Capítulo 47.- "Manada de bestias"
Todavía no asimilaba lo que estaba viendo. La persona situada ante mis ojos parecía ser alguien desconocido.
—Inojin ¿qué hiciste?
Él rió con orgullo cruzándose de brazos; también me dio la impresión de que infló su pecho.
—¡Te has cortado el cabello!
—Calma, Saki. Tú has hecho lo mismo.
—Sí, sí, pero Inojin... Tu cabello —moví mis manos como queriendo tocar su cabeza—. Tu rubia melena se ha esfumado.
—Ya crecerá.
—¿Por qué lo hiciste?
Se sobó la barbilla mirando hacia un lado.
—Pues porque quería experimentar lo mismo que tú —volteó—. Es genial, es como ser otra persona.
Cerré las cortinas de la sala, la noche había caído y pronto tomaríamos la cena.
—Inojin, me siento muy ansiosa. Mañana temprano partimos al Valle de las Lágrimas y no sé qué cosas nos topemos en el camino o qué cosas sucedan en aquel sitio.
Inojin se sentó en un sofá, estirando sus piernas y llevando ambos brazos tras su cabeza. Tenía esa mirada de sentirse igual que yo.
—También estoy algo inquieto, porque desde hace rato me he percatado de un chakra que jamás había sentido.
—¿Qué? ¿Un nuevo chakra? —me senté junto a él, estaba poniéndome tensa—. ¿Es uno maligno?
—No se siente así, cuando son del tipo que yo considero negativo, es como una opresión dolorosa e incómoda ¿me entiendes? —explicaba—. Los conocidos son fáciles de detectar, los de los civiles normales casi son imperceptibles.
—¿Y este nuevo cómo es?
Me miró. Cambió la posición en que se hallaba y recargó sus codos sobre el regazo entrelazando sus manos.
—Es posible que sea un miembro del ejército que yo no conozco. Pero hay algo curioso...
Alcé mis cejas esperando a que continuara. Inojin chistó varias veces y nuevamente se sobó la barbilla.
—¿Qué pasa con ese chakra?
—Es parecido al tuyo.
—¿Eh? ¿Parecido? ¿Cómo?
—No sé explicarlo —se rascó la cabeza—, es como si fueras tú, pero hay algo diferente.
La preocupación en sus expresiones era la clara muestra de lo difícil que le resultaba descifrarme algo que ni él mismo entendía.
—Está bien, no te exijas demasiado. Entiendo que es complicado darle un sentido a algo así.
Le di palmaditas en la rodilla, mientras lo hacía tuve una idea.
—¿Y si es el chakra del comandante?
Él negó.
—Lo reconocería de inmediato, así que no es él.
Me decepcioné. Seguía preocupada desde que se perdió el contacto con él y el señor Kakashi.
—Me pregunto si estarán bien...
(...)
La señora Mikoto me abrazaba una y otra vez con tanta fuerza que podía transmitirme su angustia.
—Por favor, sé muy cuidadosa.
—No pasará nada malo, confíe en mí. Además, el abuelo irá con nosotros.
Acarició mi rostro para después depositar un beso en mi frente. Luego, abrazó también a Inojin haciendo que éste se estremeciera.
—Fugaku.
Ambos se miraron sin decirse nada, él asintió en un solo movimiento de su cabeza.
—Padre —habló el señor Itachi—, podría ser que el pueblo esté rodeado por esos hombres, debido a que está abandonado y ellos buscan desesperadamente obtener algo. Tengan mucho cuidado.
—Lo tendré en mente —respondió—. Nosotros ya nos vamos.
—Saki ¿empacaste lo necesario? ¿No necesitas algún abrigo? ¿Qué tal si llueve?
—Mujer, no podemos cargar con tantas cosas. Es importante desplazarnos rápido.
El rostro de la anciana no podía estar más mortificado. Quise hacer que se relajara un poco.
