Capítulo 38.- Gardenia

El dolor en mi estómago provocado por la falta de alimento me hizo despertar y con ello me di cuenta que el cielo estaba claro. Aunque aún tenía varias nubes grises rondando por ahí, el sol logró atravesarlas hasta bañarme con suaves rayos.

Mi cuerpo estaba caliente y fue así que me percaté que dos mantas cubrían todo mi cuerpo. Me enderecé y quedé sentada viendo alrededor; seguía desorientada.

Al voltear hacia un lado noté que el comandante me miraba muy atento desde unos metros de distancia y fue así que todos los recuerdos me llegaron de golpe. Por un momento sentí que había dejado de respirar y me puse de pie asustada queriendo escapar de él.

Los brazos del general me rodearon para impedirme el paso y me levantó el rostro para colocarme los anteojos.

—Tranquilízate, por ahora estamos fuera de peligro.

Mi cuerpo comenzó a tiritar de frío y me abracé esperando encontrar calor. Seguí dándole la espalda al señor Sasuke, mi cabeza recordaba su mano en mi cuello tratando de matarme y eso sería difícil de olvidar. No supe qué sucedió luego de aquello, solo oí la voz del general sonando en la lejanía y después, nada.

—Necesitas comer algo, siéntate.

Me presionó de los hombros hasta ponerme en el suelo sobre las cobijas. De su mochila sacó una lata, la abrió y me la entregó.

—Me gustaría ofrecerte mucho más pero hay que racionar los alimentos.

Observé la lata, era atún.

—Señor, usted...

—Yo ya comí —aclaró—, todos lo hicimos, solo faltas tú. Aquí tienes agua.

Miré mis dedos de la mano, estaban sucios. Tomé la botella con agua y vertí un poco de líquido para limpiar la mano con la que comería, pues no tenía ningún cubierto.

No podía dejar de sentir esa presión, sabía que los ojos del comandante seguían puestos sobre mí y yo quería evitar mirarlo.

—¿En dónde está Mitsuki? —pregunté.

—No debe tardar en regresar, fue a recolectar unas plantas medicinales. Están relativamente cerca de aquí y esta zona es segura así que no debes preocuparte por él.

Comí el contenido de la lata y mientras lo hice, el general se sentó a mi lado con su rodilla flexionada y su brazo descansando sobre ésta. Estar cerca de él me hizo sentir cómoda y relajada. El hecho de que el cielo estuviera parcialmente soleado animaba ligeramente mi alma.

—Saki...

Miré al señor Kakashi, pero él estaba viendo hacia el horizonte. No contesté, él continuó.

—El comandante ya sabe que eres mujer.

Tragué con dificultad, sin pasmarme o hacer cualquier indicio de sorpresa. Después de lo que pasó era lógico que él supiera todo de mí.

Separé mis labios para hablar aunque no encontraba palabras adecuadas para expresar mi sentir.

—Supongo que está molesto ¿verdad?

Un ave sonó en el fondo haciendo su canto, luego se le unieron otros compañeros. El general bajó la cabeza y me miró, sus ojos tenían algo... Siempre su mirada delataba lo que había en su alma. Se veía agotado y lleno de dolor.

—Tendrás que dejar el ejército.

No pude argumentar en ese instante, aunque ya sabía que algo así sucedería escucharlo era cruel. Tantos meses de sacrificio en vano por el mero hecho de no ser un varón.

—Usted sabe que no puedo irme sin antes...

Me detuve, la costumbre de ocultar mi vida real me hizo callar antes de revelar algo que quizás ya todos sabían y así mismo me lo hizo saber el hombre sentado a mi lado.

Movió su cabeza despacio negando, luego habló.

—Saki, el comandante y parte del ejército ya saben que eres una chica. Sasuke sabe que buscas a tu mamá y está dispuesto a ayudarte a encontrarla pero no te puedes quedar aquí.

—No me iré.

—Saki...

—¡Dije que no me iré!

Me levanté y escuché que el comandante también lo hizo bajando de la roca de la que estaba sentado momentos atrás.

—Es peligroso que estés aquí.

—Es peligroso para todos, no solo para mí. Decidí entrar al escuadrón porque quiero rescatar a mamá y aunque era cobarde y a veces lo sigo siendo, no voy a regresar con las manos vacías. ¡He puesto todo mi esfuerzo!

—Entiendo perfectamente tus sentimientos, pero eres un objetivo para Dragón de Koshi y corres peligro.

