Capítulo 49.- "Indra"

El pequeño niño permaneció prestándome toda su atención sin hacer ruido mientras que para cubrir su cuerpo yo le acomodaba una de mis camisas. No tenía ropa de su tamaño y lo acaba de bañar; Inojin se hizo cargo de alimentarlo y llevarlo al baño.

Todavía era muy pequeño, no hablaba y lo único que le escuché decir fue "mamá". Más allá de esa simple palabra, el pequeño no expresaba nada.

El abuelo y los demás adultos discutían sobre la situación actual; juntos trataban de llegar a un acuerdo. Era una guerra cruel y en la cual difícilmente ganaríamos.

—Listo, ya quedaste bien cubierto.

El niño sonrió repitiendo mi acción, sentí que mi corazón se derretía de ternura.

—Saki, ¿estás lista para ver al fantasma?

Inojin entró a la habitación sin avisar, se dejó caer sobre el colchón y se echó las manos detrás de la cabeza. Su repentina actitud relajada no era otra cosa sino una forma de ocultar que en realidad estaba nervioso.

—Lo estoy. Pero, no sé si Indra quiera verme.

—¿Por qué lo dices?

—Porque la última vez que lo vi se molestó conmigo y desactivó mi sharingan. Yo le dije al señor Itachi que lo podía ver porque soy un chico virgen.

Inojin se comenzó a reír hasta sobarse el vientre.

—Saki, esa es la mejor mentira que he escuchado.

—¡Por supuesto que soy virgen!

Entonces rió más fuerte.

—No... no hablo de eso —decía entre carcajadas—. Ah, cielos —se echó aire con la mano, su cara estaba completamente roja—. Cuando digo mentira me refiero a que fue lo que inventaste para no meterte en problemas ¿no? —asentí—-. Por eso digo que es la mejor mentira.

—Oh... qué tonta soy.

—Descuida —se enderezó—. Y bien, escuché que iremos al pueblo tan pronto como terminen con su reunión. ¿Crees que podamos encontrar algo? No sé exactamente qué quieran saber de la deidad.

—Se supone que Indra derrotó al Dragón de Koshi... O bueno, así lo dice la leyenda. Lo más seguro es que el abuelo quiera saber si la deidad puede ayudarnos con información..

—Así que Indra fue quien derrotó al dragón.

Inojin continuó sentado sobre el colchón, su mirada se quedó fija en alguna parte de la habitación y sus dedos juguetearon entre ellos.

—¿Qué tanto piensas?

—Todo esto me resulta muy raro, ya sabes, eso de que puedes ver a un ser que debería estar muerto; el hecho de que un terrible y gigantesco dragón sea nuestra verdadera amenaza... ¿qué rayos sucede?

Inojin tenía razón, si lo pensaba con detenimiento, parecía una locura. Ni yo misma me sentía capaz de lidiar con aquello, ya que por el momento la esperanza recaía sobre mi "posibilidad de hablar con una deidad".

¿Y si Indra se negaba a hablar conmigo?

—Muchachos, nos vamos.

La fuerte voz del abuelo retumbó por toda la pieza, ni siquiera me di cuenta en qué momento se asomó.

(...)

La mañana pasó tranquila, tanto silencio en el pueblo fantasma nos permitía escuchar con claridad el bello canto de las aves. Solamente nuestras pisadas se percibían sobre la tierra.

Caminábamos hacia el lugar donde alguna vez vivió el clan Uchiha. Dirigirme de nuevo allí me provocaba una especie de escalofríos por los recuerdos que tenía; en especial por el hecho de haber creído que Indra era un fantasma.

Aun sabiendo que no era un ser maligno como tal, seguía dándome cierto miedo verlo, pero... ¿podría hacerlo otra vez?

Poco a poco nos adentramos por las calles solitarias, de repente un vieja tabla de madera se desplomó haciendo un gran escándalo y con ello Inojin y yo saltamos asustados, el papá de mi amigo se rió de nosotros.

—Cálmense, no pasa nada. Este lugar está tan viejo y descuidado que es normal que ocurran estas cosas.

