Capítulo 33.- "Ocultarse"

Era el día siguiente, acababa de bañarme aprovechando que no había nadie cerca y para que eso hubiese sido posible tuve que hacerlo muy temprano por la madrugada.

La montaña tenía un baño pequeño hecho con madera, el agua la obtenían del río y después la calentaban en una olla. Así tuve que hacer para poder bañarme, y para prender la fogata hice uso de la gran llama, aunque claro, en un nivel más bajo.

—Qué asco, qué asco…

Me untaba la cosa viscosa que el general me entregó el día anterior, el sólo recordar lo que era, me provocaba náuseas. Sentía que ser mujer en esta época era simplemente horrible, no obstante también entendía que por el bien de los demás yo tenía que hacer ese sacrificio.

—Saki, qué madrugador.

Casi se me cayó el botecito de las manos cuando escuché aquella voz. Reaccioné rápido y pude evitar que tocara el suelo.

—Te-teniente…

—Ups, lamento haberte espantado.

Se rascó la cabeza, su cara me indicó que se hallaba cansado.

—Hoy el clima está mejor, ayer hacía mucho frío —dijo—. ¡Oh! Veo que ya te bañaste, ¿qué es eso que traes en tus manos?

—Uhm… Es una pomada.

—¿Servirá para los raspones?

—¿Eh?

Miró a todos lados, luego bajó la voz.

—No se lo digas a nadie pero ayer me caí de rodillas y-

—No es para los raspones —el general había aparecido detrás de nosotros, muy habitual de él—, se lo dio la sargento Ino para evitar que su piel tenga daños por la exposición al veneno de ese animal.

—Oh, entiendo.

Miré con confusión la manera en que ellos dos se hablaban; el general era de menor rango que el teniente y sin embargo parecía su superior por su forma de dirigirse a él. Incluso el teniente Naruto le hablaba con respeto.

—¿No ha llegado Sasuke? —Preguntó el general.

—No. No debe estar muy lejos de aquí, pero me preocupa que se exponga tanto al peligro. A veces pienso que busca la muerte a propósito.

El general le metió un codazo al teniente y éste reaccionó mirándome. Comprendí que yo estaba siendo un estorbo en aquella conversación.

—Ah, me retiro ahora —hice una reverencia mas luego recordé algo, enderecé la espalda y miré al padre de Boruto—.Señor teniente… Respecto a la historia que nos contó sobre el Dragón de Koshi… Usted dijo que es probable que la forma en que el dios del mar lo derrotó no haya sido porque cortó sus cabezas, entonces ¿qué cree que pasó realmente?

Los azules ojos del teniente me observaron, de pronto ya no parecía un chiquillo haciendo bromas sino que su aura lo volvió un hombre triste y maduro.

—No es nada certero, muchacho, pero si recuerdas bien todo lo que dije, mencioné que según la leyenda, el dragón tenía ocho pares de ojos rojos. Quizás es atrevido pensarlo pero creemos que el dios del mar le quitó esos ojos dejándolo sin posibilidad alguna de ganar.

—Sus ojos… ¿eran su fuente de poder?

—Debieron ser ojos muy poderosos para soportar tantas reservas de chakra.

Miré al general, él estaba callado y eso me hizo pensar que él quería que yo supiera más. De todos modos había surgido una idea dentro de mi mente y no quise mantenerla oculta.

—Eso pudiera significar que cuando la organización Dragón de Koshi secuestró a todas esas mujeres Uchiha, lo hizo para apoderarse de sus ojos. Como venganza y deseo de resucitar a ese monstruo. Los ojos que poseen el sharingan pueden reemplazar a los antiguos ojos del dragón.

Lo miré fijamente, él movió su cabeza dándome la razón.

—Teniente, buenos días. Lamento hostigarlo tan temprano pero ¿puede acompañarme? Necesito darle información importante.

Uno de los militares había llegado repentinamente y ya no pudimos continuar con esa charla. No fue hasta más tarde que el general terminó de contarme lo que necesitaba saber.

Mientras guardábamos madera en una de las cuevas, me explicó el resto de la historia.

