Capítulo 37.- Narración VII – Recuerdos [PARTE II]
Los labios de Itachi quedaron semi abiertos una vez que su padre le informó de su nuevo rango dentro de toda la organización: El más alto.
Inevitablemente su mirada se desvió unas milésimas de segundo hacia su hermano menor quien aparentaba no prestar atención y en cambio se mantuvo cenando en silencio simplemente enfocándose en sus alimentos.
—Padre... Agradezco mucho que confíes en mí para designarme como líder pero...
—No hay pero que valga, Itachi. Esta situación lo requiere, yo ya no puedo continuar en esto; estoy viejo y después de ser herido en aquella batalla no me siento como antes.
Fugaku casi perdió la vida pocos años antes de la masacre del clan Uchiha. Todos esos sucesos eran claros para el hombre mayor: Dragón de Koshi buscaba asesinar a los líderes de la organización enemiga.
Viéndose deteriorado incapaz de salvar más vidas y llevar las riendas de tantos hombres, Fugaku solo podía confiar en su hijo mayor pues tenía la convicción de que no moriría a manos de esos criminales.
—Haré tu nombramiento oficial una vez que hayan terminado las misiones del área de Konoha. Para cuando la gran mayoría de mis hombres estén de regreso, será el momento adecuado.
—Espera, antes quiero que me escuches.
Itachi carraspeó y dejó sus palillos sobre la mesa.
—No puedo aceptar.
—¿Qué? Itachi, esto no es un juego —se quejó su padre.
—No quiero menospreciar tus atenciones y el hecho de que creas que soy bueno para este cargo, pero me conozco bien y sé que no es lo mío. Hay gente más capacitada para esto.
Fugaku cerró la mano en un puño y lo chocó contra la mesa.
—¿Quién puede ser mejor que tú, hijo mío? ¡Dime quién! No hay nadie con tu capacidad, Itachi escúchame bien cuando te lo digo ¡nadie! Y para hacerse cargo de la organización es importante que haya un hombre sensato, fuerte, capaz de provocar miedo del enemigo y respeto de los civiles ¡y ése eres tú!
Mikoto bajó la mirada y posteriormente la dirigió hacia Sasuke. Notó que él había terminado de comer, no obstante, por los granos de arroz dispersos en su tazón se dio cuenta que comió sin hambre y a las prisas para terminar rápido.
—Te serviré más —dijo ella.
—No —respondió al instante —, ya acabé. Gracias por la cena.
Se levantó de su silla y llevó los trastes hasta el fregadero. Los lavó con cuidado más a una velocidad mayor de lo que pudo hacerlo en ocasiones anteriores y salió de la cocina para ir a tomar un baño.
Estando dentro del ofuro le tomó importancia a las heridas de su cuerpo; estaba lleno de magulladuras y sus manos tenían ampollas. Desde que era un niño se dedicó a entrenar su puntería ya que era lo único que podía hacerlo descargar su enojo y al mismo tiempo agotar su energía haciéndolo sentir que realmente estaba entrenando para mejorar.
A diferencia de su hermano mayor que despertó el sharingan a una edad temprana, Sasuke tardó hasta los dieciséis años de edad en lograr despertar su habilidad. Aunque algunos de sus familiares le trataran de animar diciéndole que era asombroso ya que no todos conseguían activar el sharingan, Sasuke siguió creyendo que era pésimo al lado de Itachi al que todo mundo alababa. En especial su padre, quien no hubo día que no exaltara su talento en el combate y aprendizaje. Sasuke inevitablemente se sintió miserable.
Itachi consiguió el mangekyou sharingan en su adolescencia, una rara fase del sharingan que era incluso mejor técnica ocular y eso empeoró la autoestima de Sasuke quien en ese entonces era apenas un chiquillo preocupado por dominar el jutsu bola de fuego.
—No importa todo lo que haga, ese anciano jamás verá mis habilidades ni dirá que está orgulloso.
Tras aquellas dolorosas palabras se hundió en la bañera con agua caliente y cerró los ojos. Se concentró y de repente las heridas de su cuerpo comenzaron a arder a tal grado que con desesperación se enderezó y respiró pesadamente.
—¿Qué demonios...?
Miró el agua, ésta se tiñó levemente de un tono rojizo, entonces se miró los brazos y se dio cuenta que estaba sangrando.
