Capítulo 39.- "Chidori"
La tarde comenzaba a caer en esa región montañosa. Caminamos bastante y en todo momento el general evitó adentrarse al bosque. Procuró llevarme por toda la orilla hasta que irremediablemente tuviéramos que vernos en la necesidad de ir al interior.
Por el sendero que tomamos había canales pequeños de agua. El señor Kakashi dijo que eran los brazos de un gran río de la montaña. Varias veces nos detuvimos para tomar agua del mismo.
Cuando la luz empezó a disminuir supimos que era tiempo de parar y preparar un sitio para descansar.
Mi estómago estaba haciendo ruido y fue algo que no pude evitar, aunque el general no hizo ningún comentario al respecto estaba segura que lo escuchó con claridad.
Cuando nos detuvimos, lo vi aproximarse al agua que corría en dirección opuesta a nuestro destino. Se remangó la chamarra y metió la mano; yo me acerqué para ver qué estaba haciendo.
—¿Señor?
—El agua por aquí fluye con mayor intensidad —sacó la mano y se puso de pie mirando hacia delante—. Debe haber una roca atravesada.
—¿Busca algo?
—Sí, nuestra cena.
—¿Qué? —Por alguna razón me emocioné, y no era para más, llevaba casi todo el día muriéndome de hambre.
—Verás, este río es de agua fría y según leí hace un tiempo, es conocido que por aquí hay truchas.
—¿Qué es eso?
—Son peces, los más comunes miden entre treinta y cuarenta centímetros.
—Treinta y cuarenta.
Moví mis manos y en el aire hice una medida aproximada del tamaño de uno de esos peces. Mis ojos brillaron entusiasmados ¡eran de buen tamaño!
—¿Y cree que podamos pescar algunas?
—Eso dependerá de nuestra suerte para localizarlas, por eso mencioné lo de la roca, si hay una atravesada, entonces el agua detrás de ésta se topa con ella y eso hace que los peces se queden allí.
Caminó unos metros y yo fui siguiéndole el paso. De repente estiró el brazo y me señaló dos rocas de considerable tamaño que estorbaban a la corriente de agua.
—Allí, vamos.
Se subió con cuidado y me preocupé de que cayera, luego me fijé que algo brillaba bajo sus pies y me di cuenta que había enviado parte de su chakra justamente a sus plantas para fijarse con fuerza y no resbalar.
—¡Eureka! —mencionó contento—. Aquí hay unos peces.
Sacó sus kunai y los lanzó, oí el salpicar del agua. Luego con una mirada victoriosa me mostró dos peces grandes que colgaban moviéndose. Los lanzó hacia un lado y cayeron en tierra.
—Eso cenaremos. —dijo sacudiéndose las manos.
—Usted sabe mucho, señor Kakashi.
—Solo lo necesario. Ahora te mostraré cómo limpiar a estas criaturas.
La fogata donde asamos a las truchas la hice con una pequeña llama de mi jutsu de fuego. Pronto el cielo se oscureció y nos quedamos sentados alrededor de ella viendo cómo pequeñas chispas volaban hacia arriba perdiéndose.
—Ten cuidado, las truchas tienen muchas espinas.
—Señor, ¿no es peligroso que hagamos fuego? Quiero decir ¿no nos detectarán?
—Sí es peligroso, sobretodo el asar alimentos pues el aroma podría atraer osos.
—¿Osos? —Me espanté—. En ese caso ¿no sería mejor si apagamos la fogata?
—Estaremos bien, conservemos el fuego un rato más y después lo apagamos. Ahora come.
Tomé un pedacito de la carne cocida y le soplé antes de llevármela directo a la boca. Mientras masticaba levanté la cabeza y me encontré con un cielo cubierto de hermosas y brillantes estrellas. Aunque por la luz que irradiaba el fuego se opacaba la vista ligeramente, eso no quitaba el esplendor del firmamento.
—¿Por qué siempre miras al cielo? —preguntó el general.
—¿Uh?
—Lo he notado, sobre todo cuando es de noche. ¿Tiene algo especial?
—Una vez mamá me dijo que el cielo nos conecta a todos sin importar si somos buenos o malos —continué observando los tonos azulados y oscuros—. Y que las estrellas son como bombillas que alumbran los caminos solitarios. Por eso, cuando tienes miedo o cuando extrañas a alguien puedes voltear al cielo y pensar que ese ser amado también lo observa igual que tú.
