Capítulo 31.- "Un camino peligroso"

El cielo ni siquiera se había teñido de ese azul claro y opaco, estaba tan oscuro y estrellado cuando se llegó el momento de marchar. No hacía tanto frío pero estaba tan silencioso y tranquilo que todo me inquietaba alrededor.

El vehículo que nos llevaría hasta una parte del trayecto llegó y se detuvo a escasos metros de la casa. Para ser las cuatro y tanto de la mañana, todos nos hallábamos despiertos.

La médico Ino nos entregó algunas medicinas en un botiquín de primeros auxilios, el sargento Konohamaru se encargó de recogerlo. El señor Itachi, sentado en uno de los sillones nos dio indicaciones, todos oímos atentos a lo que tenía qué decir.

—Eviten hacer más ruido del normal, si van por la zona que creo que es, es conveniente que no utilicen objetos que puedan generar ruido al momento de caminar o correr, cosas como cadenas o cualquier otro artículo. Sus kunai deben ir bien sujetas a su pierna dentro de su respectivo portador y por último, no usen cremas o fragancias. Hay un punto donde el camino se vuelve más peligroso, el sargento Konohamaru lo conoce bien y confío en que los guiará con la debida seguridad.

—Claro que sí señor, cuente con ello —respondió.

—Por favor, lleve a estos chicos con bien. Son parte de nuestra última esperanza.

Boruto volteó conmigo una vez que el señor Itachi dijo aquello, en un principio no entendí pero lo haría más tarde.

Salimos de la casa y de pronto sentí algo en mi hombro, volteé y vi a la señora Ino. Su cara denotaba aquella preocupación de una madre que ve partir a sus hijos. Muy parecida a mi propia mamá cada vez que le decía que iría a comprar algunas cosas al mercado.

—Saki —pronunció y después me dio un abrazo fuerte—, por lo que más quieras tienes que vivir. Sé que entiendes lo que digo.

Ya que ella conocía mi secreto estaba convencida que se refería a mamá. Durante el abrazo pude ver la cara de Inojin, él a comparación de la primera vez que nos observó a su mamá y a mí de esa manera, en ese instante no lucía como alguien molesto, sino que se veía igual de angustiado.

Al terminar el abrazo, la señora Ino me miró a los ojos y sonrió muy ligeramente, luego fue y abrazó al resto de mis compañeros. Inojin se acercó y me pegó un golpecito en el hombro.

—Recuerda lo que te dije, tenemos que volver a vernos así que si te ves en peligro tienes que pelear con todo lo que tengas ¿entendiste?

Moví mi cabeza.

—Lo haré.

No dijimos más y comenzamos a subir al vehículo cuando el motor encendió. Antes de subir mi pie una ventisca me voló el cabello de la cara y entre la corriente de aire oí mi nombre.

«Sarada...»

La piel se me erizó completamente, toda desde los pies hasta la cabeza y giré mi rostro hacia atrás buscando a la persona que pronunció mi nombre real, con el temor de que los demás pudiesen haber escuchado esa voz pronto me percaté que fue algo que sólo yo pude oír.

El viento paró y mis ojos no veían más que la oscuridad a la lejanía, nadie me había llamado pero sabía que tampoco lo imaginé.

—Saki ¿qué pasa?

El sargento habló y lo miré.

—Nada, señor.

—Sube, tenemos que irnos.

No volví a escuchar la extraña voz, fue tan rápido que ni siquiera recordé si fue masculina o femenina, simplemente me dejé llevar por la sensación que me produjo el escuchar mi nombre real.

Las puertas se cerraron y dentro del vehículo todo se tornó oscuridad absoluta, apreté mis puños y respiré profundo a esperar que la ansiedad no me invadiera.

El señor Konohamaru y otro de los hombres del escuadrón iban en la parte delantera de la furgoneta. El resto de mis compañeros y yo tendríamos que viajar en la parte trasera como siempre nos desplazamos.

—Oigan —de repente Boruto habló—, escucharon lo que dijo el señor Itachi ¿verdad? Eso de que somos parte de la última esperanza.

—Sí, lo escuché —respondió Mitsuki.

—Yo también —dijimos al mismo tiempo Shikadai y yo.

—¿Saben lo que significa? No puedo decir que sea la verdad absoluta pero es una probabilidad grande —explicó mientras el vehículo se movía—. Hace pocos días oí al sargento hablar por radio con mi padre.

Momentáneamente la voz de Boruto se volvió quebradiza, casi pude escuchar a la perfección cuando tragó saliva y continuó hablando.

