Capítulo 34.- "Una triste melodía | Narración V"
Desde el momento que abrí mis ojos en aquella mañana y al oler la tierra húmeda del bosque, tuve la sensación de que no sería un gran día.
Empezando por el hecho de que me sentía extraña como al principio; lejos de lo único que conocía y que aunque mi estadía fuera breve en aquellos lugares cuando convivía con mis compañeros, era como estar en casa.
Tener a Mitsuki cerca de mí era lo que me mantenía fuerte y segura, pero no podía negar que la presencia del señor Kakashi era incluso más poderosa para calmar mi ansiedad.
El comandante siempre andaba con su cara dura y en repetidas ocasiones me pude dar cuenta que me observaba, eso me intimidaba mucho y por momentos creía que él ya estaba enterado de mi secreto y en cualquier momento me expondría.
Quizás también aquel otro hombre, el militar Neji Hyuga, quien desde que me vio por primera vez no había dejado de preguntarme cosas y observarme casi igual que el comandante. Si su habilidad ocular eran capaz de ver a través de todo podía incluso pensar que él estaba al tanto que yo era una chica.
No sabía hasta cuándo llegaríamos al punto acordado, tenía la curiosidad por conocer aquel nuevo sitio mas también me aterraba lo que pudiera ocurrir. Después de que aquella bestia moribunda se presentara frente a nuestro campamento, el comandante estaba alerta en todo momento y casi no le vi descansar.
Cuando la mañana llegó, Mitsuki y yo nos quedamos juntos esperando órdenes pero simplemente éramos ignorados y el resto de los hombres se hacían cargo de todo lo que el señor Uchiha mandaba.
Sentados con resignación y en medio del aburrimiento, Mitsuki comenzó a susurrarme algunas cosas de las que se había percatado mientras los demás caminaban de un lado a otro preparando armamento o viendo algunos mapas.
—¿Has notado que el hombre de ojos claros nos tiene en la mira?
No miré a mi compañero, solamente moví mi cabeza para afirmar.
—¿También te observa a ti? —Murmuré.
—No creo que se traten de suposiciones mías, aunque creo que es natural que no confíen en nosotros porque somos huérfanos.
—Todo esto me da un mal presentimiento —aseguré—, nadie nos dice nada es como si tuvieran prohibido hablar con nosotros. ¿No lo crees así?
De reojo nos vimos, él asintió en un movimiento.
—El hecho de que estemos juntos en el equipo y lejos de los demás que conocemos, incluso el sargento Konohamaru y el general Hatake fueron separados de nosotros. Saki, lo diré de nuevo así que por favor hazme caso.
Nuestros ojos se conectaron, sus iris no brillaban como en otras ocasiones y me pregunté si se debía a que el día era tan opaco y tenebroso.
—Cualquier cosa no te apartes de mí.
—No lo haré.
(…)
Con el transcurso del día nos fuimos movilizando al interior del bosque húmedo y frío; según el comandante debíamos avanzar para reunirnos con el resto de los miembros quienes seguían una diferente ruta pero que al final nos conectaría a todos.
Durante el camino miré por inquietud al cielo y vi las nubes grises desplazarse sobre nosotros, sin duda alguna la lluvia comenzaría pronto pero el comandante dijo que aunque sucediera, no teníamos permitido detenernos.
Ese bosque era tan tétrico que una parte de mí agradeció ir junto a Mitsuki. Temía que en cualquier momento nos atacara Dragón de Koshi y si eso ocurría no estaba segura si nuestro equipo ganaría.
Mis botas aplastaban las hojas muertas del suelo y el sonido se perdía entre el montón de pasos de los hombres uniformados. Mitsuki y yo vestíamos chamarras normales sin ninguna insignia como las de ellos. En realidad no era algo que me importara mucho, mas no dejaba de ser un detalle que no podía ignorar.
Luego de caminar mucho, nos detuvimos a descansar unos diez minutos, tiempo que el comandante aprovechó para hablar con algunos de sus hombres en privado. Observaban una libreta y señalaban hacia un sitio en específico, yo les veía desde lejos y mientras lo hacía una ventisca meneó mis cabellos y me erizó toda la piel.
