Capítulo 27.- "Sharingan"
No sé cuánto tiempo llevaba en el bosque pero del collar de Sameri apenas había reunido siete perlas y sin saber a ciencia cierta cuántas eran en total, era lógico pensar que con siete de ellas no podía hacerse un collar completo.
Me encontraba con las rodillas sobre la tierra fría y mis manos moviendo la hierba para hallar las valiosas piedras, no sabía cuánto más seguiría allí. Tenía hambre y cansancio, y sobre todo seguía sucia.
—¡Ah! Aquí hay una más.
Tomé la perla y estaba por echarla en el bolsillo de mi pantalón cuando el vuelo repentino de un montón de pájaros me espantó ocasionando que la perla cayera de mi mano y rodara hasta meterse en un hueco entre la raíz de un árbol.
Metí la mano pero no la alcancé así que me acosté en el suelo para conseguir otro ángulo donde mi brazo entrara perfectamente.
—Vamos, tengo que tomarla.
Mis dedos rozaron la esfera y respiré hondo para concentrar el chakra en mis yemas y así lograr que el objeto se pegara en mis dedos.
—¡Te tengo!
Saqué el brazo y guardé la perla; el viento que soplaba ligero y me tocaba la cara de repente cesó, las hojas de los árboles no se movieron más y un silencio casi ensordecedor fue lo siguiente en aparecer.
Alcé la vista al cielo pero no vi nada anormal, aunque el ambiente se convirtió en algo tétrico. De pronto caí en la cuenta de que me encontraba yo sola en el bosque, lejos del señor Konohamaru y el resto de mis compañeros.
El sargento dijo que todo estaba tranquilo pero aún así algo me daba temor, era como si me observaran varios ojos. Respiré entrecortadamente y mi cuerpo se volvió pesado a causa del mismo miedo. Giré despacio viendo alrededor. No percibí nada.
Mi pie retrocedió lentamente, luego el otro y así caminé de reversa sin dar la espalda al interior del bosque de donde sentí que me miraban.
Por mi mente cruzó una idea: "quizás es el fantasma". Y activé mi sharingan a pesar del temor, si lo volvía a ver tal vez era porque de verdad quería decirme algo.
Ya con mi dojutsu dispuesto, el panorama cambió completamente y el horror que me hizo su presa fue el detectar un chakra oscuro que no estaba muy lejos de mí. Un jadeo de espanto se me escapó y por impulso lo primero que hice fue correr para salir de allí pero al momento que di la espalda, ese rugido horripilante se oyó por todo el lugar y vi la sombra del animal por encima de mí al tiempo que yo trataba de huir.
Saltó y cayó delante mío, frené mis pasos y caí de rodillas, ese monstruo tenía los ojos más feos que hubiera visto antes, sólo mirarlo me hacía quedar sin aliento.
«No tiembles Sarada...»
Era fácil pensarlo pero muy difícil llevarlo a la práctica. Me estaba llenando de pánico y no dejaba de temblar, mi mano se fue despacio hacia mi bolsillo trasero para sacar un kunai pero me congelé al escuchar una voz detrás de mí.
—Has encontrado una buena presa, míralo, tiene un chakra tan brillante.
Esa voz masculina con un tono tan frívolo. Eran dos contra mí y ambos me rodeaban ¿cómo me libraría de ellos?
Pensé en todo lo que el general me enseñó para defenderme y aún así dudé de mis capacidades. Tragué saliva, poco a poco me fui levantando hasta quedar de pie, la bestia no me perdía de vista y sus colmillos se asomaban amenazando con abrir el hocico.
No podía ver al sujeto que estaba tras mi espalda, no obstante el volumen de su voz me indicó la distancia aproximada. Quizás algunos diez metros nos separaban, si intentaba atacarme seguramente conseguiría dañarme pero luego noté algo, con mi sharingan activado tenía como un sexto sentido, aunque no veía directamente al otro tipo, podía sentir sus movimientos.
Saqué el kunai lo más rápido que pude y cuando lo hice, el feroz animal de más de dos metros de altura, fue hacia mí. No era momento para sumergirme en el pánico, tenía que defenderme con todo lo que aprendí y no rendirme sin haberlo intentado.
Gracias al sharingan pude ver los movimientos de la bestia y evitarlos, rodé por el piso por debajo de su gran salto y me levanté con rapidez para observarlos de frente, entonces por fin vi al tipo que hablaba pero éste usaba una máscara roja con cara de dragón.