—¿Por qué soy un objetivo? ¿Porque soy una chica? ¡No soy débil! Sé que puedo luchar, puedo defenderme de...

—Te irás.

La voz del comandante sonó muy cerca de mí, volteé y lo vi a mi costado. Por impulso me aparté unos pasos de él, luego me arrepentí pues parecí un ratón miedoso.

—Usted no lo comprende —le dije sin mirarlo a los ojos.

—Soy el comandante supremo y cuando doy una orden debe ser cumplida. He escuchado por el general tu meta en esta organización y te aseguro que no descansaré hasta encontrar a tu madre. Sé bien lo que sientes.

Respiré pesadamente y mis labios temblaron.

—Usted no puede comprender mis sentimientos, no diga tales mentiras.

Mi pecho estaba ardiendo, de un momento a otro sentí rabia dentro de mi ser y alcé la vista para encarar al líder del ejército. Mis ojos se llenaron de lágrimas.

—Usted tiene una familia, tiene hombres que le respetan y obedecen a sus órdenes. Yo estoy sola en este mundo y he tenido que enfrentarme a mis miedos más profundos por acercarme a mi objetivo. Así que no diga que sabe lo que siento porque no es así.

Su rostro no cambió su seriedad, parecía no importarle lo que con dolor le expresaba desde mis entrañas. Parpadeaba despacio y su boca se mantenía cerrada; él tan solo me observó.

—Sarada...

—¡No me llame así! Para usted soy Saki, ¡para todos aquí! Sarada se quedó en Konoha, no volveré a ser ella hasta que no encuentre a mamá. Y lo siento mucho, pero no puedo confiarle nada a alguien que intentó matarme.

Sentí la mano del general sobre mi hombro.

—Saki, todo fue un malentendido. El comandante... Su reacción fue completamente natural, recuerda que estamos en medio de una guerra y él al no saber que tú tienes el sharingan...

—No le des más explicaciones —dijo el comandante—, he dicho que se irá y así será.

Se dio la media vuelta y sentí una rabia enorme. Odiaba que me subestimara y siempre tratara de humillarme.

—¡Usted es el peor líder!

Se detuvo.

—No entiende los sentimientos de nadie solo busca saciar su ego. Que es el mejor, que es el más fuerte ¡¿y eso ha servido de algo?! ¿Por qué no ha podido derrotar a Dragón de Koshi?!

—¡Saki! —gritó el general.

—¡Voy a ir por mi mamá aunque usted no quiera!

—Bien, lárgate entonces —volteó—, y no durarás ni diez minutos antes de morir.

Me quedé callada tratando de normalizar mi respiración.

—Tienes el sharingan, eso es lo que quieren por eso eres un objetivo para ellos —reveló—. Cuando reúnan todos los que necesitan, el dragón despertará y todos moriremos. Entonces nadie podrá salvar a tu madre ¿eso deseas? Adelante, ve a que te maten.

La otra mano del general abarcó mi hombro vacío.

—Saki, por favor... Hazlo por el bien de tu mamá... y por mí.

Miré al general y mi frente se arrugó con pena al igual que mis labios. Las lágrimas que contuve resbalaron por mis mejillas hasta el suelo; entonces abracé al señor Kakashi.

—No quiero irme, quiero estar con usted, tampoco quiero que usted muera.

Acarició mi cabeza.

—No moriré, te lo prometo.

Se puso de cuclillas y al estar a mi nivel me tomó el rostro con sus manos.

—Yo también buscaré a tu mamá, y cuando la encuentre le diré que ha tenido una hija muy valiente.

—Señor Kakashi... Hubiera querido que usted fuera mi papá.

El general abrió mucho los ojos y sin darle tiempo a decir algo lo abracé por el cuello.

—Gracias por ser mi cómplice todo este tiempo y ayudarme a ser valiente.

El encuentro duró un par de segundos hasta que me aparté de él y miré al comandante. Él no se había movido de allí pero la oscuridad de su iris se había desviado a otro rumbo.

—¿Qué camino debo tomar? —le pregunté y eso lo hizo prestarme atención.

—Kakashi te llevará.

—Y... ¿a dónde iré?

Tardó un rato en responder, parecía dudar.

—Con mis padres.

—¿Eh? ¿Con sus padres? ¿Por qué?

—Porque estarás segura con ellos, además —me barrió con la mirada desde los pies hasta la cabeza—... Después de todo eres una Uchiha.

