Capítulo 48.- "Buscando respuestas"

"Volar lo suficientemente alto como para que ninguna bestia pudiera alcanzarnos". Esas fueron las palabras de Inojin al momento en que subimos al ave de tinta. El chakra de mi amigo debía permanecer equilibrado para impedir que el jutsu se estropeara.

Pero el viento nos golpeaba y poníamos toda nuestra resistencia para no caer del ave. Yo abracé al niño, quería evitar a toda costa el poner mi vista hacia abajo, mas fue imposible.

Al mirar el terreno en una amplia vista, me percaté de toda la manada de monstruos que intentaban alcanzarnos. Eran tantos que no pude contarlos; el abuelo se sorprendió tanto como yo.

—Si hay tantos por aquí, significa que dragón de koshi no debe estar muy lejos. Es seguro que los han puesto en este sitio porque quieren evitar que el ejército llegue a ellos.

—Abuelo, ¿cree que el comandante y el señor Kakashi estén sanos y salvos? ¿Ya no ha tenido noticias sobre ellos?

El anciano guardó silencio dándome a entender su respuesta.

—Seguro están bien, ellos son muy fuertes. —Oí a Inojin, quien iba sentado delante de nosotros; llevaba su cabeza firme mirando hacia el frente.

—Muchacho, cuando notes la desviación del río, haz que el ave gire hacia el sentido contrario, el Valle de las Lágrimas se encuentra hacia aquella dirección.

—Sí, señor abuelo.

No reprochó nada solo escuché un casi imperceptible resoplido. El niño en mis brazos se había quedado dormido, el resto del camino así se mantuvo.

(...)

Cuando el cielo se tornaba de un tono más oscuro, pudimos notar varias luces de uno de los pueblos que colindaban con el Valle de las Lágrimas.

—Señor, ¿continuamos hasta llegar o quiere que bajemos en ese pueblo?

—¿Cómo van tus reservas de chakra?

Inojin tardó en responder.

—Ah, puedo aguantar hasta que lleguemos al Valle, pero no le mentiré: me estoy muriendo de hambre y quiero dormir como dos días seguidos.

El abuelo volteó a verme, luego miró al niño. Antes de que pudiera decir algo, mi compañero volvió a tomar la palabra.

—Es cierto, sería arriesgado bajar en el ave, todos nos verían. No se preocupe, señor abuelo, llegaremos hasta el pueblo donde vivían los Uchiha, se lo garantizo.

El abuelo chistó.

—No necesitas sobre esforzarte.

—Estoy bien, mis padres no criaron a un debilucho. Por eso entré al escuadrón.

Sonreí. Inojin de repente se tomaba muy en serio su papel de responsabilidad.

Cuando finalmente arribamos al pueblo fantasma, el contraste con el pueblo anterior fue demasiado notable; no había casas con luces encendidas, no había nadie allí y aunque tiempo atrás ese sitio me producía escalofríos, volver a estar allí se sentía diferente.

Bajamos del ave con mucho cuidado, al momento que ésta desapareció, Inojin se tambaleó y el abuelo lo sostuvo de la espalda.

—Estoy bien —insistió—, solo me he mareado.

—Gracias, hiciste un gran trabajo.

—¿Uh?

No se esperaba recibir un agradecimiento por parte del anciano que alguna vez fue líder del ejército, su cara, aunque poco podía notarse por la escasa iluminación, me permitió ver lo mucho que le afectaron las palabras. Estaba confundido, quizá.

—¿A dónde iremos ahora? —pregunté.

—A la casa donde alguna vez viví, creo que ustedes también estuvieron allí un tiempo.

—¡Ah, es cierto, la casa con aguas termales! —Inojin se emocionó.

—Vamos.

En el camino hacia la vivienda, el niño despertó y repentinamente comenzó a llorar, me asusté y no sabía qué hacer para tranquilizarlo.

—Tiene hambre, eso es seguro. —dijo el abuelo.

—¿Qué hago? Solo llevo comida enlatada, no creo que un niño de su edad pueda comer ese tipo de cosas.

