Capítulo 50.- "Mejor amiga"
Las exclamaciones nos espantaron a Inojin, al niño y a mí. Con el gran ruido causado, el pequeño estremeció su cuerpo a punto de llorar; de inmediato mi amigo lo tranquilizó.
El teniente ingresó a la vivienda. Pronto escuché los veloces pasos de los otros varones que volvieron al oír los gritos espantosos.
—¡Teniente! —El sargento Sai se puso detrás de él.
Inojin y yo nos miramos confundidos.
—¿Qué fue eso? —pregunté, él apenas pudo mover los hombros.
—¿Quiénes son ustedes? —Escuchamos que el señor Uzumaki habló, al fondo se percibían débiles lloriqueos—. Yo soy el teniente del ejército, Naruto Uzumaki.
Me acerqué despacio para ver lo que acontecía, pese a las advertencias de Inojin quien no quería que lo hiciera.
Dentro de la abandonada vivienda, la oscuridad no permitía ver mucho. Tomé mi linterna y la encendí, al hacerlo me espanté por segundos pues vi el rostro de una mujer; el teniente me quitó la linterna para iluminar otras áreas.
—Repetiré mi pregunta y si no obtengo una respuesta, voy a asociarlos como parte de dragón de koshi para exterminarles.
—¡No, señor! ¡No somos parte de esos monstruos! —gritó una voz femenina, la luz de mi linterna nos permitió ver a una mujer joven demasiado delgada y frágil—. Somos refugiadas, por favor no nos maten.
—¿Refugiadas?
—Hemos escapado de uno de los hoyos de dragón de koshi, no teníamos a dónde ir sin ser encontradas por las bestias, por eso estamos aquí. —decía llorando.
El teniente volteó con el sargento Sai y el capitán Yamato, todos tenían un rostro sumamente serio. Al oír que eran mujeres que escaparon, mi voz se dejó oír por todo el lugar.
—¿Hay entre ustedes alguna mujer de cabello rosa? ¿Conocieron a alguna mujer con esa particularidad?
—Saki, regresa con Inojin. —pidió el señor Uzumaki—. Todas las personas que estén dentro de este lugar salgan ahora mismo, tenemos que hablar.
El abuelo me llevó afuera empujando mis hombros, yo seguía desesperada viendo a cada mujer salir a la luz del día. Estaban delgadas, demacradas, algunas incluso tenían marcas oscuras en sus brazos y piernas. No estaban desnudas, pero sus prendas no cubrían demasiado sus pieles.
—Mira eso —me susurró Inojin, al ver su expresión pude deducir que descubrió algo interesante—. ¿Ves esas marcas en sus pieles? —Asentí.
—¿Sabes lo que son? —cuestioné.
—Seguro les extrajeron sangre muchas veces, como si la necesitaran. Puede ser que también experimentaran con sus cuerpos... Esto es horrible.
Inojin de verdad se veía afectado; noté cómo abrazó con fuerza al niño.
—Lo escuché en las clases de mamá, también con los médicos de otras áreas: que dragón de koshi secuestraba mujeres de linajes fuertes para experimentar con ellas. Ver los estragos de eso con mis propios ojos, me provoca una sensación difícil de explicar.
Miré a donde sus ojos lo hacían, notando que el capitán Yamato comenzaba a tomar los datos personales de cada una de las mujeres. Entre ellas había algunas chicas menores.
De repente, de entre la multitud salió una joven mujer de cabello rojizo que no dejaba de ver a mi amigo. Su rostro era una mezcla de preocupación y miedo. Caminó con pasos débiles hasta que avanzó con más rapidez, pero fue detenida por el sargento.
—¡Suélteme, por favor! ¡Es mi hijo! ¡Ese niño es mi hijo!
No dejaba de gritar y temblar, el señor Sai miró al niño que mi amigo cargaba, luego volteó con el teniente.
—¡Mahoki! ¡Mahoki!
—Mamá.
El sargento soltó a la mujer, ella tomó al niño que sin dudarlo extendió los brazos hacia ella y lo abrazó con tanta desesperación que comenzó a llorar mientras lo bañaba de besos.
—Mahoki —sollozaba—, estás vivo, mi bebé.