Dudó unos momentos pero al final optó por salir de la bañera para curar el daño en sus brazos.
(...)
No eran horas adecuadas para visitas y sin embargo Sakura estaba convencida de que oyó con claridad dos golpes en la puerta principal del pequeño apartamento donde vivía sola.
Se apresuró a ponerse unos pantalones más largos y una blusa holgada; ni siquiera tuvo tiempo de amarrarse el cabello y así abrió la puerta para quedarse en un estado de sorpresa al ver quién era el autor de aquel llamado.
—Sasuke... ¿Qué ocurre? ¿Hay una emergencia?
—Necesito tu ayuda.
Sin una sola mueca que cambiara la inexpresiva faceta del Uchiha, ella accedió moviendo su cabeza y retrocediendo para que él entrara.
—¿Qué pasó?
—Mis brazos nos han dejado de sangrar y cada vez me duelen más las heridas.
Se remangó la camiseta y le mostró, Sakura abrió mucho los ojos al ver que verdaderamente aquellas cortadas en la piel se veían terribles.
—Pero ¿qué te sucedió? Sasuke, esto se ve muy mal.
Él se encogió de hombros.
—Estuve entrenando, cuando me bañé con agua caliente noté que la sangre brotaba.
—Un minuto... ¿Qué hacías exactamente en tu entrenamiento?
—Practicaba el control de mi chakra.
Sakura alzó una ceja y se mantuvo pensando cómo eso pudo ocasionar semejantes heridas.
—Podría ser que el chakra dentro de tu cuerpo te lastimó desde adentro hacia afuera, como cuchillas ¿sabes? ¿Estabas enojado cuando lo hacías?
—Son demasiadas preguntas, solo dime si me puedes ayudar o no.
Ella bufó y tomó una pinza para recogerse el cabello.
—No me gruñas.
—Tú eres el que está siempre de mal humor —refutó Sakura mientras buscaba su maletín de primeros auxilios—. ¿Así piensas convertirte de un gran miembro del ejército?
—Yo seré un gran miembro así esté odiando a todo el mundo.
—¿También me odias a mí?
La repentina interrogante de la chica dejó helado a Sasuke. Se quedó viendo que a pesar de su descuidado peinado hecho en cinco segundos, ella de verdad se veía genial.
—Sasuke te pre...
—¿Por qué te uniste? —La interrumpió sin consideración para evadir su pregunta — ¿Por qué quisiste formar parte de la organización?
—¿Por qué? Mmm... Pues porque me gusta ayudar a las personas.
Abrió un paquete de guantes desechables y se los puso, luego comenzó a llenar unos algodones con alcohol.
—Mi madre murió por falta de atención médica, mi padre no consiguió medicina para tratar su influenza. No quiero que más gente experimente algo como eso.
Con su dura confesión Sasuke sintió que había tocado un tema delicado, vio que los ojos de Sakura se volvían tristes cuando hablaba de aquellas cosas.
—Dame tu brazo derecho.
Él obedeció sin decir una sola palabra. Como si se tratara de un niño, ella le limpió con mucho cuidado, desinfectó cada corte y lo cubrió con gasas protectoras. No hubo un solo detalle que pasara desapercibido para Sasuke, ella tenía vocación a comparación de muchos otros encargados de la salud que eran pésimos con sus pacientes.
—Ahora tu brazo izquierdo.
—Sakura, ¿vas a aplicar para ser médico?
—Ya lo hice.
—¿Qué? ¿Cuándo?
Sasuke se quedó atónito, ella siguió concentrada en su labor de curación.
—Hace un mes. Los resultados los entregarán pronto.
—Hmm... Tú y Naruto hacen las cosas a su modo, como si tuvieran su vida resuelta ya saben qué rutas tomar y qué resultados pueden obtener —comentó Sasuke con cierta pena sobre sí mismo, ni siquiera se percató de que lo dijo en voz alta.
—¿Uh? Y tú ¿qué quieres hacer para tu futuro, Sasuke?
Él permaneció en silencio, los sueños que tenía... él realmente no sabía qué quería lograr después de todos los obstáculos en su camino.
—¿Sasuke?
Sus ojos oscuros miraron con intensidad a la mujer junto a él, se bajó las mangas de su jersey.
—Es tarde, me voy.