Entre sus corrientes de aire a mis oídos llegaron voces de lamentos y mi cuerpo se entumeció. Mis ojos picaban y se habían llenado de lágrimas, quizás por miedo o a causa del mismo aire pero había algo en esas voces inaudibles que me aterraron de pies a cabeza.
—Saki ¿estás bien?
Aunque mis pupilas enfocaron a Mitsuki, mis labios no pudieron abrirse ni mi cuerpo reaccionar.
—¿Te sucede algo?
Él se acercó a mí sin hacer mucho ruido y colocó su mano en mi brazo derecho, al sentir sus dedos enroscarse recuperé el aliento y volví a la normalidad.
—¿Lo oíste? —Pregunté atemorizada, mi cuerpo empezaba a temblar.
—¿Oír qué? ¿Qué escuchaste?
Miré hacia mi alrededor, no había nada pero era como si desde la distancia muchos ojos nos observaran, había algo en el ambiente que me horrorizaba y sofocaba.
—¿Saki?
—Hay algo aquí, o quizás en toda esta área. Puedo sentirlo, alguien nos está mirando.
Mitsuki giró su cabeza como queriendo ver si encontraba algo inusual, de pronto el cielo hizo un estruendo indicando que estaba por llover y eso ocasionó que mi cuerpo se sacudiera.
—Vamos, no nos apartemos mucho del resto del equipo. No tienes nada qué temer, el comandante y muchos elementos fuertes están aquí.
Obedeciendo a sus palabras, juntos avanzamos hacia los demás y a los pocos segundos todos volvimos a emprender el camino hacia el punto donde el comandante indicó.
Escuché que alguien comentó que pronto saldríamos de la zona segura y estaríamos expuestos a un ataque. Respiré hondo para tranquilizarme pero no podía dejar de escuchar esos lamentos en mi cabeza.
El bosque se volvió más denso y era difícil atravesarlo, formamos una hilera para cruzar por un lugar angosto y siempre me mantuve detrás de Mitsuki, de repente un extraño olor penetró mis fosas nasales pero era tan ligero que no le di importancia.
—Ya falta poco para reunirnos con el equipo B, no se detengan ni hagan demasiado ruido —mencionó el comandante y nos miró a todos—. Después de este punto llegaremos a una de las antiguas guaridas de Dragón de Koshi, allí nos encontraremos con los demás.
Mi corazón se aceleró ¿nos estábamos acercando al enemigo?
—Creí que tratábamos de mantener distancia —le susurré a Mitsuki aunque él no me contestó.
—No sabemos si aún haya enemigos allí, así que estén preparados para lo que sea.
El comandante se dio la media vuelta y fue andando por delante de todo el equipo. Era tan seguro de sí mismo que me causaba envidia su valor, cada paso que daba era como si no temiera encontrar a la muerte.
Por mi parte, aunque ya me había enfrentado a otros enemigos de esta organización criminal siempre resulté herida y esta vez no teníamos un médico con nosotros lo cual empeoraba las cosas. No obstante, aquellos rivales aunque eran atemorizantes, probablemente no se comparaban a los que estaban un rango más arriba dentro de su secta. Ellos bien podrían ser monstruos espantosos o algo por el estilo.
(…)
Los minutos pasaron y el cielo oscureció aún más, pero todavía era posible percibir el panorama.
Por estar mirando las copas de los árboles tropecé con la raíz de un árbol y me lastimé un dedo de la mano, el cual comenzó a sangrar. Mitsuki se agachó para ayudarme y de su mochila sacó una tira adhesiva.
—¿Te encuentras bien? —Susurró.
—Estoy bien, fue un tropezón —intenté sonreír.
Él me levantó del suelo y me incorporé, pero al hacerlo mi vista se perdió prestándole atención a un objeto en particular que miré ondeando sobre una de las ramas de un árbol.
—Saki, no podemos quedarnos atrás.
Me acerqué despacio y mis ojos vieron con atención aquel lazo rojo que se movía con el viento ligero. Estiré mi mano para alcanzarlo y lo liberé de su amarre.
En mis palmas pálidas y sucias observé el diseño y mis extremidades comenzaron a vibrar. Ése sin duda era el lazo con el que mi madre sujetaba su cabello y el mismo que estaba usando aquella noche del secuestro.
—Mamá…
—Saki en serio, tenemos que irnos.