Inojin lo arrebató de mis brazos.

—Tengo que hacerle una revisión médica, pero por ahora puedo calmarlo un poco con un jugo. No es lo ideal, claro. Saki ¿puedes por favor abrir mi mochila y sacar el jugo de manzana?

Obedecí y abrí el frasco, luego mi amigo lo sujetó para dárselo de beber al pequeño quien con desesperación comenzó a tomarlo.

Llegamos a la casa, el abuelo rompió la cadena que cerraba la puerta, luego ingresamos. Al querer encender la luz, nada pasó.

—Bueno, era de esperarse.

—Iré a revisar los fusibles. —Me ofrecí.

—Espero que la planta de energía aún funcione, ha pasado un tiempo y no me sorprendería que hayan sucedido cosas desde entonces.

Con una linterna me guié por todo el camino hasta llegar al maravilloso onsen, caminé por toda la orilla hacia el otro lado de la casa y encontré la caja de fusibles.

—Veamos, el señor Kakashi hizo esto la vez pasada.

Levanté la palanca y al instante Inojin gritó.

—¡Bien hecho, Saki!

Me reí, recordé la situación similar que viví con el general cuando me pidió que no aceptara entrar al onsen y usara un calcetín en el calzoncillo.

Volví al interior de la casa, la luz del pasillo y de la sala ya estaba encendida; había polvo por todos lados.

Inojin revisaba al pequeño utilizando jutsu médico, el abuelo se sentó en uno de los sillones a observar.

—Pues no noto nada mal en el niño, de hecho no presenta síntomas de desnutrición, lo que me hace pensar que fue secuestrado hace poco.

—Esto es extraño, ¿tampoco tiene heridas? —pregunté.

—No, nada. Pero sí está deshidratado así que debo preparar un suero.

Pestañeé sorprendida, Inojin se dio cuenta de mi reacción.

—¿Qué?

—Lo que pasa es que suenas tan profesional, yo no tengo idea de cómo poder hacer algo así.

—Saki, tú eres buena en otras cosas, así que no debes sen...

Se detuvo abruptamente y abrió mucho sus ojos, luego miró hacia un lado, después se giró, era como si estuviera buscando algo. El abuelo también se alteró cuando vio esa reacción en mi compañero.

—¿Qué pasa, muchacho?

—Inojin ¿qué tienes? —Me asusté.

—No lo había notado cuando íbamos sobre el ave porque me concentraba en equilibrar mi chakra, pero... Pero puedo sentirlo.

—¿Qué?

Sus ojos seguían bien abiertos; su pecho subía y bajaba con rapidez.

—¿Hay monstruos cerca?

—Papá... es mi papá —sus labios temblaban—. Él está por aquí, debe estar en este pueblo, siento su chakra y también hay otros dos, son de...

Trató de reconocerlos, cerró sus ojos unos momentos.

—Hay uno que no conozco, pero el otro es del teniente Uzumaki.

—¿El hijo de Minato está aquí?

El señor Fugaku se puso de pie.

—Sí, no puedo estar equivocado, conozco bien sus chakras.

—Iré a echar un vistazo, quédense aquí.

Apenas salió de la casa y fui detrás de él, lo vi parado y no entendí por qué se había quedado quieto, hasta que me di cuenta que unas personas se acercaban.

—¡¿Señor Fugaku Uchiha?! ¿Es usted?

La voz del teniente Uzumaki era demasiado reconocible. Cuando estuvieron cerca de la puerta, vi que en efecto, el padre de Inojin también estaba allí y otro hombre al que no pude recordar.

—Cuando vimos las luces nos sorprendimos, vinimos a inspeccionar pensando que podrían ser criminales. Es una gran noticia ver que es usted.

—Naruto, Sai, Yamato ¿por qué están aquí?

—Buscamos respuestas. —contestó el papá de Inojin.

El señor Naruto me miró y elevó sus cejas, casi de inmediato sonrió.

—Ah, yo te recuerdo, eres ese niño tímido que quedó en el equipo de Sasuke.