En un principio Sakura se quedó perpleja mas luego comprendió que Sasuke naturalmente siempre había sido así: distante, incapaz de hablar de sus emociones o sentimientos.
Lo vio caminar hacia la puerta y después, al poner su mano sobre el picaporte y sin voltear con ella, soltó unas cuantas palabras.
—Buena suerte con tus resultados.
(...)
Al cabo de unos días, mientras Sasuke limpiaba sus kunai sentado debajo de un árbol del jardín de su casa, notó cómo un suave pétalo rosado cayó sobre su rodilla flexionada. Puso su herramienta en un lado y sus dedos tomaron el delicado fragmento. Levantó la cabeza y miró las ramas del árbol llenas de flores del mismo color.
—El cerezo ha floreado muy hermoso este año.
Repentinamente su madre habló y eso lo hizo mirarla, tenía en su peinado un broche dorado y eso capturó toda la atención de Sasuke.
—Supongo que ha concluido el invierno —agregó.
—¿Qué es esa cosa que llevas en tu cabello?
Mikoto pasó su mano delicadamente por el broche y una diminuta sonrisa se le dibujó en el rostro.
—Es un obsequio que me dio tu padre para pedirme matrimonio, es una tradición dentro del clan Uchiha.
Sasuke no cambió su expresión.
—Pero ustedes ya se casaron hace mucho tiempo.
—¿Estás preguntándote por qué lo uso ahora? —Mikoto rió— Pues porque hoy es un día importante, hoy es nuestro vigésimo quinto aniversario de matrimonio.
—No veo cuál es la emoción —Sasuke retomó su trabajo de limpiar sus armas de combate—. Pero si eso te hace feliz…
—Cuando encuentres una mujer de la cual te enamores, no harás este tipo de comentarios.
Él no dijo nada, fingió no haberla escuchado.
—Hijo mío… ¿Acaso hay alguien que te guste?
La mirada curiosa de la mujer mayor buscó respuestas en los ojos del muchacho. Sasuke se impacientó y la enfrentó con la cabeza en alto.
—¿Qué pasa? ¡No hay nadie! —contestó.
—Sakura…
Sasuke se estremeció y con horror miró a su madre.
—¿Qué? ¿A qué viene ese nombre de repente?
—Sakura, esa muchacha que estaba en tu equipo… Me he enterado esta mañana que pasó el examen de medicina.
Hubiera querido decir algo, pero una parte de él ya sabía que su antigua compañera pasaría el examen exitosamente. Sakura siempre sobresalió por su mente brillante.
—Las noticias vuelan rápido ¿eh?
—De hecho lo sé porque al parecer su puntuación fue tan alta que están considerando ascenderla a sargento de la división médica. Tu padre fue a una reunión para tratar ese asunto.
Sasuke ya no pudo ignorar tales palabras; Sakura era realmente asombrosa. Recién había obtenido el título de médico y al mismo tiempo se debatía si otorgarle el puesto de sargento de su división.
Tras ver una pequeña cicatriz en su mano recordó justamente cómo fue que ella lo ayudó a curar esa herida. Tantas veces que sus manos se encargaron de atender sus malestares, por primera vez Sasuke pensó que sería bueno darle un obsequio como felicitación.
(…)
La encontró sentada sobre una solitaria banca de cemento que se ubicaba en lo alto de una colina y daba una excelente vista a los pastizales. El cielo azul era brillante y los cabellos rosados de Sakura, se balanceaban con el viento que soplaba ligero.
Pero ella no parecía prestar demasiada atención al paisaje bajo sus ojos, sino que se enfocaba en el resplandeciente firmamento. Ella siempre miraba hacia allá arriba, en especial cuando el cielo se oscurecía y se llenaba de estrellas.
—Sakura.
Bajó el rostro y giró su cabeza hasta mirarlo por encima de su hombro. Cuando tal hecho ocurrió, sus labios se curvaron en una dulce sonrisa.
Se iba a levantar pero Sasuke se adelantó para ponerse a su lado sobre la banca.
—¿Te lastimaste? —preguntó ella, Sasuke arrugó las cejas.
—No.
Sakura soltó una risita divertida.
—¿Qué es lo gracioso?
—Bueno, la verdad es que siempre que acudes a mí es porque te hiciste alguna herida.
Ella tenía razón.