—Cuando ocurrió el ataque al clan Uchiha, los criminales cometieron el error de asesinar a los varones, o al menos así lo vieron sus posibles líderes.

—No entiendo señor, ¿por qué error?

El general dejó un cargamento de troncos partidos y se sacudió las manos. Se quedó mirando al horizonte unos momentos antes de continuar.

—Porque hasta la fecha se sigue creyendo que sólo los varones Uchiha podían despertar el sharingan. Unas horas después de que mataron a todos, o al menos a la mayoría de los hombres, volvieron para llevarse a las mujeres. Ellos posiblemente se lamentaron de haber terminado con la vida de estos Uchiha sin antes haber extraído sus ojos, sabes que el sharingan no funciona después de que el usuario muere.

—¿Y qué pasa con las mujeres? ¿Cree que alguna de las que se llevaron haya despertado el sharingan?

—Es posible, o quizás también las utilizaron para procrear con la esperanza de que naciera algún usuario del sharingan. Han pasado muchos años desde ese entonces, si eso ocurrió tal cual, es probable que hoy en día esos chicos tengan aproximadamente tu edad… O también podrían estar muertos.

Todo eso sonaba horrible, fuera cual fuera la situación real, nada bueno se podía esperar de Dragón de Koshi.

—Entonces esa es la razón por la que usted quiere que mi sharingan sea un secreto, para protegerme.

—Así es. Y me duele tener que hacerlo porque en otra época y bajo otras circunstancias, entrenar tu sharingan sin restricciones sería grandioso.

—Pero señor Kakashi ¿y si lo hablamos con el comandante? Sabe, él quizás pueda comprenderlo… Después de todo él también tiene el sharingan.

—Hablando de eso, creo que es lógico que ambos estamos en el mismo canal. Te has enterado que alguien más tiene esa prodigiosa habilidad ¿cómo te diste cuenta? Aunque he de suponer que tarde o temprano lo sabrías.

Me encogí de hombros y me agaché a recoger un tronco pequeño que resbaló de la pirámide que hice.

—El comandante me salvó de una bestia horrible, creo que usted ya debe estar al tanto del incidente. Fue allí cuando lo descubrí, sus ojos… o bueno, al menos su ojo derecho era parecido al mío, él terminó por confirmármelo, también tiene el sharingan. Incluso su hermano, el señor Itachi pero él ahora está a punto de tener ceguera total.

El general se sentó sobre un costal y lanzó un fuerte suspiro, como si se sintiera agotado.

—Olvidas que el comandante no sabe que eres mujer, aunque tengas el sharingan él definitivamente no te querrá aquí.

Mis ánimos bajaron, era cierto, el comandante incluso podría enojarme muchísimo con el general Kakashi y tampoco era mi intención meterlo en problemas.

—Seguirá siendo nuestro secreto —expresé con desánimo—. Pero ¿sabe algo?

No respondió con palabras, un simple «mmm» fue su respuesta.

—Una parte de mí se siente contenta de saber que a parte de mi madre, tengo más familia.

Fue en ese momento que el señor Kakashi me prestó más atención, y sus ojos negros se abrieron mucho al oírme decir aquello.

—Saki, tú…

—Quizás el señor Itachi, el señor Fugaku, la señora Mikoto y aunque me cueste aceptarlo, también el comandante, todos ellos de alguna manera son familiares míos, lejanos tal vez, pero lo son ¿no lo cree?

Él se rascó la cabeza.

—Sí, podría ser.

—Cuando todo esto termine y pueda rescatar a mamá, me gustaría preguntarle muchas cosas. Así quizás pueda saber qué tan directo es nuestro lazo.

No hubo más palabras entre nosotros, terminamos el trabajo y cada uno se fue a su respectiva área.

(…)

Cuando la tarde cayó, el cielo se llenó de nubes grises, se veían tan pesadas que parecían caer en cualquier momento. Por el fuerte olor a tierra húmeda supe que llovería, de hecho todos lo sabían por esa razón comenzaron a guardar algunas herramientas y demás objetos para resguardarse de lo que se avecinaba.

