Capítulo 46.- "El lenguaje de las flores"

Mi mano acariciaba los bordes del libro; luego se deslizaba hasta la portada donde sentía su lisa superficie, y al abrirlo, su suave aroma a papel se elevó hasta mi nariz.

—¿Y cuándo piensas leerlo? Tu abuelo te lo regaló y ya han pasado dos días desde tu cumpleaños.

Inojin arruinó mi momento, pero estuve de acuerdo en que tenía razón. A pesar de tener el libro en mis manos, ese que tanto quería, no era capaz de leerlo.

—Debo hacerlo.

—Saki ¿te gustan las flores?

La mirada confusa de mi amigo estuvo sobre mí todo el tiempo, parecía como interesado en conocer detalles así de absurdos sobre mi persona.

—Pues… digamos que siempre es bueno saber cosas nuevas ¿verdad?

—Si tanto te interesaba conocer del tema debiste decírmelo, mamá tiene muchos libros sobre plantas. De hecho, carga siempre con algunos tres o cuatro ejemplares.

Recordé que Mitsuki mencionó haber leído uno de los libros de la señora Ino, por ese motivo conocía el significado de algunas flores.

Entonces me animé a comenzar a leer el significado de éstas. Necesitaba saber qué interpretación tiene una gardenia y por qué razón Mitsuki me comparó con una.

Estábamos en el patio de la casa tomando un poco de sol, Inojin leía su libro de medicina mientras yo lo hacía con mi nuevo gran obsequio. El señor Fugaku no mencionó nada de esto, pero al pasar de repente por el jardín, casi puedo asegurar que le miré sonreír de medio lado.

Dentro de la lista de las flores que se mencionaban en el texto, encontré la "dama de noche", esa que le gustaba mucho a Mitsuki.

—Protección, asistencia, una gran conexión con tu ser interior. Las noches cuando finaliza la primavera en las regiones cálidas, el olor de sus flores emerge.

—¿Eh?

Volteé con Inojin.

—Nada, nada. Disculpa, leí en voz alta. Puedes continuar con lo tuyo.

—De acuerdo.

Volví a la siguiente hoja del libro procurando leer mentalmente. Aunque quería saber sobre cada una de las plantas listadas, estaba desesperada por conocer lo que significa una gardenia, y cuando leí su nombre me emocioné.

«Las gardenias simbolizan la pureza, la inocencia, la intuición, los sueños, la esperanza, amistad y un gran amor.»

Mis manos comenzaron a sudar, releía una y otra vez el significado queriendo hallar en esas palabras algo que se asemejara a mí.

Miré de reojo a Inojin quien estaba muy metido en su lectura, quería preguntarle algo sobre las plantas; imaginaba que como a la señora Ino le gustaba tener esta clase de libros, probablemente él conociera un poco.

Carraspeé, lo vi cambiar a la siguiente página. Carraspeé de nuevo, sus labios se abrieron, pero sus ojos no me miraron.

—¿Qué pasa, Saki?

—Esto… Me preguntaba si tú… Si tú sabes qué significan las gardenias.

Cerró su libro.

—Mmm… Las gardenias…

Se masajeó la barbilla y miró hacia el cielo; yo me removía sobre la banca de madera esperando nerviosa a que hablara.

—¿No lo dice tu libro?

—Sí, eh… pero sigo sin comprender del todo. Ya sabes, dice eso de que simbolizan pureza, inocencia, amistad —bajé la voz—, amor. —Tosí.

—¡Ah! Ya, ya, lo acabo de recordar. Las gardenias son esas florecitas de pétalos pequeños que se usan para adornar —habló para sí mismo, luego chocó el puño contra la palma de su mano—. Sí, ¿qué quieres saber sobre ellas? Ya me has dicho lo que dice el libro.

—P-pues eso, ¿qué tienen de especial? Me refiero a que si alguien te relaciona con estas flores ¿qué está tratando de decir?