Dejé de ver el listón porque me di cuenta que en toda esa área había un montón de cosas tiradas: zapatos, gorras, vestidos, muñecos, era como un basurero. Mi voz no podía salir y tuve esa corazonada de que el peligro estaba ante nosotros.
Un fuerte trueno y tras éste el grito de Mitsuki ante aquello que había aparecido. Cuando miré atrás vi a un ser tan despreciable y espantoso que temí morir del impacto.
Un monstruo enorme de pelaje negro y enormes colmillos que saltaría sobre mi compañero y yo, por milésimas de segundo sentí que mi vida había terminado allí pero de repente un resplandor púrpura y un sonido chirriante se atravesaron.
Mitsuki me estiró lejos de allí y ambos caímos al suelo, cuando me di cuenta, pude relacionar todo y ver que el señor Kakashi había saltado a defendernos. Tras eso, otro grupo de hombres del ejército llegaron para ayudarle y aquella bestia rugió con furia. De un momento a otro alguien terminó con la vida de éste y cayó muerto sobre las raíces de un árbol. La lluvia apareció de golpe.
—¡Saki, Mitsuki!
El señor Kakashi se acercó, estaba todo empapado y nos levantó de un estirón de mano. Yo seguía como ida y poco a poco caía en cuenta de los hechos; abrí mi puño, miré mi mano y el listón rojo continuaba allí.
—¿Están heridos?
—Yo estoy bien, señor… Saki, creo que está bien físicamente pero en shock.
—Este lugar —pronuncié—… Aquí hay demasiados objetos.
Mitsuki y el general miraron al suelo todo alrededor.
—Supongo que aquí es —oí al mayor decir en voz baja.
—¿Aquí es qué? —Pregunté pero no obtuve respuesta pues el comandante llegó y comenzaron a bombardearlo con información en tanto se acercaba al monstruo inerte.
—Señor, es uno de los vigilantes.
No entendí a qué se referían hasta que todos prestaron atención a la bestia. El comandante puso su pie sobre la cabeza de ésta y la movió.
—Entonces ya no queda nadie aquí, y éste era el último.
—¿De qué hablan? —Le preguntó Mitsuki al general.
—Parece que este tipo de monstruos son los que vigilan las áreas donde mantienen cautivas a las mujeres secuestradas. Eso significa que cerca de aquí debe estar uno de esos cautiverios.
Miré hacia atrás y tragué saliva, si había tantos objetos personales esparcidos pudiera ser que esa gente continuara prisionera. Busqué desesperadamente algo más que perteneciera a mi madre pero las manos me temblaban tanto que fui muy torpe para mover entre la basura y la mano del general sujetó mi muñeca con fuerza.
—Basta, ¿qué haces?
Iba a hablar pero me aseguré que Mitsuki no estuviera cerca, por fortuna él se había ido a mirar al animal que todos contemplaban.
—Se-señor. Mire, mire —mi mano temblorosa le enseñó el lazo— es el listón de mi mamá. ¡Éste es!
—¿Cómo estás segura de ello? Pudiera ser de cualquiera.
—No no, éste es ¡se lo juro! Mire, ella lo usaba para amarrar su cabello y tiene esta figura, es un cerezo ¿lo ve? Ella lo bordó.
La gran mano del general cubrió la mía como si intentara disminuir mis temblores.
—Saki, tienes que tranquilizarte. Estás actuando demasiado impulsiva y no estás midiendo el peligro. Si no he llegado a tiempo, pudiste morir junto a Mitsuki. Por favor, tienes que estar alerta de lo que pasa alrededor.
—Señor usted no lo entiende ¿no lo vio? Le digo que es el listón de mi madre, eso significa que ella podría estar cautiva aquí.
Anhelaba algo de esperanza pero los ojos negros del general no me mostraron nada de eso, muy por el contrario era una mirada vacía y triste. ¿Qué significaba?
—Saki, escúchame con atención —murmuró sin soltarme—. Esta guarida de Dragón de Koshi, está abandonada.
Negué con mi cabeza.
—Usted no puede saberlo si ni siquiera hemos llegado.
—Es lo más lógico, todo indica que es así. Quiero que te controles, te lo estoy pidiendo de favor, no como una orden sino como un amigo.
De repente me soltó y colocó ambas manos en mis hombros.
—No pierdas el sentido, yo estaré aquí ¿de acuerdo?
