Capítulo 25.- "Pueblo fantasma"

Desde nuestra visita a la casa del señor Rokujou, pasaron días.

El sargento Konohamaru determinó que los primeros tres días trabajaríamos todos por igual para relacionarnos con el sitio. Posteriormente estableció las parejas para turnar horarios pues, así como no podíamos abandonar la casa del señor Rokujou, tampoco quería que la médico Ino se quedara sola.

Aunque existía una base militar a cierta distancia del lugar donde vivíamos y según las palabras del señor Kakashi, ellos estaban al tanto de la seguridad de nosotros. Quizás el señor Hayatori no tenía ni idea.

Luego de que mis compañeros se enteraran de que vivíamos en el antiguo sitio donde habitó el clan Uchiha y el mismo donde casi todos sus varones adultos y jóvenes fueron asesinados, sus caras coincidían expresando cierta angustia, en especial Inojin.

Por desgracia con el nuevo trabajo que desempeñábamos, no teníamos mucho tiempo de sobra para entrenar. Llegó un momento en el que pensé que definitivamente la organización se debilitaría a tal punto de desaparecer.

Si también tenían que trabajar los demás miembros que como nosotros, estaban en fase de preparación, tampoco contarían con mucho tiempo para dedicarse al entrenamiento.

Todo se volvió más que una lucha por derrocar a los malos pues debíamos sobrevivir. Siendo tan jóvenes me desesperaba el hecho de no poder dar más de mí.

—¿Qué tanto piensas?

Inojin fue asignado como mi compañero. Mientras nosotros nos encargábamos de acomodar costales de arroz en el almacén de la casa, Mitsuki y Boruto vigilaban los alrededores de la zona.

—Nada.

Hice un gran esfuerzo para arrastrar un costal hasta la esquina del almacén.

—Has estado demasiado callado desde que llegamos. Es como si algo te preocupara.

—Simplemente me preguntaba si en algún momento tendré tiempo para entrenar. Terminamos demasiado agotados y apenas tenemos tiempo para bañarnos, comer y dormir. A este paso no vamos a hacernos fuertes.

—Saki... ¿No te da miedo?

Volteé.

—¿Qué cosa?

—Pues eso de enfrentarte cara a cara a unos seres tan despreciables como los miembros de Dragón de Koshi. Antes hemos sido atacados y aunque nadie salió gravemente herido, ese día tuve un miedo espantoso el cual hasta el día de hoy me causa vergüenza.

Inojin tenía la mirada perdida como si recordara la escena.

—Yo creo que estuviste fantástico. Hiciste esa ave de tinta y llegamos tan rápido al pueblo que tuvimos tiempo de ayudar.

Se rascó la cabeza.

—¿Eh? ¿Verdad que yo también soy genial?

—Claro que lo eres.

Tomé otro costal y lo arrastré, Inojin me ayudó para levantarlo. Luego su voz se escucho otra vez.

—Hay algo más que quiero decirte. Mi mamá recibió ayer el ascenso a médico, fue notificada por la radio del sargento.

—¿De verdad? ¡Inojin, eso es una muy buena noticia!

A pesar de que aquello era extraordinario, él no se veía muy contento. Borré mi sonrisa.

—Estoy feliz por ella, pero ahora como oficialmente es sargento de la división médica, no podrá quedarse con nosotros.

—Pe-pero ¿no se supone que por regla general debe haber un médico en cada equipo? Si ella se va entonces ¿quién se hará cargo de ese puesto?

Inojin no levantó la mirada y lo entendí.

—Eso significa que tú...

—Eso me dijo mamá. No tengo conocimientos de medicina y comenzará a enseñarme desde hoy tanto como sea posible. Así que seguro el sargento no te lo dijo pero dejaré de venir a trabajar porque es primordial que me enfoque en aprender sobre la salud.

Esa noticia fue impactante, Inojin no se veía muy convencido quizás no quería hacerlo o tenía miedo. Pensé muchas cosas hasta que decidí cuestionarle directamente.

—¿No quieres sustituir a la médico Ino?