—En realidad estoy aquí porque escuché que te fue bien en los exámenes.
—Hmm… Me he enterado hace unas horas que pasé —respondió sin mucha emoción.
Sasuke volteó a ver su perfil, su nariz puntiaguda le resultaba inquietante.
—¿Y no estás contenta?
—Lo estoy.
—No parece que lo estés.
—Bueno, en eso nos parecemos.
Sasuke resopló pero no se molestó en lo absoluto.
—Siento que no importa cuántas cosas logre en mi vida —Sakura habló sin quitar sus ojos de las nubes blancas que flotaban—, no tengo con quién compartir esta felicidad.
Sasuke recordó que se había quedado huérfana, una parte de él entendió ese dolor. Se removió en su asiento y carraspeó.
—Puedes compartir tu felicidad conmigo —dijo en seco. Sakura lo miró confundida pero él veía hacia el horizonte.
La mano de Sakura se pegó a la mejilla del joven Uchiha y éste se alteró por la sorpresiva acción.
—¿Qu-?
—Sasuke ¿tienes fiebre? No… no parece que estés enfermo.
—¿Qué te pasa?
—Es que has dicho algo lindo y eso no es propio de ti.
Bufó. A punto de levantarse para irse ella habló adelantándose.
—Gracias.
—Olvídalo.
—En serio, gracias.
—Lo que sea. Me voy.
Recordó el obsequio, se metió las manos en los bolsillos pero no tuvo éxito. Movió sus ojos de un lado a otro y con lamento cayó en la cuenta de que olvidó el objeto en su habitación.
—¿Qué te ocurre? ¿Buscas algo?
Sakura asomó su cabeza y en cuanto él volteó sin notar su cercanía, sus narices rozaron. El corazón de ambos latió con gran fuerza.
—P-perdón… Perdóname Sasuke.
Ella hizo una reverencia mientras sentía que su cara ardía hasta las orejas. Él estaba igual o peor, su corazón parecía querer salírsele del pecho.
Puso sus manos sobre los hombros de Sakura y la enderezó; se miraron fijamente sin decirse nada.
—T-tú cumpleaños es pronto ¿no? —preguntó torpemente, ella movió la cabeza afirmando—. ¿Hay algo que quieras? Te compraré lo que pidas.
Sakura estaba embobada viendo lo hermoso que era el rostro de Sasuke. No entendía por qué él estaba siendo apacible pero no quiso arruinar ese momento otra vez cuestionándole sus acciones. Simplemente quería verlo así todo el tiempo, sin esa amargura en sus finas facciones.
—Yo…
Él esperaba impaciente por su respuesta.
—Yo quiero…
—¡Solo dilo!
—¡Yo quiero un beso tuyo!
Arrepentida al último momento de haber expuesto sus deseos, Sakura se cubrió la boca con las manos y Sasuke arrugó la frente.
—Era una broma —ella quiso disimular.
—¿Eso es lo que quieres?
—¿Eh? Ah… Te dije que era una… Sí —confesó—, eso es lo que quiero.
Sasuke tragó saliva.
—¿Puedo saber por qué?
Con voz tenue Sakura llegó a la conclusión de que era su mejor momento para confesar sus sentimientos. Si no lo hacía, se arrepentiría toda su vida.
—Porque me gustas.
Sasuke sintió que había dejado de respirar, ella siguió hablando.
—Me has gustado desde que te vi por primera vez en aquel campamento cuando me atreví a unirme al escuadrón. He estudiado tanto y he puesto todo mi esfuerzo en ser tan buena para estar a tu nivel. Por supuesto, quiero ayudar a las personas pero también quiero estar cerca de ti porque… tu presencia me hace feliz.
Él se había quedado mudo pero no dejó de mirarla.
—Creo que no solo me gustas, Sasuke. Este sentimiento no es simple deseo porque con el tiempo que he pasado a tu lado todos estos años, me he dado cuenta que yo de verdad te quiero… tanto que a veces es doloroso.
Sin añadir ninguna palabra, las manos de Sasuke estiraron el cuerpo de la joven mujer y sin poner resistencia, Sakura se dejó llevar hasta que sus labios se unieron en un inexperto y torpe beso.
La felicidad en ambos comenzó a ser parte de sus vidas cuando iniciaron una relación romántica, aunque nadie más que ellos lo sabía.