Mis ojos se humedecieron. Me sentí feliz de saber que entre tantas desgracias en un país destruido, al menos un niño se reunía de nuevo con su mamá.
—Por su acento y rasgos, puedo asegurar que usted no es del país del Fuego —dijo el capitán Yamato—. Dime, mujer ¿quién eres?
La joven señora se limpió los ojos con una de sus manos, mientras que con la otra seguía rodeando a su hijo.
—Mi nombre es Korani Abzu, del país de las Flores.
—¿No dijeron que dragón de koshi solo secuestraba mujeres de este país? —cuestioné al abuelo, él no me respondió.
—En efecto, hasta ahora así lo había pensado —comentó el capitán—. ¿Por qué dragón de koshi tomaría a una extranjera y su hijo? ¿Qué fue lo que pasó, señora Korani?
—Debe ser por causa de mi marido —su mirada se perdió en el horizonte—. Mi esposo es el nuevo Señor Feudal. Hubo una reunión con el señor del Fuego y...
De repente la mujer se tambaleó, el capitán la sostuvo justo cuando perdió el conocimiento. Cargué al niño, Inojin se acercó para ver qué pasaba y las mujeres murmuraban entre sí.
—Debe ser desnutrición. Es normal que se halle en este estado, lo mismo sucede con el resto de las mujeres. —dijo el abuelo.
—¿Qué haremos? —preguntó el sargento al teniente.
El señor Uzumaki estaba muy serio mirando a la mujer, como si pensara en demasiadas cosas. Volteó a mirar a cada una de las féminas asustadas que yacían sentadas en el suelo cubriéndose con sus brazos.
—No podemos moverlas de este sitio. ¿Cuánto tiempo llevan en este lugar?
Una de las jóvenes respondió.
—Como una semana.
—¿Cómo es que lograron escapar?
Ellas se miraron.
—Una persona nos ayudó. Cuando esperábamos en el hoyo... esa persona entró y nos pidió que la siguiéramos.
—¿A qué se refieren con "el hoyo"? —El sargento preguntó.
—Así le decían a los pozos oscuros donde encierran a las mujeres que serán desechadas para alimentar a las bestias.
Sentí un horrible escalofrío, de solo imaginarlo me aterré. El rostro fúnebre y demacrado de la jovencita era el de una persona que estuvo cara a cara con la muerte. Alguien que perdió toda esperanza de vivir.
—Entonces ¿ustedes iban a ser el alimento de esos monstruos? —Ella afirmó—. ¿Escucharon por qué motivo las desecharon?
—Los enmascarados no hablan con nosotras, ellos nos tomaron de nuestros pueblos y nos llevaron a ese sitio extraño, luego, unas personas con uniforme negro se encargan de tomar muestras de sangre.
La chica extendió sus brazos para mostrarnos sus sangraduras, tenía grandes moretones.
—Depende de cada mujer, por lo menos a mí me sacaron sangre como siete veces. Luego ya no me llevaron más al laboratorio, sino que fui movida al hoyo junto con estas mujeres. Creo que vamos allí cuando ya somos inservibles.
—Pero escuché rumores de que hay zonas peores en ese lugar. —añadió otra de las señoras.
Sentí la mano de Inojin sobre mi hombro.
—Sé que piensas en tu mamá —susurró—. Ella está bien, dices que Indra te lo dijo ¿no?
No pude responderle, seguí escuchando los terribles relatos.
—Inojin, ¿puedes atender a la madre del niño? —preguntó el abuelo.
—Sí, señor. Pero creo que deberíamos llevarla a la casa.
—Nosotros nos adelantaremos —indicó el abuelo al resto—. Saki, vámonos.
—Quiero quedarme, quiero seguir escuchando.
—Dije que vienes con nosotros.
No quería volver a la casa, necesitaba oír más.
—Saki —me habló el teniente Uzumaki, cuando lo vi su rostro serio cambió con una amable sonrisa—. Ve con tu abuelo, estaremos allí pronto. No te preocupes, todo estará bien.
Aún con mis ganas de permanecer, no tuve más remedio que regresar.
(...)