—¿Alguien te relacionó con las gardenias?

Sentí mi cara arder.

—¡No! So-solo tengo curiosidad ¡Inojin deja de mirarme así!

Se echó un par de carcajadas antes de recobrar la compostura, yo me cubrí el rostro.

—Bien, no te pongas así. Mira, la mayoría de las flores tienen un significado para las personas —explicó—. La verdad no he sabido de nadie que haga eso de relacionar a alguien con las plantas, pero según me contó mamá, cuando te obsequian cierta flor entonces puede simbolizar una intención o sentimiento.

Dejó en un lado el libro de medicina y se levantó, me pidió que lo siguiera al jardín y nos detuvimos frente a unas de las florecillas que la señora Mikoto cuidaba.

—Estas margaritas también significan pureza e inocencia —señaló—, no obstante, puede tomar otra connotación dependiendo también del color de sus pétalos. Éstas son blancas, entonces si por ejemplo un chico te regala estas margaritas blancas, está queriendo transmitirte que le pareces una persona con una belleza pura, y muy posiblemente le gustes.

Oír a Inojin explicar las cosas con esa seguridad y seriedad me hizo admirar sus conocimientos.

—No he recibido ninguna flor... Solo fui comparada con una gardenia. Alguien me dijo que, al leer sobre ellas, pensó que éramos muy parecidas. —confesé con timidez.

—¿Quién te lo dijo? Fue Mitsuki, ¿no?

Levanté la cabeza, Inojin estaba muy serio viéndome directamente a los ojos. Mi corazón comenzó a latir con gran rapidez.

—¿Qué? —Me desorientó.

—Sé que fue él, es el único que le pidió a mi madre que le prestara un libro. Lo llegué a ver leyendo cosas de este tipo. Además, siempre me pareció que tú y él eran demasiado cercanos y no precisamente como amigos.

Con sus palabras acabé más avergonzada, seguro mi cara se puso tan roja que lo notó enseguida y mi lengua era torpe para formular frases coherentes; todo eso le dio la respuesta a sus dudas.

—Lo sabía.

—¡No! ¡No lo sabes! Mitsuki y yo solo nos hablábamos como compañeros.

—No me has negado que sea él quien te comparó con una gardenia.

Sentí un escalofrío y con mis brazos me cubrí el pecho. ¿Tenía caso negarlo? Cuando se trataba de Mitsuki, me volvía débil y tonta.

—Antes de despedirnos, cuando el comandante me envió a este lugar, hablamos por última vez. Me disculpaba con él por ocultarles a todos que soy una chica y entonces así de repente él preguntó: «Saki, ¿qué tipo de flores te gustan?» —Mis labios temblaron, de nuevo llegó esa calidez junto al recuerdo de esa escena—. No conozco mucho de flores por lo que solo atiné a responderle que no lo sabía.

—Y entonces él te dijo que las gardenias le recordaban a ti. —añadió Inojin.

—Sí.

Un largo suspiro salió de los labios de mi amigo, cerró sus ojos unos momentos para después rascarse la cabeza.

—De las cosas que uno se entera. Mi mejor amigo y el rarito se estaban enamorando.

—¡Yo no…! ¡Además Mitsuki no…! ¡Él no dijo nada de eso!

—Saki, ¿tú crees que es normal que un chico le diga a una chica: «Oye, estas florecitas se parecen a ti, cuando leo su significado lo primero que se me viene a la mente eres tú.» ¡Por supuesto que no! A menos que ese chico tenga sentimientos por esa chica.

Mis piernas empezaron a temblar.

—¡Pero Mitsuki para ese entonces seguía creyendo que yo era hombre! Cuando leyó ese libro, él todavía no sabía la verdad.

—Pues mira que no se me hace nada extraño. —Interrumpió.

—¿De qué hablas?

—Pues ¿de qué más? De eso, que Mitsuki sentía o siente algo por ti desde hace tiempo, sin importarle si eres niño o niña, le gustas y ya.