El animal rugió aturdiéndome y aunque me cubrí los oídos fue inevitable, perdí el equilibrio por un segundo y cuando volvió a atacarme sus garras consiguieron rozar mi chamarra mas no mi piel.
—Si hago la gran llama sólo gastaré chakra, no puedo desperdiciarlo en una técnica que no me sirve. Piensa Sarada, piensa rápido.
Pelear cuerpo a cuerpo con uno de esos monstruos no era una opción, para ellos estaba el ataque a distancia. Envidié el rasengan de Boruto pues en esos momentos me serviría bastante. Incluso Mitsuki tenía su técnica de viento y yo no logré aprender nada.
—¿Eh? Pero qué sorpresa, tienes el sharingan —me quedé sin aire cuando el enmascarado dijo aquello, caminó unos cuantos pasos y se detuvo—. Esto es extraño, casi todos los usuarios con el sharingan fueron asesinados y tú te miras muy joven.
—¿Qué?
Se empezó a reír.
—¡Es mi maldito día de suerte! ¡Eres tú!
Su escalofriante risa me hizo temblar, no entendía de qué hablaba mas escuché lo que dijo, que los usuarios con el sharingan fueron asesinados. Quizás por eso el señor Kakashi quería que fuera un secreto, lo hizo para protegerme.
—Ya no tenemos que entrar al pueblo, muérdelo de una vez y tráelo contigo ¡ahora!
Al gritar aquello, el animal rugió y fue contra mí, no pude escapar a tiempo y me agarró de la pierna clavándome algunos dientes. El dolor fue tal que grité sin poder evitarlo.
Me estrujó para arrastrarme con él y en el suelo enterré las uñas de mi mano izquierda como si eso pudiera evitar que me llevara.
De momento cerré los ojos y pensé en mamá. Sus continuos «no dejes que te encuentren». Encontrarme ¿quiénes? ¿por qué?
Sentí una fuerte punzada en mi pantorrilla por el dolor y grité de angustia y coraje, no podía dejarme vencer tan fácilmente.
Torcí mi cuerpo y abrí los ojos para ver directamente al animal, mi sharingan contra su horripilante mirada salvaje. Sentí tanto odio dentro de mí, y en mi entrecejo hubo una tensión tremenda que en un instante imaginé tantas formas de destrozar a ese monstruo. No supe cómo, ni de dónde aprendí eso pero de repente ya no tenía miedo sino coraje y deseos de hacerlos sufrir, más del daño que me causaban los dientes enterrados en mi piel.
El animal dejó de moverse y aproveché para concentrar chakra en mi mano derecha, con la que sostenía el kunai pero algo sucedió; desde mi hombro hasta mis dedos, una corriente caliente ardió y cuando clavé el kunai en el cuello del monstruo, un sonido chirriante se oyó, tardé en darme cuenta que un rayo envolvía mi mano y el kunai, esto hizo que al clavar el arma en el cuerpo de la bestia, comenzara a tener convulsiones.
Cuando su hocico se quedó medio abierto a mitad de sus temblores, me libré de su agarre pero el dolor se intensificó tanto en mi pierna como en mi mano, pues el rayo que inesperadamente surgió, quizás me quemó porque ardió horrores.
Mientras el monstruo se retorcía yo me arrastré por todo el suelo quejándome de mis heridas pero tratando de ser tan fuerte como para minimizar el sufrimiento, no podía dar por terminado todo, aún quedaba ese sujeto enmascarado.
A consecuencia del mismo daño, involuntariamente desactivé mi sharingan y estiré mi brazo para alcanzar un kunai que se me salió del bolsillo trasero.
—Ah qué desastre, ése era mi compañero.
El hombre habló y su voz se escuchó cada vez más cerca, seguí arrastrándome para agarrar el kunai pero mi acción se vio interrumpida porque colocó su pie sobre mi mano y presionó tan fuerte que de nueva cuenta exclamé en mi tormento.
—Quizás no eres tú al que busco, o ¿sí? Odio a los niños como tú.
Quitó su pie y me jaló del cabello hasta levantarme, las lágrimas rodaron por mis mejillas.
—Eres de ésos del escuadrón ¿verdad? Sí, de esos parásitos que sólo estorban. Voy a tratarte como la basura que son y te sacaré esos ojos.
Sabía que me atacaría, su mano se hizo de metal y tomó forma puntiaguda, como si fuese un arma. Estaba tan malherida que no confié mucho en ganarle, pensé en usar la gran llama como último recurso, aunque no lo consiguiera y eso significara mi muerte, no ansiaba morir como una cobarde.