No comprendía todo su palabrerío pero insistía demasiado en que me calmara, y yo no podía estar tranquila sabiendo que mamá bien podría estar cerca.
El agua nos había mojado a todos y mis lentes se empañaron. Los retiré unos segundos de mi rostro y avancé sin ellos junto a los demás.
El comandante nos llevó hasta la entrada del cautiverio, o como ellos le llamaban: La mazmorra del bosque.
A simple vista parecía una cueva natural, pero había mucha más profundidad en eso. Encendieron una luz de bengala y se adentraron lentamente. El general había dicho que lo más seguro es que estaba abandonada, pero hasta ese momento entendí por qué.
No se refería a que ya no quedara nadie, sino que las personas cautivas ya no estaban en ese lugar. No sabía cuánto tiempo podrían mantenerlas en una de las mazmorras y cuál era su destino después de salir, o mejor dicho ¿salieron alguna vez?
—Comandante, preferiría que los dos jovencitos se quedaran aquí afuera con otro grupo de hombres.
Levanté el rostro y miré al general quien se acercó al comandante para solicitarle tal cosa. Me tomó por sorpresa. El líder nos echó un vistazo con su rostro serio.
—No.
—Comandante-
—He dicho que no, quiero que entren. Ya no son niños, les dije a todos que desde el momento que son parte del ejército tienen las mismas obligaciones sin importar edad.
El general insistió en voz baja pero yo podía escuchar casi todo. Al final no consiguió mantenernos lejos de allí y también tuvimos que entrar a inspeccionar.
Estaba demasiado oscuro; a Mitsuki le entregaron una luz de bengala y ya que íbamos juntos, el camino se hizo más claro para ambos. El señor Kakashi caminaba por detrás de nosotros y más delante el comandante avanzaba con ciertos hombres del equipo.
Realmente no había nada más que paredes de roca y un fuerte olor llegaba conforme más nos adentrábamos. De repente el comandante envió la orden de que nos detuviéramos y así lo hicimos, tragué saliva y casi quise contener mi respiración.
El ambiente se volvió pesado y un eco extraño se escuchaba muy al fondo. Una parte del grupo se separó para ir por otro rumbo y el comandante fue con ellos, nosotros bajamos un poco más y al hacerlo de nuevo esa pestilencia apareció pero esta vez con mayor intensidad.
Sentí que me mareaba y me sujeté de la pared llevando mi mano hacia mi boca y nariz.
—¿Qué es ese olor? —Preguntó Mitsuki.
Sentí que en cualquier momento vomitaría. En un movimiento, Mitsuki caminó hacia adelante y alumbró con su bengala hacia un rincón. El corazón me saltó con fuerza y al mover su mano por todo el sitio nos dimos cuenta que había decenas de esqueletos, algunos traían pedazos de ropa. Las paredes estaban llenas de sangre que oscureció con el tiempo.
—No puede ser…
Mitsuki estaba tan sorprendido como yo, que con pavor observé la siniestra imagen de una masacre. Mis ojos se llenaron de lágrimas y horrorizada me di cuenta que en ese sitio asesinaron a todas esas personas las cuales muy posiblemente eran las dueñas de los objetos del bosque.
—No… No es verdad.
Mi cuerpo se tambaleó y mi pecho estaba oprimido. Miré mi mano, el listón rojo de mamá; ¿dónde estaba ella? ¿También fue traída a este sitio tan espantoso? ¿Qué rayos le hicieron?
Me negaba a la posibilidad de que ella fuera uno de los restos que allí estaban. No podría ser real, ella no estaba muerta ¡no lo estaba!
Mi madre era la única razón por la que yo me uní al escuadrón, sin ella ¿qué sentido tendría mi existencia?
Comencé a llorar en silencio poniendo todas mis fuerzas en contener mis gritos pero al sentir la mano del general mi mundo se derrumbó.
—Saki, salgamos de aquí —dijo el general.
—No, no está muerta —repetí, Mitsuki volteó.
—¿Saki?
—¡Ella no está muerta! ¡No puede estarlo! ¡No puede!
El general me zarandeó para tranquilizarme pero yo ya había perdido mi compostura, el llanto era inevitable y estaba hablando de más.