—No es eso, lo que pasa es que tengo miedo no poder hacer nada bien. Estar en esto significa que las vidas de los demás están en mis manos y si fallo... corro el riesgo de perderlos. No quisiera que nos atacaran y yo no pudiera ser capaz de salvar a nadie, o incluso si puedo ayudar en algo no bastará si un paciente muere. Sería un cargo de conciencia para siempre.

Levanté su cara sin una pizca de delicadeza poniendo mis manos en sus mejillas. No podía olvidar que yo trataba de parecer rudo.

—A ver... ¿dónde está el Inojin que yo conozco? Aún no empiezas y ya te estás rindiendo, no jovencito, no puedes hacer eso. Si determinaron que tú puedes ser un miembro de la división médica es porque eres apto, vieron algo en ti y están convencidos de que lo lograrás.

Inojin quitó mis manos de su cara para poder hablar.

—Quiero que esto se acabe pronto, Saki. Pero que seamos nosotros quienes ganemos.

—Yo también quiero eso.

Nos sentamos en el suelo para descansar unos minutos.

—¿Has pensado alguna vez qué harías en el hipotético caso de que Dragón de Koshi sea destruido? ¿Cómo sería tu vida? Yo quiero vivir en una casa con un amplio jardín decorado.

—¿Decorado?

—Como en los libros que papá me regalaba. Había fotografías de casas así, con jardines verdes y llenos rosales. No sé, me transmitían paz.

—Ah, ya veo. Entonces eso quieres hacer.

—Nunca he vivido en una casa normal, estas veces han sido parte del escondite y entrenamiento pero quiero sentir la libertad ¿sabes?

Abracé mis rodillas.

—Sí, sé a lo que te refieres.

—¿Y a ti qué te gustaría hacer?

Me puse a pensar, dentro de mis planes estaba volver a vivir con mamá, pero no podía decirle eso. Sin embargo, luego de todo lo que había vivido en el periodo que me aceptaron en el escuadrón, empecé a tener más anhelos.

—Me gustaría dar clases de combate, claro, si es que me vuelvo una persona más fuerte. Quiero que los niños que se sienten débiles sepan que pueden superar eso.

—Hmm... Pero si Dragón de Koshi es derrotado ¿no sería innecesario?

—Tal vez, pero uno nunca sabe lo que pueda ocurrir. No hablo sólo de entrenar hombres, creo que las mujeres también deben aprender. No creo que en dado caso que el enemigo desaparezca, el escuadrón se disuelva.

—¿Por qué lo dudas?

—Quizás porque es una organización muy importante y el comandante no tiene cara de tirar a un lado todo. Se ve como un hombre que respeta mucho el legado de su padre, aunque tenga esa cara de gruñón. Si Dragón de Koshi es derrotado, quizás el escuadrón se convierta en algo como la policía ¿no crees?

—Sí, tal vez eso pase. En ese caso tú podrías trabajar en la policía y en el caso de que yo me volviera médico podría tener mi propio consultorio aunque también me gustaría dar clases de dibujo.

Mi corazón se sintió lleno de paz cuando vi el rostro de Inojin; hablar de nuestros sueños era una forma de escapar de la horrible realidad de vivir sometidos al temor.

Hasta ese momento nunca me detuve a imaginar escenarios donde a parte de recuperar a mamá, también pudiera llevar otra vida.

—Hay otra cosa que quiero —dije—, pero quizás parezca tonta.

—¿Qué es?

Respiré hondo y solté mis rodillas para extender mis piernas.

—Quiero cuidar del señor Kakashi.

—¿Eh? Bromeas ¿el general Hatake? —Afirmé— ¿Qué? ¿Saki, tienes fiebre?

Me reí.

—No, lo digo en serio.

—Pero ¿por qué?

—Porque él es una buena persona y cuando acabe esta guerra, él quizás se quede solo. No quiero que esté solo, eso es algo muy feo y él ha sido como un héroe, no merece vivir así.

Inojin se cruzó de brazos.

—Eres extraño, Saki.

Volvimos a nuestro trabajo y por el resto de la jornada no hablamos más de nuestros sueños.