El niño casi se puso a llorar; pero el señor Uzumaki le hizo caras graciosas para tranquilizarlo.

El abuelo miraba a todos lados, luego tomó mi mano para llevarme junto a él; me sentí muy extraña. Miré a Inojin y él solo se encogió de hombros.

—Ya casi llegamos.

—¿Vamos al templo? —pregunté.

—Sí.

Miré con atención todo lo que nos encontrábamos conforme avanzaban nuestros pasos, aunque ya había tenido la oportunidad de estar allí y sentir esa vacía soledad, estar de nueva cuenta en ese lugar rodeada de gente en la que podía confiar, me hacía notar sin temor los edificios y construcciones del pueblo.

Mi padre creció en el Valle de las Lágrimas, recorrió las mismas calles que ahora yo pisaba. Era algo melancólico pensar en todo eso.

Por fin el templo abarcó nuestra vista mostrando su antiguo esplendor. No era muy grande, pero tenía una fachada muy bien detallada.

—Es aquí. —dijo el abuelo.

—Señor.

Ambos miramos atrás. Los miembros que nos acompañaban se quedaron quietos y el teniente hizo un movimiento con su cabeza como si nos dieran el espacio necesario para hablar con la deidad.

El señor Fugaku asintió también y volvió el rostro hacia la puerta del templo. Antes de entrar se sacudió los pies, me pidió que hiciera lo mismo; luego nos quitamos los zapatos e ingresamos.

Dentro del templo estaba una figura de un ser sentado sobre una roca. Llevaba una túnica larga que le cubría los pies; sus ojos miraban fijamente al frente y su cabello era largo. No era tal cual yo recordaba a Indra, pero se le parecía en cierta forma.

El abuelo pasó un pañuelo sobre la figura para limpiar el polvo acumulado, luego colocó dos velas en cada extremo.

—¿Quiere el encendedor? —pregunté.

—No. Las velas para la deidad se encienden con nuestra técnica —me miró por encima de su hombro—. Tú ya sabes manejar tu chakra, por lo que no tendrás dificultad en usar un poco de tu fuego para ello.

Alcé las cejas. Miré al abuelo sacar de su boca una ligera flama que encendió una de las velas, luego tuve que hacer lo mismo. Al principio creí que no podría hacer tal cosa; sin embargo, resultó bastante bien. Me felicité internamente por mi éxito.

—Ahora, junta tus manos de esta manera —me mostró—. Cierra tus ojos unos momentos y agradece a la deidad por permitirnos llegar hasta aquí.

Cerré mis ojos como lo indicó, nunca había hablado tal cual con Indra, de hecho le falté al respeto la última vez que lo vi porque seguía teniéndole miedo. Me concentré en mi meditación y dejando fluir mis palabras, traté de ser lo más honesta posible.

«—Indra... Quiero decir: Señor Indra... ¿o debería ser dios Indra? Bueno, el que más le guste. Gracias por permitirnos llegar hasta aquí, sí, supongo que de alguna forma usted nos ayudó, quiero pensar que ya no está enojado conmigo. Mi abuelo y todos confían en que yo puedo hablar directamente con usted, por favor, permítame verlo una vez más, tengo muchas cosas que quiero preguntarle...»

Respiré hondo y abrí los ojos, justo cuando lo hice me di cuenta de que mi sharingan se activó. El abuelo terminó de rezar, me vio y alzó una ceja.

—¿Qué pasa?

—No sé, yo...

Miré hacia atrás, el hombre alto de cabello largo estaba allí con ese gesto de seriedad aterradora. Lancé un gritó que alteró al abuelo llevando la mano a su pecho.

—¡Saki!

—¡El fantasma!

Tomé todo el aire que pude, pues me arrepentí de decir aquello. Mis piernas temblaron y aún con todo mi temor, me paré lo más recta posible ante la deidad.

—Lo siento... lo siento mucho —hice una reverencia—. Vine aquí con mi abuelo, afuera está mi amigo Inojin, y otros miembros del ejército.

No era capaz de verlo a los ojos, su presencia me sofocaba.

