Capítulo 26.- "Un acto de egoísmo"
—Oye viejo, ¿no vas a desayunar? No has sido el mismo desde ese día que fuiste al interior de este pueblo. ¿Tanto te afectó ver un fantasma?
Inojin me miraba de pie mientras yo me ponía los zapatos. Mi jornada empezaba a las siete de la mañana y faltaban cuarenta minutos. Después de lo sucedido, mi cabeza dio tantas vueltas preguntándome una razón lógica para todo lo que pasó.
Hablé a solas con la señora Ino y le dije sobre mi sharingan, el cual al activarlo me permitió ver a ese ser misterioso. Su conclusión fue que posiblemente mis ojos poseían la capacidad de ver la energía que quedó estancada en aquel sitio y donde tantas personas murieron.
Pero ese ente que me llamó niña no parecía ser mera energía. Su presencia se sentía tan poderosa que perdí el conocimiento. No hallé explicación y elegí no hablar más de ello hasta ver al señor Kakashi, seguro que él tendría una mejor visión de esto.
—Estoy bien, no te preocupes. No volveré a ese lugar.
—¿Sabes? Creo que deberíamos ir juntos.
—Tenemos prohibido poner un pie allí, no quiero que nos metamos en más problemas. Por ahora concéntrate en tu aprendizaje.
Me puse de pie y me cerré la chamarra, el sargento llegó a la sala y noté que se estaba subiendo la cremallera del pantalón.
—Veo que ya estás listo —me dijo—. Sólo permíteme ponerme las botas y nos vamos. ¿Ya regresaron Shikadai y Boruto?
—Deben venir en camino, seguro que los encontramos cuando nos vayamos.
—Viendo lo tranquilas que están las cosas acepté que ellos dos vigilaran en la noche pero estoy considerando cambiarme al turno nocturno, no me parece muy adecuado que esos chicos se queden en vela. Quizás podamos turnarnos para esto.
—Lo que usted decida, señor sargento.
—Vayámonos, Saki.
(...)
Llevábamos poco más de tres semanas trabajando con el señor Rokujou, mientras ciertos días unos vigilaban, otros hacíamos labores de limpieza; dependiendo de las necesidades que surgieran.
Durante este tiempo me distancié bastante de Mitsuki, casi no conversábamos y nos veíamos muy poco. Él estaba en todo momento con la nieta del señor, Sameri. Era obvio que ella se interesó por Mitsuki, y podría decir que todos los demás nos dimos cuenta.
Shikadai se lo contó a Inojin, eso me pareció imprudente de su parte pues también sabíamos que a él le cautivó la chica. No obstante, Inojin no le dio tanta importancia y continuó estudiando sin reprochar.
Aunque para Mitsuki todo parecía ser simplemente parte de su trabajo, quizás él no lo notó o tal vez no le importaba. Eso quise creer para matar mi ruidosa mente que elaboraba conjeturas.
Cierto día terminé mi trabajo antes de que mi jornada acabara, aunque de todos modos tuve que ver la forma de matar el tiempo y cuando volvía del granero vi a Sameri junto a una mujer joven que vestía el uniforme de las empleadas.
—Señorita, es importante que lo haga, su abuelo me lo pidió.
—Es que todas las prendas son horribles, no me pienso probar ninguna.
A primera vista podría interpretar la escena de esta forma: Sameri estaba haciendo berrinche porque querían que se probara ropa que a ella no le agradaba. Pero la situación se tornó distinta cuando al hacer contacto visual conmigo, sonrió lo más natural que pudo.
—Buen trabajo Saki, gracias por ayudarnos —hizo una reverencia.
—Sí...
No supe qué responder, la mujer volvió a insistirle y Sameri se veía bastante incómoda, pero en su mirada había algo que no parecía ser un mero berrinche adolescente.
—¿Puedo ayudar en algo?