Mi chakra se agotaría con ello y al quedar sin reservas sería imposible moverme por lo que estaría a su merced.
«Mamá, si sigues con vida, sé que el señor Kakashi te salvará»
Llevé todo mi chakra hacia mi vientre y el escenario comenzó a moverse en cámara lenta.
Cuando iba a expulsar el fuego por mi boca, el enmascarado se movió a tal velocidad que cuando menos lo esperé, me dio un golpe en la cara y caí completamente.
Me levantó de la chamarra para volver a azotarme contra el suelo. Su mano era muy pesada y yo ya no tenía tanta fuerza, lo único que me quedaba era esa reserva de chakra.
Como un último suspiro volví a moldear mi energía interior y antes de que nuestras caras se separaran, le arrojé una gran llama directo a la máscara. Debido a que ésta se empezó a calentar se la quitó de inmediato y al quedar su rostro descubierto le escupí en la cara.
—¡Jodido imbécil!
Con rabia me lanzó lejos de él, mas en el aire fui atrapada por unos fuertes brazos.
Me costaba trabajo respirar y enfocar a la persona que me sostuvo hasta dejarme sentada sobre la hierba. Me dio la espalda interponiéndose entre el villano y yo; sin embargo el emblema en su chaleco y esas hombreras guindas me recordaron a alguien en especial.
—Comandante...
Su presencia era tan poderosa que dentro de mi corazón sentí un gran alivio que él apareciera en el momento preciso. Quise levantarme pero su mano se atravesó.
—Quédate ahí, yo me haré cargo.
—Qué fastidio, de todos los imbéciles con los que me podía topar, tenía que ser Sasuke Uchiha.
El comandante avanzó a una velocidad impresionante, fue tan rápido que no pude ver su movimiento. En un abrir y cerrar de ojos ya estaba detrás del enemigo y lo atacó por la espalda con un rayo azulado, el sujeto no pudo escapar del todo y se tiró para rodar mientras se quejaba. Se puso de pie y su brazo completo se volvió una espada.
—Maldita sea.
—Sin tu patética máscara no puedes huir de mis ojos ¿no es así?
El hombre chistó.
—Sé lo que intentas, pero no lo obtendrás —respondió el tipo.
El comandante hizo una posición de mano a la altura de su pecho, levantó su dedo medio e índice y bajó el resto.
—Niño, cierra los ojos.
—¿Eh?
No esperé a que me diera explicaciones y obedecí. Apreté mis ojos y por ende ya no pude ver nada pero escuché atenta.
Pisadas fuertes, lentas, luego veloces y jadeos de cansancio. Ellos se enfrentaban ¿quién estaba ganando? Escuché un grito aturdidor y una negación constante por parte del miembro de Dragón de Koshi. Yo misma comencé a ponerme nerviosa y mi corazón se aceleró. ¿Qué estaba pasando?
—¡No lo harás! ¡No lo permitiré!
Un sonido extraño y un gemido corto. Abrí mis ojos por impulso y cuando lo hice vi que el sujeto se clavó en el vientre su propio brazo.
Mi cuerpo tembló y me dieron náuseas. Toda su sangre escurría por el cuerpo hasta formar un gran charco. No aguanté y me volteé para vomitar.
Mi respiración era acelerada y mi piel se volvió fría por el impacto de la escena.
—Tranquilízate, no será la última vez que verás a alguien muerto.
El comandante habló. Aunque mi cuerpo no reaccionaba como yo quería, logré pararme y me di la media vuelta para mirar el cadáver.
—Usted lo-
—Se suicidó.
—¿Qué?
El señor Sasuke estaba revisando el cuerpo del criminal. Había pensado que él lo mató pero resultó que el sujeto se quitó la vida.
—¿P-por qué?
—Para que no viera sus recuerdos. Prefieren morir que quedar vivos en nuestras manos.
Me acerqué despacio para ver por otro ángulo y sin querer pisé la máscara que antes utilizó. Me agaché a recogerla y cuando lo hice sentí el dolor de mi pantorrilla, bastante sangre salía y resbalaba hasta mi pie.
—No te muevas, te llevaré hasta la casa.
—Gracias por salv-
Cuando levanté la cara y mis ojos hicieron conexión con los del comandante, vi algo que causó un gran impacto en mí.
Su ojo púrpura brillaba y en él había tres tomoes oscuros pero su ojo derecho era diferente. Ése tenía un color rojizo y una figura extraña en el centro.