—Y de ese modo sientes que estás cerca de esa persona ¿no es así? —complementó.
—Sí, justo así lo dijo.
—Hmm... Eso explica muchas cosas.
—Señor, hay algo que olvidé mencionarle al comandante. Estaba tan confundida y enojada que omití algo así de importante.
—¿De qué se trata?
Aclaré mi garganta y bajé el pescado para ver directo al general.
—El krego que faltaba y que me topé cuando tomamos ese descanso...
—Ah, lo recuerdo. Está muerto.
—¿Muerto? Pero solamente se quedó petrificado.
—El comandante acabó con él ¿pero puedo saber cómo es que quedó en ese estado?
Me removí en mi lugar.
—Esa bestia podía hablar.
—¿Qué?
—Sí, le juro que habló. Me dijo que fuera con él, le pregunté que qué era lo que quería de mí y me contestó que se trataba de mi sangre, él quería mi sangre.
El señor Kakashi dejó a un lado su alimento y me prestó más atención. Había arrugado su frente y su cuerpo tomó otra postura.
—Una bestia que hablaba, razonaba y deseaba tu sangre. Esto no me agrada para nada.
—¿Qué cree que pudiera ser?
—Un experimento quizás... No te imaginas las aberraciones que he visto a lo largo de mi vida y que son causadas por estos criminales con devoción enfermiza.
Se sobó el mentón descubierto, su máscara estaba en su cuello mostrándome su rostro completo.
—El monstruo de cuernos evitó mirarme directamente en casi todo momento. Después de activar mi sharingan mientras traté de defenderme, llegó un punto donde su único ojo inevitablemente tuvo contacto con mi habilidad y pude ver parte de sus recuerdos.
—¿Recuerdos? En ese caso tenemos más razones para creer que se trata de un experimento y ese ser antes fue una persona.
—Pero ¿por qué motivo querría mi sangre?
Estuvo callado, parecía pensar en una respuesta que ni siquiera él conocía.
—Saki, sabes que por tus venas corre sangre Uchiha —me miró a través del fuego que nos separaba—. Para despertar al dragón son capaces de cometer las peores atrocidades.
Me dio un escalofrío.
—¿Usted cree que ellos sepan que tengo sangre Uchiha?
—Quizás. ¿Qué cosas viste en sus recuerdos?
Busqué dentro de mi pantalón y sentí el lazo con el que mamá sujetaba su cabello; lo saqué para mirarlo con la tenue luz de la fogata.
—Mamá lo hirió en el ojo, justo aquel que tenía esa enorme cicatriz.
—¿Viste a tu mamá en los recuerdos de esa bestia?
Moví la cabeza.
—Sí. Pero no pude continuar, no fui capaz de mantener el control sobre mi sharingan y cuando salí de sus memorias, me di cuenta que el monstruo se quedó petrificado. Quiero creer que mi mamá sigue con vida y está luchando como nosotros para sobrevivir.
Apreté el listón rojo.
—Señor ¿cuándo me enseñará el chidori?
—Cuando salgamos de esta zona. Nos iremos poco antes del amanecer; todavía falta un buen camino por recorrer así que trata de dormir lo suficiente.
—¿No hay de esos monstruos cerca de aquí?
—No lo sé pero no te sucederá nada malo, confía en mí.
—Esa no es la respuesta que esperaba.
—Quédate tranquila. Es más arriesgado cuando vamos caminando dentro del bosque, y por ahora estamos casi en la frontera con el país de las Flores. Hasta donde sé, Dragón de Koshi no se ha extendido a otras naciones... al menos no por ahora.
Bajé la mirada, guardé el listón de nuevo dentro del bolsillo de mi pantalón.
—Termina de comer para que te enjuagues las manos y te duermas. —me ordenó.
—Sí, señor.
(...)
Al igual que casi todos los días, el recorrer grandes distancias hacía que mis pies dolieran. El frío se soportaba poco a poco pero las molestias del cuerpo provocadas por golpes y cansancio eran difíciles de sobrellevar.
El general Kakashi tenía más experiencia en ese aspecto. Su resistencia era asombrosa y me emocionaba escuchar sus historias durante el viaje; conocía muchas cosas y visitó demasiados lugares.
El siguiente día concluyó con tranquilidad, el bosque terminaría pronto.
Cuando llegó la mañana del tercer día de nuestro viaje, nos encontramos con un paisaje espléndido: una laguna en la que se reflejaban los rayos del sol y el agua clara brillaba con esos destellos dorados.