Abrí mi bocota y me di cuenta hasta que terminé la pregunta, Sameri pasó saliva y se acomodó el listón de su vestido.
—Déjanos a solas por favor —le solicitó a la empleada, ésta hizo una reverencia y se fue—. Es bastante molesto, mi abuelo se vuelve paranoico.
—¿Ocurre algo malo?
La chica se cruzó de brazos y puso una mirada triste. Anteriormente jamás había hablado con ella de una forma tan personal, sin embargo parecía necesitar desahogarse con alguien.
—Mi abuelo dijo que quiere enviarme a vivir en otro país, para protegerme de los criminales que roban mujeres.
—¿Y no quieres irte? —Ella me miró casi indignada— No, sólo es una pregunta para entender tu postura.
Suspiró.
—No quiero hacerlo, sé que nada malo me pasará. El abuelo cada día se pone más loco.
Me quedé mirándola sin decir nada y en mi cabeza se creó la idea de que quizás se negaba a irse porque quería seguir cerca de Mitsuki.
—¿Tengo algo en la cara? —Se llevó una mano y tocó su piel con cuidado.
—Ah, no... Lo siento por mirarte de esa forma. Pero entonces ¿qué vas a hacer?
—Mi abuelo me dijo que si me resisto a irme, entonces tendré que vestirme como hombre y cortarme el cabello ¿puedes creerlo? ¡Es ridículo! Perder mi cabello que tanto me ha costado mantener así de sano y bonito.
Inconscientemente también me llevé una mano a la cabeza para sentir los mechones cortos de cabello. Recordaba bien esa noche cuando frente al espejo del baño miré a Sarada por última vez, o al menos así lo creí por algún tiempo. Sarada no podía limitarse a ser sólo una niña con el cabello largo.
—No puedo Saki, tú no lo entiendes porque eres un chico pero una niña no puede verse como uno de ustedes.
—Quizás no tengas que cortar todo el largo de tu cabellera. ¿Has visto a Shikadai?
—¿Quién es Shikadai?
Bueno, me dejó claro que durante este tiempo no le interesó conocer al resto. Además, pasaba gran parte de su tiempo con Mitsuki.
—Es otro de mis compañeros, el chico pelinegro con la coleta.
—Ah, él... Bueno —se sobó la barbilla—, pero su cabello se mira muy diferente al mío. Aunque tienes razón, yo podría usar una coleta más corta, pero Mitsuki dijo...
Guardó silencio y sus ojos se movieron para verme, como si hubiese dicho algo inoportuno de repente su cara se puso colorada.
—¿Eh?
Sus labios temblaron y casi podría jurar que Sameri se hizo pequeñita con lo cohibida que se puso.
—A mí... me gusta Mitsuki.
Estaba tan nerviosa que evitó mirarme a los ojos y su pose se convirtió en un escudo para protegerse con sus brazos mientras los cruzaba sobre su pecho.
—Ah, entiendo —fue lo que contesté.
—¡No se lo digas por favor! —Suplicó juntando sus manos— No quiero que él lo sepa, al menos no de esa forma. Prefiero ser yo quien se lo diga.
Sentí que mis manos temblaban y cerré los puños dentro de los bolsillos de mi chamarra para evitar que lo notara.
—¿Se lo dirás?
Movió su cabeza.
—Sí pero todavía no estoy preparada.
—¿Por eso no quieres irte, verdad?
Su semblante me dio la respuesta.
—Pero tampoco me quiero vestir como un chico porque Mitsuki me dijo que le gustan las chicas que tienen el cabello largo y que sonríen mucho. Si me veo como un hombre, él no se va a interesar en mí y no quiero perder mi oportunidad por una tontería así.
—Tenemos doce años.
—Yo tengo casi catorce y Mitsuki está por cumplir trece —expresó con claridad.
—¿Mitsuki te lo dijo? Me refiero a eso de cómo le gustan las niñas.