—Abuela, gracias por las deliciosas comidas que preparó. Debido a eso, tengo muchas defensas y no enfermaré fácilmente.
Me miró con ternura, con sus ojos brillantes y oscuros muy similares a los del comandante Sasuke.
—Vayámonos.
Los viajes siempre eran largos e impredecibles. Mi vida dejó de ser sedentaria desde que entré al escuadrón. Por lo que, encariñarse con un lugar o con ciertas personas, no era buena idea.
Sería un largo camino si solo íbamos a pie, pero el señor Fugaku tenía otra opción en mente.
El primer trayecto lo avanzamos caminando hasta llegar a una granja, el abuelo habló con un hombre mayor como él; el anciano tenía un camión de redilas y transportaba mercancía a un pueblo vecino.
El hombre dijo que en muchas ocasiones fue interceptado por vagabundos asaltantes y en el peor de los casos, hubo una vez que dos miembros de dragón de Koshi le quitaron su mercancía y lo golpearon con severidad.
Desde entonces, el granjero procuraba viajar por caminos más céntricos y en horas donde la luz del día todavía permaneciera.
Aunque, para estas alturas ya no importaba por dónde o a qué hora viajaras; correrías el riesgo de toparte con ellos de cualquier modo.
El abuelo Fugaku era conocido por muchas personas del país, ese granjero no fue la excepción. De esa manera fue que no tuvo problemas con permitirnos viajar en su camión.
Inojin y yo nos quedamos en la parte trasera del vehículo, junto a las cajas de su mercancía y algunas lonas. El abuelo iba en el asiento del copiloto dentro del camión.
Cuando el vehículo se puso en marcha, oí el ruido de decenas de pájaros. Al mirar hacia arriba pude verlos volar juntos en dirección opuesta a la nuestra.
—Ese tipo de cosas me dan escalofríos. —dijo Inojin.
—Lo sé, me pasa igual.
Miré a través de las redilas, el camino lucía bastante solitario y a pesar de ello, en el ambiente se percibía algo extraño.
—¿Saki, qué ocurre?
—Siento como si alguien nos estuviera observando, ¿tú no?
—Ahora que lo mencionas, cada vez siento más cerca ese chakra oscuro, quizá por eso mi corazón palpita como loco.
Volví a mirar por las rendijas de las tablas, luego me reincorporé en mi lugar.
—Quisiera activar el sharingan para detectar cada movimiento, pero el abuelo dijo que no lo hiciera. Eso podría hacer que los detectados seamos nosotros.
—No entremos en pánico, tengo mis herramientas listas para luchar o escapar en caso de ser necesario.
—¿Hueles eso?
Inojin olfateó ruidosamente.
—Desde hace rato ha llegado un olor extraño, pero no sé identificarlo.
—Tienes razón, Saki. ¿Crees que haya animales muertos cerca de este sitio?
—Tal vez han muerto de hambre.
Abracé mis rodillas y continuamos el viaje con calma, a pesar de la inestabilidad que emanaba el ambiente.
Al cabo de un rato tras molestos saltos por culpa del camino lleno de piedras, el vehículo se detuvo. Las puertas del camión se abrieron y el abuelo nos indicó que bajáramos. Inojin y yo no lo pensamos tantas veces.
Al poner mis pies sobre el suelo, vislumbré mi alrededor. El pueblo tenía varias casas destruidas, algunas en completas ruinas, pero lo que más me llamó la atención fueron las flechas dibujadas en paredes.
—¿Qué es eso? —pregunté.
—Nadie lo sabe, aparecieron de repente. —contestó el granjero—. Bueno, es aquí donde termino mi recorrido.
—Gracias por su amabilidad.
—Ni lo mencione, es usted a quien le debo dar las gracias por el tiempo que sirvió a la nación.
El abuelo movió su cabeza y nos pidió seguirlo, apenas hicimos una breve reverencia al granjero y nos marchamos. El señor Fugaku andaba demasiado rápido y se movía entre calles solitarias, Inojin me veía de reojo.