(...)

Cuando se llegó la hora de regresar a casa, en el camino para salir del terreno de la residencia, Inojin y yo nos topamos con Boruto, Mitsuki y Sameri. Ella también les acompañaba y al vernos levantó la mano para saludarnos.

—¿Ya van a volver? —Preguntó Mitsuki.

—Sí, el sargento y Shikadai vendrán a vigilar la zona —dijo Inojin y luego noté su timidez ante la joven.

—Gracias por su trabajo —expresó ella.

—¿Ustedes cuándo terminan su jornada? —Fue mi turno de preguntar.

—Yo ya me voy —respondió Boruto.

—Yo me quedaré un rato más —dijo Mitsuki—, el señor Rokujou me pidió que escoltara a su nieta, ella tiene que ir al pueblo.

—Disculpa la molestia, agradezco mucho que aceptaras acompañarme.

Mitsuki movió la cabeza.

—Está bien, es mi trabajo.

Odiaba la idea de que se vieran tan bien juntos, pero sería engañarme si me aferraba a creer lo contrario. Sameri tenía el cabello sedoso y largo así como Mitsuki dijo que le gustaban las niñas.

—¡Saki, te cortaste!

Reaccioné, Sameri había tomado mi brazo y notó un corte que yo ni siquiera vi. Hasta que mis ojos lo captaron fue que comenzó a molestarme.

—Ah, supongo que fue con algún barrote del almacén pero no se mira profundo el corte —contesté, ella metió la mano en el bolso que traía colgando y le cruzaba el torso.

—Te pondré esto para que no se infecte.

Me pegó una tira adhesiva, me fijé bien y percibí que dicha bandita tenía figuras, eran fresas.

—Disculpa, sé que parece cursi pero así las compré porque me gustaron —juntó sus manos—. Puedes tapar la imagen con algo si te da pena.

—No, está bien. Gracias.

Me quedé mirando la tira y dejé de hacerlo al oír de nuevo la voz de Sameri.

—Mitsuki ¿vamos?

—Claro. Chicos, vuelvan con cuidado —nos dijo.

Sameri y él se fueron por otro camino; me habría quedado de pie observándolos sino fuera porque Boruto me empujó para hacerme caminar.

—Vámonos ya ¿o te piensas quedar aquí todo el día?

Mis pies se movieron y me concentré en lo que había al frente tratando de ignorar la otra escena.

Cuando llegamos a la casa, el sargento nos reunió para hablar del cambio que surgió por el asunto con la médico Ino.

Nos explicó que por orden del teniente Uzumaki y con el permiso del comandante, la señora Yamanaka sería llevada a otro centro para que comenzara su trabajo como sargento de su división. Además nos aclaró que así también él en algún momento tendría que marcharse para inspeccionar a los demás miembros de infantería pero antes de que eso sucediera, habría que hallar un miembro del escuadrón que se quedara en su lugar por el tiempo que él no estuviera presente.

Todos esos cambios no hacían otra cosa sino estresarnos. No habíamos tenido entrenamiento y por lo mismo no sentía que avanzáramos.

La señora Ino habló conmigo en una oportunidad y me dijo que cuando ella se fuera yo tendría que ser más cuidadosa, pues sin ella a cargo de nuestra salud, no habría quién me encubriera el hecho de ser mujer.

Inojin se quedaría en su lugar y entonces pensé si sería buena idea confesarle que yo no era Saki, sino Sarada y era una chica.

¿Me ayudaría a guardar el secreto?

(...)

Después de que Inojin empezó a quedarse en casa para estudiar, el sargento decidió que Boruto, Shikadai y Mitsuki fueran un equipo mientras él y yo seríamos el otro.

En una ocasión tras mi jornada, me dispuse a entrenar por mi cuenta.

Estaba intentando expandir mi gran llama pero tal como lo dijo el general, no se me daba bien.

Como no podía usar mi sharingan frente a los demás aproveché que el sargento se quedó en el pueblo vecino para comprar provisiones y fui más allá de la colina donde un gran número de casas abandonadas eran parte del paisaje.