—Pues... sí. Platicamos un montón y yo —hizo una pausa y se ruborizó—, yo se lo pregunté. No creo que sea malo que una mujer quiera verse tal cual le gusta a esa persona especial ¿no? ¿Saki?
Los puños dentro de mis bolsillos se tensaron.
—¿Crees que estoy siendo dramática?
—No, por supuesto que no —expresé, pero no la vi directamente sino que perdí mi vista en el jardín frente a nosotras.
—En ese caso voy a hablar con mi abuelo, le diré que deje de ser tan terco en-
—No creo que tu abuelo haga esto por exagerado o por molestarte —interrumpí—. Él sólo quiere protegerte porque te ama y no quiere perderte.
Sameri se me quedó mirando.
—Mitsuki me dijo que ustedes dos son huérfanos, lamento si dije algo inoportuno Saki.
Su voz sonó arrepentida y en un acto de pena, sujetó la tela de su ropa. La verdad en ese momento comparé ambas situaciones. Mamá quería protegerme y por eso me pidió que me ocultara, así lo hice aunque tuviera que cambiar todo mi aspecto.
—Comprendo que te sientas frustrada por dejar de vestirte como te gusta, pero piensa que sólo será por un tiempo mientras todo esto se termina. Estoy seguro que ganaremos esta guerra.
Sameri se miró desde los pies hasta el pecho.
—Tengo sólo hoy para hablar con Mitsuki sobre mis sentimientos.
—¿Hoy? ¿P-por qué?
—Porque hoy es el último día que me dio mi abuelo para aceptar mi cambio de aspecto o me enviará a otro país. No quiero que Mitsuki me vea vestida de chico sin saber lo que siento, tengo que confesárselo antes de todo esto y así, sea cual sea su respuesta sé que no me arrepentiré.
No contesté, me limité a observarla aunque por dentro no me invadía la alegría por ella sino que estaba algo triste. Sameri tenía esa valentía de hablar de sus sentimientos y por desgracia coincidió que ambas nos fijamos en la misma persona, pero por el contrario yo no estaba dispuesta a hablar de ello.
Sólo podía ver cómo las oportunidades pasaban por mi cara y sonreír cada día con la esperanza de que esas emociones fueran pasajeras y un día despertar sin nada más en mi corazón que me hiciera sentir atraída por Mitsuki.
Sameri era amable y no podía odiarla, no, no tendría sentido que lo hiciera.
—Saki ¿puedes hacerme un favor? Verás, hoy no veré cuando llegue Mitsuki porque tengo que hablar con mi abuelo y decirle que acepto su propuesta.
—¿Y qué favor quieres que yo haga?
—Bueno... Sé que te lo encontrarás en el camino a tu casa porque su turno empieza a las tres de la tarde. Entonces... Cuando lo veas dile por favor que lo estaré esperando en la entrada del bosque, donde está el puente de madera.
—Pero, pero tú lo verás más tarde ¿no? Ustedes dos siempre están juntos. Puedes decírselo cuando termines de hablar con tu abuelo.
—No tendré tiempo, tengo que cambiarme de ropa y prepararme. Son cosas de chicas, no vas a entenderlo. Sólo díselo por favor.
Tomó mis manos y me miró suplicante. En esos momentos mi mente se hallaba confusa y aunque no tenía muy claro lo que pasaba por ella, con dificultad acepté tan sólo moviendo mi cabeza. Sameri sonrió ampliamente y se vio radiante, tanto que fue incluso doloroso admitirlo.
—Gracias, gracias Saki.
Tras eso abandonó mis manos y se fue al interior de su casa. Allí me quedé un rato en silencio imaginando las posibles escenas de la confesión y las distintas reacciones de ambos. ¿Por qué en el bosque? ¿Por qué no decírselo como algo casual?
Sameri quería verse linda para que Mitsuki no dudara en aceptarla y aprovechar la lejanía para que ninguno se avergonzara de ser escuchado.