—Abuelo, ¿a dónde nos lleva?
Se paró, miró hacia atrás y achicó los ojos.
—Tenemos que salir de aquí pronto sin que nos miren los pueblerinos.
—Señor me está asustando ¿qué pasa? —cuestionó mi amigo.
—Ese hombre tiene conexión con dragón de koshi, estoy seguro de ello.
—¿Qué? —Ambos nos alteramos, el abuelo bajó el volumen de su voz y nos arrastró detrás de un contenedor de basura.
—Para ser un mero granjero, sabe demasiadas cosas. Estuve charlando con él durante el camino; para engañarlo le he dicho que nos quedaremos en este pueblo, así que seguramente avisará al enemigo y ellos vendrán aquí, por eso debemos irnos.
—¿Qué cosas le dijo?
El anciano tenía un rostro muy serio.
—Mencionó algo acerca de los supuestos criminales que lo atacaron para robar su mercancía, dijo que a los monstruos les gusta ser alimentados con carne de cerdo, y solo en ocasiones especiales, con carne humana.
Mi piel se puso helada. Vi a Inojin tragar saliva.
—Presiento que este hombre provee ese alimento a dragón de koshi así como información, con el fin de que le permitan vivir.
—Eso es horrible.
—¿Revisaron las cosas que cargaba en la parte trasera del camión? —Nos preguntó, negamos con la cabeza.
—Pero estaba ese olor raro, ¿verdad?
Inojin asintió en repetidas ocasiones.
—¿Qué olor?
—Como a putrefacción. —Complementó mi compañero, luego su semblante cambió a uno de terror—. ¡Era carne humana! —me miró—. Saki, ¿crees que en sus cajas cargaba cuerpos de personas?
Me estremeció el solo pensar que viajamos junto a cadáveres.
—Tal vez era carne de cerdo. —Quise creerlo, volteé con el abuelo.
—No usé mi sharingan con él para evitar poner alerta al enemigo, no sabemos cuántos están cerca. Si nos sobrepasan en número, todo habrá acabado.
—¿Qué haremos ahora? ¿Cómo saldremos de aquí sin que nos descubran? —pregunté.
El abuelo se sobaba el mentón, con solo verlo podía imaginar el caos que había dentro de su cabeza.
—En otro tiempo y con más refuerzos, hubiéramos atrapado al granjero para encontrar a esos criminales. Las cosas han cambiado y ahora parece ser que incluso los pueblerinos pueden traicionarnos.
—Entonces... ¿ya no hay pueblo qué defender? —Inojin parecía decepcionado.
—Por supuesto que lo hay, mas debemos ser precavidos y no confiar en nadie. Vamos a salir de aquí, síganme.
(...)
El camino era solitario, la tarde comenzaba a caer. Inojin había creado un ave de tinta que nos transportaba volando bajo gracias a que no teníamos obstáculos en aquel tramo. Solo se trataba de un espacio abierto con árboles esporádicos a la distancia.
Al fondo se distinguía el inicio de un bosque.
—¿Pasaremos por allí?
—Sí.
Entrelacé mis dedos, no había manera de que los bosques no me provocaran temor. Mis peores experiencias ocurrieron dentro de éstos.
—¿No podemos volar sobre el bosque, sin necesidad de cruzar su interior?
—Es muy arriesgado, llamaríamos la atención —me miró—. ¿Estás asustada?
—Pasa que no quiero ver de nuevo a esas bestias, en especial porque una de ellas me habló.
Puso su mano sobre la mía logrando sorprenderme.
—Pronto llegaremos a nuestro territorio, y si nuestra deidad está de tu lado, seguro va a protegerte.
—No te preocupes, Saki, hemos entrenado duro ¿no?
Sentí esa seguridad que tanto necesitaba.
—Sí, estaremos bien.
El cielo perdía su luz mientras más avanzábamos al interior del bosque. En un determinado punto no lograríamos continuar por falta de luz, y como el abuelo lo dijo, activar el sharingan no era una opción factible.
