Capítulo 43.- "Narración VIII - Buscando respuestas".

Por aquella región el ambiente era más cálido y el paisaje poco a poco tomaba ese aspecto verdusco que tanto se extrañaba: la primavera estaba llegando.

Su responsabilidad como el líder del ejército no le permitía apartarse de sus subordinados por periodos extensos, pero confiaba en muchos de los hombres que eran parte de la fuerza de su país, y Naruto Uzumaki era uno de ellos.

Dejó establecidas sus órdenes y desviándose del camino fue a visitar el pueblo de Konoha. Cada paso lo daba con firmeza, quería información y sabía a dónde tenía que ir para obtenerla.

Un hombre le acompañaba, el único que pudo decirle algo relacionado con la mujer que estuvo en el parto de su hija y el mismo que le guiaba hacia su destino.

En las calles del pueblo había muy pocas personas, y lo curioso era que no se podía observar a ninguna mujer. Muchas de las construcciones habían sido destruidas y en algunas casas abandonadas quedaban rastros de incendios, todos ocasionados por los miembros de Dragón de Koshi.

Además, Sasuke notó que las paredes de ciertos edificios tenían un montón de garabatos con símbolos de los criminales. Entre cada muro destacaba una flecha que señalaba hacia abajo, no había mucho sentido. Pensó que podría ser un código clave para comunicarse entre ellos señalando los sitios que ya habían atacado o que quizás, estaban próximos a tal desgracia.

El semblante sombrío de los ancianos que cruzaban las calles denostaba el infierno que vivían sumidos en la angustia y desesperación.

De repente los pies de Sasuke pararon abruptamente y se llevó una mano al costado. Kakashi se acercó para verificar su condición.

—Sasuke, ¿tu herida sigue mal? Quizás necesites descansar un...

—No —contestó con un quejido, luego respiró hondo y arrugó la frente al enderezarse—. No puedo perder tiempo, sigamos.

Retomó el camino aguantando el dolor, el general le observaba desde atrás sintiéndose mal por su viejo alumno. Sasuke siempre fue terco y orgulloso, mas le daba la impresión de que algo cambió en él.

Cuando regresó con el ejército tras dejar a Saki, Kakashi le informó a Sasuke la situación de la jovencita y la prueba de ADN; fue entonces que el comandante tomó la decisión de buscar a Tsunade.

—Es en este lugar —dijo Kakashi—. Al final del pasillo está la bodega.

El moreno pasó primero enfocando su vista únicamente en la puerta cerrada de la dichosa bodega. No se escuchaba ningún ruido, era como si nadie viviera allí.

Dio dos golpes a la puerta de madera pero no hubo respuesta. Sasuke esperó un par de segundos antes de intentarlo una vez más.

—Me pregunto si habrá salido . —mencionó el general.

De nueva cuenta Sasuke llamó a la puerta, fue entonces que detrás de ésta se oyeron unos pasos lentos.

Cuando la puerta se abrió, la mujer rubia hizo una mueca de sorpresa.

—Pero si es el comandante supremo —miró al otro hombre que le acompañaba—... y el general ¿a qué se debe el honor de su visita? —dijo con sarcasmo.

—Quiero hablar con usted sobre Sakura y Sarada, mi hija.

Los labios de la mujer se separaron y quiso encontrar en la mirada de Kakashi alguna respuesta; el general solo movió la cabeza dándole la razón a Sasuke.

—¿Podemos pasar? —preguntó el comandante.

—Claro.

Se hizo a un lado y le dejó entrar.

—¿Le sucedió algo malo a Sarada? —Ella volvió el rostro para ver al Uchiha.

—Sarada está bien, pero ya no pertenece al escuadrón.

Tsunade chistó y rió con amargura, se sentó en su viejo sofá cruzándose de brazos.

—No es tan difícil pensar que ha descubierto que es una chica y decidió sacarla a pesar de todo su entrenamiento. Es usted tal como su padre.

Kakashi carraspeó.

—¿Y bien? ¿Qué desea hablar conmigo? Ya le he dicho a Kakashi que yo no sé nada del paradero de Sakura.

Sasuke se quedó en silencio solo contemplándola, sintió una fuerte punzada en la herida y tuvo que soportar el dolor sin hacer gestos.