El sonido del agua fluyendo por entre las rocas y desembocando en la inmensa laguna, me produjo una enorme paz y el frío desapareció por unos momentos. La montaña estaba del otro lado y la temperatura se sentía mucho más cálida.
—De aquel lado comienza el país de las Flores. —comentó el general.
—¿Usted ha visitado ese país?
—Si a visitar te refieres a adentrarme a su territorio como turista, la respuesta es negativa. He ido por otros asuntos y no he pisado más allá de cinco kilómetros. No obstante, con lo poco que fui capaz de ver, fue suficiente para admirar la belleza de sus paisajes.
Miré de nueva cuenta aquel horizonte hasta que el señor Kakashi retomó la palabra.
—La primavera llegará pronto, por fin terminará este crudo invierno.
—Y los cerezos florecerán. —añadí con nostalgia.
—Hemos avanzado más de la mitad de nuestro destino así que aprovechando este lugar, considero que es momento de enseñarte el chidori.
Levanté la cara y sonreí emocionada. Se quitó la mochila y la puso en el suelo.
—¿Recuerdas cuando te conté que tuve el sharingan?
Hice memoria, fue aquella vez que yo entrenaba el jutsu que el sargento Konohamaru me enseñó. Él se bajó la máscara y me señaló su cicatriz.
—Hace muchos años durante un combate perdí mi ojo izquierdo. Un amigo, se llamaba Obito Uchiha, él me obsequió su sharingan cuando estaba moribundo. En ese tiempo desarrollé una técnica y la combiné con este dojutsu. Debido a que mi organismo adaptó el ojo que recibí como obsequio, el sharingan desapareció y con él dejé de utilizar el chidori.
—¿Por qué?
—Porque el chidori es muy peligroso. El sonido chirriante es inevitable y solo debes soportarlo, pero es la potencia de las luces emitidas por los rayos lo que hace que se pierda el objetivo de vista, podrías incluso dañar a muerte a la persona equivocada.
Se remangó la chamarra.
—En cambio, si utilizas el sharingan jamás dejas de mirar a tu objetivo. No hay forma de cometer un error.
—Entiendo.
—Aún puedo hacer el chidori pero no veo nada hacia el frente, así que quédate a unos cuatro metros de distancia y presta atención. No te muevas de tu lugar ¿entendido?
—Sí, señor.
—Observa —estiró el brazo derecho y con su mano izquierda lo sostuvo—. Cargas tu chakra directo a tu brazo, imaginas una corriente eléctrica que te envuelve y poco a poco el calor se sentirá por tu extremidad. Respiras hondo y dejas fluir todo el chakra hasta que salga de tu cuerpo.
Miré asombrada el momento en que unos pequeños rayos se avistaron por su antebrazo y posteriormente unos más grandes salieron de la palma de su mano. Un chillido comenzó a surgir y se me erizó toda la piel.
—Se llama millar de pájaros porque el sonido que producen los rayos es como si miles de aves cantaran.
Después de explicarme eso, una gran corriente eléctrica apareció y se moldeó en una cantidad grandísima de rayos que se concentraban en la palma de su mano. Permaneció así durante unos segundos y luego soltó su mano para liberar la energía que se perdió en el aire. Sacudió su brazo derecho y se masajeó la palma donde antes tuvo el chidori.
—¡Eso fue impresionante!
—Lamento no poder mostrarte el resto. Pero te guiaré para que veas el impacto de esta técnica así que ven acá.
Bajé mi mochila al suelo y me acerqué.
—Extiende tu brazo así y pon tu mano izquierda sujetando con fuerza tu muñeca.
—De acuerdo.
Imité su movimiento, él se puso unos pasos detrás de mí.
—Ahora quiero que actives tu sharingan.
Hice lo que pidió.
—Ya lo hice. —indiqué.
—Bien. Ahora haz lo que te dije, envía parte de tu chakra a tu brazo derecho, concéntralo en tu palma e imagina que es una corriente de electricidad, para saber que lo estás haciendo bien comenzarás a sentir calor.
—Sí.
Respiré hondo y dirigí el chakra hacia donde me indicó.
«—Imagina que es electricidad, imagínalo Sarada.».
Mis ojos miraron fijamente el centro de mi mano y visualicé los pequeños rayos alrededor de ella. De pronto sentí ese calor que ardía, casi como aquella vez que durante mi enfrentamiento con el monstruo y el enmascarado, mi cuerpo me mostró mi afinidad con el elemento rayo.
