todas las áreas están expuestas y tarde o temprano incluso nosotros podríamos enfrentarnos a lo peor de esa organización, claro si es que nos encuentran.
Oír todo eso comenzó a desesperarme, las cosas se complicaban cada día más y si continuaban así no tardarían mucho en acabar con quienes se suponía, nos estaban cuidando.
—Hablemos de una vez con el general —dije.
—¿Estás loco? Se supone que no debemos saber esto. El general podría quitarnos de nuestro nivel.
—Boruto, estamos en un punto en el que ya no tenemos tiempo para cumplir reglas estúpidas donde nosotros callamos nuestras sospechas y ellos nos guardan secretos.
—Hacen esto por la seguridad de la organización ¿por qué crees que nunca nos dicen las coordenadas de los sitios a los que nos llevan? Para que no se difunda la información.
—Eso quiere decir que aún no confían en nosotros, ¿siguen ocultándonos cosas porque tienen miedo que alguno resulte ser un traidor? —Dije con exasperación y cuando vi que la cara de Boruto estaba pálida me di cuenta que detrás de mí había alguien.
—Así es, ése es el motivo por el cual sólo los altos mandos conocemos los detalles.
Pasé saliva y lentamente giré la cabeza, el general estaba de pie frente a nosotros con el radio en su mano.
—Ustedes dos son demasiado observadores, me pregunto si debería reportarlo al comandante.
Boruto agachó la cabeza y yo odié que hiciera eso.
—¿Qué tiene de malo que queramos involucrarnos? —Cuestioné— ¿No es mejor si todos estamos al tanto de lo que acontece y así nos preparamos mejor?
—Sí, estoy de acuerdo pero hay órdenes y procedimientos y tenemos que cumplirlos. Es frustrante, lo sé, mas no se puede hacer otra cosa. El señor Fugaku junto al maestro Minato establecieron las reglas y el comandante Sasuke se encargó de actualizarlas a unas más estrictas.
El comandante, siempre el comandante hacía las cosas más complicadas. Ese hombre me frustraba casi igual que Boruto cuando lo conocí en la zona de entrenamiento.
—Quiero que ésta sea la última vez que me espían cuando hablo por radio ¿entendieron?
Movimos la cabeza.
—¡Quiero oírlos!
—¡Sí, señor!
—Como castigo, ustedes dos irán a preparar el almuerzo.
Hice una mueca de disgusto y el general me miró de una forma severa pero luego me causó gracia porque lo imaginé siendo mi padre regañón.
A pesar de que hicimos de comer, al final el general se abstuvo de probar alimentos. La señora Ino me dijo que seguramente no quiso comer para que todos alcanzáramos lo suficiente. Esto a causa de lo limitados que nos hallábamos en cuanto a comida. Me pregunté cómo soportaría estar con el estómago vacío, luego lo vi ingerir algo de un frasco café.
—Quizás es comida militar.
(...)
En el campo abierto cerca de la colina, todos entrenábamos como de costumbre y el general Hatake observaba desde un extremo. El sargento Konohamaru ayudaba a Boruto con su rasengan y el sargento Sai aconsejaba a Inojin con su técnica de tinta. Por su parte Shikadai se estaba concentrando en manejar su elemento de viento, alcanzó un punto en su técnica de sombras en el cual no podía avanzar más y el sargento le sugirió enfocarse en su siguiente habilidad.
Mitsuki podía hacer una técnica llamada "ruptura", que consistía en expulsar una gran bocanada de aire la generaba una potente ventisca que fácilmente dispersaría cualquier objeto de mediano tamaño, lo que Mitsuki buscaba era alcanzar el nivel para deshacerse de cosas más grandes como árboles, por ejemplo.
Luego de ver los progresos de todos, me concentré en demostrar que yo también podía hacer algo magnífico y estaba segura que mi nueva técnica de fuego impresionaría al general. Así que me paré sobre la colina donde siempre entrenaba y respiré hondo el gélido aire; me concentré en mi chakra y lo transformé a calor para luego expulsarlo en una gran llama recta que para mi sorpresa alcanzó más allá de mis expectativas.
Me quedé emocionada mirando lo lejos que llegó y escuché que el sargento Konohamaru alabó mi logro.