Boruto, Mitsuki, Shikadai y yo estábamos juntos en uno de los cuartos. Una lámpara de aceite iluminaba escasamente dentro del lugar y el ambiente se veía tan triste que era casi imposible ser optimista. En aquella situación extrañaba la imprudencia de Inojin.

La puerta repentinamente fue abierta y sólo pudimos escuchar un «aquí están, señor»

Nos levantamos del suelo cuando vimos que el comandante Sasuke ingresó y se nos quedó mirando uno por uno. No sabíamos si debíamos hacer alguna reverencia, todo fue tan repentino que incluso a esas alturas ya habían pasado varios segundos para tal acción.

Ninguno de nosotros hablaba, simplemente nos veíamos de reojo.

—¿Heridas? —Preguntó el comandante al hombre a su lado, cuando lo miré bien me di cuenta que se trataba del tío de Boruto, Neji.

—Sólo Saki, pero es mínimo. Según el informe de la sargento Yamanaka, se recupera exitosamente.

—De acuerdo.

Dejó de lado al militar y se dirigió a nosotros, con su pose llena de autoridad y su mirada fuerte nos observó.

—Escuchen bien esto, ustedes ya no son unos niños. Ahora que son parte del ejército serán tratados como hombres y basándome en sus habilidades los he asignado en grupos. A partir de mañana cada quien se integrará en uno y seguirán mis órdenes tal cual ¿entendido?

—Sí, señor.

—El teniente Uzumaki me informó que les ha contado sobre Dragón de Koshi, espero que se tomen esto con seriedad y mantengan la cabeza fría. Es todo.

Se giró para marcharse pero Boruto habló logrando que él no continuara su andar.

—Comandante… ¿Qué pasa si ese monstruo revive?

—Si eso ocurre, todos moriremos —nos miró por encima de su hombro—. No hay mortal que pueda derrotar a algo como eso.

—¿Y cuál es el fin de que esa cosa viva? —Preguntó Mitsuki.

—No lo sabemos, pero es lógico pensar que no debe ser algo positivo. Ahora prepárense para mañana y duerman lo mejor posible.

Salió y nosotros nos quedamos con intriga y malestar. Si incluso el comandante dudaba de lo que pudiera ocurrir significaba que nuestras esperanzas de ganar se reducían abruptamente.

(…)

«—Mamá, tengo mucho miedo, no me gustan los truenos.

Cuando tengas temor, canta esta canción y así no podrás recordar nada malo ni escuchar algo que pueda asustarte ¿de acuerdo, Sarada?

Por la verde pradera mis pies andan y andan, el viento me acaricia… »

Mis ojos se abrieron tras el sonoro estruendo del cielo, la lluvia se oía afuera y la oscuridad absoluta me permitía concentrar mi sentido del oído.

Mis compañeros seguían dormidos, sólo Shikadai se movió para darse la vuelta pero de ahí nadie más se percató de la tormenta.

Soñar con mamá me puso muy triste, realmente la extrañaba y aunque quería mantener mis esperanzas frente al general, vivir toda esa situación me hacía dudar de ser capaz de alcanzar mi sueño de hallarla sana y salva.

Los de Dragón de Koshi eran seres despreciables, capaces de hacer cosas horribles. Ya habían transcurrido varios meses ¿en dónde y cómo podría estar mamá?

Me tapé con mi cobija hasta la cabeza y cerré los ojos, aunque de todos modos tenerlos abiertos no me permitía ver nada, pero mi cabeza estaba llena de tantas cosas lamentables que lo único que deseaba era volver a dormir.

(…)

Cuando la mañana llegó, la lluvia había cesado y solamente quedaban las gotas que resbalaban de las hojas de los árboles y se estallaban contra el suelo.

Todos nos formamos para escuchar al comandante quien nos daría indicaciones. Comenzó hablando de la situación actual, de la cantidad de bajas y de posibles ubicaciones de los criminales, posteriormente nos explicó que formaría los equipos que planeó para avanzar sigilosamente y no ser detectados.

Apreté los puños y me concentré seriamente en mi plegaria «que no me toque con él, que no me toque con él»

Boruto fue enviado al equipo donde su padre era líder, la mueca de su cara no cambió en lo absoluto pero me sentí bien por él, porque sabía que aunque era orgulloso, por dentro se hallaba feliz.