—Dijo algo sobre la división de infantería, ya saben que todos fuimos distribuidos en equipos y repartidos en distintos puntos.

—¿Pasó algo malo, Boruto? —Preguntó Shikadai, yo comencé a ponerme nerviosa.

—Chicos... Mi padre dijo algo así como que fueron atacados y...

Boruto tardó en hablar y Mitsuki lo instó a continuar mas él no lo hizo de inmediato.

—Boruto ¿es lo que creo que es?

—Fueron asesinados.

Mis ojos se llenaron de lágrimas pero nadie pudo verme debido a la oscuridad, todo el ambiente se volvió fúnebre.

—¿Q-qué? ¿Asesinados? —Balbuceé.

—Recuerdan que el comandante mencionó que seríamos integrados en equipos con miembros del ejército, creo que esto sucedió después de eso por lo que pienso que ahora no hay más miembros del cuerpo de infantería sólo nosotros y el sargento Konohamaru.

—Esto tiene que ser una broma —dijo Shikadai— ¿cómo es que ellos fueron atrapados y nosotros no?

—También nos encontraron, ¿o ya olvidaron que Saki fue atacado? Sin embargo tuvimos la suerte de que el comandante estuviera en nuestro territorio. No sé cómo rayos lo hicieron pero nos detectan de alguna forma y atacan a los más jóvenes para evitar que sean entrenados.

—Estamos en un peligro inminente —dijo Mitsuki—, ya deben conocer nuestros movimientos.

—¿Qué vamos a hacer? Si son muchos contra nosotros no podremos defendernos —Shikadai sonaba alarmado.

—Tenemos que desarrollar un plan, por desgracia desconocemos muchas cosas respecto a los miembros de Dragón de Koshi pero con lo poco que sabemos habrá que apañárselas.

—Bueno, entonces comencemos a recordar lo que sabemos de ellos —Shikadai empezó a enumerar—. Los que nos han atacado siempre van enmascarados y van acompañados de una bestia colmilluda.

—Los monstruos no son iguales, hay unos más grandes que otros y dependiendo de su tamaño son más agresivos —dijo Boruto.

—Los monstruos más grandes tienen veneno en sus colmillo —expresé.

—¿Qué? ¿Veneno?

—Sí —le contesté a Shikadai—, eso me dijo Inojin. El que me mordió tenía veneno en sus dientes.

—Demonios, eso no me lo esperaba.

—¿Qué más conocemos? —Boruto cuestionó.

Hubo silencio mientras pensábamos.

—El señor Itachi tiene la hipótesis de que pueden olfatear mujeres con gran cantidad de chakra o un buen linaje —habló Mitsuki—, y que son las bestias de gran tamaño las que tienen esa habilidad.

—Es cierto, lo dijo. Pero bueno, nosotros todos somos varones así que eso no es un problema en este momento.

Me quedé callada sólo pensando en lo equivocados que estaban y me empecé a sentir intranquila imaginando que por mi culpa nos pudieran atacar. Debido a mi sharingan las cosas podrían ponerse feas.

—¿Algo más? —Boruto preguntó.

—Los enmascarados posiblemente usan esas máscaras para evitar tener contacto directo con alguien que utilice técnicas visuales, el que me atacó peleó contra el comandante y se burló de que el sharingan no podría funcionar en él —comenté.

—Eso tiene sentido. Boruto, tu familia es heredera del byakugan ¿tú no lo has despertado?

—No, no es algo que se despierte con los años, se supone que desde una edad temprana nuestra habilidad se manifiesta y por desgracia no lo poseo porque mi padre no lo lleva en su sangre.

—Nunca escuché del byakugan ¿qué es exactamente lo que hace?

—Vaya Saki, es sorprendente que no lo sepas. El byakugan y el sharingan son las dos técnicas oculares más importantes que existen —me explicó Shikadai—, el byakugan puede ver el flujo del chakra y cerrar los puntos exactos para bloquear el paso de éste. Además, si se enfoca en una zona en específico puede mirar con claridad como si se tratase de un telescopio.

—Oh, vaya... Eso suena muy increíble. No sabía que existiera algo tan asombroso.

—Pero a pesar de que ser tan buena habilidad, el sharingan tiene algo que lo hizo más tentador para Dragón de Koshi —Boruto empezó a hablar—, por eso la masacre fue al clan Uchiha y no al Hyuga.

—¿Algo más tentador?