—Ah, disculpen —Tsunade se levantó—, qué maleducada soy. ¿Quieren algo de beber?

Kakashi miró de reojo a Sasuke entendiendo el porqué de su silencio, por su parte, la anciana continuó quieta esperando una respuesta. De pronto frunció el ceño al ver la palidez en el rostro del Uchiha.

—¿Qué le sucede, señor comandante?

—Señora Tsunade —habló Kakashi—, Sasuke está herido.

Como si toda coraza de orgullo se hubiera derretido, la mujer caminó directo al líder del ejército y retiró el brazo que ocultaba su costado. Sasuke no puso resistencia, ella abrió su chaqueta, levantó la camiseta oscura y vio que el vendaje que llevaba ya se había cubierto de sangre.

—¿Qué demonios? ¿Has venido hasta acá con semejante herida? ¿Estás loco?

En ese momento puso de lado el lenguaje respetuoso hacia el comandante y lo trató como si fuese su hijo. Sasuke dejó escapar un quejido cuando Tsunade lo recostó sobre la mesa.

—Apliqué los primeros auxilios, no pude hacer tanto como un médico. —mencionó el general, Tsunade retiró el vendaje.

—Hiciste un buen trabajo, de no haberlo hecho esto estaría peor. ¿Hace cuánto que tiene la herida?

La mujer fue a lavarse las manos y tomó un maletín que guardaba en una repisa.

—Quizás unas cuatro horas, fue un ataque cuando nos dirigíamos hacia acá.

Ella volvió y comenzó a limpiar el área de la herida, Sasuke contuvo la respiración al sentir un fuerte dolor.

—¿Con qué lo hirieron? dame todos los detalles.

—Eran cuatro sujetos, no había ninguna bestia con ellos. Uno en especial no estaba usando máscara y llevaba consigo una gran espada. De alguna forma logró inmovilizarnos y con dificultad Sasuke consiguió reaccionar aunque un poco tarde.

—Una espada, una espada —musitaba Tsunade mientras palpaba la abertura en la piel del comandante, luego un doloroso gemido escapó por los labios del Uchiha—. No veo rastros de veneno, pero lo que puedo observar es que esa espada posiblemente se maneja con una técnica especial que corta el chakra.

—Mi sharingan —apenas pudo hablar Sasuke—... no pude activarlo. Mi rinnegan no reaccionó.

Tsunade colocó la palma su mano izquierda sobre el dorso de su mano derecha.

—Sí, conozco este tipo de aberraciones. Tengo que reconectar tus canales de chakra así que esto va a doler, aguanta la respiración cuando te lo diga.

Sasuke respiró hondo y cerró los ojos, a pesar de que su cuerpo estaba helado, comenzó a sudar.

—Aquí voy.

Apretó los dientes, estuvo a punto de desmayarse. En su mente apareció Sakura, luego Sarada y de alguna forma recuperó energía para mantenerse despierto.

—Muy bien, ya terminé. Voy a cerrar tu piel, esto dolerá menos. Tienes resistencia comandante, me alegra que Sarada no tenga un padre cobarde. —decía queriendo darle ánimos.

Kakashi también estaba sudando, en un determinado momento apartó la vista y cerró sus ojos; solo pudo escuchar el lamento de Sasuke y cuando éste recuperó el aliento.

—Listo. Terminé.

La respiración de Sasuke se normalizaba despacio, tocó su costado con la mano temblándole y solo pudo sentir una leve molestia.

—Vaya, qué duro es estar en tu lugar.

—Señora Tsunade, gracias por...

—No, no lo digas —impidió que Kakashi continuara, guardó un par de herramientas y cerró el maletín—. Te dije que estoy dispuesta a ayudar si se presentan con un herido de gravedad. Además, no podía permitir que el líder muriera.

Sasuke se enderezó con cuidado, Kakashi lo ayudó a bajar de la mesa.

—No puedo darte información de Sakura, no tengo idea de dónde pueda estar. Pero tengo esto.

Le entregó la fotografía que la niña rescató de su casa. Sasuke tomó el portarretrato y se sentó despacio en el sillón. Ver de nuevo el rostro de Sakura por medio de una fotografía le ablandó el corazón.

Sin percatarse de sus acciones, acarició con sus dedos aquella imagen. Tsunade no ignoró aquel gesto y lo triste que se le veía.

