Capítulo 30.- "El ancestro"
Desde ese gran descubrimiento respecto a que el sharingan pertenece únicamente al clan Uchiha, comencé a sentir un extraño aprecio hacia el señor Itachi. En cambio, como el comandante Sasuke era frío la mayor parte del tiempo, empecé a visualizarlo como un seguro tío lejano de ésos que no regalan dinero a sus sobrinos.
Los miraba desde lejos e imaginaba que quizás conocieron a mi padre. Quería cuestionar si en algún momento supieron de Saki Uchiha,como muy probablemente se llamó mi papá, mas me limitaba el hecho de que se suponía que yo no era más que un huérfano.
Mitsuki consiguió el permiso de visitar el pueblo vecino, y junto con el sargento Konohamaru se presentó en la casa del señor Rokujou para entregar las perlas del collar de su nieta. No supe cuál fue la conclusión de la confesión de Sameri; el rostro de Mitsuki fue el mismo desde que se fue, no noté ningún cambio en su forma de actuar y tampoco quise preguntarle.
El comandante terminó nuestra breve preparación antes de irnos hacia los equipos del ejército y se marchó para tratar otros asuntos. Quedamos al cuidado del sargento y otros dos hombres los cuales no conocía pero sabía por oír conversaciones, que eran soldados del ejército de Konoha.
Al cabo de unos pocos días al señor Itachi se le ocurrió una fantástica pero atemorizante idea, y es que debido a la confianza que me tenía -o al menos eso creía yo-, me pidió llevarlo al pueblo fantasma, es decir, el sitio donde solía vivir toda su familia.
En un principio me dio pavor pues recordé la extraña criatura que me llamó niña y me miró con esos ojos terroríficos. No quería volver a experimentar algo como eso pero tras ver que el señor Itachi me lo pedía de favor y sus ojos continuaban vendados, supuse que no sería tan malo ver de nuevo aquel sitio en el cual vivió mi muy posible familia paterna. Eso significaba mirar de distinto modo todo en ese lugar.
No le pregunté el motivo que tenía para visitarlo pues no quise ser imprudente, sólo atiné a ser su guía en el recorrido y por fortuna el sargento no me prohibió hacerle caso al señor Itachi.
Bajamos la colina con cuidado, despacio, evitando tropezar con las piedras pero incluso sin ser capaz de mirar, el señor sabía muy bien cuál sendero seguir. Por momentos me decía que dobláramos hacia otra esquina y que le dijera qué tan lejos se visualizaba una farola pintada de negro cuya seña en particular era que tenía un pequeño dragón en la punta.
Tras pasar aquella farola, seguimos andando más allá de lo que yo caminé. El registro público había quedado atrás así como el templo donde apenas cabían dos personas.
—¿Está buscando algo en especial?
Él dejó de caminar y yo hice lo mismo. El ambiente se llenaba de un silencio turbio y tétrico, aunque no me causaba tanto miedo porque no me hallaba sola.
—Pensé que podría sentirlo —musitó.
—¿Sentirlo? ¿qué cosa?
Movió su cabeza como buscando algo, luego su mano fue hacia el vendaje que le cubría parte de la cabeza y ojos.
—No señor, no se lo quite, escuchó lo que dijo la médico Ino y usted no puede exponerse así.
—De todos modos no voy a recuperar la vista, quiero intentar esto una última vez.
Como pude logré capturar sus manos y evité que continuara tratando de deshacerse de sus vendas.
—Dígame qué es lo que busca y yo lo haré por usted.
Mi voz sonó angustiada y fue algo que no pude evitar, si yo misma me di cuenta de ello era casi lógico pensar que el hombre frente a mí también se percató de ello. Entonces apartó sus manos y relajó su postura.
—Saki, eres un niño muy amable y me duele que tengas que vivir en este país tan malo. Al igual que tú, los demás chicos... todos están expuestos al peligro y me da rabia e impotencia no poder hacer nada para ayudar.
—Señor Itachi ¿qué sucede?
—No dejes de practicar el jutsu que te enseñé, aunque Sasuke se moleste. Escúchame bien, entre más técnicas aprendas tendrás más posibilidades de sobrevivir.
Sus manos se habían quedado sobre mis hombros y con mi rostro elevado lo miré. Él se sentía cercano, por un muy breve momento recuperé la paz que perdí cuando mamá fue secuestrada pero todo se diluyó al momento que escuché una voz muy familiar.
—Niña...
Mi piel se erizó luego de que el escalofrío me recorriera desde la punta de los pies.
—¿Oyó eso? —Susurré con miedo.
—¿Qué cosa? —El señor Itachi habló con un volumen normal y eso me espantó.
—El fantasma.
Activé mi sharingan y al hacerlo vi la figura masculina que semanas atrás me hizo desmayar en plena calle. Inevitablemente un grito de terror salió de mi boca y me aferré a la ropa del señor Itachi quien seguro estaba confundido, sin embargo sentí su cuerpo tensarse y reaccionar ante la situación.