—El sharingan no se despierta en todos sus miembros, sólo lo hace en aquellos que tienen odio en su corazón.

—Eso debe ser mentira —interrumpió Mitsuki—, el señor Itachi es una persona muy amable y el comandante ha luchado todo este tiempo por nosotros. ¿Cómo ellos pueden tener odio en sus corazones?

—Pregúntaselo si quieres pero eso lo sabe todo el mundo, desde niño he escuchado a muchos hablar sobre los Uchiha. Algunos de ellos manifiestan una maldición de odio que tarde o temprano despierta y con ello, el sharingan se desarrolla. Si Dragón de Koshi los eligió fue porque seguro representaban una amenaza para su organización y como lo dijo el mismo comandante, se llevaron a sus mujeres y niños porque querían hacer algo siniestro con el kekkei genkai.

No pude opinar ni hacer nada más que oír atentamente a lo que Boruto contaba. Jamás escuché de técnicas asombrosas y yo ni siquiera sabía que tenía el sharingan hasta que el señor Kakashi me lo dijo. Mucho menos escuché de una maldición de odio y me preocupó bastante que fuera verdad porque de ser así significaba que yo también la poseía.

Anteriormente había experimentado un odio intenso cuando luché contra esos monstruos horripilantes y de un momento a otro dejé de sentir miedo armándome de valor, no importándome si mi vida peligraba. ¿A eso se refería Boruto cuando hablaba de esa maldición?

Luego pensé en Indra, la deidad de los Uchiha.

«No tolero que se profane algo tan puro como el sharingan y exijo a cambio que se destruya todo ser que ha participado en este sacrilegio»

Él se veía molesto, demasiado diría yo. Si estaba así de enojado sin duda era no sólo porque su descendencia fuera asesinada sino también porque era casi seguro que como todos pensaban, el sharingan que heredó estaba siendo utilizado para algo horrible... Pero exactamente ¿qué?

Mi pensamiento se turbó cuando el vehículo saltó y mi cuerpo chocó contra el de Mitsuki.

—Lo siento.

—No te preocupes Saki.

—Bien, no nos desviemos más del tema. Escuchen con atención, si somos atacados durante este trayecto tendremos que dar todo lo que podamos. Mitsuki, tú eres muy bueno manejando el elemento viento y rayo, yo apenas puedo controlarlo así que necesitaré que me ayudes a mezclarlo con mi rasengan, de ese modo lograremos hacerlo más grande y potente para atacar.

—De acuerdo.

Sin duda Boruto había cambiado demasiado desde que nos conocimos, quizás por la situación tan crítica y nuestra propia supervivencia él entendió que lo mejor era trabajar en equipo.

—Yo puedo manejar bien mi técnica de expansión de sombra para detener al enemigo, he trabajado duro y podría al menos atrapar a quienes estén en un rango de cincuenta metros de distancia por unos tres minutos.

—Eso suena muy bien, mientras tú los detienes, Mitsuki y yo los atacamos con mi rasengan mezclado con el rayo.

De pronto guardaron silencio y casi sentí que me miraban.

—Saki ¿exactamente qué puedes hacer tú?

—Bueno... yo tengo buena puntería y estuve... más bien intenté aprender el jutsu gran llama pero no puedo extender el fuego más de tres metros, entonces estaba practicando con el jutsu bola de fuego pero luego el comandante se molestó porque dijo que eso era exclusivo del clan Uchiha y después...

Me callé al caer en cuenta que todo lo tenía a medias, no había desarrollado ninguna técnica por estar perdiendo el tiempo mientras me recuperaba y me preocupaba por tonterías como las perlas de Sameri y sus sentimientos hacia Mitsuki. El comandante tenía razón, yo era la peor de todos.

Escuché que alguien carraspeó quizás por sentirse incómodo ante mi inútil existencia.

—Eh... Al menos tienes una excelente puntería, quizás puedas clavar algunos kunai mientras yo inmovilizo a los enemigos con mi técnica de expansión de sombra.

Ya no pude contestar, me estaba llenando de vergüenza.

Con el paso de las horas la furgoneta se detuvo y luego de la palabra clave las puertas fueron abiertas, sin darnos oportunidad de bajar, el sargento subió con nosotros a la parte posterior y empezó a darnos indicaciones.

—Estamos aún a varios tantos kilómetros de nuestro destino, vamos a usar estos diez minutos para hacer nuestras necesidades y tomar un poco de aire, luego volveremos a subir al vehículo y no nos detendremos hasta que sean las siete de la tarde. No podemos avanzar por este lugar mientras esté oscuro porque eso lo hace incluso peor. Así que el tiempo corre, no se alejen demasiado y regresen aquí cuando terminen. ¡Andando!