A mi mente llegó el recuerdo del día anterior cuando el señor Kakashi le dijo eso antes de que yo perdiera la conciencia. Pensé que se trató de un sueño pero no fue así. Me quedé sin palabras, no sabía cómo reaccionar a que lo mencionara.

—¿Ya ves? Irónicamente también eres parte de mi familia.

Me sentí avergonzada.

—Comandante, aquí están las plantas.

Mitsuki apareció en la escena cargando un montón de hierbas, al verme solo levantó las cejas.

—Kakashi, ayúdame a clasificarlas.

—Sí, señor. Saki, quédate aquí un momento y prepara tus cosas ¿de acuerdo?

Acepté moviendo mi cabeza, él se alejó junto al comandante.

—¿Cómo te sientes?

Mitsuki lanzó esa pregunta sin darme tiempo a ordenar mis pensamientos, no sabía cómo hablarle después de todo lo que pasó, no tenía idea qué tanto sabía él de mí.

—Estoy bien —dije a secas y jugué con las mangas de mi chamarra.

—¿Comiste algo?

Asentí. Miré mi mochila y comencé a guardar mi cobija.

—Saki...

—Mitsuki, ya debes saber que me iré ¿verdad?

Él suspiró y se sentó sobre la hierba de modo que podíamos vernos a la cara.

—Sí. Me lo dijo el general.

Continué acomodando las cosas dentro de mi mochila y miré los frascos de Inojin me entregó con el antídoto para mordeduras de esas bestias de Dragón de Koshi.

—¿Sabes la razón?

—Sí.

Saqué uno de los frascos y lo contemplé para evitar coincidir con Mitsuki.

—¿Me odias? —cuestioné con pena.

—¿Por qué habría de odiarte?

Bajé el frasco y finalmente tomé valor para verlo a los ojos, sus bellos ojos color miel que tanto me gustaban.

—Por mentirles a todos.

Pestañeó un par de veces y en sus labios apareció una sonrisa casi imperceptible.

—Creo que una parte de mí tenía la certeza de que eres una chica pero no quise ser imprudente preguntando algo como eso. Conozco bien las reglas del escuadrón y si resultaba cierto que eras una mujer disfrazada de hombre, imaginé que tenías tus razones.

Mi corazón latió con rapidez, había sentido ligera paz dentro de mi ser.

—Yo realmente quería ser más fuerte —confesé con tristeza, mis dedos se enroscaron alrededor del frasco—. Quería ser capaz de salvar personas, no de vivir escondida.

—Eres fuerte, eso me gusta de ti.

La mano de Mitsuki se posó sobre la mía y al alzar mi rostro le miré.

—Lo siento —dije—. Por mi culpa fuimos atacados muchas veces. Nos detectaron porque había una mujer en el grupo... De verdad, lo siento Mitsuki.

—Saki... ¿Qué tipo de flores te gustan?

Su extraña y repentina pregunta me tomó desprevenida. Su rostro estaba muy tranquilo y parecía no importarle lo que le acababa de decir.

—Pues... No lo sé. Quizás...

Me quedé pensando pero no pude encontrar ninguna. A mamá le gustaban los cerezos y aunque me parecían lindos y estuve a punto de mencionarlos, sentí que no eran afines a mí.

—Creo que no puedo responder a tu pregunta, perdona.

Mitsuki sonrió, esta vez con amplitud.

—A mí me gustan las piphyllum oxypetalum —dijo.

—¿Las qué?

Rió bajito.

—Su nombre popular es "dama de noche". —aclaró—. Es un tipo de planta que florece dos veces al año y únicamente lo hace en luna llena. Es débil ante los fuertes rayos del sol, y por eso su nombre se debe exclusivamente a la noche que es cuando puede florecer en todo su esplendor.

Levantó la vista al cielo y sus cabellos ondearon.

—Pero, a pesar de que puede florecer durante toda la noche, al llegar la mañana se marchita.

Su relato me pareció triste, incluso su rostro cambió a un semblante melancólico.

—Su belleza es efímera, pero especial.

—Supongo que debe ser una flor muy bonita.

—Sí, lo es.

Se me quedó mirando fijamente y eso me cohibió.

—Creo que a ti te van bien las gardenias.

Ladeé la cabeza.

—¿Las gardenias?

—La señora Ino tenía muchos libros y me prestó uno, era sobre flores. Cuando lo leí pensé que las gardenias se parecían mucho a ti.