—¿Es uno de esos miembros de Dragón de Koshi?
—No, no, es el fantasma —empecé a temblar.
—¿Qué? ¿Has dicho fantasma?
—Él no puede verme ni oírme —respondió el extraño ser que se acercaba y vestía una larga túnica oscura— sólo tú puedes hacerlo.
—¿Saki? ¡Saki respóndeme!
Yo estaba aterrada escondiéndome detrás del señor Itachi, pero una parte de mí se negaba a sucumbir por completo al miedo. Quise ser más valiente aunque me costaba trabajo mirar al hombre que consideraba un fantasma.
—Es un fantasma pero él dice que sólo yo puedo verlo y oírlo. En verdad no quiero ser capaz de esto, tengo miedo.
—Saki, escúchame... Tienes que tranquilizarte ¿sí? ¿cómo es el fantasma?
—E-es un hombre de cabello largo, tiene una mirada extraña- ¡Oh cielos, no quiero verlo! —Giré la cabeza y abracé al señor Itachi.
—Háblame más sobre él.
—Vamos, contéstale. Dile que mi nombre es Indra.
—Saki, por favor deja de aferrarte a mi cuerpo y tranquilízate, ¡eres ahora un soldado!
—¡Dice que se llama Indra! —Exclamé en un grito ahogado.
—¿Qué? ¿Qué has dicho? ¿Indra?
—Señor, volvamos por favor.
Las manos del señor Itachi me apartaron de su cuerpo.
—Indra, tú dijiste ese nombre. ¿Cómo sabes de él?
—¿Saber qué? Yo no sé nada, sólo le he repetido lo que el fantasma ha dicho y estoy aterrado, no quiero seguir aquí.
—Saki, Indra es el ancestro de mi clan, es la deidad de mi familia y de este pueblo. Nadie puede verlo, ¿cómo es que tú dices que lo ves?
—Porque está aquí, y tiene esas marcas en sus ojos y su cabello es color castaño. Y ya se me bajó la presión.
—Saki, Saki calma. Dime exactamente dónde estamos.
—No lo sé, no lo sé pero hay un templo justo al frente y una piedra grande junto a la campana que cuelga de un barrote.
—¿Y el fantasma sigue aquí?
—Sí, y nos está mirando.
Quise desactivar mi sharingan para ya no mirarlo pero no pude hacerlo, era como si algo me lo impidiera.
—No te permitiré que juegues con eso frente a mí, el sharingan es sagrado.
—Saki, escucha. Necesito que me digas qué te dice la deidad.
—Me está amenazando.
—No te estoy amenazando.
—¿Qué tipo de amenaza? ¿Quiere que nos vayamos?
—Soy Indra, quien les ha heredado el kekkei genkai sagrado. Mi pueblo fue abolido injustamente y su sangre utilizada con fines blasfemos. No tolero que se profane algo tan puro como el sharingan y exijo a cambio que se destruya todo ser que ha participado en este sacrilegio.
—Quiere venganza —resumí.
—¿Venganza? ¿De quién?
—Dice que exige que se mueran todos los que participaron en la masacre del clan Uchiha.
—En serio niña, repite exactamente mis palabras.
El fantasma se veía molesto por lo que recité tal cual su sermón anterior.
—Saki, esto es... increíble. ¿Cómo es que tú puedes verlo? Me quitaré el vendaje.
—No lo haga, no tiene caso. Él ha dicho que nadie más puede percatarse de su presencia.
—¿Te ha dicho la razón por la que puedes verlo?
—Te he elegido porque eres mi hija.
Mi mente se quedó en blanco por unos segundos. Por un momento dejé de sentir temor y miré directamente a los ojos de la deidad. ¿A qué se refería con ese término?
—¿Saki?
—Él dijo que... porque soy...
No podía decirle la verdad a pesar de que Indra me miraba.
—¿Qué eres?
—Que porque soy un chico virgen.
Estoy segura que Indra se enojó mucho pues su gesto cambió por completo y de un momento a otro se desactivó mi sharingan y con ello dejé de verlo.
—Un chico virgen... Oh. Entiendo.
El señor Itachi sonaba extraño.
—Sí, esto es muy loco ¿verdad?
—Lo que me parece sorprendente es que nadie de mi clan alguna vez pudo verlo, ¿puedes preguntarle algo más?
Tragué saliva.
—Él desapareció —contesté.
—¿Qué? ¿Cómo? ¿Ya se fue?
—Señor... ¿Le importaría si guardamos el secreto? No quiero que piensen que estoy loco.
—Saki, esto podría ser importante. Si has dicho que viste a mi ancestro...
—Bueno, yo podría haber mentido.
Hubo un breve silencio, no fue como si quisiera que él desconfiara de mí, pero todo ese asunto de la deidad y su revelación me tenía mal. Quería comprender exactamente qué significaba eso de ser llamada "su hija".