—Su... su ojo...
—¿Qué pasa?
—Es curioso —seguí embobada—, es rojo.
El comandante pestañeó y no cambió su seriedad; su cabello ondeó con un soplo de viento.
—¿No conocías el sharingan?
Mis ojos se abrieron mucho y mis labios se separaron. ¿Escuché bien? ¿Sharingan? ¿El comandante tenía el sharingan? Pero el suyo era distinto al mío, su forma resultaba más compleja y armoniosa, como si fuese un grado muchísimo más avanzado.
—Usted... tiene el sharingan.
—Cuando te pedí que cerraras los ojos fue para evitar que cayeras en el genjutsu. Intenté atrapar a este criminal pero terminó matándose —bufó.
Yo ni siquiera podía hablar por seguir en shock. ¡El comandante también tenía el sharingan!
—Sujétate con fuerza, voy a llevarte con la médico.
Me subió a su espalda y sorprendida por su acción lo primero que hice fue agarrarme de sus hombros. El calor del comandante, su toque... No se sentía como un extraño.
Pensé que se debía a que ambos poseíamos el sharingan, quizás las personas con las mismas habilidades tenían una conexión espiritual.
Él era gruñón y daba miedo pero en ese instante no sentí nada de eso. Su espalda me transmitió seguridad y quise recostar mi cabeza en ella, aunque claro que no lo hice.
—¿Cómo venciste a ese monstruo?
Preguntó. No esperé que hablara durante el camino y ni siquiera yo estaba muy segura de la respuesta.
—Yo... no lo sé. Sólo, sólo me dejé llevar y al clavarle un kunai sentí una corriente eléctrica por todo mi brazo.
Pensé que diría algo pero sólo oí un "mmm".
No volvió a pronunciar ni una frase hasta que llegamos al pueblo y vi que el sargento, Inojin, la señora Ino y Shikadai estaban afuera de la casa. El primero en correr a acercarse fue el señor Konohamaru.
—¡Saki!
—Está herido, necesita revisión ahora.
El sargento extendió sus brazos y me cargó con cuidado, no sé si fue mi imaginación pero su tacto se volvió menos salvaje y supuse que me trataba con más delicadeza porque ya sabía que yo era una chica; de todos modos yo no quería que hiciera distinción, sería muy obvio y todos se darían cuenta.
—Yo me hago cargo del niño, señor comandante.
—Saki, ¿estás muy mal? ¿puedes oírme?
—Estoy bien Inojin —respondí con agotamiento—, sólo me falta energía.
Entramos a la casa y el sargento de inmediato me llevó hasta la habitación donde la señora Ino le indicó.
—Recuéstelo sobre la cama —ordenó.
—Sí, señora.
Inojin se quedó a mi lado y observaba todo el ajetreo dentro del cuarto, aunque mis párpados pesaban fui capaz de mirar que él temblaba.
—Cálmate Inojin, no es nada grave —le dije, él sólo movió su cabeza.
La señora Ino volvió con unos instrumentos y después vio a su hijo.
—Inojin, ve afuera.
—Quiero ver, quiero aprender mamá. Quizás en algún momento me necesiten haciendo esto.
Yo entendí la preocupación de la médico, tenía que quitarme el pantalón y eso significaba que mi compañero se daría cuenta que yo no era un chico, pero si de algo servía, tras el consejo del señor Kakashi comencé a usar un calcetín dentro de mi ropa interior para simular un miembro masculino. Si con el nervio del momento mi amigo no podía darse cuenta del engaño, no habría problema, pero me daba vergüenza que me viera en calzoncillos.
—Inojin.
—Está bien —dije y desabroché mi pantalón.
—Saki, espera.
Miré a la señora.
—No pasa nada.
La médico tomó unas tijeras y comenzó a cortar la tela hasta deshacerse de ella. El sargento salió del cuarto pero Inojin se mantuvo observando. El trozo de pantalón cayó al suelo y escuché que las perlas se salieron del bolsillo, pero nadie habló sobre eso.
—Voltéate un poco para ver tu pierna.
Me giré despacio pero al sentir el dolor de la herida causada por los colmillos, un quejido se me escapó.
—Saki.
—Inojin, presta atención —la señora habló con firmeza—, lo primero que tienes que hacer con una herida así es desinfectar el área. Utilizas este líquido y limpias a presión.
Yo no estaba mirando pero al sentir el frío en mi piel el ardor apareció, luego tras la fuerza aplicada, apreté los puños y dientes para soportarlo.