Para Sasuke, los días empezaban a ser optimistas y le gustaba pasar el tiempo platicando con Sakura sobre sus sueños para el futuro.
Le confesó que siempre quiso ser el líder del ejército pero ese objetivo estaba muy lejos de su alcance pues su hermano Itachi tomaría el rango en pocos días.
Los ojos del muchacho se volvían opacos cuando relataba sus pensamientos, Sakura se daba cuenta de inmediato de cuánto le afectaba y trataba de consolarlo con abrazos.
Todas las noches veían el cielo nocturno, solo unas cuantas veces ella se quedó dormida mientras él continuaba contemplando la luna y las estrellas.
La voz de Sakura sonaría constantemente en su cabeza cada vez que mirara al firmamento: «Cuando en alguna misión te sientas solo, simplemente debes mirar hacia el cielo y pensar que yo también estoy observándolo. De ese modo siempre estaremos juntos.»
(…)
El día que Itachi fue nombrado nuevo jefe del ejército fue un momento duro para Sasuke. Aunque su corazón se había hecho a la idea que era un cargo que no le pertenecería nunca, con resignación aceptaba que su hermano mayor era más fuerte que él en todos los aspectos.
Escuchó comentarios sobre lo magnífico que sería para el ejército tener a alguien como Itachi liderando a todos los miembros. Lo malo vino cuando oyó cosas negativas para su persona. Siempre siendo comparado con su hermano y ridiculizado por no ser tan hábil como él.
Fugaku sonreía orgulloso junto a sus compañeros quienes lo felicitaban por sus decisiones. Desde un extremo de la sala, Sasuke en completa soledad abandonó aquel rincón y salió de la celebración para conseguir aire fresco.
Era una plena noche de junio. A pesar de que las risas de los hombres sonaban al fondo, el sonido era cada vez más bajo a la percepción de Sasuke quien recordó de golpe un montón de cosas tristes.
—No importa cuánto te esfuerces… nunca será suficiente.
Su pecho dolía y él conocía la razón de aquella amargura. Se desprendió de su chaleco y lo tiró a un lado, luego caminó hacia su casa pero en el trayecto se detuvo y consideró desviarse hacia un sitio en específico.
No era demasiado tarde para llamar a la puerta, antes había estado allí a altas horas y sin embargo, se sentía nervioso de estar de pie frente al apartamento de Sakura.
Ella abrió despacio y asomó la cara, al verlo sonrió y le permitió ingresar. Sasuke notó que Sakura usaba un albornoz y su cabello estaba húmedo.
—Lo siento, quizás he venido en un mal momento.
—No, no estaba por dormir si es lo que piensas. Estaba preparando mis cosas —reveló ella.
—¿Irás de misión?
—Sí, mañana acompañaré a la brigada médica a un campamento al sur.
—Ya veo. Entonces creo que debería irme.
—¿Por qué estás aquí? Creí que hoy era la ceremonia de ascenso de tu hermano.
Sasuke se quedó en silencio y Sakura se dio cuenta que fue un mal momento para mencionar aquello. Buscó alguna forma de arreglar la situación y dijo lo primero que se le ocurrió.
—¿Quieres tomar un baño? El agua está perfecta.
Él no la miró, parecía tener la vista perdida; no obstante movió su cabeza despacio aceptando su propuesta.
Bajo el chorro de agua tibia, Sasuke pensó en demasiadas cosas y sintió que la frustración se apoderaba nuevamente de él. No quería pensar por esa noche, estaba harto de ese sentimiento de vacío en su interior.
Terminó de bañarse y usó la toalla que Sakura le prestó para secarse, luego se vistió y salió del cuarto de baño. Observó la espalda de la joven, quien terminaba de preparar su equipaje para el viaje que tendría.
De cierta forma, verla le tranquilizaba y le hacía olvidar sus malestares tanto físicos como mentales.
Caminó hacia ella y rodeándola con sus brazos la apegó a su cuerpo, luego apoyó su cabeza sobre el cuello de ésta.
—¿Sasuke? ¿Qué pasa? —Sakura sintió que su cuerpo hormigueaba.
—¿Te molesta si me quedo contigo esta noche? No quiero volver a casa.
Su mano subió hasta el rostro de Sasuke y acarició su mejilla.
—Puedes quedarte.
