Capítulo 41.- "La hija de Sasuke Uchiha"

La imagen frente a mí era una que no vi durante muchos días. Recién terminé de bañarme con agua caliente y obtener ropa limpia que la señora Mikoto me prestó. La persona en el espejo lucía casi parecida a la antigua yo; mi piel no tenía rastros de tierra ni había opacidad en mi cabello.

Con mis dedos acomodé mi melena húmeda, luego tomé los lentes y me los coloqué.

Un golpe en la puerta me hizo voltear a ver a la mujer mayor asomando medio cuerpo en la habitación. Tenía una mueca curiosa.

—La ropa te queda un poco grande, pero mañana solucionaré este problema. Les he preparado un bocadillo al general Kakashi y a ti, así que sería bueno que lo acompañes a cenar.

No estaba segura de qué decir, después de las cosas que le grité a su esposo y tras meditarlo en medio del baño, me daba vergüenza mirarla a la cara.

—Saki… ése es tu nombre ¿cierto?

—Umm… Si no le molesta, así es como quiero que me llamen todos.

—¿Eh? ¿Estás diciendo que no es tu nombre real?

Junté mis manos frente a mi regazo.

—Mi madre me ha puesto un nombre distinto, pero al formar parte del escuadrón decidí cambiarlo y así quiero ser llamada hasta el día que regrese a mi vida normal.

La anciana abandonó su posición y caminó hacia mí, acomodó el cuello del suéter violeta que me prestó y que muy seguramente era vestimenta suya. Lo hizo con tal cuidado que me apenó su amabilidad.

Tanto tiempo tratando con hombres bruscos era un contraste espantoso en comparación con la madre del comandante supremo.

—Está bien, te llamaré Saki. Ahora Saki, ve a cenar junto al general porque la comida va a enfriarse.

(…)

Aunque pensé que el lugar donde cenaría sería parecido a un comedor más grande, una parte de mí sospechaba que terminaría en un espacio reducido porque el señor Kakashi no era del tipo ostentoso. Y en efecto, cenamos juntos en la cocina de la casa.

No vi al señor Fugaku por ninguna parte y eso calmó mis nervios. Verlo nuevamente se volvería mi martirio.

—Entonces ¿se quedará a dormir aquí? —pregunté.

—Así es. Me ofrecieron una habitación para que descanse, pero mañana en cuanto vuelva con los resultados médicos, me marcharé.

La taza de té quedó pegada a mis labios antes de dar un sorbo. Recordé al anciano indignado e incrédulo por el contenido de la carta de su hijo; hubiera deseado conocer el texto que tanto lo incomodó.

—Señor, ¿qué resultados médicos va a recoger? ¿Tienen algo que ver con lo que dice la carta del comandante? Porque por lo que entiendo, esos resultados me involucran.

Puso su taza sobre la mesa y se limpió la boca con una servilleta; se veía como alguien que no deseaba hablar del tema.

—Es una prueba de ADN —confesó—. Sasuke quiere demostrarle a su padre que llevas sangre Uchiha.

—¿Qué cosa? ¿Demostrarle?

—Justamente porque el comandante es parecido a su padre en cuanto a desconfiar de las personas, para que no haya dudas lo mejor es mostrar un resultado médico que avale que eres una de ellos.

—Usted me acepta a pesar de que no somos familia, y siendo honesta señor, me siento más cómoda junto a usted que cerca de ese anciano.

El general rió, luego se sobó la frente.

—Saki, por favor no cometas ninguna locura cuando estés aquí. Confío en que aprendiste bastante durante el tiempo que permaneciste en el escuadrón y sabrás controlar tus miedos.

Finalmente bebí del té verde.

—¿Recordarás mis consejos? —preguntó.

—Sí, señor.

—Una cosa más —bajó el volumen de su voz—. Pase lo que pase, no olvides el motivo por el que has arriesgado tu vida, ni tampoco borres de tu mente que fuiste mi estudiante.

Buscó dentro de su pantalón, sacó su mano en un puño que después abrió frente a mi rostro permitiéndome ver un cascabel.

—¿Y esto, señor?

—Te lo regalo. Es un cascabel de la suerte.

Lo tomé, no tenía nada raro solo era eso: un cascabel. Pero su valor no radicaba en el material del que fue hecho sino en la intención del general.

—Usted ya me ha dado muchos obsequios, yo no le he regalado nada.

—Bueno, dijiste que me darías pescado a la parrilla ¿no? Algún día tendrás que cumplir tu promesa.

