Capítulo 24.- "Nueva misión"
La mañana que por fin visitaríamos el pueblo más cercano nos trajo una grata sorpresa; pues cuando Shikadai se asomó por la ventana de la sala, nos gritó emocionado que afuera todo estaba teñido de blanco.
Corrimos a comprobar que en efecto, había capas de nieve. Era la segunda vez que podía ver este tipo de paisaje; la primera fue cuando tenía ocho años y milagrosamente nevó en Konoha. Esta vez no estábamos allí sino en una aldea donde solía vivir el clan Uchiha.
A pesar de que nuestro semblante era de alegría, la cara del sargento Konohamaru era todo lo contrario. Quise entender su preocupación y volví a mirar por el cristal.
Creí comprenderlo. Había nevado, no teníamos la vestimenta y calzado adecuado para este ambiente, lo que nos dificultaría caminar para ir al pueblo; haría un frío espantoso. Los entrenamientos no podrían durar tanto y de hecho si el clima empeoraba, definitivamente no podríamos hacerlo.
La emoción anterior también se desvaneció de mi rostro y dejé atrás la ventana para volver a mi habitación.
No teníamos suficiente comida para pasar el invierno, las provisiones que necesitábamos y que le entregamos en una solicitud al señor Kakashi, aún no llegaban. Quizás no llegarían, considerando que la organización entraba en crisis.
Busqué el cofre bajo la cama y lo abrí para ver el kanzashi. Era muy elegante y seguro pagarían bien por el objeto.
—¿Debería venderlo y comprar comida?
Acaricié el borde del ornamento y luego sacudí mi cabeza.
—No, no puedo hacer tal cosa, no me pertenece.
Volví a cerrar el cofre y a ocultarlo bajo la cama. Me quedé en el suelo intentando pensar en alguna solución pero la verdad yo no podía hacer mucho.
Más tarde, nos abrigamos lo mejor posible para ir al pueblo. Cruzamos un largo camino, sentí que mi nariz se congelaba y constantemente juntaba mis manos cerca de la boca para calentarme con mi aliento pero incluso eso era insuficiente.
Pero si de algo pude percatarme, era de que Mitsuki no temblaba tanto como el resto de nosotros. Quise tocar su mano para comprobar mi pensamiento; no lo hice porque no era común agarrar de la mano a un compañero y menos si yo estaba pretendiendo ser un chico.
—¿Pasa algo, Saki?
Él volteó y me avergoncé, no pude sostener la mirada.
—No, no es nada.
—¡Oh! ¿Ése de allá es el pueblo, señor sargento? —Preguntó Inojin.
—Sí, ése debe ser. Recuerden no causar problemas, antes de que se dispersen permítanme hablar con lugareños.
—Sí, señor —contestamos.
Mientras continuábamos caminando de repente mi pie izquierdo se hundió entre la nieve y me desequilibré, pero sorprendentemente fui salvada de caer cuando me sostuvieron de la cintura. Saqué mi pie, supuse que era un hoyo que se cubrió con la nieve.
—Gracias Mit —volteé y me callé—... Boruto.
Achicó sus ojos y siguió caminando.
—Gracias —repetí, me sentía avergonzada por creer que Mitsuki me había ayudado.
—¿Estás bien? —Esta vez fue él quien se acercó
—Sí, no pasó nada fue un simple resbalón.
Me sacudí la escarcha del pantalón y procuré andar con más cuidado.
El pueblo frente a nosotros era muy pequeño en comparación con Konoha pero aún así sus casas se veían muy acogedoras. Bastantes chimeneas encendidas fue lo primero que noté junto a ese fuerte olor a madera húmeda.
A pesar del clima, había buena cantidad de personas en el exterior, algunos recogían la nieve que estorbaba en el camino, otros llevaban cargando montones de troncos.
El sargento se detuvo y todos lo imitamos, él veía a su alrededor hasta que nos habló.
—Quédense aquí, iré a hablar con ese hombre.