—Es el mayor tesoro de Sarada, me pidió que lo guardara justo antes de entrar al escuadrón.

—Usted ayudó en el parto de Sarada ¿no es así? —Finalmente preguntó.

—Así es.

Sasuke no quitó la vista de la fotografía, miró a su hija con un peinado y atuendo diferentes. Se veía incluso más pequeña y frágil que Saki, el supuesto niño huérfano que conocía.

—¿Sarada sabe que eres su padre?

—Sí.

—¿Y cómo lo ha tomado?

Kakashi intervino.

—Se ha enterado mucho después de dejar al escuadrón, Sasuke no quiso decirle nada en el momento por temor a que ella no quisiera irse. Y como podría esperarse de la reacción de una jovencita que creía a su padre muerto, ha llorado bastante.

Tsunade sintió un apretón en su corazón.

—Díganme que la han dejado en un sitio seguro.

—Ella está con mis padres.

—¡Ah carajo! ¡Con el cascarrabias de Fugaku! ¡No!

Sasuke ni siquiera se inmutó, en cambio Kakashi sintió pena ajena.

—Entiendo que odie a mi padre, pero mi madre no es como él y sé que cuidará y amará a Sarada como si la hubiese visto crecer.

—Hay algo que debes saber, comandante: Sakura no quería que ningún Uchiha supiera de la existencia de su hija, ella decía que no quería que la hicieran sufrir. No sé qué cosas tan terribles le hicieran a esa pobre muchacha así que espero que Sarada no sea una niña infeliz por culpa de tu familia.

Sasuke bajó la mirada y acarició el borde del portarretrato. Oír eso le hizo sentir miserable; incluso él se preguntaba qué fue lo que orilló a Sakura a odiar a su clan o por qué se alejó sin dar explicaciones.

Mientras jugueteaba con el marco de madera, notó que una pestaña se levantó. Le dio la vuelta al objeto y miró la parte posterior. Movió cada una de las pestañas para retirar la cubierta y desarmarlo.

Al sacar la fotografía, vio un texto pequeño escrito a mano detrás de la imagen. Era una dirección.

—Sector Norte 611. —leyó.

—¿Uh? Eso está a unos cuarenta minutos de aquí. —mencionó Tsunade— ¿No me digas que...?

Sasuke se puso de pie.

—Ésta podría ser la dirección donde vivían Sakura y Sarada. —habló Sasuke, miró a Kakashi y éste asintió.

—Nos vamos.

—Espera, espera... Dame la fotografía. Sarada me pidió que se la guardara y eso haré, tú podrías extraviarla y además no es conveniente que el comandante tenga algo como esto, estarías poniendo en peligro a tu hija.

Sasuke le devolvió la imagen y el portarretrato.

—Gracias. —Sasuke pronunció de repente y salió de allí.

—Kakashi —Tsunade le detuvo antes de que el general también se retirara—, algo está sucediendo, presiento que algo malo pasará.

—¿Qué? ¿De qué habla?

Ella bajó la voz.

—Cuando las aves huyen es porque se aproxima una catástrofe. No tengo pruebas como tales, solo es una sensación incómoda. Cuiden bien de Sarada, si es posible, sáquenla de este país.

No dijo nada más, tras una reverencia, el general salió y siguió al comandante.

(...)

El camino hacia la dirección marcada en el portarretrato fue muy tranquilo, demasiado. Adentrarse más al pueblo era ver qué tan solitario se hallaba. Algunos transeúntes miraron con asombro a los militares, pero ninguno se atrevió a hablarles; solamente oían los murmullos preocupados de los aldeanos que creían que el comandante y el general estaban en Konoha porque los criminales de Dragón de Koshi aparecerían.

Muchos se escondieron en sus viviendas asustados de que se suscitara una tragedia.

—Kakashi, ¿dónde es? —preguntó Sasuke mirando a todos lados.

—Según el joven que me dio indicaciones, el sector norte es por esta calle —avanzaron y en un determinado momento vio los números de las casas—. Ahí están, ésta es la 605 y la vivienda del frente es la 606.

Sasuke continuó buscando el número correcto, pronto lo halló y apuró el paso. La casa donde vivían Sakura y Sarada tenía un triste aspecto.

La hierba creció lo suficiente para esconder el escalón de la entrada y el fúnebre silencio hacía la escena más desoladora. No había nadie alrededor.