Anduve por la calle solitaria y donde la hierba de las orillas creció y se marchitó.

Todo el lugar causaba un dolor inmenso, algo en el ambiente, el silencio desolador y el triste panorama donde sólo quedaba el recuerdo de lo que una vez fue un sitio lleno de vida.

Todavía era de día pero aún así cada paso que daba adentrándome, me causaba cierto miedo.

Entre las calles y las viviendas, encontré un templo pequeño donde muy a penas podían caber dos personas. No quería entrar, me mantuve viendo la fachada y lo empolvado del suelo y las puertas. Tenía un símbolo pintado como un abanico de mano, pero el color se estaba cayendo por lo desquebrajado de la madera.

Miré detrás de mí y había una fuente que no funcionaba, tenía agua estancada, posiblemente residuos de la nevada de unas semanas atrás.

Seguí caminando hasta llegar a lo que parecía una tienda. Las puertas estaban cerradas con un candado oxidado y las ventanas tapadas con madera. Después de la masacre quizás los miembros del escuadrón se encargaron de limpiar todo o quizás en el interior aún había manchas de sangre seca y por ese motivo eligieron cubrir todo.

Continué mi camino y me detuve al ver que una de las construcciones no poseía candado en la puerta. Me aventuré a ver si podía abrirla pues el lugar era pequeño y no parecía una casa sino un despacho. Al acercarme noté el pequeño letrero pegado que decía "registro público".

Giré la perilla y sorprendentemente se abrió. Tragué saliva y me quedé con la mano puesta sin moverme. Dudé de empujar la puerta, no sabía qué encontraría allí.

Mi corazón empezó a latir velozmente pero agarré valor y abrí un poco con la intención de asomarme rápido, sin embargo puedo asegurar que algo jaló la puerta del otro lado y ésta se abrió completamente haciémdome estirar todo el brazo y casi tropezar.

Me estremecí pero me relajé un poco cuando vi que dentro no había más que archiveros, un escritorio y un abanico de techo. Todo completamente lleno de polvo. Algunas telarañas y un cuadro tirado bocabajo en el piso.

Fui hasta él y lo levanté, entonces oí los pedazos de vidrio caer, estaba quebrado el vidrio protector. La imagen en el cuadro era de hombres uniformados, al pie de la foto sólo decía "Policía".

Con cuidado de no cortarme puse el cuadro sobre el escritorio y miré los libros gruesos sobre éste, abrí uno y las anotaciones eran nombres y fechas, no entendí su función y volví a cerrarlo.

Limpié con mi mano el polvo de un archivero y al querer estirar el cajón me di cuenta que tenía seguro. Lo mismo pasó con los otros hasta que al jalar con fuerza uno pensando que no abriría, se salió casi todo y yo caí de sentón al piso.

—Auch... Qué suerte tengo.

Me sobé y arrimé para inspeccionar el interior del cajón pero sólo encontré carpetas con un montón de papeles. Antes de decidir abandonarlos me puse a darles una hojeada y mientras pasaba con velocidad las páginas mis ojos captaron una palabra, volví a buscar el texto hasta que por fin lo localicé.

—Fugaku y Mikoto Uchiha... Esto es una copia de un acta de matrimonio —pasé mis dedos por la hoja y vi la edad en la que se casaron—. Vaya, ella sólo tenía veinte años.

Estaba muy ocupada leyendo el papel hasta que claramente oí una voz que me congeló por completo.

—Niña...

El tono era como un susurro que me heló toda la espalda y no sentí mi respiración. Despacio y temblando guardé la carpeta y lentamente me fui poniendo de pie, de reojo pude ver una sombra pasar por fuera del despacho y mi corazón martilló a gran velocidad. Lo único que pude pensar fue que tenía que irme de allí.

Cuando volví al exterior a plena luz del día y con mi pecho subiendo y bajando miré a todos lados, estaba convencida de que vi algo pasar y temía que fuera un fantasma enojado porque estuve husmeando. Mis piernas seguían temblando, la puerta detrás de mí se cerró y eso me hizo brincar de miedo y gritar; me cubrí la boca y como pude me las arreglé para alejarme.