—¿Saki? ¿Estás viendo a la deidad? —Oí al abuelo. Su voz sonaba extraña, como si se hubiera puesto tan nervioso como yo.

—S... sí.

—No puedo activar mi propio sharingan, ¿qué sucede?

—Su sharingan no funcionará mientras yo esté aquí —habló Indra provocándome escalofríos—. Solo puedo permitir que seas tú quien me vea y escuche.

—A-abuelo... la deidad no permite que nadie más lo vea, por eso no podrás usar tu sharingan. —expliqué. Mi voz no dejaba de vibrar.

—Bien, bien, ¿puedes entonces preguntar a nuestra deidad sobre el Dragón de Koshi?

Asentí, de momentos hacía contacto visual con Indra, pero no lograba mantenerlo por mucho tiempo. Sus ojos eran muy profundos y su piel pálida. Tenía una belleza rara, si puedo explicarlo de esa manera.

—Nosotros queremos saber sobre el Dragón de Koshi, el temible monstruo que usted derrotó.

Indra pasó su mano por mi rostro y puedo asegurar que sentí el tacto de su piel sobre mi nariz. Mi cuerpo saltó, fue inevitable.

—¿Por qué me tienes miedo? Eres mi hija, no deberías asustarte.

Mi corazón latía con mucha velocidad, en mi mente surgieron un montón de inquietudes; no podía entender del todo a lo que se refería cuando me llamaba «hija».

—Yo... yo no sé qué significa ser su hija —bajé la mirada—. No entiendo nada, perdón.

De pronto vino una extraña pero conocida calidez sobre mi cabeza, su blanca mano se posó allí y al levantar el rostro fui testigo de una dulce mirada en él: era como un padre orgulloso mirando a su hijo. Inexplicable fue que mi pecho doliera después de verle, sentí que estaba segura bajo su mano y mis ojos se humedecieron.

—¿Por qué me llama hija si mi padre es Sasuke? ¿Qué es todo esto?

—Sasuke Uchiha... No hay coincidencias en la vida. Un dios siempre permanece con los suyos para protegerlos en las generaciones venideras. Entregué una parte de mí a ese niño que nació, con la esperanza de que su futuro fuera brillante y pudiera ser la luz del clan.

—¿Usted se refiere al señor Sasuke? ¿El comandante es... es como si fuera usted?

Indra apartó su mano con delicadeza.

—Sasuke lleva parte de mi esencia, pero tú no solo eres hija mía por el hecho de ser su primogénita, sino también porque tu madre, Sakura, vino a pedir protección para ti. Dos hechos que no pueden separarse, Sarada. Tú has sido bendecida con el kekkei genkai del clan Uchiha.

Mi temor desapareció conforme las palabras salían de su boca. Cuando menos lo pensé, fui capaz de verlo directamente a los ojos. Indra y el comandante quizá se parecían más de lo que yo misma me habría fijado.

—¿Usted puede decirme si mi mamá, mi papá y el señor Kakashi están bien?

—Puedo ver de forma limitada el mundo de los humanos. La energía de sus cuerpos, de su alma y espíritu es lo que mi ser logra percibir. Pero esta tierra está llena ahora de muchos lamentos y energías negativas que nublan mi vista, cometí un error hace años y debo permanecer aquí.

Me entristeció oír esas palabras, Indra parecía cargar con sufrimiento y me pregunté qué error pudo cometer.

—Señor...

—Pero, la energía positiva de aquellos por quienes añoras sigue intacta —interrumpió—, y puedo asegurarte que están con vida.

Como si una carga pesada hubiera sido removida de mis hombros, caí rendida de rodillas. Mi madre estaba viva, también el señor Kakashi y el comandante, saber eso me hacía muy feliz.

—Saki...

El abuelo tocó mi espalda, se le oía preocupado.

—¿Qué te ha dicho?

Lo miré.

—Mis padres y el general siguen vivos.

Su rostro cambió, pero mantuvo su compostura. Podría imaginar lo que pasó por su cabeza, ese alivio que yo también experimentaba.

—¿Qué hay sobre el dragón? —cuestionó el abuelo. Ni siquiera tuve que repetir su pregunta, pues Indra habló.