—¿Cómo puedes estar tan seguro? Él, él no me lo dijo nunca.

—Te lo dijo al compararte con las gardenias. Viniendo de alguien como él, por la forma y el momento en que te lo dijo, es porque así es.

Me quedé callada tan solo observándolo y sintiendo algo raro en mi estómago.

—No te dio unas flores como tal, pero las relacionó contigo porque él es así. Durante el tiempo que estuvimos trabajando en conjunto pude ver la clase de sujeto que es: reservado, analítico, y cada cosa que hace o dice tiene un gran peso para él. Leyó el libro de mamá en el que hay demasiados nombres de flores, y de todas ellas escogió las gardenias para ti.

Su expresión facial se relajó.

—Según ese libro, las gardenias se obsequian cuando sientes un amor incapaz de confesar, así que la forma de revelarlo de manera discreta a esa persona, es regalándole estas flores.

—Yo… ¿le gusto a Mitsuki? —Mi corazón ya latía a mil por hora, ni siquiera podía moverme.

—Saki ¿te sientes bien? Estás palideciendo. Deberíamos volver a la banca.

—Yo, yo no le dije a Mitsuki lo que siento por él. No pude confesarle mis sentimientos.

—¡Madre santa! ¡¿Sí te gusta Mitsuki?!

Me cubrí el rostro con las manos, estaba muriéndome de vergüenza.

—Dejemos de hablar sobre esto, de todos modos ya no tiene sentido. —expresé con pena. Intenté regresar a la banca, mas Inojin se interpuso en mi camino—. ¿Qué haces?

—Busquemos a Mitsuki.

—¿Qué? ¿Estás bromeando?

—No. Cuando tu abuelo nos lleve al Valle de las Lágrimas, sin duda sabes lo que pasará: Iremos a luchar contra dragón de Koshi. Tienes que decirle a Mitsuki lo que sientes por él antes de que sea demasiado tarde.

No sonaban nada bien esas últimas palabras, pero hasta el momento ni siquiera me enteré de lo trágico que podría resultar todo. Vivíamos en un país hundido en el caos y la miseria, donde una secta de locos asesinos planeaban revivir a un monstruo gigantesco. Volver a ver a Mitsuki pudiera considerarse un milagro; encontrarlo con vida era otro.

Mis piernas temblaban al igual que mis labios, si no hubiese sido porque Inojin me mantuvo sujeta de ambos brazos, quizá pude haber caído sobre el pasto.

—Puedo rastrear el chakra, no lo olvides. Lo buscaremos hasta encontrarlo.

(...)

El abuelo nos dejó entrenando en el campo que estaba cerca de la casa, no nos dio explicaciones del porqué esta vez no estaría supervisando, simplemente nos permitió practicar con libertad las técnicas y ejercicios que considerábamos necesarios.

Tras el calentamiento y estiramiento, Inojin y yo concordamos en que sería bueno volver a practicar el combate cuerpo a cuerpo. No pretendíamos lastimarnos el uno al otro, y aunque resultaba mejor enfocarse en técnicas a distancia para no estar cerca de enemigos como los miembros de la organización criminal, no debíamos perder nuestra capacidad de defendernos de ataques cercanos, en especial cuando nuestro chakra pudiera volverse insuficiente para una técnica.

El puño de Inojin pasó rozando mi mejilla y al momento que esquivé su golpe, con mi mano izquierda sujeté su brazo y lo jalé hacia abajo hasta hacerlo caer al piso.

—Ouch...

—Inojin, ¡lo siento! ¿Te lastimé?

Entre quejidos de dolor comenzó a reírse, luego se sobaba el hombro.

—¿Cuándo te volviste así de tosca y fuerte? ¡Eso fue genial!

—¿Eh? ¿Genial, dices?

Respiró hondo, posteriormente expulsó todo el aire acumulado. Parecía ser su método para calmar el dolor.