Todavía no me reponía de mi estado emocional cuando sonó el reloj de la torre del pueblo y mi jornada terminó.
Volvía yo sola a la casa, el sargento se quedó y no me dio razón. Todo el camino mis pasos fueron lentos y titubeantes, no quería encontrar a Mitsuki, prefería que él se hubiese ido por otro lado y así no tener que darle el recado pero allí iba caminando, lo distinguí desde lejos y con cada pisada nuestra distancia se acortó.
Una leve sonrisa me ofreció como saludo de colega a colega y yo por más que quise devolver el gesto, me quedé trabada en el silencio.
—¿Te fue bien en tu turno? —Preguntó al detenerse.
—Sí.
No pude hablar más y seguro que él se dio cuenta.
—¿El sargento dónde está?
—Se quedó en el pueblo, creo que tenía asuntos pendientes.
Nos callamos y se volvió incómodo, él apenas iba a hablar cuando en un impulso me adelanté y fue muy tarde para parar.
—¿Qué vas a hacer hoy? —Pregunté— Quiero decir ¿qué trabajo tienes que hacer hoy? ¿Vas a estar con la chica?
—Ayer me dijo el mayordomo que la señorita estaría ocupada y no saldría de casa por lo que no habría necesidad de ser su escolta así que me pidió que ayude a limpiar el establo.
—Ah, con que es así.
Mitsuki me buscó la mirada.
—¿Pasa algo?
Me quedé viendo sus ojos miel y mis labios temblaron. Era el momento de decirle que Sameri lo esperaría en la entrada al bosque.
«No quiero decírselo, no quiero hacerlo»
—Pues verás...
«Ella me lo pidió de favor, ella lo estará esperando»
—Lo que pasa es que...
Mi corazón latía tan rápido cuando veía a Mitsuki que supe que sería más difícil de lo que pensaba poder olvidarme de él y verlo como aquel chico misterioso que se enfrentó a mí en el examen para ingresar al escuadrón.
—¿Qué?
«No puedo, no quiero que vayas»
—Sólo esfuérzate —le pegué en el hombro—, haz un buen trabajo limpiando ese establo. Hoy me toca hacer la cena así que te guardaré un platillo para cuando llegues.
—Oh, me agrada como suena eso. Aquí entre nos, tú eres el que mejor cocina de los otros chicos.
—¿Eh? ¿Te gusta mi comida?
—¿No te lo había dicho?
Sonrió y me palmeó el hombro, luego empezó a caminar.
—Mitsuki —volteó.
—¿Sí?
Me sentía extrañamente contenta y mi respiración se aceleró.
—Hmm nada, ten un buen día.
—Claro, nos vemos en la noche.
Aunque me llené de una rara felicidad tras oír que le gustaba mi comida y que le parecía la mejor de todo el equipo, volví a la realidad apenas visualicé el pueblo donde vivíamos, aquel sitio abandonado y triste.
Sameri confió en mí y yo no le dije nada a Mitsuki, ése fue el acto más ruin y egoísta que pude cometer. La conciencia no me dejaba en paz y me paré un momento para calmar mi angustia. Masajeé mi frente y respiré hondo.
—Eres horrible Sarada ¿cómo pudiste?
Me mordí el pulgar y pensé en excusas para el siguiente día, mas aún así sabía bien que lo que hice fue cruel. Mi envidia, mis celos ¿qué pasaba conmigo?
Una helada brisa recorrió toda mi piel y me estremeció, miré hacia un lado y desde mi posición se contemplaba perfectamente el lugar donde me adentré en días anteriores. Me daba escalofríos pero también era como si esa voz que susurró me llamara a volver.
Sacudí mi cabeza y cambié mi dirección para evitar mirar el pueblo y volver pronto a casa.
(...)
