Capítulo 42.- "Día de compras y de historias".
Pasé gran parte del día dentro de la habitación que me fue asignada; descubrir tanta información terminó por agotarme emocionalmente y mi cabeza se saturó de pensamientos confusos. No sabía cómo debía sentirme al respecto.
Volví a leer el contenido de aquel resultado de ADN, me era imposible creer que era cierto, estar consciente de que el tan temido y estricto comandante del ejército era en realidad mi padre. Mi padre no murió, no me cuidaba desde el cielo... Mi padre ni siquiera se enteró que yo existía sino hasta unos días atrás.
—Saki ¿vienes a cenar?
Volteé hacia un lado, la señora Mikoto asomaba la cabeza por la orilla de la puerta. Desdoblé mis piernas y me senté apropiadamente sobre la cama.
—Creo que no tengo mucho apetito.
Se adentró y cerró la puerta, acercándose a mí su semblante se volvió más sereno y al colocar su mano en mi cabeza sentí su calor.
—Estás en pleno desarrollo y necesitas alimentarte bien. Has pasado mucho tiempo sobreviviendo con la escasez de tu entorno por estar dentro del escuadrón, lo mejor es que recuperes todo lo que has perdido.
—Si pudiera recuperarlo todo, lo primero que deseo de vuelta es a mi mamá.
Su mano bajó hacia mi mentón y me hizo verla a la cara. El comandante era muy parecido a ella y pude darme cuenta de que compartían la forma de sus ojos.
—Justamente porque tienes una meta debes estar sana y fuerte, sé que Sasuke te ha sacado del ejército pero has aprendido mucho todo este tiempo ¿no? Te has enfrentado a esos temibles monstruos y sigues con vida. Yo jamás menospreciaré lo que has logrado por eso quiero ser de utilidad para ti y aunque hace apenas unas horas he descubierto que eres mi nieta, quiero que sepas que haré todo lo que esté a mi alcance para disfrutar el tiempo que nos quede juntas.
Me abrazó sutilmente, mi cuerpo no rechazó su muestra de afecto y agradecí no sentirme tan sola.
—Si lo que te preocupa es cenar junto a mi marido, no tienes por qué estarlo. Él ya ha cenado y se ha ido a dormir, es un viejo aburrido después de todo. —Rió contagiándome su sentido del humor.
(...)
Al igual que la noche anterior, en el desayuno y almuerzo el señor Fugaku no estuvo presente, solamente me acompañaron la señora Mikoto y el señor Itachi, aunque para mí eso bastaba.
Como el día tenía buen clima aproveché para salir al patio trasero y no desperdiciar el tiempo encerrada en la habitación. El cielo no lucía exactamente limpio y soleado, seguía nublado pero con la diferencia de que no llovía más.
Lo primero que hice fueron ejercicios de respiración tal y como el sargento Konohamaru nos enseñó para tener un mejor rendimiento del chakra. Posteriormente me dediqué a repasar mis entrenamientos de puntería y practiqué con los únicos tres kunai que traía en mi mochila. Lo hice sin hacer uso de mi sharingan para ver si no me oxidé demasiado.
—¡Bien!
Cuando finalmente consideré el momento adecuado para practicar con mi sharingan, sentí una presencia observándome y me detuve. Miré con discreción hacia mi lado izquierdo y mi cuerpo se tensó al vislumbrar a la chica morena que con un gesto de espanto me demostraba su sorpresa. Se quedó a mitad del camino sosteniendo una canasta.
—Oh-oh...
—Sa-sa... Saki.
Tragué saliva y me resigné a que tarde o temprano llegaría ese momento, pero no esperaba que tan pronto.
Ella avanzó con pasos titubeantes hasta quedar a una distancia considerable de mí. Se le veía avergonzada y me pregunté si mi cara tenía la misma expresión cuando yo veía a Mitsuki.
—Chouchou, qué sorpresa encontrarnos de nuevo.
—Nunca me imaginé que te vería otra vez, mucho menos aquí en la casa de los señores Uchiha. ¿Sucedió algo? ¿No me digas que tus compañeros murieron? ¿El rubiecito bocón también?
Me causó gracia que se refiriera de esa manera a Inojin.
—No están muertos, todos fuimos separados por grupos... Bueno —me rasqué la cabeza—... Digamos que yo ya no pertenezco al escuadrón.
—¡¿Eh?! ¡¿Te expulsaron?!
Me apené.