Sasuke ingresó y Kakashi lo siguió. El portón estaba derrumbado y la puerta frontal no tenía seguro ni ningún candado. Puso su mano sobre la perilla y abrió despacio hasta ver cierta oscuridad en el interior de la casa.

Un fuerte olor le inundó las fosas nasales; aquel que solo puede explicarse como abandono y soledad.

Era la primera vez que estaba allí, y se imaginó en un escenario alternativo al propio, uno donde llegaba a su casa con su esposa y su hija esperándole.

—¿Sasuke?

Reaccionó, buscó el interruptor pero no encendió la luz.

—No hay suministro de energía eléctrica... es normal, esta calle está abandonada. —pronunció y pasó a la sala.

El día aún no culminaba, todavía tenían unas horas más de claridad antes de que llegara la noche por lo que, aunque no había luz eléctrica, aún se podía ver dentro de la casa.

Todo parecía ordenado a pesar de que el polvo y las telarañas se apropiaron del lugar. Ni manchas de sangre, ni signos de violencia; Sakura fue secuestrada pero solo el portón delataba que los criminales entraron a su casa. Sasuke pensó que quizás ella no puso resistencia.

Kakashi miraba los cuadros que colgaban en la pared, eran paisajes al óleo. Todo perfectamente decorado.

Sasuke entró en una de las habitaciones, la cama no estaba tendida y un par de zapatos se situaban junto a ella. Sin duda, se trataba de la pieza de Sakura.

Vio alrededor, su cepillo, sus pendientes, todo continuaba en el peinador; incluso su ropa colgaba dentro del armario. No pudo evitar tocarla y aferrar sus dedos a la tela de un vestido rojo.

—Disculpa si lo pregunto pero ¿buscas algo en particular?

Al oír la voz de Kakashi, Sasuke soltó la prenda.

—Yo...

Kakashi lo comprendió.

—Está bien, sé que solo quieres un momento a solas. No es malo traer de vuelta un par de recuerdos.

—No... no son recuerdos —respondió al instante—. Todo esto es nuevo para mí. Esta parte de la vida de Sakura no existe en mi memoria —confesó con dolor—. Solo quiero imaginar situaciones cotidianas que no compartimos. Quiero conocer el lugar donde creció nuestra hija.

Kakashi bajó la mirada.

—Voy a ser honesto —Sasuke continuó dándole la espalda—... no estoy seguro de ganar esta guerra. Nuestros números se han reducido; el señor feudal le ha dado la espalda a su país y ahora es también nuestro enemigo. Quiero que Sarada viva en un lugar donde haya paz, y si yo no puedo dársela quiero que tú te hagas cargo de ella.

El general hizo una mueca de incredulidad.

—Sasuke ¿acaso tú...? ¿Me estás diciendo que vas a hacer algo peligroso?

Él volteó.

—Aun si no puedo ganar, voy a dar mi vida peleando hasta el final.

—Pero tú...

—Sarada estará bien contigo, ella te ve como un padre y te ha tomado aprecio. Tú eres el que no debe morir. Si la situación se me va de las manos, tienes que jurarme que te irás del ejército y te la llevarás a ella y a mi madre contigo.

—No haré tal cosa, ¡no te des por vencido antes de tiempo! Sarada te necesita, ella confía en ti y en todo el ejército. Es a su madre a quien más desea recuperar y yo le dije que la encontraríamos.

Sasuke se quedó callado pero su mirada le dijo a Kakashi que estaba resignado a no vivir junto a su hija.

—¡Ahh demonios! —Exclamó—. ¡Dígale al comandante que si se muere no se lo perdonaré! ¡Esas fueron las palabras de tu hija! ¡¿Acaso vas a lastimarla de esta manera?!

El general caminó hasta donde Sasuke se encontraba, lo giró desde los hombros y lo sujetó con fuerza obligándolo a que le dirigiera la vista. Tal brusquedad hizo que una caja cayera desde el armario hasta el suelo tirando un montón de papeles.

—¡Tú no eres así! ¡Tú querías salvar a este país! Sé que las cosas no van bien pero no debemos rendirnos, ¡tus subordinados confían en ti! ¡todos confiamos en ti!

—Kakashi...