Me avergoncé, ellos aún creían que yo era un chico. El abuelo carraspeó y los invitó a entrar a la casa para hablar con tranquilidad.

Cuando Inojin vio a su padre, estuvo a punto de abrazarlo, luego noté que se abstuvo de hacerlo.

—Papá... es bueno verte.

El hombre no dio cabida a más palabras y lo abrazó con fuerza.

—No reprimas tus emociones, los hombres también podemos demostrar afecto ¿no te lo ha dicho tu madre todo este tiempo?

Acarició su cabeza.

—Estoy feliz de que sigas con vida, papá.

—Yo también me alegro de que sigas aquí. ¿Dónde está tu madre?

—La enviaron a otra parte, no sé dónde pueda encontrarse en este momento.

Me senté junto al niño quien sin hacer un solo ruido veía a todos.

—¿Quién es el pequeño? —preguntó el teniente.

—Lo encontramos de camino, estaba llorando dentro de una cueva a mitad del bosque. —expliqué.

—¡Estás de broma! ¡Cualquier lugar es peligroso! Hay de esos monstruos por todas partes, ya ni siquiera existen puntos estratégicos, es como si dragón de Koshi los soltara a todos a propósito.

—Así es, también percibí eso —dijo el abuelo—. Ellos están haciendo un nuevo movimiento.

El hombre de cabello castaño cuyo nombre si mal no escuché, era Yamato, se puso de cuclillas para observar al niño.

—Estos rasgos no son propios de los habitantes de estas regiones. Sus ojos son más alargados y el color gris de sus ojos... además, tiene el cabello rojizo.

Miré al hombre con atención y me pregunté qué cargo tendría en el ejército, cuando nuestras miradas hicieron conexión, me hundí en el sofá, pues había algo perturbador en sus ojos oscuros.

—Soy el capitán de la división de rastreo, Yamato.

Mis labios temblaron al abrirse.

—Soy Saki.

—Tienes un rostro que me resulta familiar.

—Yamato, basta, vas a asustarlo —interrumpió el teniente mientras reía—. Como lo dijo, Yamato es el encargado de rastrear a los enemigos, pero también es un experto identificar rostros. Ha sido una gran ayuda, por él hemos sido capaces de rescatar algunas mujeres que fueron secuestradas.

Abrí mi boca.

—¿Cuándo pasó eso? ¿No había entre las mujeres alguna con cabello rosa?

—No, ¿por qué? ¿conoces a alguien así? —preguntó el capitán.

Estuve callada, de reojo miré al abuelo, antes de decir algo más, el hombre de mirada fuerte y aterradora, se levantó y habló.

—Señor Fugaku, con el respeto que usted merece y sin ánimos de ofenderle... ¿Es esta niña familiar suyo?

Inojin y yo nos miramos con tanta sorpresa que fue imposible que alguien no se enterara de nuestras caras.

El teniente parpadeaba con cara de confusión mientras el abuelo suspiraba resignado.

—Por algo eres el capitán de tal división —rió desconcertando aún más al pobre señor Naruto—. Así es, esta niña es mi nieta.

—¡¿Qué?! ¡¿Eres una chica?! —El teniente elevó mucho sus cejas—. ¡Vaya noticia! ¿Cómo pudiste entrar al escuadrón?

—Fueron muchos factores los que influyeron, contar todos los detalles tomaría mucho tiempo. —respondió el anciano.

—Entonces Itachi...

—Sasuke. —corrigió.

—¡¿SASUKE?! ¡¿QUÉ!?

El señor Naruto me miró de nuevo.

—¡¿QUÉ?!

—Teniente, cálmate. Es una historia complicada, lo importante aquí es que esta niña es mi nieta y Sasuke quiere protegerla.

—Señor discúlpeme, pero no puedo calmarme. ¡¿Sasuke tiene una hija y la ha metido al escuadrón?! ¿Por qué haría algo como eso?

—Él no me ha metido, yo me disfracé de hombre para poder entrar. Tuve que rogarle a la señora Yamanaka que fuera mi cómplice para poder pasar los exámenes médicos sin problemas.