—Lo siento, lo siento no quise entrometerme. Por favor perdónenme —llevé mis manos al pecho—. Ya me voy.

Di unos pasos atrás y lo peor fue cuando a lo lejos se oyó que algo se rompió. Mi piel se erizó tan dolorosamente y el miedo fue tal que ni siquiera pude llorar, sólo cerré los ojos y apreté los puños a mi costado.

Intenté tranquilizarme, recordando que el general me dijo que los fantasmas no existían. Respiré, primero corto después más profundo. Abrí los ojos y todo parecía normal; ya no se escuchó nada.

Según sabía, el sharingan podía detectar cualquier movimiento y seguirlo. Me hallaba asustada en medio de una calle abandonada, una parte de mí creía en cosas paranormales de otros planos, y si de algo me servía activar el sharingan para defenderme y poder volver a casa sin preocupación, entonces lo utilizaría como medida de defensa.

Y así lo hice. Activé el sharingan pero justo en el momento que lo hice, como si un velo que cubría mis ojos cayera, a unos metros de distancia se encontraba un hombre. Allí de pie, con un aspecto extraño y mirándome fijamente. No lo soporté y me quedé inconsciente.

—Saki, ¡hey Saki, despierta!

Palmaditas en mi cara y un fuerte olor a alcohol fue suficiente para hacerme despertar. Al hacerlo no me acostumbraba a mi alrededor y veía a todos como extraños hasta que mis recuerdos volvieron.

El señor Konohamaru, sentado al borde de la cama donde yo estaba acostada y en un lado, Inojin y la señora Ino.

—Saki, qué alivio —pronunció Inojin—. ¿Cómo te sientes?

No contesté en el momento, los pensamientos sobre lo que vi surgieron y no me explicaba cómo volví a la casa. Miré al sargento.

—Les dije que nadie puede ir al interior del barrio Uchiha.

—¿Cómo regresé? —Aún me sentía desorientada.

—En cuanto regresé del pueblo me dijeron que entrenabas en el exterior, te fui a buscar pero no estabas donde habitualmente lo haces. Supuse que te picó la curiosidad por ir a echar un vistazo luego en efecto, allí te hallé pero tirado en la calle y sin reaccionar.

—¿Qué fue lo que te pasó? ¿Alguien te atacó?

Me sobé la cabeza. No podía hablarles de mi sharingan ni al sargento o a Inojin.

—Yo vi a un hombre, un hombre raro de cabello largo que estaba parado en medio de la calle —pestañeé recordando la escena—. Él también me vio y entonces me desmayé.

—¿Cree usted que haya criminales escondiéndose en este pueblo? —El sargento le preguntó a la médico.

—No lo creo, yo ya hubiera detectado sus chakras.

—Era un fantasma —dije.

—No hay fantasmas —replicó el sargento.

—Pero él sí era uno, no estaba allí y de repente apareció.

—¿Lo viste desvanecerse?

—No, pero sé que no se trata de alguien vivo. Su aspecto, su presencia... Algo en él no se sentía con esencia humana. No puedo explicarlo.

El señor Konohamaru se cruzó de brazos y estiró los labios.

—Bueno, por ahora trata de olvidar todo eso y no vuelvas a pisar ese sitio. Tenemos órdenes de no profanar el lugar donde murieron muchas personas.

—¿Y si el fantasma quería decirte algo?

—Inojin —la médico miró de forma severa a su hijo—. Vámonos, todavía no terminas lo que tienes pendiente.

—Saki, descansa un poco más. Has estado trabajando duro.

Salieron de la habitación y allí me quedé pensando en todo lo acontecido. Gracias a mi sharingan fue que pude verlo, ¿y si Inojin tenía razón?

Luego recordé el susurro.

—Me llamó niña. Sabe lo que soy en verdad.


Sé que quieren saber qué pasó con Itachi pero aún no lo puedo añadir porque no encajaría con el rumbo de la historia. Así que paciencia. Gracias por leer.