Inojin limpiaba el rostro de Korani, quien seguía dormida. El abuelo le dijo que tendría que volver al pueblo para atender al resto de las mujeres. También tendrían que conseguir alimento, pero de eso se encargaría el sargento Sai.
Yo quería hablar con las refugiadas, aunque sabía bien que no podría hacerlo. Llegué a pensar que al abuelo le preocupaba que yo escuchara el infierno que se vivía con dragón de koshi.
—¿Sigues pensando en lo que dijeron?
De repente la voz de mi amigo me hizo despertar de mis recuerdos. Le pasé otro algodón y lo tomó.
—Me siento igual que tú con respecto a ver y escuchar en persona los testimonios de lo que esos criminales hacen. No puedo imaginar el horror que es estar allí.
—El hecho de que tomen muestras de sangre es porque seguro la utilizan para algo muy feo, quizás ese tal Orochimaru es quien se hace cargo de eso.
Asentí.
—Dijeron que hay rumores de que existen áreas peores... ¿qué crees que hagan allí?
Inojin terminó su trabajo y tiró el algodón en el cesto de basura.
—Tal vez... Bueno, no. Olvídalo.
—¿Qué?
Evitó mirarme.
—Inojin ¿qué? Dime. ¿Qué es lo que crees?
Sus labios no se atrevían a ser abiertos, solo temblaban.
—Ah, Saki, no es tan fácil de decir. Con lo retorcidos que están ya deberías imaginarlo.
Me acordé de lo que el señor Kakashi me dijo aquella vez que descubrió que yo no era un chico.
—Hablas de que son violadas ¿verdad? —Movió su cabeza—. Sí, también lo pienso.
La puerta de la habitación se abrió, el teniente y mi abuelo entraron.
—¿Cómo está?
—Le administré un suero, señor teniente.
—Bien. Por favor, ve con los demás.
—¿Puedo ir yo también?
—No.
—Pero abuelo...
—Saki, te necesito aquí —dijo el señor Uzumaki—. Cuando ella despierte, usarás tu sharingan para que te muestre sus recuerdos.
—¿Eh?
Volteé con el abuelo Fugaku.
—Mencionó algo sobre el Señor de Fuego antes de desmayarse, tenemos ciertas sospechas que hay que aclarar. Yo iré con Inojin al pueblo, con mi sharingan revisaré las memorias de las demás mujeres.
No volví a pedir nada, entendí que la situación se volvía más seria conforme más información obteníamos.
(...)
Al cabo de una media hora, Korani despertó y lo primero que hizo fue preguntar por su hijo. Le expliqué que el niño comió y después se quedó dormido, no estuvo tranquila hasta que la llevé a la habitación contigua y lo miró con sus propios ojos.
Sus dedos acariciaron la mejilla rosada del pequeño infante. Mirar a Korani me producía una enorme tristeza, en especial por sus ojos que se veían opacos.
—Señora... ¿Usted dejó al niño en esa cueva?
—Ella cambió la dirección de sus ojos hacia mí.
—Ellos me lo quitaron, lo arrebataron de mis brazos.
—Cuando dice ellos ¿se refiere a los enmascarados?
Sus manos comenzaron a temblar y sus dientes a cascabelear.
—Tranquilícese, ahora está a salvo. Por favor —puse mis manos sobre las de ella, pero su trauma era demasiado grande, sus extremidades se volvieron frías.
—Van a matarme, me quitaron a mi hijo, se lo llevaron muy lejos, muy lejos. —Comenzó a llorar.
—No, no, mire —le mostré—, su hijo aquí está. Está vivo, y usted también está viva.
—No, no, ¡van a venir de nuevo! ¡van a venir!
Se estaba poniendo histérica; el teniente llegó corriendo para tranquilizarla. La mujer comenzó a manotear pidiendo auxilio, fue entonces que el señor Naruto me habló con firmeza.
—¡Usa tu sharingan! ¡Ya!
Tragué saliva y me concentré, tardé en poder hacer conexión con sus ojos hasta que por fin lo conseguí. Cuando con mi sharingan entré a su mente, pude ver cosas espantosas que me hicieron sudar frío.
Por un momento sentí que no podía respirar, me ahogaba la situación y al caer de rodillas al piso, desactivé mi sharingan.
—Saki...