—No lo has hecho.
—¿Eh?
—No me has mentido. Tú no eres esa clase de persona. Sé que no tengo mucho tiempo de conocerte y no hemos convivido lo suficiente pero reconozco la maldad en las personas cuando hablamos y a ti te siento de un modo distinto. Eres un buen muchacho, Saki.
Pensé que quizás el señor Itachi era el ser más bueno del mundo, por eso no se había dado cuenta de que yo no era un chico.
—Y a todo esto, señor... ¿Por qué vinimos?
—Uhm... Ahora que lo pienso, tienes razón, es mejor que guardemos el secreto de que estuvimos por aquí.
—¿Qué? Pero-pero usted dijo...
—Sería fastidioso tener que soportar los sermones de Sasuke ¿no?
(...)
—¿Ya terminaron de empacar lo básico? Saldremos hoy en la madrugada. El comandante me pidió que les informe sobre lo riesgoso que será este viaje, por eso deben llevar armas con ustedes.
El sargento nos había reunido en la sala de la casa, su rostro era demasiado serio. No me imaginé que nuestro nuevo destino llegaría tan rápido.
Me preocupaba mucho el hecho de separarme de Inojin y la señora Ino. Además el señor Itachi permanecería con ellos quién sabe hasta cuándo.
Después de visitar el pueblo no volvió a decirme nada sobre lo que sucedió. No supe sus motivos para querer ir, pues al final regresamos con las manos vacías.
—Muchachos, escuchen bien esto.
El sargento Konohamaru se puso de pie y nos echó una mirada a todos.
—Una parte del camino la cruzaremos caminando, y tendremos que detenernos a dormir. Llegar hasta el nuevo sitio es más peligroso y nos llevará un tiempo considerable. Por favor, sean precavidos y atiendan cada una de mis indicaciones.
Al terminar de dar las instrucciones, cada quien se fue por su lado. Yo caminé hacia el pasillo que llevaba al onsen y allí permanecí mirando cómo el vapor se elevaba.
Sentía cierta tristeza desde que el fantasma -o mejor dicho, el ancestro de los Uchiha- me había llamado hija. ¿Qué significaba todo eso? ¿Qué estaba sucediendo realmente?
Moría de ganas por ver al señor Kakashi y contarle todo.
—Aquí estás... Entonces ¿piensas probar el onsen antes de irte?
Miré hacia atrás, se trataba de Inojin.
—Sólo quería despejarme, tengo muchas preocupaciones.
—Eh... Lo entiendo Saki, no vine a quitarte mucho tiempo sólo quiero darte esto.
—¿Qué cosa?
Me mostró dos frasquitos y los puso muy cerca de mi cara.
—Son un antídoto, mamá lo hizo. Dijo que es muy efectivo contra el veneno que suelen usar los enemigos. Hasta hace poco me enteré que ese monstruo que te mordió tenía veneno en sus colmillos.
Me sorprendí bastante.
—¡Bromeas! ¡Júralo! ¡¿Esas bestias tienen veneno en los dientes?!
Inojin se encogió de hombros.
—Sé que suena a disparate pero mamá lo confirmó. No te dijo nada para no alarmarte, pero gracias a eso es que pudo crear esto —movió las botellas—. Ojalá no vuelva a suceder pero si llegasen a ser mordidos por ese tipo de bestias, asegúrate de administrar una dosis. Por aquí señalé cuánto se necesita.
Tomé los frascos y los observé.
—Buena suerte, Saki. Espero que tú y los demás vivan, no tienes permitido morir ¿oíste?
—Claro, no lo haré. Tú también debes mantenerte con vida y rezaré por el día en que volvamos a vernos.
—Seguro que pronto los alcanzo, aprendo bastante rápido.
Ambos nos reímos y agradecí que Inojin apareciera en el momento preciso. Siempre me levantaba el ánimo.
Esa noche apenas pude descansar, me la pasé dando vueltas en la cama recordando esa voz y ese ser que nadie más podía ver. Me angustiaba pensar que pudiera haberse enojado conmigo, quizás él odiaba las mentiras y sabía que yo era una gran mentirosa.
¿Pero qué pasaba con todo ese enojo que proyectaban sus ojos? Estaba molesto porque casi acabaron con todo su linaje, ¿tendría algo más importante qué decirme?
El señor Itachi actuó igual de extraño, estando allí dijo algo de que no podía sentir... ¿Sentir qué?
Tantos secretos, todo eso me consumía. Mi objetivo inicial había sido rescatar a mamá, luego todo se volvió muy confuso y aunque estaba a pasos de ser parte de un ejército importante, algo me decía que las cosas no iban bien.
Disculpen que sea un capítulo cortito tras haber tardado tanto en actualizar, tengo unos asuntos personales que surgieron repentinamente y no me ha dado mucho tiempo para publicar capítulo, además de que no he tenido wifi. En fin, espero que este capítulo les haya gustado y gracias por sus mensajes.