—¡Bien hecho, Saki! Has mejorado un montón.
Volteé con el general esperando escuchar algo de su parte pero su rostro seguía igual de serio y me decepcioné un poco. Quizás lo que conseguí no había sido la gran cosa y el sargento Konohamaru sólo estaba siendo amable conmigo.
—Sargento Sarutobi ¿me permite hablar con Saki sobre su entrenamiento? —Le oí decir.
—Ah, señor claro, usted no tiene por qué solicitarme permiso, adelante.
Vi que el general empezó a caminar hacia la colina donde yo me encontraba de pie y subió sin cambiar su rostro, pensé que iba a regañarme.
—Esa fue una buena llama de fuego —dijo pero no sonreí porque imaginé que diría algo más como un "pero"—. Pero...
Lo sabía.
—Tu forma de moldear el chakra me parece que no es la que más se adecúa a ti.
—¿Eh? El sargento Konohamaru me enseñó de esta forma. Él dijo: Respira y concéntrate en moldear el chakra a fuego luego lo llevas a tu vientre y eventualmente lo expulsas.
—Sí, ésa es la forma para la gran llama.
—¿Entonces? ¿Qué estoy haciendo mal?
El señor Kakashi bostezó y se pasó una mano por el cabello.
—No estás haciendo nada mal, pero tu naturaleza de fuego no es igual a la del sargento. Verás, pueden ser compatibles en elemento pero hay algo en tu adn que no es afín al del sargento.
—¿Usted se refiere a que si no tenemos parentesco familiar es imposible que yo pueda hacer esta técnica?
—Saki, haces los pasos tal cual deben ser y tu llama no va más allá de dos metros. Puedo asegurar que te está costando trabajo hacer todo esto ¿no? ¿Te sientes sofocada y mareada después de esta gran demostración?
Me quedé pensándolo y era verdad, me costaba mucho lograr expulsar el fuego y terminaba cansada, más de lo normal.
—Sí, tiene razón señor.
—No te pongas triste, no es tu culpa. El clan Sarutobi desarrolló técnicas muy buenas pero incluso existe una forma de copiar esto y no necesariamente requiere que tengas el mismo lazo sanguíneo. Aunque es arriesgado ¿sabes cómo?
Me le quedé viendo y me dio la respuesta.
—Sharingan. Si usas tu sharingan para copiar la Gran llama, no tendrás problema en usarla.
—Pero, ¿eso no es trampa?
—Bueno, quizás pero no estamos en momentos de ser justos. Entre más habilidades y técnicas consigamos será mucho mejor.
—Y ¿qué pasa si la copio con mi sharingan? ¿Para usarla tengo que activarlo?
El general chistó y se sobó la barbilla.
—Es verdad, tendrás que activarlo para despertar todos los jutsus que hayas copiado.
—Y usted dijo que es un secreto, ¿qué voy a hacer entonces?
—Estoy buscando la manera de volver a entrenarte pero me temo que yo no puedo hacer mucho con tu sharingan.
—Señor Kakashi ¿quién más ha tenido el sharingan?
Se mantuvo mirándome sin decir nada, luego bajó la vista y al cabo de unos segundos se levantó un mechón de cabello que le cubría parte del ojo. Se bajó la máscara y habló.
—Esta cicatriz fue por una herida, perdí mi ojo izquierdo cuando tenía dieciséis años y un amigo me donó el suyo antes de morir. Él tenía el sharingan y me lo obsequió.
Se me erizó la piel al oír su historia, no sabía si debía preguntar aquello pero al final lo hice.
—Y... ¿aún puede activarlo?
—No. Con el tiempo el sharingan se fue y este ojo se adaptó a mi organismo. Por mi sangre no corre su adn y esa fue la razón.
Me sentí un poco mal por ello, el señor Kakashi era más misterioso y complejo de lo que imaginaba. En un principio su severa actitud me asustó mas luego comencé a tomarle cierto aprecio; lentamente sus problemas y emociones también me afectaban.
—¿Por qué pones esa cara? No quiero que me tengas lástima.
—Señor... ¿El sharingan es parte de un linaje?
Carraspeó.
—El sharingan es un dojutsu, una habilidad que muy pocos poseen. No te preocupes por estas cosas, vamos a trabajar en él cuando llegue el momento. Has mejorado mucho desde que te conocí en aquel campamento.