(…)
La noche duró muy poco para el gusto del Uchiha y el amanecer llegó más pronto de lo que quería. Miró la espalda desnuda de su amada y aunque deseó que el tiempo se congelara, nada de eso sucedió.
La misión de Sakura la hizo estar lejos por un buen tiempo mientras él se concentró en ser sargento de la división de infantería. Nombrado no por su padre, sino recomendado por su antiguo maestro Kakashi y tras una larga discusión de los altos mandos, se le ascendió.
Pocos confiaban plenamente en Sasuke Uchiha, en su lugar los demás siempre creyeron que Itachi era la esperanza para terminar con Dragón de Koshi.
La falta que Sakura le hizo en esos momentos lo llevó a cambiar su humor y con su corazón llenándose de rencor, entrenó más duro de lo normal hasta que su cuerpo no lo resistía.
Su sharingan era bueno, pero el de Itachi era excelente. Esa frase la escuchó continuamente entre murmullos de sus compañeros. El dojutsu de los Uchiha era una bendición para algunos, mas para él, se convirtió en una terrible maldición.
Días antes de que Sakura volviera, ocurrió una tragedia. El campamento de la zona norte fue atacado por sorpresa, y aunque Itachi pudo eliminar a la mayor parte de los enemigos, su cuerpo sufrió las consecuencias de utilizar el mangekyou sharingan.
Volvieron con él al pueblo tras haber quedado inconsciente. Los médicos determinaron que en efecto, Itachi no resistiría mucho si seguía consumiendo chakra excesivamente por utilizar su habilidad que aunque era asombrosa, no le era de beneficio.
Fugaku se puso renuente y aunque tenía los estudios a su alcance, se negó a creer que su esperanza se esfumara.
No había nadie mejor que su hijo mayor. Eso decía todo el mundo.
A pesar de que Itachi renunció voluntariamente a ser líder del ejército, Fugaku rechazó su petición un par de veces confiando que pronto se repondría. Para ese tiempo él lo estaría cubriendo en el mandato y creía que una vez sano, su hijo volvería a su cargo.
Pero no fue así.
Sasuke fue invitado a una de las tantas reuniones que se hicieron para contemplar quién se quedaría en el lugar de Itachi. Fugaku por supuesto no esperaba que su hijo menor estuviera allí y al verlo, pensó en qué tanto pudo haber mejorado Sasuke.
Tras una extensa y exhaustiva conversación, se concluyó que la persona más capacitada hasta ese momento era justamente el hijo menor de Fugaku. Aunque la mayoría de los presentes lucían decepcionados y sus rostros no mostraban complacencia como cuando se nombró a Itachi, estaban convencidos que por más que les desagradara la idea, era cierto que Sasuke era demasiado bueno.
Cuando se nombró a Sasuke el nuevo líder del ejército, no hubo aplausos ni ovaciones, solo silencio. Los ojos de Sasuke vieron cómo su padre se levantó de su asiento y caminó fuera de la sala.
Para él no hubo un «felicitaciones, hijo mío.».
Todo lo que oiría por los próximos meses serían comentarios malintencionados hablando de que ahora era el líder solo porque su hermano enfermó.
(…)
Sakura regresó enterándose de la nueva noticia del ascenso, pero no vio a Sasuke hasta pasados unos días cuando por fin él encontró un espacio en su apretado horario. Pues ser líder implicaba más horas de trabajo y muchas juntas con los altos mandos, eso incluía al señor feudal.
Los encuentros entre ambos disminuyeron a dos cada tres semanas y aunque no se vieran tanto, Sasuke percibió que Sakura no actuaba como solía hacerlo. Estaba callada casi todo el tiempo cuando se encontraban, era como otra persona.
Antes de convertirse en el líder del ejército, Sasuke compró un ornamento especial para proponerle matrimonio, tal cual su madre le contó que era tradición dentro del clan. Pero justo la tarde que se citaron para verse, no pudo entregárselo.
Ella estaba cabizbaja y se abrazaba a sí misma.
—¿Te va bien como sargento? —Preguntó él.
—Podría decirse que sí.
—¿Te pasa algo? Has estado muy rara desde que volviste.
Sasuke metió la mano dentro de su chaleco y sintió la caja del obsequio, antes de poder sacarlo, Sakura habló.