Sin esperar respuesta, se alejó y nos quedamos de pie en medio de la calle y los transeúntes.
—¿Creen que podamos conseguir empleo? —Cuestionó Inojin— Siento que esto del trabajo jamás nos permitirá avanzar.
—Siendo honesto, estoy comenzando a creer lo mismo —dijo Shikadai.
Mientras esperábamos al sargento Konohamaru, unas exclamaciones de angustia se oyeron a cierta distancia.
—¡Gushi! ¡Gushi baja de allí!
Busqué de dónde provenía aquel lamento y quien encontró primero a la persona, fue Mitsuki. Me di cuenta de ello porque lo vi ir a otra dirección y al ver su espalda alejarse, mis ojos detectaron a una muchachita que intentaba alcanzar a su mascota.
Vi que Inojin se acercó y así lo hice también pero la mano de Boruto me sostuvo de la chamarra.
—Dijo el sargento que no nos movamos de aquí.
—No voy a alejarme mucho.
Me solté de su agarré y fui detrás de Inojin. Cuando llegué, vi que Mitsuki había alcanzado a un cachorro de la rama de un árbol, él extendió sus brazos y lo devolvió a su dueña.
—Gushi —lo abrazó con cariño y sobó su cabeza—, gracias por ayudarme, qué habilidad tan asombrosa tienes.
—¡Ja! ¡Yo también tengo habilidades increíbles! —Alardeó Inojin, la chica dejó de ver a Mitsuki para ver a mi rubio amigo, luego sonrió.
—¿Ustedes no son de este pueblo, cierto? Jamás lo había visto. Déjenme presentarme, soy Sameri Rokujou —hizo una reverencia—, gracias por ayudarme ¿cuál es tu nombre? —Miró especialmente a uno de nosotros.
—Mitsuki —respondió.
—Mitsuki, como la luna... Es un lindo nombre. Gushi también te agradece que lo hayas salvado. Unos niños malcriados me lo arrebataron y corrieron con él, pensé que no volvería a verlo y entonces lo escuché llorar sobre esa rama.
Me quedé viendo a Sameri, tenía ropa muy distinta a la de otras personas. La tela de su abrigo se veía fina y sus botas parecían nuevas. Su cabello negro y limpio estaba recogido en una larga coleta y adornado con un lazo púrpura; además lo que más resaltaba de su peinado era el kanzashi dorado y brillante en su cabellera. Ella no parecía ser cualquier chica, era demasiado bonita y el cachorro entre sus brazos era casi tan fino como ella.
Eché un vistazo a Inojin, su piel pálida había tomado cierto color en sus mejillas, no era a causa del frío, parecía que la muchacha le gustaba. Pero ella seguía viendo a Mitsuki y éste le devolvía la mirada.
Bajé la vista y vi mis pies usando esas botas viejas y feas. Incluso mi ropa era toda espantosa. Las manos delicadas de Sameri estaban impecables, las mías tenían ampollas y una cicatriz se extendía por toda la palma de mi mano. No era demasiado visible y horrorosa, pero la marca allí estaba.
Inconscientemente me estaba comparando con esa chica, después de haber pasado tanto tiempo entre sólo hombres, ella me hizo recordar lo terrible de mi existencia pretendiendo parecer varón.
—¡Chicos, vengan acá!
Me estremecí cuando escuché al señor Konohamaru, Mitsuki hizo una reverencia a la chica y después se dio la media vuelta y me jaló del brazo al igual que a Inojin.
No miré hacia atrás sólo dejé que mis pies me llevaran en la dirección que me arrastraba Mitsuki.
—Oye, no me diste tiempo de presentarme —se quejó Inojin.
—No debieron seguirme —fue lo único que dijo y siguió andando hasta llegar con los demás.
—Bueno parece que ustedes no siguen mis órdenes —el sargento se cruzó de brazos—, les dije que no se movieran de aquí.
—Nosot-
—Fueron a ayudar a una niña que estaba en problemas —Boruto interrumpió a Mitsuki—, parece que su perro no podía bajar de un árbol.