Todos bajamos del vehículo y cada uno se fue por su camino. El sol estaba en su esplendor pero aún así había ausencia de calor.

Me alejé lo suficiente para no ser vista y después de terminar con mis necesidades, me dirigí al arroyo que cruzaba el bosque ya no estaba muy lejos de donde fui y me enjuagué las manos.

—El silencio es horrible —musité.

Presté más atención al agua que corría sobre las rocas verduscas por el moho y noté algo extraño, el color era diferente, tenía una tonalidad más oscura y dirigí la mirada por todo el arroyo hacia el sentido contrario a donde fluía el agua hasta quedarme más helada de lo que ya estaba. Sobre una roca pegada al caudal estaba un cadáver y su sangre se desbordaba.

No pude seguir viendo la escena y empecé a temblar, rápidamente corrí hasta encontrar a mis compañeros y en cuanto el sargento me vio me sujetó de los brazos.

—Señor, señor —no podía ni hablar bien, mi cuerpo tampoco paraba su vibrar.

—¿Qué sucede? Saki, cálmate.

—Ha-hay un cadáver —jadeé—, hay un cadáver en el arroyo.

El hombre que acompañaba al sargento se quedó de pie junto a nosotros, el señor Konohamaru me soltó y lo miró.

—Quédate con ellos, iré a inspeccionar —le dijo.

—No, no vaya —pedí—, no tiene caso, es mejor que nos vayamos.

—Suban todos al vehículo, no tardaré. Si ves que no regreso en cinco minutos, váyanse.

—Señor-

—Entendido —respondió el hombre.

El sargento asintió con un movimiento de su cabeza y se dirigió al lugar donde presencié tan horrible escenario. Mis manos no paraban de temblar y pensé en las palabras del comandante cuando me dijo que no sería la única persona que vería morir, en este caso se trataba ya de un fallecido, pero la imagen era tan horrible que no se borraba de mi mente.

—Saki, tranquilo —Mitsuki puso su mano en mi espalda—, no pasa nada. Él volverá.

Boruto se me quedaba viendo y después miraba hacia el suelo. Todos estábamos preocupados, casi podía palpar ese sentimiento.

El hombre que conducía el vehículo observaba su reloj y lanzaba suspiros al aire. A mi parecer, cinco minutos era muy poco tiempo para irnos si el sargento no volvía.

El tiempo pasaba y no vislumbraba al señor Konohamaru, Shikadai movía su pie constantemente y Boruto se mordía el pulgar.

—Suban a la furgoneta —dijo el hombre de cabellos castaños.

—No, no podemos irnos aún, él volverá pronto, tiene que volver.

—Ya escucharon la orden que nos dio, queda menos de un minuto, si para entonces no regresa tengo que protegerlos.

Sujeté su chaleco impidiéndole avanzar.

—Y ¿qué tal si se retrasó? No podemos dejarlo aquí.

—Muchacho, sube por favor.

—Saki, es mejor que obedezcamos —me dijo Mitsuki.

Solté la prenda del hombre y miré a mi compañero, estaba segura que nadie quería irse sin el sargento pero aún contra su voluntad subían al vehículo. Cuando todos estuvimos arriba, miré que el señor Konohamaru se acercaba corriendo y sentí un gran alivio.

—Se-

—No hay tiempo, ¡vámonos!

No me dejó hablar y cerró las puertas tan rápido como pudo. Lo escuché subirse en la parte frontal y el motor arrancó; me agarré fuerte del asiento aunque de nada me sirvió porque con la gran velocidad, inevitablemente Mitsuki y yo estuvimos golpeándonos por el movimiento brusco. Lo mismo para Shikadai y Boruto.

Constantemente me mantuve pensando qué fue lo que el sargento descubrió y porque tenía ese rostro tan turbado.

Pasó el tiempo, no intercambiamos muchas palabras desde entonces y el camino se nos hizo eterno hasta que finalmente la furgoneta se detuvo. Shikadai recibió la palabra clave por el radio inalámbrico y luego de la respuesta correcta, las puertas posteriores fueron abiertas permitiéndonos ver que la noche estaba llegando.

—Estamos dentro de una de las cuevas de este bosque, muy cerca de la montaña, a más de la mitad del camino, muchachos. Mañana temprano nos iremos caminando.