Reí, pensé que olvidaría esas palabras.

—Está bien, le prepararé su comida favorita cuando Dragón de Koshi sea derrotado.

(…)

Permanecí despierta escuchando el constante sonido de las gotitas de lluvia que chocaban contra el vidrio de la ventana; había una gran inquietud dentro de mí.

Me giré apoyando mi cabeza sobre mi brazo izquierdo y al hacerlo vi el cascabel brillar por el reflejo de la luz, lo puse sobre la mesita junto a la cama y allí estaba haciéndome compañía al lado del listón de mamá.

Recapitulé mi vida hasta ese momento: llevaba más de seis meses sin saber de mamá y durante ese tiempo pasaron un montón de cosas, parte de ellas jamás imaginé que serían posibles. Si me hubiese cuestionado a mí misma aquella noche que mamá fue raptada, en dónde estaría yo después de más de medio año, no me habría cruzado por la mente mi situación actual.

Nunca llegué a pensar que terminaría junto a los padres del comandante del ejército del país del Fuego.

Entonces cerré mis ojos y me imaginé acostada sobre mi cama, creyendo que en la otra habitación mamá dormía como de costumbre y que al llegar la mañana la escucharía tararear su canción favorita.

—Mamá… quiero verte… Quiero abrazarte.

(…)

Dormir sobre un colchón suave y una cómoda almohada fue como pisar el paraíso. Después de dormir en superficies duras e irregulares mi cuerpo finalmente descansó y seguro que el general también.

Lo primero que hice al levantarme fue acomodar la cama, después recogí la cortina y al separar la tela que cubría el cristal de la ventana, me topé con un paisaje gris y bastante húmedo. Una ligera llovizna se visualizaba en toda el área.

—¡El señor Kakashi se va hoy!

Salí de la habitación y anduve por todo el pasillo hasta llegar a la cocina, allí estaba una mujer morena, y sentados a la mesa: la señora Mikoto y el señor Itachi. En mis labios se dibujó una amplia sonrisa.

—Saki, ya has despertado. ¿Dormiste bien? —Me preguntó la señora Mikoto.

—Sí, dormí bastante bien. Señor Itachi, qué bueno es volver a verlo.

Movió su cabeza pero sus ojos no me buscaron, en cambio se quedaron puestos en el vacío inexistente; sentí pena en mi corazón.

—Saki, estás aquí. No me dijeron de tu visita, mamá ¿pasó algo?

—Bueno hijo, tu hermano decidió enviar a Saki con nosotros por su propia seguridad. El general también vino pero ahora ha ido por unos resultados.

—No entiendo.

El rostro de la anciana denotaba incomodidad, no sabía a dónde mirar y su mano acariciaba constantemente la propia mano de su hijo.

—Yo te explicaré todo en cuanto llegue Kakashi.

El señor Fugaku sonó justo detrás de mí, eso me provocó un escalofrío y me aparté para dejarlo pasar al interior de la cocina. Tomó una de las sillas y se sentó, de inmediato la mujer que preparaba de comer le puso sobre el mantel una taza con una bebida humeante.

—Ven a almorzar Saki. —ofreció la señora Mikoto.

—Eh… Gracias pero… no tengo hambre aún. Yo… yo volveré a la habitación.

—Siéntate —dijo el anciano sin mirarme—, si es mi presencia la que te resulta desagradable, entonces iré al comedor principal.

Estuvo a punto de levantarse pero intervine.

—¡Espere…! No, no se vaya —respiré hondo—. Quiero disculparme por la forma en que me dirigí a usted, me dejé llevar por mis emociones.

Me quité los lentes e hice una reverencia. Aunque no me arrepentía del todo de las cosas que le dije, mis disculpas se debían principalmente a no querer manchar la educación que mamá me dio ni a arruinar la imagen del señor Kakashi.

Oí que carraspeó y acto seguido, la voz del señor Itachi se hizo notar.

—Esto sí que es raro, me deben muchas explicaciones.

—Saki, siéntate junto a mí. —dijo la señora Mikoto y obedecí.

Después del almuerzo y pasado medio día, llegó el general. Nos reunimos en la sala, la mujer morena que hizo de comer ya se había ido. Según me explicó la señora Uchiha, la familia Akimichi se mudó con ellos a ese pueblo después del ataque de los monstruos; ahora vivían en la casa de al lado y eran los mismos cocineros que servían desde hace varios años. Entonces lo recordé, ellos eran familiares de Chouchou.