—¿Está orgulloso de mí? —Pregunté esperanzada.
—Lo estoy.
Y finalmente mostré esa sonrisa que había reservado.
—Hay una técnica que quiero enseñarte, pero aún no es tiempo. Por ahora voy a hablar con el sargento para que les entrene a Boruto, Mitsuki y a ti la forma de manejar el elemento rayo. Cuando consigas acostumbrarte y a dominar lo básico, vendré y te enseñaré una técnica más poderosa.
—Sí señor. Me esforzaré mucho, lo prometo. ¡Ah! ¿Puedo pedirle un favor?
—¿De qué se trata?
—Uhm... Bueno... Creo que todavía falta mucho para que yo pueda llegar más alto dentro del escuadrón así que pensé... Ya que usted actualmente está en el ejército que se enfrenta cara a cara con Dragón de Koshi quizás en algún momento puedan encontrar gente que ha sido secuestrada. Me preguntaba si eso llega a suceder, y mi madre es una de esas afortunadas quiero que usted sepa cómo es ella físicamente, así puede decirme.
Él no dijo nada y sólo se quedó observándome, yo no paré de hablar.
—Es alta y ligeramente más delgada que la médico Ino. Tiene ojos grandes, verdes y con largas pestañas, su cabello es color rosa pálido y en su frente tiene una marca muy peculiar con forma de rombo.
—¿Una marca con forma de rombo?
—Ella me dijo que era como un tatuaje que se hizo cuando estaba en su etapa rebelde. Aunque ahora que lo pienso... La señora Tsunade tiene uno igual —hablé para mí pero aún así él me escuchó.
—Tsu- ¿dijiste Tsunade?
Levanté la cara, el general se veía consternado.
—Ahm... Sí.
—¿Qué relación tienes con esa mujer?
—Ninguna realmente, hasta donde sé, ella conocía a mi mamá y era algo así como su maestra. Pero desconozco mucho, lo siento.
—Esa mujer Tsunade ¿aún está viva?
—¿Por qué me pregunta tantas cosas?
—¡Sólo contesta! —Se alteró y yo me estremecí, rápidamente se disculpó y miró a todos lados— Lo lamento, no quise gritarte yo... Estoy algo tenso pero esto es importante Saki. Si tu madre fue secuestrada es muy probable que incluso busquen a la señora Tsunade y sería mejor mantenerla a salvo ¿no crees?
—Ella aún vive —contesté con un volumen más bajo.
—¿Dónde vive?
—En las orillas de Konoha. Tiene un pequeño negocio de alquiler de habitaciones.
—Entiendo. Gracias por decírmelo.
—Ustedes.. ¿no van a hacerle daño, cierto?
—Claro que no, ya te dije que debemos protegerla.
(...)
Antes de marcharse, el general nos reunió a todos para darnos un informe. Esa misma tarde después del entrenamiento él y el sargento Sai volverían a sus posiciones en el ejército pero tenían una orden especial para los miembros, un mandato que provenía directamente del comandante Uchiha.
—Como saben, no tenemos tanto apoyo económico como antes y esto nos está afectando de una manera seria. Lo principal es ahorrar lo más que se pueda y el comandante ha determinado que el dinero que se gasta la organización en alimentos para los niveles más bajos, puede servir para comprar equipo médico y armamento. Así que odio decir esto pero con el paso de las semanas llegará un momento en que ustedes así como los demás miembros del cuerpo de infantería dejarán de recibir insumos.
—¿Y qué vamos a comer? —Preguntó Inojin todo desesperado, su mamá lo codeó pero seguro que todos pensábamos igual que él.
—Tendrán que trabajar —contestó a secas.
Shikadai levantó su mano.
—Uhm.. ¿Dónde? Estamos en un pueblo fantasma y desde que llegamos no tenemos permiso de alejarnos de la casa y el campo.
—A partir de ahora tienen el permiso correspondiente siempre y cuando sea para esto. Ya hablé con el sargento Sarutobi y llegamos a este acuerdo. A un kilómetro de aquí comienza un pueblo, cualquier misión de poca dificultad para conseguir ingresos bastará. El sargento puede presentarlos ante la gente más acaudalada y ustedes ayudarían en tareas básicas. Esto... —El general se detuvo unos instantes para reflexionar en lo que diría, se le veía preocupado— Sé que mi deber como general me impide dar información de este nivel pero asumiré toda consecuencia.