Nos guiábamos gracias a la percepción sensorial de Inojin, quien nos notificaba si algún chakra oscuro y poderoso se detectara cerca de nuestro trayecto.
Las cosas iban con calma, cuando de pronto mi rubio amigo se paró en seco y miró hacia un lado. Instantáneamente me detuve también.
—¿Sientes algo?
No respondió al momento, continuó quieto como queriendo entender lo que pasaba.
—Hay algo, pero no sé qué es.
Volteó la cabeza hacia otra parte; llevé mi mano hasta el porta kunai. La oscuridad que invadía hacía más difícil poder notar movimientos. El señor Fugaku se puso detrás de mí.
—¿Viene hacia nosotros? —Le preguntó a Inojin.
—No, no viene hacia acá... se siente como si pasara por un lado.
Saqué el kunai y lo apreté con fuerza.
—No es un chakra, son varios —explicaba—. Ahora puedo sentir con mayor claridad, aunque no se dirigen hacia nosotros, están acercándose a este territorio.
—Avancemos.
—¿Qué? ¿No será mejor escondernos?
El abuelo me sujetó de la manga y me jaló hacia donde él caminaba.
—Es preferible salir de aquí.
Cuando culminó su frase, vino el estremecimiento espantoso. Varios gritos se oyeron a lo lejos haciendo que mi cuerpo se sacudiera y las piernas me temblaran. Las extremidades de mi amigo también vibraron, con rapidez se juntó a mí.
—¿Qué demonio? ¡¿qué demonios fue eso?! —susurró alterado, no pude responder.
Una nueva oleada de gritos aterradores se dejó escuchar, era como si muchas personas estuvieran siendo lastimadas.
—¿A-abuelo? —Mi voz temblaba.
—Carne humana. —pronunció.
—¿Qué?
—El granjero lo sabía. Sus entregas son cerca de este lugar.
Mi mano sujetó el brazo de Inojin.
—¿Quiere decir que están matando personas? ¿o se las están comiendo?
—No, reconozco esos gritos, no son personas. Los horripilantes chillidos son de cerdos. Hay una manada de esos monstruos de dragón de koshi y seguro vienen a alimentarse por esta región.
Di un paso hacia atrás.
—Señor, ¿no se supone que el granjero les provee carne de animal muerto?
—Les dije que ese hombre sabía demasiadas cosas. La carne que transportaba es para un tipo específico de esas bestias, pero ya deben saber que entre los monstruos de dragón de koshi, hay unos más salvajes y grandes.
Pasé saliva al llegar a una conclusión; los gritos no habían cesado y continuaban aumentando.
—Ese tipo de bestias son alimentados con animales vivos, ¿verdad?
—Sí —hizo una larga pausa—. Ésos son los peores.
—Y-yo creo que mientras ellos tienen su festín, nosotros deberíamos irnos. —argumentó Inojin.
—Vamos, es mejor no hacer mucho ruido.
Los primeros minutos fueron una pesadilla, pues el horrible sonido de los cerdos siendo devorados me ponía la carne de gallina. Al paso de las horas, las cosas se relajaron; Inojin no percibió ningún chakra maligno, no obstante, todavía llevaba una expresión de angustia, pude verla gracias a la luz de la luna.
—¿Qué tienes?
Negó con su cabeza.
—Muchacho, debes informarnos de cualquier cosa que tu cuerpo perciba.
—No siento chakras oscuros rondando por aquí, pero sigo sintiendo personas, son registros muy débiles. ¿Hay un pueblo cerca?
—El más cercano debe estar a unos quince o veinte kilómetros. ¿Qué tan amplio es el rango de tu habilidad?
Mi amigo se quedó pensativo.
—No es demasiado amplio, no como el de mamá.
—Entonces si sientes chakra, debe ser dentro de esta zona. Hay personas aquí. —Me atreví a afirmar, Inojin levantó la cabeza y coincidieron nuestras miradas.