—Mitsuki, quédate aquí con los otros. Voy a llevar a Saki afuera para que respire aire limpio.
—Se-señor, ¿pasa algo? ¿De quién habla Saki?
—Es un choque emocional, es normal ya que jamás había presenciado algo como esto. Por favor, quédate aquí.
Yo no podía dejar de llorar y sólo sentía cómo la mano del general me arrastraba fuera de la cueva. Mis pies dolían con cada paso y el pecho me dolía.
Al salir, sentí el agua mojar mi rostro y con ella se resbalaban y revolvían mis lágrimas.
—Señor Kakashi, señor Kakashi —dije llorando sin poder abrir los ojos—. Mi mamá no puede estar muerta.
—Saki, tienes que calmarte.
Pero eso era imposible, me caí sobre mis rodillas y mis puños se cerraron sobre el lodo. En una posición de derrota total y con un llanto incontrolable, el general me abrazó.
—¡No quiero esto, quiero estar con mamá!
Él no contestaba nada pero sus brazos rodeándome eran el poco consuelo que recibía en ese momento mientras me desbordaba en un mar de lágrimas.
—Has llegado tan lejos como para intentar tirarlo todo a un lado —pronunció—. No sabemos si tu madre está muerta, no te rindas tan fácil.
—Estoy asustada, estoy cansada, no sé cuánto más pueda soportarlo. Pensé que sería más fácil pero no veo el día de hallar a mi madre, no sé si eso vaya a pasar —jadeé.
—Sé que haces esto por ella pero piensa que hay más personas que te necesitan, hay más mujeres atrapadas que requieren de nuestra ayuda.
—Si mi madre no está con vida, no me importa lo demás.
El general me soltó y me obligó a mirarlo.
—¿No te importa Inojin, Boruto, Shikadai o Mitsuki? ¿No te importa saber si la familia Uchiha es también tu familia? ¿Y todas esas personas que viven aisladas y escondidas por miedo a Dragón de Koshi? Tú ya no eres una niña cobarde, ¡tú eres Saki! ¡Tú suplicaste por esta oportunidad y yo estoy confiando en ti!
Dejé de llorar y sólo permanecieron los espasmos de mi cuerpo, mis ojos ardían y los sentía pesados pero aún así me mantuve mirando el rostro del general.
Levanté las manos del suelo y el lazo estaba cubierto de lodo; lo acaricié y dejé que la lluvia se encargara de limpiar un poco de la suciedad en él.
Mis labios temblaron y sentí esa mueca en mi rostro, aquella que indicaba toda mi tristeza. Unas cuantas cálidas lágrimas cayeron por mis mejillas y recordé el rostro de mi madre.
—Tengo miedo —fui sincera—. Quisiera ser como el comandante, que nunca llora y siempre va por delante sin temor a nada. Pero no puedo, estoy poniendo más esfuerzo que nadie en ser valiente y no rendirme y ni siquiera sé si algo bueno sucederá.
—La vida es dura, Saki. El final no siempre resulta como uno desea, pero es parte de la vida misma y no tenemos más opción que aceptarlo.
Se puso de pie y me levantó.
—En lugar de sentirte como un fracaso, piensa en todos aquellos buenos momentos con tu madre y saca fuerzas de eso. Estoy seguro que ella debió darte muchos consejos los cuales ahora pueden servirte.
Me quedé pensando en ello y para ese instante sólo pude recordar una cosa, la misma que había soñado las últimas noches.
|NARRACIÓN|
—Con que las asesinaron a todas… Esto quiere decir que ninguna les sirvió para sus propósitos.
Sasuke miraba alrededor, Neji se hallaba junto a él al tiempo que otros hombres revisaban en los huecos aledaños dentro de la mazmorra.
El líder miró uno de los cadáveres, era pequeño y sobre los huesos quedaban pedazos de un vestido sucio con flores tejidas, lo que indicaba que en vida se trató de una niña.
No quiso seguir mirando y desvió su atención hacia su súbdito.
—La bestia vigilante que atacó hace rato, iba directo al niño de cabello negro, Saki.
—Hmm… Ese chico tiene muy mala suerte.
—Usted lo mencionó antes, que siempre resulta herido. ¿Tiene algo en mente?