—Señor, creo que me está quemando. —dije asustada.
—No te pasará nada, concéntrate y no tengas miedo. Sigue moldeando tu chakra hasta que la energía sea visible. Por ningún motivo desactives tu sharingan.
—Bien, bien.
Volví a tomar aire y puse mi atención en lo que quería lograr. Como si fuese contra mi voluntad, sentí un cosquilleo ardiente que corrió desde mi hombro hasta la punta de mis dedos y con ello, el chidori empezó a tomar forma. Mis pupilas veían cómo los rayos emergían de mi propia extremidad pero en un tamaño más pequeño que el del general.
—Se-señor...
—No te espantes, sigue liberando más energía, necesitas que sea más grande.
—¿Cómo hago eso? —cuestioné con nerviosismo.
—Siente cómo el chakra corre por todo tu brazo buscando una salida, dirígelo hacia el sitio donde se forma el chidori, allí se acumulará y el tamaño incrementará.
Seguí sus instrucciones y tal como lo dijo, el chidori logró un tamaño asombroso, tan espectacular que no sabía si estaba contenta o tenía miedo de esa cosa.
—¿Qué debo hacer ahora? —Mi voz temblaba.
—Ahora quiero que mires la roca mediana de tu izquierda, esa que está separada del resto.
Moví mis ojos y la localicé.
—La veo.
El general me daba sus indicaciones casi gritando, pues el fuerte sonido del chidori dificultaba nuestra comunicación.
—Vas a dirigirte allí pero no lo hagas caminando, debes correr ¿de acuerdo? Tienes que ir a toda velocidad y jamás bajes tu mano, mantenla en la misma posición. Una vez que llegues a la roca, libera tu agarre y aparta tu mano izquierda. No acerques el rostro e impacta toda la energía acumulada directamente en la roca.
—¿Q-qué?
—No lo hagas con miedo, debes tener convicción. Corre con seguridad directo a tu objetivo Saki, jamás dejes de ver a tu objetivo. Como si quisieras lanzar un globo con agua para que estalle sobre éste ¿me entiendes?
—Lo entiendo, señor.
—Cuando cuente hasta tres quiero que corras hacia allá.
—De acuerdo.
Respiré hondo por tercera vez, mi corazón estaba acelerado.
—Uno, dos, ¡tres! ¡Ve hacia tu objetivo!
Mis piernas empezaron a andar y con toda la velocidad que pude conseguir, fui directo a la roca que mi sharingan ya había localizado.
«—Sin titubear, sin vacilar, Sarada. Como si fueras a reventar un globo, ¡ahora!».
Mi brazo izquierdo lo dirigí hacia atrás, el chidori se impactó sobre aquella roca y al momento del suceso pude ver lo que esa técnica era capaz de hacer. Mi mano atravesó la dureza de la materia mineral como si fuera un pedazo de papel.
Pero aunque la técnica fue un éxito, sentí que mi cuerpo era expulsado hacia atrás y una gran fuerza me lanzó en ese sentido contrario. Fui atrapada en el aire por el general.
—Saki, ¿estás bien?
Miré mi mano, no tenía ninguna herida.
—Supongo que sí. ¿Qué fue eso?
—Es normal, la primera vez también me pasó y no hubo nadie que me detuviera. Es algo que vas controlando con la experiencia, tu cuerpo se hace resistente a este tipo de ataques y lo haces parte de ti.
Me soltó.
—¿Qué opinas del chidori? ¿Crees que podrás dominarlo?
—Al principio estaba asustada pero creo que me gusta destruir cosas.
—Bueno, eso no suena muy bien —se rascó la mejilla—. No es mi intención que hagas uso de esta técnica más que para defender o defenderte de los asesinos de Dragón de Koshi.
—No se preocupe, no haré mal uso de esto.
—Asegúrate de entrenarlo tanto como puedas, pero en un lugar libre de mirones que pudieran acercarse. Aunque tu sharingan te ayuda bastante a mejorar la visión todavía tardarás un tiempo en acostumbrarte y si alguien te estorba lo podrías matar.
—Lo entiendo, tendré cuidado.
—Bien, hazlo una vez más y después comemos algo para partir.
(...)
La noche anterior caí rendida y apenas tuve fuerza para acomodar mi cobija. A pesar de dormir en un sitio incómodo como el suelo mismo, pude conciliar el sueño.