El sargento dejó de lado la severidad de su mirada y suspiró.
—Sólo no vuelvan a desobedecerme, no quiero tener que hacerme responsable si les ocurre algo malo.
—Lo lamentamos mucho, señor sargento —expresé.
—Les tengo noticias —mostró un papel—, aquí se anotan todos los empleos que están disponibles en el pueblo, es como una especie de anuncio para quienes buscan trabajo temporal. El señor de la tienda me explicó que no es muy común que se contraten foráneos por temor a ser víctimas de criminales, pero me entregó copia de este documento porque le mostré mi insignia de sargento de la organización.
Nos acercamos más para ver el papel, había una lista con nombres, direcciones y el empleo que se ofrecía.
—Vamos a analizarlo juntos para ver en qué podemos encajar.
—¿No hay problema si somos menores de edad?
—Bueno Saki, en estos tiempos de inseguridad ya casi no se fijan es eso. Mientras tengan más de diez años es posible encontrar algo.
Estuvimos mirando las ofertas de empleo, no eran demasiadas y algunas especificaban que requerían hombres mayores de quince años. Me llamó la atención leer una que solicitaba una mujer con buena presentación para ayudar en lavandería.
—Disponibilidad para trabajar seis horas de lunes a sábado. Lavado y secado en máquina, registro de bitácora y demás actividades. Salario de 500 Ryō, ¡éste suena bien! —leí en voz alta y luego me enteré que los demás me miraban, Shikadai alzó una ceja.
—Sí, es un buen salario pero ¿ya viste? —señaló con su dedo— Para mujeres, mu-je-res. Ni de locos te contratan.
—A menos que te disfraces de chica —dijo Inojin entre risas y vi que a Boruto le temblaron los labios como si también hubiera querido reírse.
—Chicos ya basta, Saki no se va a disfrazar de nada, déjenlo en paz —habló el sargento.
—Diablos, es que lo acabo de imaginar con vestido y zapatos de tacón.
Inojin logró hacer que Shikadai se uniera a su relajo y en un principio no me molestó pero cuando vi que Mitsuki se cubría discretamente la boca sentí como una bofetada. ¿Verme en vestido sería ridículo? ¿Si un día se enteraban de que yo era una chica, también les causaría gracia?
—¡Basta, ya les dije!
—Puedo hacerlo —hablé, todos se callaron.
—¿Eh? ¿Qué? —Volteó Inojin.
—Puedo fingir ser una mujer para conseguir ese empleo, no tengo problema o ¿qué? Para las chicas está bien si se visten como hombres pero para nosotros es humillante parecer una chica?
—¡Viejo, no! Estaba bromeando, pero definitivamente no hagas esta locura, te van a descubrir.
—Saki, cálmate —me miró el sargento—. Buscaremos algo adecuado para todos. Está claro que es una muy buena paga comparado con algunos otros empleos que son de hasta diez horas pero creo que es muy peligroso que te vistas de mujer, puedes meterte en problemas y como organización perderemos credibilidad.
—No tendremos problemas, le aseguro que haré todo bien.
—Agradezco tu intención pero no es necesario. Vamos a pensar con la cabeza fría y a ser sensatos. A partir de este momento comenzamos una nueva etapa de supervivencia.
—¿Y si igual me presento? Digo, no creo que influya mucho si soy hombre o mujer, sólo es para lavar ropa, es algo que todos hacemos ¿no?
—Eres terco, ya escuchaste que no —habló Boruto.
—Será mejor que primero veamos estos empleos, si al final tenemos que tomar otras opciones entonces puedes ir a preguntar.
Aunque acepté, estaba molesta. Sus preocupaciones absurdas sobre el qué dirán me fastidiaban.
Después de hablar un rato sobre a dónde ir, terminamos visitando el sitio donde pedían trabajadores de limpieza para el campo.
El lugar estaba lejos de la entrada al pueblo, y tras pedir ayuda para saber llegar, finalmente lo encontramos.