Mis mejillas estaban mojadas. Miré al teniente, me ayudó a ponerme sobre mis pies. Korani estaba dormida de nuevo.
—Cuando caíste al suelo, ella se volvió a quedar inconsciente.
—Sí... debió ser porque sigue débil.
—Saki —me tomó por los hombros obligándome a verlo a la cara—. ¿Qué fue lo que viste?
—Señor teniente...
Mis labios eran incapaces de pronunciar todas las cosas que vi, pero de nuevo el señor Uzumaki insistió.
—Dilo, por favor.
—Había un hombre, usaba una túnica púrpura y tenía la barba corta y canosa. Estaba hablando con otro señor, él debió ser el esposo de Korani. El otro anciano le dijo que necesitaban una alianza, porque el dragón está a punto de despertar.
—¿Una alianza?
—Sí, parece que Korani escuchó todo desde el balcón. El anciano tenía en su espalda el emblema del país del Fuego.
El teniente abrió sus ojos más de lo normal.
—Luego, el esposo de Korani dijo...
«—No involucraré a mi nación en tus negocios sucios. Tú has aceptado hacer trato con el diablo y mira en lo que se ha convertido tu país.
—No es tan malo como parece, ellos después de todo, restaurarán la tierra. Mira, ¿has escuchado que si no puedes contra el enemigo, debes unirte a él? ¿Para qué ponerme en contra de un monstruo tan poderoso?
—¿Y tu ejército ya lo sabe? ¿Ya sabe que te has aliado al enemigo?
—No tienen por qué saberlo.»
—Después de eso, el señor Abzu se molestó mucho y lo echó de su palacio. Pero afuera había gente de dragón de Koshi, por lo que los enmascarados entraron al lugar y lo destruyeron todo. Ellos se llevaron a Korani y a su hijo, y amenazaron al hombre de que los matarían si no aceptaba la alianza.
El puño del señor Uzumaki vibró poniendo sus nudillos en blanco.
—Maldito viejo.
—¿El anciano es...?
—Sí, es nuestro Señor Feudal. Hemos sido traicionados. Era algo que Sasuke y yo sospechábamos, tantos recortes al ejército, tantos golpes a nuestro equipo de trabajo... Este anciano nos puso en bandeja de plata para que arrasaran con el ejército.
Hubo silencio en la habitación; demasiadas cosas pasaron por mi cabeza.
—Korani y su hijo fueron llevados con un hombre de piel muy blanca.
—¿Eh? ¿Un hombre de piel blanca?
—Tenía ojos extraños, como de una serpiente. Él se quedó con el niño, luego a ella la ataron y sedaron. Después de esos recuerdos, solo vi oscuridad, pero escuché muchos llantos y gritos espantosos.
Mi voz se quebró.
—No sé cómo es que este niño está vivo, ni quién lo dejó en esa cueva, pero es un milagro que no lo mataran.
—Saki, quiero que me escuches con atención.
Alcé mi rostro, contemplé los iris azules del teniente. Ya no estaba enojado, sino que me observaba como si en ese momento algo malo se avecinara.
—Mañana mismo tú, Inojin y yo iremos en busca de Sasuke. Sé que es difícil, pero tienes que estar más alerta que nunca. Que tus pensamientos no se nublen por la preocupación que tienes por tu madre. Sakura no era cualquier mujer —mis ojos lo enfocaron—, ella siempre fue astuta, seguro está bien y está esperando por ti.
—Señor ¿usted conoce a mi mamá?
—Sakura y yo fuimos compañeros de equipo junto con Sasuke. No hablamos mucho, pero ella siempre fue brillante. La señora Tsunade la entrenó bastante bien.
—Espere un momento... ¿Qué fue lo que dijo? ¿Mi mamá entrenó con la señora Tsunade?
—Ah, creo que dije algo indebido.
—No, no, siga hablando.
—Saki, solo puedo decirte que Sakura es una excelente médico.
(...)
No pude dormir tanto como deseé. Estuve mirando el techo por mucho rato llena de miedos, inseguridades y dudas. Todavía quedaban tantas cosas que desconocía, en especial de mi propia madre.