—¿Por qué?

—Porque son...

—Saki ¿terminaste de guardar tus cosas?

El señor Kakashi apareció interrumpiendo el diálogo de Mitsuki, cerré mi mochila y me la colgué.

—Sí, perdón es que Mitsuki me estaba diciendo algo —lo miré con la esperanza de que continuara.

—Lo sabrás después —me dijo—. Buena suerte en tu camino, Saki.

El general tomó su mochila .

—Bueno, es hora de marcharnos.

—Kakashi, recuerda lo que te dije —mencionó el comandante.

—Sí, no se preocupe por eso. Saki, vámonos.

Miré al comandante, él sostuvo su mirada por unos segundos y después vio hacia el suelo. Lo siguiente que observé fue a mi compañero, sentí una opresión en mi pecho. No quería despedirme de él.

Estiré mi mano temblorosa hacia él y traté de sonreír sin parecer estúpida.

—Gracias por cuidarme todo este tiempo, por enseñarme los puntos débiles de Boruto y... por confiar en mí.

Estrechó mi mano con fuerza.

—Gracias por aventurarte a ser parte de esto —dijo—. Fue bueno conocerte.

No quería llorar de nuevo, y puse todas mis fuerzas en evitarlo aunque mis ojos se nublaron, pero parpadeé varias veces para suprimir las lágrimas.

Cuando nuestras manos se soltaron, le entregué los frascos con el antídoto.

—Creo que será mejor que ustedes se queden con esto.

—De acuerdo.

Volví a mirar al comandante e hice una reverencia.

—Lamento todos los problemas que causé —me enderecé—. Por favor, no pierdan.

Sus labios se abrieron pero no dijo nada, como si meditara sus palabras tardó unos momentos antes de expresarse.

—Cuida de mi madre. Eres fuerte, sé que puedes hacerlo.

Pensé en la señora Mikoto y asentí.

—Por supuesto.

—Bueno, en marcha.

El general me dio palmaditas en la espalda y le eché un último vistazo a Mitsuki quien alzó su mano y me dijo adiós. Así lo hice yo también aunque sentí que una parte de mi corazón se quedaba con él.

Avanzamos hasta perderlos de vista y fue entonces que pude soltar esas lágrimas silenciosas. No hubo llanto, solo sollozos.

—¿Por qué suspiras tanto? —Preguntó el general mientras caminábamos.

—Cosas de chicas —fue lo único que pude responder.

—Ya veo... ¿Te molesta si interrumpo tu momento?

Limpié mi cara.

—Ya estoy bien, dígame lo que tenga que decir.

—Tardaremos aproximadamente cinco días en llegar a nuestro destino, el camino se puede tornar peligroso y no llevamos muchas reservas de alimentos así que será un trayecto duro para ambos. Te pido que no cometas una imprudencia y obedezcas a todo lo que te ordene ¿de acuerdo?

—Sí, señor —contesté en voz baja.

—Y algo más —carraspeó—... Cuando estés con la familia Uchiha y consigas momentos de paz, úsalos para entrenar.

—¿Entrenar?

—Sí. Para que no oxides lo que con esfuerzo lograste durante estos meses. Dijiste que no volverías a ser Sarada hasta que no rescataras a tu mamá.

—Pero ya ni siquiera pertenezco al ejército.

—Eres mi discípula y no permito que mis estudiantes sean débiles. Quiero que sepas defenderte en el extremo caso de que intenten hacerte daño, por eso durante este viaje de regreso te enseñaré una última técnica.

Detuve mis pasos y lo miré emocionada.

—¿De verdad? ¿De verdad me enseñará algo importante?

—Así es. Es mi deber darte las armas para sobrevivir.

—¿Y qué es? ¿De qué técnica se trata?

También se detuvo y se echó las manos en los bolsillos de su chamarra.

—Se llama "Millar de pájaros" o también puedes decirle... Chidori.


Es un capítulo cortito para concluir con esta situación.

Algo importante que debo mencionar es el hecho de que Sasuke prefirió no decirle a Sarada que él es su padre porque si ésta se enteraba podría reaccionar mal e intensificar su terquedad de quedarse. Si tener a su madre lejos la hace sentir impotente, imagínense al saber que Sasuke es su papá. No obstante, lo sabrá pronto de eso no se preocupen.

Es todo, gracias por su paciencia. Besos.