—¿Quién te hizo esto Saki? —Cuestionó la señora.
—Uno de esos monstruos me mordió.
Gemí de dolor.
—Tienes tres perforaciones profundas, son las que más sangran. Aguanta un poco más en lo que paro la hemorragia.
—Tranquilo viejo, pronto pasará.
La voz de Inojin sonaba tan angustiada pero entendí que por más difícil que le resultara mirar, ansiaba aprender para ser útil y sus palabras trataban de darme la fuerza que me faltaba.
—Voy a lavar a profundidad, va a doler pero pasará rápido. Luego te aplicaré varias vacunas.
Inojin sujetó mi mano y me aferré con fuerza, el dolor era intenso y creí que perdería la conciencia pero aguanté hasta el final a pesar de que mis lágrimas cayeron. Luego de limpiar el área, me puso una gasa y la sujetó con un vendaje en mi pierna.
—Ya acabó, ¿lo ves? —Dijo él.
—Sí, gracias —contesté con dificultad.
—Abre la boca, te vas a tomar este antibiótico. Es un poco amargo pero sirve mucho.
—Iré a traerte un pantalón, creo que los míos también te quedan.
Cuando Inojin se fue de la habitación, la señora Ino se acercó y me habló en voz baja.
—El sargento llegó apresurado preguntando por ti, dijo que saliste corriendo cuando le confesaste que eres mujer. ¿Qué estabas haciendo? ¿Por qué terminaste así?
Miré las piedras regadas en el piso.
—Estaba tratando de remediar mis errores.
—¿Con "errores" a qué te refieres?
Pensé en Sameri, al final no cumplí mi parte del trato y sólo quedaba esperar que ella revelara el secreto.
—Quizás pronto todos sabrán lo que soy. La nieta del anciano para quien trabajamos, ella me escuchó hablando con el sargento y ahora también lo sabe.
La señora Yamanaka cambió su gesto por uno de sorpresa.
—Es una historia larga y no creo que ahora mismo pueda contársela, no tengo tantas fuerzas.
—Le pediré al sargento que me ayude a llevarte hasta tu habitación para que descanses.
(...)
Cuando el sargento me dejó sobre el colchón, me cubrió con la cobija cuidadosamente. Mi falta de chakra y el agotamiento me hicieron dormir y no supe nada hasta que desperté al anochecer.
Me mantuve un rato viendo el techo hasta que giré la cabeza para ponerme los lentes y ver la hora en el reloj del buró; pasaba de las ocho.
La puerta estaba cerrada mas podía escuchar voces en una habitación de al lado. Me enderecé con cuidado queriendo pararme, pues tenía que ir al baño.
Mi pantorrilla seguía doliendo aunque la intensidad bajó, por eso procuré ser delicada en mi caminar. Pero a decir verdad, todo el cuerpo me molestaba.
Al abrir la puerta y salir al pasillo me encontré con el sargento, mis compañeros y otros dos hombres que yo no conocía.
—Saki no te levantes.
—¿Qué está pasando? —Pregunté a Inojin.
—Bueno, hay una especie de reunión.
Miré hacia un lado y noté que la puerta de una habitación estaba abierta. Me asomé y vi la espalda del comandante, en el interior percibí a otra persona acostada sobre la cama pero no pude detectar de quién se trataba.
—¿Es muy grave? —Volví con mis interrogantes.
—Es el hermano del comandante, parece que no puede ver.
—¿El señor Itachi?
Vi aterrada y de un modo más descarado dentro de la pieza, la mano del sargento me detuvo. Levanté el rostro esperando una frase pero no habló. Todos cambiaron su posición a una de firmeza cuando una autoridad se presenta, al oír los pasos ya sabía que el comandante se acercaba a nosotros.
Su cara tenía otro semblante, aquel mismo con el que lo conocí.
—Los que van a vigilar el pueblo vecino váyanse de una vez, hoy los miembros del cuerpo de infantería no irán a ningún lado. Comuníquense con el general Hatake y díganle que se mueva al punto que acordamos.
—¡Sí señor comandante!
Los hombres uniformados se retiraron, allí sólo quedamos los que habitábamos en esa casa.
—Tú —su ojo negro me observó y permaneció en silencio un rato, era como si pudiera ver a través de mí—. Necesito hablar contigo, entra.
Me cohibí, de reojo vi a mis compañeros y después me metí al cuarto donde el señor Itachi descansaba.