—Recuerdo cuando Boruto trataba de humillarte, él tenía ese mal carácter y siempre se desquitaba contigo. Pero tú siempre has sido muy valiente, Saki.

Me apené y solo pude pasar un mechón de mi cabello tras la oreja. Al hacer eso recordé que mi melena estaba creciendo demasiado.

—¿Ah? ¿No es esa tu amiga?

Miré hacia atrás, justo a donde Inojin lo hacía. Chouchou estaba bajo la sombra de uno de los grandes y robustos árboles que rodeaban el campo; al vernos se puso rígida y aunque se le notaba tímida, alzó su mano para saludar.

—Parece que aún le gustas.

—Inojin —lo reprendí con la mirada, él levantó ambas manos y sonrió—. No puedo dejar de sentirme mal por el daño que he causado a todos. Quiero encontrar la manera de aportar algo bueno para este país.

—¿Y qué es lo que tienes en mente?

Me quedé pensándolo por unos segundos.

—El señor Fugaku dijo que iremos al Valle de las Lágrimas la próxima semana, así que todavía nos quedan unos días aquí.

—¿Qué harás?

—Algo que me hubiera gustado que el escuadrón de Konoha hiciera.

Con ambas manos, una en cada lado de mi boca, exclamé con fuerza para que mi voz llegara claramente hasta mi nueva mejor amiga.

—¡Chouchou! ¡Ven a entrenar con nosotros! ¡Voy a enseñarte algunos movimientos!

—¿Qué? Saki, ¿hablas en serio? Es muy poco tiempo para que siquiera aprenda algo.

Volteé con Inojin.

—No importa si es poco tiempo, Chouchou es una chica muy lista.

Ella se acercó a nosotros, todavía se le miraba un poco asustada.

—¿Dijiste que me enseñarás a pelear como tú?

—Sí, ¿no quieres?

Me dio la impresión de que sus ojos brillaban emocionados, aunque todavía su cuerpo manifestaba señales de temor.

—Sí, pero no creo que pueda aprender. Tú eres muy buena, tú también lo eres —miró a Inojin—. Ustedes llevan mucho tiempo haciendo esto, además yo nunca voy a tener que pelear con nadie.

—Ah, ah —moví mi dedo índice—. Uno nunca sabe lo que pueda suceder. Yo hubiera querido saber combatir cuerpo a cuerpo la noche que dragón de Koshi se llevó a mi mamá, pero no pude hacer nada más que permanecer escondida en un armario temblando de miedo y llorando. Tú no quieres vivir eso, ¿verdad?

Ella negó, vi en sus ojos una profunda tristeza.

—Mamá solía decirme que la cobardía se termina cuando luchas por la persona que amas. Antes no lo entendía bien, pero ahora es una frase que se repite continuamente en mi cabeza dándome aliento para no volver a mi escondite.

—Tu mamá sin duda es una gran mujer. —dijo Inojin—. Vamos Chouchou, yo también te ayudaré a aprender.

—Espero que nunca tengas que luchar, pero no está de más tener un arma para defenderse a uno mismo e incluso a las personas que te importan, ¿verdad?

Ella nos miró a cada uno, seguramente por su cabeza pasaban un montón de imágenes de aquellos a quienes amaba.

—Sí, quiero aprender —de repente hizo una reverencia—. Por favor, cuento con ustedes.

(...)

Faltaba un día para que el abuelo, Inojin y yo partiéramos al antiguo pueblo donde solía vivir el clan Uchiha. Los últimos días habían sido de entrenamiento intenso, no obstante, me gustó mucho poder enseñarle a Chouchou un poco de lo mucho que aprendí.

En un principio le costó trabajo hacer los movimientos básicos, mas ella no era del tipo que se rinde fácilmente por lo que en poco tiempo demostró que era una muchacha con mucha fuerza y eso le hizo tener más confianza.

—¿Estás segura de que quieres que haga esto, Saki?