Pero Sasuke guardó silencio y se concentró en mirar un ornamento oxidado, era de un diseño simple y fácilmente se dio cuenta que era una baratija. Esas mujeres que fueron asesinadas eran simples féminas que tuvieron la desgracia de ser capturadas.
—Recuerda que casi todos los miembros del cuerpo de infantería fueron asesinados. No es de extrañar que esos monstruos vayan primero sobre los más jóvenes.
Neji frunció el ceño.
—Señor comandante, vi a través de Saki con mi byakugan.
—¿Viste algo interesante?
—Tiene un chakra muy brillante y…
Sasuke volteó esperando oír el resto. Neji pensó bien sus palabras para explicarlo sin que él se sintiera ofendido. Si algo sabía Neji era que Sasuke fácilmente se molestaba.
—¿Y? —Insistió.
—Ese niño me recuerda a usted.
El comandante arrugó la frente.
—¿Ese mocoso en qué se puede parecer a mí?
—Tiene un chakra parecido al suyo, en realidad hay varios aspectos pero me temo que no es sencillo de explicar. Es como si escondiera un gran poder.
El Uchiha se puso más serio y meditó ciertos asuntos, desde que conoció a Saki y a Mitsuki tuvo sus sospechas y a esas alturas no había cambiado de parecer. Esos niños lo inquietaban y por eso había decidido tenerlos cerca.
Dejó de ver al hombre a su derecha y volvió a mirar las manchas de sangre secas dentro de la cueva.
—No le quites los ojos de encima a ninguno de ellos.
—Sí, señor.
Neji no dijo nada más, ese no era el momento para contar algo como eso y menos al estar en un terreno tan peligroso.
Mas él lo sabía, lo supo desde el momento que vio a ese chico, que Saki tenía el sharingan y su aspecto como el de todo Uchiha era la muestra de que ese jovencito estaba relacionado con el clan.
Para cuando la noche estaba cayendo, la mazmorra había quedado atrás. Al no encontrar nada de utilidad decidieron apartarse y descansar. Sus ropas estaban mojadas y una parte del camino se volvió fangoso y difícil para transitar.
Alguien resbaló y cayó de rodillas, Sasuke miró por encima de su hombro y se dio cuenta que aquel infortunado fue Saki, su compañero Mitsuki lo levantó con fuerza y vio en el chico de cabello oscuro y lentes un rostro de tristeza y ojos hinchados. Le pareció extraño pero lo dejó pasar creyendo que debía ser parte del cansancio.
Todavía hacían eco en su mente las palabras del Hyuga: que ese chiquillo era parecido a él y entonces su gesto de molestia surgió.
Volvió el rostro hacia delante y sacó su brújula, estaban avanzando hacia el noreste y si los mapas que vio no fallaban, llegarían a las cabañas en la mañana pero no podían caminar durante la noche, era imposible ya que el bosque era demasiado denso y la neblina aparecería pronto.
Sasuke odiaba estar a merced de los enemigos y en esos momentos todos caminaban expuestos a ser atacados. Con dos miembros capaces de ocultar los chakras para que no fuesen detectados quizás no bastaría, éstos tampoco tenían tanta energía para sobrellevarlo por largas horas y durante el descanso las cosas podrían empeorar.
Encontró un sitio perfecto para descansar por lo menos cuatro horas y allí dirigió a su grupo. Eligió quiénes serían los primeros en dormir dos horas y entre el montón incluyó a Mitsuki. A Saki no le permitió descansar y al igual que otros miembros, la puso a vigilar en un punto en específico.
El comandante tenía un gran peso sobre sus hombros y constantemente repasaba sus ideas mentalmente, pero sus sospechas se elevaban día con día y todas esas investigaciones y suposiciones lo hicieron llegar una posible idea que para otras personas podría sonar descabellada.
A veces él mismo dudaba de ser capaz de salvarlos a todos. Sasuke Uchiha dudaba de poder derrotar a Dragón de Koshi.
Sentado sobre un tronco húmedo por un instante cerró sus ojos y sus planes se desvanecieron al oír los ruidos naturales de aquel bosque. Las gotas que caían resbalando desde las hojas hasta impactarse con el suelo; las ramas que se rozaban unas con otras y ciertos ruidos de animales. El cansancio se apoderaba de él y sacudió su cabeza para mantenerse despierto.