—El Dragón que derroté hace cientos de años no murió, debí matarlo y al parecer no lo hice —confesó—. Cuando el dragón atormentó al pueblo, tuvimos un enfrentamiento. Ningún arma o ataque podían herirlo, por lo cual determiné que los ojos eran el punto débil de aquel monstruo. Fue una dura batalla, pero conseguí extraer cada uno de sus ojos, luego el dragón se quedó inmóvil volviéndose de piedra. Creí que había muerto, mas no fue así.

—¿Y entonces qué fue lo que debió hacer? Si nada podía herirlo...

Indra caminó hacia la figura que lo representaba.

—Tras mucho tiempo, descubrí que debí cortar las cabezas del dragón con la espada Kusanagi.

—¿Eh?

Indra continuó dándome la espalda, mantuvo su silencio por unos momentos como si meditara en ello.

—¿Y dónde está? —pregunté.

—En una de las colas del dragón.

—¿Qué? Pe...pero ¿cómo? No entiendo.

—El mundo de los espíritus y demonios es un gran misterio, Sarada. El dragón escapó para comer doncellas, su misma condena está en una de sus colas.

—Señor... ¿El dragón está despierto?

Indra volteó.

—El dragón despertará pronto. Solo necesita un par de ojos para volver, y sus fieles seguidores han cometido abominación contra mi linaje. Ya debes estarlo pensando, ¿verdad?

Mi cuerpo se puso helado.

—El dragón tiene ahora los ojos del sharingan. Ha sido alimentado con chakra y sangre humana, por lo que estará en gran condición tan pronto como despierte.

Tragué saliva, eso no sonaba nada bien.

—En ese caso, tenemos que encontrar la espada ¿verdad?

—Sí. Solo la espada Kusanagi será capaz de traspasar la dura piel del dragón y terminar para siempre con su maldad.

—Y ¿en dónde está el dragón?

Indra bajó la mirada unos momentos, luego la volvió a conectar con la mía.

—El dragón duerme debajo de la tierra que te vio crecer.

Ladeé la cabeza pensando en esa frase. Repentinamente me enderecé y casi grité.

—¡¿Debajo de Konoha?! ¡¿El dragón está debajo de Konoha?!

El abuelo Fugaku se estremeció y abrió mucho sus ojos, Indra asintió.

—Tienen que apresurarse, aunque no será fácil poder llegar hasta él.

—¡Sí!

—Una cosa más —me puso una mano sobre el hombro—. La espada Kusanagi es un arma divina, ha sido creada por los dioses para contener a los demonios. Es por ello que no puede ser utilizada por un ser humano.

Arrugué mi frente, me sentía perdida. Eran demasiadas cosas para derrotar a un monstruo como el dragón.

—Y si un humano no puede utilizar la espada, ¿cómo vamos a derrotarlo?

—Recuérdalo Sarada —pronunció con calma sin dejar de verme—, Sasuke lleva parte de mi esencia.

Mis ojos se abrieron y mi pecho se infló con el aire que tomé.

—¡Papá! ¡Mi papá sí puede utilizar la espada! ¡Tengo que decírselo!

Por primera vez vi una sonrisa en el rostro de Indra, era tan hermoso que me dieron ganas de abrazarlo.

—Gracias por venir, Sarada. Gracias por escuchar mis palabras. Voy a protegerte tanto como me sea posible, pero debes ser cuidadosa también. El mundo de los humanos es muy diferente al mío, así que recuerda ser prudente.

—Señor —hice una gran reverencia—, si puedo pedir algo más, quiero que por favor proteja a mi mamá.

—Haré tanto como pueda.

No hubo más palabras, tan pronto como levanté la cabeza, Indra sobó mi melena y desapareció. Con su desvanecimiento también se desactivó mi sharingan.

—¡Abuelo, abuelo!

—Dime qué te dijo, dímelo todo.

Mi cuerpo seguía temblando.

—Reunámonos con los demás, es importante que sepan esto.

(...)