Nos hallábamos en el patio trasero de la casa, yo estaba sentada sobre un banco de madera mientras mi amiga estaba detrás de mí dudando todavía de hacerme un gran favor.

—Sí. Córtalo.

—Tu cabello es muy bonito.

Reí.

—No me sentiré mal si lo cortas, créeme. Ya lo he hecho muchas veces desde aquella vez cuando me dolió arrojar mis largos mechones de cabello al cesto de la basura. Pero ahora no importa.

—¿Por qué quieres que lo haga? Inojin tiene el cabello largo.

—Porque Saki tiene el cabello corto —aclaré—. El día que esta melena crezca, cuando todo haya acabado, Saki habrá muerto en el campo de batalla y Sarada regresará a casa.

De repente los brazos de Chouchou me rodearon y sentí que pegó su rostro a mi espalda.

—¿Chouchou?

—Saki, tú siempre serás Saki. Aunque tu cabello crezca, aunque ya no vistas con ropa holgada. No digas que morirás.

—Es una forma de decir que volveré a ser la antigua yo. No moriré de verdad. —Froté su mano con la mía.

—Pero...

—Sé que suena feo. No pienses demasiado en ello. Ahora señorita, por favor hágase cargo de mi cabello y déjeme más guapo que ningún otro muchacho del pueblo.

Chouchou comenzó a reír contagiándome. Posteriormente se dedicó a rociar agua en mi cabeza.

—Saki... Respecto al chico que me dijiste que te gusta —su voz se volvió tímida—... ¿puedo saber quién es?

Callé por unos momentos, para ese entonces solo podía escuchar el sonido de las tijeras cortando las fibras de mi cabello.

—No sé si lo recuerdes por su nombre, pero se llama Mitsuki.

—Mmm... ¿es el chico de cabello blanco?

—Sí, es él. —Logré sentir un calor en mis mejillas.

—Y... ¿por qué te gusta?

—No lo sé.

La risa de Chouchou apareció otra vez.

—¿Cómo no vas a saberlo?

—Bueno, es que me costó trabajo entender que me gusta ¿sabes? Hubo un tiempo en el que creí que solo era admiración por lo genial que es, pero de repente me importaba mucho lo que él pensara de mí, o la forma en que me veía ante él...

Aprecié mis anteojos, me los tuve que quitar para que me hicieran el rebaje de cabello por ese motivo los contemplaba desde mi regazo.

«Los lentes te quedan bien.»

Sonreí.

—No supe cuánto me gustaba Mitsuki hasta que tuve que apartarme de él. Todo este tiempo lejos me he dado cuenta de que él será siempre mi primer amor.

Oí un jadeo y al dejar de oír el filo de las tijeras, miré hacia atrás. Chouchou tenía sus mejillas húmedas pero trataba de ocultarlo. Al final, supo que era inevitable mostrar las lágrimas y simplemente sonrió.

—Lo siento —dijo—. Es que entiendo un poco lo que sientes.

—Yo... ¿aún te gusto?

—Me gustas. Pero ahora me gustas mucho como amiga —aseguró—. Si estoy llorando no es porque me sienta rechazada, o porque sienta celos de Mitsuki. Es porque cuando te veo y cuando te oigo hablar de esa manera me doy cuenta de que eres genial y yo de alguna forma... quiero ser tan genial como tú.

—Ya lo eres, Chouchou.

Hizo un puchero.

—No siento que lo sea.

—Yo tampoco me siento como alguien genial, pero si tú dices que me miras de esa manera, entonces voy a creerte.

Se secó las lágrimas y suspiró.

—Bueno, volvamos a la misión de dejarte como un joven apuesto.

Me di la media vuelta de nuevo.

—Saki, cuando veas otra vez a Mitsuki debes decirle lo que sientes ¿de acuerdo?

Acaricié las varillas de mis gafas, e imaginé posibles escenarios.

—Sí... se lo diré.


¡Muchas gracias por leer!