—¿Qué pasará con el vehículo? —Preguntó Shikadai.

—Tendremos que dejarlo aquí. No dormiremos en la intemperie, por eso es que el furgón lo estacionamos dentro de este lugar. Tampoco podemos encender una fogata, les daré comida militar y con eso aguantaremos hasta mañana al medio día. Si tienen que orinar o algo más, lo harán donde yo les diga, por ningún motivo permitiré que se alejen demasiado.

—Señor sargento, ¿había algo más junto al cadáver? —Pregunté, su desesperación por mantenernos unidos era muy notable. Me miró escasos instantes y desvió sus ojos a otro lugar.

—Era uno de mis compañeros —soltó repentinamente con un tono triste y después vi cómo sus puños se apretaban haciendo blancos sus nudillos—. Me hubiera gustado darle una sepultura digna, pero sé que tarde o temprano vengaré su muerte.

Sentí mi corazón romperse, mis ojos se cristalizaron y mis labios ardieron. Mis compañeros lucían tan afligidos como yo.

—Obedezcan a todas mis órdenes —nos vio a los ojos, su propia mirada parecía llena de dolor—, por favor.

—Sí... sí señor —respondí.

—Sí señor —contestaron los demás.

Se volteó dándonos la espalda.

—Voy a buscar un sitio seguro para sus necesidades, no se muevan de aquí.

Puedo decir que esa noche fue la más larga y dura que viví después de unirme al escuadrón. El silencio fúnebre, el vacío en mi corazón y ese frío invernal y húmedo que empeoraban toda la tristeza.

Acurrucados en la parte trasera del vehículo, acobijados con unas mantas que más tarde abandonaríamos, pasamos la noche. La cabeza de Boruto cayó sobre mi hombro izquierdo, derrotado por el cansancio; Mitsuki apenas durmió al igual que yo y eso me permitió notar que el sargento tampoco descansó lo suficiente. Recargado en el asiento de vez en cuando miraba hacia afuera por la rendija del la puerta, aunque con la escasa luz de la luna su silueta era todo lo que podía apreciar.

Quizás si no estuviéramos a mitad de un bosque con el peligro de ser atrapados por la organización enemiga, el pudiera haberle dado sepultura a su amigo y rezar por su alma. Tal vez le hubiera llorado y sacado de su pecho esa pena que tenía que guardarse con tal de ser lo suficientemente fuerte para completar la misión y pensar con la cabeza fría sin ponernos en riesgo.

No me había tomado la molestia de entender cuán duro era para ellos como adultos líderes el cargar con todo eso. Ver morir a sus amigos, perder todo lo que aman y sacrificar sus propias vidas para liberar a todo un país de la terrible oscuridad.

¿De verdad podríamos lograrlo?

(...)

A las seis de la mañana partimos de ese punto del bosque hacia nuestro objetivo. Sólo cargando nuestras mochilas y asegurándonos de que nuestro desplazamiento no fuera tan llamativo.

Los rayos del sol todavía no se asomaban pero el cielo había clareado lo suficiente para permitirnos ver el camino. Evidentemente el frío se intensificó conforme la mañana avanzó, y mis dientes tiritaban sin poder controlarlo.

Comparado con el día anterior, éste apostaba a ser uno más relajado o quizás fue sólo mi perspectiva debido al hermoso paisaje invernal y el hecho de que era de día.

—Aquí tengan cuidado para cruzar, está muy angosto. Sujétense de las manos para ir en cadena —ordenó el sargento.

Se trataba de una parte de la montaña que daba hacia una caída de varios metros, lo que la hacía arriesgada.

Boruto me tomó de la mano derecha y Mitsuki de la izquierda, fue así que logramos cruzar sin resbalar.

Al llegar el medio día nos detuvimos para comer, no era la comida más deliciosa y tampoco teníamos mucho tiempo para alimentarnos. Unas simples galletas de avena y agua embotellada fueron nuestro aperitivo y después continuamos caminando.

—¿En este bosque no hay osos, señor sargento? —Pregunté.

—Los hay, pero no en esta zona. Anteriormente había varios osos negros por aquí pero disminuyeron a causa de Dragón de Koshi. Sus pieles eran muy valiosas en el bajo mundo del mercado negro y comenzaron a ganar dinero con algunos trabajos sucios.

—Pero ¿quién puede ser tan desalmado para comprar pieles habiendo opciones como el algodón y el poliéster? —Mencionó Boruto.