—Sasuke, desde que eras mi discípulo vi gran potencial en tu persona, borra de tu mente esa inseguridad que tu padre te dejó. Ahora verdaderamente tienes a alguien por quién luchar.

Kakashi apartó sus manos liberándolo. Ambos vieron el desastre en el piso, el moreno se agachó para recoger y guardar todo dentro de la caja.

—Dime por favor que no te darás por vencido y que esta actitud tuya es tan solo producto del estrés que te han causado todas estas noticias.

Sasuke sacó una hoja del montón de papeles, había algo escrito en ella y eso atrajo su atención.

—Sasuke ¿me estás escuchando?

El comandante no le respondió, estaba ocupado leyendo el contenido de lo que parecía ser una carta. La letra sin duda le pertenecía a alguien que apenas aprendió a leer y escribir, esto era notorio en especial por las fallas de la escritura.

Kakashi asomó la cabeza para leer también.

«Querido dios, te escribo esta carta para pedirte un favor. Mamá me dijo que mi papá está contigo allá muy arriba en el cielo. No sé cómo hablar con él, entonces oí a la señora Meri y ella dijo que si le pedimos cosas a dios y somos buenas personas, él nos hace caso.

Yo no sé si soy buena persona, pero me porto bien. Por eso te escribo, y espero que puedas leer mi carta.

Quiero que le digas a mi papá que mamá lo quiere mucho y que a veces cuando es de noche, ella llora pero no me dice. No quiero que mamá llore. Dios, si puedes hacer que mi papá baje un ratito y platique con ella o le dé un abrazo te prometo que siempre me portaré bien y me comeré los tomates aunque no me gusten.

Y si no puedes hacer que venga, entonces solo dile que lo queremos mucho y que veré el cielo cuando sea de noche para que su estrella brille.

Sarada.»

El sentimiento que le ocasionó leer aquella carta hizo que los ojos de Sasuke se nublaran. Incluso Kakashi sintió ligera opresión en el pecho.

Con el alma destrozada, Sasuke removió más papeles queriendo hallar más cartas y en efecto, había dos más de éstas. La ternura de las acciones de su hija le estaban calentando el corazón.

«Dios, hoy se me cayó otro diente de leche pero lo escondí porque pensé que el hada se lo llevaría para dejar una moneda. Mamá dice que algunas cosas se intercambian por monedas porque tienen valor, y como el hada me dejó una moneda cuando se me cayó el primer diente eso significa que mis dientes valen dinero.

Pero no quiero dinero esta vez, por eso pensé que tal vez si te doy mi diente tú le des permiso a papá para que venga.

El diente lo escondí en la cajita de madera que guardo en mi cajón. Lo puse ahí para que el hada no se lo lleve, rápido dios, antes de que lo encuentre.

Sarada»

La última carta que Sasuke y Kakashi leyeron dejó un hueco enorme en sus almas, no había palabras para describir el sentimiento tan doloroso que surgía.

La hoja estaba maltratada y los trazos en la escritura eran fuertes.

«Te odio, tú no eres bueno. No le dijiste nada, mi papá nunca va a saber que lo queremos. Te odio, te odio. No voy a escribirte nunca más, no voy a pedirte nada nunca más.»

Con sumo cuidado, Sasuke llevó aquellas cartas hasta su pecho y las abrazó como si se trataran de su propia hija. Kakashi se puso de cuclillas junto a él solo dándole palmaditas en la espalda.

—Ah, vaya...

—¿Estás llorando, general?! —cuestionó Sasuke, con seriedad y sin mirarlo, Kakashi se limpió los ojos.

—No, es el polvo que me irrita.

Sasuke sonrió inesperadamente.

—La verdad no sé cómo debería sentirme al respecto —confesó el Uchiha—. Leer esto me hizo imaginar a Sarada intentando solucionar problemas que no le corresponden. Es demasiado astuta y observadora desde pequeña, estoy seguro que eso lo ha heredado de Sakura.

—Creo que estas cartas deberían bastar para levantarte ese ánimo y hacerte entender que Sarada te necesita en su vida. Al igual que a su madre, todo este tiempo solo ha deseado que ustedes dos estén junto a ella.

—Encontraré a Sakura, tengo fe en que continúa con vida. Ella nunca fue una persona cobarde, siempre encontró la manera de solucionar los problemas por eso no estoy molesto de que ocultara a Sarada; sé que tomó la mejor decisión.