—Si lo dices así suena espantoso... aunque de cierto modo es lo correcto.
—Lo siento mucho Saki. Discúlpame si lo digo, pero me relaja un poco saber que estás fuera de peligro, todo este tiempo temí que murieras.
De repente se volvió más tímida y su sonrojo en las mejillas se hizo demasiado visible, me sentí tan culpable e incómoda.
—Chouchou, respecto a lo que me dijiste aquella vez antes de despedirnos...
—¡Oh Saki! ¡No me digas que lo recuerdas! —Se llevó las manos a la cara—. ¡Ah, qué vergüenza!
—Escúchame, hay algo que quiero decirte...
Puso una mano frente a mi rostro.
—No digas nada por favor, por favor... No me siento preparada para una respuesta a mi confesión.
—Es que es importante que lo sepas. —Insistí pero ella se negó rotundamente.
—Dame unos días, si es que sigues aquí. Te lo suplico, déjame mantener esta ilusión un poco más.
Su forma de decirme aquello me hizo entender que ya estaba resignada a recibir un rechazo. Pensé que al final mis palabras le resultarían incluso más dolorosas y decidí aceptar su petición.
—Bien, dejemos esta charla para después.
—Gracias, de verdad.
Miré de nuevo su canasta, era lo bastante grande pero un mantel cubría su contenido.
—¿Qué llevas allí?
—¿Eh? —Miró hacia el objeto que cargaba—. Ah, es pan recién horneado. Mi padre lo envía para el señor Itachi, dice que eso lo hará tener más fuerzas.
—Pero eso se ve como bastante pan ¿el señor Itachi come tanto?
—Bueno, dice que es para él pero todos sabemos que al señor Fugaku le encanta, solo que es demasiado orgulloso para aceptarlo, entonces de este modo él puede recibirlo sin protestar.
—Tu padre es increíblemente amable, Chouchou.
—Allí estás —mi cuerpo dio un respingo y miré hacia atrás, el señor Fugaku me observaba con los brazos cruzados—. Ven acá en este momento.
—Ups, parece que debo irme. —susurré, Chouchou asintió.
—Nos vemos después.
Recogí mis kunai y caminé hacia el señor Fugaku, Chouchou pasó haciendo una reverencia pero se detuvo cuando el anciano la miró con severidad.
—Ah, mi padre envía esto para el señor Itachi.
Él movió su cabeza.
—Pasa, y no olvides después darle las gracias a tu padre de mi parte.
—Sí, señor, con su permiso.
Cuando la muchacha desapareció, el hombre mayor volvió conmigo.
—¿Qué estabas haciendo?
—Entrenaba.
Chistó.
—No necesitas hacer tal cosa, es peligroso que estés afuera ¿acaso quieres desobedecer a mi hijo?
Alcé una ceja, no podía creer lo que escuchaba.
—Su hijo no me prohibió entrenar ¿sabe?
—Pues yo te lo prohíbo.
—Señor, ¿cree que voy a echar por la borda todo lo que con sacrificio aprendí? Si lo que me está diciendo es que no debo entrenar porque soy una chica, déjeme decirle que eso no me impide nada. Usted reconoció que soy fuerte.
—Es verdad, eres fuerte —me miró de pies a cabeza sin quitar su semblante serio—. Por el momento no vamos a discutir esto así que vendrás conmigo.
—¿Ir? ¿A dónde?
—Haces demasiadas preguntas, solo cállate y sígueme.
—No pasa nada si me lo di-
—A conseguir medicina para Itachi —me interrumpió—. ¿Lo entiendes?
Bajé mi guardia, me sentí apenada.
—Sí, señor.
(...)
Había creído que iríamos al centro médico el cual estaba escondido en un subterráneo a media hora de allí, incluso me preparé mentalmente por si veía a Inojin de nuevo; sin embargo, el señor Fugaku caminó hacia el centro del pueblo.
Con emoción miré a los transeúntes y los diversos puestos en la calle, parecía ser un sitio muy concurrido.
El anciano caminaba por delante de mí sin desamarrar sus brazos y con esa pose de firmeza que lo caracterizaba. En un momento me quedé embobada mirando unas espadas que decoraban un puesto callejero y que parecían estar a la venta. Pero al oír un carraspeo reaccioné dándome cuenta que el padre del comandante estaba a varios metros lejos de mí; de inmediato corrí para alcanzarlo.
—No te quedes atrás, es peligroso.
Rodé los ojos, él no me vio.