Shikadai también fue destinado a ser parte de la agrupación donde se hallaba su papá.

Mitsuki fue nombrado para pertenecer al equipo del comandante, mismo en el que el general Kakashi también estaba.

Finalmente me nombró.

—Saki, tú también vienes conmigo.

«Maldita sea»

—Y estos son los equipos, todos estarán bajo las órdenes de sus respectivos líderes sin embargo, también obedecerán a mis mandatos. A los elementos que nombré en mi equipo, quiero que preparen sus pertenencias porque nos marchamos en una hora.

—¿Eh? —Volteé con Mitsuki, él me indicó con su dedo que guardara silencio.

—¿Hay alguna objeción? —Me di cuenta que el comandante me miraba directamente.

—N-no, señor.

—No te escuché.

Tragué saliva y levanté la voz.

—¡No, señor!

Me miró de forma severa hasta que finalmente terminó con el contacto.

—Rompan filas.

Respiré aliviada, Mitsuki se acercó a mí.

—Debes ser más precavido.

—Lo siento, me dejé llevar.

—Vamos, hay que organizarnos para evitar que nos regañe.

Miré a Shikadai caminar hacia su padre y por el otro lado, Boruto simplemente andaba a paso lento hacia el lugar donde dormimos.

—¿Por qué nos iremos? —Pregunté

—El comandante debe tener planes, será más peligroso y difícil para nosotros estar en su equipo.

—¿Por qué lo dices?

—Porque él es el líder —dijo Mitsuki sin dejar de verme—, y como tal, es el objetivo principal de Dragón de Koshi.

A mi mente llegó el recuerdo de lo que me dijo el general y lo musité.

—Su sharingan… Es probable que lo deseen.

—¿Saki?

—Parece que tengo que contarte algo, Mitsuki… Algo importante.

Aprovechando el tiempo de preparar nuestras pertenencias, puse a Mitsuki al tanto de la situación respecto a los ojos del dragón. Ambos compartimos nuestros puntos de vista en cuanto a esto y como lo dijo el comandante Sasuke, concluimos que si el monstruo era resucitado y conseguía el sharingan, todo acabaría.

Me preocupaba eso y también me inquietaba el hecho de que Shikadai y Boruto serían separados de nosotros, no dudaba de sus habilidades pero temía no volver a verlos nunca más. Aunque Boruto y yo no éramos los grandes amigos, le tenía cierto afecto.

Todos llevábamos un largo tiempo juntos, quizás ellos se sentían igual.

—Saki, durante este viaje, pase lo que pase no te separes de mí.

Levanté el rostro cuando oí que Mitsuki había dicho aquella frase, él tenía esa expresión en su rostro que muy difícilmente puedo describir porque, sus ojos color ámbar eran lo que más resaltaba en su cara y al mismo tiempo me hipnotizaban.

—Mitsuki, ¿tú-?

—Aquí están, los estaba buscando. Hay que irnos adelantando de una vez antes de que el comandante se moleste.

El señor Kakashi había entrado y movió sus manos en el aire ordenándonos salir, Mitsuki se colgó la mochila y caminó hacia la salida, yo fui detrás de él.

Afuera Shikadai y Boruto nos despidieron, aunque éste último no fue tan emotivo como Inojin y sólo me dio un golpe en el pecho con su puño, no algo muy fuerte pero me avergoncé pues no esperaba tal acto. Agradecía haber utilizado ese vendaje y que una gran chamarra me cubriera el cuerpo. Oí que el señor Kakashi tosió.

—Tal como se lo dijimos a Inojin, tienen que sobrevivir —expresó, dejó de mirarme para dirigirse a Mitsuki—. No importa si es un dragón, un perro o lo que sea, no debemos permitir que nos derroten.

—Lo mismo les digo a ustedes —mencionó Mitsuki—. Jamás pudimos hacer esa gran técnica combinando nuestras habilidades, pero sé que por separado también somos capaces de lograr grandes cosas.

Tras un momento de silencio y contacto visual directo, Boruto y Mitsuki chocaron puños. Eran como dos rivales que finalmente se convertían en aliados.