Se movió sobre su lugar y se tomó el líquido de un frasco pequeño y delgado que guardaba dentro de su chamarra. Era una especie de suero que le ayudaba a permanecer con energía un poco más de tiempo.
—Si mañana tomamos el camino de aquella dirección, es probable que encontremos más de esos monstruos. Si no mal recuerdo tenían varios de ellos vigilando toda esta zona, no creo que estén muertos, no es una buena opción.
Sasuke murmuraba para sí mismo y sus ojos se movían hacia otro sitio.
—De aquel lado debe haber un terreno abierto, si seguimos por allí es seguro que tendremos tiempo de continuar por lo menos unos cinco kilómetros sin muchos problemas. Si el río cruza por ese lado quiere decir que estamos más cerca. El único inconveniente es que no hay manera de ocultarnos visualmente, tendremos que ser rápidos.
Dejó de planear su estrategia y se quedó en silencio. No sabía si lo imaginaba o algo andaba mal pero escuchó una voz… Una melodía que le resultó familiar. Rápidamente se levantó y cruzó al otro lado del campamento rumbo al punto donde Saki se había sentado.
En su cabeza buscaba desesperado el origen de aquella canción que sin lugar a dudas había escuchado hace muchos años y detuvo sus pies al observar al niño que se abrazaba las rodillas y apoyaba su rostro sobre las mismas. Estaba temblando empapado y con su voz quebradiza murmuraba su triste melodía.
«Por la verde pradera mis pies andan y andan, el viento me acaricia, avanzo y avanzo…
Mis cabellos bailan, se mueven en mi rostro y cuando tengo miedo sólo pienso en ti…»
Las botas de Sasuke pisaron la tierra mojada y continuó su andar hacia la pequeña que no se había dado cuenta de su presencia. Saki lloraba en silencio entonando la canción que su madre le enseñó y se abrazaba con fuerza ocultando el lazo rojo y lleno de barro en el hueco de su mano.
Los ojos del Uchiha se clavaron sobre la espalda de Saki y en sus recuerdos revivió aquella escena que ya no era un tierno recuerdo sino una experiencia amarga y dolorosa. El rostro de una bella y joven mujer sonriente se apareció en su memoria, tras ella, un paisaje verde frondoso y un cielo azul profundo. Sus ojos claros le veían y sus labios rosados se abrían despacio repasando las estrofas de aquella canción.
«Las estrellas brillarán sobre nosotros y estaremos juntos hasta el final… ¿Sasuke?»
Él no se detuvo, siguió acercándose a la niña.
—Sakura.
Saki interrumpió su canción y dio un respingo, miró hacia atrás y vio al comandante. Sus ojos se abrieron mucho, soltó sus rodillas y se levantó sin hablar. Sólo sus miradas se encontraron bajo un cielo nublado.
—¿Dónde aprendiste esa canción?
Fue lo primero que le preguntó, Saki parpadeó y meditó su respuesta.
—El orfanato —contestó y se limpió el rostro, luego sintió el listón y lo ocultó—. Fue allí, señor.
Sasuke agarró el rostro de la jovencita y le quitó los lentes para ver bien su cara. Ella se intimidó y dejó de mirarle en ocasiones, pero lo que el hombre buscaba en ella era algo más.
Saki tenía algo que le aturdía, le molestaba e irritaba. Pero también sentía una extraña emoción cuando estaban cerca. Sus hipótesis quizás no eran tan locas y apretó su agarre alrededor de la mandíbula de la muchacha logrando que ella se quejara por el dolor. Luego la soltó de golpe haciéndola tambalearse.
—Ve y duerme —ordenó—, ahora.
Ella se colocó los lentes y agachó la cabeza para alejarse. Se fue de inmediato con un sentimiento de tristeza insoportable.
Sasuke miró hacia el firmamento y una gota de agua cayó sobre su frente, su corazón dio un vuelco al oír esa melodía y estaba tratando de controlar su dolor espiritual.
No dejaba de pensar que si las cosas continuaban de esa forma, él se volvería loco.
Parece que la historia ha tomado un rumbo algo oscuro, pero créanme que es muy necesario. Todos viven constantemente bajo el estrés y preocupación de la posibilidad de morir a manos de una secta peligrosa, para Sarada que sigue siendo una jovencita experimentar todo aquello resulta muy difícil de sobrellevar.