—Por azares del destino ahora Sarada está bajo tu cuidado, haz tu parte, Sasuke. No tires a la basura todo el tiempo y esfuerzo de la madre de tu hija.

—Kakashi, ¿qué fue lo que habló contigo esa mujer?

—¿Te refieres a Tsunade? —Sasuke movió su cabeza dándole la razón—. Solo me dijo que tiene el presentimiento de que algo malo ocurrirá y quiere que pongamos a Sarada a salvo fuera de este país.

—También lo creo. Desde que llegamos a Konoha hay algo raro, no sé cómo explicarlo pero todo se siente como si se avecinara una desgracia.

Kakashi tomó una hoja del suelo y se puso de pie, se quedó observándola un rato.

—Como una poderosa energía maligna acechándonos —expresó el general, Sasuke volteó con él—. Se siente de esa manera. Como cuando estábamos cruzando el bosque y nos perseguían esas bestias... No, incluso es una sensación peor.

—Hablando de esas bestias, no he dejado de pensar en esa criatura que tenía la capacidad de hablar e incluso poseía recuerdos.

—Sarada dijo que su madre apareció en ellos, no sabemos qué tan reciente haya sido la memoria de ese monstruo. Dragón de Koshi ha convertido este país en un infierno; tantas aberraciones cometidas no alcanzan el perdón divino.

Sasuke se levantó del piso cargando la caja que cayó y la volvió a colocar sobre el armario mientras Kakashi continuaba hablando.

—Me he estado preguntando algo desde hace tiempo. ¿Cuándo fue exactamente que despertaste el mangekyou sharingan?

—Después de visitar el templo de Indra, la deidad de mi clan . —reveló.

—Uhm... ¿Y eso sucedió hace como diez años?

—Catorce, casi catorce —corrigió el comandante—. Lo recuerdo porque Sakura tenía poco tiempo de haberse ido.

Kakashi se sobó la barbilla, su cabeza analizaba cierta información que escuchó por parte de Itachi.

—¿Por qué te interesa saberlo?

—Recientemente he tenido mucha curiosidad por saber más acerca de tus ancestros, han sucedido cosas que me parecen raras.

—¿De qué hablas?

Kakashi bajó la hoja que le ocultaba el rostro.

—Tu rinnegan, nadie más a parte de ti lo ha desarrollado ¿verdad? Ese dojutsu superior al sharingan que solo se contaba en las leyendas del clan Uchiha.

—Los exámenes médicos no arrojan datos útiles, no pasó nada relevante el día que lo desperté simplemente mi ojo comenzó a arder y sangrar pero no se ha repetido esa sensación.

Kakashi recordaba el momento que su ex alumno sufrió ese repentino cambio en uno de sus ojos. Estaban reunidos para planear una estrategia de rastreo cuando de un momento a otro Sasuke se llevó una mano a la cara; todos los presentes se espantaron, incluso Fugaku quien creyó que su segundo hijo estaba experimentando lo mismo que Itachi.

—Los cerezos estaban floreciendo. —comentó el general, Sasuke dejó de ver su rostro para dirigir la mirada a la hoja que Kakashi volteó frente a su pecho—. Fue el treinta y uno de marzo, hace casi trece años.

Sasuke no comprendió qué relación tenían las palabras del general con lo que parecía ser un registro de nacimiento.

—Explícate.

—Sarada Haruno, tu hija. Ella nació ese día. Cuando tú rinnegan se manifestó, tu hija llegó a este mundo.

Sasuke tomó el papel para leerlo, entonces hizo memoria y concordó con las palabras de su antiguo maestro; sin embargo, seguía pensando que no había relación más que una mera coincidencia.

—No puedo asegurarte que esto tenga alguna conexión especial, pero tu hermano Itachi nos lo dijo: Sakura rezó a Indra por la protección de su hija, él la vio. Luego, mencionó algo acerca de que Sarada puede ver a la deidad del clan, mas de esto no sé mucho. A lo que quiero llegar es que... Podría ser que tu rinnegan y el nacimiento de tu hija así como el rezo de Sakura, todo esté involucrado con Indra.

—¿Estás tratando de decirme que la deidad me permitió despertar este dojutsu?

—Es una posibilidad.