—Vaya... Esta debe ser la casa de un hombre sumamente rico —dijo Inojin.
—No lo dudaría ni un momento —complementó Shikadai.
La casa era grande, quizás tenía más de diez habitaciones. El patio, extenso y casi completamente cubierto de nieve. Había tres hombres recogiéndola del suelo y otros dos quitando también nieve del techo de la vivienda.
Los muros no eran tan altos y había dos hombres custodiando la entrada de rejilla metálica. A ellos nos acercamos.
—Buenas tardes, venimos por la oferta de empleo sobre la limpieza —dijo el general.
Los hombres nos miraron.
—Iré a informar al jefe, ¿cuál es su nombre?
—Konohamaru Sarutobi.
—Esperen un momento.
Uno de los guardias se retiró adentrándose al patio. Lo esperamos por unos minutos hasta que él y otro hombre volvieron.
El nuevo sujeto se veía de algunos treinta años de edad y vestía un traje oscuro muy formal.
—¿Cuántos vienen por el empleo?
—Somos seis personas. ¿No hay inconveniente en que estos jóvenes tengan entre doce y trece años?
El hombre nos observó de pies a cabeza.
—Siempre y cuando sean responsables y estén sanos, no hay problema alguno. Pero ustedes no se miran de este lugar ¿son extranjeros?
—Somos de Konoha, tenemos poco tiempo de haber venido para acá y necesitamos trabajar.
—¿Tiene usted algún documento de identificación? El señor no permite contratar gente de fuera, usted sabe, por seguridad.
El sargento buscó dentro de su chamarra y luego de hallarlo, lo sacó. Era como una placa, jamás la vi antes. El hombre la tomó y miró.
—Oh... Es usted miembro de ese famoso escuadrón —volteó con nosotros—. ¿Ellos también forman parte?
—Son aprendices.
—Ya veo. Déjeme hablarlo con el señor, por favor pasen y esperen en la entrada bajo techo.
El señor caminó hacia el interior de la vivienda y el sargento lo siguió. Todos nos miramos y después también fuimos detrás de ambos.
—No sé por qué pero tengo un mal presentimiento —le dije a Inojin.
—¿En serio? A mí me parece muy normal todo esto.
—Sí pero... ¿No es arriesgado que la gente sepa que somos parte del escuadrón?
—Al contrario, nos da cierta popularidad —infló el pecho con orgullo.
—Justamente si intentamos ocultarnos de los criminales, es mejor no sobresalir.
—Saki, deja de preocuparte, no pasará nada malo.
Me hubiera gustado creerlo y relajarme pero no era tan sencillo. Todo ese ambiente me daba muy mala espina.
La espera duró poco, cuando el hombre regresó nos solicitó entrar a la casa pues el señor nos quería conocer.
No fue precisamente el interior del edificio al que ingresamos, sino que había una especie de corredor que nos llevó hasta una sección de la casa; cuando el sirviente abrió la puerta pude ver que era como un despacho.
Dentro estaba sentado un señor canoso de bigote corto, en cuanto nos vio se levantó de la silla.
—Sargento —fue directo a él y estrechó su mano con emoción—, no sabe lo feliz que me hace tenerlos aquí.
La cara del señor Konohamaru me decía que estaba confundido, aquel hombre tardó un rato en soltarle la mano.
—Disculpe mi ignorancia, pero no conozco mucho sobre este pueblo. Perdonará usted si soy grosero al no saber con quién estoy tratando.
—Ah, es cierto. Qué tonto soy —aclaró su garganta—. Hayatori Rokujou, soy el líder de este pueblo.
«¿Rokujou?»
Inojin, Mitsuki y yo nos miramos de reojo.
—Ah, ah ya entiendo, discúlpeme.
El sargento hizo una reverencia y cuando estaba inclinado volteó a vernos indicándonos con su mirada que también teníamos que mostrar respeto.
Todos lo hicimos sin saber muy bien quién era ese hombre.