—Señor, ¿qué clase de medicina necesita el señor Itachi?
Guardó silencio un rato, comencé a arrepentirme por preguntar pero luego respondió.
—Una que lo hace sentir mejor. Calma sus pesares aunque el efecto dura muy poco.
Bajé la mirada, me sentía muy triste por él. Deseaba poder ayudar pero en realidad no podía hacer nada. Continuamos por el camino abarrotado de gente; en cierta parte oí murmullos haciendo alusión al anciano, cosas como "ése es el temible Fugaku Uchiha", o "es un alivio que esté en este pueblo", era como si las personas lo respetaran y se sintieran seguras de tenerlo con ellas.
Me limité a observar su espalda y quise imaginarlo como el comandante supremo. Mi madre conoció a ese hombre y decidió que no era bueno que supiera de mí, por lo que ir tras sus pasos era mi lucha interna.
¿Qué daño le ocasionaría a mamá ese hombre?
—Es aquí.
Vi el letrero que colgaba en la entrada, aquel local no parecía un centro médico ni una farmacia, sino que se trataba de un mercado. ¿Por qué venderían medicina en aquel sitio? No cuestioné en ese instante, solo seguí al anciano al interior del lugar.
Él veía a todas partes y de pronto se detuvo en un pasillo. Tomó un paquete del estante y lo leyó mentalmente, yo miré el mismo producto para enterarme de lo que era.
—¿Harina de arroz? —pronuncié en voz alta—. ¿Esta es la medicina?
No contestó y simplemente me entregó el paquete de manera brusca, yo apenas pude atraparlo. Siguió andando por otro pasillo y paró en seco frente a unos frascos, me puse a su lado para ver otra vez qué compraría.
—Sirope de caramelo.
—No tienes que leerlo todo en voz alta. —Me reprendió.
—Es que usted no me dice nada. ¿Cómo una bolsa de harina y un frasco de caramelo líquido puede servir de medicina?
Pestañeó sin cambiar su gesto, me quitó el paquete de los brazos y caminó.
—Hay cosas que debes intuir.
Pagó los productos y salimos del mercado, pensé que volveríamos a casa pero nuevamente se detuvo frente a otro local. Se quedó mirando sin decir nada, luego me extendió la bolsa de papel para que la sostuviera.
—No te muevas de aquí, voy a revisar un asunto.
—¿Uh?
Caminó y volteó.
—Ya te lo dije, quiero que te quedes allí.
Suspiré.
—Qué señor tan mandón.
La calle seguía llena de personas que hacían sus compras; niños pasaban jugando y corriendo. El ambiente era agradable, mi corazón se sintió tranquilo.
Miré hacia la dirección donde el señor se marchó, al notar que todavía no regresaba de su "asunto", caminé pocos pasos donde una tienda de libros mostraba sus artículos a través del cristal de su ventana.
Había casi de todo tipo. Desde novelas, recetas de cocina, poesía, hasta libros medicinales; pero hubo uno que especialmente atrajo mi atención.
—El lenguaje de las flores —leí—. Debe ser como los libros de la señora Ino.
Continué contemplándolo, tenía curiosidad por leerlo ya que de cierto modo me recordaba mucho a Mitsuki y la extraña comparación que hizo sobre mi persona y las gardenias. Pero no tenía dinero para comprarlo y pedirle prestado al señor Fugaku no era una opción, ni siquiera podría pagarle.
—Ah... qué mala suerte. —Lamenté.
—Ese chico, ese chico, míralo.
Escuché un par de murmullos y miré de reojo a tres jovencitas que me veían a escasos metros, se reían entre ellas y jugueteaban. Fruncí el ceño al pensar que podrían creer que yo era hombre.
—Pregúntale su nombre. —susurró una de ellas.
—¿Estás loca? Me moriría de vergüenza.
Cerré los ojos.
—Demonios, ellas de verdad creen que soy un chico —-musité, luego vi mi reflejo en el cristal de la librería y en efecto, mi corte de cabello y mi vestimenta holgada me hacían lucir como uno—. Soy tan patética.
—Te dije que no te movieras.
Di un salto asustada, volteé con el anciano.
—So-solo caminé unos cuantos pasos. Quería ver los libros.
Levantó una ceja y se asomó.
—¿Sabes leer?
—Oiga, no soy idiota ¿sabe? —Me ofendí—. Mi madre me dio mucha enseñanza, gracias a ella sé cocinar algunos platillos, sé coser, leer, tengo buenos valores, sé administrar mi tiempo en cosas útiles y muchas otras cosas más.