Cuando amaneció y desperté, sentí calor cerca de mis pies. Me enderecé y miré al general cociendo algo sobre el fuego. Me tallé los ojos para aclarar mi vista y busqué mis lentes.
—Buenos días. —saludó.
—Buenos días... ¿Cómo prendió la fogata? Debió despertarme para...
—No quiero que gastes chakra, además tengo un encendedor.
—¿Fuma?
—No, es para emergencias. ¿Descansaste lo suficiente?
Bostecé.
—Creo que sí. ¿Falta mucho para llegar a donde el comandante me envió?
—Bueno, ya vamos más allá de la mitad del camino. Podría decirte que estamos a dos o tres días de terminar el trayecto.
—¿Qué pasará después? ¿Usted volverá? Es demasiado, señor Kakashi, va a cansarse mucho.
—No te preocupes por mí, yo conseguiré la forma de regresar. Tengo la orden de protegerte hasta que te deje en ese sitio seguro.
Miré el fuego y extendí mis manos para calentarlas.
—¿El comandante le pidió protegerme?
—No lo pidió, lo ordenó.
—¿Por qué?
El señor Kakashi me miró.
—¿Te sorprende?
—Él me odia.
Oí una risita.
—No te odia, es parte de su deber como líder proteger a todo el país, en especial a los más jóvenes. Y ahora que ustedes terminaron siendo familia, es normal que quiera asegurarse de tu bienestar.
Masajeé mi cuello y pensé en esa declaración.
—Señor Kakashi, ayer me dijo que tuvo un amigo Uchiha... ¿Él era como el comandante?
—Obito era extrovertido y un cabeza hueca. No todos los miembros de ese clan eran serios y estrictos como el señor Fugaku o Sasuke, si es lo que piensas. Ya conoces a Itachi, él es demasiado amable.
—Al señor Itachi le gustan los dangos, ¿a usted qué le gusta?
El general se quedó pensativo.
—Me gustan muchas cosas. —musitó.
—¿Alguna comida en especial?
—Hmm... El pescado a la parrilla. ¿Por qué?
—Solo es curiosidad. Creo que no sabemos tanto el uno del otro ¿verdad? Es bueno que nos conozcamos.
—No soy una persona muy interesante, Saki.
Sonreí y estiré los brazos.
—Ya que usted conoció al clan Uchiha, ¿alguna vez trató con Saki? Me refiero a mi padre.
Él dejó de mirarme y se concentró en lo que estaba asando.
—¿Saki? Es cierto, me dijiste que tu madre te dijo que así se llamaba.
—¿Entonces lo conoció? —pregunté ilusionada.
—Bueno... La verdad, no. No recuerdo haber escuchado ese nombre.
Me decepcioné, tenía la esperanza de que me contaran sobre él.
—¿Tu madre no te dijo absolutamente nada de él?
Negué con mi cabeza.
—Pensé que quizás era doloroso para ella hablar de él por eso no cuestioné nada y me conformé con lo poco que decía. Cosas como: heredaste esos ojos de tu padre, y él nos cuida desde el cielo —suspiré—. Yo de verdad quiero saber qué clase de hombre fue y cómo se enamoraron mis padres. Esas inquietudes pueden parecer tontas pero me hacen mucha ilusión.
—Saki dime una cosa ¿estás contenta de saber que eres una Uchiha?
Su pregunta fue repentina, me quedé meditándolo seriamente.
—Creo que no sé qué es lo que siento. Es agradable saber que no estoy tan sola pero al mismo tiempo creo que tengo miedo.
Nos quedamos en silencio, solamente se escuchaba el crujir de la madera ardiendo. La interrogante del general me hizo divagar en mis pensamientos y pensé en muchas cosas. Como la razón por la cual mamá jamás me dijo que mi padre perteneció a ese clan ni que tenía familiares en él.
Me pregunté también si ella sabía que el sharingan era la herencia de los Uchiha y pensó que en algún momento yo podría despertarla.
—Saki, antes de ir con la familia del comandante tengo que llevarte a revisión médica.
El general habló y me sacó de mis pensamientos.
—¿Revisión médica? ¿En dónde?
—Hay un campamento en un área resguardada, no está tan lejos del sitio donde están los Uchiha. De todos modos debo ir por provisiones y material de primeros auxilios así que aprovecharemos para que curen tus heridas. Nos desviaremos por el camino pero no te preocupes, eso no nos retrasará para nada.
—Sí señor, será como usted diga.
¡Muchas gracias por leer!