El viento se intensificó entre las cuatro y siete de la tarde. Preparaba la cena y al mismo tiempo observaba por la ventana de la cocina cómo se balanceaban las ramas de los árboles. Mi corazón no estaba tranquilo, existía una batalla interna donde Sarada le reclamaba a Saki lo que le hizo a Sameri.
Por andar despistada sentí un ardor en mi dedo y cuando miré noté que me corté con el cuchillo.
—¡Saki!
Inojin se acercó, ni siquiera había notado su presencia.
—No fue muy profunda la herida, sólo me lavaré y me pondré una tira adhesiva.
Enjuagué mi mano en el chorro de agua helada del fregadero.
—Oye ¿te sientes bien? Te he visto muy callado desde que llegaste. ¿Te regañaron?
Inojin era demasiado observador, o al menos se estaba convirtiendo en uno. Siempre al pendiente de mis cambios de ánimo, me costaba inventar algo para mantenerlo tranquilo.
—No me gusta el invierno —dije. No era del todo una mentira.
—Ah, ya lo capté. Te deprime esta estación.
—Algo así. Por cierto ¿cómo vas con tu aprendizaje?
Sacó el vaso de la cafetera y se sirvió en una taza, de pronto lo vislumbré más relajado y contento.
—No soy tan malo como creía —presumió—. Mamá dice que si continúo de esta manera, pronto estaré preparado para presentar el primer examen y ser parte del cuerpo médico.
—Eso suena bastante bien, ¿ya ves? Te dije que no tuvieras miedo.
Continuamos hablando hasta que terminé la cena y él me ayudó a acomodar los cubiertos sobre la mesa. Shikadai y Boruto se estaban preparando para ir a la casa del señor Rokujou, su turno iniciaba a media noche y terminaba a las siete de la mañana.
—Chicos, vengan a cenar —fui a hablarles pero sólo encontré a Boruto quien se amarraba una venda en su mano izquierda—. Uhm... La cena está servida.
—Iremos en un momento.
—¿Te pasó algo en la mano?
—No es nada grave, estuve entrenando con mi rasengan y quise combinarlo con el elemento rayo. Creo que no fue muy buena idea.
En ese instante recordé que él quería que tanto Mitsuki como yo entrenáramos juntos este elemento. Desde ese entonces nada extraordinario sucedió con nuestro empeño y poco a poco dejamos de dedicar tiempo a mejorar nuestras habilidades, pero Boruto sí siguió entrenando por su cuenta.
—Tal vez debas preguntarle al sargento cómo manipular el rayo.
Chistó.
—¿Y crees que tiene tiempo? Todos trabajamos, terminamos cansados y no nos queda chakra para emplearlo en nuevas técnicas. No sé tú pero yo me doy cuenta de que somos la peor generación del cuerpo de infantería.
—No es nuestra culpa, antes se contaba con el apoyo financiero y ahora tenemos que conseguir dinero para comer.
—Exactamente, pero tampoco podemos vivir todo el tiempo trabajando y entrenando ¿cuándo habrá oportunidad de encontrar a Dragón de Koshi? Siempre son ellos los que nos encuentran.
Existía mucha verdad en las palabras de Boruto, él dijo justamente lo que yo pensé cuando iniciamos esta nueva forma de vida. También me desesperaba que mis pasos se vieran entorpecidos por dedicar los días al trabajo y no a buscar a mi madre, ella era la razón principal por la que me atreví a intentar ser parte del escuadrón.
—No hay nada que podamos hacer por el momento, así que vayamos a cenar.
—Shikadai —Boruto miró al pelinegro, éste acaba de cruzar por el pasillo.
—También me siento cansado de estar perdiendo el tiempo pero oyeron al general cuando nos reveló que estamos perdiendo apoyo. No somos quiénes para contradecir sus planes y aunque suene egoísta debemos seguir confiando que ellos están planeando algo para enfrentar a Dragón de Koshi.
—No podemos depender de ellos, sé que algo nos ocultan —insistió Boruto.