Las posibilidades de verla otra vez eran muy altas, de modo que en cualquier momento tendría que enfrentarme a uno de mis miedos: revelarle a la jovencita que el niño que le gustaba, era en verdad una mujer.

El ruido del papel del sobre siendo rasgado fue lo que me llevó de nuevo a la realidad sacándome de todo pensamiento. El señor Fugaku tenía entre sus manos los resultados de la prueba de ADN, su esposa e hijo se hallaban a su lado mientras que yo estaba sentada junto al general.

Sentí la mano del señor Kakashi sobre mi espalda dándome ligeras palmadas, posteriormente apartó su mano y lo vi juguetear con sus dedos.

—¿Qué dice? —La señora Mikoto buscó respuestas en la cara de su esposo.

El anciano no apartó la vista del papel, apoyó su mano libre sobre el mentón y me pareció ver que sus cejas se elevaban dándole así un aspecto apacible.

—¿Fugaku?

Bajó la hoja de papel y sin entregarla a su mujer la dobló. Se limpió la cara con un pañuelo para luego suspirar sonoramente.

—Dime una cosa —de repente habló y me miró—, ¿cuál es el nombre de tu madre?

Pude ver que el señor Itachi movió la cabeza en dirección a su padre; pues aunque no pudiera ver, el sonido de su voz le indicó su posición.

—Sakura Haruno, señor.

El hombre mayor asintió despacio con una mueca extraña, luego volvió a mirar la hoja.

—¿Cuál es tu edad?

—Voy a cumplir trece el treinta y uno de marzo. —respondí.

—Fugaku dime lo que dice el resultado ¿es o no?

El anciano le mostró el papel a su esposa al tiempo que le daba respuesta a su inquietante duda.

—Lo es.

El rostro de la mujer se descompuso y apretó los labios mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Tomó aquella hoja y sus manos temblorosas la sostuvieron para que sus pupilas pudiesen leer el contenido. Un gemido de llanto se escapó de su boca.

Miré al señor Kakashi, no entendía nada.

—¿Entonces sí soy una Uchiha? —Le pregunté en un susurro.

—Lo eres. —Me respondió de igual forma.

—¿Y por qué llora la mamá del comandante?

Esa pregunta no fue respondida. El general volvió a prestarles atención a las personas delante de nosotros, yo hice lo mismo.

—Padre ¿qué sucede? ¿Alguien puede decirme lo que pasa?

—Hijo, tu hermano nos ha enviado a Saki para que cuidemos de ella. Quizás no lo sabías pero el jovencito resultó ser mujer. Sasuke solicitó una prueba de ADN y ha dado un resultado positivo con un porcentaje del noventa y nueve por ciento. Sabes lo que significa.

El señor Itachi se inquietó y movió su mano como queriendo tocar a su mamá, ella sujetó su brazo.

—Espera un momento… ¿Dijiste que tu madre es Sakura Haruno? —Me preguntó.

—S-sí.

Sus labios temblaron.

—¿Sarada?

Mi cuerpo se congeló cuando pronunció mi nombre, el general también pareció confundido.

—¿Qué? —cuestionó el anciano.

—Usted… ¿cómo sabe mi nombre?

Sus cejas se arrugaron y una extraña mueca apareció, era como si quisiera sonreír pero al mismo tiempo, se hallara sorprendido. Su boca se abría pero no decía nada.

—Itachi ¿ya conocías a esta niña?

—Debí suponer que se trataba de ti, por eso me agradabas bastante desde que te conocí —Me dijo.

—Pero, pero ¿cómo es que usted sabe de mí? —Seguí insistiendo.

—Conocí a tu madre, la oí hablar de ti. Te esperaba ansiosa. Después te vi un par de veces cuando apenas caminabas, pero por mi condición y trabajo no fui capaz de acercarme. Estoy feliz de saber que sigues viva, después de todo, nuestra deidad ha cumplido su promesa.

Con sus palabras me sentí extraña, él hablaba de cosas que yo no podía asimilar ni tampoco conecté los hechos sobre la deidad y la supuesta promesa. Los rostros del resto eran parecidos, todos estaban tan confundidos.

—Itachi, quiero una explicación. ¿Tú sabías esto? ¿Tú sabías que Sasuke tiene una hija?

Levanté la cara y miré al anciano, luego al general. Él desvió sus ojos oscuros y yo sentí mi pecho saltar, mi corazón tenía fuertes palpitaciones.