Tras hablar con los otros miembros y explicar lo que Indra me confesó, sus rostros parecían reflejar lo que cruzaba por sus cabezas. Aunque teníamos una idea clara de los pasos a seguir para derrotar al dragón, todavía quedaban muchos obstáculos para llegar a él.

—La secta de dragón de Koshi no es cualquier cosa —dijo el sargento Sai—, han crecido en gran número a lo largo de los años. Seguro que están resguardando al dragón.

—Eso sin contar a las bestias que crearon con ayuda de Orochimaru. —expresó el capitán Yamato.

—¿Orochimaru? —pregunté, él volteó, luego vino un carraspeo.

—Adelante capitán, estos chicos deben saberlo todo. —dijo el teniente.

El capitán relajó los brazos sobre su regazo; hizo unas cuantas gesticulaciones antes de hablar sobre esa persona aumentando más y más mi curiosidad al respecto.

—Tras mucha investigación, conseguí saber quién está detrás de la creación de las bestias que por años han atormentado al país y que obedecen a los miembros de dragón de Koshi... Su nombre es Orochimaru, un científico del país de los Campos de Arroz. No hay tanta información sobre él, solo sabemos que es demasiado bueno en lo que hace; no sería sorpresa que también haya encontrado la forma de suministrar el alimento al temible dragón.

—Y que sea él quien implanta los nuevos ojos al monstruo. —añadió el sargento.

Mordí mi pulgar; Inojin se rascó la cabeza. Si ese científico era tan bueno como decían, quizás hasta podría haber hecho algo peor para ayudar a los criminales. Pensar en todas las abominaciones que debió cometer me causaba un profundo malestar.

—Y ahora ¿cuál es el plan? —cuestionó Inojin.

—Buscaremos al comandante y le informaremos de esto, ustedes tienen que ir a un sitio seguro.

—Lo siento señor teniente, pero no puedo volver —dije—. Tengo que hablar personalmente con el comandante, así que también iré.

—Yo también iré —dijo Inojin—. Soy el médico a cargo... bueno... no soy médico como tal, pero soy la persona que sabe curar heridas, así que debo ir con ustedes.

Vi una sonrisa en el padre de mi amigo.

—Ah... No es que no confíe en ustedes, pero ahora tenemos a este niño y no podemos llevarlo con nosotros.

Era cierto, no recordaba al pequeñito que encontramos en el bosque. Seguía allí quieto muy entretenido tocando el chaleco de Inojin.

—En ese caso... debemos volver a la casa y armar bien nuestro plan. —sugirió mi abuelo.

Nos pusimos de pie para volver. Inojin cargó al niño y yo fui junto a él mientras hablábamos de cualquier cosa. Luego, se detuvo en seco; los demás siguieron adelante, yo me quedé a su lado al notar que estaba mirando hacia un punto en particular.

—¿Inojin?

No contestó nada, sus cejas se fruncieron. Miré también tratando de encontrar lo que lo mantenía así, mas no veía nada extraño.

—¿Recuerdas lo que te dije sobre que sentía como si hubiera gente en este pueblo? —musitó.

—Chicos, no se queden atrás. —exclamó el señor Fugaku.

—Lo recuerdo. ¿Aún sientes ese chakra?

Movió su cabeza.

—Allí dentro algo o alguien se esconde.

Volví la vista hacia el abuelo esperando que él entendiera lo que sucedía. Los demás hombres ya se habían detenido; fue el teniente quien se aproximó a nosotros dos.

—¿Qué pasa?

—Uhm... señor —con mis ojos le indiqué el punto—. Parece que hay alguien allí dentro.

El señor Uzumaki arrugó la frente, dio unos pasos hacia la abandonada construcción que muy seguramente fue una vivienda.

—Quédense aquí. Si ven que la situación se pone peligrosa, tendrán que irse y proteger a este niño ¿entendieron?

—Sí, señor.

El teniente se acercó con un kunai en su mano, después tiró de golpe la puerta y un montón de gritos sonaron en el interior logrando erizarme la piel.


¡Gracias por leer!

Y perdón por la larga espera. Cuídense mucho y nos leemos en el siguiente cap. No olviden que pueden dejarme sus comentarios.