—Es probable que sí, que nos estén mintiendo pero también sé que si lo hacen es porque no quieren mortificarnos. Ellos son los expertos y tienen años en esto.
Puedo decir que la cena fue tan insípida, al menos para mí. No hubo un sólo segundo que no dejara de pensar en lo que acontecía en la organización.
Todo apuntaba a que Dragón de Koshi había ganado más terreno que nosotros y si las cosas seguían así, pronto todo el país estaría bajo su poder. Pero ¿quién era su líder? ¿El comandante lo sabía?
Desde que entré al escuadrón jamás escuché nombres del enemigo; vi enmascarados, bestias abominables pero nada más. No conocía jerarquía, puestos, absolutamente nada. ¿Quiénes eran ellos y por qué consiguieron tanto poder? ¿Cómo lograron convencer al señor feudal para que los apoyara?
Esa noche quería dormir para no estar despierta cuando Mitsuki llegara ya que sabía que al oír sus pasos mi cabeza otra vez echaría a andar la culpa y la conciencia no me dejaría tranquila. Quise creer que estaba haciendo una tormenta en un vaso de agua y que al día siguiente todo sería normal.
Lo que sea que hubiese pasado con Sameri y Mitsuki, tanto si ella pudo confesarse o no lo consiguió, no quería que me importara.
(...)
Al otro día el sargento y yo trabajamos en conjunto limpiando una bodega. Mientras él cargaba costales con semillas, yo recogía la herramienta y la limpiaba con cuidado. A pesar de eso, ambos estábamos llenos de suciedad.
Tuvimos un descanso de diez minutos antes de continuar, y durante ese lapso estuve pensando en la chica. Por fortuna no andaba cerca de allí y nuestras miradas no coincidieron, no obstante sabía bien que en cualquier momento nos podríamos encontrar.
No tenía idea de lo que sucedió el día anterior pero recordaba que Sameri dijo que su abuelo le dio hasta ayer para tomar una decisión.
—Saki, ayúdame a empujar las puertas para colocar el candado.
—Sí señor.
También mi cerebro estaba invadido por las palabras de Boruto y mis preocupaciones aumentaron. Me comencé a estresar demasiado y no podía evitarlo.
Después de mucho trabajar terminé agotada, apenas y pude andar unos pasos para tomar aire y descansar pero gracias al cielo la jornada terminaba.
—Buen trabajo Saki.
El general se posicionó a mi lado y se sacudió las manos en su ropa, también respiraba agitado y aunque era invierno, seguro que ambos estábamos acalorados por tanto esfuerzo físico.
—Sargento Konohamaru —el mayordomo se apareció ante nosotros.
—¿Uh? —El sargento volteó— Sí ¿qué pasa?
—Antes de que se marchen, pueden tomar una ducha en las regaderas de los empleados. Veo que están completamente sucios.
—Lo agradecemos mucho aunque no creo que sea necesario.
—Por favor, el señor Rokujou les ha visto esforzarse mucho y me pidió que les entregáramos ropa nueva. Las regaderas tienen agua caliente si eso es lo que le preocupa.
Yo no dije nada, sólo observé la escena y estaba atenta a lo que el sargento respondiera. Lo miré apenado pero luego volteó conmigo y su cara cambió, miré mi ropa y me di cuenta que era deplorable.
—Bueno, quizás sí necesitamos esa ropa.
Levanté la cara.
—Está bien, gracias por el ofrecimiento —añadió.
—Por favor acompáñenme.
—Vamos Saki.
No entendía qué sucedía pero pronto todo comenzó a tomar forma cuando entramos a un sitio donde un pasillo largo nos llevó hasta un cuarto de baño amplio. Tenía varias regaderas y un cuarto para desvestirse, eso me transportó a mis días en la zona de entrenamiento. Tuve un mal presentimiento cuando me asomé a ver el interior y noté que no existían divisiones entre cada una de las rociaderas de agua.