Vi en la expresión del sargento Sai el reflejo de asombro por lo que se venía.
—Nuestra organización desaparecerá, sin el apoyo económico no tenemos forma de continuar. Todo requiere gastos y si no hay una base sólida que nos mantenga tarde o temprano esto se desmoronará.
Mis compañeros empezaron a murmurar entre sí y yo no pude decir nada. Oír aquello era como ver destruidos mis sueños de rescatar a mamá. Los ojos del general todo el tiempo estuvieron en conexión con los míos, como si quisiera disculparse por no poder hacer más.
—Señor, disculpe que lo pregunte pero ¿por qué hemos perdido este apoyo económico? —Preguntó la señora Ino.
—El señor Feudal está financiando a Dragón de Koshi, eso es lo que pasa.
—¡¿Qué?! —Todos exclamamos.
—¡No puede ser! ¡¿Qué sentido tiene luchar para derrotar a los malos si el hombre más rico de este país se ha puesto de su lado?!
Boruto estaba enojado y lo soltó todo en una oración. El sargento Konohamaru puso ambas manos en sus hombros para calmarlo. Pero yo lo entendía, viéndolo desde ese punto la situación era horrible. ¿Cómo pueden simples ciudadanos contra el señor feudal?
Mis manos empezaron a temblar.
—Guarden silencio y escúchenme, aunque nuestro máximo apoyo se ha ido al lado enemigo, todavía contamos con pequeñas ayudas. Es cierto, no será lo mismo pero eso no significa que vamos a rendirnos. El comandante está dispuesto a enfrentar al señor feudal si es necesario, y hace todo esto porque quiere salvar a las personas ¿no es ése nuestro objetivo? ¿vamos a desistir?
Los ánimos habían bajado y era difícil ser optimistas en esa posición, sin embargo yo me juré que no me rendiría. Después de todo, la vida sin mamá no era vida y sin ella no importaba nada.
Ante el silencio de todos fui yo quien levantó la voz.
—No voy a retractarme, no llegué tan lejos como para volver a esconderme. Si tengo que morir entonces me arriesgaré pero no voy a huir como un cobarde. Haré los trabajos que sean necesarios para mantenerme aquí. Sé hacer varias cosas así que definitivamente hallaré la forma de ganar dinero.
—Yo puedo hacer pinturas y dibujos —dijo Inojin—, quizás a alguien del pueblo le interese así que tampoco me rendiré.
—Ni yo —habló Mitsuki—. Haré mi trabajo confiando en el comandante. Si él ha determinado que podemos ganar entonces lo creeré.
—¡El señor feudal se puede ir al infierno! —Exclamó Boruto— ¡Si piensa que voy a perdonarlo está equivocado! ¡No pienso vivir mi vida bajo la amenaza de esos bastardos!
—Estoy de acuerdo con Boruto —complementó Shikadai.
—¡Sí! ¡Ojalá desollen a esos pedazos de escoria! ¡Estoy impaciente por el día en que podamos destruirlos y demostrarles que somos mejores! ¡Malditas ratas de alcantarilla, que se pudran y se vayan al carajo!
Todos miramos a la señora Ino, ella estaba molesta y descargó su furia. Al ver que era el centro de atención, se puso roja de la cara y entonces su esposo se empezó a reír.
—Bueno, tal como lo dijo la médico Yamanaka, estamos impacientes porque llegue ese día. Vamos a dar lo mejor de nosotros ¿de acuerdo?
—¡Sí, señor!
Nuevos retos para enfrentar, pero no desistir era lo que grabaríamos en nuestra mente. Ninguno de nosotros estaba dispuesto a tirar por la borda todo el esfuerzo y sacrificios que estábamos haciendo. Las muertes de inocentes no quedarían impunes.
Kakashi no quiere decirle a Sarada que el sharingan es exclusivo de los Uchiha por temor a exponerla a ser blanco de ataques. Recuerden que él determinó que Sakura quiere protegerla y por ende no le dijo nada. Espero que esto se entienda.
Muchas gracias por leer.