—¿Qué cosa? —Me puse de pie— ¿qué fue lo que dijo?

El gesto de su cara me indicó que no esperaba mi reacción, la señora me entregó la hoja que había sostenido todo este tiempo.

—¿No lo sabías? ¿Sasuke te envió hasta acá sin decirte nada? —preguntó el señor Fugaku.

—¿Qué debió decirme? ¿Qué?

Miré el texto de la hoja, él señor Kakashi habló mientras yo leía el contenido, logrando así que detuviera la lectura.

—Tu padre es Sasuke Uchiha.

Inmediatamente miré el porcentaje que marcaba aquella prueba de paternidad y sentí que se me escapaba el aliento. Volví a encontrarme con los ojos del general los cuales por fin me enfocaban.

—El comandante supremo es tu papá.

No sabía qué decir, mis labios temblaban al igual que el resto de mi cuerpo. Todo parecía un sueño, uno muy inesperado. Ni siquiera sentía que respiraba y la irrealidad se apoderó de mí.

—Te estás poniendo pálida, alguien tráigame alcohol —pidió el general y me sostuvo—. Saki, respira hondo, cálmate.

—Señor Kakashi —mis manos se pusieron heladas y con torpeza me agarré de su pecho—. No es cierto, el comandante no puede ser mi papá. Mi papá está muerto.

La señora Mikoto regresó colocándome cerca de la nariz un pañuelo con fuerte olor a alcohol.

—Sé que es lo que has creído desde pequeña, pero…

—¡Mi papá murió! ¡Mamá me lo dijo! Ella no tenía por qué mentirme ¿por qué no iba a decirme algo tan importante como esto?

—Porque tu madre quiso protegerte.

De repente sentí una mano sobre mi cabeza, no tuve que mirar para saber de quién se trataba, la voz del señor Itachi fue muy clara.

—Sakura quiso protegerte de nosotros, por eso no te dijo nada.

—¿Itachi?

Me dio la media vuelta y aunque sus ojos no me miraran, pegó su frente con la mía para sentirme.

—Sé que saber esto tan repentinamente es una noticia muy fuerte para ti, pero no culpes a tu mamá, siempre comprendí sus intenciones por eso no revelé su secreto. Lo único que pude hacer por ti fue callar, lo siento.

Mis mejillas se mojaron y mi cuerpo vibró con espasmos.

—No mi amor, no llores. — Oí a la señora Mikoto pero no pude detener mi llanto.

—¿Por qué? ¿Por qué? —lloré, el señor Itachi sobó mi cabeza— Todo este tiempo miré al cielo y pensé que papá me veía, pensé en cómo sería su cara y lloré de envidia cuando veía a los demás jugar con sus padres —volví a jadear—. Me imaginé a un señor que no existe, lo idealicé de otra forma ¡no se parece en nada al comandante! ¡En nada!

Mi voz se cortó y no pude continuar hablando, en mi garganta se había formado un nudo y solo podía llorar.

—Sasuke se ha enterado recientemente que tiene una hija, al igual que tú él ha llorado por desconocer tu existencia —escuché al general—. No lo odies ni a él ni a tu mamá, las decisiones que se han tomado seguro han sido para protegerte. ¿Ya ves? El comandante quiere tu bienestar, por eso te ha enviado aquí.

—¿Por qué no me lo dijo antes de enviarme hasta este lugar? ¡¿Por qué?!

—Porque sabía que no querrías irte. Te hubieras aferrado a permanecer, por eso lo hizo. Prefirió aguantarse las ganas de llamarte hija, incluso me confesó que no se siente con el derecho de nombrarte así. Sasuke y tú son muy parecidos, ambos son orgullosos pero anteponen su propia felicidad por el bien de los demás.

No lo dije pero en mi mente no dejaba de escuchar que no era verdad. Yo no era tan generosa, sino egoísta. Mi cerebro no podía hacerse a la idea de que ese hombre tan estricto y frío fuera mi padre.

—Itachi, exijo saber ¿cómo es que tú estabas al tanto de que tu hermano…?

—No supe de la relación de Sasuke con Sakura Haruno hasta que escuché los rumores, alguien lo dijo como un simple comentario y entonces presté más atención a las actitudes de mi hermano. Sin embargo, por un tiempo lo dejé de lado hasta que en una de mis visitas al Valle de las Lágrimas la miré…

Limpió mis lágrimas con sus pulgares, sus ojos opacos daban la impresión de observarme.