Me giré sobre el colchón en busca de una posición que me permitiera conciliar el sueño, mas, justo cuando cerré mis ojos queriendo concentrarme, oí que alguien tocó la puerta de la habitación de al lado.
—¡Señor Fugaku!
Me enderecé con rapidez al percatarme de la voz de Inojin, salí de la habitación y él me miró.
—Inojin ¿qué ocurre? Son casi las cuatro de la madrugada.
—¡Despertó, el monstruo despertó!
—¿Qué?
El abuelo abrió la puerta, luego lo hicieron los demás, pronto todos (excepto Korani y su hijo) estábamos en el pasillo.
—¿Qué has dicho? ¿El dragón de Koshi despertó?
Inojin movió su cabeza, noté cómo sus manos y piernas vibraban.
—Estaba durmiendo y de pronto sentí algo en mi pecho, cuando me enderecé lo percibí mejor. Ese chakra es gigantesco, es algo muy negativo y escalofriante.
Pude notar cómo todos intercambiaban miradas.
—¿Qué haremos ahora? —preguntó Inojin.
—No hay cambio de planes, como les dije a ti y a Saki, en cuanto amanezca iremos en busca de Sasuke.
—¿Es necesario que mi nieta...? Quiero decir...
El abuelo interrumpió sus propias palabras.
—Vamos a salir de esto. Tenemos que pensar positivo. —comentó el capitán.
—Será mejor que prepare todo lo que puedo llegar a necesitar. Ya no tengo sueño. —expresó mi amigo.
Cargar con demasiado equipaje sería un problema, por eso decidí que no metería cambios de ropa, solo usaría la que llevaba puesta. En su lugar, le ayudaría a Inojin a cargar material de curación y otras medicinas.
Mi libro de las flores lo dejé escondido debajo de la tabla suelta de la habitación, justo donde encontré el kanzashi.
—Estoy preparada.
(...)
El cielo tomaba un tono claro, nosotros ya estábamos afuera de la casa preparados para partir.
El teniente daba instrucciones al abuelo, capitán y sargento; ellos asentían sin reproches. Inojin seguía temblando.
—Sé que suena mal que te lo diga cuando me siento igual o peor que tú, pero debemos calmarnos.
—Saki, si no vivo para contarlo, y tú te salvas, por favor enciende una vela para que mi alma descanse.
—Inojin basta, no vamos a morir. No voy a perdonarte si te mueres.
De pronto y sin previo aviso, Inojin me dio un abrazo. Uno fuerte. Sin importarle que los demás estuvieran allí.
—Eres la primera chica con la que convivo, y mi única amiga —se separó de mí—. Gracias.
No supe cómo responder a eso, mi rostro se sintió caliente.
—Saki.
El abuelo habló, Inojin se apartó tan rápido como pudo cuando lo vio acercarse. Pensé que diría algo relacionado con el acto que acababa de ver, mas no fue así. Su mirada severa me atravesó.
—Tengo que pedirte esto porque sueles ser terca e imprudente. No hagas ninguna tontería, mide el peligro y haz caso a las órdenes del teniente ¿de acuerdo?
—S-sí, señor.
Al igual que mi amigo, el señor Fugaku me dio un abrazo que para ser honesta, tampoco esperé.
Ser abrazada por tanta gente era extraño, aunque también era algo lindo. Sobre todo porque el señor Fugaku solía ser frío e indiferente.
Lo rodeé con mis brazos aún sin estar segura de hacerlo.
—Eres mi única nieta, y el orgullo de mis ojos —susurró con un tono distinto al anterior—. Ten mucho cuidado, vuelve con vida.
—Sí, señ... sí, abuelo.
—Vámonos ahora. —expresó el teniente.
—Naruto.
Las palabras del abuelo lo detuvieron. Se miraron en silencio por unos instantes, hasta que el señor Fugaku tuvo el valor de hablar.
—Lo dejo en tus manos.
El teniente alzó su pulgar.
—Encontraré a Sasuke y derrotaremos a ese monstruo. Cuente con ello.
Y así se dio la media vuelta para irnos juntos. Tomé aire y cerré los ojos cuando mis pies avanzaron uno detrás del otro, al abrirlos visualicé el gran horizonte que mostraba un bello amanecer.
«Indra... me voy. Cuida de nosotros.»