—¿Podría ser que...? —Miramos al anciano—. ¿Se trate de algún cautiverio?
Él chistó varias veces.
—No estamos preparados para algo como eso.
—Abuelo, si hay personas aquí quizá necesiten de nuestra ayuda. ¡Ah! —jadeé— ¡¿Y si mi mamá está entre esa gente?! ¡Tenemos que encontrarlos!
—Saki —me habló con un tono seco y grave—. No podemos salvar personas a mitad del camino, esos monstruos están en esta zona y moverse con muchos individuos solo nos hará presas fáciles. Es lamentable, lo sé, pero es la realidad.
Mi labio inferior comenzó a temblar.
—¿Y qué sentido tiene que lleguemos al Valle de las Lágrimas si no servimos para salvar gente?
—Si se apoderan de tu sharingan o el mío, se acabó. ¿Lo entendiste? Se acabó.
Guardé silencio, me sentí realmente impotente. Inojin puso su mano sobre mi espalda; el abuelo se adelantó un par de pasos.
—No nos desviaremos en plena noche buscando cautiverios, si en nuestro camino nos topamos con alguno, entonces veré qué podemos hacer. —manifestó, como queriendo hacerme sentir mejor.
Anduvimos sin parar, no era la mejor zona para detenerse y acampar por lo peligroso que resultaba la proximidad de la manada. Inojin me dijo que podía sentir esos chakras débiles cada vez más cerca.
(...)
Cuando el cielo empezó a clarear, paramos a descansar. Me dolían los pies, así que me senté sobre una roca para masajearlos. Inojin flexionaba su cuerpo hacia delante y atrás.
Miré hacia el horizonte por donde el sol se asomaba lentamente. Seguí concentrada en ello, en la magnificencia del amanecer, hasta que una fuerte sensación me golpeó el pecho.
Me puse las botas a velocidad luz logrando atrapar la atención de los que estaban conmigo.
—¿Oyen eso? —Me sentí alterada, mis sentidos no mentían—. Es el llanto de un niño.
El señor Fugaku se levantó y aguzó el oído, se concentró en ello tal como yo; Inojin hizo lo mismo al ver mi cara.
Un sonido viajaba desde alguna parte, la mezcla del ruido que emitía el agua de un río entorpecía la claridad de aquel llanto. De pronto, el anciano abrió mucho sus ojos.
—Es cierto, hay un infante por aquí.
—¿Qué debemos hacer? ¿Y si está en peligro?
—Muchacho, ¿puedes percibir un rastro enemigo?
Mi amigo tomó sus pertenencias poniéndose de pie. Cerró sus ojos un momento y nadie más habló en la espera de una respuesta.
—Los hay —contestó abriendo sus ojos—. Están acercándose, son demasiados.
Volví la vista al abuelo, él también me miró. Sus ojos se mantenían calmados y no parecía turbarse, era un hombre que sabía mantener la calma.
—Si Inojin puede sentirlos significa que están en un rango menor a quince kilómetros. No tenemos mucho tiempo.
—¿Qué hacemos con el niño que llora? ¿Vamos a buscarlo?
En un movimiento firme, el anciano asintió.
Corrimos por toda la orilla del río siguiendo el sonido, por desgracia éste se detenía y nos dificultaba encontrar a la persona.
Inojin nos guiaba, pero el tiempo se acababa y teníamos que irnos rápido. Volví con el abuelo para proponer algo muy arriesgado.
—Déjeme activar el sharingan, lo encontraré pronto y nos iremos.
—Si haces eso...
—Lo sé, lo sé. Si activo el sharingan ellos sabrán que estamos aquí, pero no hay forma de que logren alcanzarnos.
—Señor, haré un gran ave de tinta y saldremos volando de este sitio. Es cierto que correremos peligro al dejarnos al descubierto, pero no podemos seguir escondiéndonos.