Noté que regresó con una bolsa grande, pero no supe qué contenía. Se cruzó de brazos y habló.
—Supongo que es normal que a las niñas de tu edad les interesen las novelas románticas.
—¿Qué? —Miré hacia la ventana— Ah, no, yo estaba viendo el otro libro de abajo... Bueno, no importa ¿a dónde más iremos?
—Te prohíbo tener novio, eres muy chica.
Me quedé sin habla, mi boca se abrió pero no salió nada.
—Vámonos, se hace tarde.
—Oiga señor, ¿qué le hace pensar que usted manda en mi vida? No estoy buscando novio, pero esa es mi decisión.
—Me alegra, espero que se mantenga así por los próximos veinte años.
—Usted está demente, ¡tendré casi treinta y tres años para entonces! —Reaccioné, me estaba peleando por algo así de absurdo y el anciano no dejaba de caminar por delante de mí—. Bueno... No es como si de verdad me fuera a enamorar y a ser correspondida. —dije en voz baja y con desánimo—. No es lo que estoy buscando.
Volvimos a la casa y no nos hablamos más. El señor Fugaku se fue por su lado y yo me quedé en el jardín con la señora Mikoto, ella regaba unas plantas.
—Así que has ido de compras con Fugaku, qué curioso.
—Él me obligó. Dijo que compraríamos medicina para el señor Itachi pero terminó trayendo harina de arroz y caramelo.
La mujer dejó de prestarle atención la planta que regaba para verme.
—Vaya, de modo que es eso... Ese hombre no cambia.
De repente sonrió y me pareció que sus ojos se llenaron de brillo.
—Señora Mikoto, disculpe si soy imprudente, pero me preguntaba cómo...
—Quieres saber cómo terminé casada con ese hombre tan desabrido ¿no es así?
Me sorprendió que adivinara mis palabras, eso logró avergonzarme pero asentí moviendo mi cabeza.
—Bueno —volvió a sus plantas—... No es una historia tan grandiosa como en las novelas. Fugaku era un líder nato, todos en el clan lo respetaban por la gran disciplina que llevaba en su vida. Era bueno aprendiendo cosas, sus abuelos y padres esperaban lo mejor de él por eso desde joven lo cargaron de responsabilidades.
Se quedó quieta y sus ojos aunque se fijaron en unos brotes, parecían ver al pasado.
—Cuando su padre falleció, él se hizo responsable de su madre; sin embargo esta temprana madurez lo hicieron más y más frío. Yo lo conocí en una reunión familiar, quizá te resulte horrible pero somos primos lejanos.
Me sorprendí bastante, como resultado abrí mucho mis ojos pero me abstuve de comentar. Ella volvió a sonreír.
—Soy hija de uno de sus tíos terceros.
Seguro mi rostro denotó ignorancia por lo que ella aclaró.
—Su padre tuvo tíos, y esos tíos le dieron primos y esos primos tuvieron hijos, yo soy una de ellos, ¿lo entiendes? Vengo siendo una prima tercera de Fugaku.
—Oh vaya, entonces aunque son familiares su lazo no es demasiado directo.
—Sí, creo que eso ha sido algo bueno. Sabes que hace muchos años los clanes se mezclaban solo entre sí, pero mi madre no era una Uchiha por eso mi sangre no fue tan pura. Ah, bueno, bueno, me he desviado del tema. Retomando mi historia con Fugaku... La reunión familiar se llevó a cabo porque el líder del clan en aquel tiempo, designaría compromisos entre los jóvenes.
—¿Eh? ¿Me está diciendo que el líder elegía con quién se casarían?
—Así es. Era cruel ¿verdad? Yo siempre lo he pensado. Yo tenía miedo de ser elegida para casarme, no quería ir pero mi padre me obligó. Me hizo ponerme un vestido elegante y le dijo a mi madre que me trenzara el cabello, siempre dijo que yo era demasiado bonita para pasar desapercibida y siendo honesta, aunque amé a mi padre, siempre odié que me viera como un objeto.
La historia de la señora Mikoto se tornó demasiado interesante, atrapó toda mi atención e inclusive podía imaginar escenas con sus descripciones.
—Cuando llegamos a reunión, había muchas personas. Lo recuerdo bien, era un jardín amplio y bonito con bastantes flores que yo jamás había visto. También conocí a otros familiares y entre ellos había muchas jóvenes hermosas; te resultaría increíble saber que más de la mitad querían casarse con Fugaku.