Sasuke se pasó una mano por el cabello y chistó. Según las historias dentro de su clan, Indra y Susanoo eran uno mismo y justamente este fue el dios que derrotó al dragón de Koshi. Siempre pensó en esta leyenda como un mero cuento irrelevante, pero no lo tomó tan en serio hasta ese momento.

—Recuerdo en mi adolescencia oír a mi padre decir que en la deidad del clan podría estar la respuesta pero cuando ocurrió la masacre, todos los documentos o al menos la mayoría, fueron destruidos.

—¿Crees que para derrotar a la organización debamos buscar algo en el Valle de las lágrimas?

—Ahí no queda nada, los ancianos conocedores de la historia murieron, y mi padre poco sabe de Indra.

Kakashi se cruzó de brazos.

—Bueno, quizás si llevamos a Sarada ella pueda ver a la deidad.

—No bromees con eso. No voy a exponerla al peligro otra vez. Ya desplegué a un grupo por toda la frontera, Neji me informará si hay algo inusual y Naruto está al mando por el momento. No quiero perder tiempo en algo que posiblemente no funcione y sean solo suposiciones nuestras así que lo que haremos será continuar con el plan.

—Ah, venga Sasuke —Kakashi resopló—. Los criminales son una secta que quiere revivir al dragón y tú no crees que la deidad de tu clan intenta decirte algo. Mira la situación en que estamos, todos nos dieron la espalda y nos mantenemos firmes porque nuestro objetivo sigue siendo derrotar al enemigo que oprime a este país.

—Si la deidad es tan poderosa debería hablarme directamente y no esperar a que yo vaya en su búsqueda.

Salió de la habitación, el general se sentó sobre el colchón de la cama mientras se rascaba la cabeza. No había formulado siquiera un pensamiento cuando se oyeron ruidos extraños en el exterior. Se apuró a ver por la ventana, con incertidumbre observó a las decenas de aves que volaban en conjunto hacia el sur. Inmediatamente recordó lo que Tsunade le dijo.

—Oye Sasuke. ¿Crees que alguien ataque Konoha esta noche? —levantó la voz para que le oyera.

Desde la otra habitación, Sasuke acariciaba el oso de peluche que descansaba sobre la cama que pertenecía a Sarada.

—Me temo Kakashi, que si los hombres que nos interceptaron avisaron a sus compañeros que tú y yo nos dirigíamos hacia acá, probablemente nos estén rodeando.

Kakashi entró a la pieza y se quedó recargado en el marco de la puerta.

—Eso significa que no tenemos escapatoria. —añadió el general.

—Conozco una salida del pueblo, pero eso también significa abandonar a los habitantes de este sitio. Si nos vamos, ellos morirán.

—¿Y si nos quedamos, ganaremos? No sabemos cuántos enemigos son, comandante.

La radio del general empezó a sonar interrumpiendo la conversación. Kakashi acercó el transmisor a su boca.

—Aquí, general Hatake ¿qué pasa?

—Estamos cerca del perímetro, recibimos la señal de otro grupo. Dígale al comandante que aproximadamente treinta criminales están entrando a Konoha.

Kakashi y Sasuke se miraron, habían atinado a sus suposiciones. Sasuke tomó el transmisor.

—Habla el comandante. Quizás la señal esté siendo monitoreada, así que solo diré que es buen momento para que apliquen la estrategia A-21.

Le devolvió la radio y salió de la casa preparándose a recibir al enemigo, Kakashi terminó la transmisión y fue tras él.

—¡Comandante!

—Kakashi, ve y protege a Tsunade. Estoy seguro que ella también está en peligro. Confío en que mi cuadrilla de hombres llegará antes que esos malditos miembros de Dragón de Koshi.


¡Ah! Este capítulo me hizo sufrir pero estoy satisfecha. Quiero decir que me ha gustado bastante como quedó porque aunque quizá puedan pensar que Sasuke está un poco ooc, a mí me agrada la idea de que le conmueva conocer y ver cosas sobre su amada y su hija.

En esta historia, Kakashi se volvió su compañero más cercano por eso es capaz de abrirle su corazón en estos aspectos.

A veces creo que ya me extendí demasiado con el fanfic (porque veo la cantidad de capítulos que llevo) sin embargo, tengo que abarcar ciertos temas que no puedo ignorar. Espero no se aburran de esto.