Mis piernas temblaron cuando el mayordomo se fue.
—Bueno, no se mira tan mal.
El sargento empezó a desvestirse y aterrada pensé en salir de ese lugar, caminé hacia la puerta y sujeté el pomo.
—¿A dónde vas?
—Y-yo no quiero bañarme aquí.
—¿Por qué?
No sabía qué responder y la situación empeoraba porque el sargento tampoco se detenía en quitarse las prendas de ropa, de reojo percibí que ya casi sólo le quedaba su pantalón puesto.
—Usted báñese, yo estaré afuera.
Quise salir pero él se levantó tras quitarse los calcetines y me siguió.
—Un momento, se verá grosero si luego del cortés ofrecimiento tú lo rechazas. Anda, sólo mójate un poco para que te quites la tierra y así te pongas la ropa nueva.
—No señor, no puedo.
Mis brazos también estaban temblando, abrí la puerta con la intención de irme y él la cerró.
—Saki ¿qué está pasando?
Seguí dándole la espalda, mi cabeza se hallaba tan llena de mortificaciones que no tenía cabida a idear algo. Me sentí acorralada, no podía decírselo pero ¿cómo escaparía?
Jalé la puerta una vez más y se abrió.
—¡Saki!
—No puedo hacerlo, no puedo bañarme.
—¿Me estás ocultando algo?
Apreté los labios y cuando presentí que él volvería a hablar me apresuré a interrumpirlo, aunque me costó todo el esfuerzo del mundo.
—Sa-
—¡Soy una chica!
No lo miré a la cara pero ese silencio abrumador fue el suficiente para describirme que él estaba en shock.
—¿Qué acabas de decir?
No pude respirar con normalidad, mis labios seguían vibrando.
—Te hice una pregunta.
—Soy una chica... No soy un hombre, señor Konohamaru.
Me volteó de los hombros y en su rostro noté esa sorpresa, se veía consternado.
—No puede ser, esto no puede ser. ¿Cómo pudiste ingresar al escuadrón? ¿Quién más lo sabe?
—La... la señora Ino y el general Kakashi —contesté con timidez.
—¿El general también? —Negó moviendo su cabeza y se pasó ambas manos por el rostro— Esto tiene que ser una broma. ¿Por qué te permitió ser parte de esto? Las reglas dicen que las mujeres no pueden ingresar a los reclutas, mucho menos al cuerpo de infantería.
—Es un secreto, por favor no se lo diga a nadie, no se lo cuente a los chicos ellos, ellos podrían dejar de confiar en mí.
—Saki esto no... Un minuto ¿de verdad te llamas Saki?
—Señor Konohamaru escúcheme, necesito seguir aquí por eso le suplico que no les diga a los demás, ayúdeme a guardar el secreto.
—Necesito hablar con el general, yo no quisiera meterme en problemas.
—Si el general me apoya es porque no habrá problemas.
—Necesito escucharlo de su boca.
—Sí, lo sé pero por favor, por favor —junté mis manos—, no se lo diga a nadie, espere a hablar con el señor Kakashi.
Él se rascó la cabeza y suspiró. Oí un ruidito y sentí una presencia, rápidamente me asomé por el pasillo para descubrir que Sameri lo escuchó todo, la expresión de su cara lo decía. Sus ojos bien abiertos como si hubiese visto un fantasma; retrocedió un paso mientras cubría su pecho con las manos. Su cabello era visiblemente más corto y traía otra ropa, una más holgada.
—Sameri...
Sus cejas temblaron y de pronto pasó de sorpresa a verme con coraje, no dijo nada y se fue corriendo.
Tardé unos segundos en reaccionar y decidí ir detrás de ella para explicarle la verdad mientras el sargento me gritaba confundido. Lo dejé en el baño y corrí hasta alcanzar a Sameri.
—¡Espera! ¡Sameri!