—Buena suerte, no se mueran —sentenció Shikadai.

—¡Vámonos!

La voz del señor Kakashi sonó al fondo, él ya iba por delante junto a otros militares. Estreché mi mano con Shikadai y le devolví el golpe a Boruto.

—Nos veremos después.

(…)

El cielo pasó de un tono opaco a un gris intenso, que si bien no estaba lloviendo no tardaría en suceder.

No utilizamos vehículos para desplazarnos, el comandante decidió que era mejor andar a pie porque más adelante entraríamos a un terreno expuesto al peligro y debíamos hacer el menor ruido posible. Sin embargo, parte del área por la que íbamos aún podía considerarse libre de riesgos; el señor Neji ya se había encargado de revisar los alrededores gracias a que pertenecía a nuestro equipo.

Para no viajar en un grupo tan grande, se formaron divisiones y cada una tomaría otra ruta que al final nos reuniría otra vez; en mi caso, no fui separada de Mitsuki, pero sí del general Kakashi y para presionarme más la existencia, continué el trayecto con el comandante quien me estresaba demasiado.

Todos pasaríamos la noche en las orillas del bosque, por lo que improvisamos un refugio hecho con ramas de árbol y nuestras cobijas en el suelo. El comandante encendió una pequeña fogata y se quedó sentado junto a ella.

Miré hacia el cielo que casi oscurecía por completo y me pregunté si la lluvia nos alcanzaría; como si él pudiera leer mi mente, el señor Sasuke se anticipó a mis palabras.

—No lloverá aquí —de repente soltó. Lo miré y él se concentraba en observar el fuego.

—Uhm…

No supe qué responder, ni siquiera sabía si debía hacerlo. Miré a mi alrededor tratando de encontrar algo para alejarme de su presencia pero al momento de mover mi pie, se oyó un gruñido que me espantó, el comandante rápidamente se puso de pie y cuando volteé me di cuenta que se trataba de una de esas bestias horripilantes que se arrastraba por el suelo.

En un primer instante me causó un gran impacto, pero al verlo con detenimiento me percaté de que estaba moribundo, su cuerpo lleno de sangre y no parecían ser heridas nuevas. Me veía con esos ojos intensos y fulminantes que lucían llenos de agresividad y odio. El resto de los militares velozmente acabaron con él ya que por su condición, no representaba un gran desafío.

—Neji…

—Sus niveles de chakra estaban demasiado bajos, tarde o temprano moriría —aseguró antes de que el comandante le recriminara el no mencionar sobre ese animal.

—Pues mira que tardó en morir —el comandante chistó y pasó de largo para inspeccionar al animal—. Es uno de los grandes, me pregunto quién se haría cargo de él.

—Uno de los grandes —mascullé y luego recordé que eran los que olfateaban mujeres.

«¡Maldición! ¡Lo había olvidado! ¡El ungüento!»

Corrí hacia mi mochila y comencé a buscar el botecito con la fórmula mágica que me haría invisible a esos horripilantes monstruos. Me remangué el pantalón y la chamarra para untarme esa asquerosa sustancia y no causar problemas.

—¿Qué haces?

Levanté la cabeza y vi al tío de Boruto, sus claros ojos me perturbaban.

—Es-es medicina para mi piel.

Alzó una ceja y permaneció observándome hasta que el comandante volvió y le dio unas palmadas en el hombro.

—Deshazte de esa bestia.

El señor Neji no recriminó nada pero por su gesticulación imaginé que el comandante estaba castigándole por no mencionar que en el bosque quedaba moribundo uno de esos monstruos.

—Pff… ¿Qué demonios es ese olor?

Dijo el señor Sasuke mientras se iba a otro extremo de nuestro campamento, rápidamente me acomodé la ropa y escondí el botecito en mi mochila pero mi acción no pasó desapercibida para la vista de aquel hombre quien desde su sitio cerca del animal muerto, no había dejado de prestarme atención.


Gracias por leer y a quienes me mandaron mensajes preguntándome si estoy bien, trataré de actualizar más rápido, perdonen mi gran demora.