—Sargento, dele las indicaciones a estos jóvenes.
—Como ordene, señor.
Cerró la puerta y avanzó hasta la cama, se quedó dándome la espalda y creí que ésa sería su pose durante toda la charla, mas finalmente volteó.
Mis vista viajó hasta su hermano, quien recostado en la cama tenía los ojos vendados.
—Siéntate.
El comandante apuntó a una silla, avancé hasta ella y obedecí.
—¿Quién es, Sasuke? —Preguntó el señor Itachi, allí supe que no dormía.
—Es del cuerpo de infantería, el niño que fue atacado.
—Soy Saki, señor —añadí con timidez.
—Ah, eres ese niño —vi una sonrisa en sus labios— ¿estás bien?
—S-sí.
El comandante se metió las manos en los bolsillos del pantalón.
—¿Qué estabas haciendo en el bosque? —De repente soltó.
—Y-yo buscaba algo.
—¿Qué?
—Unas perlas.
Pestañeó y me barrió con la mirada.
—¿Tuyas?
—Son de la nieta del hombre para el que trabajamos. Las perdió y me pidió que las fuera a buscar.
—¿De dónde salieron el monstruo y ese tipo?
—Del interior del bosque.
—¿Cómo lograste que se quitara la máscara?
—Hice un jutsu de fuego, la "gran llama".
—¿Dónde lo aprendiste?
El comandante hacía demasiadas preguntas, la sonrisa del señor Itachi se desvaneció.
—El sargento me estuvo enseñando, pero no soy capaz de extender el fuego a gran distancia. Cuando tuve al hombre enmascarado muy cerca de mí, aproveché para drenar mi última reserva de chakra y con la cercanía el fuego le pegó directo calentando su máscara, por eso se la quitó.
—También me dijiste que una corriente eléctrica te envolvió el brazo y no sabes cómo pasó. Entonces eres naturaleza fuego y se te está desarrollando el elemento rayo ¿algo más que quieras añadir? ¿alguna otra habilidad especial?
«Sharingan»
—Yo...
«Es un secreto»
—Te escucho.
—Yo creo que es todo —sentencié.
—Uhm... Déjame revisarte, creo que tienes algo en la cara.
De repente el señor Itachi movió su brazo y detuvo al comandante para evitar que caminara.
—Basta Sasuke, no se te ocurra.
—Tú no eres quién para darme órdenes —se liberó de su agarre.
—Es un niño, también está asustado. No se ha repuesto aún ¿es que no confías en tus propios súbditos? ¿Qué clase de líder eres?
—El que no pudiste ser tú.
Caminó directo hacia mí a pesar de las advertencias de su hermano, yo no entendía qué sucedía.
—¡Sasuke! Si te atreves a usar tu sharingan en él, haré lo posible para que dejes de ser el comandante.
El señor Sasuke se detuvo, pero sus ojos continuaron contemplándome. Lentamente bajó hasta quedar a la altura de mi rostro y apoyó ambas manos en los descansa brazos de la silla.
Tragué saliva, quería evitar su mirada pero al mismo tiempo pensé que si lo hacía él sospecharía de mí, así que me mantuve firme, lo más que mi cuerpo me permitió.
Vi sus labios abrirse y esperé cualquier cosa excepto lo que me dijo.
—Hiciste un buen trabajo, no esperaba tanto de un escuálido como tú.
Mi piel se erizó y me avergoncé.
—G-gracias, señor comandante.
Voy a aclarar cosas que quizás son irrelevantes pero por si quedaron dudas:
1.- Los dos hombres uniformados que Saki vio al salir de su cuarto, son del campamento militar que como Kakashi mencionó, están ubicados a unos kilómetros de distancia. Su función es vigilar la zona antes de llegar al pueblo. Sasuke dijo que los del cuerpo de infantería no trabajarían lo que restaba del día, por eso estos hombres los suplieron para vigilar y proteger al pueblo vecino.
2.- Ino no detectó los chakras enemigos, eso lo explicaré a detalle más adelante.
3.- Sasuke llegó a la escena porque acababa de arribar con Itachi, debido a que está fuera de combate por su problema con la vista, Kakashi le sugirió que lo mejor sería dejarlo al cuidado de la sargento de la división médica.
4.- Retomando el porqué Sasuke apareció. Gracias a su sharingan, Sasuke puede detectar los "chakras malignos" cuando éstos están en dentro de un rango que se podría considerar, cercano.
Y es todo, muchas gracias por leer y por sus bonitos comentarios.