—Hemos venido por el trabajo.
—Sí, me lo ha dicho mi sirviente, sin embargo hay algo que me gustaría hablar con ustedes.
El hombre vestido de negro se retiró cerrando la puerta. El señor volvió a su asiento de cuero y recargó los brazos en su escritorio.
—Siempre hemos apoyado al escuadrón entregando nuestra aportación al señor feudal, pero desde hace unos meses me llegó el rumor de que este apoyo ya no va a su organización señor sargento, parece que el daimio está desviando los fondos.
El sargento se veía incómodo, probablemente tenía la duda de si nosotros como parte de un nivel inferior estábamos autorizados para escuchar aquella conversación. No obstante, no dijo nada al respecto y siguió escuchando al señor Hayatori.
—Imagino que ustedes ya deben estar enterados.
—¿Puede ser más específico?
—Que ahora nuestro daimio está de lado de Dragón de Koshi. Esto no era lo que los líderes esperábamos, algunos por supuesto se han sumado al apoyo del señor feudal a cambio de favores, mientras que somos pocos los pueblos que aún nos resistimos a esto. No era parte del trato pactar con criminales.
El rostro de aquel hombre se había vuelto uno lleno de preocupación. Junto sus manos y entrelazó los dedos.
—Por ese motivo dejé de enviar mi contribución y ahora temo que haya represalias. Hasta ahora no hemos recibido ninguna invasión pero tengo el presentimiento de que en cualquier momento esos monstruos vendrán y se llevarán a nuestras mujeres, niños y asesinarán a nuestros hombres.
—¿Ha informado de esto a alguien del escuadrón? —Preguntó el sargento.
—He intentado comunicarme con Fugaku pero no he tenido éxito. Desde que sucedió la masacre en el pueblo vecino perdí gran parte de los contactos. Me dijeron que su hijo menor tomó el cargo pero incluso no puedo hablar con él.
El sargento tosió cuando se mencionó lo de la masacre y mis compañeros estaban intrigados, sus reacciones eran fáciles de leer.
—Esperen... ¿no me digan que estamos viviendo en el lugar donde los Uchiha...?
Inojin susurró a los demás, yo no dije nada.
—El comandante Sasuke es difícil de contactar señor Rokujou, pero si hay algo que pueda hacer por usted...
—Necesito que cuiden de mi pueblo, especialmente de mi nieta. Vivo con el temor de que la secuestren y hasta ahora no confío en nadie más. Prometo pagar bien por esta labor, no se procupen por comida o lo que sea que necesiten, yo les proveeré directamente de todo.
El sargento se sobó la frente con su pulgar y dedo medio.
—No estamos completamente preparados para un ataque, ellos apenas son aprendices —nos señaló—. Todavía requieren entrenamiento.
—Pero usted señor sargento, usted es fuerte. Mírelo por el lado positivo, le resultará más sencillo que tener que buscar dinero en otra parte. Tome esto como un apoyo directo al escuadrón que nos protege.
El sargento guardó silencio unos momentos, parecía analizar la oferta. Sonaba bastante bien pero si el señor Konohamaru dudaba tanto era por el temor de que no pudiésemos pelear contra Dragón de Koshi y en parte estaba en lo correcto, nosotros aún no éramos lo bastante fuertes para enfrentarlos.
—De acuerdo —contestó repentinamente—. Haremos tanto como podamos.
—Se los agradezco mucho, de verdad.
El señor Hayatori se levantó para hacer una reverencia.
—Puedo darles una habitación a cada uno.
—No es necesario, seguiremos viviendo en nuestra base. Pero tendremos que asignar turnos para no abandonar por completo este lugar.
—Lo que usted considere necesario señor sargento.
Nuestro nuevo empleo ya estaba definido, aunque saber que comenzaríamos en un sitio susceptible a un ataque no me dejaba estar tranquila.
Inojin ya no va a poder dormir por temor a los fantasmas.
¡Gracias por leer!