La sujeté del brazo y ella lo apartó de jalón.
—¡Piérdete! ¡Eres una mentirosa!
—Escúchame, yo...
—No intentes engañarme, sé tus intenciones Saki —sus ojos se llenaron de lágrimas, pero su cara continuaba llena de odio—. También te gusta Mitsuki ¿verdad?
Callé y sé que no debí hacerlo, sus cejas se arrugaron aún más.
—¡Dímelo! ¡Habla! ¡Eso es lo que querías!
—Mitsuki es mi compañero.
—¿Entonces por qué no le dijiste que lo esperaría?¡No se lo dijiste! ¡Estuve allí más de una hora y cuando volví-! Cuando lo hice, me dijeron que estaba trabajando en el establo. Ya no tuve tiempo de verlo —su voz se fue apagando y sus lágrimas cayeron—. Y ahora soy esto, soy tan horrible.
—Eso no es verdad.
—¡Nos seas cínica! Tú querías que yo me viera igual que tú para no perder a Mitsuki, eres tan miserable. Si me hubieras dicho la verdad desde un principio-
—No podía hacerlo, dependo de parecer un chico para continuar en el escuadrón ¡tú eres la que no entiende! ¡No estoy jugando!
—¡Yo tampoco estoy jugando! Te abrí mi corazón y aún así no te importó ¿o qué? ¿Vas a decirme que sí le dijiste que me buscara? ¿Se lo dijiste Saki? ¿Le contaste a Mitsuki que yo lo estuve esperando?
No pude sostener la mirada.
—No —dije con vergüenza—. No se lo dije.
—¿Lo ves? Yo no me equivoco.
—Pero de todos modos, aún si te vistes como un chico, Mitsuki sabe bien quién eres —hablé con tristeza—. Si tú le confesaras lo que sientes, él está consciente del tipo de persona que eres, no tiene nada qué ver la forma en la que luzcas actualmente.
—Dices eso para que no te odie, pero no es tan fácil. No sabes lo vergonzoso que es verme de esta forma, para ti está bien pero no para mí.
—¿Crees que no me dolió cortarme el cabello? Dolió más que lo que te puede doler a ti cambiar tu ropa cara por unos pantalones flojos —la miré, estaba comenzando a enfadarme—. Y no me lastimó por querer gustarle a un chico ni por dejar de parecer más femenina, hay otras razones y tú eres la que no entiende nada.
—Voy a contar tu secreto, todos sabrán que eres una mujer que se hace pasar por hombre.
—No, no puedes hacer eso.
—Sí puedo, ¿quieres que estemos a la par? Entonces que todos sepan también que tú eres mujer.
—¡Sameri no puedes contarlo! ¡Mi vida depende de este secreto!
Su mirada desafiante con esos cristalizados ni siquiera parpadeaban por contemplarme. Tenía una actitud altanera y sus fosas nasales se dilataban por la molestia que sentía en ese momento.
—Haré cualquier cosa —expresé—, lo que sea que quieras que haga pero por favor no lo cuentes a nadie.
Sus labios se abrieron lentamente.
—Hay algo que quiero que hagas —señaló con su dedo hacia un sitio en específico—. Cuando esperaba a Mitsuki, el viento rompió mi collar y lo perdí. Búscalo y tráemelo.
—¿Eh?
—Ya te dije, ve por mi collar, junta perla por perla y cuando me lo entregues entonces quedaremos a mano.
—¿En el bosque? ¿Si te lo traigo de verdad no dirás nada?
—Ese collar es valioso para mí porque fue un regalo de mi madre, así que si tú me lo entregas completo, olvidaré lo que hiciste.
Lo pensé unos segundos, ella se cruzó de brazos y me miró sin hablar.
—Está bien, es un trato.
No me gusta dar spoilers pero para quienes querían algo de acción, el siguiente capítulo tendrá de eso. Gracias por leer.