Hubo un pequeño silencio, después fue el padre de Inojin quien habló.

—¿Por qué querías entrar?

Entrelacé mis manos.

—Porque dragón de koshi secuestró a mi mamá. Yo quiero rescatarla.

—¿Tu madre tiene el cabello rosa? Por eso me preguntaste si entre las mujeres que salvamos había alguna con la melena de ese color ¿verdad?

Afirmé moviendo mi cabeza.

—Yo no sabía que soy hija del comandante, él tampoco sabía que es mi padre. Han sido muchas sorpresas para nosotros, pero lo que más me importa en este momento es poder encontrar a mamá.

El señor Uzumaki se masajeó el cuello, mientras que el capitán Yamato se recargó en uno de los muebles. Todos me veían.

—¿Pueden decirme por qué están en este pueblo? —cuestionó el abuelo.

—Ya debe saber que Sasuke y el general Kakashi están desaparecidos, perdimos contacto con ellos después del ataque en Konoha. Dudo mucho que hayan muerto, Sasuke no se rendiría tan fácilmente y el maestro Kakashi es un hombre hábil y fuerte...

Los ojos azules del teniente me recordaban mucho a los de Boruto, tenían rasgos muy similares, sin duda hacían muecas idénticas y se notaba bastante que eran padre e hijo. Acaricié mi cabello recordando al comandante.

—Vinimos al Valle de las Lágrimas porque Sasuke me lo pidió antes de ir a Konoha. Dijo que buscara algo que pudiera decirnos dónde está ese gran dragón. Estuvimos leyendo documentos desde ayer, pero no hay nada. No existen registros sobre la leyenda del Dragón de Koshi

El abuelo me miró.

—Justamente vinimos a lo mismo, también queremos encontrar respuestas.

—Pues le ahorramos la lectura, su clan no guardó nada sobre ello.

—Mi nieta es capaz de ver a Indra, la deidad del clan.

—¿Qué?

De nuevo las miradas se fueron sobre mí.

—¿Eso es cierto?

—Bueno, yo... Digamos que sí.

—¿Cómo puedes verlo? ¿No es eso un mito?

—Naruto, por todos los cielos, no le faltes al respeto a la deidad.

—Lo siento, señor Fugaku.

Jugué un poco con mis dedos.

—Gracias al sharingan. —respondí.

—Oh...

De nuevo ese silencio incómodo hasta que...

—¡¿Tienes el sharingan?!

(...)

Todos se quedaron a dormir en la casa, acosté al niño en la cama de la habitación donde yo dormí y que originalmente le perteneció al comandante Sasuke.

Al dejarlo sobre el colchón, caminé por la habitación para colgar mi abrigo. Oí ese sonido y miré hacia el piso, era la parte donde estaba escondido el kanzashi.

—Saki ¿puedo hablar contigo?

Miré hacia la puerta, allí estaba Inojin.

—Lo siento, ¿ya vas a dormir?

—No te preocupes, hablemos afuera no quiero que el niño despierte.

Fuimos hacia el onsen, allí nos quedamos sentamos para observar el vapor que desprendían sus aguas.

—¿Qué quieres decirme?

—Saki... No quise decirlo antes porque estaban hablando de otros asuntos, pero siento que hay más personas en el pueblo, mañana iremos así que deberíamos ser cuidadosos.

—¿Chakras malignos?

—No, son chakras normales y débiles. Tal vez hay vagabundos quedándose en las casas abandonadas.

—Solo espero que no sean ladrones.

Abracé mis rodillas.

—Inojin, ¿qué hay del chakra que sentías? Ese que dijiste que es parecido al mío. ¿Aún puedes percibirlo?

Apretó los labios, luego negó.

—No me di cuenta en qué momento lo perdí, debió quedarse lejos de este lugar.

—¿Crees que... pueda tratarse de mi mamá?

Me miró a los ojos.

—Esperemos que sí, Saki. Esperemos que así sea.


A quienes me leían en wattpad y ahora están aquí, muchas gracias por apoyarme.
Gracias también a las personas que han seguido este fanfic desde el inicio.