—Justo frente al templo de Indra, Sakura rezaba pidiendo protección para su bebé y repetía una y otra vez que la cuidara del clan Uchiha, de las personas malvadas y cualquier desgracia. Sakura rogó a nuestra deidad para que Sarada creciera bajo su protección.

Un recuerdo fugaz atravesó mi mente deteniendo mi llanto.

«—Te he elegido porque eres mi hija»

—Así que por eso puedes ver a Indra ¿verdad?

Alcé el rostro.

—No sé si te estoy entendiendo todo lo que estás diciendo —el anciano caminaba de un lado a otro—. A ver si lo comprendo bien. Dices que la madre de esta niña le rezó a Indra para protegerla, la escuchaste y en ese momento supiste que el bebé que esperaba era de Sasuke.

—Sí. Pero a pesar de que Sakura se dio cuenta de que escuché todo, pasó de largo sin decirme nada. Tampoco hice por detenerla, después de eso supe que ella y mi hermano ya habían terminado su relación y nadie volvió a verla.

—Mi mamá nunca le dijo al comandante que yo venía en camino —musité con tristeza—. ¿Ustedes son tan malos para que ella decidiera esconderme?

—Es increíble que esa mujer ocultara esto.

—Fugaku, te pido que hables bien de esa mujer,porque es la madre de tu nieta y se ha hecho cargo con total responsabilidad de su sano crecimiento.

—Respecto a tu pregunta —el señor Itachi volvió a hablar—, nuestro clan no fue malo, pero se creó esa imagen a partir de las exigencias de sus líderes. En este caso, sabes de antemano que mi padre es un hombre severo y gruñón, quizás por eso Sakura no quiso que supieran de ti.

El señor Fugaku bufó.

—Lo siento —dije—, no puedo aceptar esa razón.

—La única verdad la posee tu mamá —habló el general—, y ella será quien te explique todos los motivos que tuvo para ocultarte.

—¿Por qué no hablas con ella sobre esto? Lo más importante ¿por qué y cómo te uniste al escuadrón disfrazándote de hombre?

Guardé silencio unos momentos, el señor Itachi no lo sabía.

—Unos hombres de Dragón de Koshi secuestraron a mi mamá. Yo quería formar parte del escuadrón para encontrarla por lo que mi único recurso fue fingir ser un chico —mis ánimos bajaron—. Pero ahora ya no pertenezco a la organización y el comandante me limitó a esconderme.

—Secuestraron a Sakura. —repitió como incrédulo.

—Sasuke está buscándola y te aseguro que no descansará hasta encontrarla —dijo el general Kakashi—. No creas que tu esfuerzo fue en vano, todo lo que has pasado para estar hoy aquí te ha dejado grandes enseñanzas, no desperdicies ninguna de ellas ¿de acuerdo? —Me apretó una mejilla—. ¿De acuerdo, Saki?

—Sí señor, sí.

—Bien, ya es hora de retirarme. Sobra decirles que dejo a su cuidado a Sarada, o Saki, como ella ha pedido que se le llame.

—Kakashi, ¿quién más sabe que esta niña es una Uchiha? —cuestionó el anciano. El general se quedó pensando.

—No estoy seguro, pasó algo terrible cuando Sasuke descubrió que ella tiene el sharingan… Estuvo a punto de matarla.

—¡¿Qué?!

—Sasuke creyó que Saki era un experimento de esos criminales, tuve que gritarle la verdad y las posibilidades de que se trataba de su hija para detener sus erróneas intenciones de arrebatarle la vida. Para cuando me di cuenta, el resto de los militares nos veían preocupados. No sé si ellos escucharon algo.

El anciano chistó y se mordió el pulgar.

—Nos haremos cargo de la niña, tenlo por seguro —dijo la señora Mikoto—. Dile a Sasuke que tenga cuidado y regrese con bien, aquí tiene una familia que lo espera.

—Sí señora.

—Kakashi —habló el hermano del comandante—, cualquier cosa comunícate conmigo, por favor.

El general asintió.

—Me voy —hizo una reverencia y al enderezarse me miró—. No olvides mis consejos.

Le di un abrazo que él correspondió.

—Señor Kakashi por favor manténgase con vida —hice una pausa, quería decirlo apropiadamente—. Y dígale al comandante que… si se muere, no se lo perdonaré.


¡Gracias por haber leído este capítulo!

Se han revelado más secretos.