El señor Fugaku suspiró sonoramente, miró a todos lados y después habló.
—Yo lo haré. Yo activaré mi sharingan. Prefiero que mi nieta conserve su chakra, si ocurre algo ustedes dos tienen que irse.
Sus ojos se volvieron rojizos y cambiaron de dirección detectando cada movimiento. Mis manos comenzaron a sudar cuando Inojin dijo que el chakra oscuro repentinamente avanzó a gran velocidad. Ellos nos detectaron también.
Tomé aire aunque no sentí que mis pulmones se llenaran. En cuanto el abuelo corrió hacia el interior del bosque, mis pies lo siguieron.
—¡Es por acá!
Saltando troncos caídos y raíces que sobresalían del suelo, nos adentramos apresurados: el abuelo nos guiaba y avanzaba sin pasos titubeantes. Él sabía lo que hacía.
Se paró de golpe, Inojin y yo frenamos al instante. Un sollozo dentro de una cueva fue lo siguiente. Era demasiado tétrico.
Una gran roca cubría la mitad de lo que parecía ser la entrada, y siendo sinceros, solo un ser muy pequeño y delgado podría entrar a través de la rendija. No obstante, no fue necesario hacerlo, por la orilla de la entrada el abuelo habló para que su voz se escuchara dentro de la cueva.
—Hola, ¿quién está allí?
No hubo respuesta, su voz se perdió en el eco. Nos miró y me acerqué para intentarlo.
—¿Estás perdido? ¿Necesitas ayuda?
Nada.
—¿Y si solo es una trampa? —susurró Inojin.
Tuve otra idea.
—¿Buscas a mamá? ¿Quieres que te lleve con tu mamá?
—Mamá.
Inojin se estremeció cuando la voz infantil se dejó escuchar, mas el temor se desvaneció cuando una pequeña criatura se asomó por la orilla de la entrada.
—¡Sí es un niño!
El señor Fugaku metió el brazo estirando al niño para sacarlo de allí; el pequeño salió sin problemas y entonces gracias a la luz del día pudimos verlo bien: estaba sucio, tenía raspones en los brazos y sus mejillas mojadas por haber llorado. Además, no llevaba vestimenta.
Mi corazón se comprimió cuando lo vi, era tan pequeño que ni siquiera hablaba frases completas. Posiblemente tenía dos años.
Mi abuelo lo entregó a mis brazos, tomó una linterna de su mochila e intentó mirar dentro de la cueva; otra vez usó su sharingan para buscar movimientos y eso alteró a Inojin.
Mientras el anciano se encargaba de buscar más personas, aproveché para envolver al niño en una de mis camisetas.
—Eres tan pequeño —él me veía con sus ojitos grises—. Vamos a sacarte de aquí.
—¿Por qué está aquí? Pensé que dragón de koshi ya no se robaba niños, sino solo mujeres.
—Pueden ser muchas razones —dije—. Podría ser que su madre lo llevara en brazos cuando la secuestraron, o que lo ocultaran aquí para protegerlo... No lo sabremos.
—¿Y si miras dentro de sus recuerdos?
—¿No es muy pequeño para eso? ¿Crees que sea posible?
—Ni se te ocurra —el señor Fugaku habló con un tono de autoridad, guardó su linterna y se colgó la mochila—. Salgamos de aquí.
—¿Qué hay de la cueva?
—No hay nadie más —su rostro lucía sombrío, sus ojos se quedaron puestos sobre el niño en mis brazos—. Su madre posiblemente está muerta. Lo mejor que podemos hacer es sacarlo de aquí.
Era doloroso escuchar esas palabras. Abracé al niño con fuerza.
—Inojin,¿qué novedades hay?
—Señor, como le dije, la única opción es ir por aire... esas cosas se despliegan para acorralarnos.
—¿Qué?
Él afirmó.
—Nos están rodeando, y solo podremos huir en una de mis aves de tinta.
¡Gracias por leer!