—Creo que la respuesta es obvia. Ya sabrán que los señores feudales y algunos terratenientes quieren vestirse con "ropas finas" —el sargento movió sus dedos para enfatizar—. Gracias ellos la demanda incrementó, luego de que el escuadrón interviniera, se hicieron los desentendidos pero de algún modo ellos influyeron en la riqueza y crecimiento de esa organización criminal.

—Malditos imbéciles —musitó Boruto.

Tras varias horas caminando y con breves descansos de cinco minutos, al pasar por una densa parte del bosque donde la niebla estaba rodeándonos, un ruido parecido a pisadas fuertes nos puso a todos en alerta.

—Quédense detrás de mí —ordenó el sargento sin alzar mucho la voz.

Ni siquiera sentía que pudiera respirar sin que lo notaran pero no era el momento de ser cobarde y me coloqué justo a un lado del señor Konohamaru.

—No falta mucho para llegar, deberíamos intentar escapar —oí que el señor militar le comentó al sargento.

—Quedémonos aquí, no sabemos si nos tienen rodeados y lo mejor será no hacer escándalo. Quizás no han notado nuestra presencia.

Sin que me vieran, aproveché para activar mi sharingan y saber si estos ojos podían ver a través de la niebla, lo que detecté fueron cuatro individuos con un chakra resplandeciente de un color claro y uno de ellos tenía una llama en su interior más grande que el resto.

—Son cuatro —murmuré sin darme cuenta que el sargento podía oírme.

—¿Qué?

Reaccioné y desactivé mi sharingan con rapidez, apenas volteé y el sargento también lo hizo, por fortuna no alcanzó a ver mi kekkei genkai.

—¿Dijiste que son cuatro qué?

—Bueno, tengo el presentimiento de que esa es la cantidad de seres que se acercan a nosotros.

—Preparen sus armas, muchachos —nos indicó y todos tomaron un kunai, yo también lo hice.

Poco a poco se vislumbraban las siluetas de aquellos que venían hacia nosotros y la mano del señor Konohamaru me apartó para que no estuviera a su lado.

—Quédate atrás.

Todos estábamos a la expectativa de lo que pasaría, con temor observé el instante en que ante nosotros aparecieron exactamente la cantidad de figuras que vi con mi sharingan sin embargo cuando vi ese rostro mi corazón latió con tranquilidad.

—Tranquilos, bajen las armas somos nosotros.

—¿Teniente Uzumaki?

—¿Papá?

El hombre rubio que conocí la noche que llegué a la zona de entrenamiento había llegado junto con otros tres hombres y su sonrisa fue lo primero que percibí.

El rostro del sargento se relajó y sus labios se curvaron en un gran alivio.

—Itachi me dijo que vendrían por órdenes de Sasuke así que pensé que sería bueno recogerlos ya que estábamos cerca. ¿Todo bien?

—Sí señor, estamos bien —contestó el sargento, aunque yo sabía que él no lo estaba del todo.

—Ya inspeccionamos esta zona, no hay enemigos ¿verdad Neji?

Miré al hombre que se refirió el señor Uzumaki, era un tipo alto de cabello largo lo bastante bien parecido, pero algo en particular llamó mi atención, sus ojos eran como los de la mamá de Boruto y estaba mirándome de pies a cabeza sin mostrar expresión alguna.

—Tío Neji, quiero decir-

—No tienes que ser tan formal —respondió—. Es cierto ya vi la zona y está libre. Deberíamos irnos.

Se dio la media vuelta y caminó, el señor Uzumaki ladeó su cabeza cuando nuestras miradas se encontraron.

—Oye, yo te recuerdo —dijo— en la zona de entrenamiento ¿tú eres el chico nuevo?

—S-sí, sí señor. Soy Saki.

De pronto sonrió tan ampliamente que me avergonzó.

—Me alegra que estés aquí, de verdad. Todos ustedes, chicos, estoy feliz de que sigan —hizo una pausa— con nosotros.

Sólo pude pensar que él estaba al menos agradecido de que no muriéramos en manos de Dragón de Koshi.

—Boruto —miró a su hijo con ternura—, has crecido mucho.

El rubio no mostró esa felicidad que yo esperaba pero después de todos esos días conviviendo con él, ya me imaginaba que sería así. Se guardaría su felicidad.

—Bueno, vámonos.

El teniente se dio la media vuelta y juntos caminamos el resto del trayecto.


¡Gracias por leer! Disculpen por mi demora pero creo que no estaré actualizando tan seguido, aún así tendrán capítulos seguros.