—Sasuke… Lo siento.
Su mano se quedó quieta sin intentar sacar el objeto. Los ojos verdes de ella le miraron.
—¿Por qué te disculpas?
Sus labios se entreabrieron y tras una lucha interna, ella por fin lo manifestó con amargura.
—Quiero que terminemos nuestra relación.
—¿Qué? ¿Por qué dices esto?
Él sintió un frío recorrerle el cuerpo cuando las facciones de Sakura le explicaban que ella no estaba bromeando.
—Lo he pensando, y aunque te amo… sé que esto no va a funcionar.
—Debes estar cansada, por eso dices estas cosas. Es mejor que aclares tu mente y después hablaremos con calma sobre esto.
Sasuke se levantó de la banca para irse y ella también se puso de pie.
—Sasuke, escúchame.
—No, ya te dije que hablaremos después. Tengo una reunión en media hora, cuando me desocupe iré a buscarte ¿de acuerdo? Por ahora trata de descansar bien.
No le dio espacio para decir nada más. Una parte de él no quería escuchar sus razones, quería creer que ella necesitaba meditarlo y tal vez solo se trataba de un malentendido.
Lo pensó hasta que sintió que era una verdad absoluta. Pero luego de ese encuentro, no se volvieron a ver.
Cuando finalmente encontró un día libre para hablar con Sakura, Sasuke acudió al apartamento donde ella solía vivir y no importando cuántas veces tocara la puerta, ella nunca abrió.
Preocupado de que algo malo le hubiese ocurrido, buscó la forma de abrir la cerradura hasta que sintió un objeto debajo del tapete: la llave.
Entró dentro del edificio y el olor a humedad y polvo fueron indicadores de que nadie había vivido allí por semanas. La casa estaba abandonada y aunque llamó por su nombre en cada habitación sabiendo bien que no habría respuesta, no quiso perder la esperanza.
Pero sus ilusiones murieron en el momento que sobre la mesa encontró un papel doblado por la mitad.
Estiró su mano para alcanzarlo y al abrirlo encontró un texto breve con la letra de ella. Sin quererlo, empezó a leerlo mentalmente.
«Quiero que sepas que siempre has sido asombroso y estaré orgullosa de ti por todo lo que con esfuerzo has logrado.
Gracias por este tiempo, gracias por amarme.
Por favor, vive y sé muy feliz, es algo que mereces. Espero que alguna vez puedas perdonarme.
Te amo.
Sakura. ».
El papel se arrugó en su mano y sintió esa soledad llegando abruptamente. Nunca entendió por qué ella se fue, ni siquiera dejó indicios en esa carta.
Al enterarse oficialmente que Sakura Haruno renunció a su cargo y a ser parte del escuadrón, Sasuke abandonó sus esperanzas y las depositó dentro de un cofre donde guardó el ornamento con flor de cerezo y el cual posteriormente escondió bajo el piso de su antigua habitación cuando viajó al Valle de las Lágrimas.
Allí, en su pueblo fantasma donde no había nadie. Donde los malos recuerdos le invadían y donde todo murió para él.
Visitó el antiguo templo de Indra y con rencor reclamó a la deidad de su clan toda su mala suerte en la vida. Sasuke no podía llenar ese vacío por más que lo intentara, su corazón estaba siempre triste.
Alejado de todo el mundo, sentado en el suelo de aquel viejo templo abandonado y sin más sueños para el futuro, lloró con mucho dolor.
Cuando su llanto cesó, oyó la lluvia caer afuera y sin importarle tanto el mojar su cuerpo bajo las potentes gotas de agua, salió de allí.
Sus ojos ardían y sus párpados pesaban. De pronto se detuvo al mirar en un cristal de una de las casas solitarias y con indiferencia descubrió que sus ojos estaban diferentes.
El mangekyou sharingan se activó en ellos.
(…)
Saliendo de sus recuerdos, Sasuke dejó de ver las estrellas y giró el rostro para mirar a la niña que seguía durmiendo sobre el pasto y que se acurrucaba por el frío.
Una extraña sensación ardía en su pecho y sus ojos se mojaron levemente. Extendió su brazo para cubrirla bien con la cobija y con cuidado retiró un mechón de su cabello que le cubría parte del rostro.
«Duerme bien, hija mía.».
¡Gracias por leer este capítulo!
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