—¿Él era guapo?
La señora rió dulcemente y se sonrojó.
—Sí que lo era. Mi padre me dejó sentada cerca de un rosal y me quedé en silencio viendo cómo los demás reían y convivían; me daba pena estar ahí ¿sabes? Ellos tenían ropas más finas que mi vestido, que por cierto mi madre cosió especialmente para la ocasión.
—¿Entonces su esposo la miró y se enamoró de usted?
—Saki, déjame continuar. —me dio palmaditas en la cabeza.
—Lo siento, por favor prosiga.
—Bien. No fue tal como lo dices... Fugaku andaba de un lado a otro, yo lo vi de lejos hablar con otros hombres y se veía como alguien ocupado. Me pareció un chico apuesto y pasé gran parte de la reunión mirándolo como tonta.
Después de eso, del rostro de la mujer se borró su sonrisa.
—Pero mi pequeña ilusión murió cuando escuché a una de las invitadas mencionar que estaba comprometida con él.
—¿Qué? ¡¿Él ya estaba comprometido?!
—Bueno, ella lo presumió así. El líder todavía no decidía nada mas ella aseguraba que eso pasaría porque su padre era buen amigo del anciano líder. Luego mi padre volvió conmigo y me llevó a ver a los ancianos del clan, yo era algo así como una mercancía. Ellos le preguntaron mi edad, mi estado de salud, si heredé alguna enfermedad, si tenía limitaciones físicas y qué cosas sabía hacer. Mi padre respondió con orgullo lo que para él eran cualidades aunque ninguna de sus respuestas me hizo sentir especial.
Dejó la manguera en el suelo para que el agua fluyera por un canal de tierra.
—El líder habló y dijo que sería esposa de Setomaru, por mi edad ya era considerada una mujer a punto de quedarse soltera para siempre, pues tenía diecinueve años. Mi padre aceptó y me sentí miserable, cuando salimos de la entrevista me aparté de mi padre y fui al interior de la casa lejos de todos para llorar en silencio. No sabía bien quién era ese tal Setomaru ni quería saberlo. Pensé en escapar pero al mismo tiempo me preocupaba mucho dejar sola a mi madre y ser la causante de la deshonra que viviría mi papá.
—Señora Mikoto, todo eso es horrible ¿cómo logró librarse del matrimonio con ese hombre?
Ella suspiró y miró al cielo.
—Dejé de llorar porque noté que en aquella sala había un mueble con decenas de libros. Me acerqué para verlos y tomé uno, me emocionó mucho pues en casa solo teníamos dos y conseguir estas cosas era muy caro así que en lugar de derramar más lágrimas me quedé leyendo aquella novela para escapar de mi realidad. Entonces...
—¿Entonces?
Estaba completamente metida en la historia, miraba con ansias el momento en que los labios de la anciana se abrieran para continuar.
—Oí una voz justo a mi lado, sus palabras exactas fueron: "¿Sabes leer?" —Ella volvió a sonreír—. Cerré el libro de golpe, miré al autor de aquella pregunta, era Fugaku y tenía una cara de sorpresa que me apené al instante.
—¿Y usted qué le contestó?
—Mi lengua no quiso moverse así que solo moví mi cabeza. Luego quise huir de allí pero él tomó un libro del estante y lo miró, no pude irme pues me hechizó con su presencia. Volvió a hablar y dijo algo como: "No conozco muchas mujeres que sepan leer, ¿dónde aprendiste?". Le dije que mi madre me enseñó aunque solo tenía dos libros en casa y luego él me regaló el libro que había tomado, era una novela.
—¡Ah! —Grité emocionada sosteniendo mis mejillas—. ¿Y qué más pasó? ¿Se besaron?
—Saki, eso no pasaba con tanta rapidez —se sonrojó—. Me preguntó mi nombre y mi edad, luego quiso saber si el líder ya había me había elegido marido. Le dije que sí, me cuestionó el nombre del individuo y tras darle una respuesta frunció el ceño. Después tuvimos que despedirnos porque papá y yo volvimos a casa.
—¿Eh? ¿Y entonces sí se casó?
—Bueno, pasaron unos días y de repente mi madre me habló emocionada para decirme que un guapo muchacho quería verme. Fugaku fue a visitarme cada ciertos días y solíamos conversar de muchas cosas, en un principio mi padre se molestó porque dijo que yo ya era una mujer comprometida, pero luego mi compromiso fue anulado porque Setomaru falleció.
Mi piel se puso helada, imaginé demasiados escenarios.
—¡¿EL SEÑOR FUGAKU LO MATÓ?!
—¡No, no, no! ¡Nada de eso! Sé que suena horrible sin contexto pero la verdad es que Setomaru era muy conflictivo y terminó involucrándose en una pelea, estaba alcoholizado y por desgracia lo asesinaron. El día que murió, Fugaku estaba fuera de la aldea.
—Cielos, ahora me siento mal por aquel hombre.
—Fugaku había hablado con el líder del clan para pedir la anulación de mi compromiso cuando días después ocurrió lo de Setomaru, fue una terrible coincidencia que le costó rumores y malos tratos por mucho tiempo, sin embargo aún así quiso casarse conmigo y debido a que era demasiado bueno en todo lo que hacía, no tuvimos más obstáculos. Me pidió matrimonio entregándome un kanzashi dorado, todavía lo conservo como uno de mis tesoros.
Su sonrisa al culminar el relato me llenó el corazón de satisfacción. A pesar de que el anciano me podía resultar amargoso y frío, me daba gusto saber que al menos valoró a la señora Mikoto y la amaba... A su manera, claro.
—Así que esa es nuestra historia. No tan romántica pero sí muy peculiar.
—Es bueno saber que su esposo se sintió atraído por sus conocimientos y no por cosas como saber cocinar.
—No digo que Fugaku sea perfecto, algunas veces repitió los mismos errores que nuestros ancestros pero después se arrepintió de ello. Todavía sigue aprendiendo, quizás te invitó a acompañarlo porque quiere entender cómo tratar a su nieta.
Me rasqué la sien con mi dedo índice.
—Pues esta tarde me prohibió entrenar y me dijo que no tengo permiso de tener novio.
—¿En serio? Ese hombre sobre protector. Estoy agradecida de que no tuvimos hijas.
(...)
Cuando salí de bañarme, pasé por la cocina porque un aroma peculiar me llegó hasta las fosas nasales. Al entrar vi al señor Itachi sentado sobre una de las sillas y como seguro oyó mis pasos, habló.
—Saki ¿eres tú?
—Sí, solo pasaba por aquí. ¿Cómo se siente? ¿Le duele algo?
Negó, luego vi que tenía algo en un plato.
—Estoy comiendo dango... ¿Por qué no comes conmigo? ¿Recuerdas que te dije que me gustan mucho?
—Sí, lo recuerdo. ¿Dónde los compró?
Tomé un palito con tres bolitas llenas de algo parecido a una salsa, al probar una sentí el dulce sabor del caramelo.
—Esto está muy bueno. —dije,
—Mi papá los preparó.
Dejé de masticar, miré las bolitas y recordé la harina de arroz y el caramelo líquido. No podía imaginarme al señor Fugaku haciendo algo como esto, mucho menos si le quedaron tan bien.
—Ojalá pudiera ver tu expresión.
—Señor Itachi, ¿de verdad su padre hizo esto?
—Papá aprendió hace mucho tiempo. Cuando yo era pequeño me llevaba a comprar dango, a veces se agotaba y él odiaba ver mi rostro triste así que dijo que cuando no hubiera, él lo haría para mí. Creo que me consintió demasiado en este aspecto, aunque tenía años de no hacerlo, no sé qué le dio por complacerme hoy.
Recordé lo que dijo cuando habló de comprar una medicina que hacía sentir mejor al señor Itachi y calmaba sus pesares momentáneamente.
Me pregunté si también tuvo detalles así con el comandante pero no quise preguntar, temí conocer la respuesta.
Esa noche al volver a mi habitación, encontré sobre la cama una bolsa negra y encima de ésta, un papel.
«Quítate esa espantosa chamarra, las chicas se enamorarán de ti.»
No entendí de qué se trataba hasta vaciar el contenido de la bolsa y ver un bonito abrigo guindo de tela suave. Me lo puse y fui a verme al espejo, se veía espectacular. De inmediato mi memoria trajo de vuelta al anciano llegando conmigo después de pedirme que no me moviera de aquel lugar; él cargaba la misma bolsa.
—Debí pedirle el libro —sacudí la cabeza—... No, creo que se está esforzando demasiado. Tiene una forma extraña de demostrar afecto, en eso puede ser idéntico al comandante.
Un capítulo para relajarnos un poco de la tensión anterior.
Gracias por leer.
